—Deseanos suerte Darling.

—Buena suerte Honey, Tsugumi. Que gane la mejor.

—Será mejor que no me menosprecies Tsugumi. Puede que no haga mucho deporte pero sabes lo bien que se me da esto —anunció vehemente Chitoge con una sonrisa llena de confianza en el rostro. Botaba el balón de voleibol contra el piso de madera de la cancha, ansiosa por empezar a jugar.

—Por supuesto que no Milady; y no se preocupe, daré mi mejor esfuerzo —vociferó Tsugumi del otro lado de la cancha mientras estiraba los brazos y tronaba su cuello. Su rostro mostraba una expresión serena pero su corazón latía con la misma excitación. No todos los días tenia la oportunidad de jugar seriamente contra su señorita.

Ambas caminaron junto al resto de las jugadoras y tomaron posición en la cancha. El pitido del silbato resonó en el polideportivo y Chitoge lanzó el balón al aire, realizando un saque alto que dio inicio al juego.

Raku se sentó en la banca mientras observaba el juego relajadamente, rememorando cómo es que había acabado allí viendo a las chicas jugar voleibol, en vez de estar haciéndose cargo de sus queridos animales en el refugio.

Acabada la jornada escolar, se encontraban los tres como de costumbre haciéndose cargo de los animales. Chitoge estaba alimentando a Margarita las patas de chivo que tanto le gustan. Las lanzaba al aire y el enorme cocodrilo de agua salada saltaba desde su charca tan alto como un delfín, atrapándolas en el aire con sus poderosas mandíbulas (un truco que le enseñó la rubia por cierto), para después tragarlas de un bocado. Del otro lado del refugio un alboroto de graznidos rompía con la quietud del lugar. Gallinas, gaviotas, búhos, cuervos y otro sin fin de distintas especies de aves rodeaban a Tsugumi, que con costal de cincuenta kilos al hombro, las alimentaba con alpiste. Y finalmente el, estaba paleando un montículo de mierda tan grande como el que se vio en Jurassic Park, meditando si sería rentable adquirir un tractor para limpiar esos desastres de proporciones bíblicas. Imposible, se dijo a sí mismo mientras meneaba la cabeza desesperanzado. Con el bajo presupuesto del refugio, no podría permitírselo.

Fue entonces cuando los quehaceres del trío fueron interrumpidos por un par de chicas del equipo de voleibol (fácilmente reconocibles por su blusa oficial) que llegaron corriendo, se acercaron a Chitoge y empezaron a charlar. Raku, quien estaba sentado en un balde limpiándose la mierda de sus suelas, alcanzó a escuchar algunos de los gritos de su desesperada conversación:

—¡Por favor Kirisaki!, solo ustedes pueden ayudarnos. Lo que pasa es que tuvimos una pijamada para festejar nuestra victoria contra la academia Ichinose y al parecer el sushi que comieron estaba pasado. Cuatro cayeron enfermas con fuertes vómitos.

—Sakuraba se puso tan mal que tuvieron que llevarla al hospital para un lavado de estómago —añadió la segunda.

—Y necesitamos la práctica, ¡el torneo de prefectura es el próximo mes!

—Por favor Kirisaki. Sabemos que Tsugumi y tu están muy ocupadas aquí, pero solo será por la práctica de hoy. Te lo pedimos de rodillas.

Ambas chicas rogaron cabizbajas, con las palmas de las manos unidas y con una voz llena de angustia.

—¡No, no, no esta bien, no tienen porqué ir tan lejos!—respondió Chitoge—. Este tipo de cosas están bien para relajarnos de vez en cuando y la verdad es que suena divertido. Así que no se preocupen, ¡pueden dejárnoslo todo a nosotras! —zanjó ella con la barbilla en alto y sacando el pecho.

—¡Gracias Kirisaki!

—¡Te debemos una!

A Raku no le sorprendió que las chicas de voleibol le rogaran al extremo de hincarse por su ayuda. A estas alturas era bien sabido que este par de bellezas tenían reputación de ser unas titanes en el deporte. En los dos festivales deportivos de años anteriores, su grupo había salido victorioso sin mucho problema sobre la escuela entera, y no es precisamente que sean muy buenos (en especial Kosaki y el); pero Chitoge y Tsugumi lo hacían tan bien que cargaron con el equipo entero a sus espaldas y ganaron prácticamente solas.

