Si fuera por él, Senkuu no compartiría su piso con nadie.
Sin embargo, él no tenía el poder de decisión en esto. No aún. Su padre era el dueño del piso y además tenía buenas razones para obligarle a compartirlo con alguien mientras iba a la Universidad y no reunía el dinero suficiente para comprar o arrendar algo que fuera exclusivamente suyo.
Sin embargo, cuando el futuro científico aceptó a regañadientes la propuesta del viejo, no esperaba que ya hubiera estrechado manos con alguien para ser su compañero de piso.
Corrección. Su compañera de piso.
Y su compañera de piso no era nadie menos que Kohaku, la sobrina lejana de la nueva esposa de su padre y a quien había conocido antes si quiera de saber que su padre estaba comprometido.
La misma niña que le había dicho que estaba "enamorada" de él el primer día que lo conoció, cuando ambos tenían 12 años y él la había llevado en su bicicleta de vuelta a casa porque se había hecho un esguince a mitad de camino. La misma niña que se había declarado su "enemiga" desde que él la rechazó inmediatamente, pero poco a poco fue formando una amistad con Senkuu que terminó abruptamente a los 16 años cuando la mamá de ella murió y tuvieron que mudarse a los Estados Unidos, dejando a Chrome -su amigo científico y eterno enamorado de Ruri, la hermana de Kohaku- desolado.
Hacía un poco menos de tres años que no veía a Kohaku, y solo sabía sobre ella por las noticias que una vez al año subían a internet sobre "la prometedora genio de las artes marciales". No había ido al matrimonio de su padre porque se encontraba de torneo en Sudamérica, y solo había tenido un vistazo de su rostro en una videollamada que le hizo a su tía cuando estaban sentados en la mesa principal.
No era como si ella hubiese cortado todo contacto con él cuando se fue. De hecho, lo intentó llamar un par de veces y le envió algunos mensajes que él solo se dignó a contestar con monosílabos. Todos los años, sin embargo, se deseaban un escueto feliz cumpleaños.
La vida había seguido para Senkuu. Había ganado varios premios juveniles que había gastado en maquinaria científica y el departamento que le iba a arrendar a su propio padre estaba completamente personalizado con sus cosas y gustos. Había viajado también a distintas partes del mundo presentando sus proyectos escolares, además de haber ganado varios premios más. Solo hacía algunos meses había llegado a Tokio para establecerse ahí mientras asistía -finalmente- a la carrera de bio-química en la Universidad de sus sueños.
Resultaba que, mientras su vida pasaba, la de Kohaku también. La leona había obtenido una beca completa para la misma Universidad, donde había ingresado a estudiar psicología. Byakuya le había avisado que llegaría durante la primera semana antes de que comenzaran las clases, por lo que Senkuu había desocupado de sus cosas la habitación vacía para que ella se instalase allí y también volvió a pintar las paredes que ya se veían sucias por el paso del tiempo y los químicos que a veces saltaban y quedaban en las paredes.
Y a pesar de que ya estaba enterado y preparado para pasarle a Kohaku la copia de llaves que había sacado y darle las instrucciones de funcionamiento de la casa, Senkuu no pudo evitar sorprenderse cuando la vio en la puerta del departamento de su padre, con una gran maleta a su lado y una mochila a sus espaldas que parecía pesar más de treinta kilos, después de haber salido a comprar algo para la despensa a la vuelta de la esquina.
-¿Qué tal, Senkuu? -Kohaku sonrió tranquilamente, dándole espacio para pasar y abrir la puerta.
-Hola, leona.
Estaba realmente jodido.
Tan pronto como la vio pudo recordar la última vez que estuvieron juntos. Tan pronto como la escuchó hablar su mente retrocedió al momento en que le había dicho que tenía que irse lejos.
¿Acaso su padre había conspirado contra él? Senkuu estaba muy seguro de que el viejo lo había visto sufrir ese día, pero Byakuya lo había negado hasta el presente.
Nadie podía enterarse de los ilógicos y tormentosos sentimientos que albergaba por Kohaku. Nadie. Ni siquiera ella.
Ni siquiera él mismo.
-Es muy bonito aquí. -la joven le comentó, dejando sus cosas en el suelo mientras se adentraba un poco más y le echaba un vistazo a la cocina, que daba con un pequeño ventanal hacia el balcón. -Esperaba que estuviese más desordenado.
-He cambiado mis malos hábitos. -Senkuu bromeó, llevando las bolsas que había traído hacia la cocina para guardarlas antes de comenzar con el corto recorrido, que consistió en mostrarle su habitación recientemente amoblada y baño incluido, el cuarto de lavado y dónde se encontraban los utensilios de comida, así como las reglas del edificio que consistían en no hacer ruido durante la semana después de las 12 de la noche y que los viernes y fines de semana esto se alargaba hasta las dos de la madrugada. También le explicó dónde colocar la basura y el número de la recepción.
-Y aquí tienes las llaves. -Senkuu sacó el manojo de su bolsillo, mostrando desinterés y, una vez que Kohaku le dijo que no tenía más dudas, fue a su cuarto con la excusa de que tenía que estudiar.
Siempre era una buena excusa para salirse de situaciones que le incomodaban, y nadie lo cuestionaba realmente. Excepto Kohaku, que usualmente podía ver a través de sus mentiras y ya sabía cuándo diría esa excusa para no salir o ir a algún evento social.
Sin embargo, ahora ella solo asintió y se mantuvo en silencio mientras Senkuu ingresaba a su habitación y cerraba la puerta tras él.
Kohaku observó la puerta por la que acababa de desaparecer Senkuu con nostalgia.
