NA: Holaaaa. Perdón por la demora. El trabajo no me deja respirar. Espero que les guste este capítulo que es un poco largo. Aquí empieza la acción... y la intriga. Disfrútenlo y espero buestros comentarios, jiji.

PD: Si tienen alguna duda o sujerencia estoy dispuesta a escuchar.


06 Revelaciones

Sobre las montañas aún podía verse claramente la humareda que provenía de Highever. Por más que viajaron hacia el sur les costó más de seis horas dejar de ver la inmensa columna de humo. Aunque Bryce caminaba con dificultad y aparentaba lamentar la pérdida de la herencia de su familia, si dijo que prefería verla arder antes que caer en manos del traidor de Arl Howe. Sin embargo fue difícil para sus hijos sacarle alguna que otra palabra. Elissa estaba atenta de su temperatura y sus signos vitales, pero no dio fiebre y de a poco parecía ir recuperando el color. El disgusto del Tyrn parecía más enfocado en su hijo que en ella. Aunque la chica se atribuía gran parte de la culpa.

La noche antes del ataque le advirtió a Aedan lo que caería sobre ellos. Sin embargo él no quiso escucharla. De no ser por la repentina aparición de Alistair y el otro Grey Warden ella no hubiese visto una posibilidad real de salvar a su familia.

Luchó.

Hizo una locura… y sobrevivió.

Pero perdió a Oriana.

Sin embargo había conseguido probarse a sí misma que podía cambiar la historia de maneras que no podría en el juego. Y más aún, tenía que dejar de pensar en aquello como un juego.

Al caer la noche Duncan dio la orden de acampar. Estaban en un terreno llano con poca vegetación. Para su sorpresa había suficiente en las mochilas como para montar un pequeño campamento. Elissa quería bañarse y lavarse, pero entendía que no era el momento.

Montaron las lonas y acomodó a su padre dentro de la tienda. El pobre estaba tan agotado que apenas tocó el saco calló dormido. Entonces Elissa lamentó haber dejado atrás los caballos. Pensó en el pura sangre de Aedan y en su corcel castaño y suspiró llena de tristeza.

Pensó entonces en Oriana.

Intentando espantar esos pensamientos abandonó la tienda y al salir, vio encendida una gran fogata. Para su tranquilidad el mabari se mantuvo junto a su padre.

Hey – dijo la voz de Aedan detrás de ella - ¿Cómo estás? – su hermano también estaba agotado y aunque apenas tenía algunas magulladuras se veía notablemente incómodo.

Bien – le sonrió la muchacha acercándose a la fogata. – Mejor sabiendo que padre está a salvo. – en su voz estaba claro el alivio. Miró por encima del fuego hacia los alrededores del campamento. - ¿Los Grey Wardens te han dicho algo? –

No – dijo Aedan sentándose a su lado. Entonces miró a su hermana – lo siento Eli. Todo es mi culpa. Debí haberte escuchado cuando me advertirte sobre Arl Howe. –

Ella le miró con dulzura y aunque su desfigurado rostro le dio por sonrisa una fea mueca sus ojos supieron expresar sus sentimientos.

Sé que parecía disparatado. No había razón para que me creyeras. Pero al final todo salió bien. – ella apoyó su cabeza en el hombro de su hermano. – Estamos vivos. –

"No todos" pensó Aedan, su cuñada no lo había conseguido y fue por su descuido y arrogancia. De no ser por su hermana y aquel Grey Warden "Alistair" su sobrino y su padre también hubiesen muerto.

Sí, tienes razón – dijo a la chica sin deseos de agobiarla. Ella no tenía la culpa… pero – aun no entiendo como lo sabías –

Elisa miró a las llamas, observando los gruesos troncos de madera ser consumidos hasta las cenizas y pensó en lo que había por venir. Suspiró, convencida de que aquella sería la primera de muchas preguntas. Pero en su egoísmo, había decidido obtener en este mundo la familia que nunca tuvo. Y aunque ahora su rostro fuese tan feo como al principio, ella era Elissa Cousland.

Tuve una visión. – susurró. – Vi a Howe atravesando el estómago de nuestro padre. El cuerpo de Oriana y Oren yaciendo en el suelo de su habitación. A ti y a madre encontrando el cuerpo casi desangrado de padre en las bodegas y a los Grey Wardens salvándote solo a ti. – hizo una pausa larga – Vi un futuro donde eras el último de los Cousland. –

Aedan frunció el ceño…

¿Una visión? Elissa nunca había tenido esa clase de sueños, ni él tenía una fe tan ciega en la capilla para creer que era una señal de Andraste. Era más, ni los mismos miembros de la capillla aceptaban esa clase de declaraciones. Los que se atrevían a proclamarse videntes o profetas eran acusados de herejes.

Temió que pudiese tratarse de alguna secuela del golpe. O peor, Elissa podría estar despertando como bruja…

Sin embargo, algo no podía negar.

Visión, sueño o brujería los había salvado a todos.

