11 "Asesino"
Loghaing se hallaba en sus habitaciones en el palacio, dando vueltas sobre sí mismo en las inmediaciones de la chimenea. Acababa de tener una discusión desagradable con Anora tras una reunión con los nobles. De todos ellos, tenía que haberse imaginado que sería Teagan quien se alzaría en su contra. "¡Maldíta sea!"
Estaba molesto y tenía pocas ganas de hacer algo más que no fuese beber en ese instante. Se acercó la copa de vino a los labios cuando sintió abrirse la puerta. Para su disgusto en el umbral no había otro que Arl Howe.
¿Qué quieres? – preguntó intentando contenerse las malas formas.
Traigo noticias, señor. – dijo haciéndose paso hacia el interior de la estancia. – Hay demandas en Bannon para que se retire de la regencia. – su voz cada vez más cerca con cada paso. – Han dicho que están preparando sus fuerzas. Al igual que están haciendo vuestros aliados. – hizo una pausa momentánea antes de continuar. – Tal parece que habrá una guerra civil después de todo y a pesar de los darkspawn. Una lástima. –
Loghaing asintió. No esperaba que todo el mundo aprobase su regencia. Anora no tenía un heredero de Cailan y como él era de origen común estaba claro que habría oposición. Sin embargo, hubiese esperado que con la ausencia de Arl Aemon pudiese evitarse una confrontación armada. Sin embargo, él no se echaría atrás, no después de lo que había hecho. Pensó que ya era todo, sin embargo, Howe prosiguió.
He recibido noticias además. Rumores de soldados que han hallado grupos de refugiados que vienen de camino a Denerin. Todo parece indicar que los supervivientes de los Cousland se hallen en Lothering… así como los Grey Wardens que sobrevivieron a Ostagar. El cómo lo hicieron aún no lo sé. Pero de seguro ambos actuarán en vuestra contra. –
"¿Y de quién es la culpa?" maldijo Loghaing en su mente. Asintió repetidas veces. Si los malditos Grey Wardens lograban sobrevivir, pues estaba claro que vendría a por él. Más aún si uno de ellos era Aedan Cousland, el único hijo varón sobreviviente de los Cousland. Howe Continuó hablando.
He hecho arreglos para una… solución. – Loghaing se dio la vuelta, un tanto interesado en ese "solución" – Si usted lo aprueba. – dijo el sujeto haciendo una respetuosa reverencia.
De entre las sombras de la habitación apareció un elfo. Loghaing se sorprendió de lo silencioso que resultaba su caminar. Era claramente un elfo de Antiva, piel morena, ojos dorados y un tatuaje en la mejilla izquierda. Para ser un sujeto tan llamativo resultaba impresionate lo fácil que podía ocultar su presencia.
Los cuervos de Antiva envían sus saludos – dijo el elfo con voz lúgubre.
Loghaing había escuchado de ellos. Aparentaban ser una organización muy capaz, que cumplía religiosamente sus contratos, sus únicos rivales "La casa del reposo" en Orlai. Sin embargo… miró de uno al otro confiado de la inmutabilidad de su rostro. Finalmente les dio la espalda.
¿Un asesino? –
Contra los Grey Wardens necesitaremos a los mejores, señor. – intervino el Arl con prontitud.
La risa macabra del elfo captó su atención.
Y los más caros. – Loghaing bebió de su copa.
Fue un tonto al pensar que Howe le traería una propuesta honorable. ¿Pero que tenía que decir él de honor a esas alturas? Le dio una última mirada al asesino sobre su hombro.
Solo hazlo – ordenó.
Y el elfo desapareció con la misma velocidad a la que vino. Como una sombra entre la penumbra. Loghaing nunca había apreciado a los asesinos, pues le parecían métodos cobardes. Escuchó entonces los pasos del Arl en retirada y su mirada quedó prendada de las llamas.
···/ /···
Dos días transcurrieron en Lothering desde la llegada de los Grey Wardens. El pueblo se encontraba desierto, habiendo partido el último grupo de refugiados hacia Denerin la noche anterior. Elissa le dio una buena suma de dinero al tabernero por permitirle conservar las habitaciones hasta que Fergus despertase. Se quedó entonces con un duplicado de la llave y la promesa de dejar la puerta bien cerrada. Aedan estaba atónito de que aquel señor creyese que encontraría su taberna en pie luego del paso de la horda, pero prefirió no hacer comentarios. Morrigan por su lado se llenó la boca hablando de los estúpidos que eran los humanos… como si ella no perteneciese al grupo de los mortales.
