Capítulo 2: enchanted

"This night is sparkling, don't you let it go. I'm wonder struck, blushing all the way home. I'll spend forever wondering if you knew I was enchanted to meet you."

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Albus Pottter es de esas personas impulsivas y difíciles de descifrar. Era tan poco predecible que no sorprendió a nadie cuando, una semanas después de graduarse como doctor en medicina, decidió emprender una aventura junto a la Cruz Roja, viajando a países en desarrollo a ayudar a aquellos que más lo necesitaban. Un acto noble, sin dudas, pero siendo egoísta me permito pensar que me privó de mi primo favorito por casi tres años.

Como todo en su vida, el menor de los Potter llegó a Long Island de sorpresa y trajo consigo a una chica británica que había conocido en el Congo. La chica en cuestión se llama Alice Longbottom y no puedo esperar a conocerla en la fiesta de bienvenida que mis tíos darán esta noche.

Aprovechando las noches cálidas me puse un simple vestido strapless negro con unas sandalias haciendo juego. Mi marido abrió los ojos, impresionado, al verme bajar las escaleras y yo inmediatamente supe que había logrado mi objetivo.

El viaje hasta Long Island es tedioso y largo, pero vale la pena. Llenamos los espacios hablando de lo que hicimos en el día; a Liam le asignaron un importantísimo artículo que deberá redactar desde Washington luego de entrevistar a algunos asesores de la Casa Blanca. Está tan emocionado que me genera ternura. Habla de ello y sus ojos se encienden como si fuera un niño en la mañana de Navidad. Inició en el Times cuando tenía apenas 22 años y había terminado de estudiar periodismo en NYU, comenzó como cadete, llevando y trayendo café y papeles de un lado para otro. Sus superiores no tardaron en notar su talento y fue ascendido de posición en posición hasta terminar donde está hoy en día. Es editor en jefe del área de Política, un cargo que, claramente, es bastante superior al mío, que soy una simple periodista que escribe para la sección de opiniones de las ediciones publicadas los domingos. Casi todas son historias de amor - o en la gran mayoría, de desamor - y últimamente me han asignado la cobertura de un par de bodas de la alta sociedad neoyorquina. Es algo que disfruto hacer todo el tiempo, cada detalle de cada historia, cada emoción que veo reflejada en el rostro de mis entrevistados es suficiente excusa para hacerlo. Me gusta saber que a cada historia le puedo agregar un toque personal que, sin dudas, hace la diferencia.

Claro que Liam no lo entiende, y en el fondo sé que piensa que a lo que me dedico es "periodismo barato". Igualmente, es parte de mí, de mi personalidad, y cuando me conoció, hace tres años, yo era exactamente igual.

Hace tres años, yo tenía 22 recién cumplidos y había ingresado al periódico para hacer una pasantía luego de graduarme de Brown. Habían visto mis artículos del periódico de la universidad y, finalmente, decidieron darme una oportunidad. Mis expectativas estaban por el cielo. Si bien ya vivía en Nueva York, todo seguía siendo nuevo y emocionante. Amaba el periódico y no podía creer que había conseguido un trabajo allí. Todas esas sensaciones se multiplicaron por mil cuando vi a Liam por primera vez. Yo, torpe como siempre, iba cargada de papeles y biblioratos hacia la sala de fotocopiadoras, pero antes decidí pasar por la máquina de café de la cocina. Él se apareció frente a mí casi como una casualidad; alto, con la tez levemente bronceada y esos ojos verdes que me hechizaron al instante. Coincidimos en que íbamos hacia el mismo lugar. Al otro día me invitó a ir al Starbucks que está en la esquina. Al siguiente me preguntó si quería salir a cenar algún día y yo no dudé ni dos segundos en decir que sí. Para fin de año ya estábamos viviendo en la casa que compartimos ahora y el año siguiente ya estábamos casados. Todo eso en cuestión de un año. Todo tan rápido e impulsivo. Todo tan nosotros.

Fuimos la sensación de la oficina por unos meses.

Tan fácil como las cosas suceden, a veces se desmoronan. O comienzan a hacerlo.

Cuando llegamos a la casa de los Potter ya eran las ocho y diez. Fuimos recibidos por efusivos saludos de parte de todos mis tíos, mis primos, incluso de Lily, que estaba de mucho mejor humor ahora que, al fin, tenía novio.

Albus me presentó a Alice; la chica inglesa que mi primo logró conquistar en medio de una cirugía de emergencia, ella era todo un encanto. Expresiva y charlatana, clickeamos inmediatamente y arreglamos cita para salir a cenar algún día. Se iban a quedar en un pequeño departamento que alquilaron que, por casualidad, estaba a cinco cuadras de mi casa.

