NA: Holaaaa
Muchas gracias por los comentarios.
La verdad es que la esta cuenta prácticamente no la estoy usando ya. Por alguna razón mi computadora tiene problemas para entrar aquí, así que tuve que abrirme una cuenta en otra página de fics. Me recomendaron Wattpad, donde también estoy subiendo una historia original. Si quieren pueden buscarme allá como arivazquez2310. Sino les sale pongan el nombre de la historia y deben encontrar mi perfil.
Intentaré seguir subiendo aquí, pero allí actualiza una vez por semana mientras que aquí una vez al mes, o algo así.
22 "Pacto"
No recordaba cuando había sido la última vez que durmió tan cómoda ni pausadamente. La calidez de las mantas le sobrecogió mientras daba una vuelta en el suave lecho. Ninguna cama del círculo resultó tan apetecible. Tal vez fuese porque no tenía la cultura de ningún palacio, pero aquel manto le resultaba glorioso.
Mientras rodaba en la cama sintió algo duro en el costado.
Entreabrió los ojos con suavidad, pues no quería que supieran de su despertar. Entre sus pestañas casi despegadas vislumbró la semioscuridad de las velas de las lámparas de aceite. Bajo la tenue luz de las llamas identificó a su compañero de cama. El tintinear de la luz amarilla le hacía ver la piel bronceada, casi color oliva. La anchura de los hombros y lo extenso de los omóplatos devolvió a su memoria la calidez de su cuerpo.
En sus recuerdos aquella piel era cálida y tersa. Pero frente a él se encontraba encorvada en un gesto reflexivo. Las grandes y callosas manos que recorrieran su cuerpo hacía pocas horas yacían hundidas bajo sus cejas, estrujándose las cienes y los ojos. Se veía tan sumido en sus pensamientos que no pareció notar sobre el la mirada de Anders.
El joven mago vio como brillaba su pelo negro bajo el tenue reflejo de la lámpara de aceite y descubrió que no recordaba la silueta que enmarcaba.
"Lo hice de nuevo" pensó "otra vez bebí hasta perder la razón".
Intentó recordar cómo terminó en manos de aquel hombre sin rostro. Flashes surcaron su de luz en los que aparecía una mujer morena. Su piel brillaba como el oro bajo la larga cortina de cabello negro. Se le había acelerado el corazón al ver toda aquella carne lisa al descubierto.
Hermosa como una escultura de Andraste.
"Creo que se llamaba Isabela"
Sin embargo, no había sido ella quien notase al hombre a su lado.
Anders ya tenía encima unos tragos cuando le vio. Erguido y solo en la mesa extensa de la perla. "Le conozco" le había dicho a aquella exquisita mujer.
"¿Íntimamente?" cuando Isabela le preguntase aquello se relamía los labios carnosos.
"N…no" contestó, demasiado concentrado en las curvas de sus pechos.
"Eso… " dijo contorneándose. En un movimiento efímero vio deslizarse fuera el borde de la areola de un pezón. "… se puede arreglar"
Su último recuerdo provenía de luego de haberle pagado aquel trago. Ni siquiera recordaba haber dormido con la morena.
Lo que sí recordaba por momentos era el peso de aquel cuerpo musculoso encima suyo. El intenso olor a hombre y la firmeza en su interior. Observó nuevamente la espalda ancha y tuvo la sensación de caber en ese inmenso pecho.
No dormía con otro hombre desde Karl.
Ya había olvidado como se sentía.
Sin embargo, la fuente de sus placeres suspiraba.
Hola – dijo sin darse cuenta.
A pesar de sus palabras Anders no esperó la velocidad de sus movimientos. En un instante que veía lo negro de su pelo, se topó con el brillo de unos ojos dorados. Intensos como los de un halcón.
La fuerza de su mirada hizo que se le erizaran los cabellos. El brillo de aquellos ojos envolvió su cuerpo como una llamarada, recorriendo el camino que descendía desde su pecho. Anders vio reflejado en ellos la añoranza de un amante voraz. Y le inundaron las sensaciones de la noche que despertaron en él el calor dela pasión. Echó a un lado las sábanas, dándole más terreno para recorrer con aquel deseo candente.
Sin embargo, cuando pensó que aquel hombre guapo de fracciones masculinas y espesa barba había extendido su mano para tocarle se vio cubierto por la misma manta que había dispuesto a un lado. Al apartarla le vio alejarse como si estuviese en llamas.