Otros que se quedaron fueron los Hawke. Garret insistió en tratar a Fergus junto con Bethany hasta que el hombre despertase. Hawke estaba seguro de que no tomaría mucho debido al intenso trabajo que se tomaron en él, sin embargo, no quería arriesgarse. Leandra y Carver parecía renuentes a dejar a Elissa sola, y por más que esta intentó convencerles solo consiguió que ellos aceptaran seguir su camino cuando ella partiese.
Aquella mañana Elissa se había puesto su armadura de Rouge y salido a entrenar con Leliana desde bien temprano. Amell les había interceptado en la salida y cuando mostró interés las chicas le permitieron seguirles. Morrigan, la mabari corrió tras él, y cuando las chicas recién empezaban a practicar su juego de dagas con armas de madera Aedan hizo acto de presencia. Llegó en silencio y de esa forma se sentó junto a Amell, observando el cuadro.
A sus ojos Leliana se mostraba muy habilidosa… y paciente. Pues aunque Elissa le prometiese que había mejorado con el arco parecía ser igual de mala con las dagas. A veces Aedan se preguntaba cómo había sobrevivido a la batalla en el castillo de sus padres, pero tan pronto como la idea acudía a él, la desechaba. No quería ni imaginarse lo que hubiese pasado de no haberlo hecho. Lo que sí era admirable era la persistencia de Elissa. Sin importar cuantas veces caía, la mujer se volvía a levantar.
"Tiene una mirada feroz" comentó Amell, denotando la determinación de la joven. Luego de casi tres horas de entrenamiento seguido Aedan comenzó a preocuparse de que la técnica de entrenamiento de la barda fuese casi tan severa como la de Fergus.
Sin embargo no pareció ser así. Leliana le extendió la mano a Elissa y le sugirió que tomase un descanso. La joven Cousland aceptó con resignación y acudió a sentarse junto a su hermano mientras Morrigan, la mabari, se acercaba a jugar con Leliana.
Bien hecho – le apremió Aedan a su hermana, dándole unas palmaditas en el hombro.
Para nada. Vez a Leliana, ni siquiera ha sudado. Fresca como una rosa. – Aedan soltó una risotada. Amell por su parte sacó una cantimplora de agua y se la ofreció. – Grácias – aceptó Elissa. Bebió de ella con entusiasmo, limpiándose la boca con el antebrazo de su armadura - ¿No practica usted, ser mago? –
Mi entrenamiento es algo… diferente. Sin ofender. –
No me ofendo. Simplemente pensé que debería estar preparado para cuando no se pueda evitar una confrontación directa. – Amell soltó una risotada malévola.
Si los templarios le escucharan hablar la guillotinarían. –
Lo sé. Sin embargo debería ver pelear a Hawke. Se sorprendería. – escucharon decir a Leliana que venía en su dirección.
¿Quiere decir ese doble mío que le pega filos de lanzas a los bastones? – Leliana y Elissa sonrieron ante la ocurrencia – Seguro que al vivir siempre como un apóstata tiene algunas ideas bastante interesantes del combate. Y si él está dispuesto a enseñarme tal vez podría intentarlo. Sin embargo es dudoso lo que se puede aprender en tan poco tiempo. –
Estoy segura de que podrá enseñarte lo básico – se burló Leliana. – Después de todo, ha enseñado a pelear a todo el poblado con esa lanza y sin usar sus poderes. –
Eso es admirable – concordó Aedan – Como también lo es poder esconderse de los templarios. Cuando lo conocimos en la puerta Alistair no pareció notar que fuese un mago. –
Aún están por comprobar las habilidades de nuestro amigo templario – murmuró Amell.
¡Ey! – protestó Elissa. – Alistair está muy bien preparado –
Sobre eso no sé. Sin embargo parece una damisela de tantos protectores que tiene. – se burló Amell.
Eso seguro. – estuvo de acuerdo Aedan, ignorando por supuesto que él era uno de ellos. – Aunque sigo pensando que Elissa gana en una competición. –
Ante la coincidencia de Leliana la joven Cousland se sonrojó. Cuando alzó el rostro vio al cuerpo de la discordia cruzar el puente de piedra que pasaba el río para acercarlos a la capilla. Alistair parecía llevar algo en la mano que observaba con cara de tonto. Cuando alzó el rostro y vio al grupo lo guardó con prisas en su bolsa. Elissa tenía una idea de lo que se trataba y no pudo esconder la sonrisa que se formó en sus labios. A Aedan no le pasó desapercibido aquel gesto e inspiró profundo.
¿Qué hacen todos afuera tan temprano? – preguntó el templario.
Entrenar – contestó Elissa - ¿Qué haces tú? – Por un momento el templario dudo.