—¡Tsugumi! —gritó la rubia, y como si hubiera utilizado el teletransportador de Star Trek, la guardaespaldas se materializó detrás de ella.

—A sus servicios, Milady.

—Las chicas del club de voleibol necesitan nuestra ayuda, apresúrate a terminar con lo que estés haciendo porque ¡hoy vamos a jugar voleibol!

—De inmediato —respondió la sicaria con una cálida sonrisa en los labios. Le enternecía el corazón ver a su señorita ayudar al prójimo.

—Y tu, el frijol que está sentadote haciendo nada —vociferó apuntándole con el dedo índice.

Raku quien estaba de espaldas, al escuchar su patético apodo dio un respingo y volteo a verla sobre el hombro.

—Pero si estaba limpiando el-

—Deja de hacerte el tonto que te vienes con nosotras.

—Pero si yo soy terrible en el-

—¿Crees que no lo se? Vienes para cargar con nuestras cosas.

—Me lo imaginé… —respondió el desganado con una lágrima derramada por su patético ser —a la orden madam.

—Y date un baño, que apestas.

Una anotación por parte del equipo de Tsugumi, trajo a Raku de vuelta al presente. Las chicas festejaron con vítores y chocando sus manos. El aprovechó la oportunidad para apreciar sus uniformes. Vestían la blusa oficial del equipo azul cielo con los logos de la escuela, mallas negras, y peinados de cola de caballo (incluso Chitoge se peinó así y le quedaba increíble). Todas lucían realmente lindas. Desgraciadamente para los espectadores, las invitadas del equipo solo vestían el uniforme regular de gimnasia. Que según Shuu, la escuela tiene uno de los uniformes menos sexys del país. Al parecer el pantalón azul y la blusa blanca que usan actualmente, están fuera de moda. 'Bloomers es el futuro' era su lema. Su pasión era tal que llevó su proposición ante la presidenta del consejo estudiantil. Raku lo encontró unos días después lleno de contusiones y heridas, crucificado en un pastizal a las afueras de la ciudad. En cuanto lo bajó, en un lastimoso hilo de voz le dijo: «No me rendiré hermano… juro por dios que no lo haré. Los bloomers son vida» y con una sonrisa en el rostro se volvió a desmayar. En fin, era una lástima. A Raku le hubiera encantado verlas vistiendo el uniforme de voleibol… en especial esos leggins tan ceñidos que usan.

Saque, devolución, pase, remate, anotación, festejo. Raku no tenía en claro las reglas del voleibol, después de todo él solo lo había jugado de manera casual aquí y haya. Pero lo que sí era fácil darse cuenta, era la manera en que Chitoge y Tsugumi jugaban, se diferenciaban bastante. La rubia jugaba de una manera más agresiva, sus tiros eran violentos y con una fuerza atronadora. Imagínate a Hulk jugando voleibol, ahora ponle un lindo listón rojo en forma de orejas de conejo en la cabeza, ahí lo tienes, esa era Chitoge. En cambio la peliazul era más astuta, su técnica era ágil y veloz, sus brazos se movían como una cobra en pleno ataque. No importa con que poder Chitoge disparara, Tsugumi estaba ahí para recibirla. El choque de estilos hacía recordar a la eterna pregunta de: ¿qué es mejor, la fuerza o la destreza? Parecía que hoy, en esta cancha, estaba apunto de haber una respuesta definitiva.

Final del segundo set. El juego iba uno a uno.

Chitoge y Tsugumi caminaron hacia Raku en la banca. Una fina capa de sudor cubría sus rostros y sus respiraciones eran agitadas. Raku no pudo quitarle los ojos de encima, sobretodo a la rubia. No era muy común verla tan cansada y esforzándose tanto, normalmente se pasaba la gimnasia por el arco del triunfo.

—Heee, así que eres la clase de pervertido que le gusta el sudor y las mallas… frijol pervertido —lo molestó Chitoge, con una mirada de asco con los ojos entornados.

—¡No soy ninguna clase de pervertido!

—Ichijou Raku, ¿¡acaso estabas viendo a Milady con ojos indecentes!? —Tsugumi que venía llegando, se unió a la riña.

—¡No lo estaba! —si lo estaba.