Quería preguntarle sobre su vida, aunque ya la supiera toda, o hablarle de la suya al menos. Con suerte, bromear un poco con él y cuando entrasen a mayor confianza, confrontarlo y preguntarle por qué no había querido hablar con ella durante todos estos años, y disculparse también por lo abrupta de su partida.
No era su culpa. La muerte de su madre afectó tanto a su familia que su padre decidió irse lejos sin preguntarle antes a Ruri o a ella.
Era obvio que Ruri no quería irse, porque toda su vida estaba allí, pero aún así no se negaría a los dictámenes de su autoritario padre. Kohaku, por su parte, no estaba nada segura.
Claro, era una oportunidad enorme para ella, que quería ser deportista, pero también significaba dejar atrás a sus amistades y a su entrenador. Significaba dejar de lado a Senkuu también.
No sabía si podía considerarlo un amigo. Más bien, le había guardado rencor por mucho tiempo hasta que comenzó a comprenderlo un poco más y pensó que él también se había acostumbrado a ella. Aunque nunca supo si realmente fueron amigos o algo así.
Eran demasiado distintos: él pasaba todo el día en el club de ciencias de su escuela y ella todo el día en el gimnasio de la suya. De vez en cuando se lo tomaba haciendo experimentos en el parque que le quedaba de pasada y otras veces lo ayudaba a cargar extrañas máquinas hacia su casa o la escuela. Ahí conoció a Taiju y a Yuzuriha; los mejores amigos de Senkuu. Y ahí también, por casualidad, Ruri conoció a Chrome. Por cosas de suerte, o destino, sus padres habían decidido cambiarlas a ambas de escuela y alcanzaron a estar dos años allí hasta que la neumonía de su madre empeoró y falleció.
Ni su hermana ni ella le contaron a nadie que su padre había tomado la decisión de irse a los Estados Unidos e intentar probar su suerte, temiendo preocupar a sus amigos y esperando poder volver a verlos. Sin embargo, Kohaku, que había asumido que sus sentimientos por Senkuu definitivamente eran más que amistosos, no pudo contenerse al verlo sonreír con emoción porque el último prototipo de su cohete espacial había logrado llegar al espacio antes de hacerse pedazos.
Aunque sabía que a él no le gustaba el contacto físico, y mucho menos los sentimientos, la chica corrió a abrazarlo con fuerza, escondiendo su cabeza en el hombro de él mientras intentaba contener las lágrimas.
-Suéltame, leona. -le había dicho cuando las manos de Kohaku se aferraron a su bata.
-Tengo que irme. Lejos. Déjame abrazarte un poco más. -la chica murmuró, provocando que el peliverde dejara de intentar alejarla de él.
-¿Qué? -Kohaku lo escuchó decir, con un tono distinto al que acostumbraba a usar, y esperó unos segundos más antes de separarse de él, mirarlo a los ojos por una última vez, y correr rápidamente a su casa.
Había empacado sus maletas en tiempo récord, y rogó porque Senkuu no le dijera a nadie sobre el secreto que le había confiado.
Para suerte de Kohaku, partieron discretamente al día siguiente, y sus amigos solo se enteraron de la importante noticia una vez que ella y su familia se encontraban en el aeropuerto JFK en Nueva York. O al menos, fue recién ahí cuando revisó su celular y recibió llamadas de todos sus amigos, con excepción de Ishigami Senkuu.
No se iba a deprimir. No podía deprimirse.
No cuando su padre y su hermana eran un desastre de emociones y su tía lejana, Lillian, había venido en persona a buscarlos al aeropuerto.
Su tía le recordaba mucho a su mamá, y era igual de dulce y simpática. De hecho, todos parecían haber visto un fantasma cuando la mujer se quitó la peluca y los lentes dentro de su van privada para saludarlos.
Si bien Lillian les había ofrecido quedarse en una de sus tantas casas en Nueva York, su padre era un hombre muy orgulloso como para aceptar tal oferta y había arrendado un pequeño departamento en Nueva Jersey, al que su tía iba para visitarlos semanalmente.
Kokuyo había inscrito a Ruri y a Kohaku en una escuela pública en Nueva Jersey que quedaba a pasos de su departamento, mientras él trabajaba en la gran manzana en una tienda de retail. Debido a que les faltaba el dinero, Ruri había comenzado a trabajar después de la escuela y ella había empezado a entrenar con más seriedad para poder quedarse con los premios de los distintos torneos en los que participaba y financiar tanto sus clases como los gastos de su familia. Todo esto tenía como resultado que, luego de un año de vivir en Estados Unidos, los tres dominaran el inglés, pero no tuvieran ningún amigo sustancial.
A veces Kohaku hablaba con Yuzuriha para ponerse al día con lo que estaba pasando en Japón, y también se compartía memes con los demás de vez en cuando. Sin embargo, con Senkuu, solo hablaron dos veces para desearse feliz cumpleaños.
Fue también cuando llevaban un año ahí que Lillian les presentó a Ishigami Byakuya, astronauta de la NASA y padre adoptivo de su amigo de la infancia, en el que ella llamaba "Día de Acción de Gracias".
Por su puesto, su tía no había mencionado el nombre de su pareja con anterioridad, y tampoco le había contado con mucho detalle sobre sus familiares japoneses que ahora vivían en Nueva Jersey, por lo que cuando Kohaku se encontró cara a cara con él casi se va de espaldas.
Pero Byakuya la saludó efusivamente. Siempre había sido así, y era tan distinto a Senkuu que la desconcertaba.
Sin que le preguntara, le había contado de su hijo y de todos sus logros. También le había dicho que todos sus amigos en Japón las extrañaban a ambas hermanas y que esperaban verlas pronto.
