NA: Holaaa, como me demoré tanto en actualizar les subí dos capítulos en vez de uno. Disfrutenlos... espero...
08 Fragmentos
Elenor aguardaba en su habitación de la posada. Desde su llegada a Lothering había ordenado a ser Gilmore que expulsara a los bandidos de la entrada y ayudase a los templarios a proteger el poblado. A su llegada habían escuchado que Teyrn Loghain se había llevado a la mayoría de los soldados que había en aquel pueblo. Que a su parecer ni serían muchos ni estarían bien entrenados. Ahora solo le quedaba aguardar por su esposo y sus hijos. Rezaba cada día a Andraste para que se los devolviese sanos y salvos, pero no tenía tiempo para derrumbarse ella también. Debía cuidar de Oren, su nieto, quien a pesar de seguir deprimido por su madre había encontrado otros niños con quien jugar.
Sintió unos pasos ascender por las escaleras, pasos de un hombre que portaba armadura. Tocaron y ella permitió el paso. Frente a sus ojos había un sonriente ser Gilmore.
Una carrosa con el emblema del rey ha llegado mi señora. –
Inmediatamente Eleonor se desperezó, alisó la falda de su vestido y bajó las escaleras con una dignidad que poco mostraba su prisa. Nada más abrir la puerta de la taberna encontró a los soldados ayudando a su marido a bajar del carruaje. Bryce tenía un vendaje en el costado, pero sus mejillas estaban coloridas y sus ojos brillantes. Al verle se apresuró a su lado, rodeándole con sus brazos. Le besó con dulzura, traspasándole su angustia y sus ansias y aunque el Teyrn le respondió torpemente ella se dio por satisfecha. A sus pies el mabari movía la cola, claramente complacido de verla. Eleonor le acarició la cabeza y dio indicaciones de que subiesen a su marido a su habitación y solo entonces, observó nuevamente el rostro de su hija.
Elissa se bajó apresurada del carruaje y corrió a abrazar a su madre. La rodeó con sus brazos y la apretó con una fuerza impropia de una dama. Sin embargo, cuando le sintió jadear contra su cuello Eleonor no tuvo el valor de regañarla.
Bienvenida – le susurró con dulzura, acariciándole el cabello cubierto del polvo y los olores del camino. – Shuu, - le susurró – te prepararemos un baño y te sentirás como nueva. No temas mamá está aquí. – ante sus palabras Elissa la apretó aún más fuerte, aunque sus jadeos disminuyeron.
Debe estar aterrorizada, pobre chica. – Eleonor reconoció inmediatamente la voz de la hermana Leliana. La joven había sido de gran ayuda en esos días que había pasado sola en Lothering.
Leliana le dio palabras de apoyo y consolación, incluso consiguió calmar los temores y llantos de Oren. Era una chica atenta y dulce, y aunque era una excelente iniciada, Eleonor lamentaba que no se convirtiese en madre. El conductor del carruaje desmontó y se acercó a comunicarle los deseos del rey. Sin embargo, Eleonor le disuadió de esperar unos días, pues el estado de su hija no admitía más viajes. Además, debían preparar a Oren para partir. Dicho esto y con ayuda de Leliana tomaron una habitación de la posada y la prepararon para Elissa. Bryce, el mabari subió tras ella, quedándose dentro, observando a las tres mujeres.
Ser Gilmore bajó los suministros del carruaje mientras las mujeres subían, y aunque su rostro se llenó de duda no tuvo el valor de preguntar. No así Eleonor, que nada más su hija se hubo calmado preguntó por su hermano.
Por primera vez, Elissa se dio cuenta de que su madre no había estado presente cuando Aedan se comprometió con los Grey Wardens. Con una profunda inspiración le relató a su madre los sucesos desde que se había marchado del castillo… su hogar. Eleonor sintió como el frío la recorría y el dolor la devoraba. Sin embargo se mantuvo impasible, inalterable. Podría haber perdido a sus varones, a sus bebés, pero aún tenía a su pequeña y Elissa la necesitaba. Oren la necesitaba.
