UN SOLO CORAZON
Por: Mimie Grandchester
CAPITULO DOS "COMENZANDO OTRA VEZ"
Los días pasaban rápidamente del día de la fiesta ya habían pasado tres semanas. Candy había decidido ser la directora del centro de ayuda médica, Albert le había dado el tiempo suficiente para despedirse del hogar de Pony y hacerse a la idea de su nueva vida, después ella tendría que partir a la mansión de Lakewood, donde estaría por un mes preparándose para la presentación del Tío abuelo William que sería en Chicago.
Candy partió del hogar donde todos la despidieron, esta vez no hubo tristezas, porque ella sabía que podía volver cuando quisiera al lugar donde creció, porque era libre de hacer lo que ella quería.
Uno de los carros de la familia Andrey llego por ella hasta la pequeña casa, Candy vestía muy elegante hacía mucho tiempo que no se veía tan elegante, traía un vestido color azul cielo con algunos pequeños detalles de encaje en color blanco, junto con botas blancas y sombrero a juego, todo su equipaje estaba guardado, listo para que partieran en cualquier momento.
Esos últimos días que Candy estuvo ahí en el hogar se vio lleno de trabajo, ya que había cuatro niños más, dos hermanitos que habían perdido a sus padres en un trágico incendio, una niña como de tres años, que sus tíos no podían cuidar más por la pobreza en que vivían y por último un recién nacido que había perdido a su madre después de dar a luz, y del que no se sabía nada de su padre. Así que las madres de Candy tenían mucho trabajo con 15 niños que cuidar y ella para no darles más trabajo, decidió llevarse a Clin que era su amigo inseparable y a Miena la perrita san Bernardo que le heredo el señor Mc Gregor.
Albert no tuvo ningún reparo en aceptar ya que pensaba que eso la haría feliz a ella y así Puppet tendría un poco de compañía, tampoco le importaba que la tía abuela se enojara, él ya había pensado que la perrita sabría ganarse a la anciana ya que sabía que esta le recordaría a la que tuvo de joven.
Subió al auto y voltio a verlos con una sonrisa, después que arranco iba diciendo adiós con la mano. Suspiro profundamente y dijo –No puedo creer que una vez más dejo mi hogar, aunque ahora sé que siempre estará aquí cuando lo necesite- y sonrió tristemente, tenía sus hermosos ojos verdes llenos de lagrimas, por las emociones que sentía pues los iba a extrañar mucho.
La mansión estaba casi lista, habían limpiado a fondo todas las habitaciones de la casa, pulido los pisos, arreglado el hermoso jardín como si Anthony estuviera ahí y sobre todo la habitación de la señorita Andrey estaba lista, justo como había estado cuando vivió ahí, solo que ahora la ropa de niña había sido remplazada por vestidos de una joven dama.
Dorothy había sido mandada de la mansión de Chicago a la mansión de Lakewood, para ser la doncella de Candy por el mes que estuvieran ahí, después las dos irían a Chicago a la gran ceremonia de presentación y vivirían en la mansión como ya se había planeado.
Candy estaría sola en la mansión por una semana, después Archibald la acompañaría, ya que él también se tenía que preparar para el gran evento. El había tenido que esperar a que se terminaran las clases en la universidad. Tenía un año de haber comenzado a estudiar Relaciones Comerciales en una prestigiosa Universidad de Chicago, para así estar preparado y poder ayudar a Albert con los negocios de la familia y ser mejor partidos para Annie.
Los preparativos de ambos, eran si no otra cosa que pulir su educación que recibieran en el colegio Real de San Pablo, el trabajo era más para Candy que para Archie, ya que ella no había acabado los estudios ahí y todo consistía en aprenderse el árbol genealógico de la familia, que curiosamente ya aparecía ella y Albert ahí, las tradiciones que acostumbran, en fin era toda la historia de la familia Andrey, en pocas palabras la que estaba para estudiar ahí era Candice y su primo solo le haría compañía. Y ella en ese plazo tenía que convertirse en toda una dama digna de llevar el apellido para los ojos de la Tía abuela y el resto de la familia.
Para la mala suerte de Candy, Elisa y Neal también estaban en su mansión de Lakewood y como era de esperarse Neal cada vez que podía se escapaba para verla y recordarle que casi era su prometido.
La rubia lo desmentía y le recordaba que él se había autonombrado, en tal cargo haciéndolo rabiar cada vez. Elisa en cambio había adoptado la nueva política de fingir que Candy no existía, ni que estaba ahí; mientras se esmeraba en sacarle brillo a su imagen siendo más graciosa, delicada y elegante, para tratar de opacar a la pecosa. Esto se debía a que su madre le había dicho que en la recepción se encontrarían los mejores partidos de Chicago y bien podría ser bueno que vieran la gran dama en la que se estaba convirtiendo, así tal vez encontraría un muy buen partido digno de la familia Legan que la quisiera desposar lo más pronto posible.
