12 "Discordia"

Elissa se despertó cuando el campamento comenzó a tomar vida. Abrió los ojos, encontrándose sola en su saco de dormir. A la distancia Aedan y el resto de los Grey Wardens buscaban algo que rescatar entre los escombros. Junto a Aedan se movía Zevran con sigilo, como si su hermano le hubiese ordenado quedarse cerca para vigilarlo. Tarea en la que claramente participaban Alistair y Bryce.

Sereda ayudaba a Leadra y a Bethany a preparar algo de comer, aparentemente interesada en los alimentos de la superficie. Carver había sido atraído hacia una conversación entre Cailan y Sten y para sorpresa de Elissa, el Qunari estaba respondiéndole al rey. A pocos pasos de ella Leliana yacía junto a Fergus haciéndole beber de un vaso tallado de madera. La conversación parecía amena y por un segundo Elissa creyó escuchar el nombre de Oren. Morrigan no estaba por los alrededores, pero desde que la mujer podía transformarse en animales podría estar en cualquier sitio.

Elissa se desperezó para al poco tiempo ser abordada por Hawke. El mago venía sacudiéndose las manos, como si acabase de enterrar algunos cuerpos… o de quemarlos.

Ya estás despierta. Qué bueno. – terció llegando a su lado.

¿Qué ocurre Hawke? –

Estamos terminando los preparativos. En cuanto termine el desayuno nos pondremos en marcha. – anunció sentándose junto a la mujer.

Oh. Ya veo. Imagino que os dirigiréis a Kirkuall. –

Sí, así es. – dijo, la sonrisa en su rostro le indicó que no le resultaba extraño el dominio de Elissa sobre sus decisiones. – El hermano de mi madre tiene la finca de su familia. –

Gamlen. Sí, ya sé lo que Leandra quiere encontrar. Pero te lo advierto Garret, no es lo que esperas. – advirtió Elissa.

Yo no espero nada. Pero Carver… él cree que será llegar a darse la buena vida. – Elissa intentó ignorar el sarcasmo en la voz de Hawke. Buscó en su bolsa la carta doblada.

Aunque creo que Leandra tenía parientes en Ferelden. – por el tono en la voz de la mujer, Hawke alzó una ceja. – Tienes familia más cerca de lo que crees. –

¿Esto es por Amell? –

Estoy segura de que Leandra tiene sospechas. Y aunque él no recuerda el nombre de su padre o el rostro de su madre, yo te puedo asegurar que esuno de tus primos. –

No lo dudaría. Tenemos un gran parecido pero ¿Cómo…? –aunque la sorpresa era clara en su voz Elissa no desistió en su búsqueda.

Es hijo de uno de los primos de tú madre. Revak´s creo que se llamaba. Todos sus hijos fueron magos, capturados por los templarios y llevados al círculo. Aunque no se que habrá sido de ellos. – sacó el trozo de papel, doblado y maltratado por tanto movimiento brusco.

Hum… puede que a Carver no le agrade tanto esa idea. – murmuró Garret. Su rostro estaba envuelto en un conflicto de emociones que la muchacha solo notó cuando fijó nuevamente sus ojos en el.

Sé que no te gustan mis predicciones, pero te lo ruego, no hagas oídos sordos a ellas. Por el bien de tu familia. – se soltó la peineta de los laureles y se la ofreció junto a la carta.

¡Lady Cousland! – protestó.

No la rechaces Hawke. – contestó con vehemencia. – O te arrepentirás. –

Con una clara duda en los ojos el hombre tomó la peineta en su mano. Hizo ademán de abrir el documento pero Elissa le detuvo.

Lo que está escrito ahí es únicamente para tus ojos. No lo quemes, ocúltalo si decides conservarlo. Pero te ruego léelo aunque sea una vez y entonces decide. Prométeme que no la tirarás antes de leerla.

Lady Cousland –

¡Prométemelo Garret! –

Con un profundo suspiro el hombre asintió. Guardose la carta dentro de la armadura, mirándole con preocupación y algo de incredibilidad. Costole más trabajo guardar la peineta, pues la indecisión lo carcomía, así como la culpabilidad.

Si algo le pasa a la carta escríbeme, yo la redactaré de nuevo. De ahí su importancia. Si aparte quieres hacerme partícipe de tu vida y la de tu familia, por favor escríbeme a Redcliffe. Yo no dejaré de responderte.

Nuevamente Garret asintió. Ambos quedaron callados por un momento, mirando el movimiento de sus allegados. Elissa sabía que el hombre a su lado prefería marcharse sin despedirse de Bethany, pues estando viva podrían volverla a ver. Solo se quedaba para complacer a su madre y hermano. En su pecho, la joven sentía admiración, pero a la vez mucha pena por aquel hombre tan dulce, pues la vida de Garret Hawke estaría plagada de dolor y miseria.

