NA: Sorry! Finalmente aprendí a modificar los textos desde esta página. Jaja. Nunca lo había echo. En fin, este es el primer fic que publico sola y me encantaría conocer sus opiniones. Por favor dejen comentarios, asi aprendo. Como dice todo el mundo, ninguno de estos personajes me pertenecen, son propiedad de BioWare. Espero que les guste e intentaré actualizar semanal. Besitoooooos!
03 La carta
Pasó los siguientes días preparándose. Por las madrugadas, antes de que despuntara el alba Elissa salía con sus hermanos y practicaba con ellos. Aedan había conseguido convencer a Fergus de que le dejase ser él quien pelease con Elissa y de esa forma la joven consiguió ver cambios aceptables en poco tiempo. Fergus la felicitó por su persistencia más de una vez y Aedan siempre se mostró dulce y gentil. El chico amaba a su hermano mayor y la quería notablemente. Era de sonrisas fáciles y miradas sinceras y suaves. A veces Elissa dudaba que aquel apuesto caballero pudiese intimidar a alguien. Los tres pasaban muy buenos ratos cuando entrenaban. La primera vez que acertó un blanco Aedan la cargó sobre sus hombros y Fergus le vació la cantimplora sobre el cabello deshaciéndole el peinado.
Regresaban al palacio antes de que cantasen los gallos. Elissa se bañaba a toda prisa y se vestía para salir en busca de Oriana. La mujer se le enganchaba del brazo y tiraba de ella. Los primeros días le enseñó a bailar. Fue la primera vez que escuchó a Oren tocar la flauta. El chico era muy bueno, bailaba junto a ellas sin despegar los labios de la flauta, haciendo unos giros musicales hermosos. Oriana se sorprendió de lo bien que se le daba el vals a su cuñada. Pero Elissa agradecía a Andraste y al Hacedor que no necesitase moverse mucho en aquellos bailes. En su mundo ella no sabía bailar. La gente siempre se rió de ella, así que en algún punto dejó de intentarlo. Pero aquí, del brazo de Oriana incluso lo disfrutaba. Al principio le costó dejarse guiar, pero ahora le era sencillo. Al menos hasta que practicaban en la mesa. Era un desastre con los modales. Oren era mejor que ella. Elissa olvidaba cual cubierto usar en cada momento y no sabía qué hacer con la servilleta o con el pan. Tuvo que aprender a base de que Oriana la golpease en el envés de la mano con su propia cuchara.
Por las noches se reunía toda la familia en el gran comedor para comer con los soldados de mayor rango. Aedan se sentaba con los soldados y Fergus con su esposa e hijo. Su madre la hacía sentarse a su lado y le platicaba de los chismes de la sociedad. Gracias a ella y a sus cortos ratos en la biblioteca con el hermano Aldus comenzaba a hacerse una idea de las cosas. Consiguió unos mapas y anotó la ruta que debían trazar cuando la desgracia cayese sobre ellos. Pero estaba inquietándose.
Elissa disfrutaba en aquella casa. Era más feliz de lo que fue nunca con su propia familia. Pero sabía el destino de los suyos. Cuando el día llegase los perdería a todos.
Despertaría y ya no estarían.
Su pequeño Oren, con su música dulce como el rocío tendría su último respiro a muy corta edad. Oriana moriría sufriendo por él y por su esposo… y sus padres…
Bajó la cabeza en un sollozo. Ese día estaba sola en los jardines. Oriana no había podido reunirse con ella porque Eleanor la llamó a su lado y Oren seguía empecinado en encontrar el tesoro escondido. Aedan estaba entrenando con los soldados y aunque quisiera no podía unirse a ellos. En aquellos momentos que tenía para pensar Elissa se atormentaba hasta que le doliese la cabeza. Hacía uno y mil planes y nunca conseguía tomar una decisión. Respiró hondo con la cabeza oculta entre sus manos. Necesitaba tomar una espada. Necesitaba moverse.
Se levantó y fue en busca de Aedan. No le importaba que la viesen, Eleanor estaba ocupada y no lo sabría si no le decían. Elissa estaba frustrada y quería desquitarse. Casi corrió al campo de entrenamiento, pero el camino era largo desde donde estaba. Sabía de un callejón por donde podría cortar camino, así que se dirigió allí. Se metió por el estrecho pasillo, esquivando los barriles con fruta y mercancía que dejaban para volver luego por ellos. En aquel lugar tan apartado era difícil que alguien más la viera. Entonces escuchó un ruido extraño.
