Aburrimiento. Ese era el sentimiento que recorría la mente de la pelirroja con la horquilla de caléndula. Recostada en uno de los sofás de su apartamento, pataleaba desganada mientras ojeaba el nuevo volumen de su revista favorita «Chicas Carnívoras». Fue entonces que al pasar la hoja, su flojo rostro adquirió tonalidad y sus enormes ojos naranjas brillaron de interés al leer el título del artículo: «¡Descubre si tu amado y tú están hechos el uno para el otro con este sencillo truco!». La chica leyó y releyó el artículo hasta aprendérselo de memoria y cuando lo hizo, rió malévolamente, porque mañana mismo planeaba ponerlo a prueba.


—¡Raku-samaaa!

El grito jovial atravesó las paredes y un segundo después la puerta corrediza del aula se corrió, deteniendo la sesión de estudio de una siempre-linda Kosaki y un siempre-denso Raku, quienes compartían notas en la aula prácticamente vacía, con sus mesabancos pegaditos el uno al otro para mayor facilidad a la hora de debatir ideas, claro está. Ambos se giraron a ver a la dueña de la aguda y chirriante voz quien caminaba hacia ellos con una radiante sonrisa en el rostro.

—¿Tachibana? —pronunció interrogante Raku, ya que si algo era bien sabido en clase, es que esta chica nunca llegaba temprano. Siempre tarde y con los pretextos más inverosímiles posibles: ataques terroristas, terremotos que solo afectaban su edificio, agujeros de gusano.

—Buenos días amor mío. Me alegro de ver que hoy te levantaste tan guapo y varonil como siempre.

La amigable joven se abalanzó y lo abrazó como de costumbre, aprovechando para manosearlo, olfatearlo y hacerle sentir su feminidad. El yakuza tuvo que hacer un esfuerzo para poder quitársela de encima.

—Oi, quieres dejar de estar jugando.

—Sabes que no es ningún juego Rakkun, necesito de mi abrazo mañanero para empezar el día cargada de energía. ¡Ah!, buenos días Kosaki-san —la saludó con un deje de sorpresa al chocar miradas con ella. Y es que en realidad ni había notado que la joven estaba con el. Así era la visión del mundo para esta chica, primero su hombre luego el resto. Con una risilla pícara continuó diciendo—. Puedo ver que no pierdes el tiempo para flirtear con mi marido. Quién lo diría de ti, últimamente estas yendo con todo.

—¿Ehh? !Te equivocas, solo estamos estudiando! —se apresuró a responder la chica del largo mechón.

—Mira, no sé qué habrá pasado para que llegaras tan temprano pero en vez de interrumpirnos deberías aprovechar para ponerte a estudiar. Hoy a primera hora tenemos examen de física moderna y ya sabes como se pone de gruñona la profesora, en especial contigo.

—Deja de preocuparte de nimiedades amor. Ya tengo a la profesora en la bolsa.

—¡Estudiar no es ninguna nimiedad!… Espera, ¿que quisiste decir con que la tienes en la bolsa?

—Lo que pasa es que ahora mismo tengo cosas mucho más importantes que hacer.

—¿Ah sí? Iluminanos, ¿que es mucho más importante que estudiar?

—Verás… ehm… como te lo digo —eludió la mirada del yakuza con aire cohibido. La pareja no pudo evitar advertir en el drástico cambio de personalidad en la chica, de alegre y vivaracha a una inusual timidez, al grado que ambos ladearon su cabeza al mismo lado y a la vez. Entonces sin más tapujos, soltó la bomba—. ¿Puedes desnudarte para mí?

La atrevida solicitud tomó a la pareja de estudiosos completamente desprevenidos, Raku escupió el café que se había tomado esa mañana, mientras que Kosaki cayó de espaldas con todo y silla.

—¡Queee , a qué viene eso, ¿estas loca?!

—¡Marika-chan, ¿que clase de petición es esa?!

Exclamaron ambos levantándose de sus asientos con aspaviento, como si la sorpresa fuera un camión de dieciocho ejes y este acabara de arrollarlos.

—Por favor Rakkun, nada mas necesito verte en ropa interior —y en susurro apenas audible y desviando la mirada como si lo dijera para ella misma añadió—. Aunque si quieres desnudarte para mí, no me opondré.