Yo..eh… pues… - se aclaró la garganta, indeciso de que decir – Solo…salí a ver si había…eh… noticias de nuestros compañeros. Sí, eso es. – Leliana soltó una baja risita mientras Amell rodaba los ojos. Aedan, compadecido del pobre decidió seguirle el juego.
Y ¿Encontraste algo? –
No, la verdad no. ¿No es un poco extraño que se demoren tanto? –
Considerando el tiempo que nos tomó a nosotros…y que ellos son más, no. Creo que no. Probablemente lleguen en la tarde. Tal vez en la noche. – contestó Aedan.
Cualquiera que sea el caso – intercedió Leliana – no deberíamos quedarnos mucho más tiempo. Digo, si queremos rescatar algo que nos ayude a luchar contra el Blight. –
Estoy de acuerdo. – concordó Amell – el mundo parece que solo se caerá a pedazos antes de que podamos si quiera intentar hacer algo. –
Lo discutiremos cuando estemos todos – les interrumpió Aedan.
Estoy de acuerdo – centenció Elissa – Mientras tanto ¿Leli, me ayudas a preparar el almuerzo? Me muero de hambre y creo que estos chicos igual. – Leliana asintió, sin embargo escucharon una protesta del mago.
¿Almuerzo? Pero ni siquiera he desayunado. – entre risas las chicas se marcharon dejando solos a los tres hombres.
Alistair las observó marchar hasta que se dio cuenta que su mirada estaba yendo al lugar incorrecto. Con un profundo sonrojo se dejó caer junto a Aedan… y lejos del mago que adoraba tanto molestarlo.
Creo que deberíamos al menos plantear ideas. – intercedió Amell. – Considerando los rumores sobre el círculo, para cuando lleguemos allí Greagor habrá llamado al rito de absolución y asesinado a todos los magos dentro de la torre. –
No puede hacer eso a menos que sea estrictamente necesario – protestó Alistair.
Ah, por favor. Somos magos. Una sola abominación que se suelte y nos tildarán a todos de magos de sangre o de debiluchos. Entonces, por miedo a perder a sus adorados templarios nos aislarán y harán la convocatoria. Ya verás. –
¡Estás exagerando! No puede ser tan malo. – volvió a decir Alistair.
¿A no? ¿por qué no le preguntas a cualquier otro mago? Ah, no espera, están todos encerrados. Que pena. Pero no te preocupes, seguro que los de afuera podrán decirte suficiente sobre las maldades que han hecho los templarios a nombre de la capilla. Por muy peligrosos que seamos los magos, al menos deberían tratarnos como personas por el amor de Andraste. –
Aedan les escuchó discutir por un tiempo. Por mucho que a Alistair tampoco le gustasen mucho los templarios, si defendía sus ideologías. Sin embargo, había algo en el sujeto que le hacía pensar que solo lo hacía por lealtad a lo que era. Alistair parecía más a gusto… fascinado con las cosas mágicas y la forma despreocupada con que hablaba con Amell le hacía pensar que no despreciaba a los magos. "Bueno… no a todos al menos" pensó al recordar la hostilidad entre el templario y Morrigan.
En todos los sitios hay problemas. Además, prefiero escuchar lo que tiene que decir Elissa al respecto antes de tomar una decisión. –
Aah, claro la vidente. – dijo una voz femenina su costado con claro sarcasmo - ¿Seguro que no son solo delirios de una mente descarriada? – Aedan sintió su sangre bullir ante el comentario de Morrigan. Era la primera vez que le pasaba. Sin embargo podía entenderla. Él mismo había tenido aquella impresión y por el hacedor, Elissa era su propia hermana. Sin embargo Alsiatir no fue tan pasivo.
¡Cuida tus maneras! – protestó poniéndose de pie ante ella. A cualquiera aquella escena le hubiese resultado intimidante, pues Alsiatir era al menos dos cabezas más alto que Morrigan. Pero claro, cualquiera no era la bruja – Gracias a ella pudimos salvar la vida del rey y enviar a estos refugiados a Denerin. –
Querrás decir que gastamos recursos en un cretino inútil que ni siquiera sabíamos si sobreviviría cuando me fuy. Además de que quien sabe cuál de esos refugiados nos delatará primero, sin mencionar que el que pagó por el equipo fue su padre. ¿No fue así? – dijo Morrigan como si hablase de la lluvia – Si tan habilidosa es ¿por qué no evitó la batalla? ¿por qué no impidió que muriese ese Grey Warden tan importante y a su vez nos dejó con esa panda de mocosos desorganizados que no pueden ni ponerse de acuerdo sin ayuda en cuál será el primer objetivo?¿Um?
