NA: Holaaaaa, lamento la demora. Mucho trabajo en el laboratorio. Espero que les guste este capítulo, peronalmente tenía muchas ganas de llegar aquí. Como siempre espero opiniones buenas o malas.


07 Ostagar

Elissa despertó sobre la espalda de Alistair. No estaba segura de cuánto tiempo transcurrió desde que habían retomado la marcha. Mucho menos cuando quedó inconsciente. De lo que si se sintió consciente, fue de la calidez de aquella figura que avanzaba a paso seguro. Alistair había removido su escudo para darle un sitio en su espalda. Era impresionante como un sujeto de aquella talla podía moverse con tanta suavidad. Elissa siempre le tuvo por tosco y torpe, sin embargo aquella faceta le encantaría conocerla. El recuerdo de su rostro lleno de cicatrices le hizo dudar de aquel pensamiento, tanto que hasta se avergonzó de él. Con un suspiro movió hacia un lado la cabeza, entonces lo vio. Sobre ellos, a sus costados, se alzaban las amplias columnas de piedra cuyas simas se amontonaban hasta conformar elaborados y picudos edificios. Edificaciones antiguas de los tiempos en que los magisters poseían aquellas tierras.

Maker… – el murmullo de la muchacha no alcanzó a demostrar lo atónita que se encontraba. ¿Cómo era posible? ¿Cuánto tiempo había pasado?

Ey, estas despierta - la voz de Alistair llegó hasta ella. El joven se detuvo, dándole la oportunidad de fijarse adecuadamente en los alrededores.

Elissa recordaba aquel sitio del campamento. Allí era donde se encontraba la enfermera con los heridos de las rondas. A la distancia distinguió la celda con el pobre diablo encerrado a su suerte por desertor. El desgraciado encontraría su final en aquella jaula devorado por el fuego o los darkspawn…esa misma noche. El simple pensamiento le heló la sangre. De todos los sitios allí era donde menos quería estar. Sintió a Alistair bajarla con suavidad y aunque la pasó hacia adelante por la cintura la muchacha no sintió sus manos separarse de su cuerpo aun cuando la sentó en el catre.

Estás temblando – advirtió el muchacho con preocupación.

Es…estamos en Ostagar… -

El templario se arrodilló delante del catre. Elissa sintió su mirada pesada sobre ella, inquisidora.

Como estabas inconsciente Aedan decidió traeros aquí. Vuestro padre se encontró delicado y era importante que viese a un Healer lo más pronto posible. – su voz sonaba consoladora. Pausada. Como si buscase detener los temblores de la chica. Sin embargo Alistai no la tocaba, tal vez pensaba que no debía… o que no podía. – No tema – dijo clavando sus ojos en los iris azules de Elissa – los mejores magos del Círculo se encargarán de él. Y… ese mabari no se separa de vuestro padre. –

"Wayne" pensó, y aunque halló confort en ese pensamiento habían otros que la atormentaban. Si ella estaba ahí, aquello significaba que su hermano debía de haberse reunido previamente con el Rey. ¿Le habría contado de la traición de Arl Howe? ¿Le habría hablado del otro traidor? Inspiró hondo. Buscando detener los temblores de sus manos.

¿Dónde está Ae? –

Alistair miró sobre su hombro.

Duncan anunció al rey de nuestra arribo. Cuando llegamos el rey no aguardaba con un grupo de magos que inmediatamente se encargaron del Teyrn. Aedan, Duncan y el Rey se fueron con ellos. Stroud me indicó que te trajese aquí, enviarían a un sanador a verte. Él fue en busca de los otros reclutas dispersos por el campamento. –

La muchacha asintió. Eso significaba que aún tenía tiempo…y que Loghain no la había visto… o a Aedan. No contaba con que su padre empeorase, pero nadie cuidaría mejor de él que Wayne. "Bueno, tal vez Anders". Apoyó las piernas en el suelo e intentó levantarse e inmediatamente sintió como le fallaron las rodillas.

E..ey! Cuidado – Alistair se sobresaltó. Sus amplias manos se cerraron sobre los brazos de Elissa, manteniéndola estable. – Tranquila.- dijo sentándola sobre el catre remendado.

Mi padre – insistió la muchacha.

Se le están dando todos los cuidados. Tranquila, estará bien. –

Elissa apretó los labios, pero se dejó hacer y asintió. Se sentó con sorna y suspiró, cubriéndose el rostro con las manos.

Estoy impresionado – dijo una voz masculina a su costado. Una voz que le erizó los cabellos y le hizo hervir la sangre. "¿Qué hace aquí?" pensó alzando la vista. – Nunca pensé que pudieses hablar con una mujer, Alistair –

Un mago les observaba desde arriba. Tenía el cabello negro corto, peinado hacia un lado. Los afilados ojos de halcón les atravesaron con su brillo dorado. Sin embargo, la severidad que mostraban sus ojos bajo las gruesas cejas negras eran completamente diezmadas por aquella sonrisa burlona.

"¡¿HAWKEEEEEEE?! HAWKE,HAWKE, HAWKE, HAWKE, HAWKE, HAWKE, HAWKE, HAWKE ¿por qué Hawke?" gritó Elissa en su mente.

Muy gracioso Daylen. – Replicó Alistair haciendo una mueca de disgusto. Se enderezó, quedando a la misma altura del mago. – Acaba de despertar luego de su primer encuentro con los darkspawn. ¿Podrías echarle un ojo? –

"¿Daylen?" rectificó Elissa. "Daylen…el mago…humano. El nombre del mago humano en la torre lo conozco. Era uno de los orígenes. Y se parece mucho a Hawke… ¿Qué no eran familia?..."