Además, Elissa era su amada hermana. Hechicera o no, no dejaría que nadie la apartara de su lado. Ni siquiera el sagrado Círculo de los magos.

Ya veo – dijo cubriéndole los hombros con su mano y abrazándola – Gracias Eli, por decirme. –

Ella asintió, algo más calmada. Sin embargo...

Hay más. – le susurró.

¿Más?

Aedan rompió el abrazo para mirarla, esperando que continuase. Tenía un mal presentimiento sobre lo que ella tendría que decir.

¿Qué tan bien conoces al Rey Cailan? – preguntó Elissa con una sombra sospechosa en sus ojos.

Había decisiones que deberían tomarse, pero Aedan era el centro de este mundo y ella no era tan tonta como para creerse que podría con todo ella sola. La pregunta era si Aedan estaría dispuesto a tomar esas decisiones.


Alistair escuchaba a Duncan y Stroud discutir sobre sus planes para el futuro, pero su mente seguía fija en la hija de los Cousland. Había tenido que explicarle a Duncan lo que estaba haciendo esa noche con el Teyrn y porque estaba fingiendo ser un guardia del palacio. Tuvo que contarle de Elissa y sus sospechas. Nunca supo que pruebas tenía la chica pero eso ya no le importaba.

Sentía una profunda pena por lo que le había ocurrido.

Era una mujer tan hermosa… y ahora su cara estaba todo desfigurado. Sentía que en parte era su culpa. Ellos hicieron un trato, pero si se hubiese quedado para cuidarla nada le hubiese pasado.

Tal vez ya nunca pudiese casarse…

"No. Elissa parece una chica simpática, dulce. Es valiente y decidida. Cualquiera se sentiría atraído por…"

"¡Qué rayos estoy pensando de nuevo!"

Entonces sus divagaciones fueron interrumpidas.

Wardens – dijo Aedan al acercarse a ellos con su hermana a su lado – hay un asunto urgente que queremos discutir con ustedes –

A su espalda se escudaba la figura de la muchacha, quien les miraba a todos con un aura extraña. Duncan y Stroud se aproximaron. Stroud parecía genuinamente preocupado por los jóvenes.

¿Cómo se encuentra vuestro padre? – preguntó al llegar junto a ellos.

Su estado es bueno, ahora duerme – Aedan estaba más consternado por su sobrino Oren. El chico, donde sea que se encontrase, acababa de perder a su madre y estaría emocionalmente devastado. Temía que hiciese alguna tontería en una rabieta.

Alistair también se había arrimado a ellos. Si ella tenía algo que decir, tal vez fuese alguna cosa importante. Elissa se paró junto a su hermano y observó a los tres hombres. Su mirada quedó fija en el más joven de los Grey Wardens por unos instantes antes de volver a su hermano y apretarle de la mano, en busca de seguridad.

Tengo algo que confesar. – dijo.

Aedan la apretó fuerte para que supiera que estaba allí y la defendería. Aunque él dudaba que para esas alturas Alistair no le hubiese contado a los otros guardas sobre Elissa.

Mi conocimiento sobre el ataque de Arl Howe hacia mi familia no se debió a mis habilidades en "el juego". No tengo espías ni fuentes fuera o dentro de Ferelden. Tenía ese conocimiento porque… - dudó. Elissa respiró profundo, tal vez Stroud se tragase aquella historia… pero Duncan, Duncan le preocupaba. – Últimamente he tenido… "visiones" – concluyó.

¿Visiones? ¿Cómo que visiones? ¿Q clase de visiones? – preguntó Alistair un poco confundido. Si la chica tuviese alguna clase conexión con el velo él lo hubiese sabido. Después de todo tenía entrenamiento de templario.

Elissa le observó por unos instantes. Entonces inclinó la cabeza hacia un lado y volvió a hablar. Esta vez, mirando a su hermano.

Hace unos meses me caí del caballo. Estuve inconsciente mucho tiempo y cuando desperté estaba muy confundida. Ese tiempo que estuve ausente tuve un sueño, un sueño donde mi familia era masacrada por un hombre en quien confiábamos. – hizo una pausa y miró a Duncan – En mi sueño, os vi llegar al palacio de mi padre el mismo día que el traidor. Por eso, cuando os vi en la puerta supe que ocurriría hoy. – entonces miró a Alistair – Por eso te conozco. – luego miró a los otros dos. – Los conozco a todos ustedes. –

Aedan esperó. Había más de esa historia, pero no se alejó de su hermana. Vigilaba a los otros, esperando alguna reacción. Duncan le observaba impasible, Stroud por otro lado parecía compartir un poco más la incertidumbre de Alistair.

Elissa se enderezó.

Pero no fue lo único que vi. – dijo sin apartar la vista de Duncan. Soltó la mano de Aedan y se acercó a los tres hombres. – En la noche del día que arribemos a Ostagar, cuando ataque la horda, los Grey Wardens de Ferelden morirán. –

¡¿Qué?! – gritó Alistair, y Aedan creyó que si seguía abriendo la boca de esa forma su barbilla se rompería contra el suelo.