Algo más. –

Hawke le miró curioso mientras ella registraba en el interior de su bolsa. Sacó entonces una bolsita de cuero pequeña llena de flores de pantano.

En la carta hay instrucciones para hacer una poción con esto, así como las indicaciones para tomarla. Es el ingrediente más problemático. Has la poción lo más pronto posible, una vez confeccionada no se echará a perder aunque la pongas al fuego. –

Hawke asintió y tomó la bolsa.

¿Usted no la va a necesitar? – dudó al guardarla.

Sí, pero aun me quedan. Solo lamento no poder darte más que un papel y unas flores. Ustedes todos merecen más que eso. –

Hawke se sintió conmovido por sus palabras, al punto de que deseó abrazarla, sin embargo se contuvo. Aquel no era el momento y él tenía prisa por partir. No quería tener alguien más de quien quedaron allí en silencio hasta que Leandra llamó al enorme grupo a comer. Una vez más Cailan se convirtió en el centro de la conversación, esta vez dirigiendo el tema a Sereda y los enanos de Orzammar. Le preguntó sobre lo paragones y la arena y para su sorpresa la enana estaba más que dispuesta a contestarle animadamente. Elissa decidió sentarse junto a Alistair, obteniendo como regalo un profundo sonrojo por parte del templario. Carver se sentó al otro lado de la joven e intentó llamarle la atención con comentarios a su parecer ingeniosos, pero que hicieron a Bethany girar los ojos y a Hawke golpearse repetidas veces la frente. Aedan se rió a carcajadas en más de una ocasión, sin embargo Fergus notó que tenía los hombros tensos. Zevran estaba sentado en una esquina, sorprendentemente con Morrigan y Darrian. Los tres parecían charlar de temas mundanos, sin embargo Zevran dijo algo que hizo al elfo de Denerin sonrojarse profundamente y aunque pareció darle una respuesta energética prefirió retirarse al lado de Surana.

Pero tan pronto como terminó la comida el ambiente se endureció. Los Hawke anunciaron su retirada y Elissa, Leliana, Aedan,Sereda, Amell e incluso Alistair se acercaron para despedirse. Bethany abrazó con fuerza a su madre y a Carver, quedando indecisa que hacer con su hermano mayor.

Maldición – murmuró Garret antes de estrecharla entre sus brazos. Unas lágrimas se le escaparon a la muchacha cuando el hombre le besó la coronilla. – Te extrañaré – le susurró el mago mientras observaba su rostro con fijeza, como si quisiera guardar aquel recuerdo en su memoria.

Elissa besó la frente de Carver y abrazó a Leandra con mucha fuerza. Aedan le prometió a Garret que cuidarían de Betany y Fergus que se le daría un lugar como dama de la corte en Highever. Para sorpresa general Darrian se acercó sujetando dos caballos de las el entrecejo fruncido le ofreció las riendas al mayor de los Hawke. Por un segundo Elissa creyó ver un brillo hambriento en los ojos de Garret, sin embargo aquel brillo intimidante se fue tan pronto como vino.

¿De dónde los has sacado? – preguntó Aedan cuando Garret ayudaba a su madre a subirse a la yegua blanca.

Cuando le he preguntado a Zevran cómo había llegado tan rápido desde Denerin él me contestó que Arl Howe les había facilitado unos caballos. – Aedan frunció el entrecejo – no fueron difíciles de encontrar. Tampoco los escondieron mucho, pensaban que iba a ser una tarearápida. – el elfo le miró con claro reproche – Pero eso deberías haberlo preguntado tú. Líder. – el veneno en su voz hizo que Aedan le siguiera con la mirada mientras se alejaba.

Perdona su comportamiento – pidió Sereda, quien se mantenía erguida junto a Aedan. – Por su experiencia personal Darrian no tiene una buena opinión de los humanos. –

Darrian se dejó caer frente a la fogata y casi inmediatamente Cailan se sentó a su lado, intentando envolverlo en una conversación. El elfo no parecía prestarle demasiada atención, sin embargo, tampoco le echaba.

No parece llevarse tan mal con Cailan. – murmuró Aedan.

Vuestro rey es un sujeto extraño. -

El grupo se alejó no sin que antes Garret intercambiase una mirada penetrante con Elissa. Con los caballos el viaje les resultaría más rápido, sencillo y por la gracia del hacedor tal vez hasta libre de darkspawn. Sin saberlo Rendon Howe había hecho mucho por ellos, y ella se aseguraría de pagarle cada favor con creces.

