24 "Extorción"
Despertó de la misma forma en que calló inconsciente. Por un fuerte golpe en la nuca.
Darrian apretó los ojos. Intentando aguantar el insoportable dolor de cabeza. Las imágenes rondaban por su mente como fantasmas en la tempestad. El rostro de Cailan lleno de sangre y sus palabras le asechaban como pesadillas. Demasiados reales para esfumarse entre la bruma de sus pensamientos.
Terriblemente caóticos como para apaciguarlo.
"Creo que te quiero"
Jadeó al recordar aquellas palabras.
¿Cómo podía creerle? Si el mismo no estaba seguro. Y aunque la duda estaba sembrada en su interior, el cómo se había levantado incontables veces para acudir a su lado le perturbaba.
Pero nada le asustaba más que lo que el destino le depararía ahora que estaba contaminado por la maldición de las bestias.
Bestias que le rodeaban.
Podía sentir el peso de sus ojos sobre la espalda. Escuchaba claramente los jadeos de sus respiraciones. El olor de aquellos cuerpos que sudaban por la boca como perros era horrendo. Le revolvía el estómago y las entrañas. Pero más que nada acrecentaban su disgusto.
Escuchó entonces el susurro de una figura más ligera moverse entre aquellas bestias. Se deslizaba tan suavemente sobre el suelo que apenas emitía sonido alguno. Sin embargo, a su paso iba apaciguando los jadeos de los werewolf.
Darrian abrió los ojos, siguiendo la dirección de aquel avance silente.
Y allí estaba.
Esbelta, derecha, erguida como un árbol en el medio del bosque. Su cabello largo, tan oscuro como las piscinas de sus ojos circundaba las delicadas fracciones de un rostro que se le antojaba precioso.
Demasiado suave para ser malvado.
Terriblemente sereno para pertenecer a un demonio.
Me reconforta que hallas despertado, "mortal". – cuando habló, Darrian percibió un eco en sus palabras. Era como hablar dentro de la capilla, donde la amplitud de las paredes agravaban el tono y la frecuencia de la voz. Solamente que parecían ser sus cuerdas vocales las que imitaban el efecto.
El elfo se incorporó lentamente. Sus ojos recorrieron el sitio donde se encontraba.
La sala era amplia y de amplio puntal. Las paredes estaban agrietadas a cada pocos pasos. Por cada pequeño agujero un árbol colaba sus raíces, como si buscasen agua entre las baldosas de piedra de la antigua construcción. Claramente el edificio era parte de algunas ruinas de Tevinter que aún se mantenían en pie por todo Ferelden.
Desde su posición contó tres puertas. Por la aglomeración de werewolf dedujo que la que quedaba justo en frente suyo debía ser la salida. Sin embargo contó más de diez bestias y seis árboles de aquellos que se movían. Los mismos que les habían estado incordiando desde su entrada a los bosques.
Camufladas en el piso identifico siete placas de presión. Cada una conectada a una trampa, probablemente. Había además un par de trampas para osos. Cualquier desgraciado que metiese su pierna ahí sin armadura estaría cerca de perderla.
La luz del sol atravesaba el enorme agujero en el suelo, dándole a entender que había estado inconsciente hasta el amanecer. Ya era de día, pero ¿Cuánto había pasado desde el ataque? ¿Días? ¿Horas? La duda se lo estaba comiendo vivo.
Al incorporarse extrañó de inmediato el peso de sus dagas a la espalda. También le faltaba su mochila, su monedero y algunos accesorios encantados que le potenciaban la velocidad.
Los maldijo una y mil veces. Aquellas criaturas descabelladas eran inteligentes. Según Elissa mantenían por completo su raciocinio. Pero detrás de todos sus movimientos estaba esa "Lady". El mismo espectro que le atravesaba con la mirada mientras pequeñas hojas flotaban a su alrededor.
Perdona si dudo de la veracidad de tus palabras "Witherfang" – espetó el elfo en el tono más cortante que pudo.
Acababa de descubrir que tenía la garganta seca. Y por supuesto, además de arrastrarlo hasta aquel lugar los muy brutos no habían ni tratado sus heridas Por .
