NA: Hola. Me estoy demorando en actualizar, lo sé. Tengo mucho trabajo y además estoy intentando revizar bien los capítulos antes de subirlos para no cometer herrores innecesarios. Tengo la historia más avanzada, y quiero que todo cuadre. Así que pido disculpas. Aunque admitiré que estoy tristona por la poca respuesta que he obtenido. Pero pretendo terminarla, así que ni modo. Gracias a los que me leen.
09 Lothering
Lo primero que recuperó fue la percepción. No escuchaba, no sabía si vería, o no sabía nada. Era incapaz de elaborar un pensamiento consiente. Sin embargo sintió. Sintió ropa sobre su piel. No era pesada, como su armadura. Ligera, muy ligera, pues dejaba traspasar el aire. Había aire. Mucho.
Involuntariamente movió un dedo y se dio cuenta de que tenía manos. Intentó entonces con una de las extremidades inferiores… y supo que tenía aún sus piernas. No sabía quién era o donde estaba, pero estaba vivo.
"… ¿por qué no debería estar vivo?"
Intentó abrir los ojos y se sintió abrumado. Se rindió, pero un ruido extraño alcanzó sus oídos que parecían aclararse. Como quien salía de un lago.
"Ruidoso" pensó. Escuchó hasta que ese ruido se transformó en voces. Muchas voces. Voces femeninas que no reconocía.
¿Despierto ya? – dijo la que parecía estar más próxima. – Aún es pronto para ti jovencito. Duerme. –
Se sintió cansado…entumecido.
Y durmió.
Mientras dormía tuvo un sueño. Estaba en casa con su familia. Su madre sin rostro peinaba el cabello de su hermana mientras su padre, indistinguible, les leía un libro sobre el rey Callanhad, el unificador de Thedas. Su hermano alzó su espada de madera y evocó algo que los hizo reír a todos menos a su hermana. La chica infló los mofletes y protestó, pero no pudo escuchar sus palabras. Aquella imagen se desvaneció y otra le siguió.
Como una nube aquellas imágenes se formaron. Su hermano le azotaba con una espada sin piedad. El caía y su hermano lo levantaba para volverle a azotar. Su hermana… Elissa le gritaba atareada con un exuberante vestido… ¿qué gritaba?...no sabía. Cayó al suelo otra vez y ella se interpuso entre los dos. Se arrodillo a su lado ensuciándose la falda que tanto le gustaba. "¡Fergus no sabes contenerte!"
"Fergus…ese era su nombre"
Recordó entonces el rostro de sus padres. Recordó cuando obtuvo a su mabari. Lo nombró como a su padre. Pero Bryce al principio no estaba destinado a él, sino a Fergus. Felizmente para él el mabari se le enlazó. Pero Fergus no se molestó, pareció incluso agradecido. "Un cachorro lleva mucho trabajo" le había dicho. Pero ¿dónde estaba Bryce?
Recordó entonces la partida de Fergus, el ataque al castillo Cousland. La muerte de Oriana y las cicatrices de Elissa. El ritual de los Grey Wardens, narrado por la voz de Duncan… y la torre.
¡La Torre!
Entonces sus sueños cambiaron. Estaba bajo tierra. La lava lo rodeaba por todas partes y el ruido… el ruido era ensordecedor. Allí estaba parado en completa armadura, buscando en todas direcciones el origen de los chillidos.
Frente a él se alzó una criatura escalofriante. Parecía un dragón pero su carne estaba podrida, sus ojos sin vida lo miraron con aquellas pupilas apagadas. Abrió la boca y le quemó con su aliento. Intentó cubrirse con su escudo… el escudo de la casa Cousland… lo dejó caer, pues los guanteles de sus manos se derritieron y se quemó las palmas.
Aedan se miró las manos desnudas cubiertas de sangre coagulada. Alzó la vista hacia los rugidos que se volvían cada vez más fuertes, solo para ver una boca llena de afilados dientes cerrarse sobre él.
Dolor
Mucho dolor.
