04 Gray Wardens

Elissa golpeó nuevamente el monigote.

La paja salió desparramada por la extremidad que cortó de cuajo, dejando a la muchacha sin aliento. Desde la llamada del rey había estado nerviosa y agitada. Su miedo, la había impulsado a entrenar más allá de lo que normalmente se le hubiese permitido. Incluso Fergus le advirtió que se estaba extralimitando. Sin embargo, frente a la perspectiva de su efímero tiempo la joven decidió hacer un último esfuerzo. Practicó con el arco en las noches hasta altas horas de la madrugada. Luego regresaba a su alcoba y dormía unas horas hasta que Aedan venía a buscarla para practicar con la espada en los jardines del palacio. Había ganado un poco de seguridad con el arco, pero aún se sentía insegura con la espada.

Alzó la vista del arma que sostenía y la dejó caer, agradecida que su juego de dagas fuese más rápido que su espada. Aunque hubiese ganado fuerza desde que despertó en ese mundo, apenas conseguía abrir un viejo muñeco de paja.

Elissa suspiró. Se acomodó la armadura y se zafó el cabello, preparada para recogerlo nuevamente.

Me alegra no ser la víctima de tu ira – escuchó decir a Oriana a su espalda. – Lo que me hace preguntarme ¿quién podría ser? –

Elissa abrochó su cabello en una cebolla sobre su nuca, sujetándola con una fina tira de soga. Se dio vuelta hacia la mujer y sonrió.

Es un secreto. –

Oriana le devolvió la sonrisa, avanzando hacia ella con una sonrisa cómplice.

¿No será que nuestro querido Ser. Gilmore finalmente ha hecho su movida hacia ti? –

Tal vez – canturreó Elissa alzando la barbilla. Desde que supo de la relación de Aedan y Gilmore había estado cubriendo a los muchachos. A causa de lo cual Oriana había comenzado a sospechar y ella, intentando dirigir la atención lejos de Aedan, le había dejado fantasear.

Oh, vamos cuéntame. ¿Qué hizo ahora? ¿Intentará pedir tu mano? Por el hacedor, sería tan romántico. – exclamó su cuñada, la emoción le brotaba por los poros.

Y tan inútil. – contestó emprendiendo la marcha hacia las cocinas. Ya iba siendo hora de desayunar y ella en lo personal se moría de hambre.

Llevaban ya algunos días aguardando el arribo de Arl Howe, sin embargo, el hombre estaba tardando y ya los soldados de Highever estaban listos, armados y en espera. La situación había causado un gran estrés en el palacio y los sirvientes estaban revueltos. Sin embargo, Nan parecía ser la más disgustada, pues ella era la encargada de la comida de todo el mundo. Por lo tanto Elissa había disminuido a casi cero sus visitas secretas a la cocina y solo se escurría a la hora marcada. Observó a Oriana caminar a su costado.

Mi padre nunca le concedería mi mano. –

Eso no es verdad. A mí me la concedió. – dijo la mujer insultada.

No es lo mismo, Fergus es su primogénito. Y más que nada es hombre. ¿Qué no le concedería? –

Oriana asintió.

Muy cierto. Sin embargo, la idea de una fuga me resulta tan romántica. –

Ser. Gilmore no lo haría. No creo que le pasase por la cabeza siquiera. Es demasiado leal a mi padre.

¿Sí? – dijo Oriana con una risita baja – Pues me gustaría ver hasta dónde llega su lealtad. – el tono de la mujer hizo a Elissa detenerse.

¿Qué quieres decir? – le sonrió.

Oriana la tomó del brazo y la acercó a uno de los muros del palacio, inclinándose hacia abajo y cubriéndose la boca con las manos para evitar que alguien más le oyera.

Hace unos minutos estaba con Fergus, dando un recorrido por los jardines y los vimos. Los Gray Wardens. –

Elissa palideció. Miró con espanto el rostro de su cuñada.

¿Los… Gray Wardens? –

Cuando me fui estaban esperando en las puertas a que tu padre viniese a recibirles. – dijo la mujer apresuradamente –Creo que vienen a reclutar, y quién sabe, después de tus hermanos Ser. Gilmore es el mejor caballero de tu padre ¿no crees?-

"No puede ser" pensó la muchacha. "Si Duncan está aquí, eso significa que Arl Hawe está en Highever".

Sin esperar más noticias de Oriana se deshizo de su brazo y corrió hacia el salón. Su cuñada dijo que Duncan estaría esperando por su padre y Elissa sabía que lo haría esperar un buen tiempo…

Porque estaría con el traidor de Hawe.

Elissa se apresuró todo lo que le dieron sus piernas. Agradecida no obstante de usar una armadura y no el vestido que su madre le dispuso para la ocasión. Los criados y los soldados se apartaron al verla llegar, abriéndole camino. Ya se había acostumbrado a que la mirasen extraño y susurraran, así que fue demasiado fácil ignorarlos. Dobló la esquina, feliz de finalmente haber llegado a su destino, sin embargo sus piernas la detuvieron en seco.

Oriana había dicho "Los Gray Wardens" pero Elissa la había mal interpretado. Se quedó rígida y apretó los labios ante la visión.

Alistair – murmuró.

Junto a Duncan, el Warden de cabello negro y piel bronceada, habían dos Gray Wardens más, vistiendo la típica armadura azul con escamas plateadas que se agregó en un mod luego de su éxito en el Dragon Age II. El otro hombre le resultaba familiar, pero ni siquiera recordaba de donde o si el sujeto tenía nombre o no. Pero al chico de corto cabello castaño claro, con ojos cafés y tersa piel rosada era imposible confundirlo. Al momento sus mejillas se sonrojaron y su mente comenzó a gritar:

"¡ALISTAIR!" Se cubrió la boca con las manos.

El hombre conversaba animadamente con los otros dos y aunque Duncan tenía una expresión neutral, no parecía molestarle lo que fuese que el chico dijese. Pero Elissa no les escuchaba.