Todo esto provocó que Kohaku, que había pasado el año entero relativamente alejada de pensamientos relacionados con el peliverde, estuviera toda la cena recordando con cada detalle los momentos que vivieron juntos y también algunas miradas prolongadas y toques, que muchas veces la dejaron soñando con él hacía un poco más de un año atrás.
A partir de ese día, cada vez que Lillian llevaba a Byakuya a su departamento o ellos iban a visitarlos, Kohaku recordaba a Senkuu con cierta angustia, preguntándose qué sería de él, pero sin atreverse a insistir en comunicarse con el peliverde como había hecho para su primer cumpleaños, donde apenas le respondió con un cortante "gracias".
Cuando Byakuya le ofreció a Kohaku arrendarle un departamento cerca de la Universidad de Tokio a una módica suma, jamás le mencionó que lo compartiría con Senkuu. Tan solo se enteró el mismo día, cuando llegó al aeropuerto y le preguntó dónde podía recibir las llaves.
Sería él mismo Senkuu quien se las daría y le enseñaría el departamento. Aparentemente había sido "una decisión de último minuto", y no habría dudado de él si no hubiese escuchado una maléfica risa de su parte.
Y aunque había tenido el tiempo suficiente para armarse de valor en todo el viaje desde el aeropuerto hasta el departamento a pasos de la Universidad, Kohaku aún así sintió cómo sus rodillas temblaban cuando se encontró con Ishigami Senkuu cargando dos bolsas de mercadería en sus manos.
¿Sabía él que ella estaría ahí? ¿Habría sido tan repentino para él también? Quizás, Byakuya había tramado este plan sin decirle a ninguno de los dos para que no se negasen a encontrarse con el otro.
-¿Qué tal, Senkuu? -Kohaku ladeó su cabeza cuando se le hizo difícil mirarlo a los ojos.
-Hola, leona.
El futuro científico sonrió de lado y Kohaku se aguantó un profundo suspiro.
Era increíble lo poco que habían cambiado sus sentimientos por él después de todos esos años.
Senkuu miró su reloj por enésima vez, viéndose incapaz de dormir y decidiendo levantarse y ponerse a leer sobre los nuevos avances relacionado con el acelerador de partículas.
Escuchar a Kohaku ordenar sus cosas en la habitación contigua lo tenían consternado. No por el ruido o algo así, sino por el hecho de que estuviera ahí y fuera su compañera de piso.
La leona se veía distinta. Su mirada era más relajada y parecía con menos energías que como la recordaba. Quizás era el cansancio del viaje y el jet lag, pero tampoco podía ignorar que posiblemente era por su propia estupidez, que lo llevó a no hablarle por dos años aunque en algún punto de sus vidas hubieran sido buenos amigos.
O al menos, el la consideraba su amiga. No sabía de ella.
Aún no podía interpretar el por qué había sido él al único que le había dicho que se iría, o por qué había decidido abrazarlo a él: la única persona de su grupo de amigos que era reacia a tal tipo de interacción.
Incapaz de leer alguna palabra sobre lo que se había dispuesto a leer, Senkuu dejó su celular sobre su escritorio y se puso de pie para salir a la cocina y tomarse un vaso de leche tibia para calmarse.
Pero eso no sucedería pronto. Kohaku estaba ahí tomándose un té mientras miraba por la pequeña ventana las luces de la ciudad. No entendía cómo era humanamente posible que llevase tantas horas despierta.
-¿No duermes? -Senkuu caminó lentamente hacia la cocina, sabiéndose percibido por la leona.
-Es mi primera noche aquí. Estoy ansiosa. ¿Y tú?
-Estudiando. -mintió el futuro científico, llegando hasta el refrigerador para sacar una caja de leche, rellenar una taza y meterla al microondas mientras Kohaku continuaba contemplando hacia la ventana.
-En realidad, es la primera vez que le desobedezco a mi padre. -Kohaku rio por lo bajo. -Quería que me quedase estudiando allá, pero Lillian me ofreció pagarme el viaje, el departamento y mi mantención mientras estudie, y no podía perder la oportunidad.
Senkuu se encogió de hombros, mirando hacia la misma dirección que ella desde lejos.
-¿Cómo están los chicos? Supe que Yuzuriha entró a estudiar artes plásticas, y que Taiju está trabajando en una mina.
-Pues, qué más puedo decir. Son pareja, finalmente. Pero supongo que ya lo sabías. -Senkuu tomó un sorbo de su leche recién salida del microondas, quedándose en silencio cuando se quemó la lengua.
-No son muy discretos al respecto. -Kohaku sonrió y se volteó a verlo, solo para que el peliverde se agitara por completo.
Realmente era un caso perdido.
-Y tú, leona, ¿cómo has estado?
-Pues, mi familia está mejor. Ruri extraña mucho a Chrome, y mi padre extraña mucho a mi mamá. Al principio fue difícil el cambio, pero nos acostumbramos.
-Te pregunté cómo has estado tú. -Senkuu repitió la pregunta, y Kohaku lo miró con sorpresa.
-Bien. Entrenando y compitiendo. También batallando con no llamar más de una vez al día a mi hermana. -la leona sonrió con pesar, caminando hacia el lavavajillas para ponerse a limpiar su taza recién usada. -¿Y tú, Senkuu? -Kohaku lo miró cálidamente, secando la taza mientras tanto.
-Bien. Por fin pude venir a estudiar a donde quería. La escuela era aburrida, más aún cuando no estabas ahí. -el peliverde soltó, sin reparar mucho en sus palabras debido al sueño y también los nervios que se apoderaron de él cuando la artista marcial hizo su pregunta.
-Oh… -Kohaku musitó, con los ojos bien abiertos.