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah! –
Las imágenes desaparecieron, siendo sustituidas por otras más nítidas. Una mujer…una anciana a la que creía haber visto con anterioridad yacía sentada a su lado, sobre el suelo. En respuesta a su grito se le unieron dos más. Una enana y un mago de ojos dorados.
Un despertar agitado. – comentó la anciana con una extraña sonrisa. - He de decir, que estas lleno de sorpresas jovencito. –
Rompió el encantamiento de sueño. – comentó el mago… Vestía el uniforme azul que los Grey Wardens les repartieron luego de su ritual.
¿Amell? – preguntó.
Le recordaba… o eso creía. El mago asintió complacido.
Sí. Parece que su mente no está tan afectada. –
La enana asintió. Se veía pálida y aunque también usaba el uniforme este estaba cubierto de sangre.
Iré a avisarle a Alistair. – Amell le devolvió el asentimiento y al igual que la anciana se arrodilló junto al catre donde reposaba el convaleciente.
Muchas gracias por vuestra asistencia, Flemeth – le susurró Amell a la bruja, su tono afable indicaba un profundo respeto – Creo que puedo ocuparme en lo adelante. –
Bien – dijo la vieja con malas maneras. – Volveré dentro a encargarme del "otro" –
Su tono despectivo dejó incómodo a Aedan.
¿Flemeth? – le preguntó al mago. Aedan recordaba a la anciana, pero su encuentro había sido breve y sin presentaciones. - ¿La bruja de los bosques? –
La madre de Morrigan, ya sabes, esa brujita simpática que nos mostró los tratados – le corrigió Amell con una sonrisa comprensiva. – Estamos vivos gracias a ellas. Aparentemente Flemth atravesó el campo de batalla transformada en un gran pájaro y los sacó a ti y a Alistair de la torre. A nosotros un lobo nos sacó del campo de batalla y nos guió por el bosque. Resultó que era Morrigan. ¿Puedes creerlo? – Extendió una mano hacia el sujeto, quien la miró interrogante por un momento. Lentamente alzó su propia mano y la tomó. – Siéntate despacio. Hemos tenido que trabajar mucho en ti, no quiero que te me desmayes ahora. –
Aedan se incorporó. Poco a poco consiguió sentarse y liberó la mano del mago. Se sintió mareado sin embargo, así que se masajeó el rostro con las manos.
¿Qué ha pasado? – preguntó al fin.
Fuimos traicionados – la vehemencia en la voz del mago no traía lugar a dudas. – Teyrn Loghain ordenó la retirada a sus tropas. Fue una masacre. – Aedan sintió como los músculos del cuerpo se le aflojaban.
"Loghain" pensó.
Las palabras de Elissa burbujearon en sus oídos: "Si le matas sin haber cometido un crimen te acusarán de traidor. Te colgarán. No les va a importar que seas un Cousland o que portes el escudo de los Grey… te tratarán como a un cualquiera. Tanta así es su influencia"
Estaba claro. Asesinar a un Teyrn sin pruebas era una condena a muerte. Mucho peor cuando ese Teyrn era el héroe del río Dane. "Tú eres el que no entiende. – le había dicho la muchacha sin soltarse de sus manos – Lo lamento. No puedo."
"Te entiendo Eli" se lamentó volviendo a masajearse el rostro. "Ahora entiendo".
¿Ha cuantos hemos perdido? – inquirió.
¿Todos? – contestó Amell encogiéndose de hombros – los veteranos al menos. Sereda recibió un golpe terrible, si no hubiésemos tenido a Surana con nosotros en el campo de batalla la hubiésemos perdido. Será pequeña, pero tiene un gran espíritu de auto-sacrificio. –
¿El rey? –
Amell señaló la cabaña que se encontraba tras ellos. El hogar de las brujas.
