NA: Hooola. Sorry, aparentemente estaba subiendo los documentos pero no los estaba publicando. ¡Y no me di cuenta hasta hoy! Así que tenía como cinco capítulos atrasados. Perdón... jaja, es que me da hasta gracia. Bueno, aquí esta la historia avanzada, y les informaré que tengo al menos el doble de capítulos por publicar. Sin embargo los estoy puliendo y los publicaré cuando estén listos. Si encuentran algún error por favor háganmelo saber. Besos mil.


10 "Reencuentro"

Aedan observó el horizonte. A la distancia que iba dejando atrás desaparecía por completo la sombra que denotaba la espesura del bosque. Por delante los caminos se reunían en una carretera de tierra única. El camino hacia Lothering. Una sensación de satisfacción le llenó. Estaban en el camino correcto.

Dije los sacaría del bosque ¿o no? – el tono de Morrigan mostraba claramente su molestia.

Por más que la bruja encontrase atractivo al guerrero, le resultaba molesta la forma que tenia de desconfiar con una máscara de gratitud. A su lado Amell avanzaba apoyándose en una improvisada lanza que Aedan había construido a base de largas ramas en el bosque. No estaba acostumbrado a aquellas caminatas intensas y mucho menos a un arma tan irregular. Como un mago del círculo rara vez hacía tanto ejercicio y el único agotamiento que conocía era el de su propio mana. Verse sudoroso y cansado era completamente nuevo. Sin embargo, el guerrero les había asegurado que causarían menos espaviento si parecía que llegaban a Lothering con un mago que con dos.

La nueva integrante del grupo, una robusta mabari para la que Amell consiguió flores de pantano en Ostagar, le restregó la cabeza contra la pierna intentando darle apoyo. De haber podido el noble animal le hubiese cargado.

Sí, así fue – contestó el brujo entre jadeos – Aunque hubiese sido lindo si usábamos una ruta más corta. –

Esa fue la ruta corta. – contestó Morrigan con voz venenosa. – Y te lo mereces por nombrar a ese chucho como yo. –

¿Por qué? Morrigan en un gran nombre. – extendió la mano y rascó entre las orejas de la mabari. – ¿Verdad que te gusta tesoro? – ella ladró en aceptación, a lo que Morrigan rodó los ojos.

Y lo aprecio Morrigan – terció Aedan. – Lamento si mi comportamiento te orienta lo contrario. –

Tu comportamiento dice nada. Has estado tan ausente como ese tonto templario. –

Aedan alzó la cabeza. Al final del pequeño grupo Alistair caminaba despacio, observando el suelo. Sabía lo que la pérdida de Duncan le había hecho a su compañero, pero estaba tan desesperado por llegar a Lothering que no le había prestado la debida atención.

No te preocupes – le dijo a la mujer mientras pasaba por su lado. – Lo arreglaré. –

¿Es eso acaso posible? –

Ante el comentario mordaz Aedan sonrió. Aunque Morrigan podía hablar con muy malas formas, Aedan tenía la impresión de que no era tan malvada como quería hacerse ver.

Dije, voy a tratar. No prometo nada –

Muy bien entonces. – por un segundo Aedan creyó que su tono se había suavizado y aquello lo complació.

Amell y Morrigan siguieron avanzando seguidos de la mabari y aunque la bruja no miró hacia atrás si disminuyó el paso para darle algo de descanso al mago.

Aedan llegó junto a Alistair en un momento, extendió su mano y le acarició el hombro con amabilidad.

Ey – le dijo con suavidad – ¿Cómo estás? –

¿Yo? – preguntó el templario, inseguro. – Bien, bien. Un poco cansado, es todo. –

Ya estamos en las cercanías de Lothering. Pronto podremos descansar. No te preocupes. –

No me preocupo. Sería tonto preocuparme ¿no? Digo, solo tenemos que acabar el Bligth nosotros solos. Nada de presión. – a pesar del sarcasmo no era difícil ver su dolor.

En los últimos días, incluso en Ostagar Aedan había comenzado a entender por qué Elissa gustaba de ese chico. Era noble, dulce y tenía un alto sentido del deber. Sin embargo, era altamente sensible y poco independiente.

No te preocupes por esos "detalles". Ya nos las arreglaremos. – intentó animarle Aedan – tenemos los tratados, un pequeño grupo de Grey Wardens ¡Incluso salvamos al rey! Las cosas no pintan tan mal. –

Sí bueno… tal vez si Duncan… - inmediatamente guardó silencio y aunque mantuvo el paso cerró los ojos y los apretó, como hacía cuando quería contener las lágrimas. Aedan apretó con fuerza su hombro. Ahora que ambos estaban usando una armadura media era más fácil transmitirle al templario sus pensamientos con su lenguaje corporal.

Oye – dijo mirándole de frente, deteniéndole un instante – lamento lo de Duncan. De verdad. Pero murió como un guerrero, protegiendo a los inocentes. Con sus enseñanzas nos ha puesto en el camino para salvar a Ferelden. Ey, mírame. – Suplicó. Alistair abrió los ojos, chocando con los intensos ojos azules de Aedan. – Duncan es un héroe. Y es nuestro trabajo que el mundo le recuerde como tal. Así que vamos a hacer el trabajo para el que nos escogió. Lo haremos y lo haremos bien. Y cuando este maldito Blight termine y estemos todos vivos construiremos un monumento en su honor. – le zarandeó con suavidad. – Entonces… entonces iremos a ver la estatua y lloraremos. Porque yo iré contigo. –

Lentamente Alistair asintió. Alzó el brazo y apretó el hombro de Aedan como el guerrero había hecho con el suyo. Una triste sonrisa se dibujó en su rostro y una pequeña lágrima escapó por la comisura de sus ojos. Aedan le sonrió con empatía. Hacía poco creyó que perdería a su hermana y a su padre. Agradecía al hacedor y a Andraste por haberle entregado a Elissa las visiones y haberlo impedido. De no haber sido así estaría solo. Como Alistair se sentía.