—Milady, déjeme sacarle un poco los ojos, con eso aprenderá.

—Dejalo Tsugumi, después de todo necesitamos alguien que nos traiga agua.

—¿Traerles agua? —preguntó él haciendo una mueca.

—Exacto, porque hoy eres el aguador oficial del equipo.

—¿Aguador? Tengo bastantes animales de los que hacerme cargo en el refugio como para encargarme de ustedes también…

—¿¡Que dijiste!? —vociferó furibunda.

El furioso puño de la rubia viajó como un cohete hacia su rostro pero antes de que impactara, Raku tomó una sabia decisión y recapacitó.

—Que su agua viene de camino señoritas. ¿No quieren un té también, botana? —nada como un poco de violencia visual para entrenar a su novio.

Raku hizo como un buen chico e hizo lo que se le ordenó. Caminó, o más bien, arrastró los pies derrotado hasta la máquina expendedora y compró bebidas para las chicas, incluso les trajo a las demás jugadoras también. Su cartera sufrió el más duro golpe.

Las chicas bebieron sus jugos y tés, algunas de un solo trago, estaban realmente agotadas. Chitoge terminó de secarse el sudor y le arrojó la toalla en la cara a Raku como si su cabeza fuera un bote de basura.

—Gracias Darling —grosera pero con modales.

El partido continuaba con más agresividad que antes. La rivalidad entre estas chicas no hacía más que crecer. Una chica de cabello oscuro hizo un remate alto y tendido, parecía que iba ser una anotación pero de la nada Tsugumi apareció como una sombra y la bloqueo con el antebrazo. Otra chica dio un mal golpe en un pase mandando el balón disparado al cielo, increíblemente Chitoge salvo la jugada con uno de sus saltos de changa con sobredosis.

Hubo un tiempo fuera, una chica cayó mal en un pase, lastimándose el tobillo. Raku rápidamente se ofreció para llevarla a la enfermería, y antes de que esta pudiera responder, él ya la tenía levantada en brazos estilo princesa, haciendo que un imperceptible sonrojo se extendiera sobre sus mejillas. Las demás chicas sonrieron ante su caballerosidad y un «¡Kyah!» se escuchó al fondo. Pero a quien no le cayó muy bien el acto fue a Chitoge y a Tsugumi. Les derretía el corazón verlo tan solícito, pero no podían evitar pensar que esos mimos deberían de estar reservados exclusivamente para ellas. Unos minutos después el joven del pin volvió anunciando: «La enfermera la revisó y dijo que solo es un esguince, con algo de hielo estará bien». Con un pronunciado suspiro dado por una de las chicas, el aura de preocupación fue reemplazada por una de alivio. El juego continuaba.

Tsugumi saltó para hacer un saque. La manera en que la blusa se le ceñía al cuerpo y todo lo suave y redondo rebotaba, «¡Enormes!», pensó Raku. Con gesto nervioso se limpió el sudor de la frente, luchando contra el campo gravitacional que ese par de opulentos pechos emanaba; te imantaban la mirada absorbiendo toda tu atención, haciendo difícil (sino imposible) concentrarse en el juego.

Chitoge se barrió para bloquear una anotación. Su coleta dorada brillo a la luz de los reflectores como una explosión nuclear y las gotitas de sudor en su frente resaltaron las perfectas facciones de su rostro. Raku trago saliva ante la belleza de su novia y sintió el florecer de un nuevo fetiche en su corazón: colas de caballo.

La reacción de júbilo de algunos espectadores le hizo a Raku notar que había más gente que antes sentada en las gradas. Echó un vistazo a su alrededor. Cuando el partido empezó, el polideportivo estaba casi vacío, no era más que las chicas, él y uno que otro pervertido amante de los leggins. Pero ahora, poco a poco el lugar se estaba llenando con los estudiantes que aún quedaban en la escuela. Todos con la mirada expectante y emocionada fija en el juego, en especial en las dos titanes del voleibol. Se sorprendió al ver que incluso Miyamoto, Kosaki y Marika (extraño en ella porque nunca ha sido fan de los deportes) se encontraban ahí, recargadas en los barandales de los palcos, lejos de toda la muchedumbre. Las miradas de Raku y las chicas se cruzaron. Kosaki le dedicó una de esas sonrisas naturales que le nacen nada más al verlo y lo saludó con la punta de los dedos, de la misma manera que lo haría una princesa a sus súbditos. Raku sintió como su corazón se colmaba de una calidez natural. Marika por su lado le sopló un beso acompañado de un coqueto guiño (confirmando que a ella poco le importaba el juego, y solo estaba ahí para flirtear con su hombre). Ante tanto coqueteo el yakuza desvió la mirada hacia el suelo, se había ruborizado hasta las orejas. No se sentía capaz de sostener la mirada de tanta mujer hermosa.