Morrigan, Surana y Flemeth batallan día y noche para salvarle la vida. – hizo una pausa – Gracias a Darrian pudimos impedir que el ogro le matara, pero está muy dañado. – su voz dudó. – No sé si saldrá de esta. –
Esperemos. Es el único verdadero aliado que tienen los Grey Wardens en Ferelden. – entonces calló en la cuenta. – Dices que Darrian le salvó, pero ¿y él? –
Amell sonrió con picardía.
El tipo es un cabezota. Se tomó un par de pociones y no dejó que ninguno de nosotros lo revisara. Surana le convenció finalmente, pero tampoco le prestó atención a sus sugerencias. Anda por ahí, recogiendo leña por el bosque con Alistair. –
"Entonces el chico está bien. Bueno."
¿Y Duncan? –
El mago palideció. Sin embargo no fue él quien contestó su pregunta. Sino que fue el mismo Alistair. El templario llegó seguido por Sereda.
Está muerto. – el dolor en su voz daba la impresión de que comenzaría a llorar. Aedan sintió pena por él, pero aquel no era el momento de quebrarse. Alistair parecía entenderlo también. Tomó aire y continuó. – Mató al ogro que se lanzó contra Cailan, pero sus heridas eran letales. –
Le trajimos – intervino Sereda – pero no hubo nada que Flemeth pudiese hacer por él. –
Aedan alzó el rostro, observando el de Alistair.
¿Pudiste despedirte? –
Alistair cerró los ojos, como si creyese que ese gesto evitaría que sus lágrimas corrieran. Lentamente asintió.
Bien. – contestó Aedan fijando su mirada en el suelo. Apoyó las manos en las rodillas y haciendo un tremendo esfuerzo consiguió ponerse en pie.
Amell hizo el además de sujetarlo e incluso Sereda y Alistair dirigieron las manos en su dirección por si caía, pero Aedan Cousland se alzó como un árbol. Firme y recto. No tenían tiempo que perder. Si la horda había ganado la batalla de Ostagar, como Elissa dijo que harían, entonces no había nada entre ellos y el resto de Ferelden. Miles de vidas… la vida de su familia dependía de la velocidad con que se moviesen.
Dependían de él.
Había sido un milagro.
Pero estaba vivo.
"Estos serán días muy duros para ti. Enfréntalos sin temor, pues garantizo tu bienestar." Las palabras de Elissa hacían eco en sus oídos. Ya no quedaba duda, su hermana sí conocía el futuro. Era un profeta. No una falsa como tantas veces en la historia. Tal vez había sido enviada por el mismísimo hacedor, o por Andraste.
Esperaremos hasta mañana por si el rey se recupera. Si toma más tiempo nos dividiremos. Un grupo partirá hacia Lothering y el otro grupo se quedará aquí para escoltarle fuera de los bosques. Debemos comprobar que tan lejos se ha esparcido la horda y obtener noticias del traidor. – explicó apoyando sus manos en las caderas.
Amell y los otros asintieron.
Parece lo más adecuado. – acordó Sereda. A sus palabras Aedan asintió.
La última vez que revisé, los tratados estaban en mi mochila. – dijo – No he tenido tiempo de leerlos, pero Duncan dijo que obligaba a otras razas a prestarnos ayuda contra el Blight. –
Sí – contestó Alistair. – Están firmados por los Dalish, los enanos de Orzammar y los magos de la torre. –
Perfecto. Con eso será suficiente para montar un ejército. – Aedan se acarició la barbilla pensativo. Si además conseguían que Cailan regresase a Denerin y llamase a lo que quedaba de su armada podrían acabar aquella desgracia.
¿Así? ¿Tan fácil? – preguntó Amell. – Solo llegamos "miren somos los Grey Wardens. Por este tratado están obligados a responder ante mí. ¡Hey vámonos a la guerra!" – el escepticismo estaba claro en su voz.
Nadie dijo que sería fácil, Ser mago. Sin embargo, si el sello de los enanos está en ese documento mi pa… ujum… el rey de Orzammar, no tiene otra opción más que prestar ayuda. –
Si logramos involucrar a los magos existe la posibilidad de que los templarios también nos presten su fuerza. – continuó Aedan.