"¿Realmente le desagrado?" pensó. Pero cuando le vio tomar del suelo su armadura de cuero creyó ver en su rostro una expresión familiar.
¡Hey! Yo te conozco de la torre – dijo casi en una carcajada. Era poco frecuente encontrar magos fuera de la torre. Aún más magos que provenían de esta.
"¿Será por eso que huye de mí?" y la misma idea se le antojó divertida.
¡Shu! – le exigió el sujeto. Su voz era gruesa y áspera. De alguna forma conservaba cierta dulzura. – Habla bajo. –
Jaja. ¿Por qué? – se burló – Después de todo lo que he gritado si no han llegado los templarios ya no vendrán. –
El hombre apretó los labios, dejando reposar los brazos sobre los músculos de la cadera. En aquella posición Anders pudo apreciar lo densa de su musculatura. No estaba del todo sumido en el mundo de la masculinidad, pero le gustaban los hombres con algo de vello en el cuerpo. Este sujeto se le antojaba lampiño del poco que tenía en el pecho, sin embargo, el fino camino que conducía al sitio oculto por su pantalón era prometedor. La musculatura de las piernas también estaba cubierta, incluyendo sus partes más íntimas. Fue entonces cuando Anders recordó por qué tenía que dejar de beber.
"Por las tetas de Andraste. Puede que no tenga otra oportunidad. Me hubiese gustado recordar esos detalles."
Sonrió de nuevo. No por el fruto de su propia reflexión, sino por lo perdido que se veía su acompañante. Nervioso como un virgen.
¿Fue tu primera vez con un hombre? – preguntó intentando aflojar la atmósfera. Para su sorpresa, aquella pregunta consiguió que el sujeto dejase de pasearse.
Aquellos ojos dorados cayeron sobre él, devorándole con su intensidad. Anders creía que si se acercaba sería consumido hacia el interior. El brillo de una firme dentadura blanca surgió de su boca. El músculo de su brazo se contrajo al revolverse el cabello de la nuca.
Entonces habló de nuevo.
¿Esa fue la impresión que te di? – dijo con una zalamería que Anders descubrió fingida. Cómo si el hombre desease tanto como él romper aquella tención. – Y yo aquí pensando que mi desempeño fue excelente. –
"Sarcasmo… puedo trabajar con eso."
Pues, considerando que estaba ebrio como un mabari y aún recuerdo parte de el, diré que tu desempeño fue… - se fingió pensativo, pues tenía más que claro la nota que daría – sobresaliente. –
El hombre rió por lo bajo. Su mirada calló al suelo y cambió de posición. Anders casi podía ver los engranajes moviéndose en su cabeza, como si buscase algo que decirle. Tenía las mejillas sonrojadas y se alborotaba el cabello con insistencia. Era tan incómodamente adorable que Anders no encontraba el deseo de marcharse.
En aquella habitación de la perla era difícil saber si era de día o de noche. Y luego de tan plácido sueño tampoco era capaz de orientarse.
¿Cuánto tiempo he dormido? – preguntó acercándose al borde de la cama. Su acompañante pareció agradecido de tener algo que decir.
Un par de horas. Le pedí a Isabela que nos trajese unos bocadillos cuando se iba. Pero ya vez, parece que perdió el rumbo. – bromeó. Y aunque Anders se rió, no negaría que se encontraba un poco perdido.
¿Isabela? – preguntó alzando una ceja. El hombre pareció sorprendido por la pregunta.
¿La morenaza que nos tiramos? – como si su respuesta no fuese suficiente el hombre hizo un gesto circular en el pecho - Bonitas tetas. Trasero amplio. Lindo cabello. –
Aaah. Claro. ¿Y se llamaba Isabela? – rectificó Anders.
En serio ¿Cuántas te tomaste antes de subir? – aunque el hombre quiso hacerlo sonar a crítica, al mago le pareció que se estaba burlando de él.
La verdad no me acuerdo. Pero no todos los días tienes el honor de olvidar el nombre de tan distinguida dama. Lo malo es que también olvidé su "desempeño" –
Ja. Pues supongo entonces que yo lo hice mejor. –
Anders no supo si fue su tono de voz o la forma exagerada en que infló el pecho y contrajo los brazos, pero no pudo contener la carcajada que salió de su garganta. Su compañero se le unió en las risas tras un rato. Y aunque su lenguaje corporal le decía que seguía nervioso parecía más relajado.