¿Qué tal dos? Eso siempre funciona – contestó el mago, lo blanco de sus dientes era casi resplandeciente. Se arrodilló frente a la muchacha.

Daylen… - llamó la mujer, obteniendo además la atención de Alistair – Daylen ¿Amell? –

El mago alzó una ceja. Miró al chico a su espalda

Valla Alistair, pensé que una vez que se nos designaba como futuros Grey Wardens debíamos olvidar nuestro origen. Pero tú vas por ahí hablándole a las chicas sobre mi – dijo con tono severo. Su expresión terrible. - … Me alagas – dijo elaborando una exagerada reverencia. Sin embargo Alistair cruzó los brazos sobre el pecho, serio como una lápida.

Yo nunca le hablé de ti. Ni siquiera mencioné tu nombre. –

Ooooh – dijo – entonces – la sonrisa que le dedicó a la muchacha hizo que se le acelerase el corazón – ¿Nos conocemos? –

¡Daylen! – protestó Alistair

¿Qué? No he hecho nada – el mago soltó una carcajada.

Elissa les miró durante un momento. Aquellos dos se llevaban demasiado bien para recién conocerse.

¿Son amigos? – preguntó, atrayendo de nuevo la atención.

Yo no diría exactamente "amigos" – rectificó Amell alzando un dedo. –"Niñera" es un término más adecuado para él. Somos un grupo tan lastimero que ni Duncan nos tiene confianza. Ni siquiera tuvieron la decencia de ir con nosotros al bosque. –

¡¿Ya hicieron el ritual?! – el grito agónico de Elissa hizo retroceder un paso al hechicero. Confundido.

¿El ritual? – repitió más despacio. - ¿Cómo sabes sobre…? ¡Alistair! –

Su mirada recriminatoria hizo que el Grey Warden tomase una actitud defensiva.

¡Yo no dije nada! Lo juro. –

¿Entonces cómo lo sabe? No me vendrás con el cuento de que es adivina ¿verdad? –

Alistair bajó la cabeza mientras se acariciaba la nuca con la mano. Sus ojos se cruzaron con los del mago, cuya mirada se tornó más que atónita…curiosa.

¿De verdad? – Volteó el rostro hacia la muchacha, encontrándola pálida y aproblemada. – Interesante. – extendió su mano hacia ella, pasándola sobre su pecho sin llegar a tocarla. De entre sus dedos danzaron luces blancas y azules trayéndole alivio. Elissa sintió como sus nauseas se esfumaban y su respiración se normalizaba.

Mientras la muchacha se sentía renacer Alistar comenzó a contarle los sucesos de los días pasados al mago. Aunque el hombre continuó haciendo su trabajo atentamente, la joven sabía que prestaba atención. Escuchaba cada palabra que salía de la boca de Alistair y parecía analizarla. Y aunque Elissa se preocupó de que el templario revelase todo en aquel descampado, el hombre solo habló de sus "habilidades" y la traición de Howe, así como la toma de Highever y la muerte de Oriana.

Recuerdo a ese noble – habló por fin el mago – Su hermano partió en la mañana. Desconozco las órdenes del rey hacia él, pero se le asignó un mago para su pelotón. Me pareció una locura, pero el rey quería proteger a su "amigo". Curioso lo rápido que ese sujeto hace "amigos". –

El rostro de Alistair se oscureció y lo osco de su expresión no pasó desapercibido de la muchacha. Se acomodó en el catre.

Si ya tienen la sangre para el ritual de iniciación, supongo que no tardarán mucho en hacer "The Joining". – recitó Elissa. Casi inmediatamente las manos de Amell se detuvieron. A su espalda Alistair se golpeó la frente con la mano.

Aparentemente aún el mago no tenía todos los detalles.

¿The Joining? – repitió el hechicero mientras miraba nuevamente al templario sobre su hombre – Que nombre tan ridículo – dijo con exagerado y fingido disgusto - ¿No podían ponerle algo más original? "El pacto de sangre". O "El ascenso"… The Joining. Pff, ridículo. –

Elissa se cubrió la boca con las manos. Aquel sujeto era simpático. Alistair también sonrió ante la "despreocupación" del chico. Sin embargo, fue él quien contestó la pregunta de la muchacha.

No tenemos suficiente sangre de darkspawn. Cuando entramos al bosque con Amell y los otros conseguimos suficiente para los cuatro. Pero luego del arribo de Ser Jory, Daveth y ahora Aedan necesitaremos tres viales más. –

"Eso haría un total de cinco orígenes…" razonó Elissa. "Seis si contamos el mío. Existe la posibilidad de que sean otros reclutas, pero lo dudo. Además de Aedan Cousland jugué todos los posibles orígenes con tal de conocerlos. Pero solo terminé seis partidas." Aunque la chica había atravesado muchas veces el universo de Origing siempre terminaba encontrando misiones o lugares nuevos. Por esa razón sabía los nombres de cada posible origen. El problema era que no tenía pruebas de ninguno.

Ya hablé con Aedan al respecto, pero Daveth y Jory no deben hacer el ritual. – anunció Elissa. Frente a sus palabras Alistair palideció. Sin embargo, Amell inclinó la cabeza a un lado.

