—No lo arruines —fueron las palabras de apoyo de su padre, para entonces arrancar el auto un segundo después y salir del lugar a toda velocidad, dejándola con la palabra en la boca.
Gracias por las palabras de aliento, pensó sarcásticamente la chica de ojos verdes.
Perceia Jackson respiró hondo y avanzó, creyéndose lista para tomar el examen de ingreso a la Preparatoria UA, la escuela dónde se formaban los héroes, dónde ella se formaría para convertirse en uno de ellos.
Aquello no solo lo hacía porque su padre, Gabe Ugliano, la obligaba. También lo hacía por su madre, que ya llevaba muerta por lo menos diez años.
No recordaba mucho de aquella noche, su mente lo había bloqueado en su mayoría, tal vez evitando un trauma. Lo único que le venía a la mente era lo siguiente: un villano entrando a su departamento, destruyendo todo, matando a su madre y cuando estaba por matarla a ella, alguien más apareció, un héroe que la protegió, y entonces nada, todo se vuelve difuso desde ese punto.
Ella quería ser una héroe, para poder salvar a las personas que lo necesitaban, para poder ayudar. Y agradecía a todos los dioses que su quirk fuera heredado de su madre y no de su padre.
Le habían llamado: Jackpot elemental, al activar su quirk podía tener acceso a controlar ya sea la tierra, el aire, el fuego, el agua o el rayo, el resultado era siempre al azar y únicamente podía usarlo por 30 minutos, entonces tendría que cumplir con un tiempo de espera de cinco minutos hasta que su poder volviera a "recargarse".
Como sea, su padre (que odiaba llamarlo así y por eso casi siempre le llamaría por su nombre sin más), esperaba que pusiera su nombre en alto al ser el también un héroe, él único inconveniente que había ahí era que gracias a que su madre había decidido que el nombre Perceia no iba bien con el apellido Ugliano, le había puesto su apellido de soltera, Jackson, y Percy lo agradecía cada día de su vida. De igual forma, Gabe no perdía la esperanza en que si ella resultaba exitosa en el mundo de los héroes, se aprovecharía de eso saltando a la fama él también.
Percy de verdad no aguantaba a ese hombre, y rara vez podía entender como es que eran familia.
Dejó de pensar en aquello y se concentró en su objetivo por el momento: quedarse en esa preparatoria y cumplir su sueño.
La habían asignado al centro de batalla C, no conocía a nadie a su alrededor, ni siquiera en la conferencia dónde les explicaron lo que harían había reconocido a nadie, al parecer sus compañeros de su escuela anterior no tenían interés en convertirse en héroes profesionales.
Cuando les dijeron que podían comenzar, ella había salido disparada al instante, encabezando entonces el grupo.
En realidad, no había aprendido cuántos puntos valía cada enemigo, no es algo en lo que quería centrarse pues probablemente se pondría nerviosa al ir contando los puntos que iba sumando.
Cuando encontró al primer robot enemigo, llevó sus dos manos juntas, tapando un poco la izquierda con la derecha, por lo que al hacer un poco de presión, sus dedos tronaron, y así era como se activaba su quirk.
Supo que el elemento que le había tocado era la tierra cuando sus manos se volvieron más grandes y duras de lo que eran.
Acabar con el primero fue demasiado fácil, únicamente tuvo que saltar y darle un buen puñetazo en lo que sería su rostro, dejándolo inservible.
Así se ganó sus primeros puntos, no sabía cuántos pero los primeros.
Se encontró con otro robot no mucho tiempo después, para este, se recargó en una de las paredes de los edificios, su mano de tierra mezclándose con el cemento y haciéndolo suyo. Al separar su mano de nuevo, ya tenía un arma de por lo menos metro y medio de longitud, con la que pudo pegarle al robot y ganar más puntos.
—¡Cinco minutos restantes! —les avisaron después de un buen rato.
Percy era rápida y hábil, había entrenado gran parte de su vida no solo su quirk, si no también sus habilidades físicas, era más rápida que la mayoría de las personas a su alrededor, lo que le daba más ventaja.
Contó alrededor de un minuto, cuando el suelo comenzó a temblar, avisando de un gran enemigo en camino.
Todos los aspirantes se detuvieron y voltearon hacia donde se escuchaba el ruido para encontrarse con un autómata enorme, y el único que Percy había aprendido cuánto valía: 0 puntos, y claro, también recordó la recomendación de evitarlo si aparecía, así que, al igual que los demás, dió media vuelta y comenzó a correr.
El robot gigante, dió un golpe a un edificio, mandando a volar pedazos de este directamente hacia ellos.
