25 Resolución

Darrian suspiró otra vez.

Estaban de regreso en el campamento de los Dalish.

Como Elissa les informase, Zathrian decidió ir a comprobar si habían hecho el trabajo. Darrian se hizo cargo de la situación antes del tiempo que "el Custodio" había decidido esperar. Le encontraron antes incluso de entrar al bosque.

"Yo me encargué de los lobos. Tú de los elfos" le había dicho a Cailan.

El Grey Warden tomó una de las botellas de pociones vacía que Morrigan iba a desechar y dividió el contenido de la cura que le diese La Dama del Bosque. Una se la entregó a Cailan con una rápida explicación de su función y del trato con los lobos.

Aún no había podido explicarles a los demás exactamente lo que había hecho. Pero estaba cansado y no quería tener que lidiar con dos manadas sedientas de sangre el mismo día. Así que se contentó con regresar junto a sus malhumorados compañeros y dejarles encargarse de los asuntos pendientes.

Cailan tenía los tratados que Aedan le dio. Y los elfos estaban obligados a contestar. Con la amenaza detenida no tenían razón para negarse. Así que él se dedicó a entregar la madera al herrero del campamento. El elfo estaba tan feliz que ofreció hacerle un par de dagas. Sin embargo, después de examinar sus armas Darrian comprendió que Cailan tenía razón al decir que hacían los mejores arcos de Ferelden.

Darrian no era un fanático de los arcos. Pero no aceptaría unas dagas mediocres después de tanto esfuerzo. Así que se decantó por el arco.

Se ocupó de revisar su mochila. Como imaginó el peso de más se debía a objetos que los lobos habían colocado en su interior.

Unas pieles que agregar a las que ellos ya habían recolectado. Monedas de oro, plata y bronce, que asumió tomaron del interior de las ruinas. Además de una vasta colección de hiervas y gemas. Algunas pociones de salud básicas y una armadura.

La armadura era demasiado pesada. Sin embargo era plateada, brillante y estaba encantada. Le serviría a cualquier soldado con buen estado físico. Pero Darrian no estaba seguro de querer dársela a su líder.

Era su premio.

Y él tenía alguien en mente para ella.

Alguien que hacía un par de horas le había besado como nadie en el mundo.

Involuntariamente sus dedos ascendieron hasta sus labios, donde reposaba una sonrisa espontánea.

Mientras estaba perdido en sus pensamientos Morrigan y Zevran se aproximaron. Codo con codo se veían hundidos en su conversación.

Eres un asesino muy astuto, Zevran. – decía la mujer. Su tono de voz demasiado sugerente.

¿Por qué dices eso, oh mágica tempestad? – contestó el hombre con un fingido tono escéptico. Morrigan se irguió, enderezando la espalda para verse más alta que el elfo.

Estar en el lado bueno de aquel que decide si vives o mueres, sin mencionar que es el único que puede protegerte de tus antiguos camaradas. –

Darrian asumió que estaban hablando del jefe de los Grey Warden. Hacía un tiempo que veía al asesino rondándolo. Al principio fue una orden del mismísimo Aedan Cousland. Pero recientemente no parecía rechazar las atenciones del asesino, ni verle con malos ojos.

Mucho menos la mañana en que les indicó partir al bosque, donde se vieron… bastante íntimos.

¿Y se supone que me crea que estás aquí por tu… sentido de patriotismo? – Darrian detectó cierta diversión en la voz del elfo. Como si se estuviese burlando del comentario de la mujer.

A modo de respuesta ella soltó una risotada.

Ja. Difícilmente. –

Todos tenemos razones para hacer lo que hacemos. Resulta que las mías vienen con un set de brazos musculosos. – concluyó el elfo con voz serena. El sujeto era capaz de cambiar de humor tan rápido que Darrian no conseguía seguirle el ritmo. Aunque la mayor parte del tiempo solo era sarcástico.

"Como ahora" pensó el Grey Warden.

Ignórala Zevran. – intervino Darrian. – Solo está celosa porque desde que apareciste nuestro jefe no le hace demasiado caso. –

Los dorados ojos de Morrigan cayeron sobre él como lanzas. Darrian casi hubiese jurado que vio sus pupilas contraerse como las de un gato.