Espera un momento. – dijo una voz masculina en tono juguetón.
¿Me lo permitirías? – le contestó otra.
Elissa se detuvo. Conocía esa voz. En los últimos días la había escuchado bastante como para identificarla a cientos de millas de distancia. Se escondió tras un barril y asomó lentamente la cabeza. Aunque sabía que estaba en lo correcto se quedó pasmada.
Escondidos entre la oscuridad estaban Aedan y Ser Gilmore. Aedan presionaba al soldado contra la pared mientras estrujaba su cuerpo contra el suyo. Gilmore le había tomado por la nuca y le besaba acaloradamente. A esas alturas Elissa no sabía que pierna era de quién ni que brazo era de cual. Gilmore se aferraba a Aedan casi con necesidad mientras le dejaba satisfacerse. Las atenciones del joven Cousland parecían más que bien recibidas y devueltas con determinada torpeza o brusquedad.
Elissa volvió a esconderse. Tenía el rostro acalorado y las mejillas sonrojadas. Sabía que no se suponía que viese aquello, pero no pudo evitarlo, fue un accidente y dudaba que pudiese irse con la misma velocidad que llegó.
¿Te gusta? – jadeó la voz de Aedan en un tono que Elissa nunca le había escuchado. Si antes la voz del chico le erizaba los cabellos ahora ella hubiese jurado que lo decía desde su propio interior.
El suspiro que salió de la boca del otro le pareció una respuesta más que afirmativa, pero ella ya no atrevía a mirar. Algo era ver las escenas de un juego o una película, pero ver la cosa en vida real, de frente y sin censura, era demasiado para una tonta nerd virgen como ella. Se tapó los oídos escondiéndose contra el barril. Las manos en sus oídos no consiguieron esconder los jadeos de los amantes. Ella solo se preguntaba como todo el castillo no los había oído. Comenzó a contar, y cuando iba por mil el alboroto terminó.
Eso fue… - dijo la voz de Aedan entre jadeos – muy bueno –
Ah – sonrió el otro - ¿sí? –
Sí –
Aedan se inclinó hacia adelante y le besó tiernamente en los labios. Una, dos y hasta tres veces. Se separaron lentamente y pronto el ruido de las armaduras volviendo a su lugar le indicó a Elissa que su tonta mente virgen estaba a salvo.
Debería regresar antes de que los otros noten mi ausencia – dijo la voz de Gilmore.
Está bien. Diles que me fui. – respondió Aedan besándole por última vez antes de que el chico se fuese.
Elissa suspiró aliviada, convencida de que escuchó dos pares de pasos alejarse.
No es bueno escuchar a escondidas – le dijo Aedan en su oído.
¡Joder! – gritó Elissa asustada. – Aedan yo no pretendía… ¡fue un accidente! – intentó explicarle.
Tranquila Eli, lo sé. Te vi venir. – le sonrió el chico.
¿Cómo? – tartamudeó ella - ¿sabías que estaba aquí? - el se encogió de hombros.
Claro. No eres precisamente discreta. –
Lo siento. De veras lo siento. –
No pasa nada. Ya lo sabías. Mientras no le digas a Fergus con quién duermo no hay problema. Vamos. Salgamos de aquí. –
Aedan la condujo fuera del callejón, por el mismo camino en que vino. Elissa estaba sorprendida de lo tranquilo que estaba. No tenía nada en contra de aquello, después de todo, que él fuese así era su culpa. Ella le había hecho así.
Ae – murmuró. No supo cuando, pero en algún momento había empezado a utilizar aquel apodo.
¿Qué pasa? – preguntó el chico mientras le llevaba del brazo.
¿Ustedes van en serio? –
¿Quién? – se extrañó Aedan. - ¿Gilmore y yo? – la muchacha asintió. – Vamos Eli. Gilmore tiene planes más grandes que dormir conmigo. –
Entonces ¿solo es un revolcón? –
¿Revolcón? – Aedan la miró extrañado, como si no entendiese el significado de la frase.
¿Son amigos sexuales? –
¿Cómo? – la ceja de Aedan subió con incomprensión. Elissa rodó los ojos.