Cuídate la lengua. Estas hablando con la Lady. – espetó el hombre lobo de pelaje castaño. Darrian le identifico como el mismo que los interceptase al entrar al bosque.
El mismo que estaba al frente del ataque de la noche anterior.
¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? – le preguntó directamente al espíritu, ignorando al werewolf que se había dignado a hablarle.
Un par de horas "mortal". – Aunque sus palabras le trajeron algo de aliento, Darrian no podía evitar sentirse ansioso. Por su parte el espíritu continuó hablando mientras acariciaba con sus dedos largos como ramas el pelaje de la criatura a su lado. – Lamento la forma tan brusca en que tuvimos que traerte. Pero necesitamos hablar. –
Hablar. ¿Ahora? – se burló Darrian. - ¿Acaso nosotros no les pedimos hablar en cuanto pusimos un pie en este bosque? ¿Acaso no mandaste una y mil veces a tus apestosos perros para que nos dieran casa? – espetó el elfo con furia. Demasiado disgustado con las memorias del día anterior.
¡Ustedes vinieron buscando a Witherfang! – gritó el líder de las bestias apartándose de la mano del espíritu con cuerpo de mujer – ¡Vienen a matarlo en nombre de Zathrian!-
Puede que al principio – mintió Darrian. ¿Cómo iba a explicarles sobre Elissa y sus visiones? No. A su juicio lo mejor era pretender. Después de todo, Cailan no era el único bueno mintiendo. – Pero cuando vimos que podían hablar nuestro jefe decidió escuchar su parte de la historia. Quisimos hablar. ¡Quiso darles una oportunidad y ustedes los castigaron con su maldición! ¿Qué hay para hablar ahora? –
¡No lo escuches Lady! – rugió la bestia, alterando a sus similares. - ¡Miente! Vino por el corazón de Witherfang! ¡Vino a matarte! –
Silencio Swiftrunes – ordenó el espectro casi en un susurro.
Como si le hubiese azotado el lobo hincó la rosilla y bajó la cabeza. Por un segundo a Darrian le recordó al inmenso mabari del Warden Aedan.
The lady mantuvo sus ojos en el elfo. Mirándole con una expresión indescifrable.
Las voces del bosque dijeron que eres un Grey Warden. – cuando habló alzó un poco la voz, sin embargo, a Darrian aún le recordó a un susurro. – Y yo me pregunto ¿por qué un Grey Warden seguiría órdenes de un hombre común y corriente? Puedo sentir como eres más fuerte que el. –
Darrian entrecerró los ojos.
"Por supuesto que las criaturas del bosque espiarían para ella."
Claramente no podía revelar la verdad tras la identidad de Cailan. No quería ni imaginarse lo que aquellas criaturas podrían hacer con tal información.
Eso no viene al caso. – contestó con vehemencia. – Me trajiste aquí por una razón. No a mi jefe. A mí. Dime qué es lo que quieres. –
The lady inclinó la cabeza, observándole con rostro invariable.
Quiero lo mismo que Zathrian. Ponerle un fin a esta maldición. Swiftrunner y los demás no eran así desde el principio. Ellos eran humanos. –
Darrian conocía la historia. Elissa les había explicado como aquellos desagradables humanos habían asesinado al hijo de Zathrian y violado a su joven hija. Aunque la muchacha sobrevivió, no pudo sobrepasar la pena de quedar embarazada y escogió quitarse la vida.
Eso pensó mientras escuchaba a Swiftrunner relatar la misma historia. Sorprendentemente fiel a la de la profeta. Sin embargo, Darrian no era tan blando para dejarse llevar por el tono lastimero del werewolf.
No sentía pena por esas bestias. A su juicio Zathrian era el que tenía razón. Lo había expresado así frente a sus compañeros y aún lo pensaba. No importaba que hubiesen pasado años. Ni siglos ni nada. El dolor de un padre no desaparecía.
Él mismo había asesinado brutalmente al bastardo que hozó violar a Shiani solo porque podía. Le dio igual que fuese un noble. No le hubiese importado si era el mismísimo rey de Ferelden. Cualquiera que la torturase como el hizo… quien fuese que la lastimara pagaría el precio. Solo lamentó no poder torturar al muy perro.