"¡ALISTAIR! ¡ALISTAIR! ¡ALISTAIR! ¡ALISTAIR! ¡ALISTAIR! ¡ALISTAIR! ¡ALISTAIR! ¡ALISTAIR! ¡ALISTAIR!"

No podía creerlo. El fruto de su devoción. Su amor 3D que realmente no era tan 3D. La voz que le daba escalofríos cuando se ponía los audífonos. ¡El tipo que pensó que era horrible la primera vez que lo vio, pero de cuya nariz prominente terminó enamorada! ¡Ese! ¡Ese hombre estaba parado allí en carne y hueso! LITERALMENTE.

"¡ALISTAIR!"

El Gray Warden desconocido soltó una carcajada y el chico rió por lo bajo, observando alrededor. En ese instante sus ojos chocaron con los de Elissa. Azorada, la muchacha se escondió tras el muro.

Bueno… eso fue espeluznante – escuchó decir a Alistair

Elissa se encogió tras el muro. Indecisa.

"¿Qué debo hacer ahora?" Pensó. No se suponía que viese a Alistair hasta Ostagar. El chico no debía estar en el castillo. Y más aún, ¿un tercer Gray Warden? Ella nunca hubiese esperado el repentino cambió de los acontecimientos. Sin embargo, aquello no tenía por qué ser malo ¿no? Tal vez podría ser útil. Tal vez Andraste había decidido hacer algo útil además de dejar sus cenizas. Apoyó las manos en la pared y miró hacia el costado, lista para darle otro vistazo al nuevo grupo.

Entonces chocó con el rostro de Alistair que, en un despliegue de curiosidad había bajado a buscar la fuente del escalofrío que acababa de sufrir bajo la intensa mirada de Elissa. Sorprendida de ver su rostro tan cerca saltó hacia atrás, soltando un grito ahogado.

¡Aaaaaah! – su cinta se zafó y el cabello le cayó sobre el rostro y la espalda.

Alistair dio un bajo grito de sorpresa pero reaccionó por reflejo. Intentó agarrarla, cayendo también al suelo. De alguna forma, el hombre consiguió girarla para que no se golpease, cubrirla con su cuerpo. Sin embargo, no le pasó por la cabeza que podría quedar debajo de ella. Cayó al suelo golpeándose en la espalda con las manoplas del escudo colgado de su espalda.

Por Andraste ¿qué fue eso? – dijo Alistair apretando los ojos por el dolor…

Elissa, quien se había quedado muy quieta por el shock se sobresaltó al escuchar su voz. Alzó el rostro, notando la posición en que estaban. Se sonrojó profundamente, inclinándose sobre el pecho del muchacho.

Alistair lo siento. ¡Lo siento tanto! – su cabello calló hacia adelante, cubriéndole el rostro.

En aquella posición el joven Gray Warden solo la tenía a ella en su campo de visión.

Alistar parpadeó cuando escuchó su nombre, no recordaba conocer a nadie en Highever. Pero cuando su vista se aclaró y vio a esa chica sobre él algo se atoró en su garganta…

"Santo hacedor" repitió su voz dentro de su cabeza. El hombre quedó asombrado, embelesado por aquella belleza de ojos azules y mejillas sonrojadas que le observaba llena de preocupación. Se le hizo un nudo en la garganta mientras su mente le exigía que se moviera.

Por el hacedor ¡tenía que decir algo!

Waa…aaa…aaeeeeeee….B…bbbbien–"¡¿Qué demonios fue eso?!" pensó. Estaba tan avergonzado que se puso totalmente rojo.

¿Estás bien? Ay, tenías el escudo allí atrás. ¿Te duele? – preguntó Elissa sentándose inocentemente sobre el abdomen del muchacho.

¿Por qué se sentaba allí? Dulce hacedor que alguien le ayudara o ¡terminarían golpeados por un rayo! "¡No pienses cosas raras Alistair!" se reclamó. Tenía que arreglar la situación.

Sss…..Sin daños – dijo sin saber por qué su lengua no quería cooperar.

¿Y qué si era una chica linda? si los achicharraban no seguiría pensando eso ¡No pensaría! ¡Estaría muerto! De la misma forma en que terminaría si alguien los veía.

¿Estás seguro? – contestó la muchacha insegura. Sabía que Alistair era fuerte, pero un hierro clavado contra la espalda podía hacerle mucho daño. - ¿Debería buscar a un sanador? – entonces se le ocurrió una idea. Buscó en la bolsita que colgaba de su cadera y sacó una poción roja. - ¿Esto sería mejor? – se la ofreció.

"Aahh, está preocupada por mí… que lind… ¡no es momento para pensar eso!"se criticó.

No… no, estoy buen ¡digo bien! – dijo intentando sentarse sin tirarla al suelo, cada vez se ponía más nervioso y no podía seguir dando ese lamentable espectáculo.

Cuando Alistair se movió ella se dio cuenta de la posición en que estaba. En su mundo sentarse sobre otra persona no era la gran cosa, pero en este no. Y considerando la situación y la crianza de Alistair… las orejas de Elissa se pusieron aún más rojas. Se levantó casi de un salto.

¡Oh! Perdón. Perdón. No quise… - comenzó, pero se le trabó la lengua – no fue… solo me sorprendiste y… oh dios mío, que vergüenza. – dijo bajando el tono de voz.

¡NO! No es eso – se apresuró a decir, lo que menos quería era hacerla sentir incómoda ¡Ya era suficiente con él entrando en pánico! – Todo bien ¡Digo! Yo estoy bien ¿Y tú? –

"¿Por qué sigo hablando? ¿Por qué no solo cae el maldito rayo y me detiene de hacer más el ridículo?" pensó "El hacedor de seguro tiene algo en mi contra. ¿Es porque me comía el queso que usaban en la capilla para las ofrendas?"

Sin embargo, Elissa se enderezó, recuperando un poco la compostura. Llevó las manos a su cabello, intentando recogerlo en una cebolla de nuevo, pero al no encontrar con qué sujetarla comenzó a trenzarlo.

