Hola a tod@s, ha pasado mucho tiempo desde que había publicado el capítulo anterior me disculpo mucho por la tardanza, pero aquí tienen el siguiente capítulo y gracias por disfrutar de esta historia.
Capítulo 7:
POV SASUKE:
—¿Escogiste un compañero? —preguntó Itachi en el momento en que me vio caminando hacia mi oficina.
Sostuvo sus manos frente a su entrepierna, con una mano envuelta alrededor de su muñeca, la otra en un puño. Estaba rígido como siempre, nunca preguntaba más de lo necesario y nunca mostrando ninguna expresión. Abrí la puerta y la sostuve para que Itachi entrara.
—¿Escogiste un compañero? —preguntó Itachi otra vez en el mismo tono.
—¿Crees que invité al Sr. Hatake a mi oficina el miércoles pasado para bizcochos y té?
Levantó la ceja mostrándome que estaba un poco irritado con ese comentario creciendo en Londres y todo. Solo sabía algunas cosas acerca de Itachi. Había trabajado para mi papá por los últimos dos años y hasta hace unos meses no sabía que era ruso, español y coreano. Nació en Corea después se mudó a Londres cuando tenía alrededor de cinco años. Después de diez años, se mudó a los Estados Unidos y cuando cumplió dieciocho se enlistó en la Marina y nunca miró atrás.
Era un tipo alto, no más alto que mi culo de un metro ochenta y cinco, pero alto. Era más grande que yo lo que tenía sentido con sus antecedentes y no decía mucho, pero cuando lo hacía, quería golpearlo en el rostro. No porque es molesto o aburrido o estúpido, sino porque era Fugaku el que hablaba. Itachi es mi agenda viviente de trabajo diario en los planes de Fugaku.
—¿Escogiste un…?
—¡Sí! Joder, lee entre líneas —golpee mi portafolios casi vacío sobre la mesa. Retiré el respaldo del asiento y coloqué los pies en el amado escritorio de caoba de mi padre en el que se gastó miles.
Itachi levantó la ceja de nuevo, mirando mis pies pero sin decir una palabra. —¿Por qué él? ¿Por qué no alguien de este piso? Tienen más experiencia.
Dije la verdad, pero no toda la verdad. —Porque Kakashi es el mejor abogado de bienes raíces que tenemos y que realmente hace su maldito trabajo.
Y porque voy a follar a su sobrina una y otra vez por los próximos veintiún días ya que quiero jugar un juego escrito en una pequeña hoja rosa.
Y porque necesitaba una manera fácil de comunicarme con ella sin estar ahí siguiéndola en la cafetería, donde estaba esta mañana, y regañarla por no responder a su maldito teléfono todo el fin de semana. Todo lo que quería hacer el fin de semana. Todo lo que quería hacer el fin de semana era alquilar una habitación de hotel y demoler la jodida lista en una noche de lo caliente que estaba. Mierda, incluso iba a darle la noticia sobre contratarla. Pero no me dio nada. Ni una respuesta o llamada de vuelta. Ni una señal de vida.
—Notificaré al Sr. Nara de inmediato —Itachi estaba a punto de darse la vuelta y dirigirse a su lugar habitual fuera de la puerta. Se quedaba de pie ocho horas, tal vez más, dependiendo de cuánto tiempo me quedaba, y me revisaba como una niñera enaltecida. Despreciaba cada segundo de eso, pero lo toleraba porque tranquilizaba a mi padre, estaba un paso más cerca de conseguir lo que quería.
—¿Por qué necesito un compañero? ¿Especialmente para un caso tan pequeño que puedo terminarlo en menos de una semana? —Le pregunté a Itachi, inseguro si iba a responder.
Lentamente giró la cabeza sobre su hombro, inspeccionándome con sus ojos negros como el carbón. —Para la investigación. —Se detuvo y después abrió la boca otra vez. Ésta vez era él hablando, no Fugaku.
—Él quería ver a quien elegirías después de que le conté sobre la Srta. Hatake. —Esta era la manera de Itachi de darme una advertencia, una advertencia de que me estaba observando y no solo dentro de la oficina sino también fuera.
Mi sangre dejó de correr a través de mi cuerpo, pero no podía mostrarle que era vulnerable acerca de esta nueva información o de lo contrario podría contárselo a Fugaku.
—¿Cuándo fue eso? —Escogí mis palabras cuidadosamente.
—La semana pasada. El miércoles —se detuvo otra vez—. Estabas en horario laboral. Veinte minutos tarde para el trabajo, así que averigüé dónde estabas. —Levantó una ceja.
Otra advertencia.
Una advertencia que quería decir que mientras no fuera durante el horario de oficina, estaba bien.
—Pronto estará trabajando para mí —dejé caer mis pies del escritorio y saqué una carpeta manila de mi portafolios.