Duncan frunció el ceño.

Sea más clara, my lady – pidió.

Usted tiene razón Duncan. Es un Blight, pero el Archdemon no estará dirigiendo a los Darkspawn en esta ocasión. La horda será arrasadora, acabarán con todo a su paso. El plan de batalla fracasará porque no llegarán los refuerzos. El rey Caidan perecerá en el frente de batalla y usted Duncan… le seguirá. –

Para cuando ella terminó Alistair estaba pálido y Duncan, aunque parecía escéptico se acariciaba la barba. Stroud comenzó a caminar de un lado hacia otro, indeciso.

Esta "visión" que tuvo – dijo finalmente Duncan – ¿qué seguridad tiene de que se cumpla? –

Estamos seguros de que pasará – dijo Aedan con firmeza – Lo que ocurrió en palacio, sin sus advertencias se hubiese cumplido en su totalidad.

Pero no pasó – insistió Duncan.

Porque estábamos preparados, tuvimos ayuda y tomamos acción – dijo Aedan una vez más con seguridad y calma.

Además del apoyo de Alistair – intervino Stroud - ¿qué ayuda tuvieron? ¿Hace cuanto se estaban preparando para este altercado? Y si estaban preparados ¿por qué lady Cousland salió lastimada? – el tono del hombre era severo. – Sin mencionar que perdieron a un familiar ¿correcto? –

Eso, es mi responsabilidad – dijo Aedan con claro pesar – porque no quise creer en sus advertencias – dijo mirando a su hermana – fue mi arrogancia la que nos costó la vida de Oriana y las cicatrices de Elissa – entonces les miró de nuevo, con quemante decisión – no cometeré el mismo error.

La mirada de Stroud se suavizó. Y mientras Elissa tomaba entre sus manos las de su hermano y le besaba en la mejilla con dulzura, él buscó con la mirada a Duncan.

¿Qué crees? – preguntó.

Es… controvertido – dijo Duncan intentando buscar una palabra suave – pero si hay una posibilidad remota y una forma de evitarlo no hará daño tomar medidas.

E…entonces – dijo Alistair un poco nervioso – tenemos que decirle al rey. Necesitamos más detalles – dijo mirando a Elissa.

Ella entrecerró los ojos. Parecía indecisa, pero finalmente asintió.

Como ya dije, la horda está más allá de lo que esperan. Nuestras fuerzas no están a la altura, ni con los Grey Wardens. El rey no se toma en serio la horda, pero él y sus hombres elaborarán un buen plan. Seremos traicionados y los refuerzos no llegarán. Los hombres del campo de batalla pelearán hasta morir o desertar. Caidan será atacado por un ogro. Aunque Duncan estará con él no le verán venir. Cuando se den cuenta será muy tarde y Caidan morirá en sus garras. Usted le vengará, pero las heridas que recibirá serán letales. – dijo casi sin hacer pausas.

Alistair se puso un poco pálido al escuchar aquello y Aedan se acariciaba la barbilla, pensando.

La batalla en Ostagar no estaba perdida… de no ser por…

¿Traicionados? ¿Por quién? – miró a su hermana, buscando una respuesta.

Elisa conocía la respuesta a aquella pregunta. Con solo decirlo podrían evitarse un centenar de muertes. Ahora tenía ese poder en sus manos. Pero responder también podría poner fin a la historia del juego. Sin mencionar que nadie le creería. Ni Cailan, ni Duncan, ni Stroud. Tal vez Aedan escuchara, pero era difícil aceptar que un hombre de la misma categoría que su padre fuese capaz de un acto tan atroz. Además, con un pequeño rumor podía incitar al traidor a actuar antes de tiempo…

La muchacha respiró hondo. Cerró los ojos y suspiró.

No lo puedo decir. – dijo apretando los puños.

Aedan frunció el ceño.

¿Qué? ¿Por qué? – dijo Alistair confundido.

Es un hombre poderoso que tiene muchos recursos. Él aceptó la petición de Arl Howe para tomar nuestro hogar y masacrar a nuestra familia. – observó entonces a los Grey Wardens – Desconfía del valor y las habilidades de los Wardens para terminar el Blight y no cree que este sea real. Rechaza la ayuda extranjera para ayudar a Thedas en la lucha y con sus exigencias ha obligado a Cailan a esta batalla suicida. – Elissa alzó el rostro. – Más que eso querido hermano, no os puedo decir. –

Con los datos que había revelado, ella confiaba en las capacidades de Aedan de identificar al traidor. Pero también rezaba porque no tomase acción inmediata.

Stroud se acarició el bigote, analizando todas y cada una de las palabras de la muchacha. Intercambió una mirada con Duncan antes de volverse a dirigir a ella.

