disclaimer: Inuyasha le pertenece a Rumiko.
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Un pequeño con tus ojos
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III| La decepción
En su tercer otoño juntos, tienen una mala noticia.
La comida de Kagome siempre ha sido de su gusto, pero eso no impide que le agrade aún más molestarla con alguna pesadez que le hacía ganarse varios «¡Siéntate!». Es algo así como su nueva dinámica juguetona de pareja, ver cuál de los dos podía molestar más al otro, por lo que cuando dice su usual «Qué asco» (sin olvidar la leve sonrisa socarrona que aparece después, muy importante ofrenda de paz) y Kagome no responde, sabe que algo anda mal. La rutina de peleas en broma es sagrada y muy querida para Inuyasha; le provoca una mezcla de risa y ternura bien escondida la cara de su esposa al tomarse las cosas a pecho.
Pero ese día es diferente. Kagome está extraña. Es verdad que cada cierto tiempo la acomete la nostalgia de su familia, lo cual era completamente entendible para Inuyasha, y por petición de ella la dejaba sola para lidiar con esos sentimientos —no siempre tiene la delicadeza que Kagome requiere para tratar esos asuntos, así que está aprendiendo todavía. Pero eso que ve en los ojos marrones esa mañana, antes de que la rutina que tienen los separe, se siente distinto de esos momentos en que Kagome quiere estar sola y lo llaman a buscar su lado luego de volver de su exorcismo de turno.
—¿Y eso?
—No te importa —responde sin siquiera mirar a Miroku, quien lo aborda apenas ingresa en la aldea con una sonrisa que no es en absoluto de su agrado—. Deja de mirarme así o te mato.
Sí, entre sus manos tiene un pequeño paquete que ha estado esperando por un par de meses. Su encomienda al fin está terminada, pero eso no excusa que Miroku lo mire como si tuviera algo particularmente interesante y novedoso.
—¡Así que seguiste mi consejo y le compraste un regalo a Kagome-sama!
No es capaz de responderle algún insulto, pues su propio sonrojo lo delata con anterioridad, y es recibido con la sonora carcajada de Miroku.
El mismo monje ha notado a Kagome algo ausente, preocupándose al percibir que era un ánimo que persistía. Un regalo no ha sido su consejo directo, sino que lo ha impulsado a distraerla un poco de lo que fuera que estuviera quitándole la calma. El paquete que carga no tiene por objetivo ser una panacea, pero sabe que Kagome entenderá el significado que tiene para ambos, igual que siempre lo hace.
Llevan varios años juntos y sus días se acumulan uno tras otro. Sus vidas no son nada fuera de lo común, pero son las aventuras más fantásticas que ambos han tenido: desde intentar aprender a cocinar juntos —con intentos notables de parte de Kagome y espesos incendios de parte de Inuyasha—, hasta ir a caminar por la aldea eran cosas en las que ambos lograban encontrar felicidad. La sola brisa fresca previa a la noche o los colores del amanecer son maravillosos por sí solos, pero tomando la mano de ella todo está magnificado.
Es verdad que no todo ha sido perfecto. Pelean bastante en broma, aunque muchas veces sus personalidades chocaron, sobre todo al comenzar a vivir juntos, pero lo superan de a poco, creciendo al lado del otro. Su relación con Kagome le sabe a café azucarado: a veces resulta amarga y dulce al mismo tiempo —cuando ambos comprenden la dificultad de comenzar a formar una vida juntos—, pero siempre lo deja con una calidez interior que permanece mucho tiempo, sobre todo en los días más fríos.
Llamar felicidad a todos esos momentos quizás es muy positivista de su parte, pues en realidad, al final del día, lo que se entregan es paz.
Cuando ingresa a la cabaña, corrobora sus sospechas de que algo más sucede que tiene afligida a Kagome, pues la encuentra agazapada en un rincón, como queriendo abrazarse a sí misma.
—¿Kagome?
Llora de la forma más silenciosa que Inuyasha ha escuchado llorar a alguien. Se le acerca con rapidez, con su regalo cayendo en la entrada, poniéndole una mano en la espalda y buscando acunar su rostro con la otra. Su preocupación claramente comienza a pintarse en sus facciones y en cuanto Kagome lo mira, se le rompe un poquito más el alma.
—Siempre odié matemática —susurra entrecortadamente cuando logra calmarse un tanto, mientras se reacomoda el cabello y deja que Inuyasha vea su rostro. Suelta una pequeña risa sardónica antes de continuar y siente como su esposo inmediatamente la toma con más fuerza, como queriendo apoyarla por medio de sus manos—. La primera vez que de verdad siento que me sirven y… —Inuyasha logra escuchar cómo aprieta la mandíbula al compás del olor salado que anticipa las lágrimas que tanto odia ver en el rostro de Kagome—, y… es para notar esto.
