Abrí la puerta con un empujoncito de mis caderas y cuando entre a mi habitacion, me encontre con una escena que me dejó petrificada y sin color. Mi estupefacción fue tal que las latas de café que traía para merendar, resbalaron de mis dedos y cayeron al suelo golpeando con un mullido sonido la alfombra.
El lugar estaba hecho un completo desastre. Sus orejas, brazos y piel colgaban de la cama como si fueran parte del muestrario de una carnicería, su cabeza enterrada en una estaca y sus entrañas, desparramadas por toda la alfombra. Era como algo salido de una historia de horror. Y lo peor, es que sentado en medio de todo, el asesino seguía impudico en la escena, descuartizando a mi querido amigo de la infancia, regodeándose en su gloria con una risa histérica y unos ojos rojos llenos de demencia.
"Raku-senpai…"
Ahora para que todo esto tenga sentido, creo que ocupó explicarles la identidad de la víctima. Bueno mi amigo de la infancia es… el es… el señor Totoro.
Totoro es un oso? gato? mapache? como sea, es un rechoncho muñeco de peluche con forma de un animal muy extraño, pero no menos especial, uno al que quiero con todo el alma. Debió habermelo regalado mi padre al volver de uno de sus viajes de negocios, cuando tenia como tres años (no por la película (que la verdad no había visto hasta hace poco), en realidad creo que lo eligió porque le pareció gracioso y ya). Y si, ya se que debes de estar pensando: una chica de preparatoria de mi edad cargando un muñeco de peluche como una bebé con su mantita, que vergonzoso. Pero te equivocas! Totoro es diferente. El es un prestigioso y honrado miembro de la familia Onodera. Juntos descubrimos donde acabó la desaparecida remesa de melon pan (en el estómago de papa), acabamos con el nido de ratones de la cocina, incluso este mismo año defendimos a Nee-chan de una oleada de cucarachas. En fin, el y yo hemos pasado por tantas aventuras juntos que hasta podría escribir un libro. Desgraciadamente el paso de los años no ha sido muy amable con el. Con las costuras del trasero rotas por andarlo arrastrando por toda la casa, el relleno saliéndose por los arañazos del gato, un ojo extraviado y la tela descolorida de tantas lavadas. Que puedo decir, me da mucha lastima verlo asi. Pero todo lo que mamá y yo hemos podido hacer por él, es parchar el ocasional agujero. El punto es que ese muñeco ha pasado su vida entera a mi lado, y todos los que viven en esta casa saben el enorme aprecio que le tengo. Pero claro… Raku-senpai no vive aquí.
Había venido para ayudarnos por la pesada época navideña; cada año tenemos tantos clientes y encargos que no damos abasto, así que Senpai se ha convertido en pieza clave para sacar adelante la tienda (aparte de que a mamá y a Nee-chan les fascina tenerlo por aquí (a mi… solo no me molesta). Hoy había sido una jornada particularmente agotadora (no quiero volver a ver una rosca en mi vida), así que ahora mismo ambos nos tomábamos un descanso. Lo deje en mi habitación solo un par de minutos en lo que iba a la cocina a buscar algo para merendar, y cuando vuelvo… me lo encuentro asesinando a mi mejor amigo.
Con la cara tan pálida como un fantasma, mis extremidades pierden su fuerza haciéndome caer de rodillas, mis ojos se humedecen y enormes gotas de lagrimas crecen en las comisuras de mis ojos. Voy a explotar en llanto como nunca antes lo he hecho en mi vida.
En ese instante, Raku-senpai quien ni siquiera me ha notado entrar en la habitación, levanta la mano con brío al aire, dejándome ver con claridad el arma asesina relumbrando entre sus dedos. Es… una aguja?
Que clase de asesino utiliza una aguja para descuartizar a sus víctimas? Parpadeo repetidamente, no por las lágrimas, si no por la confusión.
Estaba tan impactada por el dramatismo del momento que no había reparado en las herramientas que yacen a su alrededor: una cinta para medir, rollos de hilos, pinturas variopintas, lupas de distintas graduaciones…
Podría ser que… no lo esté matando… si no reviviendolo?