Alistair frunció el entrecejo, claramente enojado. A sus costados apretaba los puños. Si Aedan no le conociese y supiera el fuerte sentido de caballerosidad que tenía, hubiese pensado que la golpearía. A la vez, se sentía conmovido de que apoyase a su hermana, pero aunque sus palabras fuesen duras tenían algo de razón. Sin embargo, también entendía que muchas de las exigencias de Morrigan no estuvieron nunca en las manos de Elissa. Alguien que no lo hubiese vivido no tenía forma de entenderlo.
Suficiente – intercedió. – Elissa claramente puede aportar más detalles a nuestro cuadro general que estos "rumores", así que escucharemos lo que tenga que decir cuando llegue el resto del grupo.– dijo con voz de ultratumba. – Por ahora de nada vale la pena especular y definitivamente habrá criterios encontrados. Pero en todas partes hay gente sufriendo, así que debemos actuar con el plan más práctico, no con el más compasivo. ¿Ha quedado claro para los dos? –
Alistair no se veía muy conforme. Parecía querer decirle un montón de cosas a Morrigan en su cara, pero se detuvo cuando Aedan le dedicó una mirada de advertencia. Le dio la espalda a la mujer y avanzó hacia el árbol más cercano, golpeándole con fuerza y el puño cerrado. No escucharon queja, pero Amell se apresuró a su lado para revisarle la mano. Aedan suspiró y encaró nuevamente a la mujer.
¿Para eso viniste a unírtenos? –
La verdad no – dijo aparentando que nada había ocurrido. Al parecer ella estaba mucho más conforme por su respuesta que Alistair. – He venido porque los sanadores que yacen junto a vuestro hermano me han pedido de favor que os avisara de su despertar. El hombre está consciente y desea veros. –
Incrédulo Aedan quedó con la boca abierta. Tartamudeó y finalmente con un leve "gracias" pasó corriendo junto a la mujer hacia el interior de la taberna. Cuando llegó a las puertas encontró a los hermanos Hawke fuera envueltos en una acalorada discusión. Carver estaba haciendo alarde de la fuerza de sus cuerdas vocales. La pobre Bethany intentaba apaciguarlo mientras Garret observaba la cara de su pequeño hermano con rostro inmutable, sin embargo Aedan, quien siempre fue el del medio, supo diferenciar un brillo de dolor en sus pupilas.
Pasó de largo a Leliana en la cocina y subió al cuarto de su hermano. Sin esperar abrió la puerta encontrando a Elissa sentada a su lado en la cama junto a Bryce el mabri. Fergus sujetaba la mano de la chica con fuerza mientras lloraba con suavidad. Por la expresión del rostro de Elissa, le había contado sobre el ataque al palacio y la muerte de Oriana. Al escuchar el sonido de la puerta Fergus abrió los ojos, chocando con la mirada dulce de Aedan. Extendió su otro brazo y lo llamó al lecho a su lado. Aedan tomó su mano temblorosa.
Bendita sea Andraste por vuestro bienestar. – la voz afligida de Fergus fue demasiado para los nervios de Aedan, que se unió al dueto de lágrimas con Elissa.
Tomaremos venganza hermano. – le aseguró con vehemencia – te lo juro. –
El gesto de Fergus se oscureció mientras asintió.
Los curanderos me dicen que estas en perfecto estado de salud. Si comes adecuadamente estarás caminando en poco tiempo. – aseguró Elissa.
Debemos buscar una forma de enviarlo junto a madre. – comenzó a decir Aedan.
¡No! – intercedió Fergus – iré con ustedes. – Ante su vehemencia Elissa se escandalizó.
Por supuesto que no. Estás débil y ya te he explicado la situación en la que está Aedan. Toda Ferelden está envuelta en el Blight.
¡Justamente por eso! Padre y Madre están mayores, pero yo no voy a dejarles ponerme de lado. –
Elissa, segura de que ella no podría convencerlo prefirió dejarle aquella labor a Aedan. Sabía que Fergus solo deseaba vengarse y que temía por ellos. Así que se excusó con ir a buscarle una sopa caliente y algo para calmarlo y les dejó. Para su sorpresa encontró a Garret esperándole fuera.
¿Podemos hablar un momento, mi señora? –
Llena de curiosidad, aceptó. Al pasar por la cocina dejó el encargo a Leliana y salió fuera, dejándose guiar por Hawke hasta el molino, donde le esperaban los otros dos hermanos. Carver miraba oscamente a Bethany, sin embargo, al verle llegar su gesto se aflojó. Esperó hasta que estuvieron los cuatro formando un semi-círculo antes de preguntar.