Fue entonces cuando un balón perdido salió disparado del juego, rozó la cabeza de Raku a tal velocidad que parecía un meteorito con estela y todo, hasta humeantes flamas dejó en su cabello índigo. Se estrelló detrás de él con un gran estruendo como el de una explosión, destruyendo parte de las gradas de la cancha.

El rostro del joven pasó del rojo del placer al blanco del miedo. Acababa de ver todas las cosas buenas de su vida pasar frente a sus ojos. ¡Aterrador!.

Lentamente se volvió hacia la responsable quien lo miraba con el ceño fruncido y flamas refulgiendo de sus ojos azules. En su puño aún salia el humo con el que el balón había despegado.

—Ho-honneyy… ten mas cuidado quieres. Vas a acabar lastimando a alguien… —farfulló Raku, incapaz de reprimir el miedo en su temblorosa voz.

—Ah, lo siento DARLING. Fallé- quiero decir, fue un accidente —la rubia ladeó un poco la cabeza con un tono pasivo-agresivo que no convencía a nadie.

—¡Te escuche he, dijiste fallé!

Raku no pudo evitar estar asombrado en como su novia tenía tiempo de vigilar sus movimientos y a la vez jugar voleibol como una profesional.

—Esto si que se esta poniendo bueno ¿no?.

—De verdad que si. No puedo creer que… ¿espera Shuu?, ¿de dónde diablos saliste que ni te había notado? —se sobresaltó al verlo sentado a su lado, Maiko Shuu, con su característica mueca de gato en su carota de enfermo pervertido.

—Hermano tengo aquí desde que terminó el primer set. La voz se corrió rápidamente por la escuela. Las dos titanes están teniendo un duelo a muerte. Es el evento deportivo del siglo, mas grande que el supertazon —le dijo al tiempo que se acercaba un perrito caliente a la cara, dándole tremenda mordida. Raku sintió asco en la manera en que este tipo tragaba.

—¿A muerte? Bueno, eso explica de dónde salió toda esta gente.

—Por nada me lo perdería y mira nada mas lo que tengo aquí —como Doraemon, Shuu sacó de su bolsillo mágico su centro de apuestas portátil. Libreta, estilográfica, fajos de billetes, sombrero gangster de apuestas (como el de Al Capone) y hasta cambio sus lentes por unos de vidrios negros, que le daban un aspecto de apostador profesional recién baneado de un casino de Las Vegas—. No importa cual gané, yo con esto tengo cubierto hasta la universidad de mis hijos. Ahora dime, ¿cuanto y por quien?.

—Bastardo, como siempre aprovechándote de la situación.

—Oh vamos, debes de tener una favorita. Será que apostaras por Chitoge que es tu novia, o tal vez tu corazón hoy laté por otra chica; ¿crees que no me he dado cuenta como no le quitas los ojos de encima a Tsugumi?

—¡Eso es por una razón totalmente distinta!, diablos… no se que decir, no lo había pensado. Ambas son increíblemente buenas pero si tuviera que decir un nombre…

Entonces por un breve instante, a Raku le pareció haber visto a ambas aludidas posando una mirada que vislumbraba interés en el. Pero comó había sido tan fugaz y por el rabillo de sus ojos; no estuvo del todo seguro. «No que va, debo de estar imaginándolo» lo descarto en su mente, «¿por que les importaría lo que yo pensara?».

El juego seguía con más intensidad que antes. Chitoge dio un salto de dos metros como si fuera impulsada por un trampolín y golpeo el balon con tal fuerza que el estruendo provocado hirió los oídos de los expectadores. Tsugumi se teletransportaba por la cancha a la velocidad de la luz bloqueando los tiros de la rubia. Su velocidad era tan ridícula que en momentos hasta pareciera que había más de una de ella. Por cada pase, bloqueo, remate la multitud prorrumpía en gritos de júbilo que duraban minutos enteros.

