Metió su maletín en el escritorio y se dejó caer en el asiento con aspecto apesadumbrado. Tanta carrera para que la profesora llegara tarde. Suspiro largamente. No porque estuviera cansada, si no de arrepentimiento. De esperarlo un poco, pudieron haber caminado juntos a la escuela.

Apenas se había arrellanado en su asiento cuando de la nada, una jauría de chicas salto de los escritorios adyacentes y la rodearon como policías en un interrogatorio, hambrientas de conocimiento.

"Chitoge-chi, Chitoge-chi! Oye que marca de maquillaje usas? Es extranjero, mágico o qué?" preguntó la más habladora.

"Eh? Maquillaje, que quieres decir, tengo algo en la cara?" desconcertada, se palpó el rostro con las manos, pero no sintió nada raro.

"Es que últimamente estas que deslumbras!"

"Verdad que si!?" exclamo una segunda, quien parecía compartir la misma excitación que las otras.

"De hecho como se me hacia tarde, hoy no tuve tiempo ni de maquillarme…" musitó la rubia, en voz baja y con un deje de humildad.

"Imposible! No seas así Chitoge-chan, que no somos amigas? Dinos la verdad anda! Cómo es posible que no uses nada y tengas estas mejillas sonrosadas de muñeca, he!"

Las chicas no se pudieron contener. Entre elogios, se abalanzaron sobre ella. Manoseando, toqueteando, y pellizcando todo su cuerpo.

"Y mira lo bonita que tienes la piel… tan lisa que parece de seda"

"Ah y tus ojos brillan, tan azules y profundos que… hasta siento que me hipnotizan"

"Te pusiste a dieta? Te ves más delgada. Que talla eres?"

"Ahí~ Que rico huele tu cabello y que brilloso esta! Que acondicionador usas?"

"Dios! Son enormes y esta firmeza sobrenatural! Debiste haberle vendido tu alma al diablo para un par así"

Chitoge, que se sentía como si estuviera siendo asaltada por un pulpo, en uno de esos animes pervertidos; solo rió tontarrona.

"No esperen, dejenlo ya! que me hacen cosquillas"

"Ah ya sé chicas! Tal vez no nos quiere decir porque su secreto es… el amor" declaró la habladora, haciendo énfasis en la palabra amor.

Con rostros soñadores, todas suspiraron románticas.

La puerta del aula se abrió y entró la profesora, de aspecto cansado y apestando a alcohol. La jauría de chicas aborto el interrogatorio y escaparon a esconderse en sus escritorios, como cucarachas ante un foco encendiéndose.

Mientras la profesora estaba distraída vomitando en el bote de basura, Chitoge aprovechó el tiempo. Abrió su maletín, sacó un espejo de su neceser, y empezó a examinarse.

Se sorprendió al ver que era cierto, su rostro se miraba mejor que nunca. Su piel, ojos, mejillas, cabello. Cada célula, nervio y músculo. Todo rosado, brilloso, tan impecable y sin defectos. Era como una versión más perfecta de ella misma.

Pero a qué venía todo esto? Se preguntó a sí misma. Su dieta no había cambiado, ni se había maquillado y apenas hacía ejercicio. Que era lo que estaba haciendo diferente últimamente…

Entonces la respuesta a todas sus preguntas, entró caminando a cuclillas, escondiéndose de la profesora.

"Yo, Chitoge" la saludo afable, mientras se sentaba en el mesabanco de a lado.

Se sonrojó profundamente cuando finalmente lo entendió. Recordó haberlo leido en un artículo de internet. El "amor" hace más atractivas a las mujeres. Después de todo las chicas tenían razón, si estaba relacionado con el amor. El físico.

"Todo es tu culpa, frijol pervertido"

"Que? Pero si yo acabo de llegar!?"