El festejo por el cumpleanos de Tsugumi había sido todo un éxito. El grupo había decidido llevarla al centro comercial de paseo, invitarla a comer y terminaron con algo de cine. Para cerrar con broche de oro, las chicas habían decidido terminar el día con una pijamada en la mansión Beehive. Ahora mismo Kosaki, Tsugumi, Chitoge y Marika; estaban terminando de cenar, sentadas en la enorme cama de la habitación de la rubia, mientras charlaban sobre la vida, la escuela y a veces sobre el denso de Raku.
Mientras recogían los platos de la cena, Chitoge noto algo que le llamó la atención por el rabillo de su ojo.
Era Marika, que con celular alzado en la mano, hacia poses y caras graciosas mientras se tomaba selfies. Lo raro de estas selfies era que tenía la parte superior de la blusa desabotonada, mostrando generoso escote; pero lo que la hizo enarcar una ceja confundida, era que apretujada entre sus pechos había una lata de café.
"Marika!? Se puede saber qué rayos estás haciendo?" preguntó ella interrogante. Su intuición le decía que de alguna manera Raku iba estar inmiscuido en esas selfies.
"Nada que sea de tu incumbencia" resopló desdeñosa "Sólo le estoy enviando unas fotos a mi Raku-sama"
"Quieres dejar de estarle enviando tus perversiones a mi Darling!" espeto. Esta chica simplemente no iba rendirse nunca. "Y que ahí con esa tonta lata en tu pecho? Que tramas?"
"Uh? Acaso no lo sabes? Pero claro que no tu inculta gorila. En internet lo llaman el 'tapioca challenge" declaró en un tono entre arrogante y altanero "Básicamente lo que tienes que hacer es poner esta lata entre tus pechos. Si logras sostenerla y darle un sorbo con una pajilla, ganas. Si la lata cae, pierdes. Como su futura esposa es mi deber y responsabilidad notificarle los resultados. Y como puedes ver..."
Con una expresión burlona, Marika alzó sus pechos que se esponjaron y dieron un provocativo rebote en su sostén de encaje negro. La lata dentro de ellos disfruto del sensual subibaja. Tal vez no tenían el volumen de los de Tsugumi, pero su generoso busto realmente resaltaba con su figura petite.
"Prueba completada" soltó pavoneando su carnes.
Chitoge meneó la cabeza cansinamente ante las tonterías que se inventaba la internet. Pero mas importante, su afilada mirada noto algo extraño en ese busto. De alguna manera le parecían más grandes de lo normal. Cariñosamente puso las palmas de sus manos sobre sus pechos y los estrujo hasta sacarles toda la verdad.
"Kyahh! Qué estás haciendo?" Marika se resisitio, pero ante la fuerza tonelagica de una gorila de 45 kilos, no pudo hacer mucho.
"Shut up! No engañas a nadie las tuyas no son tan grandes, apuesto que-"
Después de masajearlas un poco, sintió la verdad en sus manos. Justo como lo pensaba. De un ágil movimiento sacó dos pedazos de goma de dentro del sostén.
"Lo sabía. Rellenos! Eres una tramposa Marika!"
Marika abrazo sus pechos que habían perdido una copa en tamaño. Tenía una cara de disgusto en su rostro, gruñendo como perro rabioso.
"Ahora deja te enseño como se hace" declamo la rubia, y sin pudor alguno se sacó la blusa y unos opulentos pechos blancos norteamericanos fueron expuestos. Enfundados en un lindo sostén satinado rosa, eran la perfección misma. La forma, suavidad, tamaño, simetría, elasticidad. Los magnum opus de dios.
Asio la lata que había salido disparada durante el forcejeo, la introdujo en la hendidura de sus pechos, y esta se deslizó como la seda. Apenas se movieron, eran tan suaves y firmes que parecían tallados en mármol.
Fácil. Chitoge, con la espalda erguida y los brazos en jarra, sacó el pecho como si de un superhéroe se tratara pero en vez de un logo en su pecho, había una lata de café. Estaba orgullosa de su turgente par. Para rematar, introdujo una pajilla en la lata y dio un sorbo con elegancia. No pudo evitar sonreír burlonamente ante la expresión de irritación que se veía en el rostro de Marika, casi podía escuchar el rechinar de sus dientes de tan molesta que estaba.
"Ha! No importa que tan grande las tengas, una gorila con tetas sigue siendo una gorila" increpó ella y de un furioso manotazo abofeteó sus obscenos pechos.