Entre ella y Leliana le lavaron el cabello y el cuerpo, dejando la piel lisa y blanca. Luego la vistieron con adorables vestidos y le dieron de comer. Poco después le llegó el turno al mabari, que aunque protestó dejó que los criados le bañaran como a un buen perro. Habiendo terminado se subió a la cama, recostándose a las piernas de Elissa. Eleonor le miró con desaprobación, pero al ver que Elissa le rascaba y Leliana sonreía los dejó hacer. Al poco rato se retiró a su cuarto, donde su marido le esperaba.
Encontró a Bryce dormido. Se sentó a su lado y le acarició el cabello. Fue en ese momento que lloró. Por la pérdida de su hogar, por no haberse despedido de Aedan y por el miedo hacia Fergus. Lloró también de la felicidad de recuperar al menos una pequeña parte de su familia y le agradeció al hacedor. Le agradeció por habérselos devuelto sanos y a salvo.
Amell apretó el mango del bastón en su mano. El silencio reinaba entre el grupo allí en la esquina de la torre, donde los cadáveres de dos hombres yacían en el suelo a sus piez. El miedo acaparaba cada espacio de su ser. "¿Cómo ha podido Duncan?" aquella pregunta le atormentaba. ¿Cómo el hombre que le había salvado del Círculo podría haber tomado una vida por razones tan mundanas? Ser Jory solo estaba asustado del ritual…
Porque Daveth había…
Y los veteranos Grey Wardens ni se habían inmutado. De Stroud podía entenderlo, parecía un viejo descorazonado… pero ¿Alistair?
Las palabras de la humana resonaron con fuerza en sus oídos "Daveth y Jory no deben hacer el ritual" sus ojos buscaron apresurados a Aedan Cousland. Tenía entendido que el sabía y había acordado detenerlo. La mirada severa, cubierta de decepción le indicó que el joven había tratado… tal vez hablase con Duncan y este no le escuchara.
Suspiró. Sereda y los otros estaban tan pálidos como el mármol de las estatuas de Andraste. Alzó la vista y vio a Duncan avanzando hacia ellos.
Aedan – dijo – Da un paso adelante –
Los otros reclutas… incluida Sereda retrocedieron frente a la proximidad de Duncan. Sin embargo Amell vio el rostro del noble cubirse de una máscara inmutable y avanzar. Calmadamente se retiró los guantes de su armadura de acero y los dejó caer al suelo con u ruido estrepitante. Extendió los brazos y tomó el caliz con decisión. Si tenía miedo, no había forma de saberlo. En sus ojos solo brillaba la convicción. La seguridad.
Y tal vez la confianza.
"Si sobreviven al ritual" había dicho la Elissa Cousland, hermana de aquel que apostaba por ser uno más de los Grey Wardens.
Pero Elissa había hablado de todos ellos con la rigidez de una espada hace mucho forjada. Ella estaba convencida que todos aquellos reunidos alrededor de Duncan serían capaces de atravesar el ritual. Por eso cuando Aedan cayó al suelo con los ojos en blanco, sacando una exclamación de sus compañeros, supo que no estaba muerto.
"Vivirá" pensó al examinarle con su magia. Y "vivirá" fueron las palabras de Duncan cuando midió sus signos vitales.
Tal vez aquello era una locura.
Tal vez convertirse en Grey Warden era una locura. Pero si con eso obtenía una mayor posibilidad de sobrevivir que estando en el círculo o recorriendo las tierras del Blight sin protección…
Lo tomaría.
Daylen – Duncan venía hacia el, con el caliz aún repleto - un paso adelante –
Y Amell avanzó.
Darrian apretaba en su mando el colgante lleno de la sangre de los Grey Wardens. Duncan había pedido que Alistair, Aedan y Sereda le acompañasen a la reunión de guerra con el rey. Pero él no estaba dispuesto a ser dejado de lado junto con los magos. Se escurrió entre las sombras, consiguiendo colocarse lo suficientemente cerca como para escuchar el plan de batalla… y no le gustó.