Hay muchos hombres poderosos que pueden entrar en tu descripción, my lady. Os pido perdón si os parezco escéptico, pero no puedo tomaros la palabra con tan poco. Necesitamos un nombre. –

Con todo respeto – dijo Aedan y su voz parecía escéptica – tratar este asunto con el rey a puertas cerradas podría levantar sospechas. Hacerlo al aire libre podría delatarnos delante del traidor y cualquier sospecha adelantaría sus planes – los miró uno por uno – si fuese yo, y sintiese mi nombre comprometido contrataría a un asesino y lloraría como buen samaritano –

Aedan empezaba a dudar de la capacidad deductiva de esos tres, él tenía sus dudas, pero actualmente había al menos dos personas en su mente… y una de ellas estaba en el campamento con el rey.

Este no es el momento de discutir. – intervino Elissa. – Es un hecho que el Blight caerá sobre nosotros. Puede que el dragón no aparezca en el campo de batalla, pero los ogros y los chamanes que lo harán. Cailan es un gran guerrero pero no puede con los darkspawn. – encaró a Duncan con gesto disgustado. – Si no quiere perder al rey, que es nuestro único verdadero aliado, les sugiero que comiencen a elaborar un plan. –

La muchacha fulminó con la mirada a los tres Grey Wardens que le observaban antes de emprender la retirada a las afueras de su tienda. Le molestaba la inactividad de Duncan, un hombre que en el juego siempre fue capaz de tomar decisiones rápidas y generalmente correctas.

Alistair le vio irse, pero estaba rompiéndose la cabeza buscando a un responsable y aunque solo podía pensar en el Teyrn Loghain era tan absurdo que quería reírse. Los magos del círculo no estaban tan locos para planear una conspiración contra el rey ni eran tan poderosos o influyentes como para estarle susurrando al monarca al oido… ¿O sí?

Esto es lo que haremos – dijo finalmente Duncan.


Aedan buscó a Elissa un tiempo después, el disgusto brillaba en su rostro casi con la misma intensidad que el entendimiento. Junto a la fogata la muchacha contemplaba el entorno, quieta como una estatua. Observaba las llamas alzarse y desaparecer en el aire. Sintió a su hermano llegar a su lado y le observó llena de preocupación.

¿Llegaron a un acuerdo? – en su voz había un tono de súplica.

A uno malo – Aedan tomo asiento a su lado – Quiero que comprendas que no estamos culpándote.–

Pero – dijo Elissa analizando el rostro de su hermano.

Desconfían. Han acordado destinar un grupo de guardas grises para proteger al rey. También se le informará de la conspiración– suspiró – Duncan estaba en contra de decirle, es algo que debemos agradecer al tal Alistair. –

Elissa rodó los ojos.

Por supuesto. – murmuró en voz baja.

Claro que el bueno de Alistair querría advertirle a Cailan. Sin embargo una escuadra de Grey Wardens no salvaría la vida del rey cuando no fueron capaces de salvar la suya propia.

¿Y qué más? – preguntó Elissa.

¿A parte de que la vida del rey será su prioridad y la guardia del rey deberá permanecer con él en todo momento? …nada – ante el gesto de disgusto de su hermana Aedan siguió – Lo mejor sería el regreso del rey a la capital pero Duncan considera que es imposible. Cailan nunca dejaría sus tropas y menos renunciaría a la gloria. Como yo lo veo es hombre muerto –

Eso parece. – suspiró la muchacha.

Lamentablemente la pérdida de Caidan era un daño menor. Entraba dentro de las cosas que iban a pasar en el juego quisiera ella o no. Por un segundo tuvo la esperanza de poder cambiar cada detalle, pues aquel era un mundo diferente. Lamentaba no poder ayudar más, sin embargo la idea de que aquello podía ser lo mejor le cruzó por la mente.

Elissa frunció el entrecejo.

Dime quién es – pidió Aedan.

La muchacha observó el rostro contrariado de Aedan y apretó los labios.

No puedo. – contestó. – He dicho más de lo que debería. –

Eli no entiendes – dijo volteándose hacia ella y tomándole las manos, mirándola con convicción y seguridad – dame un nombre, yo le mataré. Antes de que nos traicione. –

Tú eres el que no entiende. – respondió la muchacha sin soltarse de sus manos. – Lo lamento. No puedo. –

Aedan le interrumpió.

¿Por qué no? ¿Por qué te niegas a darme información vital que podría evitarle una desgracia al reino? ¡Podríamos salvar cientos de vidas Eli! Justo como salvaste a nuestra familia hoy. –

Sí – se paró la muchacha, buscando alejarse de aquellas manos que le quemaban más que las llamas. – Al costo de sacrificar la tuya. –

¿No fue para eso que me pediste que me uniera a la orden? – El comentario de Aedan, planteado tan dulcemente, le dio una punzada de dolor a la muchacha en el pecho. Sin embargo, no se echó para atrás.

Para eso hay una salida Ae. ¡Nunca te pediría algo para lo que no hubiese salida! –

Pero el golpe final… –

¡Podemos resolverlo! – ante el grito de la muchacha Aedan se quedó en silencio. Las miradas de ambos hermanos se conectaron. Intensas y dolorosas para ellos mismos.

Finalmente, la culpabilidad de las cicatrices en el rostro de su hermana hizo que Aedan desviase la mirada. Elissa esperó, pero al no recibir palabra del hombre se sentó suavemente a su lado.