Aedan les llamó a todos a la fogata, incluido Zevran. Calmadamente les contó de los rumores que había escuchado en el pueblo, incluido el del precio por la cabeza de los Cousland. Al escuchar lo de Arl Eamon, Cailan pareció preocuparse y les instó a marchar directa a redcliffe, idea con la que Alistair estuvo más que de acuerdo. A pesar del interés de Amell por la torre de los magos, Surana no mostró la menor preocupación por ella o sus miembros aún después de que les mencionó la situación de los elfos. Darrian pareció interesado por tamaña cuestión, pero era el único al que aquello le parecía prioridad.

Sin embargo tiene que haber más que estos rumores. – intercedió Aedan. Sus ojos se clavaron en su hermana, quien observaba al grupo con la barbilla en alto. Ante el intercambio de miradas Fergus pareció extrañado. – Eli ¿por qué no nos cuentas lo que viste en tu visión? –

Para seros sincera, la situación es crítica en todas partes. Os haré un resumen de cada territorio para que podáis tomar una decisión consciente de cual necesita ayuda con más urgencia. –

Comenzó con los elfos. Les contó sobre Zatrhian y lo que los humanos le hicieron a su familia. El Custodio para tomar venganza ató a un espíritu del velo a un lobo y creó la maldición de los hombres lobo. Tenemos tres opciones. – Enumeró con sus dedos – la primera sería matar al espíritu y entregarle a Zatrhian su corazón, con lo cual en teoría se puede curar la maldición, pero tendríamos que exterminar a los hombres lobo. – Aedan frunció el entrecejo, pero no dijo palabra. – La segunda, aniquilar a los dalish – ante este comentario tanto Zevran como Darrian le fulminaron con la mirada. – Perderemos el tratado, pero los hombres lobo se unirán a nosotros para pelear contra el Blight. – hubo un murmurllo general – Y la tercera opción, convencemos a Zatrhian de que deshaga la maldición y libere a los hombres lobo de su miseria. Él y el espíritu morirán, pero la nueva Custodio aceptará el tratado y se unirán a nosotros. Aunque perderemos a los hombres lobos quienes volverán a su forma humana. –

Nuevamente murmullos. Cailan alzó la mano para hablar, llamando la atención de todo el mundo.

Y ¿no hay una forma de aliarlos? O sea, no perder a los hombres lobo ni a los dalish. Así tendríamos una mejor oportunidad en el Blight. –

A Elissa no le gustó ese comentario. Sin embargo le veía la lógica.

¡¿Cómo puedes decir eso?! – le gritó Darrian, sorprendiendo a Alistair y al resto. - ¿No has oído acaso lo que esos desgraciados le hicieron a la familia de Zathrian? Deberíamos matarlos a todos. –

¡Eso no es justo! – protestó Alistair. Recogiéndose de nuevo cuando los ojos cayeron sobre él.

Y ahí viene el señor justicia para todos. – murmuró Amell.

Quiero decir… ujum… los humanos que hicieron aquello deben haber muerto ya hace mucho. ¿Es realmente justo que sus descendientes deban sufrir por sus malas decisiones? – concluyó el templario.

No es solo eso – intervino Elissa. – La maldición se ha expandido. Cada vez que uno de los elfos es herido en batalla por los hombres lobo estos se contaminan por la maldición. El clan de los dalish también está muriendo. –

¡Ja!– terció Morrigan - la venganza se volteó en su contra y el custodio es responsable de las muertes de quien juró adecuado –

¡¿Te parece graciosos bruja?! – protestó Darrien.

Mucho la verdad. – contestó esta – considerando la reputación que tienen los dalish, cualquiera pensaría que son más sabios. Pero resulta que no son tan diferentes de los humanos. ¿O me equivoco? –

Darrian se dispuso a darle alguna contesta, sin embargo, Sereda le detuvo aclarándose la garganta. El elfo se enderezó, apretando los puños.

Considero – habló finalmente Aedan – que Alistair tiene razón.

¿La tiene? – preguntó Morrigan

¿La tengo? – preguntó el mismo Alistair.

Así es. Pueden haber cometido un crimen imperdonable, pero considerando lo viejo que es Zathrian los culpables lo más probable es que murieran hace mucho. Si la carga calló sobre sus descendientes entonces están pagando la culpa de sus abuelos y cargando su odio. Lo ideal sería que pudiesen pelear con su transformación con nosotros, pero eso implicaría tomar el segundo camino, y tampoco parece justo. Así que yo voto por convencerle y romper la maldición. Así salvamos a los dalish y a los hombres. –

Estoy de acuerdo. – sentenció Sereda, obteniendo asentimientos de los magos, Fergus, Leliana, Alistair y curiosamente de Zevran.

Elissa se sintió Aliviada de escucharles hablar. Sintiéndose especialmente orgullosa por las palabras de Alistair y el razonamiento de Aedan.

Votemos – dijo Aedan. – Levanten la mano los que estén de acuerdo con el plan. – el mismo fue el primero en levantarla, seguido por Sereda y Alistair.

