23 "Amanecer"
Cuando Cailan montó el campamento tenía una larga lista de asuntos a considerar. Había ordenado apilar las tiendas juntas para mayor protección y aunque Morrigan había protestado, concluyó por obedecer sus órdenes.
Comenzaba a caer la noche y ellos no podían encender un simple fuego por temor a atraer a los hombres lobo.
Cailan había escuchado atentamente las palabras de Elissa. Había prestado más atención a ellas que a cualquier clase que le diesen de joven o a las estrategias de Loghaing y hasta ahora, parecían ser verdad.
Suspiró, dejándose caer al suelo junto a su tienda. Se había quitado el casco y la armadura por unos momentos, sintiéndose agotado. Habían pasado todo el día dando vueltas en aquel condenado bosque luchando contra los mismos árboles. Pero además de un árbol parlante anciano y algunos werewolves, fueron incapaces de localizar al "Witherfang" de Satrian.
Aunque si lo miraba por el lado bueno, habían conseguido devolver la semilla de aquel viejo sauce y mediante algún raro encantamiento la mitad de los habitantes del bosque decidieron dejarlos en paz.
En la penumbra divisó una silueta aproximándose. Sus músculos se tensaron, y decidió que había sido una tonta idea no encender el fuego. No fue hasta que Darrian se dejó caer a su lado con un trozo de pan en la boca que respiró aliviado.
Una sonrisa suave se dibujó en sus fracciones al verle comer tan despreocupadamente a su lado
¿Recién regresaste? – preguntó hurgando en su propia mochila. No se sentía hambriento, pero era mejor llenarse el estómago en un momento de paz.
Sí. Ya recogí la dichosa madera que necesitaba el herrero. – contestó Darrian bebiendo de su cantimplora.
El humano quedó sorprendido de si mismo. Sus ojos habían quedado prendados de la suavidad con que se movía la nuez de Adan cuando Darrian bebía. Una gota de agua se escurrió por la comisura de los labios del sujeto y Cailan no pudo evitar relamerse. Alzó las cejas y desvió la mirada
¿Has decidido qué quieres que te hagan? Tengo entendido que los arcos de los dalish son los mejores que se pueden encontrar en Ferelden. – comentó intentando sonar desinteresado.
Puede ser – respondió el elfo, extendiéndole su propia cantimplora para que bebiese de ella. – Sin embargo mi especialidad no son los arcos. Soy un ladrón de poca monta y lo sabes. –
¿Pedirás por una daga? – Cailan aceptó la cantimplora, interpretando aquel gesto como que Darrian pensó que se humedecía los labios por la sed.
Veré qué oferta. Ahora que tengo la madera imagino que no se pondrá exquisito con los precios. –
Bueno, si lo hace, siempre puedes usar esa lengua tuya para hacerle cambiar de opinión. – Cailan rió por lo bajo, vanagloriándose de su propio chiste.
Prefiero rajarle la cartera después de haberle pagado. – contestó el elfo con naturalidad.
Ya. Muy astuto. Pero no vinimos a hacernos enemigos de los elfos ¿Te acuerdas? – se burló Cailan.
Sí. Y también recuerdo que habíamos quedado en convencer al palurdo de Zatrian y arrastrarlo a los bosques con nosotros. Sin embargo en todo el rato que estuvimos en la aldea te limitaste a escuchar y asentir como un estúpido a toda la mierda que te dijo. –
Auch – se quejó Cailan, como si las palabras de Darrian le hubiesen herido físicamente – ¿sabes cuantas veces me has insultado en esa oración? –
Escúpelo de una vez. No sé si te has dado cuenta pero hemos perdido un tiempo valioso mientras tú juegas a ser un Grey Warden. –
Doble auch. – esta vez Cailan se llevó una mano al pecho, insinuando que fue en ese lugar donde le habían herido. Sin embargo, al ver que no sacaba una sonrisa del elfo se enderezó. – Eres un aburrido ¿Dónde está tu sentido de la aventura? –
Murió cuando nací. Al grano. – insistió el elfo.
