28 Cailan

Sus pies la llevaron a la salida del castillo. Estaba ansiosa y asustada. Ni siquiera los pasos de Alistair o Leliana a su espalda le traían algo de tranquilidad. Lamentablemente, no sintió alivio alguno al ver al grupo que regresaba. A pesar de la amplia sonrisa de Zevran los otros se veían extremadamente agotados.

Cailan bajó del caballo con su armadura completamente colocada. Por la forma en que se asió al caballo Elissa pensó que debía tener alguna herida.

Darrian se apresuró a su lado, siendo recibido por una ligera inclinación del sujeto. El elfo asintió, como si entendiese sus intenciones sin necesidad de intercambiar palabras. Sin embargo, a la joven no le pasó desapercibido el gesto de disgusto de Morrigan, mucho menos cuando la bondadosa Wynne lo secundó.

Pero Elissa no tenía tiempo de especular.

Aferró los bajos de su vestido y corrió hacia la hechicera del círculo.

Wynne – le dijo con prisas. – Por favor, ve al cuarto de mi hermano. Aedan necesita de tus poderes. – no supo si fue su súplica o la palidez de su rostro lo que llevó a la anciana a asentir sin cuestionarle.

Mientras la hechicera subía velozmente las escaleras el grupo se aproximó a Elissa.

¿Alguien podría explicarnos que está pasando aquí? – exigió Morrigan. El disgusto en era palpable.

Elissa suspiró. La voz de Leliana se alzó a su lado, quitando de sus hombros la responsabilidad de contestar.

Han aparecido complicaciones. – explicó. – Lamentablemente no podemos hablarlas descuidadamente. –

La buena noticia es que los magos del círculo están aquí. – prosiguió Alistair. – En cuanto terminen los preparativos podremos comenzar el ritual para liberar a Conner. –

Esas son buenas noticias – sonrió Cailan. - ¿Por qué no parecen felices? –

Darrian le dio un codazo, demasiado suave para que Elissa creyese que era menos que una advertencia.

Claro – rectificó Cailan – No podemos hablar en público. –

Sin embargo, los ojos de la muchacha cayeron sobre el callado Zevran. Vio la sospecha en sus ojos y lentamente asintió. Los ojos del elfo se ampliaron, pero la preocupación en ellos duró tanto como un destello. Le vio inclinar la cabeza hacia un costado y ocultar sus emociones con una nueva sonrisa.

¿Por qué estamos afuera entonces? – preguntó con lambisconería – Entremos ¿sí? – dijo, entregándole las riendas de los caballos a un mozo.

El resto de los presentes asintieron. Comenzaron a subir las escaleras a paso lento. Elissa temía que no tuvieran tiempo de descansar. Iba a aproximarse a Morrigan cuando notó el rostro de más que los seguía.

¿Erin? – preguntó, llamando la atención de los presentes.

¿Quién?- preguntó Alistair, sus ojos siguiendo el camino que marcaron los de la joven.

Aún recuperando el aliento por la larga caminata, el comerciante miró a la mujer con espanto. Sin comprender como sabía su nombre.

Elissa estaba al tanto que él no la conocía. Aún así, le vio asentir cuando llamó su nombre.

Jaja – escucharon reír a Cailan – Nunca deja de sorprenderme.

Elissa decidió ignorarlo.

Me preguntaba cuándo aparecerías. – le dijo al mercader bajando nuevamente las escaleras.

El hombre la examinó de pies a cabeza.

¿My Lady? – dijo intentando hacer una reverencia con todas sus pertenencias encima. – Lo lamento, pero ¿Nos conocemos? –

Yo sí. – contestó ella. Continuando solo cuando Alistair se detuvo a su lado. – Sé de la promesa que Duncan te hizo. –

¿Duncan? – intervino Alistair - ¿De qué lo conoces? –

Duncan le debía un favor. – Explicó la mujer, dejando atónito al mercader – Al escuchar de su muerte, fue en busca de sus reclutas para intentar cobrarlo. ¿No? –

EL sujeto asintió, claramente confuso.