¿Por qué no? – inquirió – Es cierto que no son precisamente los tipos más inteligentes que he conocido, pero se manejan bien con las armas. Y Duncan ha dejado claro que los Grey Wardens necesitan toda la ayuda que puedan obtener. –

Si logran convertirse en Grey Wardens. – sentenció la mujer.

¿Qué quieres decir? – Elissa pudo ver la preocupación brillar en los ojos del hechicero. Su mirada viajó al pálido rostro de Alistair.

No puedo decírtelo. Pero lo mejor sería ni siquiera mencionarles del ritual. –

Son reclutas de Duncan. – intercedió Alistair. – No puedo simplemente decirles que se vallan. –

Pero puedes entregarlos al rey. Necesitaran hombres tanto como nosotros, ya que Loghain no le permite pedir ayuda a los Orlesianos. – Alsiatir cayó ante la vehemencia de la mujer. Porque además sabía que no le faltaba razón.

Un silencio se apoderó del trío.

Oooooook. Esto es incómodo. - intervino el mago. – Por más impresionante que me resulte su "conocimiento" señorita es demasiado curioso que no tenga conexión con el velo. – miró de uno al otro – Ni siquiera posee mana. –

¿Entonces no es una bruja? – había duda en la voz del templario - ¿Estás seguro? –

Me ofendes – contestó el mago teatral. – Y da mucho que pensar de tus habilidades. ¿Realmente eres un templario? –

No bromees. – las mejillas del hombre se sonrojaron. – Podría ser una "soñadora". -

Amell negó.

Hasta donde sé, los soñadores pueden moverse conscientemente por velo en sus sueños. Esto les dejaría un rastro, que ella definitivamente no tiene. Además, los soñadoresno ven el futuro. –

Soñadora o no, ya que estoy aquí, me gustaría ver a los otros reclutas. – dijo Elissa. La curiosidad estaba devorándola por dentro. – Si es que el señor healer está de acuerdo. –

Yo te veo bien. Además de los cortes y arañazos tenías rastros de veneno en el sistema. Tal vez algún corte de una daga envenenada, o una flecha. – buscó en la bolsa que colgaba de su cadera y sacó una poción roja, de las básicas que se fabricaban con raíz élfica. – Con esto debería bastar – se levantó antes de entregársela.

Elisa la tomó en su mano, destapó el fino frasco de cristal y la olió antes de beber. Olía a hierba buena y jengibre y sabía fresco y dulce. Su cuerpo brilló en rojo un instante antes de que se esfumara. Cuando la mujer se levantó el mago soltó un bufido.

Lamento lo de tu rostro. Las heridas ya habían comenzado a sanar. Me temo que con mi habilidad no podré removerlas. –

Está bien. – dijo acariciando su propia mejilla. – Es un recordatorio de lo que pasará si me callo. –

Sus ojos se encontraron una vez más con los de Alistair. Sonrió y pasó por su lado.

Imagino que estarán junto a la fogata de Duncan ¿no? – preguntó a nadie en particular.

Eem… sí – contestó el templario al verla pasar. Su vista quedó prendada de su figura mientras ella avanzaba. Estaba tan concentrado en ella que no sintió al mago pararse a su lado.

Valla pedazo de carne ¿verdad? – murmuró con malicia.

¿Perdón? – protestó Alistair sobresaltado y sonrojado hasta las orejas.

No me malinterpretes. Por muy agradable que seas, es lamentable ver cómo te tiene atado de su meñique. –

¡No digas tonterías! – Alistair emprendió la marcha tras ella, intentando librarse de las acusaciones de su compañero.

¿Son tonterías? – le siguió Amell – perdona que te lo diga, pero le vasta una sonrisa para devolverte de revés. –

Apenas la conozco. –

Y ya te mueres por ella. ¿Podrás manejarlo? Porque sabes, siempre puedo… -

Estoy bien Daylen. En cuanto comience la batalla ella partirá para Lothering y nunca más la volveré a ver. Así que por favor deja de molestarme. –

¿Eeeeeeh? ¿Así nada más? – se quejó el mago con vanalidad. – Que aburrido eres. Y yo aquí pensando que finalmente ibas a perder tu virginidad. –

Shuuuuuuuu! – su sobresalto fue tan notable, que incluso los soldados a su alrededor voltearon a ver que pasaba. – ¡Te va a oír! –

Oh por favor. Que exagerado eres. Estamos en guerra. Por lo que sé, podríamos morir mañanas. ¿Qué esperas? ¿Una invitación? –

So…solo quiero estar seguro. – contestó Alistair tímidamente. – No es algo que se pueda entregar tan fácilmente. –

Umju. – Amell le miró con incredibilidad. – Yo la perdí en una orgía secreta entre aprendices en la torre. Me follaba a una chica mientras tenía a un chico penetrándome por detrás. ¡Fue glorioso! –

¡¿Quéeeeeeeeeeeeeee?! – chilló Alistair al tiempo que Amell se doblaba de la risa.

Jaaaajajajajaja. – las lagrimas se aglomeraban en sus ojos. – En serio hombre, relájate. Solo vivirás una vez. – le dijo dándole una palmadita en la espalda y retomando su camino.

