Bedroom Warfare
Cuando la luz golpeó su rostro, Senku gruñó contra su almohada. Su cuerpo se sentía adolorido y la cabeza le explotaría, ¿Insomnio? ¡Mierda, no! Senku era un científico, sabía lo que era lidiar con las pocas horas de sueño de las que normalmente disponía, pero el sexo es más agotador que solo estar en el laboratorio, pensó, con una sonrisa llena de sorna.
Su mano se dirigió al lado opuesto de la cama, aún con la cara enterrada en la almohada, Senku no se sorprendió al sentirlo vacío. Las sábanas frías indicaron que Kohaku se había ido desde hacía un largo rato, típico de la Leona, se burló para sí, recogiendo su mano, y dándose la vuelta para encarar el techo; el ardor en la espalda le fue recordado cuando las sábanas tocaron su piel.
Ellos no eran novios, eran solo amigos que fingían salir para que él pudiera quedarse con la empresa minera del padre de Kohaku, cuando el plan no les funcionó del todo, se mudaron juntos a un pequeño departamento en Estados Unidos que se encontraba cerca de la estación de JAXA en la que él hacía sus prácticas, y cerca de la universidad de la rubia. Su convivencia como compañeros de departamento era relativamente normal, con él llegando a dormir hasta tarde, ella estudiando y trabajando, solo viéndose algunas pocas veces a la semana y conversando cuando era posible.
Kohaku le preparó el desayuno todos los días, él se encargaba de la cena, muy normal para un par de compañeros de departamento.
El sexo llego algunos meses después, era inevitable que alguna vez pasara, razonó, eran adolescentes viviendo juntos y lejos de la supervisión adulta, ella era atractiva, y él, bueno, al parecer Kohaku tenía algo por los científicos flacuchos o algo así.
–Tengamos sexo –pronuncio ella, una noche mientras ambos veían la televisión.
–Estamos fingiendo salir, Leona, no tienes que incluir toda la mierda innecesaria cuando estamos solos –bromeó, sin despegar la vista de la película.
–¡No me refiero a eso! –aclaro, golpeando de forma "leve" su brazo –. Mira… desde hace un tiempo he querido.. –sus manos se movieron con ademanes vagos que lo hicieron reír.
–¿Sexo?
–¡Sí! Pero no quiero salir con ninguno de los chicos de la universidad, son unos pervertidos, no quiero un novio, eso solo me quitaría el tiempo –explicó, girándose en su dirección y subiendo los pies al sillón para estar más cómoda –. Y salir a un bar para conseguir algo de una noche tampoco es una opción.
Asintió, era divertido ver a Kohaku explicando su razonamiento tras su oferta con ademanes y todo, como si hablara de algo tan típico como las compras de la semana.
–¿Cómo eso me incluye? –cuestionó, con una sonrisa en sus labios que impulsó una sonrisa en la rubia.
–Tu necesitas sexo, yo lo necesito, pero ninguno estará dispuesto a tener una relación por la perdida de tiempo que puede ser, así que hagámoslo.
–¿Y llegaste a la conclusión de que necesito sexo porque…?
–Senku ¿quieres sexo o no?
Y ahí estaba él, un adolescente de diecinueve años, recibiendo la oferta de sexo sin comprimiso por parte de una rubia que podria protagonizar las fantasias de cualquiera; honestamente, el fisico de Kohaku no era algo que le importara, la habia visto caminar por su apartamento semidesnuda durante los pocos meses que llevaban viviendo juntos, así que había creado una inmunidad a eso, pero la oferta no era ni un milimetro desalentadora considerando lo estresante de sus días.
–Bien, tengamos sexo –aceptó, quiso agregar algunas clausulas a su pequeño arreglo, pero Kohaku no le dio mucho tiempo antes de que se lanzara a él para tener el mejor sexo que pudo imaginar en ese mismo sofá.
Con un suspiro cansino se dirigió al baño. Saliendo al pasillo vio a Kohaku haciendo el desayuno, ella lo detecto, lo supo cuando su ceño se frunció, pero prefirió seguir con lo suyo, tan molesta que sí no la conociera, la idea de que pudiera envenenarlo cruzaría por su mente.