Itachi se dio la vuelta completamente, manteniendo la posición de sus manos mientras levantaba la barbilla. —¿Por qué?
—¿Para diseñar mis nuevas tarjetas de presentación? —Mentí.
—¿Las tarjetas de presentación que te dio el Sr. Nara como regalo no son lo suficientemente buenas?
Estaba tratando de torcer mis palabras, probablemente porque sospechaba acerca de Sakura y de mis intenciones.
—Lo eran. Hace dos años cuando obtuve mi ascenso —me puse los anteojos para leer y abrí la carpeta para ver los detalles de este caso de mierda que no era nada más que una prueba.
Miré más allá de mis anteojos a Itachi, que seguía rígido como una tabla, mirándome como si estuviera a punto de matarme si estaba mintiendo.
—Cuando termines con tu pequeño proyecto secundario, espero dos tarjetas —su voz era clara.
—Bien —moví mi barbilla dirigiéndolo a la puerta a pesar de que ya estaba un paso delante de mí.
No estaba demasiado preocupado por Itachi, en lo más mínimo. No después de que me dijo que todo lo que tenía que hacer era estar fuera de horario de oficina y que estaba bien. Así que en ese caso, mi plan para el almuerzo todavía estaba en marcha. Odiaba tener que recurrir a ese malvado plan para estar a solas con Sakura, pero necesitaba su cuerpo.
Agarre mi teléfono y marque a la oficina de Kakashi.
—Habla el Sr. Hatake.
—Hola Kakashi, vamos a almorzar hoy —exigí.
Gruñó, probablemente porque todavía era el amanecer, pero más probablemente porque yo sabía que tenía una cita para almorzar con Sakura y no quería decirme que no. Los vi dirigirse a Bily's Burguer la semana pasada y no habría ninguna otra razón por la que Sakura conduciría treinta minutos temprano en la mañana cuando podría estar trabajando desde casa.
—Mierda. No puedo. Tengo que almorzar con Sakura.
—Tráela. Le tengo buenas noticias y preferiría contárselo cara a cara.
—Espera, ¿de verdad? Está bien, déjame ver si está de acuerdo con esto… — Lo escuché revolver su abrigo para agarrar su teléfono.
—Dile que nos encuentre en Piccola Isola a las doce en punto. Hoy tengo poco tiempo así que sería grandioso si llega ahí y tomamos el auto.
—Oh mierda. Me encanta ese lugar —podía escucharlo babear por el pensamiento de la comida.
—Es mi obsequio y yo conduciré. Iré a buscarte alrededor de las 11:50. Y Kakashi, no le digas acerca de las buenas noticias, ni siquiera lo menciones.
—¿Es acerca del trabajo de diseño? —Sondeó.
—Te veré en unas horas —colgué.
Genial, eso fue fácil con pocas o ninguna preguntas. Le marqué a Frankie, mi recepcionista.
—Oye, Frankie. Necesito que hagas algo. Exactamente a las 11:45, no antes no después, lleva al Sr. Hatake a los archivos Philler. Dile que Kev quiere que los revise de inmediato, antes de que termine el día.
La última parte no era cierta. Kev no los necesitaba de inmediato, solo los necesitaba antes de este fin de semana, así que Kakashi tenía cinco días para trabajar en ellos. Pero necesitaba que Kakashi se sintiera estresado para que pudiera olvidar enviar un mensaje de texto a Sakura diciendo que estaba muy ocupado para ir a almorzar. Necesitaba que olvidara nuestros planes completamente hasta que yo estuviera abajo y ella en el restaurante.
—11:45. Sr. Hatake. Los archivos Philler. Kev. ¿Es todo?
—11: 45 no antes no después —recalqué.
—Lo tengo.
Colgué y me recliné en mi silla. Ahora, todo lo que tenía que hacer era esperar y ver si todo caía en su lugar y conseguir mi curvilíneo algodón de azúcar.
POV SAKURA……….
—Hola. —Me acerqué un poco más al anfitrión que me había estado ignorando desde que entré.
—Hola —dijo con la cabeza baja.
—Tengo que encontrarme con alguien para almorzar aquí.
Miró hacia arriba, mirándome detenidamente la camiseta de AC/DC, los pantalones cortes de cintura alta combinados con medias de rejilla debajo de ellos y las viejas Converse altas. Mi laptop se hacía más pesada en mi mochila, así que apreté las correas para aliviar algo de peso en mis hombros. Pero él todavía no había dicho nada.
No estaba al corriente con el código de vestimenta de Piccola Isola, pero no sabía que vendría hoy. Quiero decir, es uno de los restaurantes más agradables de la ciudad, donde un buen vestido y traje no eran opcionales, prácticamente se ponían. Yo era escéptica sobre venir aquí al principio, pero me encantó su comida, así que pensé, ¿por qué no trato de entrar? Probablemente hubiera sido mejor si esperaba a mi tío fuera. ¡Mierda!