Síiiiiiii. De eso yo no estaría tan seguro. – intervino Amell. – Con la excusa de que somos "altamente peligrosos" no se moverán de la torre aunque tengan a los darkspawn arañándoles las paredes. –
Aedan suspiró.
Aún no podemos contar con Cailan. Sería importante recurrir a la nobleza humana para obtener soldados y apoyo. – sugirió Sereda.
Los Cousland están fuera de la mesa – explicó Amell – Luego de lo que ha pasado serán incapaces de contestar nuestras súplicas. Han perdido su hogar, sus tierras y a sus hombres.-
Lo cual – estuvo de acuerdo Aedan – nos deja muy pocas opciones… -
¿Qué tal Arl Aemon? – intervino Alistair. Aedan le miró con interés. Era una idea…
Brillante. – coincidió – Es el tío del rey y es muy popular entre los nobles y el pueblo. Si conseguimos que nos apoye podríamos no necesitar la ayuda de Cailan. –
Alisatir se sonrojó un poco y asintió. Avergonzado.
También necesitaremos nuevo equipamiento. – dijo Aedan mirando la armadura de Grey Warden que Duncan les había entregado luego del ritual. – Quien sabe lo que habrá esparcido Loghain sobre nosotros. Lo mejor sería que nadie supiera que hemos sobrevivido. –
No estoy de acuerdo. – protestó Alistair atrayendo la atención de los demás. Al ver tantos ojos sobre él se recogió un poco. – Lo que quiero decir… es que la gente confía en nosotros para terminar el Blight. Si nos damos por muertos muchos se sentirán desamparados. Abandonados. –
Aedan entendía su punto. Incluso Amell pareció pensarlo. Sin embargo…
Solo será mientras estemos en Lothering. Luego podemos volver a usar el uniforme. – Avanzó hasta Alistair y le colocó la mano en el hombro. – Yo tampoco quiero desaparecer por más tiempo del necesario. –
El templario pareció pensarlo un momento hasta que finalmente asintió.
Si estamos de acuerdo, iré a buscar mi armadura y mi equipo. En la noche botaremos para ver quién se va y quién se queda. – concluyó Aedan Cousland.
Loghain estaba furioso. Sentado a lomos de su caballo avanzaba cada vez más cerca de Denerin, la capital de Ferelden. Desde su costado podía observar claramente aproximarse a los caballeros de Arl Rendom Howe. "Estúpido" le criticó mientras hacía con fuerza las riendas del semental gris. Pero él era más estúpido aún por haberse permitido confiar en aquel imbécil.
Una yegua café se le plantó a su lado, mostrando al hombre en sí. El Arl se veía preocupado y la palides de su rostro solo indicaba que quedaba algo de sentido bajo aquella estúpida mirada.
¿Cómo te atreves a mostrarte ante mí? – recriminó.
He cumplido mi parte del trato. He tomado el castillo Cousland. – intentó defenderse, pero sus murmurados chillidos nada intimidarían a Loghaing.
Querrás decir las cenizas del castillo. El trato era que te deshicieras de todo el linaje Cousland. Sin embargo se aparecieron el padre y dos de sus cachorros en el campamento. ¿Cuál es tu excusa? – El Teyrn habló entre dientes, intentando no alzar el tono de voz. Por más que deseara partirle la cabeza a aquel anormal… no debía. Aún le necesitaba.
Alguien me traicionó. Debió ser eso. De otra forma los hubiese matado a todos. Uno de mis hombres se volvió en mi contra y evitó que le diera el golpe de gracia a Bryce. –
¿Quién? –
No lo sé. Nunca lo había visto. Pero eso no es todo, mis hombres dicen que había un soldado esperándoles en la entrada de las habitaciones. Fue su culpa que no les mataran en sueños. –
"Un solo hombre dice" pensó Loghaing.
