14 "Sueños"

Aquella noche apenas consiguieron descansar. Aunque Aedan insistió en hacer la primera guardia, Alistair estaba demasiado nervioso como para permitirse dormir. Otros fueron más asertivos y se metieron en sus propias tiendas. Sin embargo, cuando Elissa se despertó de madrugada a buscar agua, vio a Alistair rendido junto a Aedan. Se suponía que su hermano levantase a Alistair para la guardia, pero Aedan le dejó dormir hasta el otro cambio. Cuando Darrian vino a relevarlo el joven Cousland tenía bolsas bajo los ojos.

Antes de acostarse, Aedan pasó a la tienda que compartían los heridos. Surana cabeceaba entre Sereda y Amell. Para su sorpresa Aedan le encontró despierto, sanando a la enana. Aunque Aedan insistió en que le dejase el trabajo al elfo mago, Amell le dijo que él ya había recuperado todo su mana y podía encargarse del trabajo. Sin embargo, la mirada fugas que le dedicó a Surana le mostró que sencillamente quería dejar al muchacho descansar.

Seguidamente se unió a sus hermanos en la tienda más grande. Elissa le sintió entrar y se despertó. Durante unos instantes conversaron sobre la salud de Fergus y la joven se mostró optimista. Aedan estaba complacido de saber que su hermano podría caminar con ellos al día siguiente. Porque aunque Bethany le había pedido que no se sobre-esforzara Surana comentó que necesitaba un poco de ejercicio.

Aedan se dispuso a marcharse a su tienda, pero Elissa le pidió que se quedase. Así que se hicieron espacio y durmieron los tres juntos. Como cuando eran niños. Su hermana le envolvió entre sus brazos, cantándole una nana de la capilla que le había escuchado a Leliana. La voz de Elissa no era tan melodiosa como la de Leliana, sino que un tanto más fuerte. Pero se parecía a la de su madre y el chico descubrió que le gustaba. Se encontró a sí mismo recordando los sueños que tuvo luego de su ceremonia de iniciación. Su Joining. Y con aquellos recuerdos nostálgicos se quedó dormido en el pecho de Elissa.

···/ /···

Se despertó bajo una oscuridad interminable. Para aquellas horas, debería haber amanecido. Se incorporó, sintiendo el frío suelo de piedra bajo él. No recordaba haberse quedado dormido en aquel lugar. En aquella…cueva. Miró al cielo, encontrándose un montón de estalactitas goteantes y el sonido de cientos de murciélagos arremolinándose. Aún tenía su armadura y su equipo. Sin embargo, por encima del murmullo de los murciélagos, había una voz que le llamaba.

Era un argor irreconocible, dado en un tono ostentoso. Todo dentro de su mente. A veces sonaba como una melodía y otras como un lamento. Comenzó a moverse dentro del vació de aquella oscuridad. En busca de una pared a la que arrimarse. Avanzó unos pocos metros hasta que vio una luz venir de abajo. Como la de una fogata…como la de un incendió.

Llegó al origen, hallándose en la sima de un precipicio. La profundidad apenas le permitía ver el fondo… aunque si el origen de las luces. Un montón de antorchas se movían por el fondo del abismo. Avanzaban a paso seguro, entonces Aedan comprendió que aquel barullo que creyó eran murciélagos no eran más que los rugidos de los darkspawn distorsionados por las paredes de la cueva.

No, cueva no.

Deep road.

Y aquello debía ser la horda. Aterrorizado Aedan retrocedió un paso.

Un auyido atronador hizo temblar el suelo y las paredes a su alrededor. A través del avismo pasó volando un inmenso dragón. Sus escamas eran negras y entre cada una corría un líquido morado. Como si sangrase aquella cosa pegajosa que resbalaba por su cuerpo. Sus dientes afilados escapaban de aquella boca tan inmensa. Entonces la bestia se posó en una de las estructuras del Deep Road.

Ya Aedan no estaba encima del risco, sino abajo. Rodeado de aquellas criaturas. Un hurlock le miró a la cara, soltándole un escupitajo y moviendo el bastón como si él no estuviese allí.

Luego regresó a su posición. El dragón rugió y la melodía en su cabeza resonó aún más clara, aunque incomprensible.

En un flash de luz blanca quedó de pronto parado a su lado.

El Dragón rugió de nuevo, liberando una bocanada de fuego púrpura que envolvió a los engendros a su lado. El fuego se extendió por su armadura, quemándole la ropa y la piel. El ardor en su piel le hizo gritar. Sentía tanto dolor que ya ni siquiera sabía si venía de adentro o de afuera. Dolía tanto que creyó que le estaban revolviendo las entrañas.

Gritó con todas sus fuerzas.

Los rostros de su familia regresaron a su mente y lloró.