Las llamas danzaron en el aire, atrayendo su mirada nuevamente. Un suspiro escapó de sus labios, pues sabía que el joven Cousland tenía todo el derecho a estar enojado… frustrado.

Si le matas sin haber cometido un crimen te acusarán de traidor. Te colgarán. – inspiró hondo. – No les va a importar que seas un Cousland o que portes el escudo de los Grey… te tratarán como a un traidor cualquiera. Tanta así es su influencia. –

El ceño de su hermano se volvió oscuro, pero él no dejó ir sus manos.

Está bien – aceptó, aunque se negaba a quedarse mirando – pero no dejaré morir al rey. Tengo que hacer algo –

La muchacha le miró con tristeza. Observó nuevamente las brasas y el fugo ascendente hasta la fina columna de humo.

Tú no estarás ahí para impedirlo. – murmuró.

Aedan entrecerró los ojos, mirando fijamente a su hermana.

Tú tampoco me quieres ahí – observó. Estaba cada vez más claro para él quela muchacha conocía detalladamente el proceder de los días venideros. Sin embargo, no estaba tan seguro de que planeaba hacer ella al respecto. Y como esperaba, Elissa no contestó la indirecta, sino que le dio una respuesta diferente.

Mañana cambiaré la ruta e iré con padre hacia Lothering, donde madre y Oren deben estar esperando por nosotros. – dijo Elissa con tranquilidad.

No es momento para que salgas corriendo – protestó Aedan – Necesitamos ayuda Eli, TÚ ayuda. Ferelden es nuestro país, no dejaré que se suma en la guerra civil por la ambición de un hombre. Puedo hacer esto, por favor confía en mí –

Confío en tí, Aedan. Y créeme, no estoy huyendo. Sin embargo, no hay razón para que corra a una batalla donde pereceré inútilmente. – aseguró la muchacha dándole la espalda al joven. – Sin embargo, mi deseo de ver al Rey y transmitirle las noticias del altercado contra nuestra familia ahora serán llevadas a cabo por Duncan y los otros. Ya que además será advertido sobre su destino y la traición poco más puedo hacer en contra de nuestros enemigos. –

Puedes darme un nombre – insistió Aedan – si no quieres que le mate puedo "quitarle temporalmente del camino" eso podría asegurarnos Ostagar –

¿No sospechabas tú de alguien? – sonrió Elissa.

Apuñalar a un Theyrn solo por sospechas no es mi pasatiempo – ese sería un error que toda su familia pagaría, no solo él.

Entonces, querido hermano, no hay mucho más que yo pueda decir. – Elissa le besó en la mejilla. – Estos serán días muy duros para ti. Enfréntalos sin temor, pues garantizo tu bienestar. Pero si quieres hacerle un bien a personas que pueden ser salvadas, no permitas que Joric y el pícaro atraviesen la ceremonia de unión a los Grey Wardens. Pues te aseguro, no serán tan afortunados. – sin decir más palabra, Elissa regresó al interior de su tienda, donde su padre dormía plácidamente.

Aedan sintió un escalofrío. Nunca había tratado con esa faceta de su hermana. Siempre le gustaron las cosas peligrosas, pero esa Elissa se sentía totalmente diferente. No entendía del todo sus palabras y su significado pero tendría que hacerse a la idea de todas formas.

Tal vez si se había vuelto una bruja.

Pero hechicera o no estaba resuelto a confiar en ella.


Antes de que levantara el alba Elissa se despertó con una desagradable sensación de alerta, Bryce, el mabari ladraba como si estuviese loco. El ruido de las espadas chocando entre ellas y los gritos de los hombres la incitó a levantarse de un salto. Apresuradamente tomó su arco y las dagas sin detenerse a colocarse la armadura. Se apresuró a la entrada de la tienda, pero las manos de su padre la detuvieron.

No vallas. – le dijo. La muchacha le sonrió, entendiendo su preocupación.

Tengo que ayudar a Aedan. – contestó, sintiendo la mano de su padre flaquear. – Quédate dentro. – miró entonces al mabari – Protégelo.- el animal la miró, la inteligencia brillando en sus ojos. Asintió.

Salió entonces, chocando con el sereno de la noche que desaparecía y el humo de la fogata que se extinguía. Tensó el arco y tomó una flecha, registrando los alrededores en busca de su hermano y los Grey Wardens. Sin embargo, algo más entró en su campo de visión.

Una silueta alta y esbelta apareció entre el humo. La figura estaba pálida como un cadáver, en la despoblada cabeza se observaban regiones rojas, moradas y verdes señal de los hematomas que le llevaron a la muerte. Había heridas contundentes, rasguños, cortes de espadas e incluso puntas de flechas incrustadas en la carne. Sin embargo, los ojos blancos, ciegos, cubiertos de lagañas y sangre la miraban bajo un velo de niebla mientras las manos demacradas sujetaban la espada con fuerza. Sobre el cuerpo había una gruesa armadura de hueso, madera y cuero que reconoció inmediatamente. Por primera vez desde que llegó a ese mundo Elissa quedó paralizada.

