Disclaimer: todo lo relacionado con el mundo de Harry Potter le pertenece a J. K. Rowling.
Así como tampoco me pertenecen los nombres relacionados a compañías de cómics ni el nombre de la banda Artics Monkey.
El fic es un regalo para Tate Hathaway. Espero que te guste y ¡muy feliz cumpleaños!
Aclaración con tema de edades: la historia se desarrolla por mediados de julio-agosto 2019; en ese año, Teddy tiene 21, James 16, Albus 15 y Lily 12 (aprox, según mis matemáticas)
Operación concierto
Fase 0: El anuncio publicitario
Una de las cosas por la que James se alegraba el que sus padres hubieran tomado la decisión de mudarse a Grimmauld Place era la gran cantidad de cosas que podía hacer cuando se aburría de estar encerrado en la casa; aún mantenían la casa en las afueras de Londres en donde tanto él como sus hermanos habían vivido hasta que comenzaron Hogwarts. La utilizaban cuando querían reunir a toda la familia, cosa que en el hogar en plena ciudad no podían.
Ese era uno de aquellos días en los que al mayor de los Potter no le apetecía permanecer entre cuatro paredes, especialmente un día que estaba soleado y agradable para estar al aire libre. Solo tuvo que avisarle a su padre que iría a dar una vuelta por el centro y James se encaminó hacia la calle mientras que su padre le decía las mismas recomendaciones de siempre (que no hiciera alguna travesura, que usara magia sólo si era de vida o muerte y demás cosas que ya no se acordaba).
Ese día le apetecía ir al centro de la ciudad, para pasear y perderse en los locales que le gustaban, y si encontraba algo que le llamase la atención, gastarse algunas libras que siempre llevaba consigo, además del dinero mágico. Caminó a paso rápido hasta King's Cross para tomar el subterráneo que lo dejaría en Piccadilly Circus, su destino final.
Todo seguía igual en Piccadilly Circus, con el caos de coches, autobuses y peatones yendo de un lado para el otro; no había que olvidarse de los artistas callejeros que también se encontraban en dicho lugar.
«Es tan distinto a los pueblos mágicos», pensó James mientras que entraba en una de las tiendas de cómics solía frecuentar con Albus. Ambos compartían una obsesión con los cómics: su hermano era más de Marvel y él de DC, y entre los dos armaban una colección interesante.
—Debieron de salir cuando estábamos en el castillo—masculló mientras pasaba uno por uno los volúmenes de las historietas, sin reconocer los títulos.
Diez minutos más tarde salía del lugar con dos cómics nuevos y ansioso por llegar a la casa para poder acostarse en su cama y leerlos; le habían llamado mucho la atención. Fue cuando tuvo que detenerse en la esquina a esperar a que se pusiera el semáforo para poder cruzar, cuando algo le llamó la atención desde el otro lado de la calle; se apresuró a cruzar la calle cuando le fue permitido y se detuvo frente al cartel.
A medida que iba leyendo, una sonrisa se le iba formando en el rostro y la emoción por la compra que había hecho quedó en un segundo plano; aquello que sus ojos estaban viendo era algo mucho más importante y que podía ser su única oportunidad en la vida. Sin perder un segundo más, hurgó en su mochila hasta encontrar su teléfono celular y fotografió la publicidad (otra de las cosas que le agradaban de Grimmauld Place era el poder usar la tecnología muggle gracias a unos arreglos que sus padres junto a sus tíos realizaron).
De alguna manera tenía que asistir, y sabía quienes irían con él sin importar si tuviera que rogarles.
Fase I: convencer a los acompañantes
James Sirius tuvo que esperar hasta el jueves por la noche para llevar a cabo la primera fase de lo que autodenominó Operación concierto; era día de la cena familiar de los Potter, por lo cual, sus dos víctimas y futuros cómplices se encontraban en la casa.
Durante todo el tiempo que duró la comida tuvo que aparentar serenidad para que nadie sospechara nada, especialmente sus padres.
— ¿Te has adaptado bien a tu nuevo compañero, Teddy? — Harry inquirió mientras levantaba los platos y pasaba junto a su sobrino.