Extendió sus brazos y le abrazó, estrechándole contra sí. Sintió al muchacho quedarse quieto, estático, paralizado. Como si no estuviese acostumbrado a aquel tipo de trato.

Nosotros somos tu familia ahora. – le aseguró. – Nos protegeremos mutuamente. No importa que pase, nos mantendremos unidos. Así que no aguantes esas lágrimas. Llorar no te hará débil. – entonces cambió su tono afable por uno más juguetón – Aunque sería mejor que te escondieras de Morrigan. Ella te destrozará si le das un chance. –

Alistair rió por lo bajo.

Jaja. Lo tendré en cuenta. –

Bien. – terció Aedan. Entonces se separó con lentitud. – Ahora sigamos. Nos queda aún un tramo por delante. –

Ey…Aedan… - la voz de Alistair le llamó tímidamente. Aedan se volteó para encontrar su rostro completamente sonrojado. – Gracias… por todo. –

Aedan asintió, sin embargo se quedó algo atontado frente a la expresión del templario. Por alguna extraña razón Alsiatir era… adorable. El templario avanzó hasta estar a su lado causando que el corazón del joven Cousland se acelerase, sin embargo Aedan procuró detenerlo. Sujetó a Alistair por el envés del cuello y le bajó la cabeza frotándole la coronilla con el puño.

Pequeño tonto – dijo, sacándole al templario un par de risas.

Jaja, Ao, eso duele –

A la distancia escucharon la voz de Morrigan.

¿Por qué no dejan de comportarse como niños y se mueven? –

Lo siento mamá. – gritó Aedan. Soltó a Alistair que aún reía. – Vamos. – dijo y el templario le siguió.

En un par de horas vieron la entrada al poblado. Aedan estaba tan nervioso que se sintió el corazón en la garganta. Apresuró el paso obteniendo una protesta de Morrigan, sin embargo esta vez decidió ignorarla. Fue el primero en pisar la estructura de Tevinter y también el primero en ver la barricada.

Se detuvo. Lo que identificó como un grupo de hombres equipados con armaduras y espadas montaba guardia a la salida del pueblo.

Inútil – protestó Morrigan cuando llegó a su lado – la horda de darkspawn les hará picadillo en un instante.

No creo que esperen a la horda… - intervino Alistair - ¿bandidos? – le preguntó a Aedan. Sin embargo Morrigan fue quien le contestó.

Oh! finalmente has decidido regresar al mundo de los vivos. –

Aedan escuchó a Alistair contestar y comenzar una disputa con Morrigan. Se sorprendió de no encontrar los rostros de sus soldados entre el gentío, pues esperaba hallar a su familia por aquellos lares. Su ausencia no indicaba nada bueno.

Se colocó el casco, lo cerró para evitar complicaciones y avanzó hacia el pequeño grupo. A su lado se incorporó Amell, aferrado a su soporte. Para su sorpresa, el hombre que les salió al camino tenía el rostro cubierto por una capucha y usaba la ropa de un pícaro. Llevaba además una lanza en su mano.

¿Qué asuntos os han traído aquí? – inquirió el sujeto. Aedan dio un paso adelante.

Somos parte del ejército del rey. Buscamos reabastecernos para retomar nuestro camino hacia Denerin.

El encapuchado no pareció creerle del todo. Sí tenían el tipo de soldados, Aedan había procurado que todos usaran la ropa adecuada para la ocasión…con excepción de Morrigan por supuesto. Él personalmente premiaría al sujeto que consiguiese hacerla cambiarse a algo más apropiado. Aedan pudo jurar que vio un par de ojos dorados centellear bajo la capucha. El hombre recorrió al grupo con la mirada, y aunque sus ojos parecieron detenerse sobre Amell más tiempo de necesario finalmente los fijó en Alistair.

No sabía que en el ejército del rey había un templario. – contraatacó con dureza. Aedan suspiró, tal vez era el momento de usar las artes de persuasión que su querida madre le había enseñado.

Unos cuantos fueron destinados a controlar los magos del círculo. – sobre su hombro señaló a Alistair que discutía abiertamente con Morrigan – aquel pobre desgraciado fue herido en combate y dejado atrás por los suyos. He conseguido convencerlo para viajar con nosotros. Es la forma más seguro de transportar magos. ¿no? –

La mirada del sujeto se oscureció.

Antes de entrar debo imponerles condiciones. –

Aedan suspiró. De su cinturón zafó una bolsa de monedas. Sin embargo el hombre le interrumpió.

Eso no es necesario. – terció. – Las condiciones para entrar en Lothering no son pagar un peaje. Si son quienes dicen ser no os importará dejar aquí vuestras armas. –

Eso es una locura – protestó energéticamente Amell. La mabari ladró en aprobación – Abandonar nuestras armas nos deja indefensos. ¿Y si nos atacan? – por un momento el jefe pareció dudar. Sin embargo se aclaró la garganta.

Sin ganas de ofenderle, sera, no creo que necesite su bastón para usar magia. – Amell palideció. A pesar de usar una armadura de rouge y una lanza improvisada, aquel sujeto le bastó una mirada para conocer su origen. Aedan también notó su palidez antes de que el encapuchado se dirigiese de nuevo a él. – Comprenderá que con tal de proteger a mi gente me es imprescindible eliminar la mayor cantidad de peligros. Además, si va a entrar con dos magos, – dijo señalando a Morrigan que aparentemente ya no discutía con Alistair y se acercaba seguida de él – con tal de protegerlos de los templarios de la capilla no solo necesitarás uno propio, sino que no sean vistos como una amenaza. –

Sus comentarios le resultaron acertados al joven Cousland, sin embargo…

Estos necios pretenden dejarnos indefensos ante los templarios – intercedió Morrigan – Yo digo ¡démosles una lección! –

Para su desgracia Amell pareció concordar con las palabras de Morrigan. El mago apretó su bastón, colocándolo entre ellos y el grupo.

Oh oh – se escuchó a Alistair cuando los soldados tras el encapuchado sacaron las espadas.