"Darkspawn"

La bestia se detuvo, mirándole con fijesa.

Y sonrió.

Le sonrió como si hubiese encontrado un tesoro enterrado. Extendió el brazo con la espada y rugió con aquella boca llena de dientes afilados como cuchillas.

"¡Darkspawn!" gritó en su mente.

La criatura corrió hacia ella, blandiendo en alto la espada. Por puro reflejo, Elissa disparó.

La flecha impactó sobre el hombro derecho, y el impacto en vez de detener a la criatura la enfureció. Inmediatamente se lo vio encima azotándola con la espada. Elissa hizo todo lo que se le ocurrió en el momento. Interpuso su arco entre ella y la espada, rezando porque el filo no lo partiera por la mitad. El hurlock le golpeó una, dos, tres veces en las que la muchacha le pegó de regreso con el arco. Pero no tuvo tiempo de tomar una daga ni de alejarse para volver a tensar una flecha.

Retrocedió, buscando ampliar la distancia, pero el darkspnd se lanzó sobre ella nuevamente. La fuerza del golpe le hizo caer al suelo.

"No" pensó.

La bestia calló encima de ella golpeando insistentemente la única defensa que la mantenía viva. La madera del arco se rajó con un sonoro "crack" y Elissa supo que su final estaba cerca.

Una lágrima corrió por su mejilla mientras ella apretaba los dientes.

"NO, NO" el cabello y la ropa se le mancharon de tierra mientras el suelo a su espalda la lastimaba por los golpes.

"Alguien… Aedan" lloró.

"Aedan… Ae…" apretó los ojos, intentando huir de aquella espantosa figura que rugía frente a su rostro mientras ella intentaba protegerse.

El arco se partió, dejándola completamente desprotegida. Por reflejo, se cubrió el rostro con las manos, sintiendo la saliva corrupta de la criatura sobre la tela de su camisa de lino. Lloró, pensando en su hermano. Pero fue otro nombre el que acudió a sus labios.

¡Alistair! – gritó entre lágrimas.

¡No tragues la sangre! – escuchó antes de que la cabeza de la bestia sobre ella fuese atravesada por una espada, manchando sus ropas y sus vestidos de rojo.

¿Estás bien? – dijo Alistair apartando al hurlock aún unido a su espada.

Se arrodilló a su lado para ayudarla a ponerse de pie. El joven la examinaba en busca de heridas, rezando porque no se hubiese contaminado.

Elissa separó suavemente los brazos y se topó con el rostro del hombre sobre ella. Temblaba como una hoja cuando se abalanzó sobre él, llena de lágrimas. Envolvió sus brazos sobre pecho del joven enterrando sus dedos en la tela de la espalda de la armadura.

Alistair – murmuró mientras lloraba. – Alistair. –

Waaa – exclamó el muchacho al verse abordado. Elissa le sorprendió haciendo casi que perdiese el equilibrio.

Apretó los no era el momento para lamentos. Estaban en medio del campo de batalla rodeados de darkspound… pero al verla en aquel estado él no pudo hacer más que abrazarla de vuelta.

Ya pasó – le dijo consolador – tenemos que seguir ¿sí? Es peligroso quedarnos así – la apartó con suavidad mirándola a los ojos, intentando que no se alterara más de lo que ya estaba – vamos, tenemos que buscar a los otros –

Vio en su rostro una chispa de reconocimiento. Elissa apretó los ojos, dejando caer de sus párpados unas gruesas gotas. Respiró hondo y asintió.

Tenemos… – repitió con voz temblorosa – Tenemos que… encontrar a Aedan. –

La joven se levantó. Las rodillas le fallaron y se tambaleó.

Alistair la sostuvo. Miró alrededor aparentemente en busca de amenazas, desde tan cerca Elissa notó su cara completamente roja. La muchacha se aferró lo más fuerte que pudo hasta que sus piernas dejaron de temblar. Estaba tan asustada que no tuvo tiempo de pensar si quiera en lo patético que resultaba aquella escena. En su mundo Elissa siempre había odiado a las protagonistas débiles y estúpidas. Pero en ese momento más que sentirse una, estaba actuando como una. Cuando recuperó la estabilidad tomó la espada del cadáver del darkspawn y se puso en guardia. Su ropa estaba manchada y poco serviría de defensa sin la armadura.

La tienda de Aedan no estaba lejos de la de ella, por lo que le asaltó la duda de "¿por qué no vino por nosotros?" Temió entonces que algo muy malo le hubiese pasado. Alistair emprendió la marcha y la muchacha corrió tras él. Al camino les salieron varios de aquellos monstruos pero Alistair los interceptó con agilidad, cubriéndola para que no fuese lastimada. Cuando llegaron a la tienda de Aedan esta estaba hecha girones y no había rastro del chico, sin embargo el ruido del acero chocando les indicó hacia donde debían de cambiar su curso. Elissa rasgó un trozo de la tela de la tienda y se cubrió la boca con ella.