¿Qué si solo duermen juntos a veces sin sentimientos de por medio? –
Aedan lo pensó por un momento.
Es una buena forma de decirlo. Gilmore es un buen muchacho, pero tiende a ponerse violento cuando acumula mucho estrés. Así que lo ayudo a liberar estrés y de paso tenemos un buen rato. –
Pero ¿no crees que podrías gustarle? –
¿Yo? – Aedan la miró como si estuviese loca. – No seas tonta Eli. Gilmore es guapo, así que no es un mal trato. Pero le gustan las chicas y aquí en la ciudadela hay muy pocas mujeres. Y las que hay no las puede tocar porque son de mi familia. No es raro que los soldados se involucren entre ellos en la campo de batalla y lo sabes. –
Ya. – Elissa lo pensó. Aunque fuese verdad sería una pena, porque Aedan no había sido creado con Gilmore en mente.
Su destino era otro.
Avanzaron en dirección a las cocinas, donde Aedan esperaba sonsacarle a Nan algunos bocadillos para ambos. Aunque bromeaba sobre el tema de su sexualidad parecía que a parte de sus hermanos nadie más sabía de sus inclinaciones. Bueno, ellos y ser Gilmore. Elissa prefirió no tocar el tema del caballero. Todavía estaba por ver qué papel jugaría en su aventura.
Sin embargo, se detuvieron mucho antes de llegar a su destino. Un soldado en completa armadura sobre cuya espalda colgaba el emblema de los Cousland se acercó a ellos con prisas.
My Lord, My Lady – hizo una reverencia.
¿Qué pasa Tomas? – contestó Aedan con una amplia sonrisa.
Teyrn Bryce le convoca mi señor. Usted y Lord Fergus han de acudir al gran salón lo antes posible. – el hombre estaba un poco pálido, pero inmutable.
Eliza sintió la sangre congelársele en las venas cuando el soldado le extendió a Aedan una carta. El sello estaba claramente roto.
"Es el momento" pensó cuando vió a su hermano abrir el sobre. Aedan también palideció, pero sus ojos brillaron con convicción.
Es una carta del Rey – anunció pasándosela a Elissa.
Cuando ella la tomó, sus manos temblaban. La liza caligrafía del escriba decía claramente en la lengua común que estaban reuniendo un ejército en Ostagar. Allí estaban reuniéndose todos los Gray Wardens.
Y allí debían de acudir Fergus y su padre.
Esto es un Blight. – anunció Aedan con gran seriedad.
"¡No!" gritó Elissa en el interior de su mente.
"NO. No estoy lista."
Sus habilidades con la espada habían mejorado y por suerte ya no fallaba los blancos con el arco. ¡Pero aún era una niña junto a Aedan y Fergus! Aún perdía en un combate uno a uno. ¡Aún no sabía cómo matar!
¡No estaba lista para morir! ¡No había tomado una decisión!
Elissa respiró profundo, buscando serenidad dentro de su alma.
Veamos que tiene padre que decir. – dijo la muchacha retomando la marcha. Esta vez hacia el gran salón. Aedan le miró extrañado.
Elissa – dijo sujetándola del brazo. – Padre no ha llamado por ti. Si llegas conmigo se enojará. –
No puedes dejarme fuera de esto. – respondió atónita. – Es un asunto muy serio que involucra a todo Highever. ¡Tengo derecho a estar allí! –
¡Estoy de acuerdo! Pero si padre no te convocó es porque planea decírtelo en otro momento. – Aedan extendió la mano. – Por favor Eli, dame la carta. Te prometo que te lo contaré todo. Por ahora ve a buscar a Oriana. ¿Sí? –
Elissa apretó los dientes. Ella quería escuchar lo que su padre tuviese que decir. ¡Tal vez pudiese impedir la llegada de Howe! Era un pensamiento tonto, pero le daba esperanza. Sin embargo, la expresión preocupada de Aedan dirigió sus pensamientos en otra dirección. Cuando Bryce solo tenía dos hijos los necesitaba a todos para ir a pelear y defender el palacio. Ahora tenía tres. Uno de ellos era una chica. Probablemente sus planes hacia ella fuesen diferentes.
¿Tendría ella siquiera opinión en el asunto?
En el poco tiempo que había estado allí conoció Bryce, el dulce padre. Pero ni una sola vez se reunió con el Teyrn.