—Es que en serio… mira no se que rayos es lo que trames ahora-

En este instante, el hilarante grito de un conocido lentudo intervino en la conversación.

—¡Tachibana-chian no busques mas! Si quieres alguien que se desnude para ti, ¡yo soy tu hombre! —el ofrecimiento venía de parte del inigualable Maiko Shuu, quien se había adelantado y venia bailando alegre dando cabriolas en el aire con el cinturón en mano y los pantalones flojos en preparación para su exhibicionismo. Mientras que Kosaki desvió la mirada al suelo, Marika hizo una mueca de asco; ya que ninguna de las dos quería ver las miserias de este hombre.

Pero como si fuera invocada por un hechizo, su compañera de gafas apareció y lo detuvo en el acto con un tremebundo rodillazo directo al estómago. El poder del impacto fue tal que hasta lo mantuvo suspendido en el aire por unos instantes donde continuó con su brutal ataque con una patada o más bien varias. Lo que pasa es que para el ojo común y corriente parecía haber sido un solo golpe, pero ante el ojo avizor del yakuza, contó al menos tres docenas, y eran tan rápidas que enorgullecerían a la misma Chun-li. El joven revisó sus notas mentales y se sorprendió positivamente cuando comprobó que en efecto, era un nuevo récord de patadas en el aire, asintió en silencio impresionado por la chica que seguía mejorando día con día.

Para finalizar su fatality, lo terminó con una tijera al aire que saco disparado al cuatro-ojos, destrozando una pared y mandándolo a estrellarse en el aula contigua contra un montón de mochilas, mesabancos y uno que otro pobre diablo que no alcanzó a escapar a la velocidad del bólido.

—Siento la molestia que este pervertido pudo haberles causado —con una ligera reverencia, Ruri Miyamoto se disculpó ante el trío, luego con un guiño detrás de sus gafas especialmente dirigido a la chica de cabellos castaños añadió—. Buen trabajo Kosaki, sigue esforzandote asi —y así como apareció, salió del aula y se desvaneció. Era un gesto obviamente cargado de segundas intenciones, pero Raku no supo descifrarlo y lo desestimó como jerga entre chicas. Pero lo que sí notó fue a Onodera bajando la cabeza un poco y a sus tersas mejillas sonrosándose ligeramente. Él sonrió ante su adorabilidad.

Después del violento espectáculo, los tres se vieron entre si por un instante, luego volvieron a los suyo como si nada hubiera pasado.

—Anda Rakkun no seas cruel, solo la camisa y el pantalón.

—¡Eso es prácticamente todo!

—Solo necesito saber que color de ropa interior usas. Es más, que te parece si hacemos un trato —y con un tono de flirteo en la voz añadió—. Si me muestras los tuyos, te muestro las mías.

Levantó ligeramente la blusa de su uniforme, y jugó coquetamente con el cinturón de su falda con una cara de diablilla que ni las más traviesa de los succubus haría. Los ojos del yakuza se ensancharon y sus pupilas índigo se dilataron al máximo cuando notó el encaje de una tela color crema sobresaliendo entre sus dedos. Sería una mentira ante dios si el hombre negara que no estaba ligeramente interesado.

—¿Que tal he?, ¿te gusta lo que ves?

Raku sacudió la cabeza para salir del trance y apaciguar el ardor en su rostro cuando recordó que tenía a Onodera sentada a lado viéndolo fijamente, casi como si estuviera expectante de su respuesta.

—Deja de jugar conmigo y decir tonterías, no hay manera de que me vaya a desnudar.

—Que lástima, pero bien si así es como lo quieres —suspiró la pelirroja, y a continuación puso en acción el plan B. Bruscamente se volvió arrojar sobre el joven pero ahora con un objetivo distinto al de restregarle sus senos en su pecho. Atacó a sus pantalones, en específico a su cinturón. Si no aceptaba por las buenas, lo iba hacer por las malas.

—¡Hey! ¡Déjalo ya Marika!

Hubo una refriega. Marika metiéndole mano, tratando de quitarle el cinturón. Raku estrujando para quitársela de encima. Kosaki observándolo todo sin saber qué hacer. Shuu a medio morir.