Estoy bien. – le sonrió. – Un poco… sorprendida, pero bien. – dijo examinando sus fracciones.

Francamente la chica podría decir que no era lo que esperaba. Se parecía muchísimo al personaje del juego, sin embargo sus ojos eran mucho más expresivos. Igual que le ocurrió en casa pensó que no se veía atractivo a primera vista, sin embargo ella poco podía hacer para bajarle el ritmo a los latidos de su corazón.

"Feliz de verte de echo" pensó.

Poco a poco la cabeza de Elissa empezó a llenarse de todas las cosas que pasarían entre ellos… ¡Porque se aseguraría que pasaran! "Solo espera Alistair" pensó. Lo único que faltaba era escoger que clase de romance haría con él, si le quitaría su "preciosa" virginidad antes o dejaría que él viniese a pedírselo…

¡Oh! ¡Oh! Y el nombre que le pondrían a su primer hijo, porque bajo ningún concepto dejaría que un hijo suyo se llamase Duncan.

¡Ah! Decisiones, decisiones…

Alistair por su parte, estaba tan avergonzado que no podía mirar a la chica a la cara y se sobaba la nuca repetidas veces con la mano…

T… ¿Tienes nombre? – "… ¡Claro que tiene! ¿Qué eres estúpido?" se criticó.

Soy Elissa. Elissa Cousland – contestó la muchacha intentando sonar lo más natural posible. – Un placer conocerte. – dijo extendiéndole la mano.

Alistar se quedó tieso mirando la mano… ¿que se suponía que hiciera con ella?

¿Besarla? ¿Estrecharla? ¿Pedir misericordia por dejarse aplastar por la hija del Teyrn? "Por Andraste ¿qué?"

So… soy Alistair – dijo sin decidirse y usando la suya para golpearse la frente. ¡Ella sabía su nombre ya!...

… eso era extraño… ¿no?

Elissa le tomó la mano con que se golpeaba y la estrechó, decepcionada por no sentir el calor de su piel.

Un placer conocerte, Alistair. – dijo con voz melosa, avergonzándose un poco del tono que utilizó. Se aclaró la garganta. – Entonces ¿están aquí por el Blaith? – preguntó con fingida ignorancia.

¿Eh? Ah, sí – dijo mirando las manos de Elissa en las suyas… parecían tan pequeñas… - nos… ¿nos conocíamos de antes? – dijo distraído, poniéndose nervioso inmediatamente.

Ella le sonrió con picardía.

Tal vez – contestó. – Me sorprende que Duncan te trajera. ¿Problemas en Ostagar con los magos? – aventuró.

Alistair abrió la boca como un pez cerrándola repetidas veces.

¿Cómo…? ¿Tú…? ¿Cómo sa…? ¡Yo solo hice una preguntita! No acosaba a nadie – se defendió.

No es culpa tuya – estuvo de acuerdo Elissa – Es que a la capilla no le gustan los magos.

No, no es que no le gusten, solo… solo se preocupan demasiado – dijo sin saber porque. A pesar de sus nervios, no era tan malo hablar con esa chica.

Jajaja. – rió ella. La voz de Alistair la relajaba, haciéndola feliz que hubiese algo en ella que no hubiese cambiado. – entonces ¿buscan reclutas? – dijo meciendo la mano de Alistair entre las suyas.

Du... – Alistar se aclaró la garganta "¿Hasta cuándo estaré tartamudeando como un tonto? ¡Soy un Grey Warden, por Andraste!" – Duncan tiene expectativas sobre algunos soldados – dijo lo más ambiguo que pudo. No debería ir por ahí repartiendo información.

¿Ser. Gilmore? O…- dijo alzando la mano de Alistair, como si contase sus dedos. Sabía que estaba siendo obvia, pero le resultaba muy entretenido ver el rostro atontado del Gray Warden. - ¿Mi hermano? –

Nu… nunca dije eso – dijo Alistair como si las manos frente a él fueran lo más interesante del mundo…

Pero lo pensaste – murmuró Elissa, observándole fijamente. Le resultaba tan adorable ese chico. – Entonces… Alistair ¿Te gustaría dar una vuelta por el terreno conmigo? –

"¿Una vuelta?... ¿SOLOS?"

"NOOOOO, nono no no." Eso sonaba a peligro… aunque no sabía para quién.

Te…tengo que volver…. ¡Los otros! Me estarán buscando – se apresuró a responder.

Elissa miró hacia donde debían estar Duncan y el otro sujeto.

Pues, ellos no están. – dijo regresando su atención a Alistair.

… - "Sucios traidores." Alistair apretó los dientes. No era como si la idea no le llamase la atención, pero no entendía por qué su corazón se comportaba tan estúpidamente frente a una chica que acababa de conocer – Claro… ves, yo mejor voy… y los alcanzo –

Elissa se interpuso en su camino. Acababa de ocurrírsele una idea que bien podía no ser tan mala. Su sonrisa se esfumó y observó a Alistair con mirada cómplice.

Si están en el salón con mi padre los guardias no abrirán la puerta… ni aunque tengas la armadura de un Gray Warden. – mintió – Así que ¿por qué mejor no te muestro el lugar?

"Ella… tiene un punto… creo…" dudó. A fin de cuentas, la muchacha no aparentaba tener razones para engañarle.

Genial – dijo con sarcasmo, pensando en el problema que iba a buscarse.

Elissa sonrió. Se colgó de su brazo y lo arrastró con ella.

Nunca habías venido a Highever ¿verdad? Vamos, hay una persona muy importante que quiero que conozcas.

"Por favor que sea un perro" pensó Alistair, preocupado por terminar en un malentendido.

Ok – dijo completamente derrotado.

Elissa rió por lo bajo. Mientras avanzaban hacia los jardines del castillo fueron encontrándose con varias personas, entre ellas soldados y mayordomos que al ver a Elissa inclinaban la cabeza y saludaban respetuosamente. Ella respondía con el mismo gesto y una sonrisa, aunque algunas veces parecía no estar muy segura de qué hacer. Finalmente llegaron a un jardín pequeño, detrás de una torre mediana y allí correteando entre la maleza estaban un niño y un mabari.

