20. Errores
Parada frente al espejo, la joven Cousland se alisaba el vestido. Observaba su reflejo con una sonrisa. Comprendía que no era momento de aquella vestimenta extravagante, sin embargo, no podía disipar la fuerza de los latidos de su corazón. Luego de que sus hermanos le informasen de las intenciones de su templario favorito, la joven se encontraba en las nubes. Sus fantasías se habían disparado y ahora solo podía sonrojarse y reír de agitación.
Ajustándose los vuelos que bajaban desde el corsé Elissa dio una vuelta sobre sí misma. Aquel vestido no era tan original como los que su madre acostumbraba a entregarle, pero mientras estuvieron en Lothering la Teyrna agregó a su equipaje un conjunto aceptable de prendas que aunque no dejaban de resaltar sus virtudes, resultaban relativamente sencillos. Aquel en especial era blanco con un corsé color crema y mangas amplias. La mujer lo adornó con un par de perlas en sus oídos y aunque ya no poseía su hermosa peineta de Laureles adornó su cabello con una trenza tejida desde la altura de sus oídos.
Se miró una vez más, imaginándose la reacción de Alistair. Admitiría que el templario la había asustado por un momento. Aunque él se mostraba receptivo ante ella no había hecho ningún avance. Incluso se mostró frío y esquivo tras aquel beso en la torre de los magos. "¿Quién se hubiese imaginado que solo quería hacer las cosas bien?" sonrió la muchacha viendo sus propias mejillas sonrojarse sobre el cristal. Comprendía que se encontraba demasiado exaltada, pero no podía evitarlo.
¿Cuántas veces no había soñado con conocer a alguien como Alistair? Y ahora lo tenía en carne y hueso… ¡Y él quería su mano en matrimonio!
"No corras Elissa" se regañó "Solo intenta cortejarte. Aún no ha dicho que se casará contigo" Sin embargo, la misma vocecita que dijo aquello en su cabeza manifestó otra oración.
"¿Pero acaso no es una el precedente de la otra?" La emoción la inundó, haciéndola girar sobre sí misma con ambas manos en su rostro sonrojado.
Todo estaba encajando perfectamente.
Todo estaba bien.
Alistair era feliz. Su hermano y Zevran estarían juntos. Fergus y sus padres estaban vivos. Los Cousland estaban a salvo y aunque no tenían hogar donde regresar pronto lo tendrían.
Montarían un ejército como ningún otro. Grande y poderoso con la ayuda de los Dalish, los enanos y los magos. Los magos iban de camino a Redcliffe y ellos estaban a un paso de conseguir las cenizas de Andraste para sanar a Aemon. Ella sería la esposa de Alistair. Con ayuda de Morrigan matarían al Archdeamon sin hacer sacrificios. Entonces Alistair sería coronado rey de Ferelden y ellos…
Todo se detuvo.
El aliento se le congeló en los pulmones.
…
Elissa sintió su sangre enfriarse dentro de su pecho.
Los latidos de su corazón cesaron casi por completo, dejándola en un estado tembloroso e inamovible.
"Cailan está vivo" aquel pensamiento vino de pronto.
Al sobrevivir a la batalla de Ostagar, Cailan se mantendría firme en su posición al trono. Hasta el momento no había dado ninguna muestra de querer retirarse. Por el contrario. Desde que se juntaba con Darrian quería hacer las cosas bien. Lo veía más firme, decidido. Si algo estaba claro, era que Alistair no sería rey…
"Entonces…"
Alistair permanecería como un Grey Warden. Sería nombrado Héroe de Frelden junto a su hermano y los otros. Sería enviado a Amarantine y viviría buscando una cura para alargar su existencia. Estaría presente en Kirkuall durante los sucesos del segundo acto y, de convertirse Carver en Grey Warden, sería su compañero de armas. Para luego…
"Morir en Inquisition"
Las piernas de Elissa le fallaron, haciéndola caer sobre la alfombra con un ruido sordo. Podía sentir como el sudor frío le bajaba por la espalda.
Luego de aparecer el inquisidor, cualquiera que este fuera, Hawke se presentaría en Skyhold para prestar su ayuda contra la creciente amenaza. Él les conduciría hasta Alistair y los tres juntos entrarían al velo… solo dos saldrían y… en ninguna de sus partidas Hawke se quedó atrás. Incluso en la mayoría de los videos que buscó era Alistair quien era abandonado para morir.
Sintió el ruido de la puerta a su costado. Una figura delgada se dejó caer a su lado, tocándole la frente y llamándola por su nombre. De aquellas manos suaves brotó una leve aura sanadora, azulada y tibia, que le calentó las entrañas. Cuando sintió el mareo disiparse alzo el rostro, encontrando el pálido rostro de Bethany a su lado.
My lady ¿está bien? – preguntó la muchacha al verle los ojos desorbitados.
Elissa negó con la cabeza, para solo descubrir que aquel gesto le daba aún más nauseas.
Al salvar a Cailan, habían asegurado el futuro del reino. Eliminando las opciones de tomar el poder por Aedan o cualquiera de los otros Grey Wardens. Mientras Cailan se mantuviera ignorante del origen de Alistair, el chico estaría a salvo. Y su título como miembro de los Grey le mantendría impune frente a su mala voluntad de esta llegar a desarrollarse. Pero sería eso mismo que él consideraba un honor, lo que le llevaría a una muerte prematura de muchas maneras.