Habían continuado con ese arreglo durante mucho tiempo, aprovechando los momentos libres para comer y ver televisión. Las cosas solo mejoraron cuando Senku se ofreció a brindarle toda la ayuda y contactos a su disposición para poder tratar la enfermedad de Ruri, Kohaku parecía más que feliz con eso, y se dispuso a hacérselo saber. Todo era tan bueno, hasta que él lo arruinó acostándose con una chica por error.
Kohaku fingió que no le importó, pero fue obvio cuando ella evitó todo avance con él durante meses, le preparaba el desayuno, mantenía el departamento limpio y llenaba el refrigerador cómo todos los días, pero no hablo mucho con él, pasó poco tiempo en la sala común cuando él estaba cerca, e ignoró sus insinuaciones para seco cuánto pudo. No fue hasta que se enteró de los encuentros que tuvo ella con su entrenador que ella volvió a mirarlo, pero ahora con una sonrisa maliciosa.
–Veo que no has perdido el tiempo, Leona.
–No somos novios, así que evitemos esas mierdas de celos –contestó, sencillamente y sin despegar la vista de su celular.
–Si no te conociera bien, diría que eres tú quien está celosa, Leona –se burló.
–No te creas tan importante, Senku –gruñó.
–Bueno, solo saco conclusiones de la evidencia que tengo –comentó, restándole importancia al asunto hurgando su oído con el meñique, aunque sonriendo complacido al ver a Kohaku tensarse –me acosté con esta chica… ni siquiera recuerdo su nombre, y tú terminaste yendo tras Hyoga.
–¡No fui tras él! –chilló, con el rostro rojo, aunque Senku no supo si atribuirlo a la vergüenza o al enfado.
–Lo que sea.
Sus palabras debieron enfurecer aún más a Kohaku, y aun tentando a su suerte, que ya era de conocimiento general que era mala, decidió rematar con lo peor que se le ocurrió.
–Solo evita traer hombres al departamento, no necesito escuchar lo que sucede entre tú y tus amantes.
Antes de que su cerebro pudiera procesarlo, Kohaku se había lanzado en su dirección, ella estaba furiosa, si la mirada furibunda era algo para tener en cuenta. Cualquiera habría temido por su integridad al estar entre una leona enojada y sin ninguna vía de huida, pero él era Ishigami Senku, su suerte siempre había sido una mierda, y Kohaku no sería ningún peligro para él.
–Será mejor que cuides tus palabras, Senku –gruñó, acercándose a su rostro peligrosamente –sigo aquí porque Ruri cree que eres mi novio y no quiero que ella se preocupe. pero vuelves a decirme una palabra así una vez más y me largare de aquí y le diré a mi padre que eres la peor escoria que he conocido.
–Eres libre de irte cuando quieras, y si quieres dile a tu padre que soy una mierda de persona, no me importa ni un milímetro, Leona.
El ceño de Kohaku solo se contrajo más ante la seguridad en sus palabras, y eso lo hizo regocijarse más. Estaba siendo un estupido, lo sabía, pero había algo en tener a Kohaku tan cerca después de tantos meses que le hizo rozar los límites de lo que ella podría aguantar.
–Eres un bastardo, Senku.
Sus miradas se sostuvieron por más tiempo, rubí contra zafiro, ninguno se rendiría, porque ambos eran tercos y orgullosos, con los rostros a centímetros, sus alientos chocando y muy pronto sus lenguas también lo hicieron.
Ese beso no fue como ninguno que hubieran compartido, porque esto era una batalla por el dominio del otro para demostrar su supremacía, con sus manos vagando por el cuerpo del otro con aspereza. Mordió el labio de Kohaku y ella suspiro, y así Senku reclamó la primera victoria de la noche.
–Idiota… –suspiró ella, jadeante y con los labios hinchados, mientras sus caderas se restregaba descaradamente contra él.
–No eres alguien para hablar –refutó, apretando y marcando con sus uñas la piel de tersa en los muslos de la rubia, sus caderas imponiendo un ritmo que solo buscaba su placer.
Después de esa noche, sus encuentros eran muy similares, pocas eran las veces donde Kohaku no estaba previamente gritándole lo idiota que era por cualquier nimiedad, mientras él solo se limitaba a restarle importancia, hasta que alguno de los dos se lanzaba al otro a besar y callarlo, y la batalla comenzaba.