Por supuesto que no. – contestó ella cortante. – Eso es ridículo. –

Sí, seguro. – Darrian se levantó. Sacudió los bajos de su pantalón y tomó su mochila. Se acercó a la pareja con aires de claro agotamiento. – Necesito hablar con ustedes. ¿Ahora es un buen momento? –

Es tan bueno como cualquier otro. – dijo el asesino con una gran sonrisa.

Oh, claro, seguro. El solo acaba de interrumpir una conversación a la que no fue invitado. –

Como si Morrigan no hubiese hablado Darrian les mostró el vial que sostenía en su mano. En el interior brillaba el líquido verde.

La Dama del Bosque me dio esta poción. Dijo que podía ralentizar la maldición de los werewolf. –

¿Quieres decir la maldición que ahora sufre tu amante? – las palabras de Morrigan contenían tanto veneno que dejaron en claro lo disgustada que estaba.

The Lady dijo que podía ser replicada, pero que los efectos nunca serían tan efectivos como los de esta. – continuó Darrian.

¿Qué no le diste uno de esos al rey para negociar con Zathrian? – insistió Morrigan. Al mismo tiempo Zevran tomaba el vial y lo destapaba. Acercó su nariz y olfateó – Si lo que dijo es verdad entonces debiste quedarte con todo el contenido y darles a los elfos lo que sea que logremos replicar. –

El elfo se mordió los labios. Lo había pensado.

De verdad que sí.

Pero creyó que sería más rápido que Zathrian intentase reproducirla por un lado y ellos por otro. Así encontrarían la versión más parecida con mayor rapidez. Se los explicó, pero Morrigan contestó con una risa socarrona.

¿Y qué te hace creer que él cooperará? No solo has evitado que cumpla su cometido, sino que además hiciste un trato con las bestias que tanto quiere destruir. Aunque consiga una poción cercana a esa ¿por qué te la daría? –

Nuestra hermosísima hechicera tiene razón – concordó Zevran pasándole el vial a la mujer. – Tenemos poco material y será complicado de replicar. Necesitaremos a Wynne y puede que algunos magos de la torre. Aún así ya tienes a los werewolf. Ni siquiera nuestra querida profeta contemplaba la posibilidad de reclutar a los dos grupos. – Darrian suspiró.

Extendió una mano y se acarició el cabello.

Por eso envié a Cailan. – reconoció. – El que tenga la maldición del poblado le ayudará a ganarse la simpatía de Zathrian. Además viene con una alianza y la posibilidad de una cura. Puede parecer tonto pero Cailan tiene carisma. Si hace alguna promesa como Rey de Ferelden, no creo que tengan muchas razones para rechazarlo. – concluyó justo cuando Morrigan tapaba el vial y se lo devolvía.

Zevran le miró por un instante antes de intercambiar una sonrisa malévola con la bruja.

¿Qué? – preguntó el Grey Warden.

Tal vez no eres tan estúpido como yo creía elfo. Haz hecho un buen movimiento. Estoy impresionada – Darrian no consiguió entender si Morrigan hablaba con sinceridad o no.

Igual yo. Has resultado ser un sujeto bastante calculador. Serías un talentoso asesino. – concordó Zevran.

¿Y tú serías mi maestro? –

La oferta de por sí era tentadora. Más si venía de un cuervo de Antiva. Recibir entrenamiento del mejor le traería ventajas. Además de que había visto uno o dos movimientos de Zevran bastante interesantes.

La sonrisa del asesino se curvó dándole un aire pícaro.

Veremos que dice nuestro intrépido líder. – dijo como respuesta. Lo cual irritó a Darrian.

¿Por qué tenemos que preguntarle? ¿No podemos solo hacerlo? – contraatacó.

Por supuesto que no – intervino Morrigan antes de que Zevran pudiese siquiera abrir la boca. – Si quiere metérsele en los pantalones tiene que ser muy obediente. ¿O no Zevran? – la malicia era palpable.

Pero Darrian podía ver los celos en los ojos de la hechicera.

Muy cierto, querida – aceptó el asesino como si no hubiese notado las malas intenciones de la mujer. – Aún estoy a medio camino de volverme indispensable. No puedo permitirme perder puntos ¿Sabes a lo que me refiero? – le preguntó a Darrian escuchando a la exasperada Morrigan soltar una queja.

¿Pero al menos me enseñarás a preparar el veneno? – insistió el elfo.

Sí. Sí, por supuesto. En cuanto nuestra bella hechicera y yo seamos capaces de salir con algo. – contestó Zevran de inmediato. – Pero de verdad es una lástima que nuestro apuesto rey tenga que sufrir los efectos de la maldición. Nuestro Grey Warden no va a estar complacido. -

Darrian rodó los ojos.