—Vamos Kosaki-san, ayúdame a retenerlo.

—¿He? ¿Yo?

—¿Que acaso no estás interesada al menos un poco? ¿No me digas que nunca te has imaginado a mi Raku en ropa interior?

—No, umh... este… yo… —una calidez traicionera empezó a extenderse primero por sus mejillas, luego por su rostro y finalmente dominando el resto de su cuerpo.

Cuando de improvisto la pelirroja parpadeó extrañada al sentir como su cuerpo empezaba a elevarse en el aire como por arte de magia, era como si de repente hubieran viajado al espacio exterior y estuvieran entrando en gravedad cero. Pero no le tomó mucho darse cuenta de lo que pasaba y cuando lo hizo, apretó la mandíbula y gruñó entre dientes.

Y es que a su lado habia aparecido la rubia de mechones rosas, que con la fuerza de King Kong la estaba levantando sin esfuerzo alguno, como si fuera uno de esos chihuahuas miniaturas que salen en los comerciales de Taco Bell, para después arrojarla hasta caer rebotando en una silla adyacente.

—¿Quieres dejar de estar manoseando a mi Darling? —espetó Chitoge. Luego con el mismo tono agresivo se dirigió a él— Y tú querido frijolucho, ¡deja de sonrojarte como tonto cada que te pone un dedo encima y empieza a defenderte!

—¡Eso era lo que estaba intentando!

—Tachibana Marika. Se puede saber ¿que estás tramando tan temprano?

Tsugumi llegó detrás de la rubia. Ambas compartiendo el mismo semblante tenso, de ojos chispeantes y ceño fruncido.

—Bien, supongo que no tengo otra opción. Después de que vean esto, ustedes mismas me tendrán que ayudar a arrancarle la ropa.

—¿Arrancarle la ropa? ¿De que hablas?, ¿por que te habríamos de ayudar a hacer eso?

—Muy sencillo. Por esto… —de debajo de su blusa la pelirroja sacó la previamente mencionada revista, la abrió y les mostró a todas el artículo—. De acuerdo a esta prestigiosa revista, si el primer día del tercer mes del año chino, que es precisamente hoy, la ropa interior de tu pareja y la tuya coinciden, tienen un amor asegurado por el resto de la eternidad y con ello una fructífera descendencia.

—¡Qué locura, no ahí manera de que eso sea verdad! —exclamó la rubia.

Con un sonoro golpe Raku se llevó la mano a la frente, deslizandola por su angustiado rostro, extendiendo sus facciones a su paso. Esta chica y las bobadas que se le metían a la cabeza.

—Cree lo que quieras pero esta prueba viene de un proverbio chino escrito por el mismísimo Genghis Khan, quien es super famoso por tener miles de hijos alrededor del mundo. ¡Y yo no me pienso morir hasta tener al menos una docena!

Entonces un leve golpe dado por unos folders en su cabellera naranja la paró en seco.

—Tachibana —advirtió una dulce voz en tono pasivo-agresivo—. Nos agrada que compartas tus planes a futuro con la clase, pero quieres dejarlo para después e ir a sentarte a tu asiento en este instante. El examen está apunto de dar comienzo y si repruebas vas a tener que venir a clases el verano entero.

—¡Profesora! ¿Pero cuando llegó? —exclamó alguien al ver a la hermosa pero estricta Kirisu.

Marika ni siquiera se giró a verla, hizo una mueca y refunfuñando y a regañadientes, se sentó en su lugar.

Con esto, cada quien volvió a su asiento y las locuras de la chica fueron detenidas momentáneamente, pero desde sus sillas cuatro chicas lanzaban furtivas miradas a los pantalones del yakuza, porque no cabía duda que semejante argumento las había dejado con una chispa de curiosidad relumbrando en sus cabezas.


—Siento lo de esta mañana Onodera. Tachibana con sus tonterías apenas nos dejó estudiar.

A su lado, la chica rememoró lo sucedido y al hacerlo una risilla tan suave como el aleteo de un colibrí escapó de sus finos labios.