No le gustaba ese Loghain por muy héroe que fuera. Nunca le había gustado. Miraba a los elfos como todos los otros nobles, pero también miraba así a los que no portaban títulos. "Hipócrita nacido del vientre de una campesina"
Pero lo que menos le gustó fue escuchar como las palabras de aquella chica humana seguían el paso de la historia. El rey Cailan ordenaba que Aedan y Alistair subieran a la torre de Ishaly dieran la señal a los hombres de Loghain de unirse al combate.
"Alistair y el nuevo recluta tendrán una misión aparte y no estarán en la batalla." Les había dicho antes de suplicarles que intentasen salvar al estúpido del Rey. Pero si con tantos hombres la batalla aún estaba perdida ¿cómo podía esperar que ellos sobrevivieran?
"Como mismo supo que aquellos pobres bastardos morirían por soñar con ser grandes hombres" pensó para sus adentros. Suspiró, a diferencia de los otros el no creía en Andraste, no quería atarse a la religión de los humanos. Así que ahora no tenía a quien encomendarle su alma y sus esperanzas.
"No necesitas un dios" se recriminó "Tú serás el que guíe tu propio camino."
Cuando terminó la reunión observó a Duncan reunirse a solas con Stroud.
Márchate antes de que todo esto empiece. Aún la horda está lo bastante lejos como para que puedas escurrirte entre los dos ejércitos. –dijo Duncan con vehemencia. – Dile a Clarel que la batalla ha fallado… que el rey ha caído. –
Stroud le examinó con el entrecejo fruncido.
Creí que no confiabas en la palabra de aquella chica ¿qué ha cambiado? –murmuró el veterano Grey Warden.
Podía haberlo inventado todo. Podría haber conspirado con Howe para que acabase con su familia. Incluso podía tener espías que conociesen la descendencia de Alistair. – recitó Duncan – pero no tenía forma de saber quién moriría en The Joinin. –
¿Por eso ignoraste las palabras de Aedan? ¿Para tener tu prueba? – Strod suspiró – Los años te han cambiado demasiado. – Duncan le atravezó con una fría mirada. - ¿Ahora le crees? –
No importa lo que yo crea. – dio un paso más hacia Stroud – tienes que asegurarte que envíen refuerzos. No dejes que los Grey Wardens de Ferelden perezcan inútilmente. –
¿Qué hay de Alistair? – Stroud cruzó los brazos sobre el pecho.
Dí mi palabra de que le mantendría a salvo. Pero no necesita de mi protección, ya no. Y si Cailan va a morir, es fundamental que él esté lejos del campo de batalla. ¿Qué mejor lugar que la torre de Ishal? –
Darrian apretó los dientes. Alistair… Alistair. ¿Por qué era ese humano tan importante que Duncan había hecho un voto para protegerlo? Y como había sido por órden del rey ¿sabría aquel estúpido del valor oculto del Grey Warden? Muchas preguntas sin respuesta se enmarañaban en su cabeza. Pero la historia avanzaba por el mismo hilo conductor que recitaran los labios de aquellamujer. Y Duncan parecía dispuesto a aferrarse a el.
Sabes que las posibilidades de que Orlais envíe ayuda luego de estas noticias son casi nulas. – insistió Stroud. El rostro de Duncan se oscureció.
Si eso llegase a ocurrir, confío en que los nuevos Grey Wardens de Ferelden puedan encontrar el camino y terminar esta tragedia. – Duncan desvió la mirada de Stroud, viajando hasta el sitio donde Darrian se ocultaba. – Todos ellos. – suspiró. – Además, tengo en mi poder documentos que les harán enviar al menos a un explorador. –
Elissa observaba a Leliana mientras acomodaba su armadura. Nunca esperó encontrarla tan pronto. Mucho menos acompañada de su madre.