Y me lo dices a mí. Al menos espero que haber conseguido a los lobos y a los elfos ayude a amortiguar el golpe. –

En efecto. – estuvo de acuerdo el elfo.

De nuevo estás contando con unos elfos que no tienes. – insistió Morrigan.

Aún. – contestó Darrian. – A todas estas ¿dónde está Wynne? –

Dijo que iba a comprar pociones. – respondió Zevran. – A pesar de los esfuerzos de nuestras talentosas brujas, gastamos muchas en nuestro intrépido intento de rescate. –

Estúpido intento querrás decir. – le contradijo Morrigan. – El idiota estaba herido. Casi se muere y de todas formas quiso entrar a las ruinas. Tiene bien merecida su fama de necio. –

La furia burbujeó en el estómago de Darrian. Cerró los puños con fuerza y cuando habló, lo hizo entre dientes.

No lo calumnies en mi presencia. – la voz le salió ronca y fuerte.

¿Y por qué no? Es un tonto. No concuerdas conmigo porque todo salió bien. Pero piénsalo fríamente como ya has demostrado que puedes. – le instó la mujer. – Si no hubieras podido hacer razonar a las bestias, o si no nos hubiésemos encontrado por casualidad en la mazmorra y hubiésemos tenido que seguir, estaríamos todos muertos. –

Nuevamente tengo que darle la razón. – la apoyó Zevran.

Gracias. – dijo ella.

El rey se lanzaba a atacar incluso si le costaba mantenerse en pie. Nuestras inagotables magas tenían que sanarle a cortos intervalos y yo mismo tuve que abandonar mis peleas para evitar que le hiciesen más daño. – Darrian bajó la vista al suelo. Sin embargo las palabras que siguieron le conmovieron. – Era más un estorbo que una ayuda y aún así insistió en ir a buscarte. Tengo que admitir que sospechaba el motivo, pero creo que fue muy romántico. No pensaba que el Rey de Ferelden fuese tan pasional. –

Estupideces. Un suicida es lo que es. – gritó Morrigan ya cansada de tanto melodrama – No me extraña que ese Loghain escogiese a sus hombres sobre él. Si se deja llevar por sus impulsos y sus emociones a cada momento no durará mucho aunque logremos parar el Blight. –

Y Darrian no pudo más que aceptar las palabras de la bruja. Era puro sentido común. Y sin embargo…

Los ojos de Zevran estaban pendientes de su respuesta. No solo verbal sino corporal. Sin embargo el elfo alzó el brazo y saludó a alguien que se les acercaba desde atrás.

Desde el carro de Zathrian.

¡Ah! Nuestro heroico líder regresó. – le dijo a Cailan con su sonrisa inmortal. - ¿Qué tal fueron las negociaciones? –

Cailan estaba pálido y caminaba con lentitud. Bajo el cabello manchado de sangre la piel se le veía ceniza y arrugada. Pareciese que la armadura le dificultaba respirar. Y sin embargo, Darrian se alegró tanto de verlo que quiso reprenderse a si mismo. Estuvo a punto de borrar la sonrisa que luchaba por aparecer en su rostro, pero cuando el rostro de Cailan se iluminó al verle no pudo hacerlo.

EL humano caminó hasta estar a su lado y sin aviso previo envolvió su brazo sobre la cintura del elfo.

Bastante bien de echo. – le contestó a Zevran. – Al principio se enojó y gritó como un demente. Me costó mucho convencerle de que no volverían a atacar a nadie. Estaba demasiado cegado por la venganza. Pero se calmó un poco cuando vio mi herida y la poción de Darrian. –

Eso suena demasiado fácil para mí – se quejó Morrigan.

Oh, pero no lo fue. Tuve que chantajearlo con el bienestar de su gente. – se explicó Cailan. – Ya sean él o La Dama del Bosque los que tuviesen razón sobre cómo romper la maldición, Zathrian siempre sucumbiría. Su gente terminaría muerta o sola y a merced de la guerra. Incluso después tendrían que vérselas con los humanos que estamos cada vez más cerca del bosque. Le dije que si ellos tuviesen unas tierras protegidas por la ley sus hijos no hubiesen sufrido tal destino. –

Lo que no le gustó ¿sí? – preguntó Zevran.