La joven Cousland consiguió estabilizarse sobre sus pies, permitiéndole a Bethany que la acompañara hasta sentarse en la cama.
"Es mi culpa" pensó. "Todo es mi culpa. Si me hubiese quedado callada… Si no hubiese hablado con los Grey Wardens…" la imagen de la sonrisa de Alistair cuando defendió a Cailan, los momentos que había pasado con su hermano y lo feliz que parecía cuando creía que nadie lo estaba mirando…
"Ya…no hay marcha atrás" con las manos temblorosas se apartó los cabellos del rostro.
La mano delgada de Bethani le recorrió la espalda de arriba abajo. La muchacha seguía brindándole su magia, calmándole el alma. Así se mantuvo hasta que la respiración de Elissa se normalizó.
¿Qué ha pasado? – le preguntó con voz suave, la misma que Elissa usaba cuando hablaba con Oren. Elissa inspiró hondo, intentando mantener su compostura. Sin embargo, cuando habló, su tono falló.
Cre…creo… que he cometido un error. –
Aedan atravesó el pasillo con paso firme. Habían acordado una reunión en la mañana y quería ser uno de los primeros en llegar. No solo porque su cargo lo requería, sino porque había un asunto que quería discutir con cierto asesino. Abrió la puerta sin ningún tipo de delicadeza, encontrándose a su hermano mayor conversando con Leliana. La mujer reía animadamente, pero Fergus se encontraba contrariado. Aedan no necesitó estudiarlo mucho para comprender que hablaban de Alistair y como podría beneficiar a su hermana aquel compromiso.
El susodicho no estaba demasiado lejos. Intentaba mantener una conversación con Wynne, pero la anciana parecía llevarle la delantera. Podría estarle dando consejos, pero parecía que le tomaba en pelo… como hacían todos. Los ojos de Cailan y Darrian le siguieron mientras avanzaba. Aunque la mayoría de sus compañeros ya habían llegado y algunos se ensartaban en conversaciones más complicadas que otros (como Sereda que intentaba hablar con Morrigan, Amell y Sten al mismo tiempo) Aedan tenía un solo objetivo. Uno que estaba sentado en el marco de piedra de la ventana. Solo.
No puedo evitar notar lo rápido que te largas una vez que hemos terminado. –dijo nada más llegar a su lado. Aunque no alzó el tono de voz, tampoco intentó disimular su disgusto.
Instantáneamente la comisura de los labios del elfo se amplió, mostrándole una sonrisa picarona que agitó el corazón del Grey Warden.
Ooh, ¿eso es una invitación, quizás? – le dijo Zevran con aquel tono sugerente que sabía hacía mella en su armadura.
Si para estas alturas no te das cuenta comenzaré a dudar de tu reputación. – Aedan cruzó los brazos sobre el pecho, intentando por todos los medios mantener sus sonrojos bajo control. Sin embargo, cuando Zevran se levantó de su improvisado asiento el Grey Warden tuvo que apretar los dientes para mantener una expresión serena.
Solo trato ser discreto. – contestó Zevran con zalamería – ¿qué pensarían nuestros camaradas si supieran que nuestro intrépido líder encuentra placer entre mis manos? – a medida que hablaba, su tono se iba volviendo más bajo. Sin embargo, el brillo de su mirada y la curva de su sonrisa eran un claro indicativo para Aedan de que solo lo estaba probando. – Claro está que algunos podrían… desaprobarlo – Esta vez Aedan observó los ojos de Zevran desviarse sobre su hombro.
A Aedan nunca le había preocupado la opinión de los demás. Incluso cuando estaba con Guilmore solo se escondía para proteger la reputación del hombre. Pero con Zevran… Se giró, observando seis pares de ojos sobre su nuca.
Comenzando por Wynne. La hechicera le miraba sin disimulo alguno, para una persona de su edad Aedan pensó que la mujer tendría un poco más de tacto. Sin embargo, no la conocía como para emitir un criterio, ni ella los conocía a él o a Zevran para estar especulando. Tristemente, no podía decir lo mismo del resto. Sereda les miraba sobre su hombro, la enana tenía una expresión neutral y aunque Aedan no pudo detectar disgusto en sus fracciones si había un poco de tristeza y soledad en su mirada. Contrariamente de la mirada oscura de Morrigan o la divertida de Amell. Esos dos solo estaban de acuerdo cuando se trataba de molestar a Alistair y aunque Aedan compartió con Morrigan algunos coqueteos al principio, no alcanzaba a comprender aquella oscuridad en su mirada. Casi tan intensa como la de Darrian. El elfo parecía reprochar cualquier relación con los humanos. Para Aedan era un hipócrita, pues el mismo Darrian pasaba más tiempo con Cailan que con sus compañeros elfos.
Sin embargo, que fuese Fergus quien le observase con más reproche hizo que le doliesen las entrañas. Sostuvo la mirada de su hermano por unos instantes antes de que Leliana atrajese la atención del heredero de los Cousland dándole un suave toque en el hombro.
