Temprano en la mañana las chicas se habían reunido en la azotea para almorzar juntas como de costumbre, cuando Marika sacó orgullosamente a presumir el nuevo volumen de su álbum de fotografías de Raku. Era una impresionante colección de nada más y nada menos que 1183 imagenes (y sólo en lo que va del año), donde tenía de todo: Raku cantando, Raku estudiando, Raku alimentando a los animales del refugio, en fin, Raku repartiendo su filantropía por el mundo. Y en ángulos que parecían físicamente imposibles, tomados con cámaras ocultas, drones, satélites. Más obsesiva no se podía.
Por supuesto que Chitoge no se podía quedar fuera. De inmediato saco su celular y empezó a presumir su propia colección, donde había fotos tomadas en sus citas, viajes, cabinas arcade, etcétera. Pero lo que las hacía claramente superiores a las de Marika, era que en ellas siempre aparecía la pareja ya sea tomados de las manos, abrazándose, muy acaramelados siempre. Simplemente no hubo debate. Chitoge empujó su pecho hacia fuera con orgullo, era obvio que ella tenía las mejores fotos.
Marika rechino los dientes y gruñó molesta. Viéndose acorralada se vio obligada a sacar su arma secreta.
De debajo de su blusa sacó un poster tamaño mural donde se veía a su preciado Rakkun dormido (con saliva derramando de su boca y todo), y a Marika a su lado, con la cabeza recargada en su hombro esbozando un coqueto guiño. Lo curioso de la imagen es que ambos aparecían envueltos en sábanas y de hombros desnudos, lo que hacía que se malentendiera la escena.
Por supuesto que Chitoge no lo tomo muy bien. Su explosión de furia fue tal que Raku al otro lado de la escuela sintió un escalofrío de miedo.
Mientras tanto Kosaki no podía hacer más que presenciar la acalorada discusión con una sonrisa falsa, ya que tristemente su colección se reducía a media docena de míseras fotos. La más especial para ella era una que le había tomado a escondidas durante la secundaria, corriendo en una competencia donde apenas se le veía al fondo entre otros estudiantes. El resto eran fotos grupales que se habían tomado durante sus viajes escolares y en vacaciones, que no se comparaban con las de Marika y menos con las de Chitoge. Qué injusto; era la que más tiempo ha pasado a su lado y ni una foto juntos tenía.
Incluso Tsugumi y Haru tenían fotografías mejores que las de ella.
Kosaki recordó el día que el grupo entero salió de karaoke y Tsugumi le pidió tomarle algunas fotos con su preciada Ojou. Ella aceptó gustosa y después de tomar algunas del par cantando como locas, decidió revisarlas para ver cómo quedaron y para su sorpresa se encontró con varias docenas de fotos del yakuza. La sicaria al notarlo se sobresaltó y le arrebató el celular bruscamente, y después de arrastrarla fuera del cuarto de karaoke para hablar en privado, se excusó muy alterada diciéndole que, cito textualmente: "Onodera-sama juro que no es lo que parece! esto es por... lo que pasa es que…" la pobre se había quedado sin habla, se le veía visiblemente sonrojada, con unos ojos a punto de las lágrimas "Claude! Si... verás es que Claude me obliga a llevar un diario de sus movimientos para tenerlo vigilado. Eso es todo!". Ella respondió con una sonrisa simpática. Pero realmente necesitaban tantas fotos de el? con sólo verlas hasta pudo distinguir sus favoritas, que eran las de Raku haciendo deportes. Esforzándose como nunca y perdiendo como siempre.
Las fotos de Haru no se quedaban atrás. De alguna manera logró tomarle fotos esa vez que fueron a la playa con el resto del grupo. Su favorita era una donde los dos aparecían en un accidental abrazo. Haru en su lindo bikini de holanes azur y un Raku (que la hacía babear inconscientemente) con su pelo húmedo recién salido del mar, sin camisa, vistiendo sólo unos pantalones cortos negros. En el borde de la imagen se alcanzaban a ver los manos de alguien empujándola y haciéndola caer en el torso recio del joven, donde el la atrapaba en un abrazo que la dejó con un rostro tan rojo como un tomate (Haru se excusó diciéndole que se debía al calor tropical de la playa).
Pero su suerte estaba apunto de cambiar, la oportunidad que había estado esperando por fin había llegado.