Bien. Solo estaba chequeando. –
¿Qué cosa? –
La versión de nuestra querida profeta por supuesto. – ante sus palabras Darrian rodó los ojos.
Pensé que con lo de Ostagar, Redcliffe y la torre de los magos estarías más que satisfecho. – le recriminó. - ¿Ahora resulta que eres un escéptico? –
¿Qué quieres que te diga? En Ostagar estaba inconsciente, ni siquiera hizo la predicción delante de mí. La batalla de Redcliffe me la pasé encerrado en la capilla. Y a la torre de los magos no fuiste ni tú. Todo ese tiempo nos lo pasamos vagabundeando por el castillo asegurándonos que Conner no saliese de su habitación. Así que ¿de verdad te parece tan raro que dude? –
Los ojos de Darrian cayeron sobre él con fijeza. El elfo le examinó el rostro como si buscase algo falso en sus palabras. La oscuridad comenzaba a tragarse los pocos rastros de luz que quedaban, oscureciendo el brillo de aquellos ojos. Entonces Cailan se inclinó hacia adelante y sacó de su mochila los utensilios para encender el fuego.
¿Qué estás haciendo? – preguntó el elfo al ver las primeras chispas.
¿No puedes adivinarlo con solo verme? –
Es una locura encender fuego con tantos bichos buscándonos – le recriminó Darrian.
Si tienen tan buen olfato nos encontrarán de todas formas. Además, tengo hambre y a diferencia tuya no me contento con un trozo de pan rancio. – como respuesta obtuvo un bufido del elfo.
Cuando finalmente las llamas se alzaron estaban completamente rodeados de oscuridad. Cailan alzó el rostro, localizando las tiendas de Wynne y Morrigan. Zevran había insistido en que montaría guardia esa noche y que no necesitaba una tienda de momento. Sin embargo Cailan estaba dubitativo. Por más que le buscase no localizaba al elfo asesino y aquello le inquietaba. Si había alguien en ese grupo que no le gustaba era Zevran…
"Aparte de Morrigan, claro está" pensó para si mismo. Sin embargo a la mujer la encontró rápido. Estaba sentada frente a su tienda examinando su bastón. Parecía llevar un tiempo haciéndolo, porque alzó la cabeza en cuanto vio el fuego. Sus ojos amarillos brillaron como los de una bestia, erizándole los pelos de la nuca.
Wynne por su parte decidió sacar un libro ahora que tenía algo de luz y se acercaba al fuego para comenzar su lectura.
No es un grupo muy animado el que nos ha montado nuestro líder. – murmuró Cailan.
Si eso piensas ¿por qué no esperas que regrese el elfo? Seguro que tendrá un montón de mierda que contarte sobre putas y Antiva. – contestó el elfo entre dientes.
Por cierto ¿Qué no has oído tú alguna de esas ya? – comentó el humano un tanto más animado.
No he prestado atención. No me interesa. –
¿Pero no fuiste tú quien le dijo a Aedan que escuchara lo que tenía que decir? – se burló Cailan.
Eso fue antes de que empezase con los chistes e insinuaciones sexuales. Es prácticamente todo lo que tiene en la cabeza. –
Que nosotros sepamos. A lo mejor solo lo usa como pantalla. –comentó el humano.
¿Cómo tú cuando te finges tonto? –
Los ojos de Cailan quedaron fijos en el rostro del elfo. Ampliándose en un gesto casi imperceptible que duró unos momentos.
¿Qué…? – comenzó, siendo interrumpido a medio camino.
Evadir tus responsabilidades con ignorancia es una cobardía. Solo consigues que la gente te crea estúpido. Sin embargo es un título que pareces disfrutar más que el de rey. –
¿Cuándo he hecho yo eso? – vio al elfo encogerse de hombros.