James tuvo que morderse la lengua para evitar bufar; mentalmente maldijo a su padre por sacarle charla a su futuro secuaz de aventura. Algún sonido tuvo que haber emitido porque Albus lo observó enarcando una ceja.
—Quien me lo asignó fuiste tu, Harry. —Teddy señaló; una sonrisa burlona apareció en el rostro del joven adulto. —¿Lo preguntas por mi bienestar o por el de mi compañero?
—Por el mío—le devolvió Harry. —No quiero tener que hacer sumarios a mi propio ahijado por daños a su compañero.
Teddy desestimó lo que el mayor decía con un movimiento de la mano.
Aprovechando el momento de distracción, James llamó la atención de su hermano menor de la única manera que sabía: dándole una patada en la espinilla por debajo de la mesa.
—Mierda, James—masculló el afectado.
—Teddy, con Al queremos mostrarte los nuevos cómics que conseguimos—ignoró a su hermano.
—Yo no quie... —Albus tuvo que interrumpirse porque James volvió a patearlo; si seguía abriendo la boca, todo su plan se iría por el inodoro.
Teddy paseó la mirada entre los dos hermanos, con la sospecha creciendo dentro de él. Por experiencia propia, cuando aquellos dos querían hacer algo juntos y querían involucrarlo, había grandes posibilidades de que algo se saliera de control.
—Está bien—aceptó dudoso el metamorfomago.
—Excelente. A mi habitación. —James saltó de su asiento y rápidamente dio la vuelta a la mesa, revolviendole el cabello a su hermanita (quien se encontraba metida en una conversación con su madre) mientras que pasaba junto a ella; jaló a su hermano para que también se pusiera en marcha y le hizo señas a Teddy para que también se moviera.
«Ya me estoy arrepintiendo», se lamentó Teddy al tiempo que seguía a los hermanos por las escaleras con destino en la habitación del mayor.
—Bruto, ¿eran necesarias las patadas, idiota? — demandó Albus, dejándose caer en la cama de su hermano y sobándose la zona que había sido afectada.
—Era la única manera que se me ocurrió de llamar tu atención y de evitar que la cagaras—se excusó James.
—Existen algo llamado palabras.
Con la sensación de que se podría generar una de las tan famosas peleas entre los hermanos Potter, Teddy decidió intervenir y zanjar el asunto.
—¿Para qué nos trajiste, James? —interrogó Teddy, y agregó:— porque dudo que haya sido para mostrarme unas revistas.
Sin más miramientos, James tomó su teléfono y se lo lanzó a Albus, quien lo atrapó sin ningún problema por su habilidad y entrenamiento como buscador.
—Fíjate en el carretel de fotos—le indicó mientras que se apoyaba contra el escritorio y miraba expectante a su hermano.
La reacción de Albus fue inmediata; volvió la atención a su hermano y James vio la misma emoción que él sentía reflejada en su hermano.
—¿No es una de tus bromas?
James negó con la cabeza. —Es verdadero, Al.
—Y nos lo muestras porque...
—Eso mismo que estás pensando, querido hermano—terminó la frase por él; Albus volvió a fijar su atención en el aparato.
—Alguno querrá explicarme de que están hablando—demandó el metamorfomago; cuando aquellos dos se comunicaban de esa manera era una señal de alarma.
—Ten. —Albus le lanzó el teléfono y Teddy logró atraparlo, con más torpeza que el menor. El joven no pudo evitar que su cabello cambiara a un rosa chillón.
James estaba más que feliz; sus dos víctimas ya habían caído. Ahora era el momento de que sean sus cómplices. Era momento de pasar a la siguiente fase.
—Artics Monkeys dará un concierto en próximo sábado—y el pelinegro apuntó con un dedo a sus dos oyentes—, y tenemos que estar presentes.
Fase II: el planeamiento
Lo que restó de viernes lo pasaron encerrados en la habitación del casi adulto, planeando y afilando cada parte del plan; a partir de ese momento, cada paso era crucial y un pequeño desliz sería fatal para toda la operación.