… Alistair los miró medio aliviado medio nervioso. Al menos la mitad de lo que pidió estaba allí. Esperaba que el niño no hiciese a todo el castillo caerle atrás con picos y antorchas.

¡Oren! – llamó Elissa.

De inmediato el niño se detuvo en seco y se volteó hacia ellos. Al ver a la joven sonrió ampliamente y corrió hacia ellos.

¡Tía! – dijo lanzándose contra los muslos de Elissa, casi tumbándola. De no haber estado sujeta al templario, hubiese caído de seguro. Tras él vino el mabari, quien se detuvo frente a Alistair y le olfateó curioso.

Alistair que la sujetó para ayudarle a mantener el balance miró al chico… y al perro.

Oye, oye, se suave, eres demasiado fuerte para la chica ella – dijo Alistair medio en broma.

Tía es muy fuerte. Ella puede con todos los soldados. ¡Y me va a enseñar a usar la espada!

Elissa soltó una carcajada por la ocurrencia de Oren antes de acariciarle la cabeza.

No soy para nada fuerte Oren. – contestó mientras Bryce olfateaba la mano de Alistair – y todavía estoy negociando con tu mamá lo del entrenamiento con la espada. –

Ella no tiene por qué saberlo. Me portaré bien y no se enterará. ¡Por favor tía! –

Elissa le observó con dulzura, soltó el brazo de Alistair y se arrodilló frente al niño. Lo abrazó y sus ojos se llenaron de oscuridad.

No te preocupes Oren, te protegeremos. Todo saldrá bien. –

¡Claro que sí! Mi padre matará a todos los darkspawn. Papá será un héroe. – dijo el niño orgulloso.

Alistair miró la escena un tanto encantado… entonces notó al mabari oliéndole y se sonrojó…

Hola ¿quién es un buen perro? – comenzó a hablarle tontamente al animal… entonces recordó algo. ¿Esa chica podía pelear?

El mabari le lamió la mano. Restregando la cabeza contra ella. Frente a esto Oren se separó de su tía.

Le gustas a Bryce. ¡Debes ser una muy buena persona! – le felicitó el niño.

¿Te gusto? Claro que te gusto, mucho mucho – le habló Alistair tontamente al mabari.

Bryce movió la cola emocionado, ladrando como respuesta de los mimos de Alistair. Elissa rió al ver la escena.

Alistair es un Gray Warden Oren. ¿Sabes lo que son? –

¿Un Gray Warde? – preguntó el niño - ¡¿De los que montan en grifos?! – gritó emocionado. A lo que Elissa soltó otra carcajada.

Si bueno – dijo Alistair atendiendo al niño – los grifos se tomaron unas largas vacaciones.

¿Muy largas? ¿Por qué? – dijo el niño desilusionado. Y la verdad, Elissa compartía su pena, pues nunca lo vería.

Los grifos se extinguieron Oren. Pero si aparecen te lo diremos. No te preocupes. –

Ooh. Está bien. Pero si eres un Gray Warde – le dijo a Alistair – deber ser muy bueno peleando ¿verdad?-

Bueno – Alistair se puso de pie, pero Elissa vio en su cara aquella expresión que ponía siempre que quería presumir – un hombre no alardea, pero… si, lo soy –

¿Me enseñas? ¡Por fis, por fis, por fis! –

Elissa sonrió.

¿No deberías ir con tus padres Oren? Fergus querrá despedirse antes de partir. –

¿Ya? – protestó el niño – Pero yo quería conocer a un héroe. – dijo señalando a Alistair, quien se sonrojó profundamente al escucharlo.

Habrá tiempo para eso luego jovencito – dijo el muy alagado Alistair, entrando en su papel de "héroe".

Entonces está bien. – alzó el brazo y salió corriendo. – Vamos Bryce – le dijo al perro que ladró y trotó tras él.

Elissa suspiró.

Ese es Oren. El hijo de Fergus, mi hermano mayor. –

Parece muy energético – sonrió Alistair – Sabía que el heredero de los Cousland estaba casado con una chica de Orlay… pero no que ya tenía hijos.

Oren no es un secreto, pero es muy confiado. Me preocupa que Oriana no permite que empiece su entrenamiento con la espada todavía. – Elissa se cruzó de brazos. – Ahora viene una guerra.

Bueno, es el hijo de un noble –dijo Alistair encogiéndose de hombros – si tiene quienes peleen por él es natural que su madre le sobreproteja.

Los soldados no le protegerán siempre – dijo la muchacha en tono lúgubre. Cruzó los brazos sobre el pecho. – Ahora que vienen los darkspawn mi padre enviará al grueso de nuestros soldados al campo de batalla. Highever quedará casi desprotegido. Si por casualidad nos atacan, será difícil que nuestros soldados puedan proteger a un niño.

Es verdad – dijo Alistair mirando el camino por el que había corrido el pequeño – pero es más difícil para una madre ver como apalean a su hijo, aunque sea por su bien.

Ella asintió, pero no estaba satisfecha. Apretó los dientes. Indecisa de lo que estaba a punto de decir.

Hay un traidor dentro del palacio. – le advirtió.

Alistair la miró, frunciendo el ceño. No conocía a esa chica, pero no le parecía una mentirosa.

¿Está segura de eso my lady? – no era una cosa simple, de hecho era una acusación bien peligrosa.

Ella asintió.

Darán el golpe esta noche. Y van tras mi familia. – dijo con total seguridad, sin desviar la vista del camino por el que Oren desapareció.

Mentiría si dijese que le creía del todo, esa chica era un poco rara… pero… si le decía la verdad estaría mal no ayudarla… "Le diré a Duncan sobre esto."

Dígame más – si tenía los detalles tal vez pudieran hacer algo, después de todo Duncan tenía fe en esa familia.

Elissa le miró con los ojos entrecerrados. Conocía a Alistair… o al Alistair del juego y estaba segura de que ntendía sus pensamientos. Sonrió de medio lado.