Espero que los vestidos sean de su agrado my lady. – dijo Leliana mientras pasaba un paño húmedo sobre las piezas de la armadura. – son modestos, pero pienso que si todos le quedan tan bien como el que ahora viste deberá sentirse complacida.
La chica Cousland apenas le prestaba atención a sus palabras. En su mente buscaba una manera de reclutarla. En el juego Leliana se acercó voluntariamente a su hermano para unirse a su cruzada. Pero aquello era luego de la batalla que tendría lugar en pocas horas… ¿minutos?
Leliana – le llamó. La hermana se dio la vuelta, mostrándole a la muchacha una sonrisa.
¿Sí? –
Tú has… tenido "visiones" –
Ante su pregunta el rostro de Leliana palideció levemente. Por su reacción Elissa asumió que sí.
El hacedor te ha hablado ¿verdad? –
Leliana corrió a su lado, prácticamente trepándose en la cama.
¿Cómo…? –
¿Lo sé? – terminó Elissa – no es lo único que sé. Sé sobre ti Leliana. Sobre Margeline, sobre Orley, sobre los bardos… sobre el juego. –
Entonces Leliana palideció aún más. Si Elissa no supiera que andaba desarmada creería que le saltaría al cuello. Sin embargo, gracias a la tranquilidad de Bryce, sabía que no estaba en peligro.
Ella te envió – la voz de Leliana tembló al hacerle aquella pregunta que sonó a afirmación.
¿Margeline? No. Mis palabras son solo mías. Pero si debiese culpar a alguien de mi conocimiento sería al mismo Maker. – ante sus palabras la hermana dudó.
¿Qué quieres decir? –
Así como el hacedor te habló a través de una visión y te encomendó una misión a mí me dio visiones. –
¿Visiones? – en aquel momento el rostro de Leliana era un poema. - ¿Qué clase de visiones? –
Visiones del futuro y del pasado. Se los secretos de la emperatriz Celine y el rey Marim. Se historias de los Qunari y los hechiceros de Tevinter. He visto a la bruja de los bosques sin que ella me viese a mí. He escuchado la voz del Dread Wolf y visto en su corazón. He experimentado la crudeza del "juego" y procurado no pisar jamás el palacio de invierno. - Resultaba interesante para Elissa cómo la expresión de la hermana pasó de incredibilidad total a una profunda admiración. Claro que… mucho de aquello solo ocurrió durante el juego.
¿De verdad has hecho todo eso? –
En mis visiones. Supongo que en el velo. Donde haya sido, tengo también una misión. He de ayudar a mi hermano y a los Grey Wardens a derrotar este Blight. Después… - acarició la cabeza del Bryce, el mabari. – tendré que escoger uno de los caminos que me fueron mostrados. –
Leliana bajó la cabeza, pensativa.
Todo eso que me dices… podría tener sentido. Pero necesito pruebas. Si realmente puedes ver el futuro dime ¿Vendrá Margeline a por mí? –
Margeline te está vigilando desde que huiste de ella. Te observa y se pregunta por tus acciones. Cree que eres como ella, fría y calculadora. Pero no vendrá en persona a matarte, no es ese su estilo. Enviará a otros. Entonces será decisión tuya que hacer con ella. –
¿No sabes que haré? –
Lo sé. Pero de nada sirve hablar de algo que está un poco más lejos en el futuro. Si quieres una prueba te haré una predicción. – hizo una pausa para rascarle bajo la mandíbula a Bryce. – Mañana, en cuanto despunte el alba llegarán noticias de Ostagar. La batalla habrá terminado en un completo fracaso. El rey morirá, o eso dirán, y culparán a los Grey Wardens de traidores. Sin embargo, la traición será causada por Teyrn Loghain. –
Los ojos de Leliana se desorbitaron. Había incredibilidad en sus ojos. Ni siquiera ella creía que Loghain fuese un traidor. Sin embargo, la barda asintió. Se levantó de la cama y con una marcada reverencia abandonó la estancia, y poco después la posada. Elissa quedó atormentada. Le preocupaba el bienestar de su hermano y el resultado de la batalla. ¿Podrían los jóvenes grey Wardens proteger a Cailan o Alistair quedaría solo? ¿Aceptarían Aedan a Morrigan? ¿Cómo escaparían los otros orígenes? Se cubrió el rostro con las manos, intentando apartar aquellos pensamientos. La tarde ya había caído y la noche era profunda. El carruaje había hecho el trayecto en casi seis horas, un trayecto que a pie tomaría al menos tres días. Estaba lejos del caos como quiso, estaba a salvo pero estaba insegura.