Avanzaron hacia la entrada del campamento, donde los compañeros restantes detenían a un gran grupo de darkspawn. Elissa jadeó ante la visión de su hermano peleando junto a los otros Grey Wardens. Bajo las azules armaduras de escamas plateadas Duncan y Stroud peleaban como si hubiesen nacidoen el campo de filo de Aedan brillaba bajo la sangre negra que lo cubría. El joven Cousland golpeó a su adversario con el escudo de la familia y de un golpe le rebanó la cabeza, dando por terminado su combate.

¡Aedan! – le llamó Elissa, pero el hombre no le escuchó.

Voy a ir con ellos. – dijo Alistair desde su lado. – Quédate aquí, en caso de que alguno traspase. –

Por un segundo los jóvenes intercambiaron miradas. La muchacha no era capaz de decirle que ayudaría. La sola idea de estar cerca de aquellas bestias era suficiente motivación para esconderse en un agujero y temblar como una hoja. Sintió el peso de la espada en su mano y apretó la empuñadura. Lentamente asintió.

Cuando Alistair le sonrió se sintió como una inútil. No quería ni imaginarse lo que pensaría de ella en ese momento, pero tampoco podía desaparecer los temblores de sus piernas.

Aedan se defendió con el escudo cuando un hacha le rozó la cabeza. Lo apartó de un tirón y embistió con la espada. El darkspawn con el que peleaba imitó su movimiento y se cubrió con un escudo de madera y huesos. La bestia se acomodó y le embistió, haciendo que Aedan se tambalease un poco. Se apoyó de la espada para no caer, pero al usar su arma de soporte quedó indefenso. El filo del hacha brilló cuando quedó a pocos centímetros de su rostro. Entonces… desapareció. Aedan pestañeó varias veces intentando fijar su visión, y cuando finalmente lo consiguió encontró a Alistair sobre el cuerpo inerte del darkspawn con el filo de su espada hundido entre las cejas.

Alistair se enderezó y desprendió el cadáver de su arma.

¿Estás bien? – le preguntó a Aedan por encima del hombro.

Sí. – contestó este, recibiendo el golpe de un nuevo atacante. - ¿Y Eli? –

Mira hacia atrás. – dijo Alistair cortándole al vientre a un arquero y arrebatándole el arco del cadáver.

Aedan siguió los movimientos del hombre cuando lanzó el arco por encima de su cabeza hasta su espalda. El arco dibujó una campana casi perfecta para caer en las magulladas manos de una chica con ropas ensangrentadas.

"¿Eli?" pensó Aedan aterrorizado por toda aquella sangre. Sin embargo, la muchacha se movió con velocidad, preparó una flecha y disparó. Aedan sintió el silbido de las plumas al pasar junto a su oreja y un golpe seco a su costado. Al voltearse vio caer el cuerpo de otro darkspawn.

Una media sonrisa se dibujó en su rostro. Alzó el brazo e hizo un gesto a su hermana en agradecimiento.

No obtuvo respuesta. Desde su posición la chica parecía respirar agitadamente, como si estuviese ahogándose. Aedan recordó la charla que tuvieron la noche antes del ataque.


"Todavía tenemos algo más que discutir" le había dicho mientras él le abrazaba "Sobre los Grey Wardens…"

Aedan se apartó, esperando en silencio. La tención crecía en el aire mientras Elissa se decidía.

"Siempre hemos escuchado historias de cómo ellos son los únicos capaces de terminar con el Blight.… no son mitos Ae. Su capacidad no viene de su título, sino de lo que deben hacer para conseguirlo. "

Aedan alzó una ceja ante las palabras de la muchacha. Ella continuó.

"Los Grey Wardens tienen un ritual de "iniciación". Los elegidos son obligados a beber una fórmula que contiene la sangre de los engendros y un Archdemon."

"Pero…" intervino Aedan "eso es una locura."

"La sangre los une a la horda. Les da el poder de identificar a los engendros y ubicarlos a determinadas distancias a la vez que fortalece a los Grey." Hizo una pausa. "Sin embargo el ritual los contamina. A medida que pasan los años, los Grey Wardens van perdiendo facultades y treinta años después de su iniciación, comienzan a escuchar voces en su cabeza… La voz de la horda."

Aedan palideció. Si antes estaba preocupado por la memoria de su hermana, ahora dudaba de su bienestar psicológico. Era imposible que tal historia fuese real, y en ese caso que ella supiera información clasificada de los Grey se le antojaba más que absurdo. Sin embargo, guardó silencio.

"Al estar conectados a los engendros pueden lastimar y matar al Archdemond. La energía maldita del dios antiguo que habita en el cuerpo del dragón pasará al del Grey Warden y entonces morirá."


Empujó lejos al engendro que se lanzó contra él y observó como Alistair le rebanaba el cuello. Temía por Elissa. Estaba cubierta en sangre negra y le preocupaba que aquella tela que usaba en la boca no fuese suficiente para protegerla de la contaminación de los engendros. La batalla fue perdiendo fuerzas con el tiempo y el escuadrón de engendros diezmó hasta dejarles rodeados de cadáveres.