Hacía algún tiempo que se lo preguntaba, ¿qué estaba pasando exactamente con la barda y su hermano?
Sin embargo, aquel no era el momento para preocuparse por todos ellos. Le gustaba Zevran. Mucho más que Alistair por lo menos. Sus sentimientos y él habían llegado a un acuerdo, y claramente Zevran estaba en el. Así que intentaría atarlo de todas las formas que conocía. Pero debía se sutil, o el astuto asesino escaparía… el problema era, que la sutileza no era una de las cualidades que le salían con naturalidad. Tenía que trabajar para extraerla de su carácter impulsivo. Por suerte, había aprendido algo de la persuasión de su madre. Y aquel conocimiento se había vuelto útil con el tiempo.
Regresó la vista al elfo a su lado, encontrándole con los ojos clavados en su rostro. Zevran siempre parecía estarlo observando. Evaluándolo. Pero Aedan comenzaba a entenderlo. Con el pasado tan oscuro que tenía el sujeto, no era propenso a abrir su corazón con facilidad. Lástima que fuera diferente con sus piernas. Zevran usaba su cuerpo para usurpar la voluntad de otros. Y Aedan debía asegurarse de esconder lo fácil que le había conquistado a él.
Ooh ¿Tratas de cuidar mi reputación? Que lindo eres. –
Pues gracias. – se burló el elfo – solo pensé que escuchar rumores que te relacionaran con las primeras seis letras de esa palabra seria… adecuado ¿sí?-
¿Qué tiene de malo algunos chismes? Podría ser hasta divertido – contestó el humano con una amplia sonrisa, obteniendo la aprobación de Zevran.
Estás lleno de sorpresas, mi Grey Warden. Por un instante pensé que te dejarías arrastrar por la presión social. – ante sus palabras sarcásticas Aedan soltó una sonora carcajada.
La única presión que me ocupa ahora mismo es la del Blight y créeme… - dio un paso en su dirección, inclinándose para hablarle al oído – eres lo único que me ayuda a olvidar. –
Sigue así – contestó Zevran con una baja risita – llegarás muy lejos. –
Sin embargo, - contestó el Grey Warden fingiendo una seriedad que no sentía. – dejemos estos asuntos para la noche. Cuando estemos… solos. – le guiñó un ojo antes de apartarse despacio.
Podía sentir el calor de la mirada del elfo sobre su espalda. Y por el Hacedor como le volvía loco. Sin embargo, tampoco podía desesperarse. Zevran le había entregado su cuerpo, pero el quería su corazón más que nada… debía desviar su atención lo antes posible. Así que cuando sus piernas le llevaron involuntariamente frente a Alistair, dejó escapar un suspiro.
Una palabra. – dijo, sorprendido de la dureza de su voz.
Vio al joven templario palidecer bajo su mirada. Sin embargo, Alisatrir se levantó y le siguió hasta una esquina de la habitación. Aedan esperaba que Fergus se les uniese, pero su hermano parecía más interesado en lo que Leliana tenía que decir. Así que comenzó.
He estado pensando en tu petición de anoche. – los hombros de Alistair se tensaron, mostrándole lo nervioso que estaba el muchacho. Hasta cierto punto le resultaba divertido. – Quiero dejarte algo claro. Si la haces llorar al menos una vez, te golpearé. –
La exhalación de templario resultó épica. Estaba tan aliviado que Aedan creyó que se caería al suelo.
No lo haré. Lo juro. – se apresuró a contestar el muchacho.
Además… - sus ojos se clavaron severos en los de Alistair. – Si hay algo más que me estés ocultando es mejor que me lo digas ahora. Antes de que la situación se complique aún más. –
Por un instante Alistair pareció herido. Como si la sugerencia de Aedan de que guardaba secretos lo lastimase profundamente.
No es así. Te lo juro, no lo oculté porque desconfiase de ti es que… - se apresuró a decir y aunque Aedan cruzó los brazos sobre el pecho le escuchó en silencio – la gente…cambia cuando lo saben ¿Entiendes? Me…tratan diferente. Incluso Duncan me envió a la torre de Ishal para mantenerme a salvo de la batalla. –
"Por supuesto que Duncan lo sabía" pensó Aedan, rodando los ojos de manera involuntaria. Sin embargo, recordaba que no había sido Duncan quien le enviase a la torre, sino el propio Cailan. "¿Significa eso que Cailan lo sabe también…?" pensó. Por un instante captó la mirada del rey sobre ellos. Cailan le sonrió en cuanto sus ojos chocaron, dejando a Aedan con una extraña sensación en el estómago.
Sé que no te burlarías como hacían los templarios en la capilla durante el entrenamiento. Pero… yo quería ser… Alistair. No el bastardo de alguien… solo Alistair… ¿Eso es malo para tí? – murmuró el muchacho observándole con aquellos ojos que aún le inquietaban.
Le costaba enojarse frente a aquella mirada. Aedan sabía que si Cailan hubiese muerto, aquel hubiese sido un detalle crucial para ganar la guerra. Elissa lo sabía, así que no hubiese permanecido oculto, pero le resultaba molesto enterarse por otros cuando ellos supuestamente se llevaban bien. Sin embargo, Cailan estaba vivo y sano. Una vez que Arl Aemon se recuperase serían unos aliados invaluables contra Loghaing. Así que "Realmente no ha motivo para estar enojado con él."