¿Ahora? ¿En Ostagar? ¿durante tú reinado? Tienes para escoger. La verdadera pregunta es ¿vas a seguir fingiendo toda tu vida bajo ese casco o darás la cara? Es una decisión que solo puedes tomar tú. –
… - Cailan apretó los labios.
Hacía tiempo que nadie le hablaba con tal seriedad. Era como si Darrian pudiese ver quien era en el interior. O al menos comenzaba a verlo. En aquel grupo, incluso Aedan le trataba con respeto llamándole por su título. Pero no Darrian. Para el elfo él era un humano cualquiera. Incluso peor, tenía responsabilidades con su gente.
Algunas veces llegaba a ser amigable con él.
¿Qué pensaría ese sujeto si supiera la manera en que le cosquilleaban las entrañas mientras le miraba de aquella manera? ¿Le pegaría si entendiese las ganas que tenía de besarle?
Si fuese una chica se tiraría sin vergüenza a su regazo y le molestaría hasta que le acariciara el cabello. Pero Darrian era hombre y elfo. Su padre se retorcería en la tumba solo por pensarlo. Y ahí estaba él, dejándose embelesar por el brillo de sus ojos tras el fuego.
Nunca supo cuando la llama de su pasión por Anora se había desvanecido. Cuando la conoció siendo un niño creyó haber sido tocado por el mismísimo Hacedor.
Ahora su cuerpo picaba por alguien más.
Y ni siquiera era humano.
Claro que siempre es más fácil dejar a tu mujercita liderar. Lo ha hecho horrendamente hasta ahora. – insistió Darrian.
Jaja – se burló Cailan. – Ya te prometí que haría algo al respecto. –
¿Cómo ahora? – murmuró el elfo haciendo un gesto torcido con la boca. – Tengo la sensación de que mi gente será abandonada de nuevo. –
No lo será. Ten un poco de fe. – insistió Cailan, sin embargo, la mirada que le dirigió el elfo fue más que severa.
Ni siquiera creo en el Hacedor ¿Por qué tendría fe? –
… -
"Supongo que me lo merezco" pensó Cailan.
La risa de Morrigan vino desde su costado. Ella parecía estar más que complacida con la palabras del elfo.
¿de qué te ríes bruja? – espetó Darrian con malas formas.
Oh, de nada. – Cailan notó el tono venenoso de sus palabras. – Solo que son tal para cual. Cada uno más hipócrita que el otro. –
¿Cómo me llamaste? – chilló el elfo. Molesto.
Hipócrita. No sabía que los de tu especie podían quedarse sordos. – se vanaglorió la mujer. Mayor fue su placer al ver al elfo alzarse sobre sus piernas con el rostro deformado por la ira.
¡Te reto a que lo repitas! – gritó. A su lado Cailan se puso de pie, sujetándole el brazo para que no se lanzase sobre la mujer.
Las veces que sea necesario estúpido. Hablas a sus espaldas, desacreditas y luego vienes rondándolo como una perra en celo ¿Te gusta o no te gusta? Sería magnífico que te decidieras de una vez. Así puedo dejar de verte disimular y mirarlo por las esquinas como si fueras una señorita enamorada. –
Cailan se quedó estático.
¿Estaba Morrigan diciendo lo que él creía?
La figura a su lado quedó quieta. Y cuando el humano giró a verle, le encontró con los dientes apretados completamente sonrojado.
"Por la espada flameante de Andraste"
Entonces una figura descendió en el medio del campamento. Cailan agarró su espada con prisas, observando que Darrian y las dos magas habían tomado sus armas. Sin embargo, una vez el sigilo se esfumó Zevran surgió entre todos ellos.
Haaa – suspiró el rey. –Solo eres tú. –
¡No enfundes! – le advirtió Zevran – Estamos rodeados. –
Cailan alzó la vista hacia las sombras. Había tanto silencio a su alrededor que le resultaba difícil creer las palabras de Zevran. Sin embargo, Darrian se tensó a su lado. Por un instante sus puntiagudas orejas se movieron, como detectando un sonido inaudible para el humano. Fue entonces que entre los árboles comenzaron a aparecer los reflejos de cientos de ojos.