Bajose de la cama. Bryce alzó la cabeza y saltó de la cama tras ella. Aún no había visto a Oren, pero tampoco deseaba hacerlo en ese momento. El pequeño necesitaba la calma que ella no podía darle y ella necesitaba estar sola. Se escurrió de la taberna, pasando casi de puntilla frente a la habitación de sus padres. Sin embargo, cuando abrió la puerta de la taberna chocó con Ser Gilmore.
Lady Cousland ¿ocurre algo? – preguntó el caballero con clara preocupación en sus ojos.
Necesito un poco de aire. –
Salir a esta hora es peligroso my lady. Debería llevar algo de escolta. –
El mabari ladró con fuerza, haciendo al hombre sobresaltarse. Elissa rió por lo bajo y le acarició el lomo al animal.
Supongo que con Bryce me basta. ¿No crees? – el hombre asintió, pero de todas maneras le entregó su daga. Elissa se la enganchó al cinto donde además traía una bolsita de monedas de plata.
Recordaba que había muchas cosas por hacer en Lothering, pero no estaba segura de cuántas podría solucionar. Debía además encontrar una manera de convencer a los ciudadanos para que huyeran hacia Denerin… que por un tiempo sería el lugar más seguro.
A la distancia buscó el molino. Se dirigió en su dirección y a pocos metros vio la jaula, aquella inmensa jaula que era el hogar de Sten. Allí estaba él, esperando en su interior, mirando al vacío. Estaba sentado en el suelo, hundido en sus pensamientos. Elissa avanzó hasta detenerse frente a él. Allí se arrodillo, observándole el rostro. A pesar de estar tan cerca él aparentaba no verla, o por lo menos no le importaba. Elissa sabía que el gigante era de corazón noble y que los crímenes de los que se le acusaban no eran más que el fruto de su entrenamiento dentro de su religión. Extendió su mano para tocarle, pero una voz femenina la detuvo.
Por favor ten cuidado – Elissa miró sobre su hombro para terminar completamente anonadada.
"Bethany"
La muchacha de cabello negro y ojos dorados la miraba con temor. Sin embargo, aunque cualquiera pensaría que intentaba hacerla desistir a Elissa le parecía que quería protegerla. Bethany no portaba su bastón, sin embargo, en sus manos alzaba una cazuela llena de frutas. La chica Cousland sonrió al ver aquel gesto, típico de la dulce Bethany.
¿Lo estás alimentando? – preguntó Elissa con suavidad.
Yo…yo – dudó. Por primera vez la maga pareció fijarse en su vestimenta. Palideció.
Está bien. – comentó Elissa extendiendo las manos hacia ella. – No es muy diferente a lo que me disponía a hacer de todas formas. Aunque no sé si él lo permitiría. – Bethany tragó en seco, insegura de si debía contestarle a aquella extraña con un aparente título. Elissa le sonrió con amabilidad. - ¿Me dejarías ayudarte? –
O…ok. – dudosa Bethany se acercó a ella y se arrodilló a su lado. La muchacha extendió una manzana al Qunari, sin embargo, este ni siquiera la miró. Bethany la sostuvo por un tiempo, sin embargo, Sten continuó en su letargo. - ¿No tiene caso? –
Puede que no – coincidió Elissa. – Es un Qunari, si ha hecho algo malo y él mismo lo reconoce seguirá la condena que se le ha impuesto. Estas son personas fieles a su carácter y sus enseñanzas. –
Personas… - repitió Bethany. Durante un momento permaneció observando el rostro de Elissa. Analizando sus fracciones. Estuvo tan perdida en sus reflexiones, que cuando giró el rostro y chocó con los ojos de Sten fijos en ella se sobresaltó.