Aedan apretó los dientes. "Maldita sea". Aquella pelea solo les traería la muerte a aquellos desgraciados que solo deseaban defender su territorio. Y por más que Morrigan lo viese como una amenaza, Aedan no estaba tan seguro sobre las intenciones del encapuchado. La forma en que sujetaba la lanza era casi… extraña. Se interpuso entre los dos grupos.

Tranquilos – le dijo a los suyos. – No buscamos peleas innecesarias. –

No estarás pidiéndonos que obedezcamos estas ridículas condiciones. – protestó Morrigan.

Te pido que confíes en mí. – con un ademán Aedan dejó caer la espada y el escudo de su casa – Nada más. – pidió Aedan.

Los dos magos abrieron los ojos con sorpresa. Amell sabía lo que significaba aquel equipo para él, Morrigan solo se sorprendía de su acción. Inmediatamente Alistair dio un paso Adelante y sin dudar tiró sobre las de Aedan su espada y su escudo.

Yo confío. –

Los ojos de Aedan chocaron con los del templario y nuevamente se le aceleró el pulso. Agradeció al hacedor el tener el rostro cubierto. Nunca le había mostrado su rostro avergonzado a nadie, ni siquiera a sus padres o a Gilmore. Sin embargo eran preocupantes los efectos que estaban comenzando a manifestarse en él.

Amell suspiró, se acercó al dúo y soltó su lanza.

Ridículo – protestó Morrigan. Sin embargo, ella imitó la acción de los hombres.

Uno de los soldados recogió las armas y las colocó en un barril.

Se las entregaremos a la escuadra que resguarda la salida de Lothering para que podáis recogerlas al marcharos. Lo ideal sería que dejaseis un nombre también. –

Alistair – contestó el templario sin darle tiempo a Aedan a contestar.

Muy bien. – aceptó el encapuchado. Se movió a un lado y extendió su mano hacia el puente de piedra. – Bienvenidos a Lothering. –

Aedan asintió y se abrió paso a través del grupo de ciudadanos armados. Podía escuchar los murmullos malhumorados de Morrigan pero procuró no prestarles demasiada atención. Finalmente estaba allí. Se detuvieron al inicio de la segunda rampa, desde donde se podía ver claramente el poblado. Habían muchas tiendas de refugiados tanto humanos como elfos. Sin embargo, por más que buscó Aedan no vio templarios, pero tampoco el carruaje que el rey le entregase a su padre para que dejase Ostagar.

Bueno, aquí estamos. Lothering, linda como una pintura. – dijo Alistair, sacándole una sonrisa a Aedan.

¿A quién le importa esas tonterías? Podrían explicarme ¿por qué hemos hecho algo tan ridículo? – protestó Morrigan.

Lentamente Aedan se dio la vuelta.

No vale la pena matar a esos pueblerinos y ganarnos el desprecio de los ciudadanos. Solo se están protegiendo de bandidos y ladrones. No pretenden ningún mal. –

¿Y vale la pena entregarle las armas de tu familia así sin más? – intercedió Amell. – Y no me vengas con que ya no eres uno de ellos. Todos sabemos lo que cuidas esa espada. Tanto ella como el escudo Cousland son muy importantes para tí. –

En caso de que no nos fuesen a ser devueltas, que no lo es, podríamos simplemente robarlas en la noche y marcharnos. – contestó Aedan.

¿No sería eso… tu sabes… volar nuestra tapadera? – preguntó Alistair.

Cuando nos larguemos nada importará nuestra tapadera. Pero por ahora solo necesitamos pasar lo más desapercibido que podamos para encontrar a mi familia antes marcharnos. –

Alistair rió por lo bajo, como si creyese que Aedan estaba bromeando.

Oh eres un chico malo. –

Gracias Alistair. –

Morrigan pareció algo más complacida, sin embargo la única respuesta que dio fue un dudoso "Tsh". Mientras descendían por la rampa de piedra Aedan volvió a repasar la fachada de Lothering. Había realmente un gran número de refugiados, sin embargo eran menos de los que cabría esperar. Había tiendas montadas en los terrenos libres, alrededor de la capilla y lo que debía ser la taberna. Sin embargo había muy pocos soldados y aún menos templarios. El mayor movimiento estaba alrededor del carro de un mercader. Sobre él había subida una hermana de la capilla. Ayudaba a una señora de cabello gris con ropa de aldeana a repartir unos sacos de dormir a los refugiados. Además de los sacos les daban bolsas de comida y… ¿armaduras?

Entonces lo notó, todos los refugiados tenían al menos una pieza de armadura en sus ropajes. Podría jurar que algunos incluso la escondían bajo la ropa. ¿Acaso estarían montando un pequeño ejército? Apretó los labios.

Emprendió la marcha y se dirigió hacia lo que creyó era la taberna. Abrió la puerta con decisión, siendo seguido por sus compañeros. El interior estaba animado y revuelto. Los hombres bebían mientras charlaban a voz de grito. Le resultó un ambiente demasiado animado para unas personas que supuestamente estaban atravesando grandes penurias. Aedan tomó la única mesa libre y todos tomaron asiento.

¿Soy yo o hay algo realmente malo con este lugar? – preguntó Amell mientras observaba la multitud sentado de lado. La mabari se acostó a sus piernas y apoyó la cabeza en el suelo, observando los alrededores con sus grandes ojos café.

No parecen exactamente refugiados – Alistair hablaba arrastrando las palabras.

Tal vez alguien debería recordarles que estamos frente al Blight – sugirió Amell.

O tal vez deberíamos dejarlos morir en su propia ignorancia. – sentenció Morrigan.

Aedan observaba el escenario con atención. Aquellas personas se sentían seguras dentro de su pequeña aldea. Y al igual que los de afuera usaban armaduras bajo sus ropas. Para que todos estuviesen protegidos debían tener al menos un protector adinerado, porque dudaba que los pueblerinos pudiesen permitirse aquellos lujos.

Alistair, quédate con Amell. Morrigan conmigo. –

La bruja se levantó al instante, no así la mabari que de alguna forma entendió que no se refería a ella. La mujer le siguió hacia la barra.