Un suspiro escapó de los labios del Grey Warden.
Afortunadamente lo único que salió herido fue mi ego. No puedo decirte que lo entiendo del todo, porque siempre he sido "el hijo de" pero... – comentó Aedan extendiéndole la mano. –Te perdono. Solo no me escondas secretos importantes. –
El rostro de Alistair se iluminó, cubriéndole el rostro de una amplia sonrisa. Para cuando le tomó la mano extendida, él mismo estaba sonriendo como un tonto.
Aedan le despidió tras obtener su promesa. No negaría que estaba tranquilo y satisfecho de resolver aquel mal entendido. Sin embargo, tan pronto como Alistair se alejó, Sereda se acercó con paso decidido. En sus manos traía una bolsa grande que sostenía con ambas manos.
Hay algo que quiero mostrarte. – le dijo con precaución, pero cuando Aedan asintió continuó con un – afuera. –
Sereda no esperó a su respuesta, sino que se apresuró a la puerta abierta de la habitación. Cuando Aedan se deslizó fuera, sintió el susurro de unos pasos a su espalda. Cuando aquel murmullo se esfumó en el aire supo que eran de Zevran. Aunque quiso, no pudo evitar sentirse satisfecho.
Tú dirás.- dijo tras detenerse en el pasillo y cerrar la puerta.
Anoche durante nuestra reunión omití información. – frente a las palabras de la enana Aedan frunció el entrecejo. "Otro más", pensó el hombre.
Guardó silencio, cruzando los brazos sobre el pecho. Sintiendo que aquella postura se volvería permanente en su figura.
¿Alguna razón en particular?- su tono angosto no intimidó a la enana. Sino que ella apoyó en un brazo su carga y removió el contenido de la bolsa.
Entre sus brazos un libro forrado de piel negra y rugosa reposaba impasible. El grosor indicaba claramente que no se trataba de un libro común. El color de las páginas y lo gastado del encuadernado implicaban que también era muy viejo. A simple vista solo resaltaba unas finas letras cosidas en la piel con hilos de plata. Letras que denotaban un nombre que todos ellos conocían.
"Flemeth"
Los ojos de Aedan se cruzaron con los de Sereda. La enana extendió los brazos, ofreciéndole el volumen a Aedan. Al sostenerlo entre sus brazos le sintió tan pesado como su escudo y su espada juntos. Pero el peso era lo que menos le preocupaba. Sereda no solo había robado aquel libro, sino que lo había introducido en Redcliffe sin hacerse notar.
Lo encontré en el estudio de Irving. El Gran Enchanter– aclaró la enana, ganándose una mirada inquisidora del hombre. – Le pertenece a Morrigan – sentenció.
Si eso piensas ¿por qué me lo has traído a mí primero? –
Porque no soy tonta – la contesta de la mujer. Sus palabras, aunque insolente, no estaban cargadas de reproche – Soy consciente de que Flemeth es una bruja, una apóstata con mucho poder y conocimiento. Morrigan, sin importar lo bien que se lleve con tu hermana, es extremadamente reservada. Desconfía de muchos de nosotros. Darle este libro nos daría su aprobación, pero a la vez nos privaría de un conocimiento valioso que podríamos utilizar. –
Aedan tuvo que contenerse para no alzar las cejas. Sereda había sido criada en la alta corte de los enanos. Era miembro de la casta más pura. Y como tal, podía ser tan sínica como cualquier humano cortesano involucrado en la política.
Entonces, quieres que le entreguemos el libro a Morrigan después de haberlo investigado. – resumió Aedan.
Sugiero que lo hagamos. – contestó la mujer sin inmutarse. – Pero usted es nuestro líder. Quiero que se haga lo que estime conveniente. –
Por unos instantes Aedan lo consideró. Sabía que necesitaría pensarlo más que unos minutos, así que lo consultaría con la almohada esa noche. Sin embargo, la línea de pensamiento de Sereda era exacta y lógica. Lamentablemente ambos distaban en sus criterios individuales.
Aedan consideraba que sin importar lo que hubiese plasmadas en esas páginas, al pertenecer a Flemeth, el libro era directamente pertenencia de Morrigan. Por lo tanto debía serle entregado en mano sin mirarlo siquiera. Sereda no expresaba su criterio personal, sino que buscaba recursos a gastar en la guerra. Y frente a las circunstancias, la decencia de Aedan se veía opacada.
Después de todo, ahora era un Grey Warden, no Aedan Cousland, y la realización de aquello le costaba casi tanto como aceptar que Sereda estaba más preparada para dirigir que él.
Aedan meció el libro entre sus dedos un momento, observando de tanto en tanto a Sereda. Finalmente, optó por abrirlo. Topándose entonces con un lenguaje que no conocía.
No es nuestro – aclaró la enana, implicando que aquel alfabeto no pertenecía a los enanos. – Ni siquiera es similar a las antiguas escrituras que he encontrado en el deep road. –
Tampoco pertenece a ningún lenguaje humano que yo haya visto. – murmuró Aedan. Y a menos que todo fuesen maleficios, tampoco parecía una lengua extranjera.