Lamentablemente estamos en una situación delicada en este momento. – se disculpó Elissa. - ¿Podrías esperar un poco más? –

El hombre dudó, pero finalmente asintió. Con un gesto de la mano, la mujer atrajo a uno de los guardias. Tras pedirle que le ofreciese un lugar para dormir y comida se retiró junto al resto.

Por mucho que intentasen ser discretos, los rostros giraron cuando entraron en el gran salón. Sereda, quien estaba conversando con Irving, Surana y Jowan le hizo un gesto a sus compañeros para que se quedaran con los magos. Fergus también se excusó con el Bann, siguiéndolos hacia el cuarto que usaban para las reuniones.

Cuando el último entró, cerraron la puerta con llave.

¿Cómo fue todo? – preguntó la enana, erguida junto a la gran puerta.

Preferiría abstenerme de responder – contestó Cailan. – Al menos hasta que nuestro líder se incorpore. –

Por supuesto – aceptó la enana – no estoy pidiendo detalles. Solo quiero saber si tuvieron éxito. –

Cailan miró a Darrian a través del casco. Como si dudase en cuál de ellos debía contestar. Sin embargo, al elfo no inmutarse, continuó.

Un éxito. Hemos logrado reclutar tanto a los hombres lobo como a los elfos. – dijo con suficiencia. Y aunque Sereda frunció el entrecejo los otros soltaron exclamaciones.

Eso es magnífico – gritó Alistair. Sin embargo su alegría se disipó cuando vio la confusión en el rostro de su prometida. – ¿Eli? –

¿Los dos? ¿Cómo es posible? ¿Qué pasó con la maldición? – el cuarto quedó en silencio al escucharla. Sin embargo, Cailan se negó a responder.

Saciaré su curiosidad en cuanto Aedan se nos una. – insistió el rey. Y aunque Elissa asintió, fue Sereda quien intervino.

Lamentablemente eso demorará. – explicó. – Me temo que actualmente está bajo el cuidado de los magos. –

Está herido ¿sí? – La pregunta de Zevran sonó como una afirmación. – Permítanme preguntar, no dirigió nuestra expedición al bosque porque alguien debía quedarse a velar por el niño poseído ¿correcto? Entonces ¿qué pasó para ser lastimado tan terriblemente que no puede acudir a sus propias reuniones? –

A pesar de su sonrisa, a Elissa le sorprendió la hostilidad reflejada la voz del elfo. Involuntariamente retuvo el aire en sus pulmones.

Las autocríticas regresaron. Sabía que era su responsabilidad. No tenía excusas que dar. Y cuando Fergus habló no pudo más que contenerse.

Mi hermano quería evitarle los problemas alteza – le dijo a Cailan. – Desde que se anunció su muerte, ha habido tenciones en el Bannon. Loghain se ha declarado regente de la reina, entregó nuestras tierras a Howe y empezó a reclutar nobles. –

Elissa vio las manos de Cailan cerrarse en puños. Aunque no podía verle, creía que sus mandíbulas también estaban contraídas.

¿Qué hay de Anora? – preguntó con voz gruesa. Y aunque habló a nadie en particular giró el rostro hacia la joven Cousland. – Ella nunca se aliaría con el culpable de mi deceso. ¿La han encerrado? –

Elissa se humedeció los labios.

No. – su voz salió temblorosa. –Ahora que el heredero de Marin no está a su lado, muchos de los Bannes no están de acuerdo en que la hija de un hombre de origen humilde continúe gobernando Ferelden. Ella quiere reafirmar su reinado. Así que ha aceptado la palabra de su padre. –

Maldita sea – murmuró Cailan.

A causa de las acciones de Loghain ha comenzado una guerra en el Bannon. Quienes no le apoyan corren el riesgo de perder sus tierras o ser destituidos. – continuó Fergus – así que para ganar algo de apoyo de los Bannes a nuestra causa, Aedan tomó algunos de los hombres que se quedaron y partió a la batalla. –

¡Y me envió lejos! – gritó Cailan. – Sabía que todo esto estaba pasando ¡se deshizo de mi como si fuera un estorbo! Estamos hablando de mi gente, mi pueblo. Muchos de esos nobles son mis amigos. ¿Cómo se atreve a mantenerme al margen? –

La guerra no es el único problema – intervino Sereda. Todas las miradas cayeron sobre ella – Recibimos reportes de darkspond atacando pueblos y caravanas. Aparentemente algunos grupos dejaron Ostagar y llegaron más al norte. El propio Lothering está en ruinas. –

Aún no contestan mi pregunta – intervino Zevran. – Todos hemos visto al jefe de los Grey Wardens pelear. No es herido con facilidad, menos de gravedad ¿sí? ¿Cómo pasó? –

Nuevamente la habitación quedó en silencio. Finalmente, Sereda lo rompió.