Al principio fueron imágenes difusas. Espejismos que aparecían y desaparecían de un momento a otro. Pero luego se solidificaron en grandes y robustos cuerpos peludos. Las filas y afiladas garras se volvían más grandes a cada paso que daban. Con las pupilas dilatadas y las bocas abiertas los werewolf les observaban sin distracción. Listos para saltar sobre ellos.
Maldito estúpido – le gritó Morrigan a Zevran – Los has traído hasta nosotros. –
No precisamente mi hermosa maga. – contestó el elfo con una sonrisa torcida en el rostro. – Más bien al contrario. Los estuve siguiendo y fueron ellos quien me trajeron hasta aquí. –
Un bramido interrumpió su conversación. Un rugido demasiado similar a una voz estridente.
Fue demasiado fácil seguir el olor del fuego hasta aquí. – las palabras del Werewolf le hicieron palidecer.
"Por supuesto" pensó. Sin embargo, ya era demasiado tarde para arrepentirse. Acomodó su mandoble entre las manos. Apretándolo con fuerza. Con pasos lentos se trasladó frente a Wynne, en un intento de protegerla. Morrigan era una cosa, pero no sabía cómo se desenvolvería la anciana bruja en medio de la batalla.
Para él Wynne era un misterio. Ni siquiera reaccionó al ver su rostro. Ni hizo comentario alguno sobre el siendo el rey de Ferelden.
Hemos matado a muchos de los suyos hasta ahora – habló Darrian desde su costado. – Finalmente deseáis escucharnos ¿o habéis venido a por más bajas? –
En su voz no había rastro de culpa, sino un rencor profundo. Cailan sabía que el elfo estaba enojado con aquellos werewolf. Y que el sujeto podía ser un tanto irrazonable. Aquella sed de sangre que emanaba le angustiaba aún más que las criaturas que les rodeaban.
El pelaje de la bestia que lideraba el grupo se crispó, haciéndolo verse más grande e intimidante.
¿Hablar? ¿Así es cómo ustedes hablan? ¿Matando a tantos de nosotros? Vienen por "Witherfang". Vienen a matarlo pero no los dejaremos. No daremos nada a Zathrian. –
JA – espetó Darrian – si hubiesen aceptado hablar al principio cuando os lo pedimos amablemente no hubiese muerto nadie. ¡No olvides quien atacó primero! ¡Perro sarnoso! –
Darrian – murmuró Cailan – no creo que sea el mejor momento para provocarlos. –
Pero el elfo no le escuchó. Dio un paso adelante, luego otro. Tomó en su mano un trozo de leña encendida y la dirigió contra el líder del grupo.
Os cortaré el cuello uno por uno. Los despellejaré y usaré sus pieles para mi nueva armadura. Seguro que vuestras garras servirán al menos como puntas de flecha. ¿Me pregunto qué haría el herrero de los Dalish con ellas? –
¡Amenazas! – gritó el lobo – ¡Acaben con ellos! –
Y con aquel grito de guerra los Werewolf saltaron sobre ellos. Todos a la vez. Como una jauría de perros hambrientos.
El cuerpo de Cailan se movió por si solo. Se colocó delante de Darrian y con el mandoble en alto detuvo la embestida de dos Werewolf que venían de frente. Con su amplio cuerpo sirvió de cobertura para Darrian. El elfo saltó sobre su hombro. Con la agilidad de un gato clavó una daga en cada una de las nucas de ambas bestias.
Cuando cayeron al suelo muertas el elfo le miró de nuevo.
No necesito que me protejas. – dijo sacudiendo la sangre de sus dagas.
¿Y si no me importa? – contestó el hombre. Alzó su mandoble, deteniendo la arremetida de otra bestia.