La engreída chica estaba más que de acuerdo y pensaba que si de todos modos fuera cual fuera la razón por la que debía mostrarse más bella que nunca, esa noche seria la estrella y todos se tenían que fiarse en ella porque ya estaba cansada de ser opacada por la heredera Andrey.
Así pasaron los días, hasta que Archie llego de Chicago para hacerle compañía a la pecosa. Esta lo recibió muy contenta y con un delicioso pastel que ella misma había hecho para el joven.
- ¿Y qué te parece?- le cuestionaba ansiosa la joven -¿si te gusto el sabor o no?
-Claro que me gusto, sabe muy bien, aunque tengo miedo de que al rato me caiga mal- después de ese comentario comenzó a reír fuertemente.
-Archie, ya se te contagio lo grosero de Albert y que los dos se burlen de mi- lo dijo con un puchero que desato mas la risa del joven, después ella también decidió reír por el chiste.
-Lo siento Candy, es que este lugar hace que quiera sentirme como cuando todos vivíamos aquí.
-Si tienes razón, cuando estaba aquí sola, sentía muchas cosas y sin sus risas se siente vacío el lugar- se les entristecieron un poco los rostros al comentar esto.
-Ojalá mi hermano estuviera aquí- lo dijo tristemente, y a Candy se le perdió la mirada.
-Ojalá estuvieran aquí los dos…. Pero que cosas estamos diciendo, hay que estar felices, estamos juntos y eso es lo que importa. - Lo dijo muy animada y con su típica sonrisa que así brillar hasta los días nublados –porque no invitamos a Annie a pasar el fin de semana con nosotros ¿Eh?
-Perdón Candy no quería decirte nada- El castaño estaba muy serio tanto que la rubia se preocupo y por un momento creyó lo peor.
-¿Has cortado con Annie?- Abrió los ojos como platos de lo asombrada que se encontraba.
- No Candy eso no, Annie salió de compras con sus padres, para el evento que tendremos en la familia, lo que pasa es que no quiero decirte a donde.
Candy más tranquila, después del susto le pregunto -¡Ha no! ¿Y eso por qué?
-Bueno…. Es que ella se fue anteayer a Nueva York y me pidió que no te lo dijera nada, para no entristecerte.
Candy sintió que se le fue el aire y hasta palideció un poco, pero trato de recuperarse rápidamente, mientras pensaba –A Nueva York, donde esta Terry. No sé nada de él, ni siquiera quise leer la revista por miedo, sigue en mi baúl de recuerdos y no quise tocarla otra vez… ¿Cómo estarás Terry? ¿Ya estarás enamorado de Susana?
-Candy ¿estás bien? Tenía razón Annie, no debí decirte nada porque te pondrías muy triste, por ese mal nacido de Grandchester.
Candy regreso a si misma cuando escucho a Archie.
-¿Qué? No, claro que no Archie, solo me sorprendió, pero ya estoy bien… creo que ya es tarde y debes estar cansado, después del largo viaje hasta aquí, así que mejor hay que retirarnos a nuestras habitaciones, mañana hagamos algo ¿está bien?, ya sabes para matar el tiempo que estemos aquí.
Archie no dejaba de verla, se sintió mal por haberle recordado a Terry, pero acepto lo que le dijo sin comentar nada mas, además pensó en que no podía mentirle de donde estaba Annie (que extrañaba tanto) porque era como la hermana de su querida prima. Los dos chicos, subieron pensando en las dos personas que eran tan importantes para ellos y que deseaban tanto ver, aunque uno podría ver a su amor en un breve tiempo mientras que la otra pensaba que no volvería a verlo jamás.
Annie y sus padres llegaron a Nueva York en la noche y se dirigieron al Hotel, para descansar, no querían salir hasta el otro día, su padre iría a una cita de negocios y ella y su madre irían de compras, por los elegantes vestidos que usarían y a buscar un regalo para el señor Andrey, por su tan esperada presentación.
Mientras cruzaban el lobby, un chico alto, bien parecido, de ojos azul profundo y cabello largo y sedoso, se quedaba mirando a la joven morena y pensaba -¿Qué hará ella aquí?- sin poder contenerse, su mente voló hasta el recuerdo de cierta pecosa que le robo el corazón, hacia ya tanto tiempo.
El actor se congelo y observo la escena de la familia Briter. La madre de Annie era una mujer muy refinada y esperaba a su marido en compañía de su única hija, que si se le veía bien no se parecían en nada físicamente, pero las acciones, los movimientos y gestos eran idénticos, un poco mas pomposos los de la señora, pero en lo demás idénticos.
Annie se veía más alta y ya tenía la figura de una señorita, el cabello largo y lacio le llegaba a media espalda, el vestido verde hoja que llevaba puesto se le veía muy bien, y resaltaba su diminuta cintura, -mejor definida con la ayuda del corset sin duda- pensó el joven, pero eso no le quitaba que se viera tan bien, ahora entendía porque Archie se había enamorado de ella, después de todo.
En ese momento un mozo se le acerco y le dijo –Buenas noches Señor Grandchester, la actriz Eleonor Baker lo espera, para comenzar la cena.
