17 Planes
Aedan permitió que el resto de sus compañeros tomasen el crédito de la victoria. Luego de abrazar a sus hermanos para informarles de su bienestar se escurrió entre la multitud. Esquivando a todos los presentes en la batalla se abrió paso a la posada. Bryce corría tras él, sin embargo, la forma en que el mabari movía las orejas le indicó que no estaban ellos dos solos. Y solo conocía a alguien que podía esquivar su propio radar. Aedan se detuvo. Colocó ambas manos en su cadera y sonrió.
¿Ahora me sigues? – sobre el tejado de una casa cercana provino la voz de Zevran.
Nuevamente he sido descubierto. – saltó hacia abajo, aterrizando cerca del Grey Warden. – Tal vez estás mejorando más rápido de lo pensaba, mi Grey Warden. – Aedan le miró por encima del hombro.
O, tal vez estaba esperándote. – contestó el joven con picardía casi juguetona. Su tono de voz le regaló una sonrisa lasciva del elfo.
Con esas bolsas bajo los ojos, pensé que querrías dormir. – comentó el asesino acercándosele.
¿E ibas a salvaguardar mi sueño? – dijo con sarcasmo.
La verdad no. – Zevran se burlaba de su propia voz. Sin embargo, Aedan veía aquel brillo en sus ojos, esa sombra de deseo. – Venía con una propuesta diferente. Una con medidas… drásticas – Aedan alzó las cejas.
Oh, esto tengo que oírlo. - Zevran dio un paso en su dirección.
Pues resulta que cuando vivía en la casa de putas de Antiva ellas me enseñaron a dar este tipo de masajes. En el cual soy bastante hábil, por cierto. Si ya vas de camino a la taberna, bien podríamos usar el tiempo ¿no? –
¿Tú? ¿Un masaje? –Aedan no estaba seguro si debía salir corriendo o tirarse al suelo para reírse. – Va a resultar que tienes muchas habilidades ocultas. – se burló. – Me parece bien. Voy a seguirte el juego. –
Juju – rió entre dientes – he de preguntar ¿Y si se presenta la posibilidad de proceder más allá del masaje? –
Aedan soltó una carcajada. "Sabía que iba por ese camino". Avanzó hasta estar junto a Zevran y le tomó de la mano.
Seguro que algo se me ocurrirá – murmuró seductor.
El elfo le devolvió la sonrisa y ambos avanzaron por las calles vacías.
Mientras estuvieron encerrados en la capilla Elissa no pudo más que sorprenderse de la conducta de Cailan. No solo se estuvo tranquilo, sino que rondó por cada una de las personas que les acompañaba dándoles seguridad y palabras de apoyo. Incluso Teagan se rió con el hombre, acción que a ella se le había antojado complicada. Fergus se había quedado con ella observándole, dejándole caer que tal vez el mismo tuviese que re-valorar su criterio sobre el gobernante. Bethany tuvo que emplear un hechizo para dormir sobre algunos pequeños que se echaron a llorar ante el sonido de las espadas, los gritos y las explosiones. Acto seguido, salió corriendo a ayudar a los sanadores en cuanto se abrieron los puertas.
Cailan le siguió en velocidad, sin embargo, sus prisas tenían un rumbo. Buscó a Darrian con la mirada y le sujetó antes de que cayese al suelo agotado. El elfo pareció protestar, pero se calmó cuando Cailan le ofreció su propio suministro de pociones.
Aedan vino a abrazarla, así como a Fergus, sin embargo se mostraba frío con Alistair. Ella le sonrió al templario lo más dulcemente que pudo en un intento de consolarle. Sin embargo, sus afectos parecían tener el efecto contrario. No volvió a ver a su hermano luego del discurso de Teagan. Sin embargo, no le tomó demasiado notar la desaparición de Zevran. Asumió que estarían juntos… y en el juego eso significaba… ¡Aleluya!
Rió por lo bajo. Lamentablemente su sonrisa no le duró mucho. Mientras sus hombres sanaban y se regocijaban, Teagan se alejó, encaminándose a la cima de la colina.
Solo.
Elissa acomodó el arco a su espalda y salió apresurada tras él. A su paso se cruzó con Alistair, quien conversaba con Amell y Bethany. Sin detenerse le sujetó del brazo, sorprendiéndose de que pudiese arrastrarle. Los magos y Morrigan la mabari le siguieron. Curiosos de las prisas de la muchacha.