Aedan despejó la hoja de su espada de aquella sangre y corrió en busca de su hermana. A su espalda podía sentir el paso de los tres hombres. Llegó justo a tiempo para impedir que Elissa cállese al suelo de rodillas. Estaba agotada y era claro el esfuerzo que hacía por respirar. Aedan le apartó el trapo de la boca y respiró aliviado de ver que su piel recuperaba el color.

Tranquilo muchacho – dijo Duncan observándoles desde atrás. – Ella está bien. –

Un suspiro proveniente de su derecha le indicó que Alistair estaba tan preocupado como él.

Padre – dijo la muchacha encorvada sobre sí misma, normalizando su respiración. – Padre estaba en la tienda. –

Con un gesto de Duncan Stroud emprendió la marcha en busca del Tyrn. Alistair se aproximó y descansó la mano enguantada en su hombro.

Lo hiciste bien. – intentó animarla. – Te debo una. -

Estamos en paz. – contestó la muchacha con una sonrisa.

Aedan observó el intercambio en silencio. Estaba claro para él que a Elissa le agradaba mucho ese chico. Y por supuesto, el joven no parecía inmune del todo a ella. Duncan carraspeó y habló con voz ronca.

Sería mejor que nos pusiésemos en marcha. Lothering está a varias horas de camino. Si queremos llegar a Ostagar en la mañana debemos movernos. –

Aedan asintió, tendiéndole la mano a su hermana antes de que Alistair pudiese hacer algún movimiento.

Ven Eli, te llevaré – le ofreció.

La débil mano de la joven se aferró casi con desesperación al fuerte brazo de Aedan, quien la alzó en peso sin dificultad. Ella se apoyó contra su pecho, sintiendo como las nauseas se revolvían dentro de su estomago. Cuando Aedan avanzó hacia el campamento Elissa se cubrió la boca con las manos, intentando por todos los medios no devolver el contenido de su estómago. El mareo empeoró con cada paso del muchacho, solo cuando se vio en el suelo le sintió aminorar.

¿Padre? – le preguntó a su hermano.

Stroud fue a buscarle – contestó Aedan, claramente preocupado por ella.

Alistair les había seguido también y cuando la dejaron en el suelo les ofreció una poción sanadora. Por si acaso. Ella bebió, pero buscaba con la mirada al Grey Warden.

Parece que sus visiones no son tan exactas. – más que una reflexión, las palabras de Duncan sonaban a crítica. – De ser así sabría de este pequeño altercado. –

Elissa le observó con severidad.

Hemos cambiado lo que ella vio en un principio – la defendió Aedan – si las cosas son diferentes es demasiado pedir que vea pequeños ataques como estos-

Duncan – dijo Alistair mirando al otro guarda gris – ¿no deberíamos darle espacio?

La chica estaba en mal estado, era una dama y sus heridas aun no estaban sanadas. Bruja o no, le estaba pidiendo demasiado.

Es imprescindible saber cada cuando tiempo ocurren estas "visiones" – Duncan observó a los dos jóvenes que rodeaban a la chica. Al igual que Stroud el veterano estaba siendo precavido. – O si habrá otra acaso. Si aplicamos una confianza ciega a sus "habilidades" podríamos terminar pereciendo antes de pelear. –

Como Grey Wardens, como soldados, deberíais estar preparados para pelear en todo momento. – Elissa habló más bajo de lo que se proponía. Alistair tenía razón, tantas personas a su alrededor estaban asfixiándola. Bebió otro sorbo de la pequeña poción roja. - ¿Por qué no se dio la alarma? –

Nos emboscaron. – dio el hombre como única respuesta. – Cuando nos dimos cuenta estábamos rodeados de Darkspawn. –

Eso es imposible – dijo Aedan – los guardas sientes a los engendros tenebrosos. Debieron verlos venir –

Para cuando los noté ya había empezado el ataque – se defendió Alistair.

Ya no tiene importancia. – intercedió Duncan.

Al ver a Stroud acercarse Elissa hizo todo lo posible por ponerse en pie. El Grey Warden venía solo.

Las heridas del Tyrn están empeorando. Debemos ponernos en marcha. – les dijo a los jóvenes Cousland.

Elissa palideció.

Aedan frunció el ceño y miró a su hermana.

Lo siento Eli – no podían quedarse a descansar. Ella tendría que hacer un esfuerzo.

Y…Yo puedo llevarla – ofreció Alistair. El joven Cousland querría ir con su padre y cargando con ella no podría – la protegeré con mi vida, lo prometo – aseguró.

Aedan le miró con desconfianza, ese guarda era un desconocido… uno que había salvado a su padre, a Elissa y a él mismo, un extraño que pronto sería su hermano de armas… y escogía creerle.

Si a Eli le parece bien – aceptó.

Un profundo sonrojo cubrió el rostro de la muchacha cuando ella asintió con suavidad.

Por… supuesto. – murmuró.