¿De qué se trata chicos? –
Díselo tú – dijo Carver con malas formas – Fue tú idea a fin de cuentas. – Con un suspiro Garret obedeció.
My señora, hace unos días usted nos comunicó una noticia aterradora a mi y a madre. Estabamos renuentes a creerle, lo admito, sin embargo, al ver cumplidas vuestras predicciones decidimos comunicarles a Carver y Bethany, ya que ella sería la más afectada. –
¡Por supuesto tenías que hacerlo! ¿Por qué te demoraste en hacerlo? – protestó el muchacho, sin embargo Bethany le mandó a callar.
Shhu, Carver. – El chico se cruzó de brazos, desviando la mirada. Unos segundos después Garret continuó.
Lo que quiero decirle, es que hemos llegado a un acuerdo. – Carver se aclaró la garganta. – Bueno, madre, Bethany y yo hemos llegado a la conclusión de que sería más seguro para Bethany si ella se iba con usted. –
Elissa abrió los ojos sorprendida. De las cientos de ideas que analizó ninguna incluía llevarse a Bethany. Sería altamente peligroso para la chica, considerando lo propensa que ella era a ser contaminada por los engendros.
¿Estás seguro? – preguntó – Vamos a luchar contra el Blight. Quiero decir que estará expuesta a toda una serie de peligros. –
Como mismo lo estará usted- intervino Bethany.
Sin intención de ofender – terció Hawke – ambos creemos que usted está en más riesgo que Bethany. Ella al menos tiene un dominio básico de todas las habilidades.
"Auch" pensó Elissa "Eso duele"
Que quede claro ¡yo estoy en contra! – protestó Carver. Sin embargo, el trío lo ignoró.
¿Qué dice entonces mi señora? – preguntó Garret. - ¿Permitirá que Btehany se les una? –
Elissa lo pensó durante un momento. Durante su viaje al bosque se aseguró de recoger todas las flores de pantano que encontrase, de manera que tenía una buena ración con ella. Si además podía evitar que Bethany entrase al Deap Road en Orzammar la joven podría sobrevivir. Después de todo ¿quién podría protegerla mejor que un grupo de Grey Wardens? Eso, y que Amell era el primo de la muchacha, seguro que la protegería sin que tuviese que pedírselo mucho.
Suspiró.
Muy bien. Lo permitiré. –
La embulló la sorpresa cuando Garret dejó escapar el aire que ella no sabía estaba conteniendo. Además, la maga le rodeó con sus brazos repitiendo su agradecimiento una y otra vez. Era Carver el menos complacido y Elissa sabía que aquello sería un tema de discordia después entre Garret y el chico. Luego de unos minutos de conversación le comunicaron que esperarían a que Elissa se marchase para ellos moverse.
Finalmente Garret le dijo que nada más podía hacer por Fergus que la propia Bethany o el mago que les acompañaba no pudiesen, así que se retiraron a su casa, donde Leandra esperaba a escuchar la decisión de Elissa. La joven siguió su ejemplo y regresó a la posada, donde encontró a Aedan esperando por ella junto al resto de los chicos en la mesa. Ya la noche pasada había sido testigo del apetito de los Grey Wardes. Sten casi les hacía competencia, a causa de sus días de hambruna pensó, pero estaba comenzando a considerar que tal vez el Qunari de veras comía aquella barbaridad.
Aedan se levantó de la mesa, haciéndole notar que Leliana no estaba con los demás, y avanzó hacia ella, esperando conversar antes de que se uniese al grupo.
No he podido disuadir a Fergus – anunció derrotado. Elissa apretó los labios indecisa.
Fergus no estaba en mi visión. No se cómo lidiar con esto. –
Tal vez no sea tan mala idea. Digo, sabes lo buen guerrero que es, nos vendría bien otro par de manos. –
Ya lo sé. Los sanadores dicen que ya está bien. Pero lo veo débil, él no es Sten y lleva varios días inconsciente. No sé cómo no ha perdido masa muscular. –
Mientras nos trasladamos puede ir en el carro de Bothan y Sandarl. Si atacan podemos protegerlo hasta que sane del todo. – insistió Aedan.
¿Estás seguro? –
De lo que estoy seguro es que hemos tenido un infierno de discusión ahí arriba. Me ha jurado por Andraste que o nos lo llevamos o nos sigue a rastras. Y sabes cómo es Fergus cuando hace un juramento. –
Elissa rodó los ojos.
Pues no será la única adición al grupo. – anunció.
¿Ah sí? ¿Quién más está lo bastante loco como para venir con nosotros? –
Bethany. – Aedan asintió.