Y Shiani era su prima.
No quería imaginarse lo que tuvo que sufrir Zathrian.
Después de todo eso ¿todavía les parece injusta la maldición? –
El lobo rugió tras sus palabras. Pero bajo la intensa mirada del espíritu decidió continuar su narración. La cual Darrian escuchaba a medias.
Zethrian vino a estas ruinas e invocó un terribles espíritu atándolo al cuerpo de un lobo enorme. Así es como surgió Whiterfang. – hizo una pausa teatral mientras avanzaba hasta colocarse cerca de Darrian, inundándolo con su peste. El elfo arrugó el entrecejo por el desagradable olor. – Whiterfang cazó a los humanos de la tribu. Asesinó a muchos, a otros los maldijo con su sangre, convirtiéndolos en criaturas torcidas y salvajes… -
Entonces Darrian pensó en Cailan. En como aquellas garras que ahora tenía tan cerca le habían atravesado la carne. Los colmillos del mismo Whiterfang manchados con su sangre se habían encajado en la piel de Cailan. Contaminándole de inmediato.
¿Era ese el destino que le asechaba ahora a ese hombre?
No.
No podía ser.
Entonces la voz de The Lady resonó tras las palabras de Swifturnes.
Tan torcidos y salvajes como el mismo Whiterfang. –
Se lo merecen. Todos ellos. – las palabras que Darrian expulsó fueron tan frías como la magia de hielo de Amell. Ni una pisca de compasión hacia ninguna de las criaturas presentes en aquel inmenso salón.
Sin embargo, su tono no amedrentó al espíritu.
The Lady continuó su explicación.
Fueron conducidos hacia el bosque. Cuando finalmente la tribu humana se marchó sus compañeros malditos permanecieron. Lastimeros animales sin mente. –
Hasta que te encontré a ti, my lady. Tú me trajiste paz. – dijo la criatura, dejándse caer de rodillas junto al espíritu.
Ella le observó con cierta superioridad y complacencia. Pero en sus ojos había un aprecio que Darrian no creía que merecieran tales alimañas. El espíritu regresó su vista a él, balanceándose con lentitud sobre sus propias piernas.
Le mostré a Swiftrunner que su naturaleza tenía otro lado. Aplaqué su rabia y su humanidad emergió. Entonces el trajo a otros a mí. –
Darrian estaba impresionado de su hipocresía. Aunque ella no lo había dicho, la misma "Lady" era Whiterfang. Quien había asesinado y maldecido con su sangre a los humanos que la rondaban como perros.
Pero al final, ante sus ojos, ella era tan malvada como ellos. Ya se hubiese librado del control de Zathrian, se había aliado con aquellos que lo hicieron sufrir. Por los cuales la invocó en primer lugar.
Y entonces se dedicaron a cazar a los Dalish. Una poética venganza ¿O no? – dijo con sarcasmo, fulminando con la mirada a aquel espectro.
Aquel demonio.
En parte – admitió la mujer. Su expresión torcida por un gesto de desagrado. – Como ya dije, buscamos terminar la maldición. Los crímenes cometidos contra los hijos de Zathrian fueron graves, pero se cometieron hace siglos por aquellos que murieron hace mucho. En repetidas ocasiones se le pidió a Zathrian que viniera, pero siempre nos ignoró. No volveremos a ser ignorados. – la ira en su voz era palpable.
Casi tan concreta como la de Darrian. Aunque ella claramente intentaba mantenerse serena. Swiftrunner rugió.
Hrrr! ¡Expandimos la maldición a su gente! ¡Así que el debe terminarla para salvarlos! –
Así que no pueden atraer a Zathrian ni lastimarlo ¿y deciden condenar a su gente y su descendencia? ¿Cómo eso los hace distintos a sus antepasados? – criticó el elfo.