Lo hizo pensar. – corroboró Cailan. – Entonces le ofrecí entregarles tierras en Ferelden a cambio de su ayuda. –

Hiciste que escogiera entre su pueblo y su venganza. – murmuró Morrigan. – Hoy es un día lleno de contradicciones. – Darrian interpretó aquello como que Cailan le había sorprendido con sus acciones tanto como él mismo.

"Debe ser muy confuso para ella." Pensó.

En efecto. – Y aparentemente también a Zevran.

Por supuesto que escogió a su gente y su futuro. – concluyó el rey.

¿Y la poción? – preguntó de nuevo Morrigan.

Dijo que enviaría una muestra en cuanto terminase con ella. La miró y la olió un par de veces. Pensé que iba a probarla pero no lo hizo. Supongo que hasta a él le da miedo beber la sangre del espíritu del bosque. – respondió Cailan.

Darrian asintió, sin poder evitar sentirse cómodo entre los brazos de Cailan. Sin embargo, debía recordar que estaba herido. Así que intentó hacerle apoyar parte de su peso en el. Morrigan y Zevran intercambiaron miradas.

Supongo que ahora solo nos queda regresar a Redcliffe. – murmuró Zevran.

Eso, y comenzar a crear el antídoto antes de que nuestro compañero aquí presente se vuelva verde y peludo. – coincidió Morrigan.

Así lo acordaron y cuando la noche volvió a caer ya estaban fuera del bosque. A pesar de que Cailan les siguió el paso a lomos de su caballo, la palidez de su rostro hizo que Darrian les instara en montar un campamento. Inicialmente el rey manifestó su insatisfacción, pero el apoyo de Wynne y Zevran volvió definitiva la decisión.

El elfo forzó a Cailan a descansar mientras montaba una tienda para él. Seguidamente le exigió a entrar y descansar. Entre sus compañeros y Darrian montaron las otras tiendas y encendieron el fuego. Zevran le informó de un pequeño lago en las cercanías y le invitó a acompañarle a buscar agua. Al elfo la idea le pareció adecuada. Sobre todo porque necesitaban limpiar las armaduras y específicamente a Cailan le vendría muy bien un baño.

Wynne le instó a no demorar demasiado, pues necesitaba a Zevran para preparar la poción de Cailan.

Ambos hombres partieron. Para cuando llegaron al lago, Darrian había sido informado de las ventajas y desventajas de pertenecer a los Cuervos de Antiva. Zevran le había explicado como lo habían comprado cuando tenía siete años solo por tres monedas. Aunque a Darrian le pareció muy poco dinero para dar por una vida, Zevran le aseguró que fue un alto precio considerando lo delgado y lo ignorante que era para ese entonces. Explicó que aquel era el modus operandi de la organización y que todos esos niños eran entrenados para matar a la orden.

A Darrian le pareció muy cruel que los pusieran a pelear entre ellos hasta la muerte. Pero comprendía que de aquella forma los volvían fríos y apagaban sus corazones. Comprendió el por qué Zevran deseaba escapar de ellos. Por muy acogedora que pudiera ser, una jaula era una prisión. Y si lo pensaba de aquella forma, ambos hombres no eran tan diferentes el uno del otro.

EL mismo decidió hablarle de su vida. De su familia y de la situación que le llevó a huir con los Grey Wardens. Zevran coincidió con él en que haber matado a Urien, el desgraciado hijo del Arl había sido lo correcto. Por supuesto que las ideas de Zevran sobre como debió haber llevado a cabo el proceso eran mucho más oscuras.

Entonces ¿qué significa ser un asesino para tí? – preguntó Darrian.

Para ser honesto, considero que el deseo de matar para vivir es suficiente. Es impresionante lo bien que puede desarrollarse uno en ese campo. - comentó Zevran como si no hubiese un significado macabro en sus palabras.

Entonces ¿no necesita ninguna habilidad especial? – Darrian hundió el cubo en el agua.

Entre Zevran y él habían transportado dos cubos grandes cada uno para llenar la bañera de Cailan. El resto de ellos podría venir al lago a darse un baño, pero el hombre estaba demasiado débil para hacerlo.

No lo sé. Desde mi punto de vista, solos las habilidades básicas de cualquier asesino promedio. – contestó tomando el cubo que Darrian le ofrecía y entregándole uno de los suyos.