—Lo siento, pero estamos completamente llenos ahora y no llevas el atuendo apropiado. Te aconsejo que te vayas ahora. —Trató de esconder su sonrisa petulante, pero falló.
El restaurante estaba medio lleno por lo que pude ver. Había una despedida de soltera en un lado, llena de mujeres de unos 30 años, riendo y chismorreando mientras abrían regalos. El otro lado casi vacío con algunas parejas mayores aquí y allá.
El anfitrión hizo un gesto hacia la puerta cuando no me vio moverme. Me volteé, sintiendo la vergüenza royendo mi carne con cada paso que daba. Salí y me apoyé contra el edificio, todavía lo sentía reírse de mí mientras esperaba que mi tío me salvara o intentara salvarme. Pero en cambio, llegó tarde. Revisé mis textos para asegurarme de haber seguido las instrucciones correctas.
Kakashi Vamos a Piccooolaaaaa Isoooolaaaa.
Kakashi Te veo allí a las 12.
Miré el reloj, 12:05 a.m. Me reí entre dientes y leí el texto con todas las A y las O con la voz de mi tío. Era fácil saber cuándo estaba realmente entusiasmado con algo, ya que siempre alargaba sus vocales.
Lo llamé, pero no contestó.
Leí el texto una y otra vez. ¿Te veo allí a las 12? ¿Estaba halando de la cafetería o el restaurante? Empecé a leer demasiado en el texto.
Un Mercedes Benz negro y brillante se detuvo frente a mí, donde solo se permitía aparcar a los importantes clientes de Piccola Isola. Por lo general, las personas que vienen al restaurante cada dos días o las que les donaron, para "ayudar a que la comunidad crezca".
Las ventanas estaban teñidas, casi negras, y no podía decir ni me importaba quién estaba dentro. Volví a mi teléfono, llamé a Kakashi una vez más, pero no hubo respuesta. Miré hacia arriba, tratando de ver si podía encontrar a mi tío en la jungla de cemento, pero en su lugar encontré a un león. Encontré a Sasuke saliendo de su Mercedes Benz y caminando hacia mí mientras se arremangaba las mangas hasta los codos. Llevaba una camisa blanca abotonada que combinaba con su raya blanca, una corbata de color morado oscuro y un par de pantalones grises color piedra. Dios, se veía tan bien. Espera, ¿qué estaba haciendo él aquí?
Sasuke comprobó mi atuendo y sonrió por lo que solo pareció medio segundo. Se alzó sobre mí con apetito en sus ojos.
Trague saliva y murmuré mi pregunta. —¿Qué estás haciendo aquí?
Sus ojos se estrecharon en mí. —¿Tu tío no te dijo que me uniría a ti para almorzar?
—Nooo…
O de lo contrarío no habría venido. Había una razón por la que bloqueé tu número, bella sirena.
—Bien, suerte, me voy a almorzar —Sasuke se dirigió a la puerta.
—¿Dónde está mi tío? —Crucé los brazos, no muy cómoda con esta situación.
—En la oficina. Tenía un… trabajo inesperado amontonado.
Había una mentira detrás de esa oración y yo lo sabía. Pude verlo en su rostro, su cuerpo y toda su atmósfera. Estaba orbitando a su alrededor como si fuera el maldito sol.
—Sin ofender. Pero tengo poco tiempo con el trabajo y eso, así que voy a regresar a la cafetería.
—Entra, Sakura. Tenemos que hablar sobre algunas cosas —abrió la puerta y esperó a que entrara.
Pensé que querría hablar sobre por qué lo estaba ignorando, lo que era simple: no quería la distracción o la tentación, no hasta que terminara con el logotipo de Rhino Prints. Entonces podría darle todo lo que quería y todo lo que necesitara. Miré dentro y vi al anfitrión mirando la tabla de asientos.
—Escucha, el anfitrión me echó un poco —susurré avergonzada, esperando que el anfitrión no pudiera oírme.
Sasuke cerró inmediatamente la puerta y dio un paso hacia mí, mirando la razón por la que no fui bienvenida en primer lugar. Se quedó mirando mi camisa por un momento y luego mis mayas de rejilla, tocándolas ligeramente con el dorso de su dedo. Mi cuerpo respondió poniéndose la piel de gallina.
—Solo entra al restaurante —dijo entre dientes con impaciencia, a pesar de que su toque fue tan gentil.
Nos dirigimos hacia adentro y el anfitrión levantó la vista de inmediato cuando entramos, mirando solo a Sasuke con una amplia sonrisa.
—Hola, Sr. Sharinga, Uchiha. Sr. Uchiha —los ojos del anfitrión se precipitaron hacia mí ahora, sorprendido de que estuviera con alguien como Sasuke.