Considerando lo que me dijiste, ya era tiempo que se decidieran. ¿No crees? –
Elissa asintió y habiendo terminado aquella conversación se unieron a la mesa. La chica Cousland se sorprendió de la cantidad de comida que había preparado Leliana por sí misma. Incluso los enanos estaban saciando su hambre con la emoción de quien come un manjar hecho en su propia casa. Era increíble que con dos nobles en la mesa, un caballero templario y un Qunari fuese Morrigan la que más modales tuviese a la hora de la comida. La idea se le antojó divertida e incluso soltó un par de carcajadas al verla interactuar con Alistair y el mago. Aquel hechicero de verdad que aportaba jugo a la combinación, tan pronto los echaba a fajar como intentaba reconciliarlos.
"No sé de qué lado está, ni preguntes" le había susurrado Aedan en el oído. Aquella noche bebieron y comieron como locos, tanto gritaron que Hawke se les unió en la noche e inició una competición contra Amell a ver quién podía beber más. En algún punto comenzaron a conversar animadamente. Elissa creyó escuchar las palabras "entrenamiento" y a medida que se iban poniendo más borrachos "primos".
Pronto Elissa decidió retirarse, dejando a su hermano envuelto en risas entre el barullo de los hombres. Subió a ver a Fergus y encontró a Leliana cantándole una canción de cuna. Elissa le agradeció por sus atenciones y la barda se marchó complacida. Hasta que las risas menguaron Elissa se quedó con él, acariciándole el cabello e intentando cantarle la misma canción que Leliana, sin embargo desistió pronto. Se sentó en el buró y comenzó a escribir, así estuvo hasta que el sueño la dominó y finalmente se recostó en la cama a su lado.
No supo cuando se quedó dormida, pero un extraño olor la despertó. El aroma era asfixiante y el barullo era incluso más molesto que el olor. A la distancia podía escuchar los ladridos de Bryce y Morrigan. Entonces entendió que estaban bajo ataque. Saltó de la cama y se equipó la armadura en tiempo record recogiéndose el cabello con su peineta de oro antes de ponerse el casco y tensar el arco alrededor de su torso. Guardó la carta en la que había estado trabajando y con prisas despertó a Fergus, quien para su sorpresa reaccionó más rápido que ella.
El hombre se levantó no sin esfuerzo, pero se sostuvo en pie y agarró la espada y el escudo de su familia, que Elissa mantenía en una esquina de la habitación. Intentaron abrir la puerta pero estaba atascada. Volvieron al interior y Fergus le entregó sus armas a Elissa. Alzó la silla que había en el buró y la lanzó por la ventana, rompiéndola.
¡Fergus! – escucharon el grito de Aedan desde fuera. – Morrigan, Amell, Hawke creen una cama de nieve que amortigüe su caída. –
Hay demasiado fuego, no aguantará – protesó Morrigan.
¡Inténtalo! – ordenó Aedan.
Una espiral de fuego tiró la puerta abajo, haciendo retroceder a Elissa e incendiando los muebles en la habitación. Fergus corrió hacia ella, sujetándola con fuerza por la cadera mientras se apoyaba en la ventana. Una explosión les lanzó hacia abajo y por más que Fergus quiso sostener a su hermana la debilidad hizo que se liberase de su agarre.
¡Eli! – gritó antes de caer en la cama de nieve.
Aedan observó a la chica ser empujada lejos con espanto. Alistair corrió a su encuentro sin embargo no fueron sus brazos quienes detuvieron su caída.
Elissa abrió los ojos mientras hacía con fuerza las armas de su familia.
By the Maker – murmuró al ver el rostro de su salvador. El cabello rubio y la brillante sonrisa era inconfundible. - ¿¡Rey Cailan!? –
Alistair se detuvo, quedando más que rígido al ver a su medio hermano completamente recuperado y con todo el set de su armadura colocado a la perfección. Si el estaba ahí, significaba que los otros Grey Wardens también.
¿Todo el mundo bien? – dijo la voz de Sereda quien llegaba acompañada de su grupo y el resto de los Hawke.
Aedan y los suyos llegaron a su encuentro y tuvieron la misma reacción que Elissa al ver al rey. Fergus intentó inclinarse pero una punzada en el costado se lo impidió. Leliana, que estaba más próxima le sujetó para evitar que cayese.
¿Qué demonios está pasando aquí? – inquirió Darrian, el elfo de ciudad.