—Teddy es el único que puede comprar las tres entradas—informó James, apuntando una dirección en un pedazo de papel. —Sólo los adultos pueden comprarlas.
El nombrado asintió mientras que aceptaba el papel y lo guardaba en el bolsillo trasero de su pantalón.
—Tienen que avisarles a Harry y a Ginny sobre el concierto.
—No será necesario porque no van a estar en la casa.
Albus miró extrañado a su hermano. —¿Cómo que no van a estar?
—Hoy papá recibió una invitación a un evento en el Ministerio—explicó James; arrastró la silla del escritorio y se sentó con el respaldo hacia adelante y apoyó los brazos sobre éste. —Y tiene que ir sí o sí, y va a llevar a mamá porque sabes que él adora esos eventos.
—No quiero saber como obtienes tanta información. —Teddy se estremeció.
James se encogió de hombros.
—Y Lily pasará la noche en casa de una amiga—recordó Albus; frunció el ceño. —Muy perfecto para que sea real. Muchas cosas pueden salir muy mal.
—Relájate, todo saldrá bien. Pero si no abres la boca mejor, sólo por las dudas.
Albus le arrojó un cojín, el cual le impactó de lleno en el rostro.
—Idiota.
—Déjense de comportar como críos—intervino Teddy, calmando las posibles aguas entre los dos hermanos. —Mañana iré a por las entradas; ustedes tendrán que ver con que se salen porque dudo que Harry y Ginny quieran dejarlos solos en la casa.
Y dicho eso último, el metamorfomago salió de la habitación y fue a ocupar la propia que tenía en Grimmauld Place; se había hecho muy tarde para volver a su departamento.
Los siguientes días fueron una tortura para los muchachos, especialmente para los dos adolescentes, quienes tenían que aparentar que no habían craneado ningún plan para asistir a un concierto que sus padres no tenían registro alguno de éste. Fue una tarea ardua pero lo consiguieron. Lo único que podría haberlos delatado era la constante reproducción continua del repertorio de la banda; pero como usaban auriculares, nadie se enteró.
Tal como James había dicho, al día siguiente Harry anunció que debía asistir a un evento del Ministerio, evento del cual no podía escapar, y que iría con Ginny. Lily Luna les recordó que ella se iría a quedar a dormir en la casa de su amiga Claire; James actuó rápido y explicó que tanto él como Albus se quedarían en el departamento de Teddy (James volvió a utilizar su forma de comunicación favorita para llamar la atención de su hermano, el cual soltó una maldición entre dientes antes de apoyar lo que su adorado hermano mayor había dicho).
Ese misma día, Teddy les mandó un mensaje diciendo que había logrado conseguir las tres entradas.
Todo iba sobre ruedas, y así tenía que continuar hasta el día posterior al concierto; no estaba dentro de sus intenciones que sus padres supieran.
Fase III: el día del concierto
La semana se le pasó en un borrón a James, y cuando menos lo pensó, ya era viernes por la mañana y se encontraba frente a su desayuno aún dormido. Ni la expectativa de lo que iba a ocurrir dentro de unas horas lograba despertarlo.
—¿Cuáles son sus planes para el día, niños? —Ginny les preguntó a sus tres hijos mientras que se sentaba en la mesa con ellos, con su taza de café humeante; otra taza de la misma infusión estaba intacta, esperando a que bajara Harry a desayunar antes de irse al trabajo.
—Organizar lo que llevaré a la casa de Claire—comentó Lily Luna, la más despierta y con mejor humor de los tres.
Albus se limitó a encogerse de hombro, sin apartar la vista de su desayuno; James movió la cabeza hacia los costados, sin estar seguro de lo que haría, seguramente volver a la cama. Dudaba que su cerebro funcionara en la próxima hora.
En realidad, si sabía que iba a hacer pero no le gustaría escuchar la respuesta a su madre. No quería arriesgarse.
