UN SOLO CORAZON
Por: Mimie Grandchester
CAPITULO 8 – "ESPERANZA"
Candy ya estaba lista para partir al día siguiente, su equipaje estaba arreglado y Clin en su cesta. Por fortuna no había que trasladar a Miena ya que ella se había quedado a hacerle compañía a Archie.
La noche anterior a su partida la señorita Pony había entrado a su habitación a verla y la pecosa le había contada que Albert regresaba, no había querido contarle nada más.
Candy había guardado la carta de Terry, quería leerla cuando Albert estuviera con ella por si se derrumbaba, pero mientras la había guardado en el bolsillo de su abrigo y la sostenía fuertemente en la mano para sentirlo cerca.
La mañana en que se fue los chicos y las encargadas del hogar la estaban despidiendo en la entrada, cuando apareció un auto de los Andrey, se estaciono frente a la casa y una joven de cabello negro y ojos azules salió corriendo del interior del auto para saludar a Candy.
- ¡Candy, Candy! ¿Cómo estás?
-Calma Annie parece que no nos hemos visto en años y solo han pasado un par de semanas.
-Lo sé, pero te he extrañado tanto. Discúlpenme señorita Pony y Hermana María, que maleducada soy ni siquiera las salude- dijo la morena muy apenada.
-No te preocupes mi niña, sabemos que querías ver a Candy- dijo la señorita Paulin con una sonrisa a Annie. La joven corrió a abrazarlas.
Pasados unos minutos y ya que el chofer había guardado el equipaje de Candy y dado los regalos que había traído Annie les aviso que estaban listos.
-Bueno tenemos que irnos porque el lunes llega Albert y abra una cena en su honor, solo viene de paso así que hay que llegar hoy mismo a Chicago para preparar todo.
- ¿Una cena? ¿Y porque hay que hacer una cena si no está la tía abuela? - dijo Candy abrumada.
-Porque esas fueron sus instrucciones que mando en un telegrama a Archie- Contesto Annie algo distraída.
- ¡oh! Ya que. - se resignó la rubia.
-Y también hay que comprarnos vestidos, pasaremos a Lakewood porque en chicago ya no nos dará tiempo.
La pecosa solo hizo una mueca, no le agradaba que fueran las cosas así. Y antes de que pudiera replicar algo, la Hermana María interfirió.
-Muy bien niñas, será mejor que se den prisa para que no lleguen tarde a Chicago.
Candy en eso se voltio y les dio un abrazo a sus dos madres, mientras le susurraba al oído.
-Volveré pronto, lo prometo.
Después de eso, dejo que Annie se despidiera de ellas. Enseguida subieron al auto y desde las ventanas les dijeron adiós a los niños del hogar con la mano.
Cuando ya llevaban una media hora de camino Annie no pudo más con la curiosidad y le pregunto a Candy que iba distraída mirando por la ventana, pensando en la carta de Terry.
-Y que hiciste en estos días, ¿no recibiste muchas cartas?
-Pues no gran cosa- a la pecosa le pareció raro que le preguntara por las cartas –y pues si recibí algunas cartas.
-Así, que bien y de quien fueron- la curiosidad de la morena se veía en su mirada y eso intrigo aun más a Candy.
-Pues recibí una de Albert diciendo que venía, el telegrama de Archie y hasta una de Paty que dice que vendrá pronto a vernos.
-Me alegro la verdad la extraño, pero no recibiste una de Terry, por ejemplo- Annie ya no soporto mas y pregunto directamente.
- ¿Como lo sabes? - pregunto la pecosa muy sorprendida.
-Es que el me escribió diciéndome que te escribiría, lo siento. Además, me dio más curiosidad porque él creía que romperías su carta en cuanto la recibieras.
A Candy le hizo gracia que Terry creyera que rompería su carta, y pensó que si supiera que la trae con ella a todos lados se burlaría, se quedo pensando en él, hasta que Annie la apremio.