Patético. – terció Loghaing. - ¿De qué temple están hechos tus hombres que no pueden derrotar a un mísero Cousland? –
Le aseguro, my lord. Que esto no quedará así. Los aniquilaré. –
Por suerte para ti, parte del trabajo ya la han hecho los darkspawn. Sus dos hijos varones deben haber muerto en Ostagar. Bryce Cousland está herido y de camino a la capital con lo que queda de su familia. Imagino que su esposa, su hija y su nieto no sean una amenaza para ti. – se burló Loghaing.
No lo serán, my lord. – una chispa de locura se apoderó de los ojos de Rendom Howe. – En cuanto a la joven Cousland, me gustaría tomarla para mí, my lord. –
Loghaing no pudo contener su desagrado.
Haz lo que te plazca, mientras los cadáveres de su familia salgan a la luz y nunca más escuche el nombre de esa chica, no me importa en lo absoluto. –
Para defender el legado que le había dejado Marin no podía permitirse dudar. No podía sentir lástima por los condenados. Y definitivamente no compararía a la chica Cousland con su hija. Howe podía hacer lo que quisiera con ella. Siempre y cuando aquello sirviera para entregarle el país que con tanto esfuerzo él y Marin construyeron.
Y Howe – el Arl le miró con insistencia – No me vuelvas a fallar. –
Elissa dobló en una esquina, encontrándose finalmente en el terreno que se le había entregado a los refugiados. Pocos días luego de los sucesos de Ostagar habían comenzado a llegar y cada día aumentaban en número. Tras los refugiados llegaron los bandidos. Entonces la muchacha se alegró de que Ser Gilmore aún estuviese con su familia. Gilmore les amenazó y consiguió expulsarlos por un tiempo, sin embargo Elissa estaba segura de que habían movido su grupo de operaciones a unos metros más delante de Lothering, donde las colinas los ocultaban. Tan obsesionada le tenía aquella idea que ser Gilmore formó un grupo de rondas que salían del pueblo. En más de una ocasión trajeron las pertenencias de algún refugiado, pero no encontraron rastro de los bandidos.
Tal vez una de las razones por las que Elissa estaba tan alterada era el paso del tiempo. Luego de casi una semana aún no tenía noticias de su hermano o de los Grey Wardens. Al menos no diferentes a las que esparció Loghaing y sus hombres. Hasta el momento el desarrollo de los acontecimientos era el mismo. Cailan estaba muerto y caía sobre los Grey Wardens el cargo de asesinato. La joven Cousland no estaba segura de por qué Loghaing no había aún alzado cargos contra su familia. Porque lo haría sin dudas. Tal vez por eso no pasó por Lothering en su camino a la capital. Cailan le había dicho al conductor del carruaje que les recogiera y los llevase a palacio. Y de no ser por la voluntad de su madre así hubiese sido.
"Deja que llegue al castillo y vea que no estamos allí". Pensó.
Aquella mañana había salido a repartir unas provisiones a los refugiados. Su padre, Teyrn Cousland se encontraba en mejores condiciones y había conseguido convencer a aquel estúpido mercader que vendiera sus productos a precio accesibles para todos. Sin embargo habían terminado siendo ellos quienes comprasen y repartieran la mayoría de la mercancía. Gracias a estas labores los Cousland se había convertido amigos de la gente de Lothering y muchos de los pobladores, incluidos los miembros de la capilla y los templarios no dudaban en prestarles su ayuda y cooperación. Entre ellos Leliana se había mostrado muy cooperativa, sobre todo luego de que la predicción de Elissa se hubiese vuelto realidad.
Al principio la muchacha veía a la barda un tanto recelosa, pero en cuanto comenzaron los trabajos con los refugiados esa tención entre ellas fue disminuyendo. Por suerte para Elissa otra que pareció complacida con sus acciones fue Bethany. La joven bruja se presentaba cada vez que podía. Por eso cuando Elissa le vio arrodillada junto a Leliana y una familia de refugiados les sonrió.
Tengan muy buenos días – comentó deteniéndose junto a ellas.