El desayuno transcurrió sin ningún incidente, aunque si hubiera pasado algo, su adormecido cerebro hubiera tardado en reaccionar; supo que su padre había entrado a la cocina por el movimiento de la túnica oficial del Ministerio. Harry les hizo la misma pregunta a sus hijos, mientras que se recogía el cabello en una pequeña coleta, y recibió las mismas respuestas, esta vez más comunicativas por parte de sus dos hijos mayores.
—Teddy ya me comentó que pasará a buscarlos cuando salga del Ministerio. —Harry le dio el último trago al café y se levantó para ponerse en marcha hacia el cuartel.
—Iré a la oficina a dejar unos escritos y después me paso por Sortilegios, que Angelina quería mostrarme unas cosas y quejarse de mi hermano. —Ginny le pasó la túnica a su marido. —Lily vendrá conmigo.
Luego del desayuno y que cada uno se fuera a sus respectivos lugares, el día pasó sin otras complicaciones. Lento, muy lento para el gusto del primogénito de los Potter.
Albus había usurpado el sofá de dos cuerpos para él solo y se había recostado en éste; se había traído su teléfono y los auriculares. A James no le había quedado otra que usar el sofá individual y empezar a pasar los canales hasta dar con algún programa o película que le llamase la atención. Pasó unos varios minutos yendo de un canal a otro hasta que dio con una película, que ya la había visto, pero era verla o ver a una pantalla en negro.
Al mediodía, Ginny les avisó que no llegaría para el almuerzo ya que se le habían presentado unos problemas en la oficina de El Profeta (ambos hermanos podían imaginarse perfectamente la reacción de su hermana ante pasar más tiempo en aquel lugar; ellos agradecían que ya no estaban obligado a ir). Como ninguno de los dos era muy hábil en lo que respecta a las tareas culinarias y por el bienestar de la casa y el de su familia, optaron por la solución más factible: ir en la búsqueda de una pizza en la pizzería que había a unas pocas cuadras de la casa. Que fueran magos no borraba que eran adolescentes y qué mejor comida que una pizza.
Cuando terminaron de almorzar, cada uno se fue a su habitación y empezaron a empacar en sus mochilas las pruebas incriminatorias que delatarían sus futuros planes. Como no sabían cuánto iba a durar el show, ni tampoco el estado en el que los tres terminarían luego del espectáculo, se pusieron en común acuerdo que James y Albus pasarían la noche en el departamento de Teddy. Eso no era nada extraño para el matrimonio Potter, ya que de vez en cuando sus hijos se quedaban con Teddy en su territorio (aunque siempre estaba la atenta mirada de Victorie, que controlaba y trataba de que los daños fueran menores); esa noche, sin embargo, los tres muchachos estarían solos.
—Teddy está retrasado—se quejó James, tiempo más tarde, entrando en la habitación de su hermano y dejándose caer en la cama junto a él.
Hacía media hora que su madre y hermana habían regresado, y se encontraban revoloteando por la casa, presumiblemente preparándose para volver a salir.
—Recién son las cinco menos cinco, James. —Albus se fijó en el reloj de pared de su habitación antes de contestar.
—Pero se hace tarde.
Albus quería golpear con algo la cabeza de su hermano, pero se contuvo.
—Sabes perfectamente que no puede salir hasta que se cumpla la hora, James. Y sal de mi cama— y de un empujón, Albus tiró de la cama a su hermano, quien terminó despatarrado en el suelo, ya que lo había tomado por sorpresa.
—Idiota—gruñó, sobándose el codo que había impactado de lleno con el suelo duro.
Diez minutos pasadas de las cinco, los dos hermanos se encontraban ya con todas sus cosas encima, esperando a que Teddy se dignara a terminar la conversación que mantenía con su padre. ¿Acaso Teddy no se daba cuenta que ya era demasiado tarde? Iba a culpar a Lupin si llegaban tarde al concierto.
—Voy a llevar a Lily a la casa de Claire. Espero que estés arreglado para cuando yo vuelva, Potter. —Ginny apareció en la sala de estar, siendo seguida por una apurada Lily. La mayor ya se encontraba arreglada para el evento oficial, con un vestido negro hasta el suelo y con su corto cabello peinado de tal manera para que éste no cayera sobre el rostro.