Le alcanzaron cuando Teagan observaba el horizonte… o mejor dicho, el palacio. Les daba la espalda pensativo. Y Elissa conocía esa escena demasiado bien como para dejarla pasar.
¿Hay algún problema Bann Teagan? – preguntó Alistair.
Por una vez en mucho tiempo, comienzo a creer que todo estará bien, Alistair. – el murmullo de la voz de Teagan realmente sonaba esperanzado. – Todo transcurrió exactamente como narró Lady Cousland. – terció dándose la vuelta. – Es una dama llena de misterios. –
¿Y nos lo dice a nosotros? – protestó Amell. – A veces quisiera que dejase de arrastrarnos de un lado para otro sin decir que pasa. –Bethany rió por lo bajo.
Sin embargo, hay algo que aún falta. – les recordó Teagan. – Aún no he visto esa tercera prueba que me fue prometida. –
Esa prueba, Bann Teagan, es circunstancial. – el hombre alzó una ceja al escucharla. – Y he de advertiros que no demorará en llegar. –
Teagan pareció consternado. Dio un paso hacia la muchacha, cuando el sonido de una extenuante carrera llegó a sus oídos.
"Justo a tiempo" pensó la muchacha. Retrocedió hasta ocultarse parcialmente tras el templario. El muchacho pareció sorprenderse de sus acciones, sin embargo, al mirar sobre su hombro frunció el entrecejo. Bethany se cubrió los labios con las manos al ver correr colina abajo a la que ellos suponían sería la esposa del Arl. Amell suspiró, viendo palidecer a Bann Teagan.
Elissa escuchó silenciosamente el intercambio, pendiente de las modificaciones. Amell pareció asumir las líneas que su hermano debiera haber dicho luego de librarse de la confusión que le acarreó. Solo le bastaron unos segundos para entender que la prueba de la que hablaba Elissa era le presencia de aquella mujer. Y que debía ser no otra que la Lady Isolda de la que Elissa les había hablado aquella noche. Alistair permanecía tranquilo, cubriendo a Elissa de la vista de la mujer.
Elissa sabía que el demonio les observaba a través de los ojos del guardia que había seguido a la Arlesa.
¡¿Cómo te atreves a acusarme?! – protestó Isolda, señalando al mago con desprecio en la voz.
Solo digo que es muy extraño aparezca usted de la nada justo cuando resultamos triunfantes en una batalla de la que casualmente parecen salir monstruos del castillo. – se mofó Amell - ¡Y quiere llevarse al Bann con usted! Tal vez me estoy volviendo loco ¿pero no os resulta esto sospechoso? –
Suficiente – intervino Teagan. Sus ojos se cruzaron con los de la mujer. Su tono de voz se suavizó al dirigirse a ella, lo cual encolerizó aún más al mago. – Isolda, podría conversar un momento con mis acompañantes. Te prometo que no te dejaré a oscuras de mi decisión por mucho. –
Aunque la mujer protestase, terminó por ceder. Teagan se los llevó a un rincón, donde su rostro pálido pareció envejecer.
Acepto estos sucesos como vuestra prueba. My lady. – le dijo a Elissa, quien salió de la sombra de Alistair.
¡Oh! Magnífico. Significa que no le seguirá el juego a esa loca ¿verdad? – ante las palabras de Amell Teagan le dirigió una mirada fulminante.
No tengo más opción. Aún si hay un pequeño chance de ayudar, debo hacerlo. Por Aemon. –
¡Para eso estamos nosotros aquí! – protestó el mago. – Pensé que estaba claro. –
Teagan suspiró. Sin embargo, sacó de su bolsillo un objeto y se lo ofreció a Alistair. Elissa sabía que era la llave del pasadizo dentro del molino. Teagan explicó donde encontrar el pasadizo, y sus intenciones de seguir a Isolda. Pidió que si algo ocurría con él, no permitiesen que la familia de su hermano saliese lastimada.
No dejaremos que nada les pase. – prometió Alistair – A ninguno de ustedes. Salvaremos a Aemon, Isolda y Connor sin sacrificarte. Lo prometo. – la vehemencia de su voz hizo acelerarse el corazón de Elissa y aunque vio a Amell cubrirse el rostro, creyó ver el atisbo de una sonrisa.