Es mi responsabilidad. – Darrian, quien estaba apoyado en la pared se incorporó. En su rostro estaba clara la incredibilidad. La enana no esperó preguntas y continuó. – fui descuidada en la batalla. Teníamos un grupo de caravanas que resguardar. Les dije que protegieran a los humanos y cargué sola contras los engendros. Los que me pasaban eran erradicados por los demás. Entonces apareció un ogro. –

Elissa tragó en seco.

"¿Ya comenzarán a aparecer?" dudó.

Fui superada. De no ser porque Aedan se alejó de los otros y vino en mi rescate... – Sereda hizo una pausa. Se llevó la mano a una venda en su brazo izquierdo, donde usualmente cargaba el escudo. – Salvó mi vida. –

El silencio se volvió perpetuo.

Elissa vio a Zevran bajar la mirada.

¡Braska! – su protesta sobresaltó a los otros, rompiendo el hechizo.

Aunque así fuera, no tiene derecho a mentirme – protestó Cailan.

Majestad – intentó apaciguarlo Fergus, pero Cailan no estaba dispuesto a oírlo.

No ¡escúchame tú! – gritó – Puedo permitir que se lleven la gloria en Redcliffe. Incluso que tomen el crédito en la torre de los magos. ¡Lo que no voy a permitir es que se sepa que estoy vivo mientras Loghain masacra a mis amigos! –

PAF

Sonó una bofetada y el casco de Cailan rodó por el suelo.

Elissa se azoró de lo pálido que estaba su rostro. Podía decir con seguridad que no se encontraba bien. Había algo verde o amarillo en su cara.

Enfermizo.

¡Esto no se trata de quién se lleva la gloria! – gritó Morrigan.

Aquel gesto tan impropio de la mujer atrajo la atención de todos los presentes. Observó a Cailan como si fuese un parásito y le apuntó con el dedo.

Ya hemos visto como manejas estas situaciones. – le criticó. – No tienes la madurez, las agallas, la fuerza o la inteligencia para lidiar con esta guerra. De no ser por Darrian ni siquiera habrías completado la misión. ¡Gracias a Wynne y a mí estás vivo! Y aún así criticas al hombre que te ha permitido sobrevivir. ¡Al que te ha traído hasta aquí! – su voz siseó como la de una serpiente y sus pupilas se contrajeron. Elissa no comprendía la verdadera razón de su ira, pero le agradecía que protegiese a su hermano. – No tienes derecho alguno de exigir. El día en que realmente puedas salvar a alguien empezarás a decirnos que hacer. Hasta entonces agradece tu herencia de nacimiento, pues ni de eso eres digno. –

Cailan estaba sorprendido, pero al escucharle sus pupilas se contrajeron. Apretó los puños y se inclinó para tomar su casco.

¡Hey! – gritó Alistair, sobresaltando a Elissa. – ¡Suficiente! –

Has llegado demasiado lejos bruja – le apoyó Darrian. Sin embargo, Cailan alzó el brazo en una orden silenciosa para hacerles callar.

Ambos hombres obedecieron, muy a su pesar. Elissa observó a Cailan acercarse a Morrigan con la barbilla apretada. Intercambió miradas con la bruja y aunque la mujer era varios centímetros más baja que él, no apartó la mirada. Cailan se colocó el casco y salió de la habitación.

Inmediatamente Alistair se apresuró tras él y aunque Darrian quiso seguirle, Sereda le detuvo. El elfo le miró dubitativo, sin embargo, la enana negó.

No hemos terminado. – le dijo y aunque Darrian apretó los dientes y apartó el brazo de su toque, permaneció en el cuarto.