Buenas tardes buen señor – le dijo Aedan al tabernero. El sujeto era menudo y aunque sus ropajes eran anchos definitivamente usaba una armadura de cuero bajo la ropa.

Buenas joven – contestó con la voz ronca de un hombre viejo que ha estado gritando todo el día. - ¿Usted y su compañera vais a tomar algo? – el sujeto le dedicó una mirada desaprobatoria a Morrigan y luego a Aedan. Aparentemente le criticaba por permitirle a su mujer andar tan descubierta.

La verdad, lo que buscamos es información. Rumores para ser más exactos. – contestó Aedan.

De esos tenemos muchos, joven. Pero te costarán unas pocas monedas. –

Muy bien. – Aedan le extendió al ciudadano unas cuantas piezas de cobre y el sujeto sonrió complacido.

Pregunte entonces joven. –

Aedan preguntó sobre las noticias en la capital y se heló al escuchar sobre los movimientos de Loghaing. Apretó los puños cuando le contaron sobre la orden de captura de los Cousland y su desaparición. Quedó preocupado por el paradero de su familia pero se obligó a a guardar la calma. Algo en las palabras del tabernero le sonaron falsas. Elissa había acordado con él que se reunirían en Lothering. Claramente no los habían capturado o la noticia estaría corriendo por todas partes. Con aquella idea preguntó sobre la situación en el resto de Thedas y el tabernero le habló sobre Arl Eamon, la muerte del rey a manos de los Grey Wardens, la crisis en Orzammar y la torre de los magos, así como los rumores sobre los Dalish.

Finalmente compró suministros para el viaje y regresó a su mesa. En un momento repitió las palabras del tabernero. Obtuvo total indiferencia por parte de Amell, sin embargo Alistair palideció nada más escuchar el nombre del Arl. Aedan supuso que el templario debía conocerle personalmente, pero en ese momento tenía otras preocupaciones.

Parece que tu corazonada de no usar la armadura fue correcta. Si supieran que somos los "asesinos de su majestad" probablemente los tendríamos sobre nosotros. – susurró Amell.

De eso no hay duda si pensamos todo lo que ese idiota escupió solo por unas monedas de bronce. – sentenció Morrigan.

¿Qué hacemos entonces? – preguntó Alistair recostándose sobre la mesa. - ¿Con tantos refugiados no tendrán habitaciones libres? Tenemos equipo para acampar esta noche y debemos esperar la llegada de los demás. Pero me preocupa la situación con Arl Eamon. –

Aedan escuchó sus sugerencias sin inmutarse. Luego de considerarlo terció.

No decidamos nada ahora. – dijo sacando la bolsita con el dinero. Sobre la mesa colocó siete monedas de plata para los otros tres. – Den una vuelta por el pueblo a ver qué averiguan. Si hay algún trabajillo rápido para conseguir dinero no duden en hacerlo. Cualquier noticia sobre los Cousland será apreciada. – el trío asintió.

Yo me quedaré – terció Amell – intentaré sobornar al tabernero por unas habitaciones. Espero que no les importe dormir los tres juntitos chicos. – dijo Amell con picardía obteniendo una mirada escéptica de Aedan.

Bien. – estuvo de acuerdo Morrigan. – No soporto dormir con el hedor de un chucho ni los ronquidos de un templario. –

Dices entonces que no te importaría dormir conmigo, Morrigan querida. – Bromeó Aedan.

Eso lo puedo tolerar. – Aedan no estuvo seguro de cómo interpretar la mirada de ella le dirigió. Era como una mezcla de depredador y demonio del placer… o algo parecido.

El hombre le sonrió. Se levantó y al pasar por su lado le dio unas palmaditas en el hombro. Con una sonrisa satisfecha Morrigan tomó el dinero y lo guardó en su propio monedero. Entonces se levantó de la mesa.

Espeluznante. – murmuró Alistair.

¿Qué? – se burló Amell – Es una mujer atractiva. Cualquiera sería feliz de llevársela a la cama y lo sabe. –

No yo. Nooooo. – sentenció el templario antes de levantarse con las monedas en mano y dejar a Amell con una sonrisa.

Bien. – le dijo el mago a su mabari. – Más oportunidad para mí. – Se levantó. – Vamos Morrigan. –


A la distancia Elissa distinguió la entrada a Lothering. Finalmente estaban de vuelta y esta vez tenían buenas noticias. A su lado Leliana le dedicó una amplia sonrisa, aparentemente estaban pensando lo mismo. Bryce, el mabari movió la cola entusiasmado.

¿Estamos muy lejos? – escucharon a su espalda.

Ambas mujeres se voltearon para encontrar a un agotado Carver que avanzaba a paso lento. A su lado Bethany caminaba un poco más ágil, atenta a la carga del guerrero. A su espalda Carver sostenía a un hombre inconsciente. Su cabello negro ondeaba con el viento y su barba estaba más larga de lo que a él le hubiese gustado, pero eran detalles fácilmente rectificables una vez que estuviese a salvo. Después de todo, nadie era más bondadoso que Fergus.

No puedo más – protestó Carver nuevamente. Leliana rodó los ojos al escucharlo, gesto por el que se ganó una sonrisa de Elissa.

¿Quieres que tomemos un descanso? – preguntó la muchacha acudiendo a su lado con Bryce pisándole los talones. – Si lo prefieres puedo llevarle por un rato. – dijo haciendo el ademán de tomarle.

No – protestó Carver apartándole de su alcance. – No permitiré que os agotéis innecesariamente mi señora. Puedo hacer esto. –

Te lo agradezco inmensamente Carver – le dijo Elissa con una sonrisa. – Sin ti no hubiésemos podido traerle. Te lo debo. – con dulzura le acarició la mejilla. Ante el gesto el muchacho sonrió ampliamente. Bryce gruñó en disgusto. Por alguna razón al mabari no le agradaba Carver.