-No tenía a nadie a quién molestar. -Senkuu continuó, rascándose la nuca y mirando hacia el suelo.
-Claro. Entiendo. -la leona murmuró. -Creo que es bastante tarde, así que iré a dormir. Buenas noches.
Senkuu escuchó la puerta de su habitación cerrarse antes de que si quiera se diese cuenta de que Kohaku ya no estaba frente a él.
Kohaku vivió su primer mes universitario solo topándose con Senkuu unas pocas veces durante la semana, mientras que los fines de semana ella se dedicaba a entrenar durante todo el día, por lo que solo llegaba al departamento a dormir o hablar con sus familiares cuando el peliverde se encontraba encerrado en su habitación.
A pesar del casi nulo contacto, ambos se preocupaban de mantener los espacios comunes en orden y de siempre dejar algo de comida para el otro cuando les daba el tiempo, por lo que Kohaku no podía quejarse de nada.
Había acordado juntarse con Taiju, Yuzuriha y Chrome pronto, cuando no tuviera tantas cosas que hacer, pero ese día llegó un mes después, y si bien también habían invitado a Senkuu, el futuro científico se había negado a aparecerse en la junta, aun cuando Kohaku sospechaba que tenía tiempo de sobra.
Ver a sus amigos le subió el ánimo que había empezado a perder con los días, tras esa pequeña conversación. Ellos le contaron sobre sus vidas después de que ella se fuera y también Kohaku les habló a grandes rasgos sobre lo que había hecho mientras vivía en el país americano. Cuando metieron a Senkuu en la conversación, aunque ella no lo hubiera ni mencionado, la joven se sintió sumamente sorprendida al escuchar lo que ellos tenían para decirle.
-Senkuu no ha sido el mismo desde que te fuiste. Apenas nos habla por iniciativa propia y en la escuela se la pasaba mirando al vacío. -Yuzuriha le comentó, sonriendo con algo de pesar.
Kohaku aún no les había contado que estaba viviendo con él. No entendía del todo cómo era posible que Senkuu ni siquiera fuera capaz de hablarle si es que lo que le decía su amiga era verdad. Sin embargo, tanto Chrome como Taiju parecían confirmar las palabras de la castaña.
Quizás, contarles que eran compañeros de piso sería solo agregar más drama a todo esto, por lo que Kohaku no mencionó nada al respecto hasta que fue demasiado evidente, cuando la acompañaron a su edificio y reconocieron que Senkuu también vivía allí.
La expresión de los demás casi la hizo reír a carcajadas, pero Kohaku se contuvo, despidiéndose de lejos cuando se bajó del auto que manejaba Taiju y entrando por el portón.
Había bebido un poco, por lo que se sentía acalorada y andaba un poco inestable mientras subía por las escaleras hasta el cuarto piso.
Por suerte, se encontraba a pasos de su departamento cuando escuchó una pequeña explosión dentro, y en cosa de segundos estuvo al otro lado de la puerta y corriendo hacia la habitación de Senkuu, que forzó para abrir y encontrarse con una cortina de humo y olor a plástico quemado.
-¡Senkuu! -Kohaku exclamó, agitada. No sabía lo que había pasado y, aunque su vista fuera excepcional, el cambio de luz a oscuridad la tenían encandilada.
Una tos seca la guio hacia donde se encontraba el peliverde, a quien jaló de los brazos una vez que lo ubicó y arrastró inmediatamente fuera de la habitación.
-¿Estás bien, Senkuu? -Kohaku intentó ver si tenía algo grave mirándolo con atención aún sin luz artificial.
Parecía estar bien. Al menos, nada parecía sangrar, pero Senkuu no paraba de toser y su ropa parecía electrificada.
-Es… es común. A… a veces ocupo más energía y hace corto circuito. -explicó Senkuu entre tos y tos, mientras Kohaku corría a buscarle un vaso con agua y pasárselo, también en cuestión de segundos.
-¡Otra vez, mocoso! ¡¿Cuándo nos dejarás dormir?! -Kohaku escuchó la voz de un hombre gritar desde arriba.
-¡No digo nada cuando te pones a bailar tu maldito tap a las cuatro de la mañana, Magma! -Senkuu exclamó, solo recomponiéndose por tres segundos antes de volver a toser sonoramente.
-Deberías sentarte, Senkuu. -Kohaku comentó antes de correr a llevarle una silla del pequeño comedor para que descansara ahí, que él aceptó con una mirada algo incómoda.
-Gracias, leona. -el peliverde tomó todo el vaso de agua de un solo sorbo y lo dejó en una mesita que había a su alcance. -Y perdón por todo el alboroto.
-Está bien, Senkuu. Me preocupaste. -Kohaku dio cortas vueltas con una mano en su mentón antes de sentarse en el respaldo del sofá.
-La luz volverá en unos minutos. -su interlocutor comentó, mirando hacia el desastre que era su habitación desde donde estaba sentado.
-¿Cómo llegó a pasar eso? -Kohaku preguntó, casi en burla, acercándose nuevamente a él cuando vio que su mano temblaba. -¿Te quemaste?
-Primero, es una larga historia que no sé si quieres oír. Segundo, sí. -Senkuu replicó en su usual tono, que le recordaron a Kohaku de cuando aún iban a la escuela.
-¿Por qué no dijiste antes? Vamos al lavavajillas para calmarte el dolor. -Kohaku tomó a Senkuu del antebrazo, cerca de su codo, y lo guio con una extraña delicadeza hacia la cocina, colocando su mano bajo el chorro de agua fría mientras mantenía su agarre.
-No necesitas sostenerme. No es como que vaya a retirar mi mano si es que me sueltas. -Senkuu comentó, luego de un largo silencio.
