Con días mucho más cortos y árboles forrados de hojas color naranja, el otoño había llegado a la ciudad, y con él, los festivales de temporada. Y por supuesto que Chitoge no quería perderse la oportunidad para tener una romántica cita, así que con el excusa de querer ver los fuegos artificiales, se puso de lo más linda con su nueva yukata y arrastró a su frijol al festival.
Caminaron alegremente tomados de la mano, disfrutando de la comida, jugando en los puestos, pasearon en bote, observaron los bailables, incluso vieron las peleas de sumo (que Chitoge parecía muy interesada, hasta juro que podría ganarles a todos. Raku le creyó).
Finalmente después de disfrutar de la belleza de los fuegos artificiales y darse uno que otro beso en la oscuridad de las sombras, la pareja se disponía a irse, pero de repente algo hizo que el yakuza se detuviera de golpe, en medio del rio de gente que se dirigia a casa.
Chitoge, quien estaba distraída alternando sus mordidas entre su chocobanana y su algodon de azucar, chocó con su espalda.
"Hey por qué te detienes así!? casi haces que tire mi banana..."
Era la oportunidad perfecta para una broma pero el yakuza la dejó escapar, y es que algo más importante llamaba su atención. Con un exprecion seria veía al cielo, girando su cabeza de lado a lado como si buscara algo.
"Escuchas eso?" preguntó.
"Uh? escuchar que?"
Chitoge agudizó su sentido del oído al máximo, pero todo lo que escuchaba era el alboroto del festival: los gritos de los niños jugando, gente charlando, el siseo de los cohetes, carne asándose en los puestos. Pero nada fuera de lo normal.
"De qué hablas? yo no escucho nada"
Pero Raku seguía con su cara sería, barriendo los puestos con su mirada, girando de lado a lado buscando entre la gente, concentrado en el misterioso sonido. Después de unos segundos algo llamó su atención en la distancia.
"Es por aquí, sígueme!"
Chitoge no pudo ni formar replica cuando el yakuza apretó su mano y aceleró el paso.
Recorrieron medio parque, atravesaron puestos y esquivaron gente, hasta que finalmente llegaron a una oscura sección de árboles.
"Que está sucediendo? era esa una mentira para traerme hasta aquí, tu frijol pervertido!" exclamó Chitoge con un ligero sonrojo y cubriendo su pecho.
Pero Raku no la escucho, de hecho ni le estaba prestando atención. Solo soltó su mano y se adelantó atravesando unos arbustos.
"Hey que pasa, a donde vas?"
Entonces fue cuando entre el silencio y la oscuridad de los árboles, Chitoge finalmente escuchó el débil y misterioso sonido. Se trataban de llantos y sollozos.
Siguió a su frijol y tras atravesar los arbustos, se encontró con el joven, sentado de cuclillas ante la fuente del llanto.
Eran un par de niñas que por su apariencia parecían gemelas, probablemente de unos seis años de edad, con sus preciosos ojos esmeralda llenos de lágrimas, llorando al unísono.
"Hey, que les pasa por que lloran? se perdieron?" les preguntó el yakuza con un tono suave y dulce.
Mientras las gemelas hablaban con Raku, Chitoge se quedó maravillada viéndolos, no sólo por su facilidad de palabra con los niños, si no que presenció una de sus raras habilidades.
Y es que si esto fuera un RPG y entraras a la pantalla de estadísticas de Raku, te encontrarías con un paladin lleno de atributos negativos, un enorme cero en fuerza y una armadura que consisitia en unas chanclas y una camiseta verde fosfo.
Pero había una curiosa habilidad que sobresalía, justo debajo de su filantropía que ya estaba en nivel máximo, y tenía una descripción que decía algo como:
"Raku-Radar: facilidad para encontrar gente en apuros."
Y el joven sí que hacía uso de ella, cuántas veces no había salvado a gatos callejeros, ayudado a ancianitas a cruzar la calle, o reencontrado a familias separadas por la guerra. Era su pan de cada día.
"La de peinado con colas se llama Hina y la de cabello cortito se llama Tama. Dicen que vinieron al festival con su hermana pero se separaron" explico.
Chitoge vio al par de gemelas que ya estaban mucho más calmadas, con su manzana de caramelo en mano y aferradas a las piernas del yakuza.
"Y qué es lo que vamos hacer? llamamos a la policía?"
"Por ahora demos una vuelta por el festival, como ya está terminando hay menos gente, así que tal vez podamos encontrar a su hermana"
Con una gemela en cada mano el joven salió de entre los árboles y empezaron a caminar por las sendas del parque.