Hey… Sé que esto sonará incómodo porque sé que ya me dijiste. Pero entenderás que si no recuerdo los movimientos de tan exquisita mujer no podré recordar tu nombre. –
Jaja – rio entre dientes el sujeto – Es comprensible. Sí. –
Por cierto, mi nombre es –
Anders – dijo una voz femenina.
Ambos hombres se sobresaltaron. No habían sentido correrse el seguro de la puerta. Tampoco el picaporte al moverse. Y aún así una señorita menuda les observaba desde la puerta.
Anders la examinó. No recordaba haber visto nunca un rostro tan marcado como aquel. Y estaba seguro de que de haberla conocido sin cicatrices, sería incapaz de identificarla ahora. Sus ojos se encontraron, pues ella también le inspeccionaba. Sus iris eran de un azul suave, en ellos comprendió su alma compasiva. Sin embargo, cuando su mirada descendió a su pecho desnudo comprendió lo bien educada que estaba aquella dama.
Y sintió vergüenza.
En el momento en que fue a cubrirse el hombre a su lado se alzó frente a el. Cubriéndolo.
Puedo explicarlo – dijo con prisas. Sin embargo, la joven le detuvo con un gesto de la mano.
No necesitas explicar nada Amell. – contestó con dignidad.
Aunque Anders se escabulló para buscar su túnica, no pasó por alto el nombre del otro sujeto. Y a pesar de saber que había visto aquel rostro en el círculo, le inundó la sensación de conocer dicho nombre.
Sabes, estoy comenzando a pensar que te gusta hacer estas apariciones. De sorpresa y por la espalda – se quejó Amell, dejando salir su desmedido tono de sarcasmo.
Pues yo me sorprendí mucho cuando averigüé quien era tu cita. –dijo la muchacha, algo envalentonada al escucharlo hablar. – Me hubieras ahorrado mucho tiempo de habérmelo dicho. –
Juro por Andraste que no lo sabía. De ser así no habría … Espera un momento. ¿Lo conoces? – preguntó. En su rostro había una mezcla de curiosidad y sorpresa.
Sí – corroboró Anders - ¿Me conoces? –
Cuando la mujer volvió a mirarle ya se encontraba completamente vestido. Usaba una túnica larga de colores discretos. Su cabello rubio antes desparramado sobre las sábanas estaba ahora atado en una corta cola de cabello. Anders les miraba curioso.
"¿Quiénes son estos?" y "Qué quieren de mí" eran algunas de las preguntas que rondaban por su cabeza.
Amell, déjanos por favor. – pidió la muchacha con dulce tono bajo. El mago dudó. Sin embargo, Anders estaba muy interesado en lo que ella tuviese que decir.
Tranquilo – dijo con sarcasmo – por más que ella quisiera no podría hacerme daño. Prometo que la devolveré en una pieza. – Aunque la joven rodó los ojos, Amell asintió. Se dirigió a la puerta y la cerró tras el.
No fue hasta que sintieron sus pasos descender por las escaleras que la joven comenzó a hablar de nuevo.
Te conozco Anders. – dijo con una seguridad. – Sé de ti más de lo que has dejado conocer a muchos. He visto tu pasado y tu futuro. Sé que descubriste la magia cuando eras joven y aunque tus padres se asustaron al verla ambos tomaron posturas diferentes. – mientras hablaba la mujer se le aproximó. –Tu madre usó todos sus recursos para ocultarte y mantenerte a salvo. Sin embargo tu padre estaba aterrorizado. – Anders escuchó en silencio sus palabras, mientras una maraña de emociones se formaba en su interior. – Fue en busca de los templarios y les condujo hasta tu hogar. Tu madre se resistió. Intentó evitar que te llevaran. Al final te apartaron de ella y lo único que te permitieron conservar fue una almohada que tejió con sus manos. Mientras eras arrastrado escuchaste como la amenazaron, diciéndole que se olvidara de ti. Que nunca más preguntase, pues ya no tenía ningún hijo. Desde entonces no has vuelto a saber de ellos dos. –
La joven hizo una pausa. Se encontraba tan cerca de Anders que el sujeto podía oler su perfume. Sin embargo, el hombre cruzó los brazos sobre el pecho y se acarició la barbilla.