Inuyasha se acerca suavemente hacia ella, sin torpeza alguna en su ademán, como pocas veces es capaz. Le toma la mano con suavidad y la ve directamente, esperando a que hable cuando se sienta preparada. Por su mente pasan un sinfín de posibilidades, aunque cuando escucha la realidad, queda helado un segundo:
—Hace tiempo que debería haber quedado embarazada.
Abre la boca, pero no sale palabra. Tiene una leve idea de cómo funcionan los ciclos fértiles de las mujeres, en parte guiado por su olfato y en parte por haber sido instruido por Kagome en ello, y si bien alguna que otra vez ha pensado que Miroku y Sango no habían demorado tanto como ellos, no es algo que le preocupara en un primer momento. Tenían la vida entera para formar a su familia, pero quizás había dado por sentado algo que no era siquiera posible. Kagome estrecha su mano antes de preguntarle muy bajito, casi sin querer que se le escapen esas palabras:
—¿Por qué yo?
Los ojos de Kagome lo miran como si él realmente tuviera la respuesta, provocando en Inuyasha una infinita pena, pues es visible que se está culpando.
—Puedo ser yo —intenta hacer entender entonces—. Esto debe ser mi culpa. Mi sangre debe ser el problema… Quizás es porque soy un hanyō.
—No te culpes de esto —responde con rapidez, no queriendo escuchar algo así de sus labios.
—No lo hagas tú tampoco.
Pegándose más al cuerpo de su esposo, agarrando con fuerza la tela de rata de su traje, le musita con voz quebrada:
—Sé que quizás es un sueño estúpido para muchos, pero yo…
—Cállate —le pide en un susurro, atrayéndola hacia él en un abrazo—. No es estúpido. Nada en ti es estúpido.
Quiere ahogar sus sollozos de alguna forma, prefiriendo escoger un abrazo, de manera que pudiera hablar, desahogarse, que le diera un poco de su tristeza para que así ella no la cargara toda. Él mismo aún no sabía cómo sentirse con la noticia, procesándola lentamente y ocupado en acoger la pena de Kagome. Le costará un poco comprender que es imposible, pues ha creído que podría ser en cualquier momento de sus vidas… si bien mucho tiempo utilizaron cosas extrañas que Kagome decía que evitaban que tuvieran cachorros, luego de su conversación sobre formar una familia, dejan de usarlas. Creía que pronto tendría un heredero de Tessaiga, luego de una linda Kagome con barriga.
Ojea hacia la entrada, prometiendo que va a deshacerse del paquete que contiene un traje de rata de fuego en miniatura antes de que Kagome lo pueda ver.
—Tranquila, Kagome. Yo… estoy aquí. Estamos juntos.
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༄Bipo habla:
Hola de nuevo~, he vuelto para quedarme. Ya estamos a la mitad de estos drabbles/viñetas y no podía no poner algo de angst. Siempre he visto al InuKag como una pareja que tendría hijos (así, en plural), pero que probablemente no serían padres tan jóvenes porque Kagome es de la era moderna y siento que esperaría un poco, mientras que Inu no tiene problema en esperar y también necesita madurar un poco para eso jajaja Yashahime mostró que fueron padres luego de un par de años y hay varias teorías de que Kagome le costó quedarse embarazadas, algunas que andan desde incluso antes de la secuela (tiempos felices, si me preguntan xD). Siempre me ha parecido un tema interesante a tratar, y si bien es una historia cortita, quise dejar mi visión cortita de cómo sería si les costara tener bebés.
Como les dije, hoy le tocó su momento a la pareja. La mayoría de los caminos de la vida son pedregosos en algún punto, esta jornada en particular tiene este conflicto, y en mi cabeza sí se debe a que Inuyasha es hanyō y Kagome humana, crear a una cuarta demonio debe ser una tarea muy difícil. ¿Quién creen que será el siguiente personaje?
Muchas gracias a manu y guest por comentar. Manu, sí creo que el trato hacia Kikyō es injusto, es un gran personaje femenino que se ve infravalorado por peleas de pareja y siento que ni siquiera Kagome le tuvo odio como lo que se ve en el fandom xD Y guest, gracias por amar esto (L)
Nos leemos~. Recuerden revisar mi página de FB (link en mi perfil) si les interesa saber de las actualizaciones :)