-Bueno y que te dice.
- ¿Qué?, este… pues… la verdad es que no la e abierto.
- ¿Por qué?
-No lo sé, bueno… me da miedo.
-Y que te puede decir, no pasara nada peor de lo que ya ha pasado de eso estoy segura. Así que, qué esperas ábrela.
-Annie tienes razón, y creo que la abriré ahora mismo.
La morena la vio con una sonrisa, Candy inmediatamente metió la mano a su abrigo y saco de ahí la carta de Terry. La comenzó a abrir con mucho detenimiento pues quería recordar cada detalle, hasta que comenzó a leer la carta.
¡Querida Candy! …
O mejor dicho debería de llamarte, Heredera Andrey como la prensa te llama últimamente…Jajaja… es una broma, pequeña pecosa.
Si ya llegaste hasta esta línea espero no tires, esta carta al cesto de la basura, como me imagino has de querer hacer por gastarte una pequeña broma.
Sabes me sorprendió mucho que Albert fuera tu Tío Abuelo William, y yo que pensaba que era un hombre excéntrico y generoso, me alegro mucho por el que es una persona muy bondadosa y que se bien traerá el éxito en los negocios de tu familia, solo espero que su revoltosa hija no le saque canas verdes.
Bueno espero estés contenta con la noticia de quien es tu tío abuelo, pues sabia cuanto deseabas conocerlo.
Me da mucho gusto que seas tan feliz, también te felicito porque has seguido con tu camino, en el que se que algún día nos volveremos a encontrar con gusto.
P.D. Nada ha cambiado en mí.
Candy miro hacia la ventana una vez mas y sonrió contenta por lo que había leído, guardo la carta una vez más en su bolsillo, sentía una calidez que brotaba desde su corazón. Que estaba segura era la esperanza del amor
Terry viajaba en el tren ya se dirigía a Chicago para cerrar la gira en esa ciudad, faltaba muy poco para que llegaran, iba rodeado de compañeros del teatro, algunos descansaban otros leían sus líneas y unos mas veía los artículos de espectáculos en revistas o periódicos, Terry era uno de los que leían sus líneas, pero tenía rato que solo las sostenía mientras miraba a la ventana y se sumergía en sus pensamientos.
-Candy, ya debes haber recibido mi carta que pensaras de que te escribí, espero que me contestes aunque no lo sabré hasta que llegue a Nueva York, ojala Susana no vaya a mi apartamento, por suerte le dije a la casera que no le dijera si recibo cartas-Terry detuvo sus pensamientos suspiro profundamente, iba a volver a la lectura de sus líneas, cuando miro a su alrededor y justo en ese momento iba pasando un señor de cabello oscuro, que vestía un traje muy elegante parecía ser Londines y no estaba seguro pero creía que lo había visto antes.
La gran estrella se levanto de su lugar y decidió seguir al personaje para ver en que compartimiento se ubicaba, juraba que lo había visto en Londres, ¿Pero ¿dónde? Esa era la pregunta que se hacía mientras lo seguía por los vagones del tren.
Justo en ese momento el tren comenzó a serpentear y dio un viraje un poco brusco, al ir caminando Terry casi pierde el equilibrio y tuvo que mirar donde podía sujetarse, haciendo que perdiera de vista al hombre, sin ver en donde se metía. El joven duque como siempre que le molestaba algo perdió los estribos y dijo en voz alta.
- ¡Maldición! Ahora no sabré quien es. - se quedó ahí parado viendo el vagón con rabia, justo cuando le vino a la mente un recuerdo del barco Mauritania y a Candy en compañía de ese hombre, luego en el lujoso hotel de Londres y también un día que fue por todos los Andrey al colegio para dar un paseo.
Terry se dio una palmada en la frente por su molestia, justo en ese momento iba pasando uno de los empleados del tren que le pregunto.
- ¿Se le ofrece algo caballero? ¿En que lo puedo ayudar?