Elissa, Fergus, Leliana y los magos del círculo se le unieron poco antes de que Cailan, mirando curioso a Aedan alzara el brazo también. Morrigan ni Sten alzaron la mano, como si la decisión no fuese asunto suyo. Eso dejó a Darrien como el único con la mano baja. Resopló disgustado.

Entonces está decidido. Cuando vallamos al campamento Dalish se intentará por todos los medios convencer a Zathrian. Si eso falla sean creativos y por todos los medios intentaremos salvar a la mayor cantidad de gente posible. –

Me resulta curioso – intervino Zevran - ¿Cuándo dices "gente" te refieres a ambos, elfos y humanos como tal? No me queda claro. – la mirada de Aedan se endureció.

Por supuesto. – una extraña sonrisa apareció en el rostro del elfo.

Muy bien entonces. –

Con un resoplido Aedan regresó su atención a Elissa. Con un asentimiento, la joven procedió a relatar los sucesos en la torre de los magos y el levantamiento de Uldred. Un mago que se convirtió en una abominación en las garras de un demonio del orgullo e intentaba convertir a todos los demás en monstruos que terminarían destruyendo Ferelden. Explicó además la idea de los templarios de llamar al rito que acabaría con los magos para siempre en un acto de desesperación por haber perdido a tantos de sus hombres a manos de los demonios. Mencionó a Cullen y la petición que les haría en la cima de la torre, así como la sugerencia de Uldred de unirse a él. Les habló del velo y el laberinto, pasaje que aunque emocionó mucho a Alistair y Cailan y llamó a la curiosidad de Amell, les llenó de terror casi instantáneamente. Mencionó a Wynne, la sanadora que protegía a los niños y se uniría a ellos en la travesía.

La torre parece un asunto bastante escabroso – murmuró Cailan – realmente son peligrosos los magos. –

Se creen que porque los entrenan un poquito ya son inmunes a los demonios luego de que pasan ese ridículo ritual – dijo Morrigan con desprecio. – Un mago siempre está sujeto a los susurros de los demonios. Aprender dentro o fuera del círculo no hace mucha diferencia. –

Amell se levantó, dispuesto a refutar las palabras de la bruja. Sin embargo, la voz de Surana le detuvo.

Dejen que las abominaciones y los templarios se maten entre ellos. – ante su comentario Elissa palideció.

¿Cómo? – murmuró Amell. Surana, quien había estado atento al relato ahora fulminaba a su compañero de la torre.

Lo que has oído. Cuales quiera que sean las circunstancias, Irvin estaría más que complacido de entregarnos a los templarios. Nada le importan los sentimientos de los magos que protege mientras los templarios estén contentos.

¡Eso no es verdad! – gritó el mago furioso. – Hay gente inocente ahí. Piensa en los tranquilos. Piensa en la encantadora Wynne que ha dedicado su vida a sanar a otros. Piensa en los aprendices que aún no han tomado su harrowin. ¡Piensa en los niños! –

Surana cerró los ojos, como si con ese gesto pudiese borrarlo todo. Sin embargo, a Aedan no le pasó por alto el temblor de sus manos.

Ningún destino es peor que vivir encerrado en esa torre. –

Amell no podía creer lo que estaba escuchando.

Muy teatral – terció Morrigan con frialdad. – pero, por una vez estoy de acuerdo. –

¡¿Cómo es posible?! – protestó Amell, miró alrededor con desesperación– No puede ser que realmente lo estén considerando -

Por supuesto que no. – sentenció Aedan con vehemencia.

¿Estás seguro? – preguntó Cailan – ellos son… -

Parte de Ferelden que los Grey Wardens tienen que proteger. – la expresión de su rostro resultaba aterradora. La firmesa de su expresión hizo que el monarca bajase la cabeza. Pensativo. Por primera vez Elissa se molestó con la indecisión de Alistair, cuya justicia parecía haberse agotado. Sabía que le temía a los magos… pero aún así. Aedan continuó. - Si hay tantos demonios en la torre, lo más adecuado sería enviar la menor cantidad de magos. Sereda – se dirigió a la enana – tengo entendido que los tuyos son menos sensibles a la magia que otros. – ella asintió sin decir palabra. – Entonces la decisión es simple. Cuando el momento llegue Sereda y Alistair irán por seguro. –

¿Yo? – protestó Alistair - ¿por qué yo? –

Eres el único templario que tenemos. – Una sonrisa malévola apareció en el rostro de Aedan – Necesitamos un caballero en brillante armadura que proteja a los desamparados. –

Alistair infló los cachetes, inseguro y nervioso.

Yo también iré – sentenció Amell. Ganándose una mirada desaprobatoria de Aedan.