Terry le contesto molesto –Si gracias, dígale que en un momento voy y hágame el favor de no hablar tan alto.
-Lo siento mucho señor- y se retiro muy apenado, pero aun así le hizo una reverencia.
Terry volteo rápidamente a ver a Annie, por culpa del empleado ya no escucho las habitaciones que les habían asignado; y parecía que la chica había escuchado al mozo, porque estaba buscando a alguien con la mirada, el actor más astuto, se movió rápidamente detrás, de un jarrón árabe que era inmenso y así la joven Briter no pudo encontrarlo.
El lobby del hotel era grande, con la recepción de granito muy bien pulida, el piso de cantera y por la estancia se encontraba una tienda de suvenir, la entrada del bar y la entrada del restaurante, distribuidas había unas pequeñas salitas y estaban adornadas con enormes jarrones árabes.
Annie lo recorrió todo con la mirada, estaba segura de que oyó decir Señor Grandchester, pero justo cuando trato de ver por el bar y el restaurante, un grupo de turistas pasó por delante.
- ¿Dónde estará? Y según Archie era casi imposible que me encontrara a Terry en una ciudad tan grande. - pensó Annie- Me gustaría saber con quién viene, aunque tal vez sea una mala idea, porque con el tiempo se lo contare a Candy y la hare sufrir sin querer, mejor será que no sepamos nada de él y que todos continuemos con nuestras vidas. Mañana le escribiré a Archie contándole todo ¿Terry me abra visto? Espero que no.
-Annie querida, ven acá. ¿Te sienes bien? Te noto pálida y nerviosa- dijo la madre de la chica con ternura.
-No mamá, no es nada, solo estoy cansada- contesto un poco sorprendida, porque la llamaran.
-Pues entonces vayamos, te pediré la cena y tomaras un baño caliente para que descanses- le dijo sonriéndole.
-Sí, mamá.
Las dos damas caminaron, por la escalera y Terry se escondió mas, para que la chica tímida no lo viera, porque volteo una vez más a buscarlo, al no verlo siguió subiendo.
-Discúlpame Eleanor, me entretuve con algo.
-Si hijo, no te preocupes, me alegro verte bien, ¿Cómo has estado?
-Bien, un poco disperso, pero me encuentro bien y ¿tu?
-Contenta de verte- Le dijo Eleonor Baker con una gran sonrisa –escuche que Robert Hataway quiere montar Hamblet- dijo casualmente.
-Si escuchaste bien.
-Entonces ¿vas a audicionar? sería bueno para retomar tu carrera- se lo soltó como tal cosa.
El mesero, llego a tomar la orden -¿Qué desea ordenar el caballero?
-Yo quiero una pasta a los tres quesos y vino blanco por favor.
-Y para la dama- dijo el mesero.
-La ensalada del chef por favor.
-Con mucho gusto, en un momento estoy con ustedes- y se retiro cortes mente.
Eleonor, después de la breve interrupción retomo la plática.
-¿y cómo se encuentra ella?
-¿De quién hablas?- por un momento creyó que le hablaba de Candy, como acababa de ver a Annie.
-Pues de ella ¿Quién otra, Susana? - lo dijo un poco a la fuerza, no le gustaba para nada que su hijo tuviera que cargar con la ex actriz Susana Marlow.
-¡aahh ella! estado bien, ayer la vi y tenía buen semblante, aunque no me gusta que casi no tiene apetito y sigue reusándose a hacer la terapia.
-Deberías convencerla, tal vez así pueda valerse por sí misma y… -en ese momento llegaron los platillos y sirvieron el vino, el mesero se retiro y la gran actriz continuo- y así tal vez puedas dejarla y buscar a ya sabes, Candice.
-Eso no pasara- Terry dejo caer el tenedor y tintineo sobre el plato, se había puesto serio- Madre, Candy jamás aceptara eso, si Susana aprende a valerse por sí misma, yo solo la dejare y continuare con mi vida.
-Al menos me llamaste madre
Terry paso de la molestia a hacer una mueca que parecía una risa reprimida por lo dicho, Eleanor decidió cambiar de tema y le pregunto sobre el teatro.
-Me alegra que hallas terminado la temporada de Romeo y Julieta, así reconstruiste tu nombre y volviste a ser el favorito de muchos, y no me dijiste ¿si, audicionaras para Hamblet?
-Supongo que sí, tengo que comenzar otra vez y tratar de ser feliz como se lo prometí a Ca… a ella y hasta el momento el teatro es lo único que me queda.
Eleonor, no dijo nada vio como Terry entristeció y esa no era su intención. De repente Terry se levanto y le dijo –gracias, por la cena- dejo el dinero y ya se iba, cuando le dijo a su madre- luego nos vemos y cuídate.
Así Terry se encamino a la salida y Eleonor lo vio alejarse, sin decir nada más, pero sin poder dejar de preocuparse por el bienestar y la felicidad de su hijo, que además había cenado muy poco.