Por favor, "mortal"… debes ir por él - esta vez el espíritu pareció apaciguado. Tal vez por sus duras palabras o por la expresión azorada de su compañero. – Tráelo aquí. ¡Si ve estas criaturas, escucha sus plegarias… seguramente estará de acuerdo en terminar la maldición! –
Pues Darrian no estaba tan seguro.
Sin embargo, tenía una razón para acceder.
Ellos se habían encargado de dársela.
No podía solo preguntar amablemente ¿o no? – les dijo con claro desprecio en la voz.
Tienes que entender, mortal, que estamos desesperados. Han sido siglos desde entonces. Debe terminar. –
Darrian no tenía otra opción. Estaba desarmado y ellos lo superaban en número. Incluso si se las ingeniaba para escapar y reunirse con sus compañeros, no estaba seguro de que pudiesen hacerles frente nuevamente a los werewolf y sus fuerzas.
Ya habían perdido una batalla contra Whiterfang.
Cailan se encontraba contaminado, herido y debilitado. Habían perdido el único tanquer del equipo. Solo quedaban dos pícaros y dos magos. Estaban en desventaja.
Por muy buena curandera que fuese Wynne, estaría demasiado ocupada con Cailan.
Los Dalish no les prestarían ayuda aunque le pelea fuese para y por ellos. Además, ni la misma Elissa le había dado suficientes detalles para saber si sacándole el corazón a Witherfang la maldición realmente acabaría.
Ya fuese porque ella misma despreciaba la idea de ignorar a los werewolf o porque sencillamente no le dio la gana de contarlo. Así que solo le quedaba seguirles la corriente.
Con los métodos del espíritu era más probable que pudiese salvar a Cailan.
¿Verdad?
Su rostro deformado en aquella expresión tan tierna le vino a la mente. Nunca le había visto esa expresión…
Solo una vez en el palacio de RedCliffe creyó ver algo similar. Cailan le había sonreído como en ese momento. Creyó ver sus ojos llenos de algo que no supo descifrar.
"Creo que te quiero" Le había dicho.
Y él no había respondido.
No sabía lo que quería decirle, pero definitivamente tenía que responder algo. Le daba igual que fuese. Ya fuese para reafirmarlo como para alejarlo, Darrian quería tener la opción de hacerlo.
La posibilidad.
Pero no estaba dispuesto a hacer ningún trato sin conocer las consecuencias. Menos un acuerdo al que accedía obligado.
¿Y cómo se que no irán por ahí haciendo lo mismo que sus antepasados? Ya decidieron condenar a un clan por las acciones de su líder. ¿Qué pasará cuando se vean acorralados en el mundo real? – preguntó observando con fijeza a Swiftrunner.
El lobo le sostuvo la mirada antes de que Darrian observase a los demás.
No sé si lo saben pero Ferelden está en Guerra ¡Estamos en el medio de un Blight y ustedes están aquí encerrados en su bosquecito teniendo una pequeña guerra civil! Si salen fuera en sus cuerpos humanos y se topan con la pobreza que trae el Blight ¿Cómo sé que no robarán para sobrevivir? ¿Cómo sé que no asesinarán por comida? O peor ¿Qué harán si se enfrentan a los Darkspond? – hizo una pausa.
La mayoría de los werewolf le observaban con los ojos desorbitados. Temblorosos, asustados.
Ahora que tienen garras y dientes pueden defenderse. Ya están malditos. Así que dudo que puedan ser corrompidos. Pero ¿y con sus cuerpos humanos? ¿Podrán huir lo bastante lejos como para que no les alcance el Blight? ¿Serían capaces de defenderse cuando jamás han siquiera tocado una espada? –
Silencio.
Al parecer estaba consiguiendo el efecto que deseaba.
Y ninguna respuesta. No al menos por parte de las criaturas.
Entonces, mortal ¿qué sugieres? – murmuró la dama del bosque.
Quiero que juren que bajo ningún concepto robarán, asesinarán ni violaran a nadie. – dijo con severidad.
Eso, te lo garantizo yo, mortal – contestó el espíritu de inmediato. No había duda oculta en su corazón.
Tal seguridad hizo difícil para Darrian desconfiar.
Se aclaró la garganta.
