Los rayos del sol que se filtraron por la ventana la golpearon en la cara quemándola como si fuera un vampiro. Arrugó el rostro y dejo salir un gemido quejoso. Su cabello estaba hecho una gigantesca maraña de hilos dorados, tenía dolor de cabeza, la garganta seca, el maquillaje corrido y sus legañosos ojos azules enrojecidos.
Tuvo que hacer un esfuerzo monumental para mover su adolorido cuerpo, como si pesara una tonelada. Se incorporó y se quitó los mechones rosas de la cara. Salió de las sabanas y se arrastró perezosamente fuera de la cama. Se sentó un momento en la orilla para echar un vistazo a su situación.
Afortunadamente aún vestía su ropa interior, tenía una media extraviada, y había un misterioso líquido seco y pegajoso sobre sus pechos (rezo para que fuera cerveza). Pero más importante, su lindo vestido de gala había sido cambiado por una camisa color granate; que a juzgar por lo enorme que le quedaba y el agradable olor a colonia que despedía, debía ser de él.
Parpadeo lentamente y paulatinamente, mientras su cerebro regresaba la cinta, tratando de recordar cómo era que había acabado así.
Lo había planeado todo con minuciosa prolijidad. Primero una típica cita, después algo de cine y para terminar una cena romántica en donde ejecutaría la parte más importante de su plan... embriagarlo. Era justicia divina. Quiero decir, él ya la había visto dos veces hasta la chanclas de borracha y ella ninguna. Se moría de ganas por ver que locuras haría. Acaso le entraria la calentura como a ella? tenía que saberlo.
Pero por algo dicen que la curiosidad mato al gato. Le había salido el tiro por la culata. Resulta que su Frijol era prácticamente inmune al alcohol. Una vida entera con una familia que bebía tanto sake como si fuera agua, le originó una resistencia natural al embriagante líquido. Se tomó un par de tragos para pasarse lo irritada y después todo se volvió borroso. Solo recordaba fragmentos de memorias donde le arrancaba la ropa, lo manoseaba y le hacía cosas horribles.
Se levantó tambaleándose y se abrió camino hacia el baño mientras intentaba descubrir si lo que giraba era ella o toda la casa. En el camino, tropezó con un bulto de tela azul que parecía ser el vestido que usó la noche anterior. Al patearlo se extendió por el suelo y un penetrante hedor salió de la tela, golpeando sus fosas nasales como un batazo en la cara. Era una mezcla de licor, cheetos, sudor y vómito. Se vio sacudida por una serie de arcadas que amortiguo con su mano tapando su boca y que la obligaron a correr al baño. Se sentó en el piso junto a la tasa y desahogo todos los pecados de la noche.
Se lavó la cara y al salir, rodeo la pestilente tela tanto como pudo. Y cuando estaba apunto echarse un clavado sobre su cómoda cama, noto en un buró una enorme botella llena de un líquido rojo y un par de misteriosas pastillas sobre una servilleta.
Asio las pastillas y entonces distinguió unos garabatos escritos en la servilleta. Parpadeo un par de veces tratando de humedecer sus secos ojos rojos y poder enfocar mejor. Leyó el mensaje.
"Tomate esto cuando despiertes -R" reconoció su horrible caligrafía al instante.
Ante el lindo detalle, su rostro esbozó algo que en un tiempo se le pudo llamar una sonrisa. Pero ahora, con lo horrible que se veía su cara, debió de haberse visto como una de esas pinturas abstractas de picasso.
Después de tragarse las pastillas y beberse la botella entera de golpe, se desplomó sobre su cama. Después de todo tenía que recuperarse para pensar en un nuevo plan.