Zevran – llamó.
A su lado apareció la delgada figura del elfo. Su súbita presencia sobresaltó a la mujer. Aparentemente ella no le había escuchado, ni estaba preparada para su llegada. Por su parte, Aedan no mostró señales de detectar su sorpresa, sino que extendió el libro abierto frente al rostro del elfo. No habían transcurrido un segundo antes de que Zevran anunciase:
Es élfico. – la seguridad en su voz hizo que ambos le mirasen con el entrecejo fruncido.
¿Estás seguro? – preguntó Sereda.
Totalmente – Zevran fue lo suficientemente descarado como para fingirse ofendido – Personalmente, he visto ese tipo de escritura una o dos veces en mis trabajos. Todos libros muy viejos. Tomados por mercaderes de ruinas en los bosques o algunos ladrones que los sustrajeron de los campamentos dalish para venderlos a buen precio. –
¿Los dalish? – preguntó Aedan, obteniendo una sonrisa socarrona de parte de Zevran.
¿Puedes leerlo? – preguntó Sereda, ya que Aedan seguía observando fijamente al elfo.
¿Cómo podría? – contestó el sujeto sin dignarse a mirarla, manteniendo toda su atención en los azules ojos del Grey Warden. – Puede que mi madre fuese dalish, pero mi crianza fue enteramente en Antiva. Me temo que más información que esa no puedo dar. –
Tal vez Surana pueda. –concluyó Aedan, encarando finalmente a la mujer. – Es mago y elfo. –
Y dalish – concluyó Sereda, ganándose una mala mirada de Aedan.
"Otra cosa que no sabía."
Perfecto – dijo entre dientes. Cerró el libro entre sus manos y lo devolvió a la bolsa de Sereda. – Imagino que el chico aún está en las celdas con Jowan. Ya que ha decidido saltarse nuestras reuniones iré a llevarle esto. Seguramente lo encontrará lo bastante interesante como para obedecer. –
Estaba dispuesto a marcharse cuando Sereda habló de nuevo.
Hay algo más. – dijo haciendo que Aedan se detuviera. – Ayer en la noche, luego de la media noche, Morrigan le dio una visita a su hermana. Llevaba con ella una mochila y cuando se retiró la mochila estaba vacía. Como informé anoche, los magos que se quedaron atrás informaron que ellas desaparecieron unas horas mientras nosotros estábamos fuera. Tal vez "el motivo" estaba dentro de esa mochila. –
Un sonoro suspiro abandonó los labios de Aedan cuando contestó.
Gracias por la advertencia – dijo al marcharse sintiendo a Zevran seguirle los pasos.
La actitud de Sereda le irritaba. No es que no la comprendiera. Ella era una líder natural y claramente podía hacer el trabajo. El problema era que a pesar de ser de cuna noble, los padres de Aedan no le enseñaron a desconfiar tan ciegamente de todo el mundo. Si estaban peleando juntos, si eran aliados, lo mínimo que debían hacer era intentar confiar los unos en los otros. Y eso no incluía ir revisando la propiedad privada.
No estaba acostumbrado a la desconfianza y la frialdad que Sereda le había mostrado. Pero la mujer era de todos la más dispuesta a cooperar. Seguía sus órdenes al pie de la letra aunque no le gustasen y le mostraba respeto. Por lo tanto él le debía el mismo respeto. Tristemente sus argumentos resultaban válidos y él se quedaba sin razones para negarse.
Sí había una cuestión en la que la apoyaba, y esa era el secretismo de Elissa con Morrigan. Su excusa para ir a la torre fue ver a Irvin para preguntarle por sus visiones. Sin embargo, en el reporte, sus compañeros le informaron que la mujer parecía evitar al Enchanter. Era sospechoso incluso para él que hubiesen desaparecido un par de horas y que Elissa ni siquiera le hubiese insinuado su pequeña "expedición".
Aunque estuviesen relacionadas con su visión, ella no tenía motivos para esconderle información. Existía la posibilidad de que creyese que Aedan desaprobaría sus decisiones. En ese caso… tal vez hacía bien en quedarse callada.
Aedan siempre fue un chico curioso, pero había aprendido que habían verdades que era mejor ignorar. Su hermana lo sabía, así que tal vez, aquella era una de ellas.
Con aquellos pensamientos se consoló. Hasta que descendió las escaleras que conducían a la prisión.
Frente a la celda de Jowan se encontraba Elissa, sentada en el piso frente a Surana. El elfo de cabello rojo la miraba con sus ojos verdes abiertos como platos. Aunque él estaba sobre una silla con la espalda erguida su rostro quedaba a la misma altura que el de la joven, a quien observaba con inmensa ternura. Entre sus pequeñas y pálidas manos sostenía las de la muchacha y sobre la túnica de sus muslos reposaba un recipiente de cristal decorado con enredaderas de oro. El contenido del recipiente era del mismo rojo que la larga trenza escarlata del elfo.
"Ooooooh" escuchó murmurar a Zevran. Como si aquella escena fuese lo más interesante del mundo. Sin embargo era demasiado evidente como para evitarle sumar dos y dos. Aquel recipiente, fuese lo que fuera, debía ser lo que Elissa tomase de la torre. Y él averiguaría lo que era, así como el por qué su hermana no se lo había comentado.