¿Crees que Duncan nos ayudará? –

"¿Como ella sabe?" Alistair volvió a ponerse rojo pero se cruzó de brazos.

Él hará lo correcto – dijo mirando hacia otro lado.

Y lo correcto para los Gray Wardens es no intervenir en asuntos ajenos. – suspiró Elissa. – Sé que tienes fe en él. Pero no pienso que Duncan me crea. Sobre todo por la identidad del "topo" –

Duncan no es un monstruo – le defendió – si lo que dices es verdad no dejaremos que acaben con una familia entera. –

Pero no puedo probarlo – murmuró Elissa - Duncan no se emprendería en una aventura como esta sin pruebas ¿no? Aunque yo sea Elissa Cousland dudo que sea suficiente con solo mi palabra.

Entonces observaremos. Si estamos en alerta y pasa algo los defenderemos y punto. Si mientes no pasará nada – dijo irritado de que ella hablase mal de Duncan.

Elissa se cruzó de brazos, un poco frustrada.

Bien – dijo de mal humor. – El traidor es Arl Howe. Le dirá a mi padre que sus hombres se retrasaron, pero la verdad es que los tiene ocultos en el bosque. Esperando que mi hermano se marche y oscurezca. – se acercó a Alistair con el entrecejo fruncido. – Entonces caerán sobre nosotros como abejas a la miel. – bajó la voz – Creo que está más que claro lo que puede pasar cuando nos quedemos sin soldados. ¿O no? Alistair.

Alistair frunció el ceño sin apartar la vista.

Tal vez… ya lo veremos – esos eran muchos detalles, cada vez le parecía más improbable que ella mintiera y a la vez la chica era extraña, aquel panorama en sí era extraño – pero si sabes tanto ¿No deberías decirle a tu padre? – el Teyrn escucharía a su hija aunque no tuviese pruebas.

Padre tiene gran aprecio por Arl Howe. Pelearon juntos en la guerra contra Orleis. No me creería aunque le trajese una carta firmada por el mismo rey de Ferelden. – suspiró con tristeza – Ni siquiera Aedan me creyó cuando se lo dije. –

Elissa sabía que sus palabras habían puesto en alerta a su hermano, pero el chico no actuaría a menos que loe sucesos transcurriesen como en la historia original.

Y aparentemente eso mismo pasaría con los guardas grises.

Entonces, si estás tan segura ¿No deberías hacer algo tú en lugar de depender de la gente? – dijo Alistair no muy seguro de por qué lo estaba diciendo.

Los soldados no me obedecerán. No tiene que ver con que sea la hija, la hembra. Mi padre me ha criado bien. Pero sufrí un accidente hace poco y por ello fue removido mi derecho sobre las tropas. Ni siquiera puedo entrenar con ellos. – Elissa comenzó a pasearse. – No me traerían una espada si se los pidiera. Puedo pelear, pero no puedo estar en más de un lugar a la vez. Por eso necesito ayuda. – se detuvo cruzando los brazos sobre el pecho. - ¿Tiene sentido? –

Más o menos… Espera ¿accidente? ¿estás bien? – dudó y al verla reír se aclaró la garganta – Bueno, auto compadecerse no resolverá las cosas. Mujer o no, tienes tu nombre y título, si no lo usas ahora ¿cuándo? – entonces lo pensó un poco – mira, hagamos una cosa. Independientemente de lo que decida Duncan… yo… yo te ayudaré. Solo… solo dime qué quieres que haga. –

Elissa asintió. Sabía que Alistair no la dejaría a su merced cuando supiese de qué iba el asunto.

Al estar aquí conmigo, Arl Howe no te conoce. Si te unes a los guardias en el gran salón, estoy segura de que podrías intervenir cuando atacase a mi padre. Howe esperará a que estén solos para apuñalarlo por la espalda. Puedo facilitarte la armadura y las armas de mi familia. Con uno de nuestros cascos pasarás desapercibido. –

Alistair no pudo evitar pensar que tal vez, ella había planeado el separarlo de los otros guardas para pedirle eso… y el que pensaba que le gustaba a la chica.

Está bien – si era solo evitarlo podía hacerlo, solo tenía que mantenerse cerca del hombre… pero – solo nos queda un problema. Yo no conozco al Teyrn.

Elissa descruzó los brazos.

Fácilmente rectificable – le sonrió, tomándole del brazo. - ¿Me acompaña, dulce señor? – dijo con coquetería.

Du…¿¡Dulce!? – dijo Alistair más azorado que ofendido – pero soy un hombre –

¿Y eso no te permite ser dulce? – bromeó Elissa prácticamente arrastrando a Alistair hasta la armería.

Sabía que si él realmente no hubiese querido no podría llevarle pero a pesar de sus quejas Alistair se dejaba guiar como un corderito.

¡No! Debería ser varonil y heroico – siguió diciendo.

Tú, mi querido Alistair eres muy varonil, pero eres mi heroico y dulce Gray Warden – le coqueteó Elissa, deteniéndose frente a la puerta de la armería. – Muchas gracias. –

N… no… es por nada… - dijo Alistair aún un poco sonrojado – y agradéceme después de que haga algo, no ahora – protestó.

Ella le besó en la mejilla… y Alistair se quedó tieso…

Lo que cuenta es la intención. – dijo antes de abrir la puerta de la armería. Dentro, dos guardias jugaban a las cartas. Al verla los hombres saltaron de sus puestos.

¡My lady! – dijo uno - …nosotros estábamos. –

Descanse soldado. Hagan como que no me han visto. – dijo tomando del brazo a Alistair que para estas alturas estaba rojo como una fresa.

Los hombres se miraron confundidos, pero se sentaron y retomaron su juego. Elissa condujo a Alistair hasta los maniquíes que exhibían un par de armaduras.

¿Te servirían? – le preguntó.

Eh… ah, sí – dijo mirándolas de cerca – estarán bien, ¿pero puedo quedarme mi escudo y espada? – se sentiría mal sin ellos.