Pensé que la idea era evitar meter más magos al alcance de los demonios. –

Lo sé. Pero necesitan alguien que conozca la torre. Yo ya atravesé mi harrowing y tengo menos posibilidades de ser controlado por un demonio que otros magos. –

Ese es tu hogar – terció Aedan - ¿Crees que estás listo para verlo destruido? –

Hogar es donde está la gente que quieres – murmuró el mago – si quiero seguir teniendo uno necesito salvar las vidas de los magos que viven allí. –

Con un suspiro Aedan asintió, trayendo una sonrisa al rostro de Elissa.

También me gustaría unirme a ese grupo. – dijo. Aedan la miró sorprendido… y aterrorizado.

Absolutamente NO. – Dijeron Aedan, Fergus y Alistair casi al mismo tiempo.

Elissa llamó a todos los restos de paciencia que tenía, intentando esconder la satisfacción de que también Alistair estuviese preocupado por su seguridad.

Si hay alguien que tenga alguna idea sobre mis visiones ese ha de ser Irvin. – había estado pensando esa excusa durante un tiempo. Sin embargo aquella mentira servía para ocultar sus verdaderos motivos. No dudaba que Sereda encontraría el grimorio de Flemeth. Pero mientras ellos estaban ocupados ella podría escurrirse a los calabozos en busca de una phylactery. – Amell me asegura que no tengo mana, pero de alguna parte han de haber venido mis visiones –

No es lo único curioso – intervino Surana – tus visiones son demasiado exactas. Ningún vidente, profeta o como quieran llamarle tienen tal nivel de detalle en sus supuestas experiencias. –

Irvin sin dudas ha de saber algo. – aceptó Amell, que aunque molesto con el elfo, no podía más que darle la razón.

¡Es muy peligroso! – insistió Fergus

¿Sabes que podrías ser poseída por un demonio? – preguntó Cailan. La mujer no estaba segura si alguien le había contado sobre ella, pero si le sorprendía que supiese aquella información.

Pensé que solo los magos podían ser poseídos. – Aedan estaba dudoso.

En todos los libros que le leído intentan asegurarlo, pero en la biblioteca del palacio hay algunos que no apoyan esa teoría. – la voz de Cailan se volvió lúgubre, como si intentase asustarlos – los demonios buscan sobre todo a los magos, porque estos tienen un acceso al velo más concreto. Pero pueden tomar los cuerpos de los simples mortales. Hay historias muy tenebrosas sobre el tema en Kirkuall. Dicen que atraviesan el suelo como el vapor, arrastrándose hacia los pies de sus víctimas. Les seducen con promesas y atraviesan una a una cada capa de piel en carne cruda. Quemándote por dentro. Cuando están en los huesos te controlan, dejándote consciente en el fondo de tu mente, mientras tu cuerpo se mueve sin control. Tienes que verlos devorar la carne humana y bañarse en la sangre de tus seres queríd…– Darrian le dio un codazo.

Para. Estas intentando asustarnos. –

No sé tú, pero a este fijo que lo tiene – dijo Leliana señalando a Alsitair.

A… ¿asustado? Yo no estoy asustado. – lamentablemente el comentario de Alistair fue poco creíble. Mucho menos cuando Cailan le pasó la mano por detrás y le dio un empujoncito.

¡BUUUU! –

Aaaaaah! – gritó el templario, poniéndose de pie.

Aquello causó una risa general. Incluso Morrigan apretó los labios. Cailan se calló sobre las piernas de Darrian, riendo como un niño.

Muy gracioso – sentenció Alistir sonrojado de vergüenza. Enojado - ¿Es así como va a ser? Bien. Ya verás. – dijo avanzando hacia el rey. Cailan se levantó con prisas y una sonrisa en el rostro.

En la cara no. Este rostro es la esperanza de Ferelden – dijo antes de salir corriendo.

Hey ¡vuelve aquí! – gritó Alistair yendo tras él.

Mientras todos reían Elissa se complació de aquella escena. Aunque Duncan estaba…bueno, muerto… era agradable ver que Alistair lo estaba sobrellevando. Aunque…Aedan no estaba tan feliz como ella. El Grey Warden se cubrió el rostro con las manos.

"Estoy tratando con un par de niños" pensó el hombre antes de clavar sus ojos nuevamente en Elissa.

Aunque sea una exageración, no me gusta que la idea de que vallas. Sin embargo le dedicaré algunos pensamientos. No hago promesas. – La joven asintió, más que conforme. – Muy bien. Sereda, dejo las decisiones sobre cualquier asunto que surja en la torre en tus manos. Si te sientes capaz. – la enana asintió con convicción. – Ahora que ese punto está zanjado y en las manos de nuestro capaz templario… - a la distancia se escuchó a Alistair gritar tras las risas del rey

¡Vuelve aquí! ¿Dónde estás? Reyesito, reyesito … -

Aedan dejó escapar un laaaargo suspiro.