Las cuales tienes muy bien controladas. Por lo que he visto hasta ahora. – le elogió Darrian. Tomó el cubo en sus manos y lo llenó antes de pedir por otro. Los músculos de sus brazos se quejaron. No podía negar que el mismo estaba cansado.

Es algo que los Crows han dedicado mucho tiempo a perfeccionar. Un asesino solo se especializa en dar golpes mortales. Maximizar el primer ataque para que sea lo más letal posible. Has de debilitar a tu objetivo, ya sea por veneno o mutilación. Hace el combate mucho más simple. – el tono neutro con que Zevran expresaba sus pensamientos hacía a Darrian sentirse un tanto nervioso.

"¿En qué clase de infierno tuvo que crecer para pensar de así? ¿Y todavía es capaz de decir que le gustaría seguir siendo un asesino después de terminado el Blight?" Tragó en seco.

Entonces… - dudó - ¿Siempre usas venenos? –

Yo sí. Aunque no es algo necesario para ser un asesino, es más como un complemento. Por supuesto a los Cuervos de Antiva les gusta pretender que sus habilidades son un secreto. Cubiertas por las sombras y envueltas en misterio. Claro que eso mantengámoslo en secreto entre tú y yo ¿Hum? –

Darrian rió por lo bajo. Asustado y fascinado a la vez con la personalidad de aquel sujeto tan similar y a la vez tan diferente a él.

Entonces ¿el tatuaje también es cosa de tu gremio? – preguntó alzándose con el último de los cuatro cubos.

¿Esto? – preguntó Zevran señalándose el rostro antes de alzar uno de los suyos. – No. Es algo que me hice solo por diversión. Yo y un amigo pasamos por una casa de tatuajes y decidimos entrar. Solo porque sí. Yo me hice uno en el rostro y el brazo. Por supuesto que luego regresé solo un par de veces. Incluso aprendí a hacérmelos yo mismo. Siento que te agrega sierto aire de misterio. –

¿Tienes más? – él mismo tenía un tatuaje en el rostro. Sin embargo, solo se había hecho aquel.

En Denerin hacerse uno era caro. Sin mencionar el fuerte regaño que había recibido por parte de su padre y de Valendrian. Shiani había sido la única que se lo había cumplimentado, su primo Soris solo dijo que le hacía ver salvaje.

Por supuesto – contestó Zevran con una sonrisa torcida. – Claro que para ver esos tendrías que trabajar mucho más duro, amigo mio. –

Darrian alzó una ceja ante las extrañas palabras con las que Zevran concluyó la oración. ¿Habría hablado en Antivano? Pero bueno, al elfo le daba lo mismo.

Si sabes cómo hacer tatuajes ¿te atreves a hacerme uno? –preguntó con decisión. A él personalmente le gustaban.

Si te atreves a soportarlo, seguro. Pero te lo cobraré. – contestó el elfo con burla.

Entonces se detuvo de pronto. Al verle quedarse quieto Darrian le imitó. Miró a su alrededor en alerta. Pero cuando volteó a ver a Zevran nuevamente el sujeto había desaparecido.

"Odio cuando hace eso" pensó al ver en el suelo a su lado los dos cubos llenos de agua. Los movimientos de asesino fueron tan delicados que el agua dentro de ellos no se había agitado. Escuchó un grito y luego los matorrales se movieron. Pocos segundos después Zevran salía de entre los árboles sujetando a un hombre humano.

El sujeto le miraba azorado y aunque era más alto que el elfo se veía muy asustado de él. Zevran le tenía puesta una daga en el cuello.

Este individuo – dijo Zevran – dice que desea hablar contigo. –

¿Tú?- preguntó el humano azorado - ¿Tú eres un Grey Warden? –

Y ¿quién eres tú? ¿por qué nos estabas espiando? – preguntó Darrian intentando sonar amenazante.

Aunque dudaba haberlo conseguido. ¿Cómo podría verse amenazante cargando con dos cubos de agua?

Me llamo Erin. Y vengo buscando a cualquiera de los reclutas de Duncan. –

Darrian se sorprendió de escucharle hablar de Duncan. Le hizo una seña a Zevran y el elfo le liberó. EL hombre les habló de un trato que había hecho con Duncan. Aparentemente había una fortaleza oculta en Ferelden que perteneció a los Grey Wardens. La bisabuela del sujeto era la Warden Comander de aquella fortaleza a la que él llamaba "Wardens Pick". Según él, el nombre de su ancestro había sido ensuciado y a consecuencia su familia había perdido su título nobiliario.