Pretendía acercarse en silencio para captar algo de la conversación que ya moría. Sin embargo, una voz femenina y suave arruinó sus planes.
Warden Cousland – le saludó Bethany, quien estaba recostada a los barrotes de la celda del frente, alertando a los demás.
Aedan no la había visto desde su posición tras la columna, pero seguramente Zevran sí. Cuando miró sobre su hombro para criticarle el no haberle advertido encontró que había desaparecido.
Suspiró.
Tal vez era mucho esperar que Zevran fuese su cómplice en cada pequeño detalle.
"Tal vez ahora. Pero veremos más adelante" pensó.
Aunque el elfo se apresuró a esconder el vial en el interior de su túnica Elissa encaró a su hermano con una sonrisa. Los ojos de la mujer lo recorrieron, brillando en reconocimiento frente al inmenso libro en los brazos de Aedan. El desconcierto se reflejó en sus fracciones, sin embargo, tuvo la discreción de no hacer preguntas al respecto.
Hermano – dijo llegando a su lado - ¿Ya ha comenzado la reunión? –
¿Cómo podría cuando algunos de nuestros camaradas se rehúsan a participar? – su tono fue suave, pero venía cargado de una fuerte crítica a Surana.
Por supuesto que el elfo captó la indirecta. Contrario a la que Aedan había esperado se puso de pie.
Me disculpo por mi comportamiento. – contestó el elfo de cabello rojo haciéndole una reverencia a Aedan. – de ahora en adelante prometo no ausentarme. –
La seriedad de su tono sorprendió al Grey Warden. Instintivamente sus ojos cayeron sobre su hermana. La sonrisa de su rostro le hacía pensar que lo que hubiese hecho tal vez era persiguiendo ese objetivo. Le preguntaría a Amell que significado tenían dichos viales de sangre. Pero antes…
Bien. Ya va siendo hora de comenzar a trabajar. Agradecería que todos os encaminarais hacia la sala de reuniones. – dijo recorriendo con la vista a los presentes.
Frente a un asentimiento general Aedan aguardó a que todos salieran. Como esperaba Surana se retrasó despidiéndose de Jowan. Así que cuando Aedan cerró la puerta de los calabozos ellos estaban solos en el pasillo.
Tengo un encargo para ti. – aunque habló bajo, su tono resonó en las paredes con fuerza. – Es importante que lo mantengas en secreto, sobre todo de los otros magos. –
Surana le observó inquisitoriamente.
Lady Cousland me advirtió que mis servicios serían necesarios. – contestó el joven casi en un susurro. – No esperaba que fuese tan pronto. –
Aedan apretó los puños. Al final tendría que agradecerle a su hermana. Sin embargo, no tenía tiempo de dudar. Elissa había sentado las bases y él debía de poder utilizarlas. Movió el libro hacia adelante.
Este libro está escrito en la lengua de los Dalish. – mientras se lo ofrecía notó como Surana leía la inscripción. Sin embargo, aunque su mirada se oscureció no protestó. – Me gustaría que lo leyeras e hicieras un reporte sobre su contenido. Si hay algo últil que se pueda utilizar contra el Blight, sería prioridad. –
Surana abrió el grueso volumen, sosteniéndolo con dificultad. Aedan sabía que era pesado, pero el pequeño elfo podía mantenerlo entre sus brazos. El chico leyó algunas oraciones antes de asentir con suavidad.
Esto tomará tiempo. Algunas palabras están escritas en lengua antigua. Comprendo la mayoría, pero necesitaré estudiar un poco más. – contestó finalmente.
Tómate el tiempo que necesites. Es fundamental que nadie sepa lo que estás haciendo. Mantenlo oculto. Sobre todo de… -
Morrigan – concluyó el elfo. – Comprendo. Os pido entonces que esperéis unos minutos por mí. Debería dejarlo en mis aposentos a buen recaudo. –
Me aseguraré de no colocarte un compañero de habitación. Debemos manejarlo con la mayor discreción posible. –
Surana asintió. Aedan le escoltó hasta sus aposentos para asegurarse de que nadie viese el contenido de sus brazos. Cuando finalmente el elfo dejó el libro dentro de un baúl, bajo varios candados los dos hombres regresaron a la sala de reuniones.
El Grey Warden observó a Zevran conversando con Elissa y Bethany en una esquina. Nunca supo cuando el elfo dejó su lado, pero por su expresión llevaba algún tiempo contando aquella historia…cualquiera que esta fuera. Amell se adelantó al ver entrar a Surana, sin embargo el joven elfo le reviró los ojos, yendo a sentarse cerca de Lady Cousland.
Aedan se aclaró la garganta.
Ya que estamos todos, es hora de planear nuestro siguiente movimiento. –
¡Finalmente! – saltó Cailan apresurándose a ponerse junto al Grey Warden. – Ya comenzaba a ponerme ansioso. ¿A dónde vamos esta vez? ¿Con los dalish? ¿Los enanos? –
El entusiasmo de Cailan era prometedor. Sin embargo, por su papel en el futuro, era un recurso que no podía usar demasiado.