Darrian se lanzó sobre el, cortándole el pescuezo. A su costado vio a Zevran. El asesino se movía como una sombra incesante. Por donde se deslizaba había un rio de sangre y cabezas. Sin embargo, sus movimientos eran erráticos. Siempre alrededor de las magas.
Morrigan parecía disgustada con su protección. Incluso intentaba avanzar a su costado. En un momento sujetó a un Werewolf de pelaje oscuro y sus manos centellaron con luz verde. Un color que rápidamente se fue oscureciendo. Penetró en la piel de la bestia como una enfermedad, dejándolo aturdido.
La bruja lo apartó de un empujón. Cuando la bestia calló, algunos de sus camaradas trataron de sujetarlo. En ese momento, el werewolf explotó.
Ese es un hechizo bastante salvaje mi querida Morrigan – dijo Zevran con zalamería.
Cállate elfo. – espetó la mujer. Sin embargo, tenía una sonrisa de suficiencia en el rostro.
Wynne creó una berrera sobre si misma y lanzó un hechizo de rejuvenecimiento sobre sus compañeros. Atacaba desde lejos. Aunque sus conjuros no eran agresivos como los de Morrigan si aportaban lo suficiente como para distraer.
O al menos eso pensaba Cailan hasta que Darrian le interrumpió de nuevo.
¡Por las tetas de Andraste! No me ignores – dijo el elfo mientras apuñalaba a una de las bestias.
Perdón – contestó el hombre. Cargó de nuevo, esta vez dispuesto al ataque y no a la defensa.
Retírate tonto. – repitió Darrian.
Sin embargo cerró la boca cuando el líder de las criaturas aulló.
Olviden a los demás. "The Lady" quiere al Grey Warden. – Cailan le vio extender una garra hacia su compañero. – Tomen al elfo bocón. –
Con esa orden la oleada de criaturas saliendo del bosque se acrecentó. El humano trató de deshacerse del werewolf con que pelaba sin embargo se vio rodeado. Zarandeó su mandoble en un intento de apartarlos. Por encima del mar de bestias vio a Morrigan lanzar una columna de fuego.
El fuego se extendió sacando gritos y aullidos del tumulto de bestias. Pero no fue suficiente. Wynne cubrió el cuerpo de Cailan con un encantamiento protector. Sin embargo el hombre estaba tan preocupado por su compañero que no lo notó.
Se precipitó hacia su izquierda. Donde le vio por última vez.
¡Darrian! – gritó con una estocada de su mandoble.
Nada
¡Darrian! – gritó de nuevo.
Nada. No podía oírlo sobre el barullo de la pelea.
Avanzó con pies de plomo. La ira comenzaba a consumirlo. Pero su miedo lo envolvía aún con más fuerza. Jamás conoció tal desesperación. Ni siquiera cuando creyó que moriría frente a la Horda. Y aquí estaba. Sufriendo por alguien más.
¡DARRIAN! – gritó hasta que el aire se esfumó de sus pulmones.
Para de una vez-
Entonces Cailan sintió un peso caer de sus hombros.
Le había oído. Fue a la distancia y bajo. Pero le escuchó contestarle.
De pronto, las criaturas que se interponían en su camino ya no eran tan fuertes. Pasó todo el peso del mandoble sobre su mano izquierda.
De pronto apuñalarlos no fue tan difícil. Tal vez porque ya no le importaba si los mataba o no. Solo quería quitarlos del medio. Avanzó entre ellos. Pisando fuerte.
Sus pasos se volvieron apresurados. Llevándole hasta el límite del claro. Junto a los árboles.
"¿Cómo pudieron apartarlo tanto?"
Pensó justo al verlo. El elfo peleaba con tremenda agresividad. Lanzaba sus dagas a diestra y siniestra. Siempre sacando otra para remplazar y volver al ataque. Pero le rodeaban. Estaba en desventaja numérica y sin embargo no dejaba de insultarlos y escupirles.
Y Cailan comprendía demasiado bien por qué aquella imagen le tranquilizaba el alma.