Tienen el símbolo de los Grey Wardens, te delataría. Debes llevar el emblema de mi familia, o mi padre te descubrirá. – contestó la muchacha encogiéndose de hombros.

Desmontó la armadura que Alistair señaló y le enseñó donde guardaban las armas. Seguidamente salieron fuera, escabulléndose hasta su propio cuarto. Debía ser cuidadosa, o su hermano la escucharía.

Alistair la siguió pero cuando se adentraron en palacio se puso más nervioso.

Espera un minuto... – miró alrededor – por favor dime que este no es tu cuarto – casi que suplicó.

Elissa sonrió.

¿Lo siento? – dijo haciéndole un gesto para que entrara – Aunque si prefieres cambiarte en el pasillo yo no me opongo. –

Oh, Maker – maldijo – terminemos esto rápido – protestó metiéndose dentro lo más rápido que pudo.

Elissa cerró la puerta tras Alistair y dejó la armadura sobre la cama antes de correr a su armario. Lo abrió y sacó un vestido largo, de abundante escote y vuelos bajos que le cubría los brazos. Lo descolgó y lo cruzó sobre el brazo. Apresurándose a meterse tras el vestidor, dándole a Alistair privacidad para cambiarse.

Él ni notó que la chica también estaba cambiándose de ropa y cuando terminó de ponerse su armadura se miró con incomodidad.

Lo sabía, este color me hace ver gordo – dijo medio en broma.

Jajaja – le escuchó reírse tras el vestidor. – Seguro que luces divino. – dijo ella antes de salir.

El escote color mamoncillo le sobresaltaba el pecho mientras el corsé blanco le ajustaba deliciosamente la cintura. Elissa estaba agradecida de que el aro no fuese tan amplio. Recogiéndose un poco el cabello avanzó hacia Alistair, quien la miraba embobado.

¿Te importa? – dijo mostrándole la espalda, donde había un botón que no podía alcanzar.

C… claro – "Oh Maker no ¡¿Por qué esta chica me hace esto?! ¿Es divertido? ¿Disfruta atormentándome?" – ya está – dijo apresurándose a poner el botón.

Gracias – Elissa se dio la vuelta acomodando los vuelos de su vestido. - ¿Es mucho? – preguntó antes de sentarse frente al espejo y comenzar a cepillarse el cabello.

¿Mucho qué? – el diría que era poco ¡Sí, ese vestido mostraba demasiado! Si ella fuese suya nunca le dejaría poner… "¿¡Oh por Andraste en que estoy pensando!?"

Elissa se recogió el cabello sobre la nuca, colocando bajo la espesa cebolla la peineta con los laureles de su familia y las perlas. No colocó otra prenda sobre su cuello o las muñecas. El cabello le quedaba un poco descuidado, pero le gustaban los mechones que caían a ambos lados de su rostro. Le sonrió a Alistair a través del espejo.

Sabía que el uniforme te quedaría genial –

Como a un bufón – dijo él asegurándose de mirar a cualquier parte menos al vestido revelador de la chica.

Ella se rió, levantándose para ir a buscar un par de zapatillas cuando llamaron a la puerta.

Lady Cousland – llamó la voz de una criada.

¿Qué pasa Zhiely? – preguntó Elissa reconociendo a la elfa.

Su padre ha enviado por usted al gran salón. –

Enseguida voy. – dijo la muchacha. Escuchando los pasos de la criada al alejarse.

Alistair que se había puesto un poco pálido suspiró.

Sabía que esto sería una mala idea –

No pasa nada. Ahora tienes una oportunidad de conocer a mi padre. ¿Nos vamos? – dijo regalándole otra sonrisa mientras le ofrecía el casco.

Con un suspiro lo tomó, siguiendo a la chica, rezando porque si alguno de sus compañeros guardas estaba abajo no lo reconociera… o al menos no lo delatara.

Elissa le condujo hacia el gran salón, deteniéndose sobre una de las puertas de madera del costado. Respiró profundo, armándose del valor que había fingido tener frente a Alistair. Pero estaba insegura de cómo actuar frente a Howe. Debía usar todos los conocimientos de cortesía que Oriana le había enseñado y procurar no delatar sus malas intenciones de ninguna forma.

Miró a Alistair por encima del hombro, rezando porque su plan funcionara. Entonces, abrió la puerta. Inmediatamente escuchó la voz de su padre.

Allí estás mi pequeña – dijo la amable voz de Teyrn Bryce. – Has tomado tu tiempo. –

Lo siento mucho padre – le sonrió Elissa al entrar al cuarto.

En el interior estaba su hermano. Aedan alzó una ceja al verla con aquel vestido tan descarado, sin embargo, asumió que aquello era una de las órdenes de su madre. Elissa le había comentado sus temores sobre Howe, pero él dudaba de sus sospechas. Sencillamente no sabía que se le había metido en el cuerpo a la muchacha. Pero lo que más llamó su atención no fue el escote de su hermana, sino el hombre que caminaba tras ella.

No lo conocía.

"¿Qué planeas Eli?" pensó, pero cruzó los brazos a su espalda y no dijo nada.

Confío en que recuerdas a mi querido amigo, Arl Howe – dijo presentándole al hombre flaco y narizón que nada le costó a la chica identificar.

Howe le dedicó una mirada lasciva que la llenó de asco. Pero se forzó a sonreír. Agarró los bordes de su vestido e hizo una profunda reverencia.

Por supuesto padre. Un placer volverlo a ver Arl Howe. Estoy satisfecha de ver que los años han sido nobles con usted. ¿Cómo se encuentra nuestro querido Nathaniel? –

Tan sano y fuerte como tu hermano mi niña. – dijo Howe con una dulzura que le erizó los cabellos. – Aunque no es tan diestro con la espada como él, seguro que haría un gran esposo para tí. – dijo el Arl tomándole la mano, besándole el envés… permaneciendo unido a ella más tiempo del acostumbrado por el protocolo.