Aunque Erin hablaba de cómo necesitaba buscar pruebas de que su familia no había traicionado a Ferelden, Darrian solo podía pensar como el tener una fortaleza podría beneficiarlos durante la guerra.

Tendremos que discutirlo con nuestro jefe – anunció Darrian. – En la mañana partimos hacia Redcliffe. Si así lo deseas puedes unirte a nosotros y plantearle directamente tu situación. – el humano dudó.

¿Y este jefe… quién es? –

El Grey Warden al mando de los únicos guardas vivos de Ferelden. – contestó Darrian.

Finalmente el humano aceptó unirse a ellos. Incluso con la condición de que Zevran le vigilaría les siguió hasta donde habían montado su campamento. Zevran le guió hasta donde podía quedarse a montar su propia tienda y Darrian vació los cubos en la gran tina de madera que habían preparado para Cailan.

Mientras vaciaba el último cubo observó a Wynne acercarse desde su tienda, de la cual vio salir a Morrigan con el rostro arrugado de disgusto. Darrian dejó el cubo a un lado y tocó el agua. Estaba fría pero refrescante, o eso pensó hasta que la anciana se paró a su lado. En su mano sujetaba una botellita llena de un líquido viscoso como el barro.

Morrigan y yo hemos terminado la primera réplica de la poción. Dásela al rey cuando tengas una oportunidad. Estoy segura que se la tomará mejor contigo. – a pesar de la suavidad de sus palabras, Darrian pudo notar molestia en ellas. – También traje – continuó la mujer sacando un par de viales. – unas lociones para desinfectarle las heridas. Esta – dijo entregándole el frasquito violeta – puedes echarla en al agua cuando se bañe. Y esta – comentó cuando le dio la amarilla – debes frotárselas en las heridas antes de vendarlas. –

Entiendo. – aceptó el elfo. – Sin embargo, me gustaría que me dijeras qué te molesta. Desde que partimos has estado callada. Sinceramente no me gusta la forma en que me miras. Si tienes algún problema dímelo. –

Por unos instantes Wynne le obsevó fijamente. Como si consideraba si valía la pena tener aquella conversación. Finalmente se curvó con un suspiro. Acarició su corto cabello blanco con los dedos. Sabiendo que aquella no sería una conversación sencilla.

Solo me pregunto – comenzó. – Si eres realmente consciente de la situación en que te estás metiendo. – Darrian alzó una ceja ante su pregunta.

No te comprendo. –

Me refiero al rey. – contestó Wynne con suavidad. – Se que eres consciente de lo inadecuada que vuestra relación es. Cailan es un hombre casado, y el Rey de Ferelden encima de todo. Con la guerra es más importante que nunca que tenga un heredero, sin embargo aquí está arruinando su vida. Casi la pierde por su pasión imprudente. Para empeorarlo todo tú eres un hombre y un Grey Warden. ¿Qué esperanza puedes tener con él más que convertirte en su amante? Lo cual durará hasta que la guerra termine porque los Grey Wardens no tienen un "hogar" en Frelden. O al menos no lo tenían mientras Duncan estaba a cargo. –

Escuchándole Darrian apretó los puños con tanta fuerza que sintió los cristales tensarse en sus manos. Comprendía la veracidad en sus palabras, pero la mujer apenas y le conocía. ¿Y se atrevía a soltarle aquello en cara?

Suspiró, en un intento de relajarse.

Él le había pedido sinceridad y ella se la había dado.

No sé de qué me está hablando – contestó aclarándose la garganta. – Sencillamente compartimos un beso. Una consecuencia de la euforia del momento. No hay entre nosotros ninguna relación. – si el mismo lo pensaba, tras besarse no habían hablado al respecto.

De hecho, además de las palabras de Cailan en el bosque, no había existido una declaración propiamente dicha.

Hasta donde sé esto solo es un capricho suyo. Pura diversión. Y mientras no afecte mi trabajo o mi labor como Grey Warden no veo el por qué deba detenerlo. –

La expresión de Wynne se oscureció. Como si su respuesta no le hubiese convencido o agradado. Pero a Darrian no le importaba. Él no estaba allí para agradarle a todo el mundo. "Ya bastante que impresioné a Morrigan" pensó.

Me estás diciendo – insistió la anciana – que cuando se convierta en un problema entre tú y la orden te alejarás de él. –

Darrian sintió su rostro enfriarse. Sin embargo asintió.