Nos falta el tema de Orzammar – ante sus palabras Sereda entrecerró los ojos.

¿Qué ocurre con Orzammar? – Aedan guardó silencio por un momento, entonces bajó la cabeza.

Durante su viaje a Lothering Amell le había contado las historias de cada uno de los Grey Wardens que su hermana les había relatado. Así que aquella noticia sería desagradable de dar.

Primero que nada, lamento informarte Sereda que tu padre… el rey Endrin de Orzammar falleció. – el rostro de la mujer palideció. Elissa la vio enderezar la columna, sin embargo lo único que dijo fue un severo.

Ya veo. – cerró los ojos por un instante. - ¿Entonces? –

Elissa se apresuró a narrar los acontecimientos de Orzammar. En como Endrin le había pedido a Harramond en su lecho de muerte que no permitiese a Bhelen tomase el trono por lo que había hecho a sus hermanos. Explicó además que Bhelen tenía comparada a media asamblea y seguía haciendo acciones para evitar que Harramond tomase el poder. Mencionó también como, frente a la ausencia del pharagon Branka ambos carecían del boto definitivo que escogería al rey. Dijo que aunque aquello era una buena noticia porque no detonaría la lucha hasta que se decidiese enviar una escuadra al deap road, que ninguno se veía ansioso de hacerlo, representaba un peligro para Orzammar.

Ante la mirada escéptica de Sereda, Elissa aclaró que Branka, la pharagon viviente de Orzammar se había retirado al deap road en busca del "ambil of the void". Aprobechópara dar todos los datos posibles del golem que esperaba abajo, Caridan, Ogrem y la terrible batalla que les esperaba. Explicó las opciones de aliarse con Branka o con el golem. En ese moneto que Shale no aceptaría matar a los golems y entonces tuvo que explicar quién era Shale y cómo encontrarla. Además de la farsa del control remoto y tal.

Parece… - suspiró Aedan – que es mucho trabajo el que hay que hacer.

Yo lo haré. No lo dudes. – sentenció Sereda.

No lo hago. Hay muchas razones por las que creo que eres la más indicada para ir. Sin embargo, deseo que pienses con detenimiento tus acciones y no te dejes arrastrar por la venganza. – el tono consolador de Aedan buscaba llamarla al pensamiento frío. Sin embargo, por más que la enana asintiese y pareciese tener la mente fría, era imposible que estuviese en paz.

Ella conoce Orzammar mejor que cualquiera. – dijo Amell. – Estoy de acuerdo. –

No creo que deba entregársele el trabajo a ella. – intercedió Darrian, ganándose una mirada de reproche de Sereda, sin embargo, él no se retiró.

Oooooh, su majestacita – escucharon a Alistair a la distancia. Rompiendo por completo la seriedad de momento.

Es imposible pensar en frío cuando tienes delante al asesino de tu hermano y tu padre. Lo haré yo. – sentenció el elfo.

No. – dijo Sereda.

Acturás por impulso. Esto no es una cuestión de quien fueras. Es cuestión de quién eres ahora. Los Grey Wardens necesitan las topas de Orzammar. No que vallamos a resolver los problemas del mundo entero. – Darrian se puso de pie. – Que la asamblea decida por si misma quién ha de ser el rey. No debemos interferir más de lo que sea estrictamente necesario. –

Por eso querías matar a los hombres lobo. Para no intervenir – dijo Morrigan con vehemencia.

¡Cállate bruja! –

No me mandes a callar elfo. –

¡Suficiente! – gritó Aedan. – Veo que discutir esta cuestión no nos lleva a ninguna parte. Orzammar no se alzará en guerra hasta que el paragón diga quién es el rey y eso aparentemente no ocurrirá hasta que alguien vaya a buscarlo. Así que dejémoslo entonces para más adelante. –

Elissa vio a Sereda apretar los labios, pero no dijo nada.

Entonces podemos pasar a Redcliff – la voz de Cailan vino desde un costado, sobresaltando a Fergus y a Leliana. Cailan se dejó caer junto a ellos. – deben tener muchos problemas si los dejaron para el final. –

¿Dónde está Alistair? – preguntó Aedan.

No lo sé – dijo el rey encogiéndose de hombros – hace un rato que lo perdí. Es un tipo persistente. – Aedan rodó los ojos de nuevo.

Yo lo traigo – dijo Amell. Su mabari se levantó a su vez. – Vamos bonita, busca. – dijo dándole una palmadita en el lomo. El animal se puso en marcha y su amo le siguió.

Bueno, terminemos de una vez – dijo Aedan.