Harry cerró los ojos, lamentando el día en el que recibió aquella maldita invitación, pero ya no había vuelta atrás.
—Si, cariño.
Ginny le dedicó una sonrisa.
—Adiós, niños. No incendien el piso de Teddy.
—¡Mamá!
—No les des ideas, Ginny.
—Yo también los quiero—y con eso último se encaminó a la salida para poder llegar a un punto para desaparecerse sin levantar sospechas.
Harry suspiró; se levantó del sofá mientras que se soltaba la coleta y pasaba ambas manos por entre su cabello.
—No quiero ser el receptor del moco-murciélago de su madre—suspiró; saludó a los tres muchachos y se dirigió a las escaleras.
Ya no había nadie que los pudiera interrumpir e impedir que se fueran. Era el momento.
—Venga, en marcha que ya estamos retrasados—demandó James y tironeó de sus dos compañeros para que se pusieran en marcha.
Había un espectáculo que esperaba por ellos.
Fase IV: la cagamos, muchachos
Era ya casi mediodía cuando se empezaron a escuchar los sonidos de que los habitantes del departamento se estaban despertando; James se dio la vuelta y tapó su cabeza con la almohada.
—¿Puedes hacer menos escándalo, Lupin?—su voz salió amortiguada.
—Claramente el sigilo no es uno de tus fuertes—la voz de Albus, ronca por el sueño y por cantar a gritos pelados durante toda la noche, se escuchó desde el suelo.
Un golpe seguido de una maldición fue lo que recibieron por respuesta por parte del metamorfomago, quien había tratado de salir de su habitación sin hacer tanto escándalo, pero fallando completamente en el intento.
—El dulce karma. —Albus rió, sentándose en su cama improvisada en el suelo.
—Cierra el pico, Potter.
El cabello de Teddy había pasado de ser azul eléctrico a un rojo furioso.
James, notando que le iba a ser imposible volver a conciliar el sueño, sacó la almohada de la cabeza y se sentó en la cama; pestañeó varias veces hasta que se acostumbró a la iluminación de la habitación y luego buscó sus anteojos.
—¿Qué hora es?
—Ni idea—le respondió Albus, parándose y estirándose. —Necesito una dosis de cafeína ya.
Y salió de la habitación, tarareando una de las canciones que sonaron anoche.
—Son casi las doce del mediodía—gritó el menor desde la cocina.
—Mamá nos va a matar—se quejó James, dejándose caer nuevamente contra la cama.
Como si pudiera predecir el futuro, segundo después James escuchó la alerta de un mensaje, seguido de otras dos alertas más, pero en los teléfonos de Teddy y Albus.
Extrañado, James se colgó de la cama hasta alcanzar su teléfono en el suelo y casi se cae de la cama al ver el remitente del mensaje.
—Al, Teddy—gritó llamándolos, mientras que salía de la habitación y tomaba sendos teléfonos; el alma se le salió del cuerpo al ver que los tres mensajes tenía el mismo remitente.
Nada bueno podía ser.
—Chicos, la cagamos—se estremeció cuando entró a la cocina y les tendió los aparatos a cada uno.
—Mierda—masculló Albus, mientras que el cabello de Teddy cambió completamente a blanco.
Sacando el coraje que caracterizaba a los Gryffindor, abrió el mensaje. Era una foto del televisor de su casa; James frunció el ceño. ¿Por qué su madre mandaría una foto de su televisor? Pero después entendió y deseó que la tierra lo tragara: raramente su madre ponía el canal del noticiero muggle, pero justo ese día lo había puesto y le había mandado la foto, en la que mostraba a tres sujetos, sospechosamente muy parecidos a ellos tres, en primer plano en un concierto.
Por lo menos la habían pasado bien. Y había conseguido la púa del guitarrista, aunque James no supiera cómo tocar la guitarra.
Espero que te haya gustado esta historia, en la que participaron los Potter y Lupin (siempre siendo arrastrado por los otros dos, pobre). Espero que hayas pasado un buen cumpleaños :D