¿Y si eres tú quien se convierte en un estorbo para él? – insistió la hechicera - ¿Te marcharás igualmente? –

Dejaré esto claro. – contestó Darrian con severidad. – Si nuestra interacción se vuelve molesta la terminaré ¿Le parece suficiente? –

Y si te pide que abandones tu misión para estar con él. – contraatacó Wynne – si te suplica que vuelvas a ser un hombre normal y abandones la orden y la guerra. ¿Qué harás entonces? – Darrian tragó en seco.

Aquella era una idea tentadora. Sin embargo, recordaba demasiado bien las palabras de Duncan en el Joining.

Nadie deja nunca de ser un Grey Warden – murmuró. – Además, si llega a pasar, lo cual dudo, me alejaré y nunca volveré a verlo. Nada es más importante que mi misión actual.

Wynne le observó unos instantes más. Su expresión igual de severa. Finalmente suspiró de nuevo y asintió. Sin decir otra palabra más se alejó del elfo, internándose nuevamente en su propia tienda.

Darrian observó el sendero por el que ella se había movido.

No había mentido. Pero tampoco sabía si podría mantener sus palabras. Después de todo, el beso que compartió con Cailan le había agradado demasiado y la forma en que se inquietaba cuando el hombre le tocaba no era algo a lo que estuviese acostumbrado.

Sabes, ella no tiene malas intenciones – las palabras de Zevran le sobresaltaron.

¿Cuándo regresaste? ¿Escuchaste? – se escandalizó el Grey Warden.

A pesar de lo que parece, es la que más en su lugar tiene la cabeza – Zevran le ignoró. Arrebató de su mano el vial lila y lo vertió en el agua, esparciéndolo con la mano. – Sin embargo, hay un detalle que ella está obviando. –

¿A sí? – preguntó Darrian. - ¿Cuál? –

Hay seis Grey Wardens en Ferelden. Tú ni siquiera eres el líder del grupo. ¿Por qué tienes que renunciar a tu romance por la misión? Si fueses el único Grey Warden lo comprendería. Pero no es el caso. –

Será por la identidad de mi compañero. – murmuró Darrian.

Jajaja – se burló Zevran – Cailan es un rey. Nadie puede detener su voluntad. Al menos nadie que él no quiera. –

Estás diciendo, que no le haga caso a Wynne. Que tú amante se encargará de sacrificar su relación por el bien de Thedas ¿es eso? –

Zevran se enderezó, dejando el agua burbujear con un delicioso aroma.

Mi Grey Warden no es de los que se deja amedrentar por las decisiones de los demás. Tiene una mente profunda y un carácter poderoso ¿Sí? Hará lo que sea necesario sin sacrificar lo que es importante para él. – recitó Zevran con una sonrisa malévola creciendo en su rostro. – Es por eso que tengo que volverme importante. Para no ser sacrificado. –

Darraian tragó en seco. No pudo evitar preguntarse cuanto de sus palabras eran sinceras. En el poco tiempo que convivió con Aedan Cousland entendió de su fortaleza. No creyó que fuese de los que se dejaban engañar. Entonces ¿serían las habilidades de Zevran tan superiores que consiguieron envolverle y cegarle?

Observó al asesino alejarse aún más confundido de lo que estaba cuando Wynne se marchó. Sin embargo, Zevran iba de regreso al bosque, donde desapareció en la espesura.

Darrian suspiró. Decidió dejar de lado a Zevran y a Wynne. Después de todo tenía una tina llena de agua enjabonada en espera de su compañero. Así que se encaminó a la tienda de Cailan. Y cuando llegó, los sonidos que provenían de allí le horrorizaron.

Corrió al interior y encontró a Cailan tirado en el suelo.

No llevaba puesta su armadura. Estaba desparramada en el suelo, como si se la hubiese quitado con desesperación. La camisa blanca estaba rasgada por marcas de uñas y dientes. Aparentemente Cailan había intentado arrancarlas en un arrebato.

El mismísimo Rey de Frelden yacía sobre un charco de vómito respirando agitadamente. Luchando por recuperar el aliento y soportar el dolor.

Darrian observó con espanto como el hombro se le había ennegrecido por completo y de los bordes de la mordida de Whiterfang se expandían venas negras que corrían al sur en dirección al codo.