¿Sr. Sharinga?
—Mesa para dos. En algún lugar privado —agregó Sasuke. Se puso de pie, mirando el libro de citas del anfitrión.
—Desafortunadamente, estamos realmente llenos y hay un código de vestimenta —dijo, esta vez sin una sonrisa petulante.
—¿Incluso la habitación privada en la parte de atrás? —pregunto Sasuke.
—No. No en la habitación privada, pero, eh… —tragó saliva, atrapando en su mentira—. El código de vestimenta todavía se aplica.
Sasuke me volvió a mirar por el rabillo del ojo y luego al anfitrión. Él no dijo nada; solo miró al anfitrión mientras le daba una ceja arqueada. Se estaban comunicando telepáticamente, y Sasuke estaba ganando la discusión.
—Sígueme por este camino —masculló el anfitrión, agarrando dos menús del podio derrotado.
Miré a la gente que mirándonos, mirándome, cuando pasamos caminando hacia una habitación cerrada en la parte trasera, aislada como una isla. La habitación privada era espaciosa, con solo una mesa grande en el medio, cortinas gruesas sobre las ventanas e incluso una chimenea que no era necesaria en agosto.
—¿Esta habitación está bien? —La voz del anfitrión se quebró.
—Sí. Dígale al camarero que estamos listos para ordenar —Sasuke se sentó y yo lo seguí, sentada frente a él y lanzando mi bolsa al suelo.
Parecía muy impaciente. Había algo en su mente y necesitaba que todos se fueran antes de que pudiera escupirlo. Podría decir que me involucró, esa parte era obvia. Él entrelazó sus dedos y colocó sus codos sobre la mesa. Esta era la primera vez que estábamos juntos en la misma habitación desde nuestra llamada telefónica, y se sentía diferente. De alguna manera, se sentía íntimo, aunque podría haber sido porque estábamos en un entorno tan íntimo. Él me miró atentamente, estudiando mi comportamiento.
—¿Estás bien? —La puerta se balanceó y me interrumpió.
—Hola, soy Val, vuestra camarera esta tarde. ¿Te gustaría escuchar nuestro Especial del lunes?
—No, y nos saltearemos los aperitivos. Tendré el pollo con marsala y setas y ella tendrá el…
Sasuke esperó a que dijera lo que quería, pero ni siquiera había mirado el menú y no podía recordar lo que ordené la última vez que estuve aquí para mi cena de graduación. Escaneé el menú, pero sentí que mi corazón explotaba como una supernova cuando vi los precios. Obviamente, mi tío pagó la última vez, así que no me preocupé por los precios. Tragué saliva y escogí el artículo más barato en el menú que todavía estaba fuera de mi presupuesto.
—Voy a tener la ensalada.
Sasuke debe haber visto la cara que hice a los precios, porque lo siguiente que escuche fue—: Pago yo, Sakura. Elige algo que te llene.
Miré a Sasuke y a la camarera, ambos esperándome. Escaneé la sección de bistec, mi sección favorita, y escogí algo más apetitoso que una ensalada.
—Tomaré el solomillo marinado.
—¿Y cómo le gustaría eso cocinado, señora?
—Poco hecho. Medio poco hecho si tienes que hacerlo. —Vi a Sasuke sonreír por el rabillo del ojo.
—¿Eso es todo? —La camarera se acercó y agarró mi menú, luego se dirigió a Sasuke.
—¿Cuánto tiempo llevará? —preguntó.
—¿Para ti? De veinte a veinticinco minutos, más o menos —agarró el menú, pero lo mantuvo apretado como si estuvieran jugando al tira y afloja.
—Hagamos que sea treinta y cinco minutos —sugirió Sasuke—. No necesitaremos nada más, así que por favor, no vuelvan aquí hasta que nuestra comida esté lista en treinta y cinco minutos.
—Sí señor. Sr. Uchiha —juro, pensé que iba a saludarlo en ese mismo momento.
Sasuke soltó el menú y al instante me miró a los ojos.
—Me has estado ignorando, gatita. —Dice Sasuke después de que la camarera salga de la habitación.
—He estado ocupada con el trabajo —me cruzo de brazos, no me gusta, pero amaba secretamente, la forma en que me hablaba como si estuviera listo para castigarme. Oh, Dios, estoy tan caliente.
—Entonces, ¿eso significa que no puedes responder a un mensaje de texto? —Arqueó una ceja.
—Te bloqueé. No vi un mensaje de texto —espeté.
—¿Me bloqueaste? —Él apretó los dientes.
Asentí.
—¿Por qué?
Porque si veía tus mensajes de texto o volvía a mirar tus fotos desnudas (que finalmente eliminé de mi galería) no habría conseguido nada este fin de semana.