Lloró como un niño pequeño.

···/ /···

Fergus se levantó sobresaltado por los gritos. Cuando abrió los ojos, Elissa sostenía a su pequeño hermano. El muchacho jadeaba y sudaba entre las manos de la muchacha, que luchaba por mantenerle quieto. Escuchó ruidos fuera, voces de sus compañeros.

No necesitó la mirada de Elissa para levantarse. Su costado palpitó, pero era un dolor que podía soportar. Salió de la tienda, encontrándose a Bryce mirando hacia adentro con nerviosismo. Sin embargo, si Elissa le había ordenado salir, el mabari no entraría. Alistair, Amell y Darrian caminaban hacia él con el espanto dibujado en sus fracciones.

Está bien – intentó tranquilizarlos. – Solo está teniendo… -

Pesadillas – Alistair concluyó la frase.

Amell intentó bromear sobre el tema, pero el mismo estaba tan tenso que no consiguió el efecto que deseaba. Alistair pareció receloso. Intercambió una mirada cómplice con los otros dos antes de que Amell hablase de nuevo.

Hablaremos con él cuando termine. Lamento informarte que puede volverse algo común. Pero quien sabe ¿puede que se despierte escupiendo fuego? – Darrien le dio un codazo en las costillas. - ¡Auch! –

Si necesitan algo, llámennos. Estaremos… aquí fuera. – dijo el templario señalando el fuego en medio del campamento.

Fergus asintió. Les vio retirarse. Amell se dejó caer junto a Darrian mientras Alistair se internaba en su propia tienda. Con el rabillo del ojo, observó unos mechones rubios escurrirse en la esquina de su tienda. Y aunque sospechó del asesino, no pudo verlo.

Regresó adentro, encontrando a Aedan despierto.

Se sujetaba con fuerza de la cintura de Elissa mientras ella le acariciaba en cabello y le besaba la frente. Fergus tomó un paño de los que usaba Leliana para bajarle la fiebre cuando Bethanyno estaba cerca. Lo mojó en la pequeña cubeta que le dejaban para ese fin a Elissa y se lo pasó por la frente a su hermanito. El chico le devolvió una mirada aterrada, antes de sujetarle con fuerza la mano. Buscando el valor que le daba su presencia.

A Fergus se le encogió el corazón al verlo. Aedan era fuerte y capas. Nunca fue un niño asustadiso. Sino que corría hacia el peligro, siempre con un plan de respaldo. Su madre le tildaba de imprudente, pero era certero en sus decisiones. Verlo entre los brazos de Elissa, temblando le resultaba atormentante. Le devolvió el apretón, reafirmándole su presencia. Dándole su fuerza.

Estamos aquí – le dijo mirándole fijamente a los ojos. Aquellos ojos azules más claros que los suyos. Su mirada viajó de él a Elissa. – Estamos contigo. –

La muchacha le besó la frente, estrechándole contra su pecho. Meciéndole como si fuese un niño. Una lágrima bajó por las mejillas de Aedan, recordándole a Fergus la edad que tenía.

Por el hacedor, que joven era. Aedan apenas había cumplido los veinte años. ¿Cómo habían dejado una responsabilidad tan pesada en manos de ese pequeño? ¿Cómo podía soportar aquel peso tan grande? Y ¿Cómo podría él ayudarlo?

Entonces llegó a una decisión. Allí, mientras observaba a Elissa llorar en silencio mientras conseguía que Aedan se quedase quieto. Pero no regresase a dormir.

Fergus decidió protegerlo.

Tal vez no fuera un Grey Warden, pero amaba a su hermano. Y más hallá de deberle la vida de su hijo, le quería por quien era. Desde el día en que nació.

Así que sería su escudo. Contra los darkspawn. Contra los mercenarios. Contra Loghaing. Contra el mundo de ser presiso. Pero no dejaría que un grupo de bichos de asquerosa piel verde se lo quitara.

Se inclinó sobre Elissa y le besó en la frente, como hiciese antes ella.

Aquella noche ninguno volvió a dormir. Aedan se quedó apoyado sobre la joven, mientras ella enredaba sus dedos en las hebras de su pelo. Fergus les miraba, con las piernas cruzadas y los brazos sobre las rodillas. Así permanecieron hasta el alba, cuando Leliana vino a sustituir a Elissa.

Si se sorprendió al ver la escena, actuó con suma discreción. Aedan insistió en que era tiempo de que regresase a su tienda para lavarse, retomando su máscara inquebrantable frente a la barda. Leliana le apoyó, pero Elissa no lo consintió hasta que Fergus aceptó ir con él. Al principio Aedan se negó, pero cuando Fergus le miró con el entrecejo fruncido suspiró en aceptación.