Bromeabas ¿verdad? – suplicó Alistair azorado – Dime que estabas bromeando. –

A saber. Apúrate, tu chica ya llegó con los demás. –

Ella no es mi chica. –

Elissa, quien apenas había escuchado los chillidos de Alistair observaba a los reclutas aglomerados alrededor del fuego. Le costó un poco, pero los reconoció a todos. La primera a la que reconoció fue a Sereda Aeducan. La heredera del hogar del pharagon Aeducan estaba sentada en el suelo, apoyando la espalda en una de las estatuas de piedra blanca de Andraste. A pesar de su pequeño tamaño, la enana llevaba el cabello rubio cenizo largo hasta la cadera. Lo recogía con una cuerda gruesa sobre la nuca, dejando libre únicamente un muy ordenado cerquillo sobre sus cejas cenizas y sus profundos ojos azules. Elissa creyó que era bonita para una enana a pesar de sus gestos toscos, similares a los de sus hermanos varones. Sereda miraba con detenimiento un anillo entre sus dedos mientras le daba vueltas sobre sus nudillos. El símbolo de su casta, lo único que se le permitió conservar además de su vida. Porque la pobre ni siquiera podía portar su apellido. Vestía una armadura de placas de acero, brillantes como el mármol, una de las que habría comprado al mercader de Ostagar o tal vez la hubiese tomado de los cadáveres de los darkspawn. A sus pies había un escudo con el emblema de Orzammar y una espada larga.

Recostado a la misma estatua que ella había un elfo. El sujeto vestía una armadura de pícaro elaborada con cuero y en su mano hacía danzar una daga con empuñadura de oro. Tal vez la hubiese tomado de la mansión del Arl de Denerin, porque claramente aquel era el elfo de la "elfería" de Denerin. Darrian Tabris, el primo de Shianni y Soris. Elissa había quedado conmovida con su historia, donde no solo había matado a los humanos que violaron a su prima, lastimaron a su prometida y asesinaron a una de sus compañeras, sino que se había entregado a los guardias de la ciudad para proteger a Soris. Si Duncan no le hubiese reclutado hubiese terminado en prisión. El elfo tenía el cabello castaño rojizo corto sobre la nuca, sin embargo unos abundantes mechones caían sobre su frente en las pobladas cejas oscuras. Bajo ellas centelleaban amenazantes un par de ojos canela, uno de ellos atravesado por un tatuaje. Era el primer elfo que veía y admitiría que sus delgadas fracciones hacían que incluso el gesto osco de su rostro fuese atractivo.

Además de Daylen Amell, Elissa identificó a otro mago. "¿Por qué hay otro mago aquí? Y encima ¿un elfo?". Si que había jugado con un mago elfo, pero sencillamente lo usó para ver el origen, y cuando comprobó que no había cambios pues lo dejó sin adelantar demasiado. Ni siquiera le reconocía. Entonces ¿quién era este sujeto? Era alto para ser un elfo, delgado pero mejor constituido que Darrian. Llevaba el cabello rojo recogido en una trenza que reposaba sobre su hombro hasta debajo del pecho. Cuando sus ojos se separaron del grimorio que sujetaba y se posaron en ella se vio iluminada por el verde de sus ojos cubiertos de largas pestañas rojizas. Sobre la frente caían mechones carmesí, haciéndolos resaltar como luciérnagas. Tenía que ser Surana… ¿Alim era? Aunque la mirada del elfo se posó sobre ella con desinterés, se volvió severa nada más ver llegar a Amell. Elissa le vio deslizar la mano hasta agarrar su bastón, sin embargo se detuvo bajo la mirada de Sereda.

Lady Aeducan se levantó, sujetándose de la estatua con fuerza mientras guardaba el anillo en su bolsillo. Parecía temerosa, mirando hacia arriba por momentos. "Cree que se va a caer hacia el cielo" pensó Elissa al verla, recordando los comentarios mordaces de Ogrem. Al ponerse Sereda de pie Darrian se separó de la columna.

Bienvenido de regreso Alistair – dijo ella con amabilidad.

Gracias Sereda. – contestó recorriendo al grupo con la mirada. – ¿Asumo que no han tenido problemas desde nuestra partida? –

La enana negó, haciendo que la extensa mata de cabello se moviese de un lado a otro.

Nadie se ha interpuesto en nuestro camino. Cailan ha dado órdenes de no "entorpecer" nuestra labor. –

Aunque esa labor se limite a no hacer nada. – en la voz de Darrien había una clara crítica. Sin embargo Amell suspiró y se llevó las manos a la cadera.

Luego de las contestas tan bruscas que le diste cuando se presentó ¿Qué esperabas? –

El disgusto en el rostro del elfo deformó sus fracciones en una mueca terrorífica, sin embargo, Amell no se aletargó. Dio alguna contestación mordaz, pero Elissa Cousland no apartaba su vista de ellos. ¿Aquel sería el equipo de Aedan? Estaba impresionada. Dos magos bien entrenados, Lady Aeducan y Alistair, posiblemente uno de los inicios más reforzados del juego. Y aunque le quedaba la duda de la ubicación del elfo de los dalish para ella era confuso incluso que tantos orígenes estuviesen allí.

"Tal vez Cailan tenga una posibilidad" sus labios se extendieron en una sonrisa.

¡A todas estas! ¿Quién es esta mujer? – volvió a decir Darrien - ¿No me dirás que es otra recluta? –

La expresión de Alistair se oscureció tras Elissa. Sereda notó de inmediato su disgusto y cerró los ojos en desaprobación.

Mi nombre es Elissa. Y afortunadamente para ti Darrian Tabris no soy ni seré nunca una Grey Warden. – ante sus palabras el elfo dio un paso al frente. Su mal humor intentaba ocultar su sorpresa.