—Necesitaba concentrarme en el trabajo —murmuré.
Él no dijo nada. Sasuke solo se inclinó en la silla y se cruzó de brazos.
—¿Sabías que nunca hago el primer movimiento?
Negué con la cabeza, un poco sorprendida ya que él fue quien primero me habló en la fiesta y luego envió las fotos desnudo e inició el sexo telefónico.
—Me gusta La Lista de Ruptura… La Lista de Sasuke. Me gustan los objetivos y los pequeños juegos para jugar. El hecho que me permite follarte constantemente durante un mes. Me gusta, sin embargo… —se levantó—. No me gusta que me ignoren. No me gusta trabajar más duro de lo necesario. Y especialmente no me gusta perder, gatita.
Sasuke caminó hacia la puerta, agarró la silla del extremo de la mesa y la apoyó contra la puerta para cerrarla de manera anticuada. Se estaba asegurando de que nadie entrase por los próximos treinta y cinco minutos como quería. Se estaba asegurando de que el número cinco en la lista era tachado. Tener sexo en un lugar público. Mentiría si dijera que no me excitó. No me asustó; me emocionó. No me hizo sentir insegura, me hizo sentir protegida.
Se acercó a mí, me acarició la mejilla y observó mis ojos crecer. Se apoyó contra la mesa y se cruzó de brazos con arrogancia, solo que sabía cómo hacerlo y, por una fracción de segundo, un gran error, miré hacia abajo. Él estaba creciendo por la lujuria y el deseo. Creciendo para poder sentirlo dentro de mí otra vez. Arranqué mis ojos lejos de su polla y escaneé. Su sonrisa era traviesa y los ojos eran como los de una tormenta.
—Por ahora, levantas tu teléfono al segundo en que llamo o envió un mensaje de texto. Sin excusas. Sin demora. Nada. No estarás 'ocupada con el trabajo' porque yo soy tu trabajo. Soy tu jefe. Tu único jefe. Y te pagaré el triple de lo que tu jefe lo está haciendo ahora, en ambos proyectos. Si no te gusta, entonces está la puerta. Ni la silla ni yo te detendremos, gatita.
Espera, ¿era la manera inusual de Sasuke para decirme que conseguí el trabajo? ¿Ambos trabajos?
Mis ojos escanearon su rostro, luego su cuerpo y finalmente su polla. Que ahora estaba en su máximo tamaño, sellado herméticamente contra su muslo y sobresaliendo de sus pantalones ajustados. Pasé por sus pantalones y bajé al piso mirando sus oxfords negros y brillantes con ribetes dorados.
—Entonces, ¿me vas a pagar en grande por el proyecto personal, además de otros mil para un nuevo proyecto?
Él bufó. —¿Estabas cobrando alrededor de los 3 y medio? ¿Por un proyecto?
Asentí con la cabeza, mirándolo esta vez.
Él negó con la cabeza con una vaga sonrisa. —Oh, gatita. Nunca te vengas en corto. Discutiremos los precios después… —empujó mi silla hacia atrás y giró la silla hacia un lado para mirarlo. Se paró frente a mí, pellizcando la manga de mi camiseta.
—¿Después? —Me hice la tonta, agarrando el lado de la silla.
Él arqueó su ceja, sabiendo muy bien que era una pregunta estúpida y yo no era una chica estúpida. —Después de que mi plan se desarrolle como yo quiero.
Su plan… Debería haberlo sabido.
Las manos de Sasuke estaban en mis pantalones cortos ahora. Me desabrochó los pantalones cortos con solo deslizar el pulgar y deslizo la larga cremallera para mostrar mis bragas azules y mis medias de rejilla. No quería detenerlo, no cuando iba a ser enviada a otro mundo mientras mi cuerpo temblaba debajo de él.
Pero tenía preguntas.
—¿Qué quieres decir con plan? —Gemí al ver que bajaba su cuerpo hacia mí.
—Dime, ¿hubieras venido si supieras que iba a acompañarte? —Su voz penetró, buscando respuestas. Él agarró la parte de atrás de mis rodillas y me sacó de la silla lo suficientemente para que él comenzara a quitarme los pantalones cortos.
Negué con la cabeza, a pesar de que había una parte de mí que sabía que eso era una mentira. Lo vi sacar mis pantalones cortos, dejándolos colgar alrededor de uno de mis tobillos. Mi camisa todavía estaba puesta, lo que me hizo sentir segura. No estaba lista para desnudarme frente a él, todavía no. Sasuke no se molesto con mis medias de rejilla o zapatos.
—Entonces mi plan funcionó mejor de lo que esperaba. Originalmente iba a follarte en la cafetería, pero es demasiado pequeño. Demasiado cerca del trabajo. Luego dejaste de responderme, así que tuve que ser inteligente. Tuve que involucrar a tu tío, usarlo para de cebo vivo para que pudiera traerte aquí.