Una emboscada – contestó Alistair mientras Aedan se acercaba al rey y ayudaba a Elissa a deshacerse de su equipo. – Aparentemente Loghaing contrató unos asesinos para que nos acabasen lo antes posible. –
Ellos quemaron la posada mientras dormíamos – explicó Aedan – afortunadamente la mayoría de nosotros estaba en el piso de abajo y salimos intactos. –
No solo quemaron la posada, el pueblo entero está en llamas – intervino Leandra. – No quedará nada de Lothering. –
¿Dónde están esos bandidos? – preguntó Surana, quien sostenía con fuerzas su bastón.
Confío en que los habréis matado a todos –exigió Darrian.
Casi a todos – aceptó Aedan. – A uno le dejamos para interrogarlo. –
Un tanto incómoda Elissa le agradeció a Cailan su acto de caballerosidad. Entonces, junto a su hermano regresó frente a la taberna en llamas para encontrar a Amell, Morrigan, Leliana y Sten quitando del camino los cadáveres de los agresores. Elissa no los identificó, ni tenía por qué. Menos a una, el cuerpo de una mujer vestida igual que una aldeana hizo que el pecho se le encogiera. "No puede ser" Elissa se apresuró a llegar donde Aedan se había detenido y se le heló la sangre al ver al elfo tendido a sus pies.
"¿Cómo es posible?" palideció "¿En Lothering? Es demasiado pronto"
¿Te encuentras bien? – preguntó Alistair llegando a su lado. Elissa hizo lo posible por asegurarle que estaba bien.
Sin embargo se encontraba tan atormentada que poca atención le prestó al templario cuando despertó al elfo. Mucho menos entendió la lógica de sus preguntas. Era Zevran. Reconocería en el infierno ese acento Antivano. Zevran intentaba hacer relajar la situación y solo conseguía crispar los nervios de Aedan. A pesar de que la información que daba era valiosa, Elissa no estaba segura que pudiese comprar su vida, no al menos con la mirada que Aedan le estaba dedicando. Zevran les contó sobre los cuervos de Antiva, sobre como Loghaing le contrató para asesinarlos a ellos y a los sobrevivientes de los Cousland, e incluso aseguró que no era leal al sujeto lo cual le ganó un montón de entrecejos fruncidos. Al preguntarle donde y cuando se volverían a ver Zevran dijo que eso no pasaría. En caso de que tuviese éxito debía informar y en caso contrario, estaría muerto. Elissa se tapó los oídos al escucharle reír, horrorizada de cómo estaba cavando su propia tumba. Sabía que Zevran quería morir…pero…
¡Debes creer que soy un verdadero estúpido! – sentenció Aedan mirándole amenazadoramente.
Creo que eres verdaderamente duro de matar – contestó el elfo – Solamente espero que seas estúpido. – Ante el comentario Aedan desenfundó la espada de los Cousland.
¡Maldito desgraciado! ¡Fue a mi familia la que intestaste quemar! – Zevran palideció cuando Aedan alzó su arma.
¡Espera! – gritó Elissa interponiéndose en el camino. Aedan se sorprendió, pero usó tanta fuerza en la estocada que le resultó imposible detenerse. La muchacha cerró los ojos, esperando el tajaso, sin embargo nunca llegó. El ruido de la madera rompiéndose contra el acero llenó el sitio. Elissa entreabrió los ojos, dudosa, solo para quedar aún más atónita al ver al hombre parado frente a ella. - ¡Alistair! –
¿Estás bien? – preguntó el templario mirándole por encima del hombro. Tristemente su escudo se había hecho añicos.
S…sí pero… -
¡¿En qué estabas pensando?! – escuchó el grito de su hermano. Aedan pasó junto a Alistair con la espada en su mano. - ¡podías haber muerto! ¡Por mi mano! – Elissa alzó ambas manos, intentando calmarle.
Por favor Aedan, tranquilízate. –
¡No me pidas que me calme! ¿En qué te basas para defender a este asesino? ¡Casi os mata a los dos! –
Ya lo sé. Ya lo sé, pero te lo pido, por favor escúchalo. Está arrinconado, nos está ofreciendo su vida a cambio de nada. Necesitamos toda la ayuda que podamos obtener para luchar contra el Blight y ya tenemos un grupo bastante extraño. ¿Por qué no uno más? –
¡Definitivamente NO! – protestó Aedan.
Yo tampoco estoy de acuerdo – intervino Alistair dejando a Elissa con la boca abierta. Al ver los ojos sobre él retrocedió – quiero decir… ¿qué seguridad tenemos de que no va a terminar el trabajo luego? Que no nos matará mientras dormimos o que no pondrá veneno en la comida.–
Zevran nunca tuvo opción en su vida más que seguir el camino que se le indicó. Fue comprado por los Crows en un mercado de esclavos cuando era un niño y criado para asesinar desde entonces. – ante sus palabras no fueron solos los ojos de Zevran los que se abrieron como platos, sino los del grupo en general. – Solo estaba haciendo su trabajo, el único que sabe hacer. Es la única misión en la que ha fallado. No se ustedes, pero a mí no me parece justo que termine así. – durante algunos momentos reinó el silencio entre el grupo, hasta que finalmente Sereda habló.