Elissa asintió, sin embargo guardó silencio hasta Amell hubo regresado con Alistair. El templario fulminó con la mirada a Cailan antes de que la muchacha le diese un espacio a su lado y comenzase el relato. De lo primero que habló fue de Connor y de su madre Isolda. Elissa no intentó esconder el desprecio que sentía por la mujer, pero se limitó a explicar sus acciones. Cuando Cailan y Alistair escucharon que el niño era un mago palidecieron, descorazonados. Sin embargo, al aparecer el nombre de Jowan en escena Surana se tensó, quedando casi tan pálido como Amell, cuya piel estaba blanco como la seda.

Elissa explicó como Loghaing interceptó al grupo que trasladaba al mago luego de que este consiguiese escapar del círculo tras los eventos en los que reclutaron a los magos. Explicó el trato que hizo con Jowan y como lo abandonó luego de que cumpliese su cometido. Aclaró que Connor hizo un contrato con un demonio del placer por su cuenta y que además de ser quien envenenaba a Eamon, Jowan no tuvo otra participación en el evento.

¿Y te parece poca? – protestó Alistair con disgusto – Desde mi punto de vista, toda la culpa es suya.

Debería colgarlos. A él y a Loghaing – ante las palabras de Cailan, Surana comenzó a temblar como una hoja.

Te lo ruego – murmuró el mago – No lo hagas. –

Cailan le miró con escepticismo. Como si no alcanzase a comprender lo que el mago había dicho.

Jowan no es malvado. – continuó el mago. – es dulce y bueno. El único error que ha cometido es enamorarse de la persona equivocada. –

Surana – Amell le llamó, pero el elfo le atravesó con la mirada.

Jowan tiene muy mala suerte. Primero le niegan el harrowing, luego quieren convertirlo en un tranquilo sin siquiera preguntarle, luego lo acusan de hacer magia de sangre y para colmo Loghaing lo engaña prometiéndole la libertad que tanto añora. ¡¿por qué tiene que ser colgado?! –

¡Surana! – gritó Amell

No ¡cállate tú! – gritó el elfo fuera de sí. – Si no nos hubieses entregado a Irvin y los templarios hubiese conseguido sacarlos del Círculo a salvo. Jowan nunca hubiese tenido que recurrir a ese otro método. Ahora sería feliz con Lily. –

¿En serio creíste por un segundo que ellos no lo sabían? – preguntó Amell – si yo no hubiese intervenido antes de que destruyeras tu phylactery te hubiesen convertido a ti también. –

¡Lo hubiese preferido! – gritó el elfo.

¡No sabes lo que estás diciendo! –

¿Y tú sí? Eras mi maestro. Yo confiaba en ti. Pero eres igual que todos los demás del círculo. Un hipócrita, traidor, mentiroso que se encoje de miedo con solo mencionar el nombre de Greagor. –

Por un momento ambos se miraron con intensidad. Finalmente Surana se apartó del grupo, hiendo a sentarse en una esquina apartada. Aedan cerró los ojos, pensativo, mientras que Elissa creyó entender por donde iba la historia. Aparentemente Surana era el amigo de Jowan. Antes de que el elfo cumpliese exitosamente su Harrowin, Jowan le cuenta de los rumores y le presenta a su novia. Surana como buen amigo acepta ayudarlo. Sin embargo, parece que le hizo algún comentario a Amell, quien era el instructor encargado de él. Amell descubrió lo que planeaban e intentando salvar a su aprendiz le comunicó a Irving lo que ocurría. Sin embargo, Elissa sabía que aunque no lo hubiese echo, hubiesen fracasado igual.

Bueno – murmuró Alistair – eso fue incómodo. –

Lamento que hayan tenido que escucharlo. – se disculpó Amell. – pero deben entenderle. Jowan era su mejor amigo y Surana le tiene cierto aprecio. Es duro para el chico. –

Entiendes ciertamente que Jowan es un traidor – comentó Cailan – Y no puede ser perdonado así como así. –

Además es un mago de sangre. – continuó Alistair. – Es peligroso. –

Elissa frunció el entrecejo. Ella siempre sintió lastima por Jowan. Nunca le vio como alguien malvado, todo lo contrario. En lo más profundo de su corazón quería ayudarlo. Y ahora que conocía los sentimientos de Surana y de Amell, aquel sentimiento se acrecentó.

No hay nada que podamos hacer por él – sentenció Aedan atrayendo la atención de los presentes. – Arl Eamon tiene todo el derecho de juzgarlo, pues su llegada ha traído el caos a su territorio. –

Si se me permite una petición – murmuró Amell

Por supuesto – aceptó Aedan.

Quisiera que se me permitiese vigilar a Surana. El chico fue mi primer aprendiz. Todo lo que sabe se lo he enseñado yo. Es joven, muy leal, pero está enamorado. – El corazón de Aedan se encogió al escucharle decir aquello. Cerró los ojos de nuevo. – Temo que haga una locura. Entonces, quisiera pagar yo su castigo. –

Bethany intercambió una mirada preocupada con Leliana, sin embargo ambas se mantuvieron en silencio. Morrigan hizo una mueca como si fuese a vomitar y Cailan frunció el entrecejo.