—Me dijiste que no me preocupara, porque tenías que elegirlo. Me dijiste que no iba a estar involucrado.
Estaba furiosa por su malvado plan, no esperaba que fuera tan lejos, sino que también me excitara. Era una especie de demonio que siempre estaba dos pasos por delante de los demás. Empujé mis Converse contra su estómago, alejándolo de mí, su cuerpo duro y delgado mientras extendía mi pierna. Bajó la vista con una expresión que nunca le había visto usar. Felizmente sorprendido, lo que me tomó por sorpresa. Pensé que estaría enojado.
—Estás loco —lo empujé una pulgada más con mis zapatos. Me di cuenta de que estaba tratando de mantenerme quieta, pero se apartó de la fuerza de mis piernas, ya que eran la parte más fuerte de mi cuerpo. Gracias, fútbol.
—Lo sé —sonrió violentamente como si hubiera llegado a ese acuerdo años atrás.
Sasuke agarró mi tobillo y lo sostuvo con fuerza hasta que lo dejó caer a un lado cuando vio la marca de desgaste de mi zapato. Se movió y sacudió la cabeza de un lado a otro dejando caer unos pocos mechones oscuros sobre su rostro. Sasuke se quitó el cinturón de los pantalones y se lo envolvió en la mano como si estuviera listo para disciplinarme. Observé atentamente el cuero desaparecer alrededor de su mano, con la esperanza, no, rezando para que no lo usara conmigo y me demostrara que no ensuciara su ropa. Pero, en cambio, lo tiró al suelo haciendo un ruido metálico, el mismo ruido que mi fantasía.
—¿Pensaste que iba a usar eso contigo? —Sonrió.
Sí.
Dio un paso más cerca de mí y bajo sus labios a mi oído. Su aliento era pesado, caliente y salvaje. —¿No crees que quiero castigarte? ¿Para hacerte daño? —El calor en su voz hizo que mis bragas se sintieran incómodas por mi humedad— . No por la marca que me dejaste en mi camisa. Oh, no gatita. Pero porque dejaste a papi seco este fin de semana, sin agua ni comida.
Las manos de papá subieron por mis muslos bruscamente, hacia mi coño empapado. Abrió mis medias de rejilla moviendo mis bragas a un lado tan rápido que mi jadeo se retraso. Deslizó su dedo medio dentro de mí y dejé escapar un gemido tan fuerte que olvidé dónde estábamos. Respondió rápidamente, poniendo su mano sobre mi boca para callarme mientras aún me tocaba. Su dedo dentro me conmovió como si estuviera echando un vistazo a su nuevo hogar.
—¿Quieres que pare? —Apretó, mirándome cuando su labio superior se contrajo.
Negué con la cabeza. —No.
—Entonces vas a tener que callarte. ¿Puedes hacer eso?
Negué con la cabeza 'no' nuevamente.
Papi se rió entre dientes y me puso otro dedo, curvó sus dedos y buscó mi punto G, que me encontró a la velocidad de la luz como si ya conociera mi cuerpo mejor que yo. Empujó sus dedos dentro de mí más duro y más rápido como si quisiera que fuera fuerte. Como si quisiera que nos atraparan. Mi cuerpo hirvió, listo para estallar en un orgasmo pero lo sostuve. Lo sostuve apretado.
—¿Qué tal ahora?
Papi deslizó un tercer dedo dentro de mí. Mordí su palma y no le importó; en todo caso, lo excitó porque vi su pene latir en sus pantalones. Papi se mordió el labio y se adentró en mí, sin miedo a mojarse y amar cada segundo. Me hizo sentir segura, como si no quisiera nada más que complacerme y verme entrar en otro universo mientras estaba en sus garras. Rodé mis ojos hacia atrás, rompiendo la cadena entre nuestros ojos para poder tener un poco de tiempo para mí antes de acercarme a la mano de Big Daddy.
Pero mi tiempo solo fue interrumpido cuando papi susurró con voz ronca. —¿No ves que tu cuerpo es mío? ¿No ves que solo yo puedo hacerte esto? ¿Para hacerte sentir como si estuvieras siendo alimentada y comida viva, al mismo tiempo? Nadie te follará como yo. Y cuando hayamos terminado con la lista y te dirijas al siguiente tipo, estarás deseando que sea yo.
Gimoteé y lo mordí más fuerte mientras dejaba que mi orgasmo destrozara mi cuerpo como lo habían hecho las palabras de papi. Eso era cierto. Nunca iba a encontrar un Big Daddy como Sasuke, que me tomara como quisiera, como si odiara todo y a todos y fuera su única fuente de alivio.