Elissa respiró profundo. Observó su alrededor, a sus compañeros.

Todos estaban tensos y nerviosos. Fergus cruzaba los brazos sobre el pecho, mientras Leliana a pocos pasos le observaba con preocupación. Morrigan sostenía ambos brazos en las caderas y Zevran se movía hasta la esquina para apoyarse en el alfeizar de la ventana. La joven Cousland suspiró, reuniendo el valor para hablar.

Como vieron, los magos del círculo han hecho su aparición. Trajeron suficiente Lyrium y brujos para realizar el ritual. – explicó. – Irving dice que solo un mago podrá entrar al velo para derrotar al demonio. –

Imagino que la decisión ha recaído nuevamente en nuestro gran líder ¿sí? – preguntó Zevran.

Eso es correcto. – contestó Leliana, obteniendo como respuesta un entrecejo fruncido del elfo.

Bueno, pues está claro que él no puede hacerse cargo. – intercedió Morriga.

Estoy de acuerdo con la bruja – interfirió Darrian. Sus palabras llenas de veneno. – Si está tan mal debería ser Sereda quien tomase la decisión. –

No estoy de acuerdo. – Interfirió Fergus. – Pienso que deberíais esperar a que Aedan se recuperase. –

Eso podría tomar horas, o días. – contraatacó Darrian. – Los magos están aquí ahora. Este es el momento. Si los hacemos esperar puede que se marchen. –

Creo que tienen razón – murmuró Leliana, ganándose una mirada desaprobatoria de Fergus. Por un instante la barda dudó, pero finalmente enderezó el torso y se explicó. – Los templarios que les trajeron no parecían felices de estar aquí ni de ver a nuestros magos. Temo que de pasar mucho tiempo decidan retar a los Grey Wardens y tomar a los magos bajo custodia. –

Llegados a este punto Sereda es la mejor opción. – explicó Darrian. – Es la segunda más fuerte del grupo. Ha demostrado sus dotes de liderazgo y todos le respetan. Es su decisión. –

Los ojos de todos cayeron sobre los de la enana. La mujer suspiró, bajó la mirada al suelo, luego a su mano y finalmente alzó el rostro.

Entonces, escojo dejarle la decisión a Lady Cousland. –

¿QUÉ? – fue una exclamación general. Solamente Zevran guardó silencio, sin embargo, alzó el rostro apresuradamente.

Incluso la propia Elissa quedó con la boca abierta.

¿Estás loca? – gritó Darrian - Si no quieres hacerlo que lo haga Cailan ¿Por qué ella? –

El Rey tonto no es una opción – le criticó Morrigan. – Pero hay muchos otros Grey Wardens en este castillo como para escogerla a ella. –

Sereda alzó las manos, pidiendo silencio.

Ella conoce el futuro. – dijo con suavidad –No estoy eludiendo la responsabilidad. Estoy yendo a lo seguro. A quien sea que escoja será exitoso. –

Es, después de todo, nuestra profeta ¿sí? – murmuró Zevran.

Darrian rodó los ojos, claramente disgustado. Elissa le escuchó susurrar un "ridículo" mientras se revolvía el cabello. Entonces todas las miradas cayeron sobre ella de nuevo.

En parte Sereda no estaba errada. Elissa conocía perfectamente bien las opciones. En ninguna de sus partidas perdió aquella pelea. Amell o Morrigan eran la opción más acertada a su juicio. Sabía lo que tenía que hacer, pero estaba nerviosa.

Tenía un deseo.

Una ambición de arreglar aquel conflicto.

Debía cumplir una promesa.

Se le estaba dando una oportunidad de tomar las riendas. Pero…

¿Se atrevería?

Sus ojos buscaron los de su hermano mayor. Fergus no se veía contento. Sin embargo, lentamente asintió.

Elissa suspiró. Abrió la boca para contestar cuando la puerta de la habitación crujió. En el umbral apareció una pálida Bethany.

Zevran saltó de su asiento. Acercándose apresuradamente al grupo. Elissa sintió su cuerpo tensarse. Aguantó el aliento arrimándose a su hermano para tener un pilar del que sostenerse.