Me acerco a gatas hasta quedar detrás de él y poder observar mejor lo que hace. Quedo embelesada viéndolo trabajar. Con agujas, dedal y alfileres en mano, toma medidas, corta, cose y recorta un poco más. La habitación se llena del sonido de tijeras y tela rasgándose. Sus manos se mueven con la agilidad y expertise de un profesional, y es tan rápido que hilos y tela vuelan por todas partes. Está tan concentrado que puedo sentir el amor y la pasión con el que confecciona su arte. Poco a poco, parte por parte, mi Totoro vuelve a la vida.
Finalmente la tristeza se despeja así que decido romper el silencio. "Raku…" lo llamo con voz tenue.
"Eh!?" él pega un respingo y me ve sobre su hombro, claramente sorprendido "Haru? Lo siento, me asustaste. Estaba tan concentrado que no me di cuenta que estab-."
"Qué haces…" preguntó interrumpiendole, ansio que me explique que esta pasando.
"Ah, te refieres a Totoro? Perdona, es solo que lo vi muy maltratado y no pude evitar arreglarlo, es una mania mia. Mira acabo de terminar, deja te muestro lo que le hice." Se gira sobre su trasero y me empieza a señalar cada unas de las mejoras que le hizo. "Cosi las costuras con hilo de nailon, del mismo que usa la NASA en sus cohetes, asi que despreocupate de que se vuelva a descoser; le puse un ojo nuevo de fibra de carbono que es prácticamente antibalas; lo lave con Lágrima de Angel, que es un detergente especial que no solo hace su tela luzca como nueva, si no que desprende un perfume con aroma a arcoiris de por vida; y por último volví a pintar su sonrisa con esmalte de perlas, de ese que usan las idols para que sus sonrisas brillen tanto. Quedo bien verdad? te gusta?"
No se ni como responderle, boqueo como un pez fuera del agua, asombrada por lo bien que luce. Yace sobre sus manos y la manera en que la luz de la lámpara le da, lo hace brillar como un enviado de los mismos dioses. Cada hilo, costura y tela encaja a la perfección, de tal modo que si fuera a cobrar vida y empezara a bailar como en la película, no me sorprendería en lo más mínimo.
"Se ve increible!" finalmente mi alegría desborda de mi ser y explotó efusivamente. Salto sobre totoro y lo envuelvo en un fuerte abrazo.
"Sabia que te gustaria!"
Bajo la cabeza y entierro mi rostro en Totoro. Estoy tan feliz por el. Pero la verdad es que este creciente sentimiento en mi pecho no tiene nada que ver con su mejoría. Se me acelera la respiración y mi corazón late con tanta fuerza como si estuviera a punto de estallar. Me tiemblan las piernas y aprieto a Totoro en mis brazos pidiéndole fuerzas para controlar este sentimiento.
Pero todo es inútil. Mi cuerpo se mueve por sí solo y me lanzo a él, envolviendolo en un cálido abrazo con Totoro de por medio. Me aferro a su espalda y hundo mi rostro en su pecho.
"H-ha-haru?" balbuceó con voz tremula. Me incorporo aun a horcajadas encima de él y puedo ver la confusión en sus ojos. Como siempre no tiene idea de lo que su dulzura le hace a mi corazón.
Lo siento Nee-chan, pero no puedo aguantarme un segundo mas, con tu permiso pero voy adelantarme. Coloco mis manos en sus mejillas y acerco mis labios para agradecerle.
…
Desgraciadamente la voz de mi madre suena tras la puerta y un segundo después, se abre.
"Oye Haru, están ahi? ya terminaron de comer? Necesito ayuda en la cocina. Otra remesa de roscas acaba de salir del horno y ocupo que… Ohh~ Haru traviesa. Esta bien, tómense su tiempo. Solo no olvides dejarle un poco a tu hermana." Se retira con esa risita picara, muy típica de ella.
"No espera mama! Esto no es lo que parece! MAMA!"