Él era, obviamente, menos fuerte que la Leona, pero tenía esas armas para reducirla a nada más que una chillante y jadeante gatita, que imploraba por su toque y que olvidaba totalmente a cualquiera que hubiera estado entre sus piernas. A Senku le daba igual sí ella se metía con otros, Kohaku era libre de hacerlo, pero si ella lo provocaba él respondería, justo como la noche anterior.
–¿Qué pretendes, Leona? –preguntó, divertido al ver a la rubia plantarse frente a él, vistiendo una de sus camisas y solo un par de bragas sencillas.
–Quiero sexo –demandó, con las manos en las caderas y haciendolo reir más.
Kohaku siempre era directa, algo que agradeció, no necesitaba ninguna de esas mierdas innecesarias, pero nunca dejó de sorprenderse. No era justa la forma en que Kohaku se plantaba de la nada en su habitación, vistiendo poco o nada de ropa exigiendo sexo, con ese lenguaje tan persuasivo que le hacia pensar en la posibilidad de mandar al diablo cualquier cosa que estuviera haciendo.
–Diez millones de puntos para ti, Leona, por tomar la iniciativa.
Ella sonrió, divertida por su expresión antes de acomodarse sobre su regazo y empezar a besarse. Era suave, no había prisa por hacerlo rápido, podían tomarse su tiempo, con sus manos vagando por la piel expuesta de sus piernas y su estómago, mientras ella se dedicaba a desabotonar su camisa y repartir besos por su mandíbula.
Las noches en las que no peleaban eran buenas, comenzando lento y disfrutando, ninguno buscando tener poder en el otro, casi lo hacían olvidar que una vez llegara la mañana ella podría volver a actuar a la defensiva, con comentarios ácidos, y él no sería mejor.
Estaban jugando a algo peligroso, danzando en esa línea delgada donde no sabía si una noche estaba durmiendo juntos, y a la mañana siguiente discutiendo.
–Senku…
Pero esa noche volvería a ignorar lo ilógico que era todo eso, podría preocuparse por la mañana.
–¿Vas a regresar hoy? –pregunto Kohaku, sirviendo en plato con un típico desayuno americano al que se había acostumbrado.
–No lo sé, lo más probable es que no, Xeno quiere hacer las pruebas en cuanto terminemos con la simulación.
Kohaku asintió. Ella parecía más tranquila que cuando la vio antes de darse una ducha, probablemente solo estaba molesta con asuntos de la escuela o su trabajo, Senku no iba a inmiscuirse.
–Iré con Ruri-nee –anunció ella, de la nada y sin aviso previo.
–¿Te hartaste de mi al fin? –preguntó, con una sonrisa llena de sorna mientras tomaba jugo.
–¿Que? –ella estaba confundida, justo antes de negar –. No me refería a irme definitivamente –explicó, riendo –. Ruri-nee necesita ayuda con algunas cosas de su boda, me tomaré un fin de semana para ayudarla.
Se sintió estúpido por llegar a conclusiones tan precipitadas.
–Regresaré el lunes, pero deje algunas cosas en el refrigerador para que puedas calentarlas si tienes hambre.
Se limitó a asentir.
El resto del desayuno transcurrió en silencio, y no fue hasta que Kohaku salió de la cocina para ir a buscar sus maletas, que la idea que nació la noche anterior regresó a su mente: Necesitaba terminar con ese estúpido juego con Kohaku. Kokuyo ya estaba de su lado, podría obtener su empresa en cuanto quisiera, y aun si eso no pasaba, tenía que hacer que Kohaku se alejara de él, y terminar todo eso, o de lo contrario se volvería una bomba de tiempo que le explotara justo en la cara.
Notas de la autora:
1.–Bueno, aqui otra contribución para la semana Senhaku 2021, esta ocasión, para el tercer día y con el tema de Roommates, sé que parece que no tiene sentido, pero sí leen mi historia Feliz cumpleaños eso aclararía un poco todo, aquí intente resumir la relación obviamente tóxica que tienen este par en este AU que pienso hacer un long-fic de al menos unos cinco capítulos, pero bueno, díganme que opinan, si les gusto, y si creen que algo no tiene sentido para que lo tome en cuenta y lo pueda explicar posteriormente.
2.– Agradezco a quienes leen y un poco más a quienes dejan reviews.
3.– Personajes de Inagaki y Boichi, historia mía inspirada en la canción homóloga de One Ok Rock, sin más me despido cuídense y sayonara.