Aedan está despierto. – explicó Bethany, dejando a los presentes respirar tranquilos.


Cailan podía escuchar los pasos de Alistair a su espalda. Por más que quisiera no podía librarse de él. Tampoco tenía muchas opciones para esconderse, así que se apresuró a la habitación. Planeaba cerrar la puerta a su espalda para dejárselo claro. Pero al llegar al cuarto encontró a un par de criadas limpiándolo y para cuando obedecieron su orden de marcharse, Alistair estaba justo a su lado.

Disgustado Cailan se dejó caer en una silla. Cuando hizo un ademán de quitarse el casco Alistair cerró la puerta, dejándoles solos en la habitación. El rey tiró al suelo el yelmo, limpiándose el sudor de la frente.

No es un buen momento. – dijo intentando controlar su tono. No tenía nada en contra de este chico en específico, era a su líder al que quería expresarle rencor.

Lo sé – contestó el muchacho. – Pero quiero que sepa que no estoy de acuerdo con Morrigan. Los Grey Wardens en general no pensamos que sea un mal rey. Incluso Aedan está de acuerdo conmigo. – Cailan entrecerró los ojos.

Conocía a Alistair, muchísimo antes de que Duncan apareciese en su puerta para contarle sobre el dichoso Blight. Toda su vida intentó ignorarlo, fingir que no existía. Pero sus celos y su odio se lo impidieron. Tal vez Cailan era el primogénito, pero sabía perfectamente bien que no era el hijo que su padre quería.

Marin no amaba a su madre en primer lugar, ¿por qué lo querría a él?

Comprendió aquello demasiado joven.

Estaba destrozado por la muerte de su madre cuando los Grey Wardens aparecieron a las puertas de Ferelden. Fue la primera vez que escuchó hablar de la Orden. Logain se dignó a explicarle que su padre no iba a verle porque se marchó a las profundidades para salvar el reino.

En aquel momento no le interesaba su grandeza o sus historias. Lloró desconsoladamente solamente con Elrin a su lado para tranquilizarle.

Los días se volvieron semanas y luego meses. Loghain comenzó a instruirle con la espada para distraerle. Pero un niño de cuatro años jamás podría ser rival para un Héroe.

Fue Anora quien le convenció de que si al regreso su padre le encontraba convertido en un guerrero estaría orgulloso.

Así que empezó a practicar con esmero y a tomarse en serio sus lecciones. Las palabras de la joven fueron como un hechizo. Marin en efecto estuvo terriblemente complacido con sus avances. Se disculpó por marcharse sin dar explicaciones e incluso tomó el control de sus clases de esgrima.

Aquel fue el mejor año de la vida de Cailan. O eso pensó hasta que llegó el día de su conclusión. Estaban en medio de la cena cuando un criado le anunció a su padre que dos Grey Wardens venían en su busca. Marin abandonó las fiestas y las celebraciones sin dirigirle una palabra a su hijo.

Cailan pensó que eran asuntos de estado. Pero cuando fue a buscar a su padre horas después le encontró con un bebé en brazos.

Nunca había visto en el rostro del rey de Ferelden aquella expresión. Entonces Cailan supo que amaba a ese niño como nunca le había amado a él.

Tal vez no podía exigirle respuestas a su padre, pero sí a Logain. Y las palabras del hombre le hirieron como ningún gesto de su progenitor.

Marin había tenido otro hijo.

Un bastardo nacido del vientre de una elfa. Y aún así, Marin la amaba.

Quería a ese pequeño como nunca le querría y lo comprobó en el próximo mes en que no se alejó de su lado. Puede que no hubiese rastro de la madre del bebé, pero su padre se mostró atento y cariñoso. Descuidó sus deberes y las lecciones del príncipe heredero. Le dijo a sus tutores que le dejasen hacer lo que quisiera.

Fue cuando Cailan dejó de intentarlo.

Entendió que el hombre que más quería sobre la tierra estaba más orgulloso del llanto de aquel bebé que de sus proezas. Concluyó su aprendizaje de esgrima porque Logain insistió en ello. Pero ni su actitud rebelde logró traer de regreso la atención del rey.