Humana – dijo con desprecio – ¿De dónde me conoces? –

Oh, los conozco a todos. – dijo con suavidad. – Se cosas de ustedes que tal vez nadie más sepa. – sus ojos los recorrieron a todos. Y en el proceso los fue nombrando a todos. – Darrian Tabris, Sereda Aeducan, Surana Alim y Daylen Amell. –

Sereda observó a la humana con atención, la sospecha claramente dibujada en su rostro. Sus ojos viajaron hacia Alistair y luego hacia Amell. El mago se limitó a encogerse de hombros. Alistair por su parte miraba a la humana como si esta tuviese dos cabezas.

Por ejemplo – continuó Elissa al ver el escepticismo en el rostro de los elfos – Tabris creció en la elfería de Denerin. Debido a los eventos tan desagradables que transcurrieron el día de su boda se vio obligado a aceptar la oferta de reclutamiento de los Grey Wardens y así tomar la mano de los "shem" que tanto desprecia. Asumo que acusaste a nuestro rey de despreocupado y deshonesto pues "fingió" preocupación por tu gente. Para nada crees en su promesa de que una vez terminada esta batalla, a su retorno a Denerin cambiará la situación. ¿Verdad? –

Los ojos de los otros se abrieron en sorpresa. Por sus reacciones Elissa dedujo que habían estado presentes cuando Darrian intercambió palabras con Cailan. Se sintió aliviada de ver que sus suposiciones no eran falsas. Tabris apretó la empuñadura de la daga en su mano, sus ojos atravesaban a la humana con intenciones asesinas, sin embargo estas desaparecieron tras las palabras de Lady Aeducan.

Aunque se abstenga de dar detalles hay muchas vías por las que pudo haber adquirido esa información, my lady. Las circunstancias de Darrian fueron, según tengo entendido, atroces para los humanos – mientras ella hablaba una sonrisa de satisfacción atravesó las fracciones del elfo, como si saborease el recuerdo de la venganza una y otra vez. – fácilmente vuestra merced puede haber escuchado y ahora sencillamente repite. –

Elissa asintió.

Teneis razón, puede ser. Conozco detalles sin embargo que solo los presentes en ese momento pueden conocer. – sus ojos se clavaron en Darrian – detalles que solo él y Soris conocen. – el elfo palideció.

¡Soris no estaba allí! Aquello lo hice yo solo. –

Eso fue lo que le dijiste al capitán de la guardia para protegerlo de las represalias. Eres "su héroe" después de todo ¿no? – la sonrisa dulce de Elissa hizo que el elfo se desinflara.

¿Cómo podía ser posible que ella supiese…? Apretó la daga en su mano. "¿Debería matarla?"

Ha dicho que nos conoce a todos. – intervino Sereda. – Entonces no os importará compartir mi historia. Ni siquiera Duncan sabe exactamente que ocurrió conmigo. –

Me pide que revele detalles muy personales. ¿Está segura? –

Por un momento Sereda quedó en silencio, pero su rostro se mantuvo firme.

Los aquí presentes – dijo con decisión – son y serán de ahora en adelante mi familia. No vale la pena tener secretos con ellos. Hable Elissa, y comprobemos de una vez si es cierto lo que pregonas. –

La humana sonrió.

Muy bien. –Elissa se llevó las manos a la espalda y se acomodó. – Sereda Aeducan, es la segunda hija del rey de Orzammar, Edrin. Ibas a ser promovida a General dentro de tu casta y por ello, el día antes se preparó una "prueba" en la arena. A petición de Gorim no solo te presentaste en contra de la voluntad de tu hermano mayor, sino que participaste para remarcar el honor de tu familia. Ganaste – ante la mirada atónita de Alistair y los otros Sereda irguió la espalda. – Sin embargo cuando regresaste a casa Bhelen intentó advertirte sobre las malas intenciones de tu hermano mayor hacia ti. Gorim le creyó, pero tú te negaste a aceptarlo. Estabas convencida de que por respeto a tu padre no ocurriría nada. Aquella noche además fuiste informada sobre una expedición al Deep Roads y viste en persona a los Grey Wardens. Al día siguiente, fuiste enviada en busca del escudo del paragon Aeducan. Y aunque lo hallaste con éxito encontraste a tu hermano mayor muerto en el camino de regreso. –

Asesinado, sería más adecuado. – Elissa asintió ante las palabras de la enana.

Llegaste a su lado para examinar su cuerpo, y en ese momento apareció Bhelen con tu padre y lord Harramont. Les contó una alocada historia de cómo habías conspirado para asesinarlo. Lord Harramont pidió a tus acompañantes que hiciesen de testigos y aunque Gorim apeló lealmente a tu inocencia su criterio no fue tomado en cuenta por sus años de servidumbre. Si lo fueron sin embargo, las palabras de los otros. Te traicionaron y fuiste condenada a muerte por tu propio hermano. Gracias a la intervención de Harramont fuiste enviada al deep Road con la esperanza de que encontrases a los Grey Wardens y sobrevivieras. Antes de partir dijiste… -

Soy inocente. – terminó Sereda. Cerró los ojos un momento. – En resumidas cuentas es correcto. –

Darrian apretó los puños mientras que Amell se rascó la barbilla lleno de curiosidad. Sin embargo se tensó cuando los ojos de Elissa viajaron hasta Surana. Elissa estaba insegura sobre aquella historia, pues al haber dos magos era imposible que tuviesen el mismo origen…

Cómo la tuya es la más íntima, lo reduciré en una sola palabra. – el mago pelirrojo asintió en silencio. Visiblemente tenso. – Jowan… -

Es suficiente – intervino Amell. – Creo que a estas alturas ya todos te creemos. ¿No es así? –

La palidez en el rostro de los presentes denotaba sus palabras. Lady Aeducan asintió.