Esa es una historia vieja, pero los templarios cuidan la información de cada uno de nosotros como si fuesen las joyas de la corona del rey Hacedor. – su mirada cayó fija en ella, intentando imitar el efecto que los ojos de Amell le causaron. Sin embargo, por la expresión de la mujer supo que no lo había logrado. - ¿Puedo saber cómo lo averiguaste? – la vio sonreír, como si esperase aquella pregunta. Fue una sonrisa tenue y disimulada. Como si creyese que él no lo había notado la joven continuó.
Ya te lo dije. Lo he visto. –
Entonces fue el turno de Anders.
Jajajajajajaja– Soltó una carcajada. Con su risa la detuvo, haciendo aquel sonido junto a una extraña mueca con el labio que usaba para demostrar su escepticismo. –La verdad pensé que dirías algo interesante, pero resulta que solo eres una charlatana. –
Ante sus palabras la mujer pareció un tanto descolocada. Como si nunca hubiese esperado aquella respuesta.
No miento. – insistió.
¿Ah sí? Pues dime una cosa. Si de verdad viste mi pasado tú debes saber cuál es el nombre de mi madre. – vio a la joven palidecer y su sonrisa burlona se tornó malvada. - ¿No? Pues una más sencilla ¿Cómo me llamaba? Lo gritó tantas veces mientras me llevaban que seguro debes haberlo escuchado. Yo seguro que la oía leguas a la distancia en la carreta en la que me llevaron encadenado como a un animal. –
La mujer se mordió los labios, resaltando la cicatriz que quedaba en el borde de ellos. Aquel gesto la hacía ver fea, pero sobre todo perdida y contradicha. Anders comprendió que no estaba acostumbrada a que se le enfrentasen y aquella idea le dio aún más coraje.
Lo imaginé. Pues no me lo creo. Hasta los tontos de la capilla saben que todos los "videntes" y "adivinos" son una farsa. El Hacedor ha dado un profeta y fue Andraste. –
Nunca osaría proclamarme igual a Andraste. Pero digo la verdad. Sé sobre ti. Sobre como intentaste huir de la torre incluso a nado para regresar a casa. Cómo dijiste que deseabas volver. Sé sobre la prisión, los demonios y el pequeño gato que te hacía compañía en los calabozos, el señor bigotes.. –
El mago le dio la espalda. Se arrodilló en el suelo y tomó su mochila.
¿Y qué? Has hecho una buena investigación – dijo echándosela a la espalda. – Eso solo prueba que eres muy capaz. Nada de lo que sepas puede convencerme de que eres adivina. Incluso si me dices lo que crees que es mi futuro, seguro que son todo invenciones de una chalada. Los cortes de la cara deben haber destrozado algo dentro de tu sistema. –
La mujer palideció, apretando los labios hasta dejarlos blancos. Anders hubiese sentido pena por ella si no estuviese tan furioso. Cómo se atrevía a venir a recordarle las desgracias de su infancia, de su vida entera.
No era fanático de la capilla, pero tampoco aguantaría a una pregonera por muy agradables que fueran sus compañías. Y ¿con qué objetivo le decía que podía ver? Claramente quería algo de él. Acomodó la mochila a su espalda y se dispuso a marcharse. Cuando tenía en su mano la manivela de la puerta ella habló de nuevo.
¿Y qué hay sobre Karl? – la escuchó decir con la voz que sale cuando se seca la garganta. – Sé dónde está. –
Yo también. – contestó secamente. – Está en la torre de Kirkuall. Mira si quieres algo de mí tendrás que intentarlo con más fuerza. –
Entonces la escuchó suspirar.
Te propongo un trato. – dijo ella.
Anders le miró por encima del hombro. Sonrió con malicia apoyando una mano en la puerta.
Si sabes quién soy y lo que soy comprenderás que no tienes nada que yo pueda querer. –
Todo lo contrario. – Anders la vio bajar la mano a su cinturón. De allí extrajo un vial de cristal del tamaño de su puño. – Tengo todo lo que siempre has deseado.–
El líquido rojo dentro del vial brilló. Cuando el contenido palpitó el pulso de Anders lo hizo con el.