-No gracias estoy bien- dijo Terry monótono, no le había prestado mucha atención, pero un par de segundos después reacciono y le dijo -Pensándolo bien creo que si puede ayudarme, ¿sabe si algún miembro de la familia Andrey viaja en este tren?
-Si claro, justo en ese compartimiento- y señalo dos compartimientos de frente.
- ¿Dígame quien de ellos es? ¿Quién de los Andrey viaja en este tren? - exigió Terry un poco descontrolado. Pensaba en que tal vez era Candy ya que siempre la acompañaba esa persona, tanta fue su impaciencia que hasta elevo la voz, haciendo que abrieran varias puertas que estaban alrededor.
-Disculpe caballero, pero creo que esas no son formas de pedir información.
Las palabras del empleado quedaron opacadas, porque un hombre rubio y de gafas oscuras, salió de su compartimiento para preguntar qué pasaba ahí.
- ¿Qué está pasando aquí?... ¿Terry?... ¡eres Terrence Grandchester!
Terry voltio a ver quien lo llamaba, aunque ya sabía quién era había reconocido esa voz de inmediato.
-Albert, mi viejo amigo- Terry se acerco a saludarlo y le dio un largo abrazo.
-Terry, ya veo que no has cambiado nada y sigues siendo un brabucón- Albert soltó una gran carcajada y Terry lo imito, George salió para ver la escena y sonrió.
-Señor William, porque no pasan al compartimiento, así estarán más cómodos y podrán hablar con mayor libertad.
-Tienes razón George, será lo mejor porque veo que ya estamos llamando mucho la atención y quizá hasta estamos incomodando al resto de los pasajeros.
Terry voltio a ver que la gente estaba saliendo de los demás compartimientos, así que decidió seguir a los caballeros para poder platicar con más confianza.
-Señor, si me disculpa iré a buscarles algo de beber, para que se pongan cómodos.
-Muchas gracias George.
El caballero inglés salió del compartimiento y tras el cerro la puerta, dándoles la privacidad que necesitaban para charlar, cada uno estaba instalado en un sillón junto a la ventana uno frente a otro y así iniciaron su conversación.
-Y cuéntame Terry ¿cómo es que sabias que venía en este tren?
-No lo sabía, vi al señor George pasar por el otro vagón y me pareció que lo conocía, la verdad lo reconocí porque varias veces lo vi con Candy en Londres.
-Ha ya entiendo, tu pensabas que George estaba acompañando a…
-…a Candy, si pensé que ella venia en el tren.
-Así que te llevaste una sorpresa al ver que no era Candy. - Albert lo afirmo no pregunto.
-Me sorprendió y alegro, quería platicar contigo, pero en la última carta que recibí de Archie me dijo que estabas en un viaje de negocios y que tardarías en regresar, así que no quise molestarte y pensé que podría hablar contigo cuando volvieras.
-Ya entiendo. Y si solo voy de paso a Chicago para después continuar con mi viaje. Pero cuéntame ¿cómo es eso que mantienes relación con Archie?
-Es una historia larga que creo que deberías de saber.
-Pues cuéntame, todavía tenemos un largo camino por recorrer hasta Chicago y dime también porque estas viajando a Chicago.
-Voy a chicago de gira con la compañía tiene un par de meses que comenzamos, pero tuvimos una corta temporada en Nueva York de nuevo ya que el público lo pedía y para cerrar la temporada daremos las dos últimas funciones en Chicago. Espero que los Andrey puedan asistir como mis invitados.
-Espera, pero ¿tú crees que Candy quiera verte?
-No lo sé, tal vez pueda convencerla de que seamos amigos, y si es así quiero que asista.
-Puede ser, pero no la presiones por favor, ella esta todavía muy dolida y no quiero que sufra mas, además te recuerdo que tú tienes un compromiso con Susana Marlow.