Sin embargo, me gustaría que compartierais vuestra sabiduría con nosotros. ¿Cómo lo sabe? My lady. –

Elissa miró a Alistair por encima del hombro.

Supongo que soy…una especie de vidente o algo así. Hace un tiempo me caí del caballo y casi muero. En el tiempo que estuve inconsciente tuve una visión… o muchas visiones. Allí los conocí a todos ustedes. A algunos incluso antes de que nacieran. –

Eso me da escalofríos – dijo Amell con burla.

Entonces ¿eres una bruja? – preguntó Sereda.

Imposible – la voz de Surana sonó sería y profunda. – No tiene mana. ¿Una dreamer? –

Bien pensado chico, pero no lo creo. – le rectificó Amell. – Por el momento "vidente" me gusta más que adivina, así que dejémoslo aquí. –

Como quiera que sea, puedo preguntar hasta donde ha llegado su visión, my lady. –

Elissa lo pensó por un momento. El tercer juego terminaba…

Diez años en el futuro. – se aclaró la garganta – Claro, si se toman las decisiones correctas y este Blight no nos asesina a todos. –

Darrian apretó los puños.

¡Entonces no viste el futuro! –

EL futuro es como una red. Enmarañada y extendida. Hay tantos caminos como decisiones. Una mala elección puede destruirlo todo. Yo probablemente me marche pronto. Por eso he querido conoceros. – Se acercó a ellos. – Viéndoos creo que hay esperanza. –

¿Qué quieres decir? – preguntó Sereda.

Hasta anoche, había dado la batalla de Ostagar por un completo fracaso. Un desperdicio de vidas inocentes sin sentido alguno. –

¿Quieres decir que …? – preguntó Surana .

Muy a lo contrario de lo que piensa el rey, esto es un blight. –

Duncan tiene razón. – murmuró Darrian.

¡Por supuesto que la tiene! – protestó Alistair.

Sin embargo Cailan esta atado de pies y manos. Él sabe que esta batalla se perderá, y necesita demostrarle a la corte no solo que Duncan tiene razón, sino que Ferelden no puede ocuparse por sí misma del Blight. Sin ayuda, estamos condenados… La presión es tan fuerte, que ni siquiera le permiten esperar la llegada de los Grey Wardens de Orlais. –

Todos los presentes bajaron la cabeza. Incluido Alistair.

Frente a estas condiciones, la batalla de mañana será una acción desesperada. Y siéndoos franca, ni siquiera Cailan cree que sobrevivirá a ella. –

Alistair palideció. Cerró los ojos, apretando con fuerza los puños.

For the Stone – murmuró lady Aeducan. Su voz sonó casi como un rezo.

¿Entonces por qué pelea? ¿Por qué mejor no se retira? – preguntó Surana.

¿No está claro? – intervino Darrian – Es un presumido autosuficiente. ¿No lo has escuchado hablar? -

Los puños de Alistair estaban tan tensos que casi se podía escuchar el cuero crujir, pero se mantuvo en silencio.

Es muy valiente darle cara a una batalla que se sabe está perdida para proteger a los que vienen detrás. – intervino Sereda

¡Lo hace por la gloria! Se imagina cómo será recordado y se muere de ganas- rectificó Darrian.

Alistair abrió la boca, pero la voz de Elissa le detuvo.

¿Quieres saber cómo será recordado? –

Darrian tartamudeó

Como un niño caprichoso que no fue capaz de proteger a su pueblo del Blight. Un rey inútil. Nadie sabrá nunca de sus esfuerzos y todo quedará en especulaciones. "El rey tonto" –

Olvidas una cosa – intervino Amell. – El plan de batalla fue realizado por Loghain. El héroe del río Dane. Él… –

El plan fracasará – le cortó Elissa con vehemencia. – Y Cailan tendrá una muerte horrorosa a manos de un ogro. –

El grupo quedó en silencio.

¿por qué nos cuentas esto? – la voz fuerte de Surana resonó.

Porque en mi visión no estaban ustedes. – Sereda alzó la cabeza.

¿Crees que podemos evitarlo? –

Elissa asintió.

Alistair y el nuevo recluta tendrán una misión aparte y no estarán en la batalla. Os suplico que lo intenten. Aún cuando todo fracase, cuando la batalla termine acudan a Lothering. Allí podréis reagruparos y recuperar fuerzas. –

Sereda asintió.

¿Y qué hay de usted? – preguntó. – Con sus conocimientos sería de gran ayuda a la causa. Además, si necesitamos ayuda externa entonces… -

EL plan de Cailan estaba destinado a fracasar porque no contaba con los medios para montar un ejército que pudiese resistir a los Darkspawn. No tenía suficientes grey Wardens y se limitaba solo a humanos. Se que encontrareis la forma. Grey Wardens. –

Con una última sonrisa Elissa le dio la espalda a los reclutas y se encaminó a las tiendas más altas. Luego de haber avanzado un poco escuchó un par de pasos a su espalda. Pasos que ya conocía. Se detuvo y miró sobre su hombro. A su espalda, el templario se detuvo.

Yo… bueno… - tartamudeó Alistair. – gracias. –

Elissa le sonrió. Sin embargo, él se acariciaba la nuca como si tuviese algo más que decir.