A estas alturas sus compañeras de equipo, solo servían de adorno en la cancha. Algunas devolviendo el accidental pase, otras contemplando el vacío con ojos muertos, una parece estar mensajeando en su smartphone. Raku bajó la cabeza solemnemente sintiéndose mal por ellas. No eran para nada malas, participaron en el campeonato nacional de voleibol del año pasado y tuvieron una racha de victorias, hasta que se enfrentaron a las ganadoras del año pasado, quedando en tercer lugar. Pero comparadas con estos monstruos, era como ver a Hulk Hogan pelear contra unos niños de preescolar, simplemente no tenían oportunidad, escalando a lo ridículo. Raku no entendía como las cosas se había tornado tan serias. Era comó si estuviera tratando de probarse contra algo. O alguien.

Otro tiempo fuera. Chitoge se limpió el sudor de la frente con el cuello de su blusa. Tsugumi jadeaba, doblada por la cintura con las manos apoyadas en las rodillas. Ambas se veían fijamente la una a la otra en una batalla mental. Ninguna de las dos pensaba perder. A Raku ya no parecía gustarle la situación. Esto ya no era un partido de práctica, si no se había convertido en un partido del infierno.

Final del cuarto set.

Las jugadoras salieron de la cancha con paso lento, cabizbajas y de hombros caídos. Estaban empapadas en sudor mientras jadeaban sonoramente. Era probablemente el juego mas agotador de sus carreras y todavía les faltaba el set del desempate. Chitoge y Tsugumi tomaron agua y descansaron en un pesado silencio. Ninguna de ellas se dirigió la palabra. El ambiente estaba tenso, todo lo que se escuchaba era el griterío de la gente esperando el desenlace.

Estaba claro que esto ya se había salido de control. Con un profundo suspiro, Raku decidió ponerle fin a todo el asunto.

—Chitoge, Tsugumi —les habló en un tono que carecía de sentimientos. Enfrentándose ante su seria expresión, ellas no pudieron hacer otra cosa que escucharlo atentamente. —¿Por que mejor no lo dejan por la paz? Las chicas del club de voleibol están que se mueren del cansancio y ustedes también están agotadas. Ambas lo hicieron increíble, dense un descanso.

Sobrevino un breve silencio. Chitoge y Tsugumi se miraron mutuamente por un segundo, entonces sus tensas expresiones se suavizaron, y de los labios de ambas afloró una hermosa sonrisa seguida de una risa alegre.

—Ahh Darling tiene razón, estoy tan cansada que me duele todo el cuerpo —dijo Chitoge, estirando los adoloridos músculos de sus brazos—, nunca había estado tan agotada en toda mi vida —sonriendo, se dejó caer sobre la banca a lado de su frijol, y estaba tan cercas que prácticamente se recargaba en su hombro.

—Igual yo Milady, creo que si tuviera que golpear el balón una vez más, me desmayaría —sorprendentemente Tsugumi la imitó, dejando a Raku hecho un "sándwich" entre este par de bellezas.

En el corazón de Raku hubo una extraña mezcla de sentimientos. Alegría, porque lo dejaran y por fin ambas se dieran un respiro. Nervios, al estar sentado en medio de este par de hermosuras. Y miedo, por el centenar de miradas que como láseres rojos apuntaban a su cabeza a matar, nacidas del odio de cada estudiante del lugar. Pero a él le importó una mierda todo, mientras estas chicas tuvieran una sonrisa en el rostro, haría lo que fuera por ellas.

—¡Hey ya se! Vayamos por unas hamburguesas al Wcdonalds, yo invito —se disculpó nuevamente con su cartera que estaba apunto de ser vaciada.

Y después de que ambas aceptaran con un grito de júbilo, terminó el partido en un empate. Las chicas del equipo lo aceptaron gustosas por no tener que jugar más. Hubieron abucheos por parte del público y se alcanzaron a escuchar los chillidos de dolor de Shuu quien estaba siendo molido a golpes por sus apostadores, pero ninguno de este trío de tórtolos fue consciente de ello.

—¡Darling, te apresuras o te dejamos!

—¡Voy!