—Esta bien, no pasa nada, después de todo no fue tu culpa. Al contrario, tengo que agradecerte, ya que por ti lo hice bastante bien en el examen. Gracias —sonrió con una dulzura natural y Raku desvió la mirada al sentirle como el pulso empezaba a latirle con más fuerza—. Por cierto Ichijou… ¿c-cuál es tu color favorito? —preguntó volviendo su mirada a las flores variopintas que estaba regando.

—¿Eh color? —A Raku la pregunta lo tomó por sorpresa, pero no era como si le molestara que la joven mostrara interés en el ni nada por el estilo, era solo que había salido de la nada—. Pues si tuviera que elegir… diria que el azul.

—¡¿En serio?! —se giró a verlo con una sonrisa como si le acabaran de decir que se ganó la lotería— ¡Que sorpresa, ese es mi color favorito también! El azul cielo.

—¡De verdad! Qué coincidencia —respondió efusivo por tener más cosas en común con esta chica.

—¿No crees que se ve increíble en la ropa?

—¡Sin duda! Recuerdo que se volvió mi color favorito aquel primer día de clases cuando te vi vistiendo el unifor… —a Raku le tomó un instante reparar en el secreto que estaba dejando en evidencia de manera tan casual y cuando lo hizo se quedó a media palabra, como si los ratones le hubieran comido la lengua.

Pero era muy tarde. Onodera lo había escuchado todo con lujo de detalle. Ambos se vieron fijamente durante un buen rato, ojos cafés contra los suyos índigo. Él parpadeó y le sonrió. Ella sintió cómo algo se agitaba en su interior. Hasta que el romántico momento fue interrumpido por un chasquido de lengua que trono en medio de los dos.

—¡Es que en serio, ya deja de hacerte el interesante y di de una vez por todas que color de calzoncillos usas! —dijo la monótona voz claramente reprimiendo frustración.

—¡Ruri-chan!

—¡Ehh Miyamoto!

Exclamaron ambos dando un salto al ver a la chica aparecer en medio de los dos como si fuera un topo. Aunque ella en realidad había estado ahí desde el principio, era solo que estos tórtolos tenían tan buen ambiente, y ella con su pasiva personalidad se podía decir que era prácticamente invisible.

—¡R-R-Ruri, eso fue innecesario!

—¿Eso era lo que le ibas a preguntar, no es así? Tu también estás interesada en lo que dijo Marika esta mañana, ¿no?

—¿E-es eso verdad, Onodera? —indagó titubeante.

—E-e-esto, no es lo que piensas Ichijou, yo… —un violento sonrojo se empezó a apoderar de su semblante y con el frió que hacia, hasta el vapor saliendo de su cabeza se hizo visible.

—Deja te lo pongo más fácil Ichijou. El color de las panties de Kosaki és az-

—¡Waaah! —la apenada chica dio un grito de desesperación y en un rápido movimiento abofeteó la bocota de Ruri, luego la tomó de la muñeca y ambas salieron precipitadamente dejando a Raku en una nube de polvo, boquiabierto y con la mirada en blanco. Pero curioso. Curioso e intrigado en conocer el color de las panties de la chica.


Más tarde, terminada la agotadora clase de gimnasia, los varones del tercero C se dirigieron a sus vestidores para darse una merecida ducha y volver a vestirse en sus uniformes regulares. Pero cuando Raku abrió la puerta de su casillero, el café que se había bebido esa mañana volvió a hacer otra aparición, esta vez por su nariz, al encontrarse con tremenda sorpresa dentro.

Con sus párpados cerrados, la joven pelirroja estaba completamente sumida en una de sus extrañas fantasías mientras estrujaba, abrazaba y olfateaba la camisa de su uniforme, susurrando en una voz llena de deseo cosas como: «¡Kya~! Raku-sama que atrevido, hacerlo aquí frente a todos…».

—¡Tachibana!

El grito trajo a la chica de vuelta al mundo real, abrió los ojos y sonrió al verlo.

—Ahh qué agradable sorpresa encontrarte por aquí Rakkun, pero oye ¿no deberías de estar desnudo? —preguntó ella con sus decepcionados y descarados ojos clavados directos en su entrepierna en busca de sus calzoncillos que para su desgracia, no los traía puestos. El joven se encontraba a medio vestir, de torso desnudo pero aun con sus pantalones de gimnasia—. Oh, pero no es como si me estuviera quejando ni nada —sugirió en un tono más dulce.