Permítame al menos ponerle una berrara protectora, Bann Teagan – suplicó Bethany. – Me gustaría evitar que le lastimaran. –
No es aconsejable. – Elissa habló por primera vez en un rato. – El demonio solo ha notado a un par de nosotros. Si intenta poseer a Teagan sin éxito sabrá que contamos con magos poderosos. – Ante sus palabras, la muchacha se sonrojó. Aunque Elissa no supo si fue porque le llamó poderosa, o por vergüenza. – Puedo garantizar su seguridad Bann Teagan. Valla sin temor, pues eso nos permitirá distraer al demonio. –
Teagan palideció aún más.
Entonces… ¿es realmente un demonio? –
Elissa asintió una vez más, observando el rostro contrariado del hombre. Teagan se despidió de ellos con un asentimiento de la cabeza. Y aunque parecía estar asustado mientras hablaba con ellos, se mostró firme y certero al seguir a Isolda por el camino real. Alistair le vio marchar, apretando la llave en su mano.
Debemos informarle a Aedan cuanto antes. – murmuró el templario.
Por si no lo has notado, nuestro gran líder se escurrió luego de concluida la batalla. – Alistair asintió ante las palabras de Amell, cargadas de disgusto y sarcasmo. Fijó sus ojos en Elissa, sonriéndole con timidez.
De casualidad… ¿no sabrás donde está? –
La joven Cousland no pudo más que devolverle la sonrisa.
Aedan se sentó en la cama. Sereno y pausado. Con una gran sonrisa en los labios. Había dormido como un bebé. Miró por la ventana de su pequeña habitación en la posada, para encontrarse el sol alto. Aquello le indicaba que no había ganado muchas horas de sueño, pero se encontraba satisfecho. Buscó a su lado en la cama, encontrándola vacía. Su armadura de Grey Warden descansaba sobre una silla cercana, junto con su espada y su escudo. Sin embargo no había señal de asesino.
Aedan debía recordarse agradecerle. Aunque le había seguido con la promesa del sexo, había sido Aedan quien se llevase todos los placeres. Zevran había demostrado ser diestro con las manos. Y aunque en las horas pasadas le tocó en sitios poco adecuados, había concluido sencillamente con aquel extraordinario masaje. Echo en el que él tenía gran parte de la culpa, pues se había quedado dormido.
No había logrado dormir decentemente desde que se despertó en la cabaña de Flemeth, y aunque aún no era suficiente, se sentía más descansado. Comenzaba a pensar que aquellas eran las verdaderas intenciones del elfo.
Aedan se levantó de la cama. Comenzaba a acomodarse la armadura cuando la puerta se abrió de nuevo. Sin embargo, y para su sorpresa, no era el elfo quien le observaba desde la puerta.
Lady Cousland me dijo que os encontraría aquí – la serenidad en la voz de Sereda denotaba lo impasible de su carácter. Sin embargo, Aedan creyó ver un brillo de alarma en sus ojos.
¿Qué pasa? – preguntó ajustándose la espada en el cinto.
Todo ha transcurrido como ella ha predicho. Isolda ha bajado del castillo y se ha llevado con ella al Bann. – la enana se llevó las manos a la espalda. – Los otros le esperan para la reunión que acordamos en Lothering. –
Aedan apretó los labios. Sabía que pasaría. Pero no creyó que fuese tan pronto. Se criticó por su estupidez. Sin embargo tomó su escudo con decisión.
Vamos. –
Sereda asintió. Fuera de la habitación Bryce movió la cola al verle. A Zevran le encontró fuera de la taberna. El elfo se encogió de hombros al intercambiar una mirada. La expresión de su rostro le se le antojó cómica al humano. Sin embargo, ya encontraría un momento para borrársela del rostro. Sereda les guió hasta la plaza frente a la capilla. Cailan se encontraba en el centro del grupo, su rostro feliz ahora cubierto de una máscara de ira. Estaba sonrojado por el disgusto y le gritaba a Alistair como si el pobre acarreara toda la culpa. Para colmo, el muchacho tenía la vista clavada en el suelo.
Amel era lo único que los separaba al uno del otro. Y aunque de vez en cuando interrumpía la discusión no parecía estar ayudando al templario en su defensa. Todo lo contrario de Bethany, quien tenía sujeta a Elissa por los hombros. Aedan apenas escuchaba lo que decían desde la distancia, pero estaba seguro de que si la maga no estuviese deteniendo a su hermana esta ya le hubiese pegado una bofetada al rey.