Deberíamos ir al sitio que tuviese mayores dificultades. – propuso Wynne – Seguramente habrá locaciones que se encuentren en caos similares al de la torre. –
Sin ofender Wynne, pero todo Ferelden está sumido en el caos. – intercedió Amell. – Los elfos están en conflicto con los werewolf, los enanos están sin rey y Aerl Aemon sigue inconsciente. –
Eso sin olvidar que un grupo tendrá que quedarse en el castillo. – les recordó Alistair acercándose al rey. –Mientras Conner siga poseído debemos mantenerlo vigilado para que no intente otra de las suyas. –
Seguimos arrastrando el asunto del Arl – la voz de Fergus Cousland provino del sitio donde se encontraba sentado con Leliana. – Aunque los magos lleguen a tiempo, no podremos hacerlos esperar para siempre en el castillo.
Justamente por eso es que debemos encontrar las cenizas de Andraste. – habló Leliana. – Elissa habló hace un tiempo de Heaven y del Hermano que está investigando el pueblo. – sus ojos viajaron a la mujer - ¿No es así? –
Elissa asintió.
El hermano Genitivi tiene una casa en Denerin. Como ya mencioné antes, está ocupada por un miembro del culto que mató y suplantó la identidad de su aprendiz. Sin embargo, en su casa aún esta su diario de investigación. Con la ubicación exacta de Heaven. –
Por lo tanto, un grupo pequeño irá hasta Denerin. – sentenció Aedan. Las miradas de todos cayeron sobre él. – Le pediremos caballos a Teagan para hacer el viaje rápido. Si cabalgan día y noche deberían estar de regreso a más tardar en tres días. –
Yo iré – se brindó de inmediato Cailan. Sin embargo, Aedan se lo negó.
Tengo otros planes para su alteza. – dijo con sarcasmo.
¿Los tienes? – la pregunta casi general sorprendió a Aedan. Esperaba que Cailan y Alistair se sorprendiera, pero que Darrian y Amell saltaran le resultó cómico.
Así es. Mientras Amell, Alistir, y Elissa van a Denerin – continuó Aedan dando ya los nombres de la primera misión – Darrian, el rey Cailan, Zevran, Morrigan y Wynne irán a hablar con Zatrian y los hombres lobo. –
¿Cómo? – Ante la pregunta azorada de Amell, Aedan alzó la vista. – Perdona, pero si no recuerdo mal, habíamos quedado que Sereda iría a esa misión. –
Lo recuerdo – contestó Aedan – Sin embargo, Sereda acaba de regresar de la torre y sus heridas no han sanado del todo. –
Elissa alzó las cejas. No supo nunca que le enana estaba herida. Por las reacciones de los demás, ellos tampoco. Sin embargo, captó la mirada de reproche que la enana le dirigió a Zevran…
Entonces… ¿Darrian dirigirá la misión? – preguntó Surana.
Como ya dije, tengo otros planes. – Aedan extendió el brazo, colocándole la mano en el hombro a Cailan. – Cailan se encargará de llegar a un acuerdo con los elfos. Él es después de todo el rey de Ferelden. Como Grey Wardens, es beneficioso ganarnos el favor de los Dalish, sin embargo, cuando esto acabe volveremos al olvido. Ferelden seguirá ahí, al igual que los dalish. Me parece una buena oportunidad para hacer las paces. –
Cailan intercambió una mirada con Aedan. El monarca parecía que lo examinaba, como si creyese que tenía algún plan o algún deseo oculto. Un método de manipulación que usaría luego. Sin embargo… no encontró nada en el rostro del Grey Warden. La sala se llenó de silencio en espera de su respuesta.
Muy bien. – aceptó Cailan. – ¿Y tú que harás? – Aedan inclinó el rostro. Se apartó de Cailan y caminó hacia el centro del cuarto.
Me quedaré en redcliffe con los demás. Montaremos guardia tras las puertas de Connor y protegeremos al Bann y su familia.
En conjunto asintieron.
¿Y por qué yo no puedo quedarme? – se quejó Amell – También acabo de regresar de una misión.
Eres un mago poderoso y estás en perfectas condiciones. No te comportes como un crio. – le regañó Wynne, dejando zanjado el asunto.
¿Y por qué Elissa debe ir a Denerin? – intervino Fergus – Somos buscados. Hacerla ir allí es colocarla en uno posición delicada. Justo en las narices de Howe. ¡Es peligroso! –
Es la única que conoce la ubicación de la casa del hermano Genitivi. – contestó Aedan. – Que ella valla disminuiría el tiempo de viaje de la misión.
No te preocupes – comentó Lelyana con dulzura guiñándole un ojo a Elissa – Va bien guardada. –
Las chicas intercambiaron una mirada llena de complicidad.
Por el momento eso es todo. Fergus, Elissa, Sereda, Alistair, Amell, una palabra. El resto valla por su equipo y prepárese para partir. –
Con un asentimiento general la habitación quedo con solo aquellos que mencionase Aedan. Cuando la puerta se cerró a su espalda, el Grey Warden continuó.
Bann Teagan nos ha informado de que una guerra civil está empezando en el Bannon. – murmuró.
Por eso enviaste lejos a Cailan – dijo Fergus en el mismo tono que su hermano. Como respuesta, Aedan asintió.