Sin embargo, no era a Bethany a quien miraba el Qunari, sino a Elissa.
Sten of the Beresaad, la vanguardia de los Qunari. – Murmuró Elissa, obteniendo una mirada osca del Qunari. – Crees que es inútil aceptar la comida que esta agradable chica te brinda. –
Estando tú en mi lugar – contestó el Qunari, haciendo palidecer a Bethany. Desde que ella le traía alimentos él nunca había contestado una sola de sus preguntas. – ¿prolongarías tu encarcelamiento? –
Me parece justo. La Madre reverenda ha decidido entregarle tu destino al hacedor. Te dejaran en esta jaula hasta que llegue la horda de Darkspawn y te devoren. A ellos sí no les preocupa que hallan barrotes entre ustedes. –
Ante sus palabras Bethany palideció aún más.
Que así sea entonces. – ante su contesta Elissa suspiró.
¿No preferirías buscar la redención? – preguntó la joven Cousland.
¿Es que hay algo que iguale mi crimen? –
Elissa quedó en silencio. Había maneras de convencerle, sin embargo, no estaba segura de cuánto podría decirle a la madre reverenda. Además, ya había interferido con Liliana. ¿Devía también reclutar a Sten? Aún la batalla de Ostagar no había terminado, ¿cómo podía ella convencerla de luchar contra el Blight? Se levantó, la complexión de Sten se veía fuerte aunque él se había abandonado a morir, Elissa sabía que otros vendrían por él. Con un leve asentamiento de la cabeza la joven Cousland se levantó.
Mejor vámonos. Él no tomará comida de nosotros ni de nadie. Ya le has oído. –
Dudosa y con la preocupación brillando en sus ojos Bethanyobedeció. Lentamente, ambas se alejaron de la jaula, sin embargo, Elissa sabía que la joven volvería.
Me sorprende tu actitud hacia el Qunari – le dijo intentando comenzar una conversación. No esperó encontrarse a la maga por más que sabía que ellos vivían en Lotering. Siempre pensó que tendría que buscarlos con ahínco. – He escuchado que asesinó a seis campesinos y algunos niños. Pensé que todos en este pueblo le temían. –
Aunque es verdad… él… él se quedó esperando que viniesen a llevárselo. Se entregó voluntariamente para ser condenado. Alguien que se arrepiente de sus pecados no puede ser tan malo. –
Elissa acarició la cabeza del mabari que caminaba tranquilamente a su lado. Ella sabía que Sten no era malvado, era un sujeto noble al que le gustaban los animales pequeños y los mabari. Sin embargo, tenía un temperamento difícil. Ella no estaba segura de poder controlarlo.
Estoy de acuerdo, sin embargo, sus pecados no desaparecerán solo porque sí. – por unos instantes ambas mujeres quedaron en silencio. – Me llamo Elissa, por cierto. – dijo extendiéndole la mano. Bethany la miró por un momento antes de estrechársela.