Fue entonces cuando Raku reparó en que la mirada de la chica ya tenia tiempo de haber abandonado su zona erógena primaria desplazándose a una terciaria. Más específicamente a sus abdominales. Los miraba embelesada con ojos entornados, en una mirada lujuriosa a más no poder, una mirada en la que se vislumbraba a el atado en una cama y la pelirroja semi desnuda haciéndole cosas que no se ven ni en el más degenerado de los vídeos porno. Y cuando la chica alargó la mano para sentirlos en toda su gloria, Raku retrocedió con el rostro colorado como si fuera la más pura de las monjas, cubriendo su torso desnudo con su recién quitada camiseta.

—¡¿Que diablos crees que estas hac-

—¡Hey chicos! ¡Ichijou está escondiendo una chica en su casillero! —gritó Kazuya, quien era un tipo gordo que rápidamente ganó reputación en la clase por ser un maldito chismoso.

—¡¿Quién es que no veo?! ¿Está guapa?

—¡De seguro la esconde aquí para que no la vea Kirisaki!

—Que maldito. ¿Quién aquí vota por darle una merecida paliza?

Un grito unísono y unánime resonó entre la ahora enfurecida turba, algunos levantando sus puños y otros enarbolando antorchas y horcas en señal de aprobación.

—!Esperen, esperen! Nada de esto es mi culpa. Yo no estoy escondiendo nada, solo es Tachibana que entró por sí misma para tratar de verme desnudo —apremió a decir Raku para salvar su pellejo.

—Aah es cierto, ya la vi —dijo Gorisawa que la alcanzó a ver sobre el hombro del yakuza.

—Y ya saben como se puede ser Tachibana de obsesiva —comentó otro.

—Pero aun así… ¡¿quién aquí vota por darle una paliza por mujeriego y suertudo?!

El mismo grito unísono y unánime volvió a resonar entre la enfurecida turba y antes de que Raku pudiera correr por su vida, ya lo habían tirado al suelo y todos los hombres de la clase de tercero C (incluidos Shuu y uno que otro que entró a los vestidores al escuchar el barullo) lo estaban llenando de patadas, puñetazos y pellizcones.

Marika resopló lamentándose por la suerte de su hombre. Las desventajas de ser popular. Evadió la pelea y salió del vestidor como si nada. Ya tendría otra oportunidad.


—Así que dices que Marika estaba ocultándose en tu casillero —conjeturó Chitoge, que de brazos cruzados y una mirada incrédula observaba a su magullado novio.

—¡Exacto! No tenías porque golpearme —mientras tanto Raku sentado en el suelo se sobaba sus golpes como lo haría un gato lamiendo sus heridas.

—¡No fue mi culpa! Los chicos me dijeron que andabas de infiel.

—¡Tal vez si te hubieras tomado un momento para escucharme en vez de llegar tirando tus puñetazos de gorila!

—¡¿Es que acaso quieres que te de otro?! —espetó amenazante, acercando su delicada mano crispada en un mortal puño a su rostro y apretando con tal fuerza que el sonido hizo que Raku rememorara dolorosos traumas.

—¡Bromeaba bromeaba, perdón!

La rubia cambió el peso de una pierna a la otra y con un cansino resoplido, continuó diciendo:

—Bien, supongo que no tenemos más elección. Muestramelos.

—¿Mostrártelos?

—Si, muestramelos a mi.

—¿A ti?

—Aja, muestrame tus boxers.

—¿Mis boxers?, espera… ¿como sabes que visto boxers?

Un imperceptible sonrojo empezó a nacer en las níveas mejillas de la rubia, pero antes de que creciera vociferó:

—¡Eso no importa, ahora deja de hacerte el idiota y muestramelos ya!

—¡No me digas que tu también crees en eso!

—Por supuesto que no idiota. ¿Por qué crees que me interesaria saber el feo color de tus calzones? Solo es para decirle a Marika que se equivoca. ¡Así que quítate la ropa y déjame verlos!

—¡Oi estas babeando!