Es en el momento en que me encontraba hablando con Alice sobre los mejores lugares para salir de copas que, pasando por la puerta principal, ví algo que hace que comience a sentir náuseas.

"¿Me disculpas un segundo? Voy hasta la cocina a servirme un poco más." Le pregunté nerviosa mientras señalaba mi copa de vino casi vacía, ella asintió y me fui lo más rápido que pude.

Una vez que estuve en la seguridad de la cocina, inhalé y exhalé unas diez veces, intentando calmarme, mientras me recostaba sobre la pared.

¿Qué diablos me pasaba? Parecía que había visto un fantasma.

Pero no.

Lo que había visto era todavía peor. Scorpius Malfoy entró luciendo tan como lo recordaba, parecía que el tiempo no pasaba para él. Claro que se veía más maduro, no viejo ni arrugado, pero sí su mirada expresaba mucha más adultez y la seguridad de sus movimientos lo confirmaba. Me alegró ver que seguía vistiendo como si estuviera a punto de ir a una reunión de negocios: siempre traje - en tonos de gris o negro -, con o sin corbata. Lo único diferente era su cabello platinado; antes lo usaba desordenado, con algunos mechones cayendo sobre su frente, pero ahora estaba peinado perfectamente hacia atrás.

Parecía que nada había cambiado en él.

Bueno, a excepción de una cosa. Junto a Scorpius entró una mujer tomada de su mano. Pero eso no fue lo que llamó mi atención, no me sorprendió que tuviera pareja, sino que ella me resultaba extrañamente conocida.

Tenía que encontrar la forma de no cruzarme con él. Traté de ignorarlo, esquivandolo lo más que pude, pero el living de la casa de mis tíos no era tan grande, así que me estaba quedando sin lugares a los cuales podía escapar. Liam bebía whisky junto a James y Lola, quien aparentemente fue invitada por el mayor de los Potter. Contemplé toda la escena, intentando descifrar dónde encajaba mi presencia, cuando alguien se me acercó, tomándome desprevenida.

"¿Rose?" Scorpius me sonreía como tantas veces lo había hecho.

"La misma." Cada fibra de mi cuerpo se tensó. "Scorpius, ¿cómo estás? No esperaba encontrarte aquí."

"No puedo decir lo mismo." Le dió un sorbo a su bebida y continuó hablando de una forma tan natural, se me hacía difícil creer que esa situación no fuera incómoda para él también. "Me mudé a la ciudad hace una semanas, Albus sabía que iba a estar aquí entonces me invitó"

"¡No lo sabía! ¿Cambiaste de trabajo?"

"Mi padre decidió retirarse de los negocios y dejó todo a mi cargo, ya no tenía sentido estar viviendo en Londres." Comentó algo orgulloso. "Además, Claire terminó de estudiar en Oxford y consiguió para hacer su residencia aquí en la ciudad."

Ahí fue cuando todo conecto. La perfecta-casi modelo novia de Scorpius era la médica que me había atendido el otro día en el hospital.

"Entonces sí eras tú." Murmuré casi sin pensarlo.

"¿Qué?"

"El otro día en el hospital, hace una semana creo." Expliqué algo nerviosa. "Cuando estaba saliendo me pareció verte."

"Sí, era yo." Se acercó tanto hacia mí que casi me hizo volcar el vino que llevaba dentro de mi copa a causa del movimiento involuntario que su cercanía me generaba. "Porque yo también te vi."

Fui consciente de que estaba totalmente roja, pero no me podía quedar ahí sin hacer nada.

"Ven, quiero presentarte a alguien."

No sé qué fue, pero sentía deseos de demostrarle que mi vida no era un caos. Quería que supiera que, de hecho, me fue bastante bien después de él.

Lo tomé del brazo y lo llevé hacia la otra habitación donde sabía que estaba Liam. Los enfrenté uno a otro.

"Liam, él es Scorpius Malfoy, fuimos juntos a la secundaria. Y el es Liam Bletchley, mi esposo." Ambos estrecharon la mano. Hombres, tan formales.

Observé el intercambio de saludos entre ambos de una manera expectante. Como si quisiera que Liam fuera encantador y maravilloso, tan posesivo de mí que Scorpius se diera cuenta de que había arruinado todo y su expresión lo reflejara. Casi que no fue así. Todo transcurrió más o menos civilizadamente.

"Un placer." Liam le sonrió y me tomó de la cintura, acercándome hacia donde él estaba, de una forma algo posesiva. Bingo.