No necesita agradecerme mi señora. Lo hago con placer. –

¿Podemos continuar entonces hermano? – el tono de Bethany sonaba un tanto malhumorado. Y cuando el chico asintió Elissa regresó junto a Leliana y Bryce, satisfecho de que se alejara, la siguió.

La barda soltó una risita malévola y cuando se alejaron un poco del joven le susurró:

Impresionante la forma en que controlas a Carver. Me atrevería a decir que es un poco cruel. El chico claramente tiene un flechazo por ti. –

Maldíceme si no lo sé. Ya le he explicado que no puedo estar con él. Sin embargo en vez de deprimirlo solo lo motiva. –

Es como un cachorrito, haciendo cosas para llamarte la atención. Me sorprendió como se brindó voluntario para regresar al bosque a buscar a tu hermano. –

Debo cortarlo de raíz. Para mí Carver escomo un niño. Un nene adorable, pero se toma demasiado en serio mis acciones. –

¿Qué puedo decir? – bromeó Leliana – eres una coqueta natural. Si no te conociera pensaría que eres una experta en el juego. –

Elissa sonrió. Sabía a lo que Leliana se refería, sin embargo ahora tenía asuntos más importantes de los que ocuparse. Tan pronto como llegaron al puente de tierra que daba el pasaje de entrada a Lothering Bryce salió corriendo desbocado. Elissa pensó ir tras él, pero le vio detenerse junto al grupo de las puertas. Inmediatamente fueron a recibirlos.

Mi señora, sea bienvenida – dijo el líder del grupo. Se retiró la capucha y el rostro de Garret Hawke le dedicó una hermosa sonrisa. Una de esas que conseguía aflojarle las piernas. Ese hombre que la hacía dudar de su fidelidad.

"Que Andraste me lleve" pensó, sonrojándose profundamente. Ante ese gesto Garret le dedicó una amplia sonrisa. Elissa se aclaró la garganta al darse cuenta de que le miraba con fijesa… y porque Leliana le dio un codaso.

Sí…eh… gracias Hawke. –

Todos somos Hawke – le dijo con picardía – por favor, solo llámame Garret, sería mucho más fácil saber a quién le habla mi señora. –

Sí… claro. – tartamudeó sacándole una risita a Leliana. Garret también sonrió, sin embargo miró por encima del hombro de las mujeres para ver a sus hermanos pequeños.

Veo que encontrasteis lo que buscabas – dijo al ver al hombre sobre Carver – espero que Carver no os halla importunado. –

No – se apresuró a contestar Leliana – No mucho. – el mabari ladró en aprobación. Sin embargo se veía más interesado en oler los barriles con las armas.

"Espera… ¿armas?"

Era de esperar. – contestó Garret, sin embargo Elissa fijó sus ojos en él, el sonrojo completamente disipado.

¿Han venido viajeros? – preguntó.

Sí. – contestó Garret volviendo al plano serio. Señaló sobre su hombro el barril que olfateaba Bryce. – Dos guerreros y dos magos. Costó un poco disuadirlos, pero accedieron a entregar sus armas para entrar a la ciudad. Su líder me pareció un sujeto bastante razonable. –

¿Puedo ver las armas? – preguntó Elissa, notando como Carver y Bethany les alcanzaban.

Por supuesto. – aceptó Garret mientras miraba a la muchacha con curiosidad.

Elissa avanzó hasta estar junto a Bryce. Escuchó a Leliana seguirle mientras Hawke se reunía con sus hermanas. Le dijo algo simpático a Carver y este le contestó en tono osco hasta que la adorable Bethany puso paz entre ellos. Sin embargo la joven Cousland inspeccionó el contenido del barril. El primer bastón y el primer juego de espada y escudo no le parecieron nada del otro mundo, sin embargo cuando vio el segundo bastón se le heló la sangre. Sintió la adrenalina correr por su cuerpo. "¿Sería?" pensó. Apresurada dejó el bastón a un lado. Se movió tan rápido que incluso Leliana se espantó. El arco que Elissa llevaba a la espalda se cayó al suelo llamando la atención de los otros tres. Entonces la encontró… lo encontró.

La espada y el escudo de los Cousland. ¿Cómo podría no reconocerlos? Bryce el mabari comenzó a saltar de un lado hacia el otro como si estuviese loco, más que feliz de saber que su amo se encontraba en Lothering. Inmediatamente Elissa se inclinó hacia él.

¡Bryce, búscalo! – sin decir más el mabari salió disparado como una flecha. Elissa le vio bajar la rampa e internarse en Lothering a toda prisa.

Eli ¿qué pasa? – preguntó Leliana.

Mi hermano está aquí. – contestó Elissa con una sonrisa.

Eh, claro ¿qué no lo acaban de rescatar del bosque de las brujas y los darkspawn? – bromeó Garret ganándose un codazo en las costillas de Bethany… y una risotada de Carver.

Garret – intercedió Elissa - ¿Qué nombre te dieron para que entregases estas armas? –

Alistair ¿por qué? – Los tres hawke pusieron el mismo gesto de incertidumbre, sin embargo Leliana sonrió abiertamente.

Alistair – repitió la barda – ¿Ese Alistair? – dijo con una pícara sonrisa. – Eso significa… -

Eso significa que tenemos poco tiempo para movernos. – reflexionó Elissa. – Garret ¿Cómo va la repartición del equipo? –

Según lo que he visto, esta misma noche debe estar completo. Entonces sacaremos el último grupo de refugiados. En la mañana los ciudadanos abandonarán Lothering como se le prometió a su padre. –

Bien. – dijo la joven Cousland. – por favor lleven todas las armas a nombre de Alistair a mi habitación en la posada. – miró entonces a Carver y Bethany - ¿Seguimos? –

Ambos asintieron. Seguidamente Elissa volvió a dirigirse a Hawke.

Si no te molesta Garret me llevaré la espada de mi hermano conmigo. – Garret hizo una reverencia antes de colocarse en su sitio la capucha.