Corrió hacia él. Embistiendo de frente al grupo que le cubría. Abriendo un camino. Hasta su lado.
Perdona la tardanza – le dijo, sin darse cuenta de toda la sangre que manchaba su ropa. Ni de los cortes en su piel.
Pero el elfo sí que lo veía.
Te dije que te retiraras. ¿Qué pasará si te matan? – Darrian tenía un corte en el rostro y su pálida piel estaba tan cubierta de sangre como la de Cailan. Había tanta sangre sobre él que el rojo de su cabello ya no se veía tan intenso.
No te voy a dejar. Menos ahora que vienen a por ti. – una sonrisa torcida apareció en su rostro. – Eso no estaba en la predicción ¿O sí? –
Tonterías. Es lo mismo de siempre – mientras hablaban Darrian le cubría las espaldas. Y aunque el aliento de ambos estaba cada vez más agitado de alguna forma comenzaban a recuperar el paso. – Si te metes en el medio ¿cómo se supone que vallamos a protegerte? –
Yo soy quien quiere protegerte a ti. No dejaré que te lleven. No te dejaré detrás. Cuando recupere mi trono cumpliré mi palabra y te haré muchas otras promesas.-
¿Qué demonios? - bufó el elfo - ¿A qué viene tanto melodrama? –
Entonces Cailan se detuvo.
Cortó la cabeza del último Werewolf y se detuvo. Sus ojos cayeron sobre Darrian como un depredador peor que aquellas criaturas. Y aunque aún estaban sus compañeros peleando el elfo pudo escucharlo con claridad.
Las palabras susurradas en medio de aquella matanza.
Creo que te quiero. – fue lo que provino de los labios de Cailan.
No supo por qué lo dijo. Tal vez fue el fruto de su desesperación de algunos momentos atrás. Quizás fue la necesidad de escucharse a sí mismo. O que finalmente se había rendido a su añoranza.
Vio los ojos de Darrian ampliarse. Brillar como gemas ante el fuego de las explosiones provocadas por las bolas de fuego de Morrigan. En un instante le vio sonrojarse como una ciruela. Abrir y cerrar la boca sin saber que decir.
Cailan no podía más.
Sin pensarlo demasiado avanzó para colocarse a su lado.
"Ya lo dije" pensó.
Sabía que le había escuchado. Deseaba repetirse y escuchar su respuesta.
Quería tomar su mano entre las suyas. Incitarlo y besarlo.
Entonces…
Darrian gritó.
¡Cuidado! –
Cailan se detuvo. Pero no le dio tiempo girarse.
Un dolor punzante en su hombro hizo que las piernas le temblaran.
¡Aaaaaaaaaaah! – gritó con toda la fuerza de sus pulmones.
Vio a Darrian correr hacia el. Sin embargo, la criatura que le había atacado le soltó. Le tiró a un lado y se interpuso entre ellos. Cailan le identificó como un lobo blanco. De sus patas crecían enredaderas llenas de espinas que terminaban volviéndose pelaje en el torso robusto de la bestia. Tenía los colmillos cubiertos de sangre.
Su sangre.
Darrian le atacó con furia desmedida. Moviéndose más rápido que anteriormente. Pero la criatura era más rápida. Más ligera y extrañamente, más fuerte.
Cailan consiguió mover si brazo derecho. Cubrió con sus dedos la herida, viendo su piel marcada por los dientes. Un olor tóxico proveniente de ella parecía extenderse por su cuerpo. Bajo la sangre sus venas comenzaban a volverse negras.
El humano apretó los dientes. Intentando no pensar en lo que aquello significaba.
Con sus piernas temblorosas consiguió levantarse. Tambalearse hasta lograr apoyarse en el mandoble. La sangre corrió hacia abajo desde su herida. Entonces comprendió la insistencia de Darrian de que se retirara.
Cailan no se había colocado su armadura para pelear.