Chitoge ni se molestó en defenderse. Recibió el golpe como Superman que recibe una bala. Sus pechos se bambolearon suavemente pero la lata siguió en su lugar, ni siquiera derramando una gota de café. Después de su patético intento de agresión ahogó una risa divertida. Hecho que acabó por destapar la furia de la pelirroja, desencadenando una pelea entre ambas féminas.
Marika se lanzó sobre ella tirándola al suelo y ambas empezaron a rodar por la habitación como gatas revolcándose. Se pelliscaron las mejillas, se jalaron el cabello, se mordieron. Era la misma pelea de todos los días, a estas alturas ya nadie se molestaba en detenerlas. Tarde o temprano acabarían aburriendose y para mañana quedaría olvidado el asunto.
Cuando sonó la campana y cada una tomaba un descanso; Chitoge noto a Kosaki aún muy quietecita sentada en la cama, contemplado la lata que había rodado por el suelo, con un deje de miedo y curiosidad en sus ojos. Claramente había escuchado su conversación.
"Kosaki-chan, quieres intentarlo?"
Kosaki quien observaba el espectáculo desde las gradas, dio un respingo, le habían leído la mente. Acto seguido se negó agitando las manos. Le avergonzada, aparte de que ella no creía tener el calibre para semejante reto.
Esto puso a la rubia a pensar que en esta habitación si había alguien más que podría completa y llanamente, ridiculizar al tonto reto de la internet. Alguien a quien hace unos momentos cenaba con el resto de ellas, muy gustosa, pero que ahora sospechosamente no se veía por ningún lado.
Las gatas se miraron la una a la otra. Tenían la misma macabra idea. Lentamente una sonrisa maligna se formó en los labios de ambas.
Chitoge utilizó su visión térmica y escaneó la habitación de lado a lado en busca de la desaparecida. Rápidamente encontró una fuente de calor proveniente de una pila de ropa que vibraba sospechosamente en una esquina de la habitación. Con un gesto le señaló a Marika el punto de ataque, esta respondió afirmando con la cabeza.
Como un par de leonas cazando, ambas rodearon a su presa y lanzaron sus zarpas sobre ella. La rubia se encargó de la retaguardia. Pateo el montón de ropa dejando al descubierto a una atemorizada chica en posición de ovillo. La tomó por la espalda y la sujeto fuertemente, impidiéndole cualquier movimiento.
"Piedad Ojou~, es demasiado vergonzoso" Tsugumi suplico con una voz quebradiza y sus brillantes ojos rojos a punto de la lágrimas. Temblaba como un corderito apunto de ser llevado al matadero.
"Ni lo pienses Tsugumi. Si alguien puede destruir a ese tonto reto, esa eres tu"
Tsugumi respondió con un gemido quejoso. Si no fuera por su Ojou, ella ya se encontraria en el siguiente barco a la Antártida.
"No te preocupes Tsugumi-san, esto va ser rápido e indoloro" con una mueca de loco de manicomio, Marika se lamió los labios con anticipación.
Un escalofrío de miedo recorrió a la peliazul "Onodera-sama, por favor!" con ojos compasivos, lanzó un desesperado grito de ayuda.
La respuesta de la aludida fue una solemne inclinación de cabeza. No había nada que pudiera hacer. Era como un transeúnte queriendo inmiscuirse en un conflicto entre superhéroes y villanos.
Mientras tanto, Marika se encargo de atacar el frente. Tomó los bordes de la camisa y la abrió de golpe de par en par, reventando botones y tela a su paso. Sus dos carnosos melones contenidos en un sostén lila, fueron revelados. Se sacudían salvajemente en un movimiento que parecían querer destruir su carcelera tela y recuperar su deseada libertad.
Los ojos de ambas pervertidas brillaron como si hubieran descubierto un precioso tesoro.
Se dejaron ir encima de ellos. Los sopesaron, los masajearon, los mordieron. Ni siquiera ellas que eran mujeres podían resistirse ante semejante manjar. No por nada las chicas de la escuela los habían apodado como 'los pechos que esclavizarian a la humanidad'. Tsugumi no podía más que retorcerse y dejar escapar uno que otro gemido de sus labios.
Después de que ambas chicas habían saciado su hambre por pechos, los pusieron a prueba. Marika introdujo la lata que se hundió en aquella carne blanca como si fuera un pantano. No hubo ninguna sorpresa. Con unos pechos tan grandes como un acorazado, esto no fue ningún reto para ella.