Me alaga. – dijo Elissa con las mejores maneras que pudo utilizar antes de enderezarse, apartando la mano y limpiándosela disimuladamente en las faldas. – Pero me reservo el derecho de escoger a mi prometido. –

Tendríamos que pelear menos ¿no lo cree así padre? – bromeó Aedan.

Alistair quedó detrás de la chica, imitando todo lo que pudo a un disciplinado guardia… pero ese tipo sin duda le pareció un baboso "… ¿y quién rayos es "Nataniel"?"

Sin dudas pup. – rió Bryce por lo bajo. – También he de introducirte a mis otros invitados, querida. – con un gesto del brazo los Gray Wardesn se acercaron. Entonces, y por primera vez Elissa identifico al segundo Warden que vino con Duncan.

Stroud – murmuró Elissa tan bajo que solo Alistair pudo haberla escuchado.

Estos señores son Gray Wardens amor. Están aquí para reclutar y regresarán conmigo y Howe a Ostagar mañana en la mañana. –

Elissa hizo una pronunciada reverencia, por mucho más respetuosa que la de Howe.

Es un honor, mis señores. – dijo con sinceridad. – Pero padre, ¿no ibais a marcharos en la noche con Fergus? – continuó Elissa fingiendo ignorancia mientras miraba de reojo a Alistair y a su hermano. Como si reforzase su punto. Los guardas le devolvieron la reverencia pero no interrumpieron su conversación.

Me temo que esa es mi culpa, my lady. Mis hombres se han retrasado en los bosques. Esperamos su arribo en la noche. –

Alistair contuvo el aliento, no solo por las caras de sus compañeros guardas, que claramente se preguntaba que hacía, si no por lo precisa de la información de la chica… y ¿de dónde conocía a Straud?…

Elissa sonrió.

No se culpe, Arl Howe, muchas veces hay temas que escapan a nuestro poder. Me interesan más los nombres de nuestros invitados. – dijo dirigiéndose a los dos Wardens que ya conocía. – Soy Elissa Cousland. –

Perdone nuestras pobres maneras – dijo Duncan inclinando la cabeza – Mi compañero es Straud, un guarda de Orlay. Yo soy Duncan… y el tercero de los nuestros es Alistair – dijo mirando al chico que por un momento sudó frío – pero parece que el chico estaba más interesado en las cocinas que en estas reuniones. Os ruego lo disculpen. –

Ella inclinó el rostro, agradecida con su discreción.

Ustedes también lo estaréis luego de probar la comida de nuestra Nan. Mientras tanto, seguro que agradecerían una cama cálida y un buen baño. ¿No lo cree así padre? –

Justo estaba a punto de pedirle a tu hermano que les mostrase el camino. –

Claro padre. – aceptó Aedan.

Ahora que estás aquí, deberías ir a despedirte de Fergus. Seguro que se alegrará de verte antes de marchar. –

Claro padre. Iré a verle. Pero pensé que tal vez Arl Howe desease descansar también. – usó un tono tan zalamero que tanto su hermano como su padre alzaron una ceja en un gesto idéntico.

Howe tiene asuntos que discutir conmigo querida. Me temo que nos tomará todo el día. Así que te sugeriría que descansaras. También deberías ir a ver a tu madre. Hay un par de invitados que le gustará que veas. –

Seguro padre. Lamento mi impertinencia. –

Alistair también quedó con la boca abierta "… ella acaba de… ¿Seducir a ese baboso?" pensó.

Elissa hizo una última reverencia y abandonó el salón, pero antes de salir, Alistar hubiera jurado que la escuchó soltar un bufido de disgusto.

Si son tan amables – dijo Aedan a los Gray Wardens en el salón, dispuesto a mostrarles los aposentos destinados a ellos.

Una vez más los sujetos asintieron, pero no volvieron a mirar a Alistair. Finalmente, dentro del salón solo quedaron Alistair, Arl Howe y Teyrn Cousland. Bryce le ofreció a Howe una copa de vino que el hombre aceptó. Pero cuando el Teyrn se volteó Alistar vio la envidia en los ojos de Howe.

Elissa regresó a sus aposentos, indignada de su propia ocurrencia y su desesperación. Había intentado sacar a Arl Howe del salón, pero no había pensado como deshacerse de él después. Tal vez le hubiese matado, pero entonces la condenarían a ella por traición. La joven Cousland suspiró, zafándose el corsé y sacándose el vestido por la cabeza. Se dio un rápido baño con agua fría. El último que tendría en un tiempo. Y se puso otra armadura ligera. Acomodó sus dagas a la cadera y el arco a su espalda y dejó el cuarto, para ir a unirse a Fergus y a Oriana en el cuarto de al lado.

Confiaba en Alistair. Si alguien podía salvar a su padre, ese era Alistair.

Suspiró, esperando no estar equivocada y terminar perdiendo a Alistair también. Sin embargo, le inquietaba la presencia de Straud en Ferelden.

No tenía tiempo para analizarlo.

Cruzó el pasillo y tocó la puerta de la alcoba de Fergus.

Soy yo. – dijo y casi al momento Oriana le abrió la puerta.

Allí estás. Estaba muy preocupada por ti. – dijo su cuñada abrazándola.

Estoy bien Ori, solo un poco azorada. –

Saliste corriendo sin más. ¿Cómo no iba a preocuparme? ¿Viste a tu padre? ¿Y los Gray Wardens? –

Están en el salón con Arl Howe. Aparentemente las tropas de Howe se retrasaron en el bosque y no llegarán hasta mañana. – miró a Fergus que las escuchaba desde dentro. – Creo que tendrás que partir primero hermano. –

Al menos Fergus estaría a salvo de la horda y de Howe.

Es inevitable. – contestó este con sarcasmo.

Desearía que no te tuvieses que ir. – murmuró Oriana, procurando que Oren no le escuchara.

Padre – dijo el niño – Cuando vuelvas ¿me puedes traer una espada? –

Tranquilo Oren, traeré todas las espadas que quieras. Una por cada darkspawn que derrote. –

No seas absurdo Fergus. – le regañó Oriana dejando que Elissa entrase a la habitación.