—¡No lo estoy! Ahora deja de estarte inventando cosas y no lo hagas mas difícil —le respondió mientras se limpiaba la saliva que derramaba de su boca con el dorso de la mano. Tenía los ojos azules inyectados de sangre y una mueca de pervertido.

La rubia quien no pensaba aceptar un no por respuesta empezó a caminar hacia el. Paso tras paso que daba, el yakuza sintió un miedo creciente dentro. Así que en su infinita sabiduría, decidió hacer lo que cualquier otro puberto adolescente haría en una situación en donde su hermosa novia intentara arrancarle la ropa. Echó a correr como si su vida dependiera de ello.

—¡Hey no escapes!

Se giró a verla sobre su hombro y la miró avanzando enfurecida echando vapor por la nariz y corriendo tan rápida como una locomotora. El aceleró chillando de miedo, pero frente de frente, se vio atajado por la pelirroja que apareció entrando con una barrida campal, cerrándole el paso.

—¡No hay a donde escapar Raku-sama!

El hombre en su desesperación, giró en el primer pasillo que pudo cuando tontamente se fue a dar cuenta de que había entrado a un callejón sin salida. Pero entonces:

—Ichijou por aquí —se escuchó un susurro apenas audible.

La voz venía de parte de Onodera, que lo llamaba haciéndole señales para que se acercara desde la puerta entreabierta de uno de los salones.

El rostro de Raku se iluminó de esperanza y entró de un salto. Cerraron de golpe y ambos se dejaron caer en el suelo con la puerta a sus espaldas.

—Gracias Onodera, me salvaste —agradeció el hombre dando una gran exhalación.

La chica lo vio titubeante unos segundos como si estuviera preparando su mente para decirle algo realmente embarazoso y entonces dijo:

—Ichijou… no crees que seria mejor si… si se los mostraras.

—¡Heee!, Onodera entonces tu tambi-

—¡No, no es eso! —apremió a replicar dejando a Raku calladito—. Es solo que así dejarían de perseguirte.

—Imposible. No puedo. Sería mi fin —negó Raku tajantemente, cabizbajo y con una nota de dolor en la voz, como si recordara una experiencia traumática.

—¡Raku-sama!

El grito resonó en el aula haciendo que ambos levantaran la mirada y se encontraran a Marika, asomando su hermoso rostro que esbozaba una pervertida mueca por una de las ventanas abiertas. Sin previo aviso la puerta a sus espaldas se abrió y Chitoge apareció en el umbral con una mueca gemela igual o incluso más pervertida.

Raku se levantó de golpe y apunto estaba de saltar por unas de las ventanas del tercer piso cuando de pronto:

—¡Tsugumi! —soltó la rubia al aire. Raku reconoció la vocalización y el tono a la perfección. No era un llamado normal, era un invocación de ayuda.

Y tal como lo esperaba, medio segundo después apareció la sicaria haciendo su entrada triunfal por una ventana que daba al exterior y de un ágil movimiento se posicionó detrás del yakuza. Sus iris rojas refulgiendo con furia y las comisuras de sus labios formando una malvada sonrisa que le decía: este es tu fin Ichijou Raku, Milady me ha dado permiso para acabar contigo.

Tsugumi le hizo un agarre, apresando sus brazos por la espalda e imposibilitandolo de moverse. El problema es que esta posición traía ciertas ventajas para el yakuza, suaves y cálidas ventajas. Su mueca de miedo se vio deformada fugazmente por una de placer haciendo que se ruborizara al sentirlos en toda su abundante grandiosidad.

—¡Oi Tsugumi que haces!, esta posición es algo… es que ya sabes… tus… tus cosas, ¡puedo sentirlas!

—¡Silencio bastardo! De seguro te lo estás inventando para intentar escapar. Se hombre y aguántate. Milady, adelante, acabe con el.

Raku chilló de miedo y se estrujó para poder escapar pero fue imposible. El agarre de Tsugumi era tan poderoso como si sus brazos estuvieran hechos de acero. Los movimientos solo hicieron que apretara con más fuerza, provocando que la suave sensación en su espalda se intensificara.

—Ven acá Darling, te prometo que seré gentil —habló Chitoge con voz morbosa, acercándose hacia él y haciendo ademanes con las manos como lo haría el Maestro Roshi apunto de manosear una buena muchachona.