Bethany. Un placer. – la examinó intentando ser discreta, pero luego de Arl Rendon Howe pocos podían ser discretos. – nunca te había visto por aquí, Elissa. –
Es complicado. Vengo de Highever. El castillo ha sido tomado por Arl Howe, el Arl de Amarantine cuando se suponía que debía partir junto a Teyrn Cousland al combate. –
He escuchado esa historia. La Teryna estaba alojada en la taberna, corría el rumor de que esperaba en vano a su esposo y sus hijos. Que habían muerto de camino a Ostagar. –
Los rumores son solo eso Bethany. Rumores. Esta misma tarde arribó el Teyrn con su hija desde Ostagar. El hijo mayor de la familia está en el campo de batalla y el otro se ha unido a los Grey Wardens para detener el Blight. –
Entonces ¿es verdad? ¿Esto es un Blight? –
El rey Cailan lo niega, ya sea para traerle tranquilidad al pueblo, o por negligencia. Sin embargo los Grey Wardens están convencidos. Si ellos lo dicen, no pueden estar equivocados. –
Entonces ¿eres una sirvienta de la casa Cousland? –
ELissa le sonrió con dulzura, pero no contestó. A los pocos pasos se detuvieron frente a una casa. La fachada estaba igual de destruida que las otras, pero salía humo de la chimenea y se sentía confortable. Aquel debía ser el hogar de los Hawke, y aunque Elissa se moría por ver en persona a Hawe y comprobar que tan parecido era a Amell debía esperar. Le preocupaba su sexo, si sería mago o no… todo. Pero tendría que esperar.
Cordialmente ambas chicas se despidieron. Elissa le informó a Bethany que estaría en la taberna y se despidieron con la promesa de volverse a ver. Sin embargo Elissa se ocultó en las sombras hasta que Bethany entró en su casa. Cuando estuvo segura de que era el lugar correcto retomó su camino, donde permaneció observando el horizonte. Desde allí el cielo comenzaba a teñirse de rojo. Pero no era por los vestigios del amanecer. Sino por los de la batalla que se perdía.
Maker protect them all. –
El dolor era insoportable. Aedan sujetó su costado donde la sangre corría hacia abajo dentro y fuera de su armadura. A su lado yacían muertos el mago y el soldado que les ayudaron a llegar a la cima de la torre. Alistair sujetaba fuertemente su espada, semi-oculto tras el escudo. La batalla estaba perdida, iban a morir en aquella torre.
"¡No!" se criticó. Debía confiar. Debía encontrar una forma. Debía haber una manera de salir de allí.
Esquivó otras dos flechas lanzadas contra él, pero cuando la sima de la torre de Ishal se llenó de darkspawn y aquel segundo Ogro se hizo lugar sintió como el cuerpo se le enfriaba. Habían necesitado tres soldados y la vida de un mago para acabar con uno ¿Cómo iban a matarlo dos de ellos en aquel estado tan lamentable? Miró a Alistair, encontrándose con los ojos del chico sobre si mismo. Sabía que el muchacho estaba tan o más asustado que él.
"No queda otra opción. Son o ellos o nosotros" una sonrisa macabra apareció en su rostro cuando se cubrió con el escudo. "Nunca pensé que usaría mi vida como motivación". Con el escudo embistió al darkspawn que tenía más cerca sin percatarse siquiera de si usaba espada arco o cualquier otra cosa. Al instante que este calló le clavó la espada en el cuello y se lanzó contra otro. Por el grito de Alistair supo que había echo lo mismo. Sin embargo, sus exclamaciones fueron silenciadas por el rugido del ogro.
No le vio venir. Solo sintió el dolor en su costado tras intentar esquivar el golpe de la bestia. Una flecha se clavó en su hombro derecho haciéndole soltar la espada. Otra flecha le liberó del escudo. Calló al suelo y entre las penumbras creyó ver a Alistair desplomarse también.
El ruido… el fuego.
Había sido un estúpido. Se volvió un Grey Warden aún sabiendo las consecuencias que esto traería. Pensó que solo él podría salvar Ferelden. Sin embargo había cuatro más como él. Y todos morirían en aquella batalla inútil.
Había sido arrogante.
¿Salvar al rey?
¿Cómo… si no podían salvarse ellos mismos?
La oscuridad comenzó a consumirlo y supo que estaba muriendo. Sino como habiendo tanto fuego estaba todo tan negro.
Había ruido…mucho ruido
Y frío… helado.
"Fergus… lo siento"