-Bueno será mejor que te relate la historia que quería contarte, así terminaran las dudas, porque no quiero que tengas dudas sobre mi y ese supuesto compromiso con Susana ya que yo no me casare con ella jamás, prefiero la muerte a pasar el resto de mi vida con ella. Además, yo no estoy enamorado de ella, mi corazón pertenece a otra persona que los dos conocemos muy bien.
-A ver ya me estas preocupando, mejor explícame, porque te estoy entendiendo que quieres reconquistar a Candy.
-Albert cálmate, la cosa no es tan tremenda como la crees, por supuesto que quiero si reconquistar a Candy y casarme con ella, pero antes de que me interrumpas déjame continuar- le dijo a Albert que iba a decir algo mas ya que estaba muy sorprendido con la determinación del actor.
Mira yo trate de estar cerca de Susana, el día en que vimos a Candy trabajando en la "clínica Feliz", me di cuenta que tenía que continuar con mi vida de la misma manera en que ella lo intentaba, pero pasado un tiempo me di cuenta que no podía seguir con mi vida sin ella, ya que ella me da la vida para continuar, me ayudo a tener una buena relación con mi madre, a seguir mi sueño cueste lo que cueste, a no depender de nadie y sobre todo a quitarme esa amargura que invadía mi alma. Gracias a ella soy la persona que soy ahora, mira que hasta me hizo no fumar tanto.
-Entiendo lo que me estás diciendo Terry, pero entiende que no puedes aparecer de la nada en su vida y desordenársela, ella también trata de seguir adelante y no creas que está en Chicago esperándote con los brazos abiertos. Como si nada hubiera pasado.
-Ya sé que no me está esperando, ni siquiera estoy seguro de que me quiera cerca, pero la he estado preparando para este momento. No sé si te moleste lo que te voy a decir, pero le mande una carta al hogar de Ponny donde sabía que estaba, pero no creas que la estoy seduciendo ya, lo único que quiero es que me acepte aunque sea solo como un amigo ya el tiempo dirá lo demás.
Albert estaba muy sorprendido por como Terry estaba tan bien enterado de la vida de su pequeña. Así que Terry continúo para que no quedara ninguna duda.
-Mira la verdad es que Annie y Archie me han ayudado mucho, hace unos meses antes de tu presentación me encontré casualmente con Annie y sus padres en Nueva York, ahí fue cuando comencé a tener contacto con ella.
Terry le conto todo a Albert que escuchaba atentamente, desde como pretendía ayudar a Susana para que recuperara su vida, así también de cómo Annie ayuda a establecer un lazo entre él y Archie, y por supuesto el plan que tenia para reconquistar a su pecosa, pasaron las horas hablando hasta que ya se había hecho de noche y era casi la hora de cenar.
-Solo te pediré una cosa Terry- dijo Albert después de terminado el relato.
-Y ¿Cuál es?
-No quiero que sufra mas, si ella no te acepta no la forzaras ¿está bien?, mira antes de la presentación ella estaba todavía muy triste por lo de su separación, ahora está un poco más animada y contenta gracias a que está ocupada y nosotros la hacemos sentir querida ya que la queremos tanto, pero no soportaría volver a ver como se desmorona, me entiendes.
-Si te entiendo, y te juro que, si no hay posibilidad, no la heriré más.
-Aunque no te mentiré que me alegraría mucho que tu fueras mi yerno. - el rubio le sonrió sinceramente.
-Bueno creo que es hora de retirarme o si no nos quedaremos sin cenar, pero antes de que me vaya quiero pedirte que por favor vayan al teatro yo les mandare la invitación y por supuesto sería un honor que me acompañaran a la fiesta que se dará después.
-Claro que acepto la invitación Terry, pero con una condición y es que me acompañes a cenar con la familia y algunos invitados, es mañana por la noche espero puedas asistir.
-Claro que si lo intentare.
Después de eso se despidieron se dieron las manos y un abrazo, Terry caminaba hacia su lugar con la esperanza de que al día siguiente podría ver a Candy.