No digo que tengan que pagar por los pecados de sus ancestros. Pero sí les deben una disculpa a los Dalish. No puedo imaginar lo malo que será su criterio de los humanos por vuestra culpa. –
¡No pediremos disculpas por buscar la libertad! – chillo Swiftrunner - ¿Por qué pedir perdón? ¿No merecemos nosotros una disculpa? – las voces de sus compañeros comenzaron a escucharse, por lo que Darrian tuvo que gritar para hacerse oír por encima de los ecos.
¡Zathrian pagará lo con su vida por sus acciones! – Darrian observó al lobo con desprecio. - ¿No te parece eso disculpa y castigo suficiente? –
Los lobos guardaron silencio. Swiftrunner soltó un gruñido bajo y Darrian hubiese jurado que escuchó reír a la Dama del Bosque.
Pues una disculpa será. – dijo ella a continuación.
Finalmente, y seré sincero con ustedes, me parece una estupidez dejarlos a su suerte cuando estén libres de la maldición. – dijo el elfo en el mismo tono de voz.
¿Exactamente qué significa eso? – murmuró Swiftrunner.
Significa que tienen tres opciones. La primera es que convenzo a Zathrian para que retire la maldición. Entonces ustedes salen huyendo. Primero tienen que atravesar el bosque, completamente desarmados, y salir sin ser atacados por las bestias ni diezmados por loa árboles. –
Las criaturas del bosque nos conocen – bramó Swiftrunner a lo que Darrian contestó observándole por encima del hombro.
Tal vez en sus cuerpos actuales. Incluso los lobos creen que son de su especie ¿Pero puedes asegurar que cuando sean humanos seguirán "oliendo" como ahora? – con la vista recorrió el grupo – No quiero ofenderlos, pero apestan a perro mojado. –
Los lobos se miraron entre ellos. Algunos incluso olieron a sus compañeros y otros a ellos mismos. Incluso los árboles que les miraban se rieron en voz baja. La Dama del Bosque se mantuvo callada, como si considerara las palabras del elfo. Entonces Darrian continuó.
En el mejor de los casos, que al menos la mitad de ustedes logre salir del bosque ¿A dónde irán? La locación más cerca era Lothering y ya ha sido azotada por los darkspond. Con los engendros tan cerca dudo que consigan sacarles ventaja para ir al norte a Denerin, o al este donde se encuentra Redcliffe. Ambas de las cuales pronto serán alcanzadas por la Horda. –se aseguró de exagerar un poco sus palabras. No tenía seguridad de sus palabras. Pero si no lograban detener a los darkspond la muerte era el destino inevitable de todo Thedas. –
¡The Lady nos protegerá! – rugió una de las criaturas más cercanas a la puerta. – Ella no nos abandonaría. The Lady… - una voz serena le interrumpió.
No estaré aquí. – el espíritu observó llena de pena al lobo que había intercedido. Tal vez demasiado joven o tonto para saber la verdad. – Cuando la maldición termine, moriré junto con Zathrian. Soy fruto de la maldición, su origen. Mi destino está atado a ella. –
Murmullos nerviosos volvieron a llenar el lugar. Los werewolf se miraban inquietos. Muchos de ellos asentían y argumentaban sus palabras. "Como humanos somos indefensos" escuchó decir con sus agudas orejas a una hembra. Incluso Swiftrunner miró sus propias garras.
Así que les tengo una propuesta. – nuevamente, el salón guardó silencio. – Han estado esperando mucho para ser libres Pero quieren poder vivir una vida normal después de ser liberados. Tal vez fundar su propio poblado. ¿No es verdad? – los lobos asintieron repetidamente. Algunos con demasiada intensidad – Entonces ¿Por qué no esperar al final del Blight para terminar la maldición? –
¡No digas estupideces! ¡Ni siquiera sabes cuánto tomará terminarlo! – rugió Swiftrunner – ¡Solo quieres huir y nunca regresar! –
Por si no lo has notado soy un Grey Warden. Asumo que fue por la influencia que puedo tener en Zathrian que tu "Lady" me trajo a mí y no a cualquier otro. – el espíritu asintió bajo su mirada. – No puedo huir del Blight. Tampoco puedo abandonar a la gente que sufre por su causa. –
"Y créanme que quiero abandonarlos a su suerte para que mueran miserablemente como los perros que son" pensó. Pero se obligó a mantenerse sereno.
