disclaimer: Inuyasha le pertenece a Rumiko.

Un pequeño con tus ojos

II| La propuesta

—Quiero…

—¿Quieres…?

—Tener un…

—¿Un?

—Un… ca… ¡Quiero un ca…! Ah, una mierda. Esto es una estupidez.

Inuyasha fulmina con ira al sonriente rostro de Miroku, quien lejos de estar exasperado por la tozudez de su amigo, decide encontrar lo mejor de la situación y aprovechar de reírse de él mientras lo ayuda. Era un buen uso de su tiempo y su gran entretenimiento cuando salían juntos en misiones, ya que tener a su familia lejos lo hacía sentir un pequeño vacío en el pecho, por lo que compartir con su compañero lograba distraerlo. Se encontraban camino a un pueblo a menos de un día de viaje e Inuyasha debió haber sospechado de antemano que Miroku nuevamente usaría el tiempo para ayudarlo a ser directo, como había estado pasando en el último año.

Sí debía reconocer que había sido sumamente útil a la hora de planear la ceremonia con Kagome, pues pese a que era ajeno a las costumbres humanas, ella se había visto tremendamente feliz y debía reconocer que también había sido de su agrado. Realmente sentía que su conexión con ella era más latente que nunca, y saberla su esposa generaba una calidez en su interior que nada podía igualar. Su familia, su compañera, Kagome.

Su vida juntos recién comenzaba.

—No lo es —le reprocha entonces, viendo cómo Inuyasha infla sus sonrojadas mejillas por ser incapaz de pronunciar la palabra—. Kagome-sama es tu esposa, debes ser directo con ella en lo que quieres. ¿No ves cómo me resultó a mí?

—¡Pues tú andabas practicando desde años antes!

—Ah, eso es diferente. Mi querida Sango es la única que podría haber sido madre de mis hijos —susurra con ensueño, luego negando para volver al foco—. ¡Ese no es el punto! Quiero que termines la frase. —En vista de que Inuyasha iba a reclamar, Miroku enseria el rostro—. O me quedaré con todo el dinero de este exorcismo.

Inuyasha traga duro, ya que sabe que no se pueden sustentar del todo bien sin ese dinero. Tienen una pequeña cabaña con Kagome, la cual deben mantener entre ambos, pues si bien ella sigue bajo la tutela de Jinenji, es poco el dinero que recibe por sus trabajos como sacerdotisa y deben realizar exorcismos cada cierto tiempo. Esa vez les había tocado a ellos ir y eso generaba la ridícula situación en la que estaban.

Hastiado, junta todo el aire en su pecho y dice con fuerza:

—¡Quiero tener un jodido cachorro contigo!

—¡Así es!

Ambos celebran, hasta que recuerdan que el lugar no es tan desolado ahora que están más cerca del pueblo, y unos aldeanos que pasan los miran con los ojos abiertos de par en par. Miroku siente la necesidad de clarificar:

—No, esperen, no se refiere a . Jamás le sería infiel a mi esposa.

—Qué bueno saberlo —ríe Sango, generando un respingo en ambos hombres.

Al voltearse, ven a Kagome sobre Kirara aún y Miroku no puede más que ladear la cabeza, confundido.

—¿Qué haces aquí, cariño? —pregunta con naturalidad, pero ese trato frente a otras personas sigue haciendo sonrojar a Sango—. Creí que esta vez iría yo.

—Nos han llamado para un exorcismo en un lugar cercano a ustedes, veníamos de vuelta y los divisamos. Creímos que sería bueno decirles hola.

—La mejor sorpresa —le sonríe Miroku, acercándose en un claro ademán que su esposa ya bien conoce.

—Hay más gente —regaña Sango con un tono de burla oculto que capta su esposo. Entonces, mira detrás de él y descubre a un sonrojado Inuyasha que rehúye la mirada de Kagome, lo que hace que mire con la duda pintada en los ojos a Miroku—. ¿Qué estaban conversando?

Miroku mira un segundo a Inuyasha con culpa, pero no puede ocultar ese tema a Sango. De seguro ya sospecha que algo extraño hay, y probablemente resulte una mejor ayuda de lo que él ha resultado en ese tiempo para que Inuyasha al fin sea sincero. Sango parece sorprendida y feliz, y mira rápidamente sobre su hombro para comprobar que Kagome sigue al lado de Kirara, dándole un asentimiento a Miroku que él entiende de inmediato. Ella va donde Inuyasha, mientras Miroku distrae a Kagome.