Un día escuchó que Aemon se había llevado al pequeño. Estaba tan feliz que corrió en busca de su padre y lo encontró llorando en su recamara. Aquello le llenó de deleite.

Verle sufriendo como él.

Saber que se sentía solo y triste.

Y a la vez, Cailan quedó desolado.

Nada más se habló del pequeño hasta unos años después. Su padre le hizo ensillar su caballo y marchar a su lado hasta Redcliffe.

Ese día los presentaron formalmente.

Marin le dijo que ese chico se llamaba Alistair. Y aunque no le dijo que era su hermano menor, Cailan no necesitaba saberlo. Fingió interés en unas espadas en el cuarto de armas y se libró de aquel penoso encuentro.

Apoyó en silencio la decisión de Eamon de enviarlo a la capilla.

Al menos ahí estaría lejos de él y de su posición. Creyó que no volvería a saber de él. Pero al verle junto a Duncan en la puerta de la capital creyó que toda su sangre herviría.

Sin embargo, ahora que Alistair era un Grey Warden dejaba de ser un peligro para él. No tenía más poder ni apoyo en Ferelden que el que Duncan le daba. Les dio la bienvenida y por más que se empeñó en conocer el lado malo de aquel joven encontró a un muchacho honesto y tranquilo que no estaba interesado en la nobleza.

Una noche invitó a Duncan por unas copas. Con Anora había aprendido las artes del juego y la cortesía. Así que logró extraerle respuestas sin revelar del todo su conocimiento. Averiguó el nombre de la única mujer que viajó con ellos al Deep Road, la madre Alistair.

Una bruja nada menos.

Lo cual era graciosos considerando el entrenamiento templario de Alistair y su miedo a ser convertido en sapo.

Al marcharse Duncan dedicó su tiempo a pensar. Elric le ayudó a entender que sus prejuicios de juventud le segaban.

"Sin importar que Marin amase a aquel bebé, terminó por abandonarlo." Le dijo su confidente "Alistair ha vivido una vida peor que la de un bastardo. Su padre biológico lo abandonó para entregárselo al tío de su esposa. Luego ese hombre lo abandona por los caprichos de una mujer y lo entregan a la capilla." Cailan aún recordaba como la mirada de Elric Maraigne se había oscurecido al hablar. "Se parece tanto a ti, y sin embargo ha crecido como un huérfano. Apaleado a saber por cuantos."

Cailan pensó que al menos, el hijo de aquella mujer merecía una oportunidad. Después de todo era un Grey Warden, lo que significaba que nada de lo que su padre tuvo podría pertenecerle jamás.

Tal vez no consiguiera ni el amor de una mujer en aquella orden.

Hizo lo que pensó que era correcto y pidió por la ayuda de Orley. Sin embargo encontró problemas.

Descubrió que Loghain llevaba años interceptando su correspondencia con Arl Aemon. Sabía de sus peticiones para desposar a Celene.

Pero nada le importaron las respuestas de Cailan. Se negó a dejar el ejército de Orlais entrar a tierra Fereldana.

Tal vez Loghain era el Héroe del Río Dane, pero no sabía nada de historia antigua. O prefería ignorar como los pasados Blight se habían extendido y casi diezmado a la humanidad. Entonces optó por su única opción.

Ir a la guerra sin refuerzos externos.

Pensó que moriría. Pero al menos Loghain vería la necesidad de pedir ayuda.

Tomó una última medida con la que sabía que Duncan estaría de acuerdo.

Envió a Alistair a la torre de Ishall.

Fue una sorpresa ver a los herederos de los Cousland en el campamento y al saber que la chica se marchaba.

Pensó que Aedan sería el aliado más poderoso que Alistair podría tener. Así que los puso juntos.

Ahora supo que fue innecesario.

Él estaba vivo gracias a las locuras de Elissa Cousland. No sabía como más decirle a sus visiones. Hasta ahora había acertado a medias. Pero conocía gente y anunciaba eventos que ningún espía podría prever.

La chica era diestra, pero su inteligencia no sobresalía. Entonces no le quedaba más que tragarse su historia.

Ahora para colmo iba a casarse con Alistair.