Fácilmente podría hacer cambiar a Zathrian de opinión y desentenderme de ustedes. Les aseguro que no me quitaría el sueño. Tengo demasiado trabajo que hacer como para dedicarles un pensamiento. Pero aquí estoy, en contra de mi voluntad, aguantando amenazas y aún así me preocupo lo suficiente como para romperme la cabeza y darles opciones. – extendió el brazo y apuntó con el dedo índice al hocico de Swiftrunner. – Así que no digas que quiero huir. Porque no puedo. –
El lobo rugió, pero el desprecio en su rostro se desvaneció. Entonces Darrian supo que había ganado.
"¿No soy bueno?" el pensamiento sarcástico casi le hace arruinar su teatro.
¿Entonces hasta cuando esperaremos? – muró Swiftrunner, mientras Darrian bajaba su brazo.
Hasta que terminemos de reunir las fuerzas necesarias para la batalla. Los elfos tienen un compromiso con nosotros y ya tenemos la gratitud de los humanos – mintió. – Una vez vallamos a Orzamar atacaremos a la Horda. –
Entonces, ¿si reúnen todas las fuerzas necesarias terminarán el Blihgt? – murmuró Swiftrunner.
Solo un Grey Warden puede acabar el Blight. Y tienes mi palabra de que lo haremos. –
Swiftrunner le observó en silencio por unos instantes.
Entonces ayudaremos. – Darrian admitió para sí mismo que no esperaba aquella declaración de Swiftrunner.
Ciertamente estaba dispuesto a extorsionarlos hasta que el espirito del bosque les ordenase unirse a su causa. Pero fue una sorpresa que Swiftrunner se brindase. Tal vez no fuera un perro tan tonto como pensó inicialmente. Lo peor de todo era que la Dama del Bosque estaba sonriendo.
Si ayudar a los Grey Wardens a terminar el Blight acelera el fin de la maldición y nos asegura un futuro… estoy dispuesto a poner mi vida en riesgo. – Darrian tragó en seco.
"Esas palabras las dicen los que mueren" pensó.
Pero sus compañeros no pensaban lo mismo. Ellos estallaron en aullidos y vítores. Todos de acuerdo con las palabras de su líder. Incluso el espíritu del bosque se mostraba feliz de escucharle tan comprometido.
¿Cuál es tu nombre Grey Warden? – preguntó la bestia extendiéndole una garra abierta.
Darrian Tabris. – a pesar de su desagrado Darrian le estrechó la mano.
Pues Warden Tabris, desde hoy somos hermanos. – Y aunque la simple idea le desagradaba tanto como besar a un darkspond se obligó a asentir.
"Hacer cualquier sacrificio para acabar con el Blight…por las bolas del Hacedor" pensó.
The Lady miró a Darrian con superioridad. Como si creyese que fueron sus decisiones las que hicieron posibles aquel acuerdo. Por los agujeros del techo entró un pequeño pájaro azul. El ave revoloteó alrededor de La Dama del Bosque hasta posarse en su hombro cerca de su oído.
El elfo le escuchó trinar. Entonces la sonrisa de The Lady se amplió.
– Swiftrunner – llamó el espíritu. – Trae las armas y el quipo de nuestro compañero. Debe reunirse con los otros cuanto antes. –
El lobo asintió, dándose la vuelta de inmediato. Con su partida, la mujer se paró a su lado. En su mano tenía un recipiente vacío de cristal. Una botella en la que una vez hubo una poción menor de curación.
Sostenla – le dijo a Darrian. EL elfo obedeció más por curiosidad que por deseo. Le vio entonces acercarse un dedo a la boca y morder. Sus dientes penetraron las ramas que formaban la carne de sus manos y un líquido verde brillante emanó de sus dedos. – Dale esta poción a tu amigo y a los hombres de Zathrian que sufren de la maldición. Retrasará su expansión y mitigará los efectos de la ira que provoca. Los mantendrá cuerdos aunque se transformen. – explicó el espíritu.