Pero madre – dijo Oren – yo necesito una espada para pelear y defenderlos. La tomaré, les pegaré y diré "Toma esto asqueroso ¡O darkspawn siente la furia de mi ira!"

Elissa rió, no recordaba aquel diálogo en el juego, pero en voz de Oren quedaba muy simpático.

No te desesperes Oren, verás una espada muy pronto. Te lo prometo. –

La muchacha palideció al escuchar aquel diálogo y apretó los puños.

No si yo puedo evitarlo. Fergus esta es tú influencia, a veces tu familia realmente me hace sufrir. –

¿Y yo que hice? – dijo el hombre burlón.

El perro ladró emocionado, moviendo la cola. Él estaba de acuerdo en que Ferguz tenía culpa, entonces miró a Elissa… ella también la tenía. Elissa se sobresaltó al verlo. No había notado su llegada, y si él estaba allí significaba que…

Veo que ya te transmitieron el mensaje de padre. – dijo Aedan un poco fastidiado.

Lo siento. ¿Ya dejaste a los Gray Wardens en sus aposentos? – dijo Elissa.

Hice eso, fui a las cocinas a sacar a Bryce y después fui a ver a madre. Cosa que tú no hiciste. – le criticó a Elissa, pero en su tono ella no notó hostilidad alguna.

No te molestes. Seguro que conseguiste algún buen partido para la noche.-

Aedan sonrió, un poco sonrojado ante el susurro de su hermana.

Algún día averiguaré como lo haces. – le sonrió de vuelta.

Intuición femenina. –

Supongo que esa no será tu respuesta cuando pregunte por tu guardia misterioso. –

Elissa le sonrió feliz, y a la vez confundida. Claro que Aedan lo notaría, conocía la cara de todos los guardias de palacio. Estaba dispuesta a contestar con algo ingenioso, pero Oren se le adelanto.

No es un guardia tío. Es un Gray Warden. Alistair. ¡Es un héroe y me va a enseñar a pelar! –

Elissa deseó entonces que se la tragara la tierra.

Alistair ¿El Gray Warden que Duncan dijo que estaba en las cocinas? – Aedan miró a Elissa confundido. - ¿Qué significa eso? –

Una contramedida. – se justificó ella.

Eli… -

Tienes que admitir que pasó lo que te advertí. –

Cómo te dije, son cosas tuyas. – Aedan parecía atormentado, asustado e incrédulo. Sin embargo, la máscara con que ocultaba sus expresiones era inexpresiva.

Lo sabremos esta noche. –

Oigan, oigan – les interrumpió Fergus – ¡Están aquí para despedirse, llorar, y decirme cuanto me aman y me van a extrañar! No para pelearse. –

Elissa y Aedan intercambiaron miradas confusas antes de asentir.

Lo siento hermano. Ten un buen viaje. – dijo ella abrazándolo.

No dejes que te maten – aceptó Aedan.

Que halagador – dijo Fergus en los brazos de su hermana – Vamos, puedes hacerlo mejor "Pup"- se burló Fergus y el perro movió la cola mirando a su amo.

Aedan se sonrojó ligeramente, aclarándose la garganta.

No vas a dejarlo pasar ¿verdad? – dijo Aedan un poco avergonzado.

Nop – se burló Fergus y Aedan miró a Elissa mientras se apartaba, como si quisiera su ayuda.

Ella cruzó los brazos sobre el pecho y le sonrió. Aedan suspiró, entendiendo que no tenía escapatoria.

Avanzó hacia Fergus y le dio un fuerte abrazo.

Te echaré de menos – le dijo besándole en la mejilla.

Ves, no fue tan difícil – se rio Fergus, devolviéndole el abrazo – cuídate, y confía un poco en mí ¿Sí? Que no soy tu hermano mayor solo para compartir tus victorias –

Lo sé – se rió Aedan, separándose para encontrar a Elissa cubierta de lágrimas. – Oye, oye ¿Qué pasa? –

Ella jadeó, pero no quiso decirlo delante de Oren y Oriana. Aquella podía ser la última vez que estaban todos juntos.

Vamos querida seca esas lágrimas – dijo la voz de su madre mientras Eleanor entraba a la habitación. – Las mujeres no deben llorar a sus hombres cuando va a la guerra. –

Elissa se limpió el rostro con la armadura y asintió.

Tu madre habla con la verdad querida. Las lágrimas pueden ser muestra de amor, pero traen mala fortuna. – dijo Bryce entrando tras su esposa. Pasó junto a sus hijos menores y abrazó a Fergus. – Te deseo buena fortuna hijo mío. Que Andraste te guíe. –

Que Andraste te guie – repitió su madre acercándose para besarlo en la frente.

Elissa les observó despedirse, abrasarse y tomarse de las manos. Vio a Oriana resistir las lágrimas y sonreír como ella ya no podía. Estuvo allí hasta que Fergus se marchó y Oriana regresó con Oren a su habitación. Bajó con su padre y hermanos a las puertas principales del castillo, donde junto a Arl Howe, Alistair, el resto de los Wardens y los Cousland le vieron partir junto a sus soldados y hombres más leales.

Elissa intercambió una mirada llena de lágrimas con Alistair antes de subir tras su familia. Su padre se fue con Howe al gran salón y Elissa suspiró al ver a Alistair seguirles los pasos. Sin embargo Aedan se dirigió a la biblioteca, de donde sabía que saldría acompañado. Elissa se excusó de la cena, diciendo que estaba agotada.

Entonces aguardó, aguardó a que todos se acostaran. Incluso escuchó llegar a Aedan con su nuevo compañero de cama. Pero cuando las puertas se cerraron, ella tomó su espada y su daga. Su arco y sus flechas, y salió al corredor que conducía a las habitaciones. Para llegar a su familia, tendrían que pasar por ella primero. Y si aguantaba, Aedan sin duda despertaría y vendría en su ayuda. Quedó de pie. Aguardando. Cerró los ojos y rezó.

Maker, si de veras existes en este mundo, dame la fuerza para cambiar la historia. – murmuró.