—No te preocupes Rakkun, será rápido e indoloro —Marika por su lado tenía la mirada clavada en la entrepierna del joven con una respiración desbocada, agitando las aletas de la nariz de forma exagerada.

Pero a tan solo unos pasos de su objetivo, una voz angelical las detuvo en el acto.

—Chicas —habló Onodera con ojos compasivos y entrelazando sus delicadas manos con una ternura imperativa—. No creen que ya hemos molestado a Ichijou lo suficiente por un día. ¿Por qué mejor no lo dejamos?

Raku en ese momento supo que eso era lo que la humanidad necesitaba para un mundo perfecto. Un ruego como ese podría detener guerras, curar enfermedades, acabar con el hambre; creando así una utopía donde todos la veneraran como la diosa que es.

—¡Onodera! —gritó a su salvadora y lágrimas de felicidad empezaron a caer por sus mejillas.

Permanecieron silenciosas unos instantes, cada una pensativa en el razonamiento de la chica. Finalmente, Chitoge fue la primera en hablar:

—Kosaki tiene razón… después de todo es solo una chorrada inventada por esa tonta revista.

—¡Te rindes ahora!, ¡pero si estamos tan cerca! —Marika le reprocho a la rubia. Sabía que sin ayuda sería prácticamente imposible desnudar al hombre.

—Se acabó. Sueltaló Tsugumi.

Raku exhaló el aire que estaba conteniendo y respiró tranquilo. Pero lo siguiente que pasó fue algo que sorprendió a todos los presentes. En un rápido movimiento la pelirroja pegó un salto, lanzándose sobre el yakuza.

—¡Hey que crees que haces Marika! —Chitoge la tomó de la cintura intentando detenerla pero esto solo provocó que ambas se precipitaran al suelo, no sin antes caer con todo y pantalones del yakuza. Al parecer la pelirroja había alcanzado a apresar sus zarpas en ellos antes de venirse abajo.

Kosaki se llevó las manos a su sonrojado rostro para evitar ver el bochornoso accidente. Desgraciadamente sus dedos no quedaron lo suficientemente juntos, lo que la dejó contemplar de lleno el exhibicionismo del hombre.

Para Marika este era como un sueño hecho realidad. Desde el suelo, levantó una mirada con sus ojos naranjas centelleando con interés.

Chitoge igualmente levantó la mirada como que sin querer queriendo, después de todo ya que más daba.

Tsugumi apenas podía ver, pues aún seguía sujetando los brazos del yakuza. Ladeó la cabeza y observo lo poco que se dejaba ver.

Pero entonces todas las miradas expectantes y excitadas fueron apagadas de golpe cuando vieron decepcionadas que todos y cada uno de los malditos colores del arcoiris estaban plasmados en esos boxers, que de ondear en un asta, la comunidad gay saludaría con orgullo.

—¡NOOO! ¡Esperen puedo explicarlo! —gritó desesperado Raku— Originalmente eran blancos pero cuando estaba haciendo la colada, Mary metió un montón de ropa de color en la lavadora y ¡toda mi ropa interior quedó así! Y con tanta cita últimamente no me queda dinero para comprar nuevos y… !Hey! ¿¡Están escuchando!?

—La verdad es que esto explica muchas cosas —una misteriosa voz comentó entre las chicas.

—¡Quién dijo eso! ¡Juro que soy bien hombre!

Las chicas lo vieron con una mezcla entre asco, desprecio y decepción, y después de unos momentos, una por una se empezaron alejar del lugar, perdiendo completo interés y volviendo a lo suyo como si nada hubiera pasado.

Ni siquiera fue capaz de ver el rostro de la chica del largo mechón, ya que se había girado y reculaba por el pasillo, caminando lentamente, con los hombros desplomados hasta el suelo y una enorme y palpitante aura de decepción rodeando su hermoso ser.

—¡Onodera!, por favor escúchame, ¡es la verdad!

Y así fue como la gran búsqueda por el color de los calzoncillos del yakuza término. Con las chicas terriblemente decepcionadas y con el joven en plenos boxers, tirado en posición fetal en un aula de la escuela, ahogándose en un charco de sus propias lágrimas.