Hacia una vida entera que no lo veía.

Se dejó caer de espaldas en la cama, y de sus labios escapó un largo suspiro. Abrazo la almohada y dejó a sus ojos deambular por la habitación.

Todo le recordaba a él. El peluche de mono que le regaló en su cumpleaños, los mangas de One Piece que le prestó, las camisas que le había robado para poder usar ella.

No podía seguir ahí. Se levanto y camino ausente hacia la cocina. A pesar de no tener apetito sabia que tenia que comer algo. Abrió la puerta del refrigerador y fue cuando los vio.

Muffins. De chocolate, galleta, banana, cheetos. Estaban todos sus sabores favoritos. Los vio con ternura. El amor y el cariño con los que lo hizo. Él sabía lo mucho que le gustaban, y más en sus dias dificiles.

Tomo uno y se desplomó en un banco de la barra. Le dio un mordisco en una esquina y disfruto su sabor con los ojos cerrados. El dulce sabor del cacao y la canela viajaron por su boca. Estaba delicioso, como todo lo que él cocinaba. Pero entonces la dejó a un lado con ademán triste.

Lo extrañaba.

Extrañaba estar tumbados en su cama, viendo cualquier cosa en su laptop, mientras se acariciaban bajo las mantas. Extrañaba su comida, que a pesar de sus exigencias, la alimentaba como a una reina. Extrañaba saltarse las clases para ir a flirtear juntos en la azotea. Extrañaba su cariño, sus besos, sus abrazos, su mirada.

Le dolía perderlo. Lo peor es que todo había sido su culpa. Ella y sus tontos celos.

No podia dejarlo asi. No de esa manera. Tanto tiempo juntos… debía hacer algo.

Tenía que disculparse. Eso era lo que debía hacer. Iría a su casa, se disculparia, se declaran su amor y zanjaron todo el asunto con un tierno beso y tal vez algo mas. Iba ser la cosa mas romantica del mundo.

Con unos ojos fervientes y decididos, se levantó con súbita energía. Se vistió a la carrera, tomó sus llaves, y salió rechinando llantas hacia su mansión.

Dejó su Aston mal estacionado en la entrada, y camino a prisa directo a su habitación. Ni siquiera se molestó en saludar.

Lo encontró en la cocina, se veía muy atareado con pala y sartén en mano, preparando la comida.

"Chitoge? Sucedió algo? Que haces aqui?" la interrogó sorprendido de verla. Se excuso con uno de sus pinches, apartó sus bártulos, apago la estufa, se quitó el mandil y caminó hacia ella con gesto preocupado.

"Raku, veras, yo queria… queria disculparme… por todo, por lo que pasó. Fue mi culpa, fui una tonta. Lo siento." Tímida pero valerosa, abrió su corazón.

"Uhm… disculparte? De que estas hablando?"

"Ya sabes… de esa tonta pelea que tuvimos."

"Pelea? Aaah~ Quieres decir… anteayer? Cuando fuimos todos al karaoke? En primer lugar, ni si quiera sabía que estábamos peleados; y por lo de la escenita con lo de la recepcionista que se me declaro, no te preocupes. Todos pensaron que estabas ebria."

Las palabras se clavaron como una lanza en su pecho. Definitivamente no era el desenlace romántico que estaba esperando.

"Es que no he sabido de ti en casi dos dias! Ni un mensaje o algo…"

"Ya te lo había dicho antes. Mañana es el cumpleaños de mi viejo y por primera vez voy a ser el encargado de la comida. Es una gran responsabilidad, así que he estado muy ocupado. Pero, por que las visita repentina? Pudiste haber llamado."

"Encontré los muffins que me hiciste… ya sabes, esos que me gustan tanto… los que hiciste con mucho amor."

"Ahh~ los panques del refrigerador? Esas eran solo sobras. Los hicimos Kosaki y yo en la clase de cocina. No estaban hechos por amor." Lo dijo de una manera tan casual que igual pudieron haber sido basura.

Una vez más, sus duras palabras la golpearon a la cara como un balde de agua fría. Se estaba empezando a rendir. Había más romanticismo en las instrucciones de una sopa de vaso, que en todo este hombre.

"En-entonces… no me extrañaste, acaso no me amas?" cabizbaja y de voz debil, lanzo su ultimo intento.

"Que si no te… Chitoge… solo la semana pasada pasé doce horas en una celda de la comisaría, por tratar de conseguirte ese jacinto rojo del lago, que tanto te gusto. Y ves esto,"

Raku se subió la filipina, y le señalo un par de moretones nuevos que tenía en el área del abdomen. A ella le pareció más sexys que dolorosos.

"Claude." continuó diciendo, con una voz que daba a entender que tenía que ser obvio "Que porque me estaba pasando de cariñoso contigo."

Exasperada de que nada estuviera saliendo como pensaba. Chitoge resopló infantilmente e hinchó las mejillas.

"Mooo~ siempre es lo mismo contigo! Por que tienes que ser así!? Por qué siempre tienes que arruinar mis momentos románticos? Sabes que, olvidalo, me voy!"

Dio media vuelta con brusquedad para irse pero entonces Raku alargó la mano, tomándola de la muñeca, y con un movimiento casi agresivo, la abrazo contra su pecho, quedando ambos viéndose directo a los ojos. Con su mano libre le acarició tiernamente la mejilla, y finalmente pronunció las palabras que ella tanto quería escuchar.

"Te amo"

Las terapéuticas palabras hicieron que su berrinche desapareciera de golpe, obligandola a sonreír como una tonta enamorada. Tal vez no era el resultado que estaba esperando, pero se acercaba bastante.

"Ya ves, no era tan dificil. Ahora callate y besame idiota."