Como lo desee mi señora. –


Al salir de la capilla Aedan suspiró, aliviado. A su lado Alistair soltó todo el aliento que había estado conteniendo. Para el joven Cousland quedó claro que por más sagrada que fuera al templario no le gustaba demasiado estar en presencia de los miembros de la capilla.

Esa señora solo quería nuestro dinero ¿no es verdad? – protestó el templario – No estoy en contra de dárselo por el bien de los refugiados pero ¿no es mucho? Cualquier otro no habría podido pagarlo. –

Nos habrá visto cara de chevalie. ¿No has chequeado la armadura que tienes? – bromeó Aedan.

Ey, la tuya es más llamativa que la mía. Solo le faltan flores. –

Jaja. De todas formas – terció Aedan cruzando el puente hacia el descampado al final de Lothering. – lo que importa es que conseguimos la llave. – dijo alzando la pequeña llavecita de bronce entre sus dedos.

¿Estás seguro sobre esto? Es un Qunari. ¿Y si lo que dijo la madre es verdad? ¿Y si nos mata mientras dormimos? –

Si lo dejamos morirá. ¿Has visto lo delgado que está? A saber cuándo fue la última vez que probó una comida decente. Para colmo el sujeto está arrepentido. – hizo una pausa al doblar la esquina – Además, prefiero usar cualquier recurso contra los darkspawn que perderlo por los darkspawn. –

Claro, como aquel desertor enjaulado en Ostagar. – comentó Alistair. – Tienes un gran corazón Aedan. –

Cuando usaba ese tono Aedan no sabía si bromeaba o iba en serio y la verdad, no le importaba. Pasaba buenos momentos con Alistair. Lástima que el sujeto solo estaba interesado en mujeres… Llegaron a la jaula y Aedan la abrió antes de que el templario tuviese tiempo de arrepentirse.

Al verle fuera Aedan se dio cuenta de la verdadera envergadura del Qunari. Era inmenso, mucho más alto que él, Alistair o cualquier otro humano que hubiese conocido. Sabía poco de los Qunari más que eran una raza de guerreros muy apegados a su religión. El Qun. Sin embargo no tenía dudas de que Sten, como se identificó el Qunari sería de mucha ayuda contra el Blight. Por otra parte, sería complicado quedarse en el pueblo con aquel gigante al que todos detestaban. Deberían acampar en aquel descampado o hacerlo fuera de Lothering.

Busquemos a Morrigan y salgamos de aquí. Montaremos un campamento y regresaremos luego para comprar equipo para Sten. –

Claro – protestó Alistair – Y yo que esperaba finalmente dormir en una cama. –

Aedan se dispuso a protestar, pero una fuerza extraña le tiró al suelo, lanzando lejos su casco. Escuchó el sobresalto de Alistair y un sonido extraño viniendo del Qunari. Abrió los ojos dispuesto a defenderse, sin embargo la lengua húmeda que recorrió su rostro le detuvo. Un fuerte ladrido le estremeció.

¿Morrigan? – preguntó Alistair. Sin embargo Aedan sabía que se equivocaba.

¡Bryce! – dijo abrazando a su mabari. – Ese es mi chico – dijo tomándole por el cuello, recibiendo a cabio muchos… besos de mabari. – Buen chico. –

Alistair no sabía si reírse o vomitar. Después de todo…Aedan estaba besándole la nariz al mabari… ¿le dejaría a él hacer eso?

Aedan reía abrazándose de la gruesa cabeza de Bryce, el perro se movió hacia atrás, sentándole con la fuerza de su torso y Aedan se levantó aún con una sonrisa. Si su mabari estaba allí era definitivo. Su familia estaba aún en Lothering.

¿Dónde están chico? – le dijo, inclinándose hacia él como si le hablase a un niño. Bryce ladró, como si Aedan pudiese entenderlo. – Muéstrame – le instó, haciendo que el mabari saliese corriendo de nuevo. Aedan recogió su casco del suelo y volvió a colocarlo.

Al alejarse un poco Bryce dio la vuelta y ladró con fuerza, indicando que debían de seguirle.

Vamos – le dijo a sus compañeros y estos asintieron.

Los Grey Warden corrieron como locos tras el mabari, mientras que Sten solo caminaba a paso tranquilo. Aedan notó que a medida que Bryce se movía entre la multitud la gente le habría camino como si estuviesen adaptados a verlo. Los miraban más a ellos, sin embargo cuando el perro se detuvo delante de la taberna moviendo animadamente la cola y ladró con fuerza Aedan alzó una ceja. Bryce rasguñó la puerta unas tres veces, como hacía cuando quería que le abriesen ¿acaso el mabari esperaba aquello?

Ese perro siempre está en lo mismo – Aedan escuchó decir desde el interior – si no fuera de la señorita le daría de comer el veneno de las arañas. – la puerta se abrió y el tabernero miró inquisitivamente al perro. Alzó la vista y vio a Aedan y Alistair. - ¿Ustedes de nuevo? – inquirió – Ya le dije a vuestro amigo que no tengo habitaciones libres.

Está bien – aceptó Alistair notando lo mosqueado que estaba Aedan por la mala voluntad hacia su mabari. – Estamos aquí por otro motivo. –

Buscamos a la señorita de la que habla. – intercedió Aedan con autoridad en la voz.

¿Cóoomo? – el tabernero palideció. Sin embargo Aedan se quitó el casco, mostrando su rostro tan parecido al de Elissa.

Dígale que su hermano está aquí. –

Bryce ladró con fuerza, haciendo saltar en el lugar el pobre viejo.


Elissa bajó corriendo las escaleras. En sus manos sostenía la falda de su vestido celeste de largas mangas abiertas hasta los codos. Se sorprendió a escuchar el silencio viniendo de la planta baja de la posada. Normalmente el lugar se encontraba bullicioso y concurrido, sin embargo los presentes estaban abarrotados contra las paredes mirando a tres personas paradas en la puerta. Tres que venían con Bryce. En cuanto llegó al pie de la escalera identificó a su hermano. Una hermosísima sonrisa se dibujó en rostro, opacando las marcas de sus cicatrices.