Y Cailan no podía dejar de pensar que quería usar la herencia de nacimiento de Alistair para su beneficio. Pero de ser así "¿Por qué le dijo a los demás que me salvaran?"

Llegará el momento en que podrá revelarse ante todos y detener esta tontería. – continuó diciendo Alistair. Dando a entender a Cailan que mientras él estaba sumergido en sus pensamientos el chico seguía hablando. – Pero queremos que sea cuando su vida no peligre. O al menos donde seamos lo bastante fuertes como para protegerlo. –

Cailan suspiró.

Sabía que al menos Darrian deseaba su bienestar. A Sereda nada parecía importarle demasiado, mientras que a Surana solo le interesaba Jowan. Amell era un incorregible que se limitaba a seguir órdenes y dar opiniones.

Todo el peso había caído sobre Aedan Cousland. Afortunadamente el hombre tenía una buena cabeza sobre los hombros. Lo que comenzaba a dudar porque compartiese el lecho con un hombre, teniendo tantas chicas lindas a su alrededor.

"NO eres nadie para hablar" pensó con una sonrisa que Alistair interpretó como que estaba de acuerdo con sus palabras.

Además – continuó Alistair – Cuando Eamon despierte deberías poder mostrarte ante el sin problemas. –

Tienes razón. Pero de todas formas voy a tener una conversación con Aedan. – contestó Cailan. – Le guste o no soy el rey de Ferelden. –

Estoy seguro de que Aedan no tiene malas intenciones. – le aseguró Alistair. – Es un buen chico. –

Sí, bueno, comprendo que desee guardar su carta de triunfo. – murmuró Cailan. Observó el rostro de Alistair y la expresión que tenía en su rostro le recordó a si mismo. – Pero o empieza a contar conmigo o me moveré solo. –

Alistair suspiró. Dio un paso hacia Cailan y apretó los labios.

Sé que no te agrada estar oculto. Que te hace sentir inútil e impotente que el mundo se siga moviendo como si nunca hubieses existido en primer lugar. Como si no fueses necesario. A veces solo quieres salir y decirles que existes. Que puedes tomar decisiones solo y que tu vida es solo tuya. He estado ahí, lo he vivido. – Cailan apretó los labios en un gesto casi idéntico al del hombre, comprendiendo que Alistair hablaba de su infancia. –Pero en este caso no podemos ser egoístas. Estamos peleando codo con codo y debemos confiar el uno en el otro. Si no, estamos condenados. – Se arrodilló frente a Cailan, como si le estuviese hablando a un niño pequeño. – No tengo ninguna autoridad para decir esto, pero los Grey Wardens no queremos recompensa alguna. Somos hombres y mujeres de Ferelden que solo quieren protegerla. Estamos en una situación crítica y necesitamos apoyo. Tú eres como un rayo de luz que nos regaló el Hacedor. No podemos perderte. –

Cailan no pudo más que sonreír.

"Puede que Alistair haya heredado de padre más que las fracciones." Pensó mientras se le encogía el corazón.

¿Del Hacedor o de tu prometida? – por más que lo intentó, no pudo evitar reírse de lo pronto que el muchacho se sonrijó.

¿Qué? ¿Qué? – preguntó Alistair en pánico. – Nonono. El Hacedor claro está. Ella no, digo ¿eh? –

Jajaja. Ibas tan bien. – rió Cailan levantándose de su silla. –Solo espero que seas más elocuente con ella.

Alistair se sonrojó de nuevo. Se alzó sobre sus piernas, acariciándose la nuca en confusión.

¿Todo el mundo lo sabe ya? – preguntó el Grey Warden.

Sí – se vanaglorió Cailan, sacándole un suspiro.

Lo intento. Pero cada vez que estoy a su alrededor creo que la cabeza me va a explotar. No puedo pensar con claridad. – confesó.

Hey, lo entiendo. Me pasó igual con Anora. –

Cailan sirvió dos copas de vino. No estaba seguro cual era, pues tenía un olor extraño. Se sentó de nuevo, esta vez invitando a Alistair a imitarle. Ya comenzaba a sentirse mejor y creyó que tal vez pasar una tarde juntos podía ser buena idea. Después de todo, ellos eran… hermanos.