Sé que en el campamento dijiste que el rey no se tomaba en serio la horda. Sin embargo defendiste su honor. Lo aprecio. –

Aunque añore la gloria de sus ancestros y sea muy infantil, el rey tiene su corazón en el camino correcto. Solo quiere llenar los zapatos de su padre. Hacer lo que el hubiese hecho. – al ver la expresión agradecida del templario se le encogió el corazón… y le dieron ganas de molestarlo. – Además, es tu hermano. ¿Cómo podría no defenderlo? –

La barbilla del templario se dislocó, quedando con la boca tan abierta que su gesto se veía exagerado. Elissa soltó una risa traviesa y se inclinó hacia él.

¿Fue demasiada información?... mi príncipe –

¿¡Qué!?...yo…no…qué …pri…¿Príncipe yo? Jajaja – tartamudeó. Elissa se acercó a él un poco más. Quedando a una distancia tan corta que sentía el calor de su respiración.

No tema, su majestad – extendió la mano y le acarició la mejilla. Bajo su toque Alistair quedó paralizado – Tú secreto está a salvo conmigo. – la joven Cousland se inclinó hacia adelante y le besó en la mejilla, justo en la comisura de los labios.

La piel del hombre se tornó de un adorable tono rosa que hizo latir aceleradamente el corazón de la muchacha. Elissa se paró de puntillas y le besó en la frente con la misma suavidad.

Que Andraste te proteja. – susurró antes de separarse de él.

Le dio la espalda, alejándose a paso apresurado. A los pocos segundos le escuchó llamarle.

¿A dónde vas? – gritaba.

En busca de mi familia. – Le miró por encima del hombro. – Nos vemos en Lothering. –


Aedan Cousland abandonó con paso firme la tienda del rey. Su padre, Cailan, Duncan y él habían tenido una conversación sobre Arl Howe y sus intenciones. Durante todo aquel tiempo que la sanadora estuvo trabajando en Bryce Cousland, Cailan les prometió llevar a Howe a la justicia por la destrucción de Highever, el intento de asesinato a los Cousland y el asesinato de su cuñada. Sin embargo, a Aedan le parecieron solo eso, promesas. Lo más probable era que Cailan muriese esa misma noche sin poder devolverle el favor a nadie.

Justo como Elissa había pronosticado, Fergus estaba ya en el campo de batalla, sin forma de alcanzarlo. Aparentemente Wynne era la mejor sanadora del círculo, y había asegurado que su padre podría partir hacia Lothering esa misma tarde. "Tuvo mucha suerte" le dijo la bruja. "Esa herida comenzaba a infectarse, si no se le hubiese tratado con las artes sanadoras es probable que hubiese muerto. Tuviste muy buen juicio al traerle aquí, joven". Aedan no estaba tan seguro. Encontrarse en medio del campo de batalla podía resultar perturbador para cualquiera. Y aunque su padre había insistido en participar en la batalla, Cailan le instó a recuperarse e incluso les sugirió que marcharan hacia Denerin.

Enviaré a preparar mi carruaje para que los lleve. Les daré provisiones y varias pociones de salud. La hechicera del círculo dice que estará bien, pero me gustaría que lo viesen los médicos del palacio. – aunque la voz de Cailan indicaba sugerencia a Aedan le sonó a una orden disimulada.

Su majestad – le dijo – mi familia y los hombres que escaparon se encuentra en Lothering. –

Pues que pasen a por ellos. Tus soldados pueden marchar tras la carrosa una vez sean abastecidos. Lamento no poder hacer más por ti en este momento "mi amigo". Sin embargo, me complace escuchar de tu reclutamiento. Los Grey Wardens han ganado a un excelente recluta. ¿No lo crees así Duncan? –

Sí, su majestad. – contestó el Grey Warden.

Aun así, es una lástima lo de vuestra hermana. Era una chica tan hermosa. Lamento lo de sus cicatrices. –

Aedan asintió. Cailan y él nunca habían sido exactamente "amigos". Se conocieron de pequeños en la corte del rey Maric y como herdero de su casa fue su hermano Fergus quien se vio obligado a tratarlo. Fergus y Cailan se llevaban… con frecuencia Fergus hablaba de las "aventuras" del rey, siempre pareció tenerle un profundo recelo. Aedan por otro parte veía su seguridad como excentricismo y autosuficiencia. No creía que advertirle de su destino cambiase algo en sus acciones y por lo visto, tampoco lo hacía Duncan.

Pero por lo que me cuenta Teyr Cousland es una chica con mucho valor. Puede que no pueda tener un papel como dama de la corte, pero de seguro que sería un buen general. –

¿Por qué no en la corte? Su majestad. –

Aedan se sobresaltó al escuchar la voz de su hermana. Alzó la vista y allí la vio, parada tras el rey con ambas manos en la cadera. Una sonrisa algo burlona apareció en el rostro del joven Cousland.

¿Perdóneme? – contestó Cailan mientras se daba la vuelta. Cuando su rostro se encontró con el de Elissa se sonrojó levemente. Avergonzado de que la dama escuchase palabras que no estaban destinadas a ellas.

Aedan pensó encontrar a su hermana con el entrecejo fruncido, sin embargo la sonrisa de Elissa era tan deslumbrante que apenas enmarcaba las cicatrices de su rostro.

Lady Cousland. Es un placer volver a verla. Ha sido un tiempo. – comentó casualmente el rey extendiéndole la mano a Elissa. La muchacha le tendió la suya, obteniendo en ellaun beso.