Sucedió una tarde casi al terminar las clases. Raku se había estado reuniendo con ella para degustar algunos nuevos dulces que ofrecía la tienda y darle su opinión al respecto. Por ser comida experimental, decidió mantenerlo en secreto al resto del grupo. Y por qué ocultarlo, era la oportunidad perfecta para pasar tiempo a solas con el joven.
Este día se le hizo tarde porque le había tocado el aseo del salón. Llegó al enorme nogal escondido detrás de las canchas donde suelen reunirse, resoplando y agitada por la carrera que se echó, para encontrarse con Raku; quien estaba recostado en el césped, usando de almohada sus manos entrelazadas detrás de su cabeza. Parecía dormido, con los párpados cerrados y una expresión relajada, disfrutando del aire que agitaba ligeramente los mechones de su cabello índigo. Todo adornado por el atardecer que pintaba el ambiente de un amarillo naranja, dándole a la escena un toque como si estuviera salida de una obra de arte del renacimiento.
Kosaki supo de inmediato que esta imagen no se daba todos los días. Su memoria no era lo suficiente, tenía que capturar esta imagen en la foto perfecta.
Su corazón empezó a palpitar acelerado, trago saliva y empezó la operación.
Lentamente metió la mano en su bolsillo, tomó su celular y lo sacó tan delicadamente como pudo, cuidando de no hacer algún ruido innecesario, despertarlo y arruinando el momento. Se preparó para tomar la foto. Estudio cuál sería el mejor ángulo, la posición de la luz del sol, las sombras. De la nada se había convertido en una fotografa experta.
Cuando se encontraba lista, respiro hondo, presiono la pantalla de su celular pero entonces… "Cuack!" se escuchó un gracioso graznido el cual era el sonido del obturador de la cámara. Y sonó tan fuerte que en los oídos de Kosaki se escucho como si un cometa se estrellara contra con la luna.
De inmediato, Raku, quien en realidad sólo estaba dormitando, abrió los ojos para encontrarse con una Kosaki ligeramente inclinada hacia el, apuntándole con celular en mano y con una mueca que nunca le había visto, era una sonrisa enorme y chueca, que hasta se podía ver cómo le temblaban los labios de felicidad.
"O-onodera?" dijo él con un aire confundido.
"I-ichi-jou~ esto es… no es lo que parece, yo…" farfulló a duras penas, estaba tan avergonzada que había dejado de respirar.
Pero eso no le importo, ya pensaría en alguna excusa. Volteo a su celular para checar como había quedado la imagen, pero al ver la pantalla se le bajó la vergüenza y su sonrisa desapareció de golpe. La fotografía perfecta había sido totalmente arruinada por un borrón verde que parecía ser una hoja cayendo del nogal.
De un segundo a otro se le pusieron los ojos húmedos a punto de las lágrimas. Se sorbió la nariz y se quitó una lágrima con el dedo. Se maldecía a sí misma por como algo tan tonto casi la hacía llorar y peor aún, delante de Raku.
"Onodera? Estas bien? Te duele algo?" Raku salto de su cama de césped visiblemente preocupado y se acercó para mirarla de hito a hito.
"No… no es nada Ichijou, yo sólo estaba…" permaneció algunos momentos silenciosa, como si estuviese dando vueltas a sus pensamientos. Más suavemente, dijo "la verdad es que te tome una foto mientras dormías pero quedó arruinada por una hoja que caía del árbol..." ni ella sabía de dónde había salido tanta sinceridad, normalmente hubiera inventado alguna mentira pero estaba demasiado triste para eso "es que te veías muy... sólo olvídalo si, estoy bien así que será mejor que-"
"Kosaki!" vocifero el interrumpiendola.
"Eh?"
"Tomémonos una foto… tu y yo... juntos!"
"Ehhh!?" soltó con sorpresa ante la propuesta.
"Veras… la verdad es que yo tampoco tengo una foto tuya. Bueno si tengo varias pero no una… lo que quiero decir es… una donde estemos tu y yo juntos, sabes a lo que me refiero?" evitaba verla a los ojos y se pasaba la mano por el cabello una y otra vez, era evidente que estaba muy nervioso.
"Si!" respondió en seco. La alegría reapareció en sus ojos que brillaban por las lágrimas y sus labios se curvaron hacia arriba, renaciendo una ancha y radiante sonrisa.
Esa noche en la casa de la familia Onodera todos estaban extrañados ante Kosaki. Por alguna razón no dejaba de ver su celular. Con una eterna mueca feliz que de repente explotaba en una risilla alegre.