Buenos días, my lady – respondió Bethany con cortesía. – Hoy ha venido más temprano que de costumbre. –
Elissa rodó los ojos antes de dedicarle una mirada cómplice a Leliana. La barda sonrió con picardía, dándole una suave palmada en el hombro a Bethany.
Querida – le dijo con voz melodiosa. – Ya te había dicho que a Elissa no le gusta que le digan my lady. –
Bethany se sonrojó profundamente. Avergonzada.
Mis disculpas. Es que no me acostumbro –
Está bien – terció la joven Cousland.
Pero es cierto que estás aquí muy temprano – inquirió Leliana – ¿Ocurre algo? –
Elissa alzó entre sus manos un paquete.
Mi madre y Lady Landra han preparado unas raciones para nuestros soldados. Me han enviado a entregárselos a Ser Gilmore antes de que salga la patrulla de reconocimiento. –
Ambas chicas asintieron.
¿Y Bryce? – A Elissa le costaba identificar cuando Leliana hablaba del mabari o de su padre, pero normalmente era un error rectificable, pues su padre sería normalmente Teyrn Cousland para la gente común.
El mabari está hoy con Oren. Me costó que me escuchase cuando le ordené que pasase el día con mi sobrino porque Aedan le pidió que me cuidara. Solo me obedeció porque adora a ese pequeño. –
¿Quiere que la acompañemos? – preguntó Bethany.
Sin embargo Elissa negó.
Volveré para unirme a ustedes en cuanto entregue esto. Sería mejor que me esperasen aquí. –
Ante un nuevo asentimiento la joven Cousland siguió su camino. Subió por la rampa de piedra que probablemente fuese el último vestigio de la arquitectura de Tevinter en aquellos lares e inmediatamente identificó a Ser Gilmore. A juzgar por sus gestos estaba a punto de enviar fuera a la partida. Elissa se alzó un poco el vestido y apresuró el paso. Al verla los soldados hicieron una reverencia, obligando a Gilmore a voltearse.
Lady Cousland – la sorpresa estaba clara en los ojos del guerrero.
Hola Gilmore. – extendió la mano y le extendió el paquete en ellas. – Aquí tienes un regalo de mi madre para tus chicos. – miró entonces a los soldados. – Buen trabajo y mucha suerte. –
Los hombre inclinaron la cabeza con profundo respeto reflejado en el semblante. Algunos de aquellos soldados la habían visto entrenar en Highever, sobre todo en los últimos días cuando perdió su temple y se obsesionó con la espada. En aquel momento no la detuvieron porque Aedan la apoyaba en su capricho, pero desde su arribo tanto ellos como su madre hicieron hasta lo imposible porque la joven no volviese a tocar un arma. Gilmore repartió entre ellos el contenido del paquete y seguidamente se marcharon. Cuando ella les vio alejarse le susurró a Gilmore.
¿Nada todavía? –
No mi señora – contestó Gilmore claramente atormentado – hemos registrado los alrededores y no hemos encontrado ninguna cabaña de cazadores. Lo más lejos que puedo enviarlos sin que se quejen es a los bordes del Kokari Wild. Ninguno quiere siquiera acercarse a ese lugar. –
Elissa bajó la cabeza. Había esperado poder encontrar a Fergus, sin embargo nada podía hacer si sus hombres se negaban a entrar al bosque. Podría ir ella, pero su madre la tenía vigilada. En casa la criada de lady Landra andaba pegada a sus talones y cuando no Darrien insistía en acompañarle a ver a los refugiados. Difícilmente pasaba un segundo sola.
Por suerte su madre se había encariñado con Bethany y con Leliana. Si no se vería obligada a andar diariamente con escolta. Tal vez podría convencerlas de acompañarle. Leliana era una buena rastreadora. Y Bethany era una sanadora. Tal vez podría funcionar.
Hizo una pequeña reverencia a Gilmore, sin embargo cuando estuvo dispuesta a marcharse vio a los hombres de Gilmore regresar. Entre el grupo sostenían el cuerpo ensangrentado de un muchacho. A la muchacha se le heló la sangre. Conocía a ese muchacho. Tal vez había mucha sangre, pero aquella silueta le era fácil de reconocer.