No ha sido tanto, teniendo en cuenta que me vio hace unas horas en la espalda de Alistair. –

Cierto. – aceptó Cailan con una sonrisa que le recordó a Elissa al templario. – Solo que en ese momento no tuvimos el placer de conversar. –

Sé que cuidó de mi padre. Así que os estoy enormemente agradecida. –

No son necesarios los agradecimientos, my lady. Por el contrario. Le decía a vuestro hermano que destinaría mi carruaje para que los transportase primero a Lothering para recoger a su madre y luego les llevasen a Denerin. Luego de la tragedia que ha azolado a su familia estoy seguro de que Anora se sentirá honrada de tenerles en casa. –

Elissa se tensó. Denerin sería seguro hasta que terminase la batalla de Ostagar. Sin embargo, después de esta sus padres serían meros rehenes en las manos de la reina. Respiró hondo y se relajó.

No me cabe duda, su alteza, os lo agradezco inmensamente. ¿Cuándo podemos partir? –

En cuanto el sanador termine con vuestro padre, mi señora. –

Elissa asintió. Miró a su hermano con la misma encantadora sonrisa e hizo una reverencia con la cabeza a Duncan. Pidió permiso y se internó en la tienda, para reunirse con su padre. Aedan notó que no intentó hablarle de sus visiones al rey, pero tampoco sería él quien lo hiciese.

Su hermana es una dama encantadora. – le alagó Cailan. Aedan asintió, sin embargo, Duncan también se dirigió a él.

¿por qué no vas a buscar a Daveth y Ser Jory? Reúnanse con Alistair en la gran fogata y les daré su primera misión.

Daveth y Ser Jory, los dos reclutas que morirían si tomaban el ritual. Elissa le pidió que los alejase, pero Aedan no estaba muy seguro de cómo hacerlo. Tampoco le costó mucho trabajo encontrarlos y aunque Daveth era un ladrón, le causó una mejor impresión que Ser Jory, el hombre era claramente un cobarde. Decía haber sido caballero de Redcliff y haberse unido a los Grey Wardens por la gloria, sin embargo, al joven Cousland le parecía que estaba más que arrepentido de una decisión que tomó por impulso. Ahora ambos estaban tensos por el ritual y se sobresaltaban por cualquier detalle. Cuando llegaron a la fogata encontraron a Alistair rodeado de otros reclutas que aparentemente ya habían atravesado la primera tarea. Dos magos, un elfo y una enana. Alistair se veía medio ido, hundido en sus pensamientos. Sin embargo, en cuanto Aedan llegó a su lado, se levantó.

¿Duncan? – preguntó el templario.

Me ordenó que viniésemos a reunirnos contigo. –

Claro. Por supuesto. Yo estaré acompañándolos en el ritual. –

Aedan asintió, sin embargo poco tiempo tuvo para acomodarse pues Duncan arribó pronto. Los otros reclutas se levantaron e hicieron una reverencia a Duncan antes de que este comenzase a darles indicaciones. Por sus caras aburridas Duncan solo repitió las cosas que les dijese a ellos en su momento. Sin embargo, hubo algo nuevo.

¿Y qué son esos tratados? – preguntó Daveth.

Documentos antiguos con la firmas de todas las razas, aceptando y prometiendo su participación frente a la llamada de los Grey Wardens. Además de un recordatorio permanente de nuestro derecho a reclutar. – Aclaró Duncan. Aedan había escuchado sobre el derecho de los Grey Wardens, y por lo que escuchó de Daveth parecía que Duncan no se mordía la lengua para usarlo.

Entonces solo debemos encontrar esos documentos y recolectar la sangre. Comprendido. –

Un momento Duncan – intervino Amell. – Quisiera unirme a esta excursión. –

¿Por qué motivo? –

Como ya tengo experiencia en esta cuestión no solo creo que seré de ayuda, sino que hay unas hierbas que me gustaría recolectar del bosque. –

Duncan dio su aceptación y así partieron al bosque Kokary.


Fuera comenzaba a oscurecer cuando un elfo delgado entró a la tienda del Rey. Elissa, quien esperaba en el interior con Wayne, el mabari y su padre se levantó al verle. El elfo le comunicó que el carruaje estaba listo, así como los suministros y las pociones.

Ve con cuidado pequeña – le dijo Wayne con su típico tono maternal antes de dejar la tienda. – Que el hacedor los proteja. –

Poco después el mismo Cailan se presentó y como si fuese el mejor amigo del Teyrn ayudó a Elisa a levantarlo y le acomodó en el interior del carruaje. Tras el Teyr el mabari se trepó, acostándose en el suelo, frente al hombre.

Lamento informarle que su hermano se encuentra en los bosques cumpliendo con una misión de los grey Wardens. –

Elissa asintió.

No esperaba poder despedirme de él de todas formas. Aún así, le agradezco las atenciones que ha tenido con nosotros su majestad. Muchas gracias. – dijo haciendo una reverencia. –

Lamento no poder hacer más por ustedes en este momento. Prometo que en cuanto Fergus regrese se le será informada la desgracia. Solo os pido que me aviséis de vuestra llegada a la capital, sanos y salvos. –

Así será, su majestad. –

Finalmente subió a la carrosa. Mientras se alejaban Elissa acomodó la cabeza de su padre sobre su regazo. Wayne le había colocado un encantamiento para dormir. Le advirtió que se rompería a su arribo a Lothering y en el fondo aquella idea la alivió. Ahora solo le quedaba rezarle al hacedor y a Andraste, para que los protegiera.

Para que le devolvieran a su hermano con vida.