¿Tan lejos estás dispuesto a llegar por él? – preguntó Alistair.

Como ya dije antes. Hogar es donde está la gente que quieres. Además de los niños de la torre y mis maestros, Alim Surana es lo más cercano que te tenido a una familia. A veces no nos llevamos bien y peleamos. Pero es lo más cercano que he tenido a un hermano. –

La mirada de Fergus se suavizó. Buscó los ojos de su propio hermano para encontrarlos cerrados. Aedan estaba pasando por un mal momento. Pero Fergus sabía que encontraría la mejor solución. "Es un niño inteligente".

Finalmente Aedan abrió los ojos.

Te permitiré vigilarlo. Sin embargo, Surana ya no es tu aprendiz. Tiene que crecer y darse cuenta de que no saldrá impune de sus acciones. – hizo una pausa – Puede que no sea justo Amell, pero los errores se pagan caro. –

Lo sé. Gracias. –

El mago suspiró, cubriéndose el rostro con las manos.

Lo lamento pero… - los ojos de la multitud cayeron sobre Elissa – las malas noticias no terminan ahí. –

Ante las miradas asustadas del grupo, Elissa relató los ataques que sufría el pueblo cada noche y como Bann Teagan se encontraba defendiendo el pueblo de su hermano. El Bann era valiente, pero sus hombres enfrentaban situaciones "picudas". Explicó que después de derrotar a los monstruos Isolda aparecería con una historia falsa y se llevaría a Teagan al castillo aunque intensasen impedírselo. Les habló del demonio y como Jowan tenía un plan para derrotarlo. La mirada de Aedan se volvió curiosa cuando Elissa no les habló del plan, sino que les dijo que para cumplirlo habría que pedir la ayuda de los magos del círculo. Amell asintió, abrió la boca para hacer algún comentario, pero Elissa le detuvo con una mirada helada. Narró que aún después de matar al demonio, Eamon no despertaría. Entonces les contó de la cruzada de Isolda y los caballeros de Redcliff por encontrar las cenisas sagradas de Andraste.

Me acuerdo de eso. – dijo Alistair. – Había un caballero de Eamon en la capilla de Lothering cuando fuimos a hablar con la madre. – buscó la mirada de Aedan. – Él nos habló de esa búsqueda. –

Lo recuerdo. Pero pensé que era un mito. –

El lugar es real. Pero está plagado de desgracias. – terció Elissa.

Les habló del falso culto de Andraste en Heaven, pueblo que solo encontrarían con los mapas del Genitivi, a quien tenían secuestrado en la montaña. Les dijo que el erudito vivía en Denerin y que habían asesinado a su aprendiz para tenerlo sustituido por alguien del pueblo. Con las cenizas Eamon despertaría y entonces comenzaría la verdadera lucha por recuperar Denerin. Elissa suspiró, llegando al final de lo que para ella era un relato interminable. Aedan asintió, cruzando los brazos sobre el pecho.

Todo parece indicar, que Redcliff realmente tiene la situación más crítica. –

Propongo que partamos para allá de inmediato. – sentenció Cailan.

Estoy de acuerdo – aceptó Aedan obteniendo un asentimiento de la mayoría de los presentes. – Necesitaremos todas nuestras fuerzas para acabar con esos cadáveres que Elissa mencionó. Una vez que lo más crítico haya pasado, nos volveremos a reunir. –

Con un asentimiento general el grupo se levantó, listo para concluir los preparativos y ponerse en marcha. Zevran le mostró a Aedan donde estaban el resto de los caballos. Además de los dos que se le dieron a los Hawke, había cinco caballos. Ninguno de pura raza, y dudaba que alguno estuviese bien entrenado, pero al menos servirían para cargar el quipo y tirar del carro de los enanos.

Entre Leliana, Elissa y Bethany ayudaron a Fergus a subir al carro de los enanos, acomodándole atrás con la mercancía. Leliana insistió en que Elissa subiese con él, pero ella se negó, argumentando que Bethany sería más útil para su hermano en todo caso. Al contrario de Elissa la joven no protestó y se acomodó junto con Fergus en el carruaje. Aedan y Alistair ataron dos de los caballos al carro mientras los otros eran cargados con el equipo y alimentados. Aquello les permitiría ir más rápido. Luego de un poco de discusión, Surana se reunió con el grupo, no sin atravesarlos a todos y cada uno con la mirada. Elissa aprovechó ese momento para acercársele.

Todo se resolverá.- le susurró, haciéndose la que le ayudaba a dejar su mochila en el carro.

Los ojos verdes del elfo brillaron con esperanza. Debía significar algo para él que la "vidente" le dijese aquello. Con una sonrisa Elissa le dejó.