Morrigan miraba el espectáculo entretenida, Surana leía su libro como si nada estuviese ocurriendo y Darrian hacía girar su daga entre los dedos. Él fue el primero en ver llegar a Aedan. Sten se enderezó al verle también. Ninguno de los dos dispuestos a interponerse.
¿Qué está pasando aquí? – exigió Aedan.
¡Este estúpido permitió que Teagan se fuese al castillo! – gritó Cailan - ¡Justo a las manos del demonio! –
Aedan buscó la mirada de Alistair. El chico alzó el rostro al escuchar su voz y aunque su rostro se deformó por un gesto de culpa, sus ojos se habían mantenido firmes bajo los gritos del rey. Alistair enfrentó a Aedan, hablando lo más claro de lo que fue capaz.
Teagan nos entregó esto – le ofreció la llave – dice que hay un pasaje al interior del castillo, justo dentro del molino. Esa es la llave. –
El Grey Warden asintió, tomando la llave.
Buen trabajo. – dijo examinándola.
¡¿Eso es todo?! – protestó Cailan - ¡Deberías al menos regañarlo! –
¿Por qué? – preguntó Aedan – Elissa ya nos había advertido de los actos de Isolda. Teagan debía ser llevado al castillo para que pudiésemos aprovechar ese tiempo y colarnos con la menor guardia posible. –
¡Si podíamos debíamos haberle evitado! – gritó Cailan.
¿Y cómo lo íbamos a hacer? – preguntó Amell - ¿noqueando a la vieja para que no corriese de regreso al castillo? Seguro que al notar su ausencia el demonio no enviaría a nadie a buscarla. – el sarcasmo hizo que el monarca enrojeciera aún más.
Esta discusión no lleva a ninguna parte – intercedió Sereda. – Prometimos tomar una decisión cuando la batalla hubiese acabado. Ahora que estamos descansados y curados es el momento. –
Fergus se adelantó.
Me he reunido con los soldados y hemos montado un plan para tomar el castillo. Si además ustedes entran por el molino podían abrir la puerta del patio. – Aedan asintió.
Si nos vamos a infiltrar necesitaremos un grupo pequeño. Zevran, Leliana y Darrian son los mejores en sigilo. Ellos y yo entraremos. Abriremos las puertas y daremos paso a Fergus con los soldados. –
¡Yo también voy! – protestó Cailan.
Con el debido respeto mi señor – intercedió Sereda – No creo que seáis el más adecuado para una misión de sigilo. –
¡Él tampoco! – protestó el monarca señalando a Aedan. – Es tan guerrero como yo. No tiene una pisca de sigilo. –
¡Es el líder de los Grey Wardens! – le defendió Alistair.
¡Y yo soy el jodido rey de Frelden! –
Alistair se tensó ante el fuerte grito. Aedan miró a su alrededor azorado. Y para su desgracia encontró a un grupo de hombres y mujeres mirándoles extrañados. No parecían entender lo que ellos estaban hablando, pero definitivamente habían escuchado la palabra Rey. Aedan suspiró, fijándose de nuevo en Cailan. El hombre respiraba agitadamente, sin embargo, parecía entender que había alzado la voz en el peor lugar posible.
Teagan es mi tío – dijo finalmente. – No pueden pedirme que me quede al margen y deje que los demonios lo posean. –
Alistair dio un paso al frente, colocándole una mano en el hombro.
Entiendo tus sentimientos, pero cualquier otro sería una carga. Sin embargo, podemos ayudar a Aedan a tomar el palacio una vez que hayan abierto las puertas. – le consoló. Cailan le miró fijamente. A Elissa le dio la impresión de que iba a decirle algo hiriente al templario… pero no fue así.
Es solo… es muy divertida toda esta farsa de estar dentro del grupo de los Grey Wardens. Pero… a veces es difícil no ser el que está a cargo. Todas estas personas creen que están desamparados porque su rey no está. Quisiera poder decirles que no es así. – murmuró.
Aedan hubiese mentido si decía que aquella respuesta no le sorprendió. Y aparentemente no era el único. Fergus, quien podía presumir de conocer a Cailan, nunca había visto esa etapa suya. Se acercó también al hombre.
Si lo desea, podríais dirigir a los soldados en el ataque. –
Por un momento Cailan lo pensó, pero terminó negándose.
No… la noticia de mi existencia se extendería hasta Loghaing. A saber cuántos espías más puede tener desperdigados. Ya he hecho bastante daño. – se lamentó.