-Lo siento. -Kohaku retiró su mano del antebrazo del futuro científico y cruzó sus brazos alrededor de su pecho, forzándose a mirar por la ventana las luces de la ciudad mientras el calor del cuerpo de Senkuu a su lado le transmitía sensaciones extrañas e inexplicables.
-¿Cómo estaban los demás?
-Bien. Muy bien.
-Genial.
-¿Tú ves a Chrome más seguido, o no?
-Pues… somos compañeros de carrera. Nos vemos todos los días.
Kohaku asintió, pensativa. Era extraño que no lo hubiese invitado al departamento mientras ella estaba ahí, y también que no le hubiera dicho que vivían juntos. Pero decidió ignorar la confusa situación por el bien de su hermana.
-Ruri vendrá a verme por una semana, y creo que será una mayor sorpresa si los reunimos aquí sin que ninguno de los dos sepa.
Kohaku escuchó a Senkuu reír por lo bajo antes de sentir su mirada sobre ella.
-Ciertamente, es una gran idea. Chrome vendrá tan pronto como le pida ayuda para cualquier proyecto.
Ahora Kohaku fue quien sonrió, recordando a esos dos ñoños trabajando horas y horas para construir su primera nave espacial miniatura.
-¿Cuándo vendrá tu hermana? -Senkuu le preguntó mientras ella caminaba al refrigerador para sacar una bolsa de hielos y llenar una bowl con este para que Senkuu colocara su mano.
-En un mes, más o menos. -Kohaku observó al peliverde lentamente poner su mano en el agua helada y rio discretamente con la expresión que había usado.
-Ríete todo lo que necesites. Me lo merezco. -Senkuu bromeó y Kohaku, que había vuelto a mirar por la venta, lo miró de reojo para encontrarse nuevamente con su intensa mirada. -Leona.
La aludida se volteó a verlo directamente ahora. Su tono era más serio y le provocó un imperceptible escalofrío.
-Lo siento. -Senkuu dijo, simplemente, mirando nuevamente su mano herida como si fuera lo más interesante del mundo.
-Está bien. Son cosas que pasan. -Kohaku se encogió de hombros.
-No. -Senkuu volvió a mirarla con seriedad. -Debí contestar tus mensajes cuando estabas allá, o llamarte al menos. Éramos amigos y actué como si no me importaras en lo más mínimo.
Kohaku no pudo evitar que sus labios se abrieran en un mudo "oh" ante las palabras de Senkuu. Realmente no esperaba mucho de él ya con respecto a esto, y menos esa noche y en tal situación tan ridícula.
-Entiendo si aún sientes rencor, y no espero que me perdones realmente.
-Pues… yo también debí avisarles a todos que me iba a vivir a otro país. Fue injusto para ustedes.
-Estabas de duelo, Kohaku.
La aludida sintió cómo la sangre le subía a la cabeza al escuchar su nombre en la voz de Senkuu. Eran contadas las veces en que la había llamado así, y parecía que el peliverde lo había hecho intencionalmente por la manera en que lo pronunció. Aún le sorprendía cómo, después de años sin verlo y saber tan solo lo mínimo sobre él, todavía tenía ese efecto tan potente sobre ella.
-Gracias por comprenderlo, Senkuu. Sin embargo, no puedo perdonarte, porque nunca te he culpado de nada. Recuerda todo lo que me has ayudado. Me llevaste a casa cuando estaba herida, reparaste mi bicicleta, curaste a Ruri de un resfrío horrible cuando mi padre se encontraba fuera de la ciudad, y también gracias a ti soy amiga de Taiju, Yuzuriha y Chrome. -la joven enumeró, escuchando su propia voz temblar con emoción. -Aún cuando no me lo dijeras, sabía que te preocupabas por mí.
-Kohaku… -Senkuu murmuró, con una expresión de sorpresa en su rostro, antes de llevar lentamente su mano buena hacia el rostro de la joven, para colocar un mechón de cabello que se había escapado de su lugar tras su oreja.
Fue un gesto que pareció tan natural, que Kohaku no pudo evitar apoyar su cabeza en la palma de la mano de Senkuu, y respirar hondo antes de cerrar sus ojos para intentar disfrutar al máximo la cálida sensación.
Cuando la luz volvió, y Kohaku abrió sus ojos, Senkuu apartó su mano de ella con rapidez y tomó un paño para secar su mano herida y volver a su habitación, que aún echaba humo por todas partes.
Maldita su estúpida suerte por hacer volver la luz justo en el momento en que Senkuu se había inclinado hacia Kohaku para besarla mientras ella mantenía sus ojos cerrados.
Verla con más claridad frente a él le habían quitado toda la determinación que tenía al reparar en lo inalcanzable que era la leona para un tipo como él, por lo que tomó lo poco que le quedaba de dignidad y se marchó a arreglar el desastre que había provocado en su habitación mientras intentaba hacer funcionar su propio acelerador de partículas miniatura. No quiso mirar hacia atrás ni volver a la cocina, aunque su mano ardiera por la quemadura, y solo exclamó un "buenas noches" antes de cerrar la puerta de su habitación tras él.
A pesar de todo el desastre, Senkuu había hecho un gran avance. Pedir perdón y conversar sobre lo que lo había estado molestando por años le había quitado un peso considerable de encima, pero observar en primera persona cómo volvía a caer enamorado de ella -si es que alguna vez dejó de estarlo desde que lo asumió- era realmente demasiado.
Senkuu ordenó casi automáticamente su desorden y barrió las piezas que habían volado a distintos lados de la habitación. Una pared había quedado negra por la pequeña explosión, pero no le pudo importar menos mientras botaba, con pesar, las piezas que habían quedado inutilizables. Fue algo estúpido realmente. Sabía que era posible que hiciera corto circuito y que no terminaría de la mejor manera.