Muy bien. – le dijo dándole los papeles. Cuando Aedan los tomó, ella le agarró de la muñeca. – Pero no permitas que padre convoque al Arl Howe a nuestro hogar. –
¿Qué? – preguntó el joven sorprendido.
¡Promételo Aedan! – exigió Elissa clavando las uñas sobre su muñeca.
Aedan era el protagonista de esta historia. Si alguien podía detenerlo era él. Bryce tal vez le escucharía.
Tal vez.
Aedan sintió su mano temblar. Sus miradas se cruzaron por un instante. No supo Elissa que vio, si su terror o su convicción, pero lo que haya sido le llevó a asentir suavemente.
No sé qué te pasa. Pero haré lo que pides.
Ella le sonrió como pudo, aunque no se sentía para nada tranquila con su promesa. Aedan se alejó despacio. Cada tanto se volteaba para verla, pero la encontraba de pie en el mismo lugar. Allí permaneció Elissa hasta que Aedan desapareció de su vista. Entonces se sujetó el vestido y corrió hasta sus aposentos. En el camino no vio a su madre, ni a Oren, pero en cuanto entró al corredor de las habitaciones Oriana corrió hacia ella.
Oh aquí estás – la mujer estaba tan pálida como el guardia que le entregó la carta a Aedan. – Terribles noticas Eli. ¡Terribles! – Elissa nunca la había visto tan alterada.
Tranquila. – La joven Cousland intentó calmarla acariciándole los hombros. – Solo es una carta del Rey. No tiene que ser tan serio. – mintió.
No, no, no. – Le dijo Oriana con total seriedad. El pánico brillaba en sus ojos. – La ruina caerá sobre nosotros. Han llegado los Gray Wardens, se están reuniendo en Ostagar. ¡Fergus ha sido llamado al campo de batalla! – lloró.
"Maldición Fergus" se quejó Elissa. Sabía que el tipo era despreocupado, pero leer la carta del rey en voz alta frente a Oriana era una locura. Ella probablemente hubiese guardado la compostura frente a su esposo y venía a desahogarse con ella. ¿Cómo podría explicarle que el hombre por quien temía sería el único en sobrevivir?
Elisa la abrazó tiernamente.
Oriana se había convertido en su amiga, su hermana. Verla en ese estado era lamentable.
No seas tonta. Fergus es fuerte. Es un Cousland, no morirá por una tontería como los darkspawn. Además, mi padre estará con él. Esto no tiene por qué ser tan serio como los Gray Wardens dicen. Seguro es solo una pequeña fracción que escapó de Orzammar. Ya verás. – Mentiras. Mentiras y más mentiras.
Elissa cerró los ojos. Aquello se le venía encima antes de estar preparada. No había decisiones que iniciaran eventos. Sencillamente el tiempo había llegado y ElissaCousland no estaba lista para lo que venía.
Pasó el resto de la tarde intentando tranquilizar a su cuñada. Por suerte, cuando Oren regresó con Eleonor solo quedaba la marca de sus ojos rojos. Eleonor no dijo una palabra sobre la carta, pero Elissa conocía la situación mejor que nadie.
¿Aedan? – le preguntó a su madre, pero ella contestó con una negativa de la cabeza.
Siguen reunidos. –
Y siguieron reunidos hasta pasada la hora de la cena. Elissa se había llevado a Oren a su cuarto para que Eleonor pudiese tranquilizar a Oriana. Se había quedado dormida cantándole al niño las canciones que recordaba del juego, pero cuando le pidió canciones nuevas recitó las baladas infantiles de su tierra natal. Con eso Oren calló dormido al poco tiempo y ella le siguió.
No supo cuánto tiempo pasó. Pero en cuanto se abrió la puerta del cuarto ella se sobresaltó. Parado en la estancia Aedan le miraba con el rostro contrariado. Elissa miró al niño sobre la cama. Por suerte no se había despertado. Apresuradamente salió del cuarto y siguió a Aedan hasta el suyo. Ella entró primero y escuchó la puerta cerrarse tras su hermano.
¿Qué dijo padre? – preguntó Elissa ansiosa.
Aedan dio un par de vueltas sobre sí mismo. Con los brazos cruzados sobre el pecho parecía reflexionar en la forma de explicarle lo ocurrido. En el azul de sus ojos Elissa divisó un profundo disgusto que rivalizaba con el de ella.