Eso es… - murmuró Elissa – bastante sabio de tu parte… -
Cailan se enderezó, alzando la barbilla.
Sí… bueno. Que no salga de este grupo. Tengo una reputación que mantener. –
¡Ja! – se rió Alistair, sin notar lo atónita que había quedado la muchacha… ni Aedan, ni Fergus. Darrian por su parte, sonrió ampliamente. –Estoy de acuerdo. Siempre es mejor hacerse el tonto. –
Puedo decirlo. – se burló Cailan. – Somos bastante buenos pretendiendo. –
Por unos instantes los muchachos intercambiaron sonrisas y miradas cómplices. El mal rato pareció disolverse entre ambos. Al menos hasta que la voz de Elissa les trajo de regreso a la realidad.
Yo recomendaría que os llevaseis a un mago con ustedes. – Aedan asintió.
Muy bien. – extendió le brazo, señalando al elfo. – Surana vendrá con nosotros. –
¿Qué? – protestó Amell. El elfo miró a Aedan lleno de esperanza y sin pensárselo se levantó. - ¡¿Estás loco?! ¿Has olvidado lo de Jowan? –
Claro que no Amell. – dijo Aedan con calma. – Justo por eso lo hago. –
… entonces – dudó el mago.
He decidido juzgarle por mí mismo. – contestó el humano – Si el círculo es tan temible como aseguras, no puedo condenarle por su pasado. Así que le juzgaré por sus acciones actuales. –
Amell asintió. Aunque no se veía conforme.
¿Y nosotros? – protestó Morrigan – Seguramente no pretenderás dejarnos tirados en una esquina en espera de tu retorno. –
No me pasó por la mente ni un instante. – le aseguró. – Mientras nosotros nos infiltramos en el palacio y lo limpiamos de muertos vivientes, Sereda liderará un grupo hacia la torre de los magos. Espero que puedan remendar la situación y regresen con los magos que sabemos vamos a necesitar. –
La enana asintió.
Sin embargo – dijo ella – que tomes a los rouges me deja con Alistair y Sten para pelar en la torre. –
Amell y Elissa pueden ir contigo. –
¡Aedan! – protestó Fergus.
Ella ha expresado su deseo de ir. Y sinceramente, me sentiría más tranquilo si Morrigan fuese con ella. – dijo mirando fijamente a la maga. – No es mi deseo hacerte ir hasta el círculo cuando has conseguido evitarlo toda tu vida. Sin embargo, confío en el uniforme de los Grey Wardens que usan mis compañeros, los templarios no se atreverán a tocarte. –
Morrigan cruzó los brazos sobre el pecho, pero finalmente aceptó. A Amell la idea de retornar al círculo para ayudar le complació tanto que casi olvidó que Surana iba a encontrarse con Jowan. Elissa se acercó a su hermano y le besó en la mejilla.
Fergus no parecía tan complacido.
Sé que esto no te consuela – le dijo Alistair al mayor de los Cousland – pero te juro que la protegeré con mi vida. –
Fergus apretó los labios. Pero aceptó la palabra del templario. Finalmente, una tímida voz se alzó.
Um… - murmuró Bethany - ¿Y qué hay de mí? –
Elissa le sonrió a la dulce muchacha. Por el rostro de Aedan ella supo que el chico la había olvidado.
A nosotros no nos vendría mal un sanador – terció Cailan. – creo que somos el único grupo que no tiene un mago. ¿O me equivoco? –
No. Estás en lo cierto. – aceptó Aedan.
Pues está decidido. Bethany vendrá con nosotros. ¿Te parece bien? – preguntó Cailan a la muchacha besándole la mano. Bethany retiró el brazo tímidamente.
Claro…amm. Como ordenes. –
Ante la sonrisa de Cailan, Darrian frunció el entrecejo.
Con todos de acuerdo, Aedan dio la orden de ponerse en marcha. Cada cual debía preparar su equipo y marcharse lo antes posible. El equipo que marchara hacia la torre debía partir primero, pues tenían el viaje más largo. Besó a su hermana y les deseó buena fortuna a los magos. Pero no intercambió palabra con los Grey Wardens más que un asentimiento de cabezas. Aedan sabía que debía tener una conversación con Alistair antes de que partieran. Pero no estaba de humor para hacerlo, así que los vio partir sin decirle una palabra.
El templario se marchó deprimido, sin embargo no miró hacia atrás ni un momento.
