El atardecer pintaba el cielo de naranja en la preparatoria Bonyari. Chitoge era la última que se encontraba en el salón de clases, guardando sus útiles escolares, preparándose para salir.
Se abrió la puerta corrediza del salón y parado en el umbral, el heredero yakuza, Raku.
Chitoge le dio una mirada sobre su hombro mientras seguía acomodando sus libros en su maleta.
"Hey Darling, siento la demora, dame un segundo y nos vamos"
El joven no dijo ni una palabra, caminó hacia ella, la tomó de la muñeca girandola con fuerza hacia el.
"Que? que pas-"
La sorprendida rubia no pudo terminar cuando el chico la interrumpió con un beso, saboreando y mordiendo sus labios. La agresividad del beso se elevó rápidamente, en cuanto tuvo oportunidad el chico introdujo su lengua entre los labios embistiendo a su desprevenida lengua, recorriendo cada rincón de su boca.
Al mismo tiempo sus manos recorrieron todo su cuerpo. Entraban bajo su falda y manoseaba sus muslos subiendo y apretando sus pompas, se deslizándose sobre su vientre y acariciaban su espalda.
La rubia nunca lo había visto tan agresivo, cosa que le gustaba, pero este no era el tiempo ni el momento para calenturas. Por los pasillos de la escuela aún paseaban alumnos y maestros, se escuchaban conversaciones en los salones vecinos, en cualquier momento alguien podría entrar al salon y verlos en medio del acto.
Chitoge hizo un esfuerzo y se quitó al chico de encima.
"Raku calmate, que te pasa estas loco!?"
Pero fue inútil, el chico la empujo con fuerza sentandola en la mesa del escritorio. Con ambas manos tomo su blusa por el cuello y de un solo jalón la rasgó en dos, dejando salir su brasier rosa.
Como un vampiro se lanzó de inmediato sobre su cuello, besándolo, mordiendolo con tal fuerza que le dejaba moretones. Lentamente bajo hasta sus clavículas, recorriendolas con su lengua hasta llegar a sus pechos. Con una mano le arrancó su brasier dejando salir sus montes erectos por la pasión. Los empezó a besar salvajemente succionandolos, mordiendolos, chupandolos.
Su novio estaba fuera de control. Normalmente la rubia podía mantener a raya al chico de un buen golpe, pero esta vez era diferente, como si los besos del chico le estuvieran arrebatando la fuerza. Todo lo que podía hacer era gemir del placer.
El joven se separó, la tomó de la muñeca y la jalo apoyándola contra la ventana. Imprimiendo sus desnudos pechos en el vidrio.
Del otro lado de la ventana se veía el alumnado de la escuela, algunos jugando, conversando, saliendo a casa.
"Raku espera, hay gente ahí delante, nos van a ver"
El joven no la escuchaba, de un solo movimiento le subió su falda dejando ver sus pantis rosas que hacían juego con su brasier, empapadas por los jugos de la pasión, separó sus muslos y le restregó la enfurecida erección en su feminidad, dándole un preludio de lo que iba a suceder.
De un solo movimiento le bajo sus panties y entonces...
ZAZ!
La rubia se despertó sobresaltada de la cama… sonrojada, sudando con la respiración agitada y el corazón a mil por hora.
Le tomó un minuto calmarse y volver a la realidad, había tenido ese sueño otra vez.
Las sabanas se le pegaron piel cubierta de sudor, las levantó y de nuevo lo mismo, estaba empapada. A estas alturas las sirvientas no se van a creer que tiró agua en la cama… por veinteava vez.
Se levantó y se fue directo a la ducha, se dio un baño con agua fría para calmar su corazón y lavar su cuerpo de todos los jugos de la excitación.
Chitoge como toda chica saludable de vez en cuando tiene sus fantasías pero esto era… ridículo. Últimamente no paran de venir, una tras otra, a veces tenía dos o tres diferentes en una sola noche, en diferentes lugares, posiciones, fetiches, había de todo. Y todas y cada una de ellas terminaban en lo mismo, siempre en la mejor parte.
Eran muchas y demasiado pronto. Muchas
Recordaba perfectamente el día en que empezaron con esta intensidad, el día que el chico le dijo que la amaba, era como si sus palabras fueran un hechizo mágico que la puso en un estado de celo permanente, como si fuera alguna clase de animal.
La rubia se cambio, desayuno y salió a la escuela. Espero en el lugar de siempre a que apareciera el culpable de sus "pesadillas".
Y helo ahí con su cara despreocupada, apareció el chico.
"Yo, Chitoge"
"Darling" lo saludo friamente.
Caminaron tranquilamente a la escuela. La rubia no podía ni verlo a la cara, sólo le tiraba
miradas de reojo y se sonrojaba de inmediato al recordar sus lascivas fantasías.
"Sucede algo?" pregunto el chico confuso.
La rubia sonrió y exhalo profundamente, si tan sólo su frijol fuera un poco más agresivo.