Sasuke disminuyó la velocidad de su mano y dejó que mi cuerpo se recuperara de mi caída. Mi coño se agarró a sus dedos cuando trató de sacarlos. Mi coño no quería que se fuera. Él chupó su dedo y liberó su mano sobre mi boca, dejándome estupefacta de que me probara después de que llegara.
—Tan dulce como pensé —sonrió.
Sasuke se puso en cuclillas en el suelo y acercó la silla hacia él. La silla chirrió por el suelo hasta que se cernió sobre mi coño, a solo unos centímetros de distancia. Sentí su aliento caliente y pesado sobre mi coño, pero no me moví porque tenía curiosidad por ver si me iba a lamer. Todos mis ex odiaban hacerlo, lo cual es probablemente la razón por la que nunca fui una gran admiradora de las mamadas ya que el favor nunca fue devuelto.
Sasuke tiró de mis bragas hacia un lado agresivamente y le dio a mi hendidura una larga lamida, enviando escalofríos por todo mi cuerpo. Todo se sentía mucho más sensible, su lengua, su barba, su toque, sus ojos perforando mi alma. Él me vio reaccionar a su lengua, girando mágicamente alrededor de mi clítoris y arriba y debajo de mi raja mientras agarraba mis muslos bruscamente. Entonces, de repente, Papi chupó mi clítoris.
—¡Dios mío, Papi! —Me retorcí en mi asiento pero de alguna manera mantuve el volumen de mi voz. Pasé mi mano por su cabello y lo agarré con fuerza mientras me trataba mejor que cualquier hombre con el que haya estado alguna vez. Nadie te follará como yo. La voz de Papi sonó dentro de mi cabeza una y otra vez como una alarma de incendio rota.
Besó mi clítoris y supe que la aventura había terminado. —Haría esto todo el día si pudiera, pero tenemos poco tiempo. Ponte de rodillas —Papi señaló la silla mientras se ponía de pie.
Pero lo ignoré y caí al suelo, su polla a centímetros de mi boca llena de lágrimas. No podía controlarme a mi misma más. Quería probarlo y lo iba a conseguir ahora, incluso si tuviera que ir a cuatro patas y menear el culo. Deshice su cinturón, su cremallera, y supliqué a sus jeans ajustados salir de sus gruesos muslos. Levanté la vista hacia Sasuke, que no dijo nada, porque mi coño o mi boca servirían, siempre y cuando no se estuviera secando al sol. Mantuve sus ojos en mi punto de vista mientras bajaba sus calzoncillos. Su polla rebotó tan rápido que pensé que iba a noquearme. Saqué la lengua y guié mi boca babeante a su pene, sin quitarle los ojos a Papi.
Big Dad D.
Inhaló bruscamente mientras sus párpados parpadeaban con dicha y éxtasis. Ambas manos suavemente encontraron su camino hacia la parte posterior de mi cabeza. Estaba grueso y lleno de frustración que quería sacarme y yo le dejaría, pero Papi se tomó su tiempo. Me dejó hacer lo mío, cubriendo su polla con mi saliva y gimiendo de satisfacción. Su polla comenzó a ser mía, su sabor salado desapareciendo cuanto más subía y bajaba por su eje. Gemí, sorbí y me deslicé sobre él y lo amo cada segundo.
Giré mi lengua alrededor de su punta y luego lamí su abertura, lo que volvió loco. Recogió la mayor parte de mi cabello con una mano y lo sostuvo apretado mientras se desabrochaba la corbata y los dos primeros botones de la camisa para estar más cómodo. Me dejó subir y bajar su polla a mi antojo, apenas llegando a la mitad de su polla y sin aliento cuando subí. Él me vio luchando y le encantó, al igual que a mí.
Mantuvo mi cabeza quieta y me jodió la boca como si fuera el único juguete con el que siempre quiso jugar. Sasuke se mordió el labio con fuerza para limitar sus gemidos, lo que me hubiera encantado oír mientras entraba y salía de mis labios. Inhaló bruscamente otra vez, esta vez empujando mi cabeza tan abajo como pudo sobre su polla, que no era mucho. Él me sostuvo allí unos segundos y vio mis ojos llorar mientras sonreía. Finalmente me soltó cuando una lágrima rodó por mi mejilla y apartó un mechón de mi cabello, para tener una vista completa de mí. —Eres nueva en esto ¿verdad?
—Mmm —asentí.
—Tenemos mucho para practicar —dijo con una sonrisa maliciosa—. Respira hondo.
Yo sabía lo que significaba, así que respiré hondo y vi cómo la polla de Sasuke se deslizaba dentro de mí. Estaba a medio camino, pero Papi estaba decidido a divertirse más conmigo. Empujó lentamente y empujó mi cabeza hacia su polla, pero no pude llegar más lejos.
—Mierda. Estás apretada —gimió y se retiró.