El hanyō levanta la vista cuando llega, ya más calmado, pero se sorprende en cuanto Sango le habla:

—Sé lo más sincero que puedas con ella, Inuyasha. Kagome-chan conoce tus sentimientos mejor que nadie, pero hay cosas que debes decir directamente. Además, has estado tan raro que cree que hay un problema entre ambos.

—¡¿Qué?! ¿Cuándo te dijo eso?

—Cualquiera creería que hay un problema, ni siquiera la has ido a saludar aún. —Inuyasha traga duro, no pudiendo decir nada al respecto. Encima le había dado una mala impresión, ¿cómo se suponía que podría proponerle agrandar su familia así?—. Dile cómo te sientes y te lo agradecerá con su sinceridad al respecto. Kagome-chan es una chica moderna, pero sé que han conversado de que a ambos les gustan los niños, así que dilo.

—Pero…

Dilo —presiona Sango con una significativa mirada—, porque allí viene.

Inuyasha observa con pánico detrás de él, corroborando que su confundida esposa se acerca a donde está. Kagome no sabe qué pensar de la actitud del hanyō, Inuyasha ha estado especialmente raro los últimos días, y mientras más se acerca a él, más pánico llena su rostro, lo que le hace pedir:

—Dime qué está pasando, por favor.

Las orejas de Inuyasha bullen. Sango desaparece tan lejos de su lado que admira su rapidez, yendo a un lado de Miroku y dándole ánimos con un pulgar hacia arriba. No es el momento en que se imaginaba tener esa conversación, aunque al menos sus amigos se alejan un poco y les dan espacio, y cuando Kagome lo mira con esos confusos ojos marrones, no existe nada más en el mundo que ellos por un segundo. ¿Cómo podría haberle dado algo que no fuera sinceridad si lo miraba así?

Su garganta parece estar más seca que de costumbre y cuesta pasar el aire hasta sus pulmones, pero su mirada demuestra una férrea determinación en hacerle saber qué ha estado rondando su cabeza el último tiempo. Baja la voz para que sólo ella lo escuche, y le confiesa:

—Quiero tener un bebé contigo, Kagome. Formar una familia donde exista una versión pequeña de ti y de mí. Un cachorro con orejitas de perro o lo que sea que venga de nosotros dos… —Inuyasha comienza a entrar en pánico al ver cómo los ojos de Kagome se tornan acuosos ante sus palabras, permaneciendo en silencio—. ¡No… no llores! No pasa nada si no quieres, fue una estupidez decirlo…

—¡Bien hecho! —vociferan Sango y Miroku con aprobación.

Inuyasha los mira con molestia, ofuscado, azorado y con el corazón latiéndole a mil por culpa de haber dicho algo tan vergonzoso y que encima no era del agrado de Kagome.

—¡Podrían al menos disimular!

Pero los brazos de su querida Kagome lo amarran entonces, con sus lágrimas fluyendo finalmente, y logran que se calme lo suficiente para que capte la sonrisa ante sus palabras. Es un sueño que ella también ha tenido en algún momento, y ahora que roza los veinte años, se siente preparada para comenzar esa nueva aventura del lado de Inuyasha. Ahora que Naraku ha desaparecido y sus días se componen de simples rutinas, al fin siente que su relación ha evolucionado a una que le da tranquilidad día tras día; tiene la certeza de que no puede esperarle sino un futuro brillante a su lado.

—Formemos una familia, Inuyasha.

Sango y Miroku aparentan mirar hacia otro lado, lo cual es agradecido por Inuyasha, quien entonces se da la libertad de corresponderle el abrazo.

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Bipo habla:
¿Qué siempre decimos de dejar favorito y no comentario? *inserte emoji de cuchillo*. No, pero en serio jajaja por favor, dense el tiempo de comentar si es que les ha parecido bien, su feedback es lo que necesito para seguir escribiendo y creciendo día a día :) Me alegro un montón que te haya gustado, bruxi, y que encima otra gente se interesara en esta cortita historia~.

Hoy le tocó a Sango darle los ánimos a Inuyasha, aunque Miroku siempre será transversal. Si bien quedan dos personajes más que acompañarán a Inuyasha y Kagome en este camino, el próximo se enfocará en ellos como pareja~. Espero que les dé un momentito de felicidad en su día, así como ustedes me lo dan a mí.

Muchos besoooos.