La mayoría pudo esquivarlos.
—¡Ayuda! —gritó una voz, haciendo que Percy se detuviera en un segundo.
El resto de los aspirantes siguió corriendo, esquivándola mientras ella miraba a la persona en el suelo, se sujetaba una de sus piernas, la cuál tenía una pinta horrible, ¿el tobillo tenía que lucir así? Percy no lo creía.
Regresó corriendo junto a esa persona, quien la miró con los ojos bien abiertos y llenos de lágrimas, sin poder creerse que alguien de verdad hubiera regresado.
El cerebro de la azabache estaba a todo lo que daba, llevó una mano al suelo frente a la persona herida, internándola en el suelo, y cuando la sacó se levantó un muro de tierra como escudo para el herido. Hecho eso, se quitó sus zapatos de dos patadas y sus pies adquirieron la misma consistencia que sus manos.
¿Cómo demonios voy a acabar con él?, se preguntó Percy mientras su cuerpo comenzaba a moverse porque ella no era de pensar antes de atacar, ella atacaba y pensaba al mismo tiempo.
Al final, decidió desviarse hacia uno de los edificios próximos al robot, y volvió a hacer lo mismo que hace un rato, conectó su mano al edificio y lo hizo suyo, aquello requería más energía que el resto de sus movimientos, pero el robot estaba muy cerca del herido y no creía que el escudo de tierra que había hecho fuera a aguantar demasiado, se concentró en la forma que quería darle a aquello y arrancó una lanza de quien-sabe-cuantos metros de largo y otros de ancho. Al estar en su elemento, aquello no pesaba tanto como parecía, era solo la extensión de su cuerpo. Golpeó al robot, rasgándolo de una parte un poco más abajo a la cabeza, por lo que no lo detuvo por completo.
Esto debe ser una broma, pensó ella.
Miró a sus pies, conectándolos con el suelo y entonces dando una patada, levantando por lo menos cinco metros de una rampa diagonal, la escaló rápidamente, con su lanza de edificio aún en alto y por fin su golpe alcanzó al robot y lo inutilizó.
Cuando ella volvió a pisar el suelo a lado de la persona herida, el autómata ya estaba cayendo.
Y ella también cayó, respirando con pesadez.
—Oye, ¿estás bien? —preguntó la persona con la pierna rota, con cara de preocupación, la de ojos verdes tenía el rostro perlado en sudor y respiraba con dificultad, su cuerpo parecía estar temblando pero de igual manera se las arregló para asentir—. ¡Muchas gracias por rescatarme!
El examen práctico fue mucho más fácil que el escrito, por lo menos para Percy.
Sufría de dislexia, por lo que solo leer las preguntas ya era toda una hazaña.
Se encontraba en la sala de su casa, con un tazón de palomitas extra grande en su regazo pues le gustaba ahogar su nerviosismo en comida.
Estaba segura de que el examen práctico lo había pasado, pero tenía miedo de no haber conseguido el puntaje requerido en el examen escrito, pues eso podría hacer que no se quedara en la Preparatoria UA, cosa que le daba miedo, por sus propios ideales y por Gabe, a quien no le gustaría para nada aquello.
Tenía por lo menos dos años que la había golpeado pues lo habían comenzado a notar en la secundaria a dónde había ido, pero sabía que si no entraba a esa escuela, aquello volvería.
Un escalofrío la recorrió de solo pensarlo.
Como sea, se enfocó en ver la película que estaban pasando en ese instante, de nada le servía preocuparse.
—¡No, Nemo, no vayas hacia el bote! —se quejó la de ojos verdes, gritándole al televisor como si el pequeño pez payaso pudiera escucharla y a pesar de que ya sabía que pasaría pues había visto esa película ya varia veces.
Desde que tenía memoria, tenía una gran fascinación por el mar, por las criaturas que lo habitaban, no solo veía películas animadas, se había visto documentales y demás, no sabía porque le gustaba tanto a pesar de no haber pisado una playa desde que su madre había muerto.
—Mocosa, ya llegaron tus resultados —dijo la voz de Gabe, entrando a la sala y lanzándole una carta mal envuelta, Percy supo al momento que él ya la había abierto y había visto sus resultados—. No esperes que te felicite.
Como entro, salió de su habitación directo a su "oficina", dónde hacia de todo menos trabajar.
Dentro de Percy crecieron dos emociones, la primera era enojo hacia su padrastro, que había decidido ver sus resultados incluso antes que ella, y la segunda era felicidad, pues que no actuara enojado quería decir que se había quedado en la UA.