Se lanzó a su cama de madrugada y durmió profundamente por primera vez desde que su padre le había avisado que Kohaku sería su segunda arrendataria.
Los días siguientes al incidente fueron realmente agradables. Ambos habían sabido retomar su amistad en los momentos que tenían libres en los espacios comunes. Kohaku le contó de todos sus torneos, cómo iban sus entrenamientos y las heridas que se había hecho, además de mostrarle con orgullo su fluido manejo del inglés y explicarle por qué había entrado a estudiar psicología, mientras que Senkuu le habló sobre su padre y su relación con Lillian, los proyectos en los que había participado cuando iba aún en la escuela y cómo llegó a elegir la carrera que eligió -de todas sus posibilidades- en la Universidad de Tokio.
También se refirieron a la coincidencia de que Byakuya conociera a la tía lejana de Kohaku y, por supuesto, al macabro plan que Byakuya había hecho para que ambos terminaran compartiendo un piso en Tokio.
Algunas veces se quedaron ambos en el sofá viendo alguna película o serie, y ambos comenzaron un fanatismo por la serie alemana Dark, apostando el trabajo doméstico de un día en sus premoniciones para el capítulo que seguía.
El día en que llegó Ruri pareció ser la puerta de entrada a hablar de temas distintos a la psicología, la ciencia, qué comer o Dark. Senkuu y Kohaku habían organizado todo para que Chrome estuviera en el departamento cuando la leona llegara con su hermana desde el aeropuerto, y cuando el momento del encuentro llegó, muy de acuerdo a lo planificado, tanto él como su compañera de piso sonrieron ampliamente al ver la cara de estúpidos de Chrome y Ruri, que se miraron entre ellos por más de treinta segundos en silencio.
Los dejaron solos, obviamente. Con la excusa de que debían ir a buscar algo para comer y riendo a carcajadas cuando salieron del departamento.
-Bueno, pero dejando de lado la cara de Chrome, fue bastante romántico. -Kohaku comentó mientras bajaban las escaleras del edificio, efectivamente aprovechando el momento para salir a comprar algo de comer.
-"Romance" se le dice a lo que se refiere al "Romanticismo" que se desarrolló en Occidente en el siglo XIX.
Senkuu pudo sentir a Kohaku rodar sus ojos y rio para sus adentros.
-Sí, lo recuerdo. Pero sabes a qué me refiero.
-Ese idiota ha estado enamorado de tu hermana desde que nació más o menos. -bromeó el peliverde, rascándose la oreja.
-A veces no veo qué le ve Ruri.
-¿A qué te refieres? -Senkuu la cuestionó, cuando ya estaban afuera del edificio.
-Chrome es muy inteligente, lo sé. Y es un "buen tipo" como dirían algunos. Pero en todo este tiempo no ha sido nada directo con Ruri, y ella ha sufrido por lo mismo.
Senkuu se quedó en silencio, reflexionando sobre las palabras de Kohaku. Si ella lo decía así, él mismo no era muy distinto a Chrome. Claro que no actuaba como un idiota virgen, o al menos eso creía.
-Esperemos que hoy diga algo emocionante. -el peliverde rio para sus adentros con esa terrible expresión que a veces hacía sin querer y asustaba a cualquiera que no lo conociera lo suficiente.
-Si no lo hace, le romperé los huesos. -Kohaku comentó, con una sonrisa similar.
Senkuu caminó al lado de Kohaku con las manos en los bolsillos, ambos intentando demorarse lo más posible en llegar al pequeño negocio donde solían comprar -siempre por separado- las cosas para la semana. El silencio era tranquilo y ninguno sentía la necesidad de hablar.
Cuando estaban ya en la tienda, dando vueltas por doquier para matar el tiempo, Kohaku recibió una llamada de su hermana que la dejó riendo en silencio mientras Senkuu la miraba extrañado y expectante.
-Le pidió matrimonio. -la leona le comentó, con su voz un tono más fuerte, y Senkuu se quedó en blanco.
De todas las posibilidades en las que había pensado mientras Kohaku se retorcía de la risa con su llamada, la había visto como la más improbable, conociendo a Chrome.
-¿Por qué te da tanta risa? -Senkuu la miró, dubitativo, sin saber aún qué pensar.
-La ironía. -Kohaku lo miró como si estuviera diciendo algo obvio.
-¿Y cómo piensan hacerlo? ¿Te dijo algo? -el peliverde insistió.
-Bueno, me llamó para que la cubriera esta noche mientras va a lo de Chrome para que le cuente a sus padres. Es lo único que sé. No sé cómo se lo tomará mi padre.
-¿Su plan no era que ambas se casaran?
Kohaku se encogió de hombros y se encaminó fuera del negocio, sin llevar nada.
-Vamos. -la leona hizo un gesto de que se apurase y él la siguió con su máximo esfuerzo de vuelta al edificio.
Su estado físico era terrible, por lo que cuando ya estuvieron de vuelta en la puerta del departamento, Senkuu se sentía mareado y agotado mientras Kohaku se veía muy compuesta metiendo su llave en el cerrojo y empujando la puerta hacia adelante.
Chrome y Ruri se encontraban sentados en el sofá, ambos con los rostros rojos a más no poder.
Kohaku fue la primera en correr hacia su hermana y felicitarla por la noticia, estrujándola con todas sus fuerzas antes de dirigirse hacia Chrome y darle una suave palmada en la espalda, advirtiéndole que cuidase de su hermana mayor. Senkuu, por su parte, los felicitó con menor efusividad, aún trabajando en recuperar el aliento.