Y más. –
"Mi phylactery" pensó Anders. Su mano quedó tiesa sobre el picaporte de la puerta. "¿Cómo es posible?" esta vez fue su turno de palidecer.
¿Qué es lo que quieres? – preguntó con dureza a la mujer.
Que vengas conmigo. Nada más. –
¿Eres un templario? Quieres llevarme de regreso a la torre ¿es eso? ¿O ya se cansaron de cazarme y vas a matarme? –
La joven negó. Esta vez, no hizo ningún intento de aproximársele.
No me conviene para nada que regreses a la torre Anders. Todo lo contrario, te necesito fuera. Solo así puedes ayudarme. –
¿A hacer qué exactamente? ¿Y cómo conseguiste eso? – le preguntó desde donde estaba, preocupado de que si se movía ella volvería a esconder el vial con su sangre.
Lo saqué directamente de la torre de los magos. Tenía la sospecha de que lo mantendrían cerca. Después de todo tú tienes el record de huidas. La suerte es que ya atravesaste el Harrowing, sino… -
Sí, bueno… - dijo un tanto entrecortado. - ¿Qué quieres que haga? –
"¿Qué haces?" pensó "¿Ella no tiene ningún poder? Puedes robársela y salir huyendo. O…o romperla y acabar con este chantaje" se criticó. Sin embargo sabía que un solo grito de aquella chica y estaría perdido.
"No importa lo que ella diga. Donde hay una phylactery hay un templario"
La mujer alzó la mirada.
Quiero que me ayudes a detener el Blight –ante sus palabras Anders creyó sentir la temperatura del cuarto descender varios grados.
Q…? –
Viajo con un grupo de Grey Wardens. Los últimos Grey Wardens de Ferelden. Estamos intentando detener el Blight mientras plagamos las mentiras que ha esparcido Theryn Logaing sobre nosotros. –
¿Te refieres a ese rumor de que ustedes mataron al Rey Cailan? – preguntó Anders, obteniendo un asentimiento como respuesta. - ¿Y quieres que me les una? –
Junto a los Grey Wardens tendrás inmunidad. Nadie podrá tocarte por los tratados que ellos portan, ni siquiera los templarios.
Eso suena… - "demasiado conveniente" pensó. – prometedor. ¿Cuál es la traba? –
No lo sé. ¿Verte involucrado en una guerra de la que no sabes si sobrevivirás no te parece suficiente? –
A cambio de mi libertad… parece un trato justo. – dijo rascándose la barbilla. – Muy bien. Acepto. – extendió la mano, pero la joven negó.
No soy tan tonta. Sé que en cuanto la tengas saldrás corriendo. Esto es mi seguridad. – contestó ella devolviendo a su bolsillo el recipiente de cristal.
Anders cerró la mano, mirando con los ojos entrecerrados el rostro de la mujer.
Muy bien. Supongo que las presentaciones vendrían bien. Mi nombre es Anders, eso lo sabes. ¿Cuál es el tuyo? –
Por primera vez ese día, vio en el rostro de aquella mujer una expresión relajada. Como si creyera que finalmente había cumplido su objetivo.
Elissa. Elissa Cousland. –
Amell bebió de su cerveza. El calor del alcohol resbaló por su garganta hasta su estómago. Aún estaba oscuro y comenzaba a enfriar. Pero ni el calor del alcohol conseguí distraer su mente.
Anders estaba arriba con Elissa.
El Anders de Karl.
¿Cómo había sido tan estúpido de involucrarse con el?
Cierto, tenía el rostro cubierto. Pero había visto aquellos ojos debajo de la capucha. ¿Cómo no los había reconocido? Amell no era capaz de entenderlo, así que estaba ansioso. Entonces bebía.
Por suerte el estrés solo le duraba un par de horas.
En la torre nunca tuvo bastante licor para templarios lo tenían prohibido, pero el alcohol era como el lírium. Se conseguía.
Y siempre sobraba alcohol en las fiestas.
Igual que las chicas. De vez en cuando se colaba algún templario y la excitación de follarselo era demasiado atrayente para los que buscaban un subidón de adrenalina.
No para él.
No apreciaba a los templarios. Y contrario a lo que pensase alguna vez Irvin, tampoco a Greagor. El Enchanter era la única persona en esa torre que estimaba además de Wynne y Surana. Claro que ambos estaban decepcionados de él y el tercero lo odiaba…
Apretó en su mano la bolsita con las monedas que ganasen ese día.