No creo que sea capaz de estarse quieto en el castillo si escucha sobre el tema. Pedí a Teagan que cooperara y prometió no decirle nada a nadie. Por suerte, aún no sabe de Cailan. De lo contrario, no podríamos pararlo.
Le has puesto a un par de problemáticos – comentó Sereda – ¿crees que podrá controlarlos? –
A Morrigan puede que no, pero Darrian le hará caso. Se llevan bien por algún motivo y pretendo utilizarlo. –
Un movimiento inteligente – comentó Amell.
Ustedes dos – esta vez Aedan se dirigió a el y a Alistair. – Si algo le pasa a mi hermana los colgaré de los pulgares. –
Oh vamos ¡no sirven tus amenazas! – contraatacó Amell – este tipo está enamorado de tu hermana. Morirá él antes de que yo siquiera termine de conjurar. – dijo con sarcasmo sin darse cuenta de los sonrojos que sus palabras habían provocado.
Soy precavido. Sin embargo, tan pronto como terminen emprendan el viaje de regreso. Yo crearé varios escuadrones pequeños para que patrullen el Bannon y apoyen a los hombres de los Bann contra Loghain. –
No podemos permitir que se quede con esas tierras – la dureza en la voz de Alistair puso nerviosa a Elissa. Sin embargo tenía razón. Ella lo sabía.
Solo comenzaba a serle inconveniente el rencor que escuchaba contra Logainh.
Alístense pues. En la noche me reuniré con los que quedan para decidir las divisiones y los turnos de patrulla. – se acercó a su hermana, dándole un beso de despedida y…sin más se retiró.
Sin embargo, no fue a su habitación, ni bajó a pedir los cabellos para Cailan, sino que fue directo al cuarto de Zevran. Abrió y cerró la puerta sin preocuparse si era bien recibido o no.
Bueno. Eso fue extraño. – escuchó decir a Zevran antes de que se diese la vuelta. Primero me hablas como si esperases diversión para la noche y entonces me envías lejos. ¿Ahora quien es el que tiene prisa? – la burla en su voz hizo difícil para Aedan descifrar el contenido de su corazón.
Necesitaba un eslabón que estabilizara ese grupo. – se defendió sin alzar la voz en lo absoluto.
¿No fue por eso que enviaste a Wynne? – le sonrió el elfo.
Tú puedes darme detalles que Wynne no. – ante sus palabras, la sonrisa del elfo se torció.
Así que me envías para espiar. –
En esta guerra donde nos guiamos por rumores y visiones… - extendió la mano, envolviendo entre sus dedos un mechón de cabello de Zevran. – unos cuantos murmullos no me harían daño. – la respiración de Zevran se volvió inquieta por un segundo ante el tono grueso de Aedan. Sin embargo, disimuló su excitación.
Te encanta provocar… pero dime ¿Cuál de todos los del grupo quieres que vigile? ¿Morrigan? –
Aedan negó, observando el cabello del elfo como si fuesen hebras de oro.
Cailan. –
¿Tu rey? Se escucha interesante. – susurró el elfo, fijando la vista en los ojos de Aedan.
Quiero saber que hace, que dice, si se enoja, en que circunstancia. Si grita, si llora, quiero saberlo. –
Ummn. Tanto detalle. Vas a hacer que me ponga celoso. – entonces los iris de Aedan subieron, cayendo sobre los del elfo fijos en el.
Con solo aquel gesto, Aedan entendió que Zevran se estaba burlando de el.
Lo que más me interesa es la naturaleza de su relación con Darrian. – ante sus palabras Zevran alzó una ceja.
¿De verdad? –
Claramente Darrian quiere algo de él. Averigua que es. –
¿Y entonces qué? ¿Me darás una recompensa? – la malvada sonrisa del elfo se extendió hasta sus ojos.
Eso depende… de que tan bien hagas el trabajo. –
Zevran entrecerró los ojos. Se aproximó, rozando son sus dedos las placas de la armadura del pecho de Aedan.
¿Y qué pasó con lo de: "Tú te mantienes al alcance de mi mano. Punto"? –
Aedan alzó una ceja. No recordaba haberlo dicho. Pero tampoco se acordaba de todo lo que le había dicho a Zevran. Menos durante los primeros días de conocerse. Tal vez… había sido demasiado rudo con el. Extendió sus manos, rodeando la cintura del elfo.
Confío en ti, Zevran – Sus palabras impactaron tanto al elfo, dejándole tieso entre sus brazos. – Lo digo en serio. – se inclinó hacia abajo, dándole un suave y rápido beso en los labios antes de hablarle en un susurro. – regresa a salvo. –
Sus brazos se alejaron. Cuando cerró la puerta a su espalda el elfo seguía de pie… en la misma posición en que Aedan lo había dejado. Observaba la puerta como si un espectro recién abandonase el lugar. Y aunque el rugido de la excitación se manifestaba en su vientre era el ronroneo de su pecho el que le preocupaba.
Zevran supo que debía andarse con precaución con el líder de los Grey Warden… o se arrepentiría en su afán de utilizarlo.
NA: Aquí está el otro capt. Espero que les gustase, a mi me pareció que quedó muy tiernitoooo. Jeje.