Una sonrisa idéntica apareció en el rostro de Aedan. El Grey Warden abrió los brazos y ella corrió a su encuentro. La sostuvo entre sus brazos y la alzó, besándole en las mejillas con desbordante amor y aprecio. Elissa le rodeó el cuello, haciéndole con fuerza. Las lágrimas afloraron a sus ojos y las dejó correr son un suspiro ahogado.

He esperado – murmuró la muchacha – te he estado esperando tanto tiempo… pensé… -

Aedan sintió su delgado cuerpo temblar. Aquella era su hermana, su adorada Eli. Su sonrisa se amplió cuando sintió el dulce aroma de su perfume.

Ya estoy aquí. – sabía que la muchacha necesitaba que le reafirmara su presencia. Y cuando ella asintió entre sus brazos ambos respiraron aliviados.

Se separaron del abrazo, sosteniéndose por sus manos unidas. Los ojos azules de los Cousland centelleaban sobre los brillantes dientes blancos. Sus miradas se mantuvieron por unos instantes, hasta que Elissa observó la tonta sonrisa de Alistair tras Aedan. La joven le devolvió el gesto.

Bienvenido a ti también Alistair. – Obtuvo a cambio un delicioso sonrojo. Hizo una ligera inclinación de la cabeza al ver al mago – Amell. Y ¿Quién es ese adorable mabari? –

Esta – terció el hechicero – es Morrigan, el reafirmado y más probable amor de mi vida. –

La mabari ladró con fuerza, sacándole a Elissa una risa estridente.

Hablando de Morrigan – terció la muchacha en alta voz - ¿Dónde está? Ansío conocerla en persona. –

Algo de lo que te arrepentirás, créeme – murmuró Alistair. Elissa rio de nuevo, sin embargo negó con suavidad. Entonces observó al enorme Qunari. – Hola Sten of the Beresaad, es un gusto verle fuera de la jaula. –

Ante la mirada sorprendida de todos los presentes el Qunari contestó con un asentimiento. Elissa le sonrió, dirigiéndose entonces al tabernero.

Si fuera tan amable de darles algo de comer a nuestros huéspedes, os lo pagaré en la noche. – el tabernero se dispuso a cumplir su orden cuando ella volvió a hablar – Y sepárele dos… tres habitaciones. –

El hombre resopló, pero asintió muy al disgusto de Amell, que sin importar cuánto le insistiese el sujeto le ignoró.

¿Cómo lo has hecho? –

Elissa no le contestó, sino que le sonrió nuevamente. Sus ojos regresaron a los de su hermano.

Ven. Tengo algo que mostrarte. –

Curioso Aedan se dejó arrastrar escaleras arriba, a su espalda podía sentir las pisadas de Bryce. En el pasillo del segundo piso había varias puertas cerradas. En la última un chico fuerte con un mandoble sobre la espalda sonrió al ver a Elissa. Y aunque le abrió la puerta con gusto, frunció el entrecejo al verlos tomado de la mano. Aedan le observó hasta que la puerta se cerró, entonces registró el interior de la habitación cuando sintió los dedos de Elissa escurrirse entre los suyos.

Era un cuarto sencillo, pequeño para lo que estaban acostumbrados. Sin embargo estaba iluminado por una ventana doble y tenía un armario, una cama y un buró. Lo que llamó su atención fue la figura masculina acostada sobre la cama, junto a la que Bryce se recostó con descaro. Sus ojos se abrieron como platos mientras avanzaba en el interior. No prestó atención a las otras dos chicas que lo observaban además de Elissa. Bethany recorría el cuerpo del hombre con sus manos recubiertas de aura sanadora, mientras que Leliana observaba desde una esquina del cuarto con una daga en la mano.

Fergus – murmuró Aedan dejándose caer en el borde de la cama. Alzó la vista hasta que encontró a su hermana - ¿Cómo…? ¿Dónde? –

Elissa señaló con un gesto a la barda sentada en una esquina.

Por las visiones tenía una idea de dónde podría estar, sin embargo era muy vago. Un terreno demasiado amplio que cubrir. De no ser por Lelianan que buscó su rastro junto a Bryce… y los Hawke, nunca lo hubiese encontrado. Les debemos la vida de nuestro hermano. –

Aedan miró primero a la barda, quien le hizo una pequeña reverencia con la cabeza, y luego a la healer.

"¿Una apóstata?" Sin embargo, ocultó sus pensamientos con una sonrisa.

Muchísimas gracias. A ambas. –

No es necesario – intercedió Leliana. – Los Cousland han hecho mucho por este pueblo, es lo mínimo que podemos hacer en retribución. – Bethany asintió, aparentemente de acuerdo con su comentario. – Además, ¿que no haría yo por una amiga? – entonces le guiñó un ojo a Elissa. – Vamos – le dijo a Bethany – dejémosles a solas un momento. –

Sí – aceptó la muchacha. El aura sanadora dejó sus manos, disipándose en el aire. – No hay más que yo pueda hacer por él. Le pediré a mi hermano que suba en cuanto ocurra el cambio de guardia. –

Elissa asintió y ambas dejaron el cuarto con paso seguro. La joven se sentó en la cama a su lado, extendió el brazo y le acomodó los cabellos a su hermano mayor. Aedan esperó a que las pisadas del pasillo se esfumaran antes de volver a hablar.

¿Es cosa mía, o has seducido al pueblo entero? – Elissa soltó una carcajada.

No, yo no. – Aclaró – Ese fue padre. –

Ante la mirada inquisidora de Aedan, Elissa le explicó como Gilmore y sus hombres habían estado protegiendo las puertas del poblado, de forma que cuando llegó la orden de captura los pueblerinos se negaron. Al despertar y ver el estado de Lothering su padre usó las monedas que su madre había rescatado para comprar suministros para el poblado. Y al escuchar las noticias de la derrota montó un discurso donde los instaba a abandonar momentáneamente el poblado. Algunos fueron difíciles de disuadir, pero los Hawke fueron de mucha ayuda.