¿Se puede replicar? – preguntó el elfo.
Cualquiera versado en plantas medicinales y veneno debería poder. Mientras más experimentado sea el artesano mejor será el resultado. Sin embargo, guarda esta dosis para la persona que más te importe. Los efectos de cualquier réplica serán la mitad de poderosos. Necesitarán más dosis. Pero para la primera vez, con la mitad de esta botella debería ser suficiente. –
Darrian asintió.
No era una cura, pero demostraba que había una posibilidad. Tendría que comprobar los efectos de la magia sobre aquel veneno. Zevran era bueno con los venenos, o eso le había dicho. Él mismo no tenía mucha experiencia con ellos.
Pero por Cailan aprendería.
Swiftrunner regresó con su mochila, su cinturón con las pociones y sus dagas.
Darrian se armó tan pronto como pudo y aunque algunos de los lobos quisieron escoltarlo a la salida el insistió en que se bastaba con direcciones. No se marchó sin asegurarles que escucharían noticias suyas.
Y así atravesó la puerta que tanto tiempo estuvo mirando al despertar.
Guiaba a un pasillo largo, todo cuesta arriba, todo escaleras.
Su mochila pesaba más de lo que recordaba, así que hizo una nota mental de revisarla.
Creyó que aquella cuesta no terminaría nunca. Hasta que finalmente terminó. Frente a sus ojos había otra puerta que cedió fácilmente bajo su toque. Y cuando la abrió se quedó estático.
Allí, frente a sus ojos, estaban Cailan y el resto.
El hombre tenía el cabello rubio cubierto de sangre seca. Usaba su armadura, pero por la palidez de su rostro Darrian supo que seguía herido de Gravedad. Más aún cuando Zevran le ayudaba a estabilizarse con sus brazos. Morrigan estaba despeinada y malhumorada. Incluso tenía chamuscados los bajos de su atípica túnica. Wynne no estaba en mejores condiciones. Estaba agotada y caminaba apoyándose en su bastón.
El único que se veía medianamente decente era Zevran. El asesino sonrió al verle. Sus ropas estaban en orden, incluso su cabello estaba perfecto. Lo único fuera de lugar era lo ensangrentadas que estaban sus dagas.
Darrian suspiró y cerró la puerta a su espalda.
Estoy de regreso. – dijo.
Y cayó al suelo.
Fue tan repentino que quedó sorprendido. Apenas puco moverse cuando comprendió que Cailan se había lanzado sobre él.
El humano tenía los brazos sobre el. Envueltos a su alrededor.
Darrian podía escucharle respirar pesadamente.
Estas bien – dijo la voz ahogada del humano en su oído. Sus brazos apretándole con más fuerza. – Creí que moriría de la preocupación –
… - el elfo suspiró de nuevo. – Estoy bien. No nos quedemos aquí. Tengo mucho que contarles y … -
Sus palabras se interrumpieron cuando unos fríos labios le acallaron. Darrian tuvo que contenerse para no obedecer sus instintos y clavarle una daga en el costado. Era Cailan quien le besaba. ¿Cómo podría moverse?
El hombre le apartó los labios, introduciendo su lengua con necesidad. Darrian no pudo evitar seguirle y antes de poder detenerse le estaba besando con la misma pasión que le era exigida. Se dejó llevar.
Sus brazos envolvieron el cuello de Cailan, enredándose en las manchadas hebras de cabello rubio.
Tal vez sí le gustaba este hombre.
Tal vez no todos los humanos eran malos.
Devolvió el beso con ansiedad, sin importarle quienes les veían ni que estaban tirados en el piso de unas ruinas en medio del bosque. O que una bestia podía saltar sobre ellos en cualquier momento.
Solo le importaban los besos de Cailan y sus dedos bajo su armadura.
Asqueroso – escuchó decir a Morrigan antes de perderse en los labios del Rey de Ferelden.
NA: Aquí está otra pareja, digánme que piensaaaan, jiji.