Fort he Maker – murmuró. Pasó junto a Gilmore y corrió hacia el grupo. - ¡Carver! – gritó.
Los soldados se detuvieron, acomodándole en el suelo. Elissa le acomodó la cabeza sobre su regazo, dejándose las manos y las telas de su vestido manchadas en sangre. Mucha de la sangre, pudo observar, ya estaba seca, pero algunas heridas eran más recientes. Observó a los soldados.
Traigan a Bethany. Es la chica que está junto a la hermana Leliana con los refugiados. ¡Rápido! – uno de los hombres salió apresuradamente a obedecer.
Los otros rodearon a la mujer. Elissa sacó de sus ropas un pañuelo pequeño de seda blanca. Lo extendió a otro de sus hombres y este lo roció con un poco de agua. La muchacha limpió un poco de la sangre que manaba de su cabeza, sin embargo parecían haber cortes en su pecho y abdomen que también sangraban. Buscó entre sus ropas una poción, pero no encontró ninguna. Entonces Gilmore se arrodillo a su costado y le entregó una pequeña poción roja. Elissa intentó hacérsela beber, pero Carver luchaba contra la inconsciencia. Apretó los labios y alzó la vista.
"¿Por qué Bethany se demora tanto?" pensó.
El rostro de Carver cada vez estaba más pálido. Sus ojos ocultaron el iris y sus brazos se debilitaron. Desesperada Elissa bebió la poción, acomodó el rostro de Carver y le abrió los labios, traspasándole a su boca el líquido rojo. A su alrededor escuchó las protestas de sus subordinados, pero ella no se inmutó. Vio al chico cubrirse de una luz roja tenue. Era una poción de bajo grado, no mucho haría pero le mantendría vivo. Por un momento Carver abrió los ojos.
Carver – le susurró, acariciándole suavemente la mejilla. – Quédate conmigo. –
¡Eli! – finalmente, la voz de Leliana.
Elissa alzó la cabeza. Subiendo la rampa estaban Leliana, Bethany y el soldado. Bethany, al ver a su hermano palideció, apresuró el paso y se dejó caer junto a la pareja. Elissa le dedicó una mirada intensa a Gilmore.
Déjennos – pidió
Pero… - dudó. Los ojos de Gilmore fueron del chico que observaba a Elissa con una mirada perdida a su ama.
Por favor Gilmore, déjanos. –
Tras unos segundos el hombre obedeció, y sus hombres lo siguieron. Leliana les observó retirarse, entonces observó a Elissa sin comprender, pero esta solo miraba a Bethany.
Ahora – le dijo – hazlo. – alzó la armadura de Carver y comenzó a limpiar la herida del abdomen. Era difícil, pues cada vez que limpiaba sangre salía. Era complicado entonces remover la sangre seca.
El rostro de Bethany palideció aún más. Miró de Elisa a su hermano y luego sobre su hombro.
Leliana nos avisará si alguien se acerca. – Elissa le tomó del brazo. – No temas. Yo asumiré la responsabilidad. –
La muchacha asintió lentamente.
Asintió.
Extendió sus manos hacia el abdomen de Carver y una tenue luz azul salió de su palma.
By the Maker – murmuró Leliana.
Lili – instó Elissa. Por un segundo la barda pareció confundida, sin embargo, se levantó y adoptó su papel.
Las manos de Betani recorrieron el abdomen de Carver una y otra y otra vez hasta que la la hemorragia se detuvo. A Elissa le resultó fascinante ver como la herida dejó de sangrar y poco a poco se fue cerrando desde dentro. Habiéndola dejado de forma que no se le viesen las entrañas, Bethany ascendió hasta el pecho para repetir el mismo proceso. El rostro de Carver se fue relajando a medida que el dolor menguaba y aunque miraba a su hermana de tanto en tanto, sus ojos seguía fijos en el rostro de Elissa.