Al poco tiempo comenzaron a llegar hombres de Loghaing. Pudieron despistarlos por un tiempo, pero estaba claro que aquel ya no era un lugar seguro. Lady Landra los convenció de que fuesen con ella. La mujer los escondería en sus tierras y visto que Arl Howe nunca supo de su visita al castillo Cousland no buscaría en sus tierras. Elissa le prometió a su madre que se uniría a ellos en cuanto devolviera a Bryce y la mujer aceptó pues el mabari solo era tolerante con Elissa y con Oren. Cuando Aedan preguntó por el pequeño la joven le comentó que habían adoptado a un niño que perdió a su padre en la guerra y cuya madre murió a causa de los lobos. Ese niño era ahora el mejor amigo de Oren y pasaban el día, las tardes e incluso las noches juntos. Ante el comentario Aedan sonrió, algo más tranquilo, sin embargo triste.

Entonces ¿te marcharás? – preguntó.

Por supuesto que no. – terció Elissa cortante.

¿Eh? –

No creerás que te metí en este embrollo para irme y dejarte solo. – la mirada incrédula de Elissa le sorprendió. Sin embargo, aunque su instinto de hermano mayor le decía que no debía, una parte de él se sentía mucho más tranquilo. Le sonrió.

Madre se volverá loca. –

No tiene que saberlo todavía. – dijo la muchacha con seguridad. – Además, ella me conoce, a estas alturas ha de sospechar que no regresaré. – Aedan asintió.

Pues tendré que hacer un esfuerzo para entrenarte en mis tiempos libres. – se burló.

Oh, no te preocupes, lo tengo cubierto. – dijo Elissa más que satisfecha.

¿Cómo es eso? –

Leliana es una barda de Orlai. – ante la mirada escéptica de Aedan la muchacha continuó – no te preocupes, está de nuestro lado. Ella, al igual que Sten estaban en mi visión. Nos van a ayudar a derrotar el Blight y he de agregar que serán muy valiosos. –

Aedan asintió.

Ya veo. –

Leliana ha estado entrenándome casi desde mi arribo y de veras que he mejorado mucho con el arco. Te sorprenderás, lo prometo. –

Bueno…está bien. Sin embargo me queda una duda. –

¿Sí? –

Has estado hablando mucho de los Hawke. ¿Son todos… magos o algo así? – Elissa sonrió ante la perspicacia de Aedan.

Solo dos de ellos. La chica, Bethany y Garret, a quien conociste esta mañana. – Aedan alzó una ceja – Tú sabes, el encapuchado de la puerta. – Ante el gesto escéptico de su hermano Elissa soltó otra carcajada.

¿Vendrán también? – terció Aedan, apagando por completo la carcajada de la mujer.

Probablemente no. – contestó con sequedad. – Los Hawke viven por su madre, Leandra Amell – a escuchar el apellido Aedan entrecerró los ojos – que es prima del padre de tu compañero Amell, sí. El punto es que en mi visión ellos se marchan a Kirkuall y en el viaje… Bethany muere a manos de los darkspawn. –

¿Entonces por qué no se los dices y les evitas perder a la chica? –

Ya lo he hablado con Hawke… Garret – rectificó – y con Leandra. Parecían escépticos. No todo el mundo se cree que uno tiene visiones. –

Aedan guardó silencio por unos minutos. Sin embargo, cuando abrió la boca de nuevo la puerta se abrió, dándole paso a un hombre alto de cabello negro y ojos dorados.

Amell – dijo Aedan, sin embargo Elissa le corrigió.

Hawke. –

My lady – terció Garret inclinando la cabeza hacia ella y luego hacia Aedan – my Lord – Aedan extendió una mano con ademán de detenerlo… sin poder eliminar la mirada atónita que portaba su rostro.

No soy un Lord, ya no más. –

Ya lo sé. – aceptó Garret cerrando la puerta tras de sí. – Es solo una formalidad. Bethany me dijo que viniese a echarle un ojo a nuestro invitado. ¿Está todo bien? – se acercó a la cama y se sentó en la silla que Bethany ocupaba. Al instante Bryce alzó la cabeza, gruñéndole. Ante el gesto del perro Hawke rió por lo bajo.

Aedan por su lado asintió.

No está mal. – dijo – a cualquier otro le hubiese arrancado la mano. –

No le veo intenciones con mi hermana. – bromeó Garret. Aedan sonrió, acariciándole el lomo a su mabari.

Que puedo decir, tiene preferencia por las chicas. Lindas o no. ¿Verdad Eli? –

¿Cómo te atreves? – protestó fingiéndose ofendida.

Garret retomó la labor que había comenzado su hermana. Su aura sanadora tenía una consistencia más concisa, y además aparentaba mayor fuerza. El hombre le examinaba con atención, como si con sus ojos pudiese ver algo que los demás no.

Hemos traído las armas como pedisteis, como los dueños estaban abajo las he entregado en mano. Con excepción por supuesto de my lord Cousland. Esa la tomó usted, my lady. – dijo finalmente Hawke.

Tranquilo, están a buen resguardo. – Contestó la joven, sin dejar muy claro a quién se lo decía.

También hemos encontrado a los enanos de los que nos habló, esperan abajo para entrevistarse con usted. – Elissa asintió. Se puso de pie y le extendió la mano a su hermano.

¿Me acompaña buen señor? –

Con una mirada burlona Aedan tomó su mano.

El joven Cousland le ordenó a Bryce que se quedase con Fergus y bajó las escaleras con su hermana. Para sorpresa de la muchacha encontraron a Bothan y su hijo sentados en la mesa de los Grey Wardens. En algún momento Morrigan se les había unido y miraba a los enanos con "¿desprecio?".

Ambos hermanos se unieron a la conversación y luego de pocos minutos de interacción Aedan no solo se interesó por su mercancía, sino que los convenció de unirse a ellos. Bothan, a quien se le había informado que debía su seguridad a Lady Cousland estaba más que dispuesto a ayudar al hermano de su benefactora, mucho más si aquel trato podía traerle seguridad y ganancias.