Padre – comenzó – ha decidido que Fergus, Arl Howe y él irán juntos al campo de batalla para presentarse con el rey. Tú y yo nos quedaremos para proteger el castillo.
Elissa palideció.
Arl Howe y sus hombres ¿vendrán? –
Aedan asintió.
Uno de los soldados soltó los halcones hace una hora. –
Todo era igual. Todo sería igual.
No, ella no lo permitiría. Tenía que hablar con su padre. Tal vez pudiese convencerlo.
Eli – la voz de Aedan la sacó de sus reflexiones. - ¿Cómo sabías que padre iba a convocar a Howe? –
¿Qué? –
En la carta del rey no decía nada sobre el Arl. Sin embargo tú sabías que padre iba a enviar por él. –
Elissa dudó. Decirle: "Claramente porque conozco el destino de la jodida Thedas de aquí a los próximos diez años" no parecía la idea más inteligente. Tenía que inventarse algo rápido.
Padre claramente se siente profundamente unido a Arl Howe. Si por ellos fuese unirían nuestras casas en cualquier momento. Por eso solo lo asumí. –
Aedan cruzó los brazos sobre el pecho en un gesto pensativo. En su mente la imagen de la esposa de Arl Howe tirándole a su hija encima estaba demasiado vivida como para ignorar las palabras de su hermana.
Buen punto. Pero ¿por qué te preocupa tanto Howe? Como tú misma dijiste es gran amigo de nuestro padre. –
No me agrada. – dijo con total sinceridad. – Siendo honesta, preferiría no volverlo a ver en lo que me queda de vida. Además, me parece que sería mejor que sus tropas no hiciesen estancia en Highever. Podrían desestabilizarnos. –
Aedan le miró extrañado. Una nube de preocupación bajando por su rostro.
Eli ¿estás bien? Los hombres de Amarantin están muy bien entrenados y son disciplinados y leales. Su llegada a nuestro hogar nos aportará gran ventaja. Además, luego del largo viaje les vendrá estupendo un descanso. –
Elissa quería llorar. No podía rebatirlo sin darle sus verdaderos pensamientos. Nunca fue una persona de carisma y cambiar de cuerpo no había hecho nada por ella en ese aspecto.
Me preocupa más que no iré con ellos a la batalla – dijo la voz contrariada de Aedan Cousland.
Elissa apretó los labios.
No se puede evitar. – inquieta comenzó a jugar con un mechón de cabello, enrollándolo en la punta de sus dedos. Nunca tuvo el cabello tan largo, por eso había cogido aquella mala costumbre. – No estoy en condiciones de defender el castillo junto a nuestros hombres. Fergus y padre han de ir a la batalla, eso te deja como la opción más lógica. –
Suenas como padre. – Aedan no alzó la voz, pero su tono sonaba claramente exasperado. – Madre ha demostrado que no se necesita estar en el campo de batalla con los hombres. Puedes darles fuerza aguardando en el castillo. Ferelden me necesita. Nuestra familia me necesita, y en vez de ir a pelear padre me deja aquí estancado. –
Aedan, si padre o Fergus fallecen tú serías el próximo Teyrn de Highever. Debes estar lo más a salvo posible. –
¡No digas tonterías! Fergus tiene a Oren –
¡Oren es un niño! No puede pelear. No puede defenderse y mientras no convenzamos a Oriana de lo contrario ella tampoco nos permitirá enseñarle. Tienes que quedarte Aedan ¡nosotros te necesitamos! –
Aedan la miró sorprendido.
Aquella chica no se parecía a la Elissa que el recordaba. Sumisa, recogida y presumida. Si era igual de nerviosa y sí le gustaban las armas y las armaduras. Pero esta tenía suficiente coraje como para gritarle. No sabía cuando había comenzado a cambiar, pero esta nueva Elissa podría gustarle.
El muchacho suspiró.
Está bien. No te pongas así. – caminó hacia ella y la envolvió entre sus brazos. – Estaremos bien. Yo los cuidaré hasta que estés segura. –
Todavía tenemos algo más que discutir. – murmuró ella rodeándole con sus brazos la cintura.
¿Um? – preguntó Aedan apoyando su cabeza en el hombro de su hermana.
Sobre los Gray Wardens…