Desgraciadamente la rubia se había quedado sin mano que tomar, pero no le molestaba, y es que ver la lindura y amabilidad con la que trataba a las gemelas, le enterneció el corazón.
Estoy segura que Raku será un gran padre…
El pensamiento la sonrojo de inmediato, la relación de ambos avanzaba a buen paso, pero el tener hijos era algo que aún estaba muy lejos… verdad? aunque viendo lo bien que se llevaba con los niños, no sería muy sorpresivo que quisiera tener hijos tan pronto como sea posible...
"Hey Chitoge!"
En lo que Chitoge pensaba en qué nombre le iba a dar a su primer hijo, Raku la llamó sacándola de su profundo ensimismamiento.
"Waah~"
"Puedes echarles un ojo, voy a comprarles algo de comer"
Y el joven no sólo las alimento, también las llevó a los juegos y les gano todo lo que quisieran.
La pobre Chitoge pasó de hermosa doncella en una novela romántica, a la mula de carga del par de gemelas, ya que tuvo que cargar con todos los premios que Raku les ganaba y no podían llevar: tropocientos peces dorados, una consola de videojuegos, montañas de dulces, una réplica del RX-78-2 Gundam a escala, una pequeña oveja que les dieron en un puesto de tacos, entre otras cosas.
Y una vez que las niñas se tranquilizaron y tomaron confianza, resultaron ser un par bastante… simpáticas.
Las gemelas rápidamente desecharon las manos del joven y con Tama sentada en sus hombros y Hina en sus brazos, ambas interrogaban al yakuza.
"Onii-san eres muy guapo, tienes novia?" preguntó Hina quien no le quitaba el ojo de encima.
"A Onee-chan le encantaría un novio como tú!" añadió Tama sonriendo, con su aguda y linda voz.
Raku sólo sonrió apenado en respuesta al comentario. Detrás Chitoge con mala cara carraspeo para llamar su atención y hacerse notar, pero las gemelas la ignoraron completamente.
Pasaron otro rato divirtiéndose en el festival y cuando estaban apunto de dar aviso a las autoridades...
"Onee-chan!" resonó el grito de Tama en el aire.
Los ojos de las gemelas se abrieron grandes y con una gran sonrisa bajaron del cuerpo de Raku como si fuera un par de ardillas y corrieron hacia la chica.
Para su sorpresa, la mencionada hermana era alguien que la pareja ya conocían muy bien.
"Ruri-chan!?" "Miyamoto!?" exclamaron al mismo tiempo.
"Onee-chan!" volvieron a gritar las gemelas, saltando hacía Ruri quien las recibió con los brazos abiertos.
En un segundo las lágrimas en el rostro de Ruri pasaron de las de la ansiedad y preocupación, a unas de franca alegría.
Las aupó en sus brazos, las abrazo, las beso.
Era un momento especial, no sólo estaban felices por ver el reencuentro de las hermanas, si no estaban viendo una nueva faceta de Ruri. De la chica con su inmutable cara de poker a una amorosa hermana mayor. Era como volverla a conocer por primera vez.
"Me estaba muriendo de la preocupación, donde se habían metido!?"
"Ruri-nee escucha, este Onii-san nos encontró" dijo hina señalando a Raku.
"Siii! y es super bueno en los juegos, mira todo lo que nos regaló!" añadió Tama señalando la montaña de premios que cargaba Chitoge.
"Ichijou-kun, Chitoge-chan… gracias" el rostro de Ruri se iluminó con una amplia sonrisa.
"Ruri-chan, no sabia que tus hermanas eran gemelas" Chitoge comentó con una voz de asombro.
"Si, ellas son mis hermanas, Hinata y Tamaki"
"Ruri-nee! te conseguimos un novio!" exclamó Hina interrumpiendo el tierno momento.
"Cásate con el Nee-chan!" añadió Tama.
"Queee! qué es lo que están diciendo ustedes dos! el ya tiene novia"
"Ehhh!" con un mohín berrincharon las gemelas.
Mientras les explicaban que Chitoge era su novia y no su criada, una voz fantasmal salió de la espalda del grupo.
"Raaa~kuuu~ por que tienes que monopolizarlo todo maldito~"
Era la voz de Shuu, con un rostro deprimido y un tono sombrío, aparecio detrás de Raku.
"Shuu! esto no es lo que crees, es sólo un gran malentendido!" trato de explicar Raku.
Y mientras malentendido crecía, Raku observó a Ruri, pensando en como hoy el molde se había roto por completo. En un día habían visto más emociones en ella que en los últimos tres años, desde su rostro de preocupación hasta su dulce sonrisa.