Si le dejamos ir ya dijo que los mismos Crows le matarán. Yo digo que escuchemos a Elissa y le demos una segunda oportunidad. –
Yo creo que todos merecen una segunda oportunidad. – aceptó Leliana.
Aedan – murmuró Elissa tomando su mano – Fergus y yo estamos bien. Nada nos pasó. Sé que eso no te satisface pero de no haber sido nosotros los encerrados en la habitación tú hubieras escuchado lo que dijo hasta el final. ¿No es verdad? –
Aedan apretó los dientes mientras sus manos se hacían con fuerza a la espada de su familia. Fergus se acercó por detrás ayudado por Leliana y le acarició el hombro, consiguiendo apaciguarle un poco. Aedan suspiró, intentando llamar a su paciencia y su compasión… y haciendo algo de lo que estaba seguro se arrepentiría.
Vendrán tras él. – aseguró.
Definitivamente – coincidió Elissa – Pero confío que un grupo de fieros Grey Wardens y algunas pequeñas adiciones puedan ocuparse bien de algunos tontos cuervos. ¿No? – Aedan miró entonces al elfo en el suelo, despellejándole con los ojos.
¿Qué es lo que quieres a cambio? –
Bueno – dudó Zevran – estaría bien que se me permitiese vivir, además de que me volvería increíblemente más útil para usted. Y si en algún momento decide que ya no lo soy entonces tomaré mi camino. Hasta entonces, soy vuestro. ¿Parece justo? -
Bien. Trato echo. – murmuró Aedan entre dientes. Se acercó y le tendió una mano al elfo. Zevran la tomó dudoso, solo para ser jalado contra el guerrero.
Desde este momento te juro mi lealtad, - entonó Zevran – hasta que escojas liberarme. Soy tu hombre, sin reservas… esto lo juro. –
No quiero tu lealtad, asesino. – dijo Aedan con desprecio – Solo mantente alejado de mis hermanos. ¿Está claro? –
Ciertamente – Aedan se apartó con brusquedad, dejando al elfo observándole atontado.
Aunque hubieron muchos inconformes, Aedan el que más, no hubo quejas. Tal vez fue por la muestra de interés por parte de lady Cousland o por la tensión dispersada por el líder del grupo, sin embargo todos le siguieron hasta el molino, donde se sentaron en círculo. Zevran se quedó atrás, observando el enorme grupo desde fuera. Estaba seguro de que por lo menos en ese momento no sería bienvenido. Para su sorpresa Surana se sentó a su lado y sin pedirle permiso se dispuso a curarle las heridas.
Aquella noche reinó un silencio incómodo hasta que Cailan comenzó a hacer preguntas. Sin embargo y para asombro de la mayoría no eran relacionados con el conocimiento de Elissa ni su interpretación de hacía un momento, sino que le relató a Aedan y los demás el pasaje a través del bosque. A Elissa le pareció que más que otra cosa Cailan tenía una imaginación muy activa y alma de narrador. En su mundo hubiese sido un gran escritor, pero en este se quedaba en el de un tonto soñador.
Sin embargo algo le llamó la atención, cada vez que contaba un pasaje que le resultaba interesante pedía el apoyo de Darrian para narrar la historia o buscaba su aprobación. El elfo le contestaba con un gruñido o frunciendo el entrecejo, lo cual resultaba hasta cierto punto divertido. Sereda de vez en cuando soltaba una risotada por algo que decían y en algún momento el grupo se fue contagiando de su entusiasmo. Aunque Aedan intentó mantenerse serio para demostrar su disgusto, cuando Hawke se unió a las aventuras inventadas apenas pudo lidiar con sus ocurrencias. Al final el pequeño campamento se volvió un manojo de risas e incluso cuando se fueron a dormir bajo las llamas del pueblo el ambiente había mejorado notablemente.
En momentos como aquel, Elissa se preguntaba si realmente el monarca de Ferelden era tan inútil como siempre había creído. Recordó la voz de Anora cuando dijo que el corazón de Cailan siempre estuvo en el camino correcto y sintió lastima por él. ¿Acaso realmente iba un paso por delante de ellos como sugirió el DLC del regreso de Ostagar? Cualquiera que fuese el caso, no tardaría en averiguarlo.