Los ojos del hombre buscaron los del elfo, viéndolos fijarse en él a cada instante. En busca de una confirmación de su bienestar.
¡No vengas! – gritó Darrian y para Cailan sus palabras sonaron a súplica.
Bajo la sangre que le cubría el rostro Cailan vio la sombra de las lágrimas y el sudor del agotamiento.
"Cómo puedo no hacerlo cuando te ves de esa forma" pensó.
Dio un paso y luego otro.
Y otro.
No sabía para que avanzar si solo sería un estorbo. Pero no quería que se lo llevaran. Así que apresuró su paso. Con una pequeña carrera recuperó estabilidad. Soltó un grito de guerra y sujetó con ambas manos la espada.
El lobo banco estaba justo frente a el.
Estaba al alcance de su mandoble.
Mientras Darrian le siguiese distrayendo no tenía manera de escapar.
Aquella bestia era el "Witherfang" de Zathrian.
La Dama del Bosque y de los lobos.
Y aunque Cailan lo sabía ya no le importaba. Le daba lo mismo que perdieran a los humanos que sufrían la maldición. Aquella no era su gente.
No tenía deberes con ellos.
No los dejaría llevárselos.
No lo permitiría.
Lo lamentaba por Aedan que puso su confianza en él.
Lo sentía por Elissa que buscaba el mejor camino posible.
"Lo siento" pensó cuando lo tenía justo bajo su mandoble.
La criatura alzó el rostro para verlo y Cailan le vió los ojos completamente negros.
Una luz esquiva brilló en ellos mientras crecían. Como si la bestia supiera que iba a morir.
Entonces…
Le atravesaron el pecho.
NOOOO – escuchó el grito de Darrian.
El mandoble de Cailan calló a un costado con un ruido desgarrador y pesado. El rey miró hacia abajo. A la fuente del dolor. Tres garras negras atravesaron su cuerpo, bañándolo en carmesí. Un buche de sangre brotó de su garganta ahogándole.
Tosió, intentando recuperar el aliento pero le resultó inútil. No podía moverse.
Bestia asquerosa - bramó Darrian. Witherfang se lanzo sobre su espalda, tirándole al suelo y dejándole inmóvil. – ¡No! ¡Déjalo! –
Cailan intentó hablarle, pero la sangre se lo impidió.
"Tal vez esto es todo" pensó "Tal vez Lady Cousland me salvó para que muriese aquí en el bosque."
Sus ojos cayeron fijos sobre Darrian. Si no podía hablar al menos…
Le sonrió con dulzura.
"Solo lamento no haber escuchado tu respuesta"
No te atrevas – bramó Darrian – ¡No cargaré con tu muerte! – las lágrimas brotaron de los ojos del elfo maleducado.
Sin embargo una risa aterradora inundó el ambiente.
Oh, pero el no morirá – bramó el jefe de los Werewolf. – La muerte es un castigo demasiado bueno para los humanos. Nooo. The Lady lo ha contaminado. Regresará. Pero volverá como uno de los nuestros – entonces dejó de hablarle a Darrian. Sus ojos fríos descendieron hasta el cuerpo que sostenía entre sus garras. – Se bienvenido. Hermano. –
Los ojos de Darrian destilaban odio hacia aquellas bestias. Dolor hacia Cailan.
Pero su luz fue apagada pronto cuando Witherfang le golpeó contra el suelo. Dejándole inconsciente.
Cailan podía escuchar los gritos de sus compañeros que venían hacia ellos. Pero desde muy lejos.
La bestia lo desprendió de sus garras, dejándole golpear el suelo con un ruido sordo.
Allí, inútil, tuvo que presenciar cómo se llevaban el cuerpo inconsciente de Darrian.
Extendió la mano, intentando sujetarlo pero estaba demasiado lejos.
Da…rria…n –
Fue lo último que dijo antes de perder la conciencia.
Antes de ver a su amado desaparecer en el oscuro bosque.
Y entonces…
Amaneció.
