En medio del barullo de la kermesse, un Raku de brazos cruzados y mirada atenta, observaba a un par de bellezas jugar a los dardos.

A su izquierda, Chitoge clavaba dardo tras tardo en el centro de la diana, con la misma facilidad con la que se le daba cualquier otro deporte. Y con la fuerza con que lanzaba el proyectil, estaba literalmente destruyendo el dardo anterior y lentamente cuarteando el poste de detrás.

Con un grito de "Yay!" y un saltito de júbilo, Chitoge festejó su victoria… Pero al parecer nadie le había explicado que para ganar en los dardos, no sólo había que atinarle a la diana del centro, sino también a los demás números de alrededor.

En cambio a su derecha, la patosa de Onodera no daba una… su puntería era un desastre. Cada que tiraba la gente de alrededor se encogía de miedo.

Raku contempló estupefacto cuando uno de los dardos pasó de largo el blanco de tiro, rebotó en un poste y acabó golpeando algo que lanzó un chillido de muerte detrás de unos arbustos… que curiosamente le sonaba a un lentudo conocido.

Pero Onodera quien ni siquiera noto que acababa de asesinar a alguien, seguía vehemente, concentrada en darle a la diana del centro.

Con una expresión decidida, se posicionó firme, dio un paso adelante y con un lindo movimiento lanzó el dardo que voló para dar a quien sabe donde.

A punto de rendirse, la chica suspiro y dejó caer sus hombros con una expresión triste. Pero entonces...

"Onodera déjame ayudarte" de un trago terminó su bebida y de manera casual lanzó la lata a un basurero cercano. Canasta.

"Eh? Ichijou-kun. No te molestes yo-" timidamente, Onodera trato de negarse agitando las palmas de sus manos.

Pero Raku extrañamente se sentía más agresivo que de costumbre y no espero respuesta. Se colocó detrás de ella y con delicadeza tomó su mano para elevarla y empezar a darle instrucciones.

Onodera contuvo el aliento cuando sintió ese pecho musculoso contra su espalda, los fuertes brazos alrededor de sus hombros, la respiración levemente agitada que le acariciaba la sien y el aroma de su colonia que la envolvía y hacía que se le erizara la piel.

"Tienes que sujetar el dardo con firmeza. Luego así mira, es un movimiento suave, tomas impulso y después con fuerza lo sueltas. Y por último trata de siempre mantener los ojos abiertos, no pierdas de vista el blanco" debido a la proximidad, prácticamente se lo susurro al oído, provocandole un rico cosquilleo en su oreja.

Onodera apenas pudo asentir con su cabeza de lo ruborizada que estaba.

Pero lo que no noto es que Raku estaba igual de hechizado por su cercanía, el delicioso aroma a flores que emanaba su cabello, la manera en que su trasero había acariciado accidentalmente su entrepierna y como no le podía quitar los ojos a sus agradables labios de color rosa.

Después de recobrar el control de sus sentidos, siguió al pie de la letra sus indicaciones y se preparó para un nuevo intento. Lanzo el dardo y… bingo!

Con una sonrisa triunfal, entrelazo sus manos con las de su maestro mientras daba saltos de alegría. Le tomó casi un minuto darse cuenta que se había dejado llevar por la emoción y con un rostro tan rojo que casi se podía ver una onomatopeya de "Boom" sobre su cabeza, se llevó las manos a las mejillas y se retorció de la vergüenza.

El encargado, contagiado por la felicidad de la chica, les regalo un premio de consolación (después de todo un dardo en el borde del tablero no significaba una victoria (y sirve se llevaban a la rubia que estaba destruyendo su local)). Un panda de cara chistosa que Onodera aceptó gustosamente.

Pero la verdad es que a ella poco le importaba el premio, después de todo ya había ganado algo mucho mejor ese dia...