-Que le hayas pedido matrimonio aún sin saber que la verías hoy está por fuera de mi comprensión. Aún más que Ruri haya aceptado casarse con un idiota como tú. -Senkuu rio, feliz de ver a la pareja reunida y algo asqueado también por sus miradas embobadas.
Luego de una pequeña charla donde Ruri contó cómo Chrome le había propuesto matrimonio, y que realmente había incomodado a la mayoría presente, los novios se dispusieron a irse. Ruri preparó una pequeña mochila con ropa y Chrome tomó las cosas que había llevado antes de despedirse, evidentemente desesperado por pasar un rato a solas con su prometida.
-Adiós, hermana. Espero verte mañana. Mucha suerte hoy, y cuídate mucho. -Kohaku despidió a Ruri de un abrazo, que ella devolvió con mucha emoción. -Tú, Chrome. No lo arruines. -la leona prosiguió a mirar al castaño con severidad, quien tembló ante las frías palabras de su -ahora- cuñada.
-Gracias a ustedes por la maravillosa sorpresa que nos tenían preparada. -Ruri miró a Senkuu y a Kohaku con detención, tomando la mano de Chrome y apretándola con seguridad. -Senkuu. Cuida de mi hermana.
La pareja dio media vuelta y salió del departamento, aún sostenidos de la mano, mientras Senkuu se quedó helado en su lugar, mirando al vacío y esperando no mostrar demasiada emoción, pero el rostro avergonzado de Kohaku, que acababa de cerrar la puerta tras ella, lo obligaba a hacer algo al respecto.
Si Chrome podía improvisar así, ¿por qué él no? ¿No era ahora la oportunidad perfecta para dar un indicio de algo?
-Senkuu. -Kohaku interrumpió sus pensamientos, parándose frente a él. -Disculpa a mi hermana, por favor.
El aludido ladeó su cabeza, desconectado de lo que ella estaba hablando.
-Sé que no piensas así de mí. Pero aparentemente todos creen lo contrario. -la leona continuó, mirando hacia el suelo con un gesto de indescriptible incomodidad.
-Me sorprende que no te hayas dado cuenta, Kohaku. -Senkuu comentó, dando un paso adelante y llevando una mano hacia la mejilla de su interlocutora, para que lo mirara a los ojos. -Antes de que te fueras yo… -el peliverde tragó saliva, intentando sobrellevar los nervios. -Te quería.
La tristeza en los ojos de Kohaku mutó a algo que él reconoció como esperanza. Estaba agradecido de poder leer con facilidad sus emociones, cuando normalmente era tan torpe para identificarlas en cualquier otra persona.
-Después de todos estos años, te sigo queriendo. -Senkuu confesó, respirando hondo cuando el peso del secreto que más se preocupó en guardar se levantó.
Sin embargo, seguía estando profundamente nervioso. Cuando Kohaku se inclinó hacia él, sintió que se le fue de las manos.
Era el resultado de no planear las cosas antes.
Para su suerte, ella no lo dejó tomar la iniciativa. Quizás cuánto más tardaría.
Kohaku llevó ambas manos hacia sus hombros y lo bajó a su altura para plantarle un suave beso en los labios. Luego, se mantuvo ahí, estática, respirando pesado mientras Senkuu intentaba procesar toda la información con sus ojos cerrados.
-Senkuu. Yo también. -Kohaku murmuró, respirando sobre sus labios y haciéndolo abrir los ojos de golpe. -También te quiero. Perdóname por no decirlo a tiempo.
-Tenemos de sobra. -Senkuu replicó rápidamente, inclinándose hacia ella y besándola suavemente, sin despegarse.
Los labios de Kohaku eran adictivos, y un potencial problema. Tan pronto como se separaron para respirar, ambos agitados por todas las emociones que habían vivido en menos de una hora, Senkuu se vio rápidamente en necesidad de acortar la distancia de nuevo, esta vez colocando una mano en la pequeña cintura de la leona y la otra en su nuca.
Ella, por su parte, tampoco parecía dispuesta a dejarlo ir, pues mordió insistentemente el labio inferior del peliverde para hacerlo abrir sus labios para quejarse e introducir su lengua dentro de su boca. ¿Y quién era él para negarle algo que estaban ambos disfrutando de sobremanera?
No sabía ya que hora era, pero Senkuu estaba seguro de que llevaban al menos quince minutos pegados cuando el reverso de sus rodillas chocó con el sillón y Kohaku lo empujó hacia él, trepándole encima y acostándose sobre su cuerpo extendido. Si ya le había costado trabajo disimilar su evidente emoción, con ella así se le hizo imposible, por lo que tuvo que cortar de raíz tal acalorada sesión de besos empujándola hacia atrás para poder retomar su respiración.
Pero ella seguía encima. Es más: aprovechó el momento para mover sus caderas sobre él a su antojo.
-Suficiente. -Senkuu declaró algo ahogado, llevando sus manos hacia las caderas de la leona e intentando inmovilizarla.
-¿No quieres…?
-Sí quiero. Ese es el problema. -Senkuu explicó, riendo histéricamente mientras Kohaku se veía confundida.
-No entiendo. -la leona se apartó de él y ambos se sentaron en el sofá, con los cabellos desordenados y la ropa corrida.
-Estoy aterrado, Kohaku. -Senkuu la miró, apenado, antes de voltear su vista al suelo.
-Está bien, Senkuu. -sin reparos, la joven tomó su mano y la apretó entre las suyas. -Soy muy impulsiva a veces, y lo siento por eso.
-No te disculpes. Por eso me gustas. -el peliverde sonrió, respirando hondo antes de volver a mirarla.