Finalmente Bethany no pudo más.
Tenemos que llevarlo a casa. – murmuró.
Hay que llevarlo a la capilla. Seguro habrá alguien que pueda curarlo. – instó Leliana.
No – les interrumpió Elissa. – El tiene que ver a Garret. Bueno a no debería poder ayudar a Bethany a sanarlo. – sin darse cuenta dijo el nombre de Hawke. Quedó entonces nerviosa, observando el rostro de Btehani. ¿Y si se había equivocado y Garret era mujer?
Sin embargo solo recibió una mirada atónita de la chica. Lentamente Bethany asintió.
Muy bien – murmuró Elissa. – Carver tesoro – le dijo con dulzura al chico – necesitamos que te levantes. ¿Puedes? –
EL muchacho sonrió tontamente y haciendo un esfuerzo consiguió sentarse a medias. Entre las tres chicas consiguieron levantarlo y…muy lentamente… le condujeron hacia abajo en la rampa. Una vez más Elissa recorrió el camino hacia el hogar de los Hawke. Para su sorpresa Leandra estaba afuera. Al ver llegar al cuarteto se espantó.
¡Garret! – gritó aterrorizada. Estaba tan pálida que Elissa creyó que se desmayaría.
Al instante una versión más robusta y alta del Grey Warden Amell les salió al paso. Sus ojos de halcón la atravesaron, haciéndola sentir como si fuese una niña que estaba haciendo algo malo. De inmediato Hawke identificó a sus hermanos.
¡Carver! – gritó apresurándose a sujetarlo. Con facilidad lo alzó en sus brazos, no sin recibir una protesta del muchacho. Por un instante la chica Cousland sintió aquellos ojos refulgentes clavados sobre su frente, justo antes de que se marchase con un sonoro: - ¡Bethany! – a su llamado la joven le siguió al interior de la choza sin antes agradecerle a Elissa.
Quédate con Leandra Lili – pidió Elissa señalándole con la cabeza a una muy asustada Leandra.
¿Qué harás tú? –
Debo regresar a la posada. Antes de que a mi madre le dé un ataque cuando vea llegar a Gilmore y a mí no. –
La barda asintió e inmediatamente se acercó a la señora para consolarla. Con aquel rostro amable y aquella voz dulce, nadie se le resistía a Leliana. Elissa suspiró. Lentamente se alejó de la escena.
"Bueno, ahí va mi plan para rescatar a Fergus" pensó.
Aunque aún tenía que preocuparse de que Sten llevaba una semana sin comer ni beber y Aedan no daba señales de vida. Los rumores sobre Redcliffe y la torre de los magos estaban comenzando a llegar… se quedaban sin tiempo.
Finalmente se hizo camino hacia la posada. No le pasaron por alto lo revueltos que estaban los templarios. Habían sentido la magia en el puente. De eso no tenía dudas. Nada más llegar a la casa encontró a Gilmore afuera. El joven no hizo preguntas y tampoco se rehusó cuando Elissa pidió que enviase guardias a cuidar la casa de los Hawke. El sonido de gritos en el piso de arriba la alteró, sin embargo. Antes de que se dispusiera a subir vio bajar a la elfa que servía a Lady Landra. La mujer, pálida… o más pálida de lo que era llegó hasta ella con el horror escrito en el rostro y un pergamino en la mano. Estaba tan concentrada en su problema que no notó la sangre en la ropa de Elissa.
Es una desgracia mi señora. – le dijo extendiéndole el papel. – Una gran desgracia. –
Elissa leyó apresuradamente. Era un decreto…un decreto de Loghaing donde acusaba a su familia de conspirar con los Grey Wardens para asesinar al rey Cailan en Ostagar. Incluso daba una recompensa por la cabeza de cada uno, incluyendo a Oren. A ella, sin embargo, la pedía viva para interrogar.
Elissa arrugó el papel entre sus manos.
"Lothering ya no es seguro para nosotros… Ferelden ya no es segura."