Su primera paga real. El primer dinero que ganó con sus manos…
"¿En serio voy a gastarlo todo en bebida?" pensó. Y su misma voz resonó en su cabeza "¿Y qué otra cosa harás con ella? ¿Comprarte una granja? Bebe"
Sonrió de la ironía.
En silencio siempre soñó con ser libre. Ahora que lo era su sangre estaba contaminada y le quedaban treinta años de vida. Lo peor, que esos años debía dedicarlos a matar darkspond y Archdeamons. Finalmente moriría en los caminos de las profundidades, lejos del sol y del cielo.
Suspiró.
"Y para colmo mancillaste al único sujeto que juraste no tocar"
Ante aquel pensamiento dejó caer la cabeza contra la mesa emitiendo un ruido estridente. Los pocos clientes que quedaban giraron el rostro en su dirección, pero no le importó.
Karl lo mataría si supiera.
Para Amell, Anders era como la fruta prohibida del paraíso. La libertad que se esconde tras loa barrotes. La bendición en las palabras de Andraste. Todo demasiado lejano e intocable.
Sabía que Anders no era puro.
Por el Hacedor, más de una vez se lo encontró haciendo cosas indebidas con Karl. Pero incluso en lo más oscuro de su interior deseó poseerlo. Y ahora que lo había echo…
Lo quería otra vez.
Se golpeó nuevamente la cabeza contra la mesa, desparramándose los cabellos como finas hebras negras.
Lo peor era que Elissa sabía de Anders. No estaba seguro de cuanto pero ella sabía. Y eso significaba…
"Por el hacedor no" suplicó en su mente. "Cualquier cosa menos eso".
Una amplia mano se deslizó por su espalda. Era cálida, firme y a través de sus dedos le transmitía bienestar, y el olor a mana.
Va a quedarte un gran chichón – dijo la divertida voz de Anders.
Amell alzó la cabeza de golpe. A su espalda se topó con la amplia sonrisa de Anders. El chico se inclinó hacia él. Con la mano le apartó los cabellos del rostro.
Ja. Mañana no podrás con el dolor. ¿Es divertido pegarse contra la mesa? – dijo dejándose caer en el banco junto al mago.
¿Cómo…? ¿Cómo te fue? – tartamudeó.
Yo primero – dijo apoyando el brazo en la mesa, de forma que pudiese observar de cerca el rostro de Amell. - ¿Cómo terminaste viajando con esa loca? –
Amell tragó en seco.
Bueno… larga historia. Ella es la hermana de mi jefe y … -
¿Qué es toda esa mierda de que ve el futuro? Es una mentira. – espetó Anders.
Eso pensé yo al principio. Pero hasta ahora no se ha equivocado en todo lo que nos dijo. –
No puede ser que de verdad le creas. – comentó Anders, sus ojos desorbitados.
Mira, sabe cosas que los demás no. Cada vez que dice que va a pasar algo, pasa. O tiene poderes místicos o la mejor red de espías de Thedas y una gran intuición. Y créeme, no es el caso. – comentó Amell bebiendo de su cerveza.
Bueno, al menos domina el arte de la persuasión – Anders extendió el brazo, arrebatándole a Amell la bebida y tomando en su lugar.
Involuntariamente los ojos de Amell se deslizaron hacia su nuez de Adam, viéndola moverse mientras tomaba. Tragó en seco, demasiado consiente de lo seca que se había quedado su boca.
¿Qué… quieres decir?–
Pues – contestó el otro apartando la bebida y limpiándose la boca. – Me hizo una oferta que no pude rechazar. – Amell palideció ante las palabras de Anders.
Por el Hacedor. – murmuró obteniendo una nueva sonrisa de Anders.
Eso mismo – comentó el mago dándole una palmada en la espalda. – A partir de ahora viajaré con ustedes. Llevémonos bien, compañero. –
"Por las tetas de Andraste" maldijo en su interior.
Por cierto –continuó Anders – Imagino que desde que ya compartimos lecho no te importará compartir tienda conmigo ¿Verdad cariño? – se burló Anders dándose otro trago de la bebida de Amell.
El hombre se quedó estático.
"Karl… pérdóname"
NA: Muchas gracias a AnikaCousland por su comentario. De verdad los aprecio muchísimo.
Un saludo.