Se veía tan bien así: desarreglada y sonrojada, con los labios hinchados por los apasionados besos que habían compartido recién.
-Jamás había sentido algo como esto… como lo que siento cuando estoy contigo. -Senkuu continuó, apretando inconscientemente la mano de su interlocutora. -No sé qué esperas tú de mí, pero puedo prometerte que siempre estaré para ti.
¿Qué tipo de cursilerías estaba hablando? Parecía sacado de una novela rosa. Kohaku estaba roja como tomate y parecía tan impresionada por sus palabras que solo pudo atragantarse con su propia saliva.
Para cuando Senkuu volvió a su lado, después de correr a la cocina para llevarle un vaso de agua, Kohaku ya había recobrado la compostura y lo estaba mirando intensamente, haciendo espectáculo de sus ojos color turquesa.
-Han pasado tantas cosas en tan poco tiempo que me resulta difícil asimilarlo, Senkuu. -Kohaku se explicó. -¿Me estás diciendo que te gustaba… desde antes?
El peliverde asintió, entretenido con su expresión tan consternada.
-¿Y por qué no…? ¿Por qué me alejabas? ¿Por qué me alejaste por tanto tiempo? -la leona se inclinó hacia él, con la voz casi quebrada.
¿Por qué? Era una muy buena pregunta. Si se lo hubiese preguntado algún tiempo atrás, diría que los sentimientos eran una pérdida de tiempo -como alguna vez le había expresado a la misma Kohaku. Pero ahora… cuando ella se lo ponía así… realmente sonaba ridículo.
¿En qué estaba pensando cuando intentó apartarla de su vida lo más posible, sabiendo que sería todo en vano en cuanto volviera a verla?
-Soy un imbécil al diez billones por ciento… -Senkuu replicó inmediatamente. -Y lo siento mucho. ¿Cómo mierda puedes perdonarme?
Los ojos de Kohaku se aguaron, pero no se veía triste. Solo parecía que desbordaba en emociones que les eran aún incomprensibles a ambos.
-Todo este tiempo… -murmuró ella, incapaz de completar la oración.
Pero sí, efectivamente era un tiempo considerable. Desde que empezó a mirarla con otros ojos hasta este momento había parecido una eternidad.
Senkuu acortó la distancia entre ambos, cansado de observarla pasar por un torbellino de emociones sin hacer nada al respecto, y la besó suavemente, introduciendo su lengua dentro de la boca de Kohaku para volver a experimentar la sensación a la que recientemente se había vuelto adicto.
-Te lo compensaré. -el peliverde susurró cerca del oído de la leona, quien se colgó de su cuello y colocó sus piernas juntas sobre el regazo de Senkuu. -Dime qué quieres que haga.
Kohaku gimió contra la boca de Senkuu al reparar en lo que implicaban sus palabras. Le era muy difícil controlarse al sentirlo ahí, junto a su cuerpo, caliente y hablándole de esa manera, como si hubiese creado un tono de voz absolutamente distinto y solo para ella. Un tono que era tan profundo que la hacía temblar de pies a cabeza.
-¿Puedes… tocarme? -Kohaku preguntó sobre los labios del peliverde, quien solo gruñó en respuesta. No podía pedirle más que eso ahora. No cuando no tenían nada de protección.
La artista marcial se crispó completa cuando sintió una de las manos de Senkuu bajar lentamente por su cuello hasta llegar a uno de sus pechos y lentamente dibujar su contorno antes de tocarlo y apretarlo levemente, ahogando su gemido con su misma boca. Como sus pechos eran sensibles, rápidamente sintió cómo sus pezones se endurecían y se mostraban bajo la tela de su vestido favorito.
-¿Más abajo? -Senkuu preguntó, con su voz aterciopelada rozándole el cuello antes de besarla ahí.
-S-sí. -Kohaku inhaló hondo, cuando lo sintió a la altura de su ombligo.
Senkuu la acarició pacientemente mientras aumentaba en intensidad sus besos, sin tocarla donde lo necesitaba. Parecía no hacerlo con intención, pero había logrado generar tal expectación en ella que, cuando finalmente hizo contacto por sobre su ropa interior con su clítoris, Kohaku se estremeció y se aferró al cuello del peliverde.
Y el muy cruel rio por lo bajo antes de continuar estimulándola por sobre la ropa.
-Uh… por favor, Senkuu… necesito más. -Kohaku se quejó, llevando una mano para detener la de él y guiarla por debajo de su calzón hasta que estuvo directamente sobre su botón nervioso.
La joven lo sintió carraspear antes de continuar con lo que estaba haciendo. Y de alguna manera, había captado los movimientos que a ella le gustaban muy rápido, por lo que le costó poco trabajo hacerla correrse sin siquiera quitarle la ropa ni penetrarla.
Kohaku jadeó sonoramente, observándolo maravillarse con lo que acababa de ocurrir y rio ligeramente antes de darle un corto beso en los labios.
-Mañana, después de mi entrenamiento… me meteré a la ducha… -Kohaku bostezó y estiró sus brazos antes de mirarlo con los ojos colmados de deseo. -Y te esperaré ahí.
Senkuu tragó saliva sonoramente antes de reír con nerviosismo y acomodarse la camisa que Kohaku había desabotonado parcialmente.
-Ahora… ¿me explicarías de nuevo lo del gato de Schrodinger? No me quedó claro.
Kohaku le sonrió con calma, riendo internamente ante la expresión embobada del peliverde.
Confiaba plenamente en que al día siguiente, él llegaría.
Y llegó incluso después, en cada momento que tenía disponible, a visitarla. Hasta que su habitación se hizo la habitación de ambos y el departamento pasó a nombre de Ishigami Senkuu e Ishigami Kohaku.