"Buu~ que aburrido, demasiado fácil" la pelirroja no parecía contenta con tan predecible resultado "Necesitamos más!" añadió enérgica. Y como por arte de magia una segunda lata aparecio de su manga.
Introducir la segunda lata no fue cosa fácil. El exceso de volumen en ese sostén provocó que sus enormes pechos se desbordaran violentamente, que parecían pedir más espacio a gritos. Era demasiada carne para tan poca tela. Pero finalmente, con algo de esfuerzo y presión, la segunda lata se acomodo junto a la primera.
En la boca de ambas chicas se dibujó un círculo perfecto y soltaron un "Ohh~" en un coro unísono lleno de asombro. Aplaudieron, se abrazaron, estrecharon sus manos. Reto cumplido y con creces.
En ese momento la puerta se abrió y tras ella aparecio un joven oculto tras una pila de cajas.
"Oi Chitoge, traje los juegos que me pediste. Aunque al jenga le siguen faltando piezas desde la vez que lo pateaste" la voz le pertenecía ni más ni menos que a nuestro yakuza favorito. Que despreocupadamente entraba a la habitación como si fuera su segundo hogar.
Todas contuvieron el aliento. El cuarto entero estaba en silencio. Cuando la cabeza de Raku se asomó de detrás de la pila de cajas, quedó completamente paralizado ante la erótica imagen.
Con sus ojos abiertos al máximo y sus pupilas dilatadas para captar mejor cada detalle. Su mirada ávida se paseó por cada curva, cada línea, cada sombra; el ajustado sostén de Tsugumi, los perfectos pechos de Chitoge, los sensuales encajes negros de Marika. Grabandolo todo en el disco duro de su cabeza.
Un aura negra se formó alrededor de la rubia, todo lo que se podía ver eran sus brillantes ojos rojos llenos de furia. Mientras tanto Kosaki se había puesto completamente roja y Tsugumi que casi se desmayaba de la vergüenza. Era Marika la única que no parecía molestarle, hasta le brillaban los ojos de felicidad.
"Tu… Frijol pervertido…" la rubia se levantó y apretó los puños con una fuerza tal que sonaron a concreto pulverizandose "Será mejor que olvides lo que acabas de ver!"
Entonces el sonido de un tirante rompiéndose resonó en la habitación, interrumpiendo las amenazas de la furiosa rubia. El ajustado sostén de Tsugumi casi salió disparado por el peso que había estado conteniendo. El enorme par de voluptuosos pechos cayeron pesada y libremente antes los ojos del yakuza. Por un instante creyó haber visto un atisbo de un par de puntos rosas que coronaba la cima de esas enormes montañas. Pero desafortunadamente para Raku, los impulsos eléctricos aclarando dichas imágenes no alcanzaron a llegar a su cerebro. Y es que en menos de un attosegundo, Chitoge había atravesado la habitación entera, plantandole tremendo puñetazo que lo mandó volando cómicamente por los pasillos de la mansión.
Se despertó con tremendo dolor de cabeza, como si el cerebro le quedara tres tallas mas grande. Todo lo que podía recordar era que Chitoge le había mensajeado para que le prestara sus juegos de mesa, que llegó a la mansión y después… un par de everests rosas?
Estaba recostado en la cama, con una paño húmedo en la frente. Se incorporó lentamente, con la mano en la cabeza para que no se le fuera salir el cerebro, entonces el sonido de una lata cayendo hizo que se girara y se encontrará con tremenda sorpresa.
"O-no-dera?"
La chica del largo mechón tenía su holgada blusa a medio brazo que dejaba sus hermosos hombros al descubierto. Con un pronunciado escote en el que se asomaban tímidamente dos pechos medianos y blanquísimos, enfundados en un sostén color blanco con estampado de fresas. Inocente y provocador. Su rostro que lo veía incredulamente se ruborizaba mas y mas cada segundo, y acaso eso que colgaba de sus labios era una pajilla?
"I-chi-jou-kun..."
Ambos se quedaron viendo congelados por lo que pareció una eternidad hasta que...
"Kosaki chan? No vienes? El baño ya esta listo, Tsugumi y Marika ya se adelantaron" arruinando el momento, Chitoge entró casualmente a la habitación encontrando a ambos en embarazosa situación.
Rápidamente la furia asesina volvió a envolver a la rubia.
"R~A~K~U~" como poseída por el mismo demonio, su voz resonó como un tambor de guerra por toda la habitación.
Raku sólo pudo aceptar su fortuna. Cerró sus ojos y rió para sí mismo. Porque la golpiza que Chitoge le había dado volvía, y con venganza.