Otra lágrima corrió por mi rostro mientras jadeaba y miraba hacia arriba.
—Tanta práctica —sonrió. Sasuke tomó mi mejilla, frotando su pulgar para atrapar mi lágrima.
Abrí mi boca de par en par e invité a Big Papi de nuevo, decidida a llevarlo del todo en este momento. Pero ese no era su plan: su plan era follarme la boca rápida y duramente sin piedad, mientras que me ahogaba y amordazaba. Fue profundo, pero no demasiado, lo suficiente como para privarme de aire durante unos segundos. Sus gemidos se volvieron más pesados y frecuentes, así que lo tomé como una buena señal.
—Mierda. Me voy a correr —Papi estaba a punto de salirse, pero le agarré la parte posterior de los muslos y sacudí la cabeza.
Yo quería que se corriera. Yo quería probarlo. Quería sentir su semen deslizarse por mi garganta como lo había imaginado cientos de veces desde que conseguí sus fotos desnudo. Él resopló de manera sorprendida y continuó donde lo había dejado sin hacer preguntas. Me excitaba cada vez que parecía sorprendido por mí. A pesar de que Papi sabía lo mucho que quería esto, no creo que realmente entendiera cuánto necesitaba esto.
—Ya voy. Mierda. ¡Ya voy, Sakura! —Gruñó Papi, dándome una advertencia, pero no me preparó para lo que estaba por venir.
El semen de Papi llenó mi boca en segundos, durante unos segundos. Era como una ola cálida e interminable que me golpeaba duro con un líquido espeso, salado y delicioso. Tragué saliva, tenía que hacerlo, porque el sabor me picaba el paladar y no tenía nada que ver con eso. Lo engullí y chupé la punta para asegurarme de que lo tenía todo, porque en este momento era adicto a su gusto y a la forma en que me hacía sentir.
—¡Mierda! —Gruñó, tirando la cabeza hacia atrás—. Santo cielo… — susurró esta vez apretando su mano alrededor de mi pelo.
Sasuke miró hacia abajo y limpió una lágrima de mi mejilla mientras chupaba la última gota de su semen. Sus brazos estaban con la piel de gallina y sus ojos parecían borrachos y drogados. Juguetonamente mordí la punta de su pene, mostrándole mis dientes, y solté una risita. Debe haberle gustado —como lo hizo cuando le mordí la palma de la mano— porque su polla latía de nuevo. Me levanté y ambos empezamos a vestirnos.
Hubo un silencio entre nosotros mientras nos vestíamos. No era un silencio que hiciera que quisieras gritar, sino uno que hacía que quisieras apreciar el momento. Arreglé mi atuendo y vi a Sasuke ponerse su corbata, la última pieza de su atuendo. Tenía una pequeña sonrisa en su rostro que no parecía que iba a desaparecer pronto.
—Faltan cuatro más —murmuré, sentándome en mi asiento sin querer volver a la mesa ya que tenía una vista completa de Sasuke. Tenía la barbilla baja, pero él me miró, haciendo que pareciera enojado, a pesar de que no lo era. Él estaba lo más alejado de enojarse en este momento.
—Ven aquí —dio un paso hacia mí y agarró la servilleta de la mesa. Lo llevó a mi mejilla y secó un poco de mi máscara corrida que ni siquiera me había dado cuenta.
—Sabes tu piercing del labio…
Lo miré ansiosamente, esperando a que terminara su oración.
—Funciona de maravilla en una mamada —sonrió.
Puse los ojos en blanco, sin decir nada, pero en realidad tome su comentario como un pequeño cumplido.
—Perfecto. Ahora te ves menos como una estrella porno…
Sabía a dónde iba con esto, así que le di una palmada en el estómago con el dorso de la mano para callarlo.
Él se rió de la bofetada, pero se dio cuenta de que no debería haber dicho eso. —Lo siento. A veces no tengo filtro. —Volvió a limpiar mis mejillas, que ya estaban limpias, teniendo en cuenta la servilleta blanca—. No lo dije en serio. No eres una… tú no eres una. Eres lo más alejado de una, Sakura. Lo siento.
—Eres un imbécil. —Le quité la servilleta de la mano y me sequé el rostro, pero Sasuke había sacado todo mi maquillaje.
—Lo sé —admitió de nuevo—. Soy un montón de cosas.
Se alejó, metiéndose la camisa blanca en los pantalones y tirando de la silla de la puerta, colocándola en su lugar original como si nada hubiera pasado en esta habitación.
El segundo antes de que Sasuke se sentara, la camarera entró.
—Vuestra comida está lista.
Ya comí, pensé.
Continuará……………..
Que les pareció, valió la pena? Jajajaj me disculpo nuevamente x la tardanza, el siguiente capítulo en unos días los publico, que tengan un bello día!!