Aaaggh! – gimió Cailan, mordiéndose los labios para amortiguar el grito. La transformación era claramente dolorosa y Darrian no pudo apaciguar el terror que le inundó.

Corrió a su lado, pateando la armadura de Cailan y el mandoble en el suelo. Se arrodilló a su lado, evadiendo el charco de vómito. Al tacto sintió su piel fría y sudada. Le colocó de costado y le apartó el cabello del rostro.

Entonces le vio a los ojos.

La parte blanca de los ojos de Cailan estaba negra como el carbón y aunque el iris mantenía su hermoso color dorado la pupila se había contraído casi hasta una línea. Pero si ignoraba aquel espantoso cambio podía detectar el claro terror en ellos. El miedo que venía acompañado de la conciencia de sus acontecimientos. La maldición se estaba expandiendo y Cailan lo sabía.

En ese momento Darrian maldijo el instante en que dividió la sangre de The Lady para dársela a Zathrian. Se maldijo por no haber matado a Whitrfang y reclutarlos para la causa.

Pero ya no tenía vuelta atrás.

Sacó el vial con el líquido viscoso que Wynne le dio y lo destapó con el dedo pulgar.

Vamos Cailan – le dijo. – No tengas miedo. Tengo la poción. – ante sus palabras los ojos de Cailan se llenaron de lágrimas.

Darrian… - le llamó entre jadeos, intentando aferrarse a él. – Me duele –

Al elfo se le encogió el corazón al verle llorar como un niño. Pero tenía que soportarlo. Tenía que ser fuerte.

Esto te quitará el dolor – dijo acercándole la poción a los labios. Sin embargo nada más que Cailan la probó la escupió.

Es asquerosa – lloriqueó.

Es medicina. No se supone que sea rica. – le acarició el cabello con su mano libre, intentando consolarlo. – Se bueno y bebe. Yo estoy aquí. – le dijo con la voz más suave que había utilizado en su vida. Más suave que la que utilizó con Shianni cuando los humanos la violaron.

No sueltes mi mano – suplicó Cailan, presa del dolor. Darrian comprendió que estaba delirando. Por eso se lo prometió.

"Estaré contigo. No voy a dejarte"

Y con esas palabras a las que sujetarse, Cailan bebió. Un par de gruesas lágrimas bajaron por su mejilla. Pero en cuanto se terminó la botella Darrian vio las venas negras detener su avance. Envolvió a Cailan entre sus brazos y le acarició el cabello.

Estuvo con él hasta que su respiración se normalizó.

Abrazándolo, besándole la frente y acariciándole los cabellos. Aguardó a su lado hasta que Cailan dejó de llorar. Susurrándole palabras reconfortantes y tarareándole las nanas que su madre le cantase de niño.

Finalmente cuando su cuerpo se volvió más cálido y el sudor se detuvo Cailan abrió los ojos de nuevo. Unos hermosos ojos dorados completamente normales.

Gracias – murmuró el gobernante totalmente agotado. Estaba tan cansado como agradecido. Y sus sentimientos se reflejaron en la hermosa sonrisa que dedicó a Darrian, haciéndole sonrojarse.

El elfo acarició su pálido rostro, notando por primera vez como su ritmo cardiaco se normalizaba. Como había estado conteniendo el aliento. Y entonces, sin importarle que hubiera vomitado. O que su boca sabría a la asquerosa poción. Lo besó.

Y Cailan le correspondió en un beso cálido y dulce mientras permanecía el abrazado.

Entonces Darrian supo que no sería capaz de cumplir las palabras que le dijese a Wynne. No cuando entendía que se sentía extremadamente apegado a este hombre.

¿Cuándo había empezado?

¿Cómo podía ser tan fuerte?

Ya no importaba.

El sentimiento estaba allí y a menos que Cailan lo apartara, Darrian no quería dejarlo ir.

Así que no soltó su mano ni siquiera cuando le ayudó a bañarse. Ni cuando le limpió las heridas. Esa noche el Rey de Ferelden durmió en la tienda de un elfo. Acurrucado contra su pecho. Oliendo su aroma y susurrándole palabras dulces.

Palabras que hacía años no le decía ni a su misma esposa.

A la Reina de Ferelden.


NA: Holaaa a todos. Lamento la demora. Como estoy actualizando en otra página había olvidado lo atrasada que estaba aquí. Así que los voy a subir hasta donde tengo los de wattpad. Espero que les gusten los capítulos.

Chaooo.