"Igualmente. ¿Hace…?" Pero no pudo terminar, porque en ese entonces Claire se nos unió.

Perfecto.

"Claire, querida, ellos son Liam y Rose Bletchley." Yo me quedé ahí, quieta, esperando que ese momento de tortura terminara. "Rose es una vieja amiga."

"¡Rose! Me parecías conocida, del otro día en emergencia ¿cierto?"

"Culpable." Me arreglé el cabello de una forma que lo hacía solo cuando estaba nerviosa. Me sentía torpe.

"¿Qué te pasó?" Scorpius me miró preocupado.

"Se desmayó." Liam respondió por mí.

"Presión baja." Me diagnosticó nuevamente la doctora.

"Siempre te negaste a tomar el desayuno como corresponde." Me regañó y yo reí intentando ignorar el hecho de que parecíamos amigos nuevamente.

"Tu si me conoces."

"Cariño." Claire se acercó a él. "Tienes que presentarme al resto de tus amigos."

"Sí, claro." El nos observó a mi y a mi esposo. "Liam, un gusto. Rose, un placer verte de nuevo. Que pasen bien."

"Igualmente." Liam respondió por mí y volvió a estrechar su mano.

Sin decir más, se marcharon en dirección a Albus y sus antiguos amigos de la secundaria. Theo Nott y Miles Zabini también estaban en la fiesta. Me quedé allí unos segundos observando cómo él, todavía sosteniendo su mano, hablaba con sus viejos amigos. Ella sonreía cortesmente mientras asentía y respondía las preguntas que Miles le hacía.

Era extraño verlos juntos después de tanto tiempo.

Si entrecerraba los ojos incluso podía verlos con sus chaquetas deportivas azules y blancas, conversando en la cafetería de la secundaria y yo ingresando al lugar, con mis amigas que nunca más volví a ver, sabiendo que éramos las dueñas del lugar y, consiguientemente, ellos también.

Scorpius siempre fue visto como alguien inalcanzable. No seguía el mismo camino que sus amigos. La única afortunada que podía decir en voz alta que lo había tenido era Leonor Zabini. Sí, la hermana menor de uno de sus mejores amigos. Era tan cliché que daba risa, yo era particularmente fanática de burlarme de él por eso. Lo último que oí de ella fue que se pelearon en el último partido que él tuvo antes de graduación y que quedó tan destrozada que decidió irse a estudiar a Europa un año.

Él nunca me comentó nada sobre el tema. Tampoco ninguno de nosotros, ni siquiera Miles, sentía la necesidad de estar actualizado en las idas y venidas que él tenía con Leonor.

Scorpius era así de reservado, incluso con quienes éramos sus amigos en ese entonces.

A veces lo extrañaba. Pero la vida continua.

"¿Qué haces aquí?"

Encontré a Lola recostada sobre una pared, parecía bastante aburrida.

"James me invitó." Dijo eso como si fuera lo más natural del mundo, yo le di una de esas miradas que solo las madres lanzan a sus hijos. "¡En serio! No es la gran cosa."

"Mi primo James, ¿estamos hablando de la misma persona? El mujeriego eterno, que nunca tiene novia, ¿te invitó a una fiesta en casa de sus padres? Es la gran cosa para mí."

"Rose, no todas las historias son merecedoras de ser publicadas en tu columna."

"Ya puedo imaginarlo: Lola y James, una historia que comenzó en la fiesta de bienvenida de su hermano." Yo decía esto con una voz romántica y haciendo grandes gestos con mis manos, casi causando que el contenido de mi copa se volcara por todo el piso de parquet de mi tía Ginny.

"En serio." Mi amiga me miraba seria.

"Mmm, veremos qué sucede. Tiempo al tiempo." Y le dediqué una guiñada mientras me alejo al ver a James acercándose con dos vasos.

Cualquiera que haya dicho que los opuestos se atraen, no había visto a estos dos. No podían ser más iguales, Lola era básicamente la versión femenina de mi primo y ahí estaban. Segundos después de decirme que no era lo que parecía, bebían un whisky en las rocas mientras conversaban sobre algo que aparentaba ser divertidisimo, absortos de todas las personas que había en la habitación, como si estuvieran en su propia cápsula de felicidad.

Traté de esquivar a Scorpius el resto de la noche, refugiandome bajo el brazo de mi marido. Pero, por alguna extraña razón, no podía dejar de mirar a su novia.

Claire Vanderbilt era tan elegante y hermosa en una manera natural, una de esas mujeres que te hacen sentir minúscula solo con estar en la misma habitación que tú. Alta, esbelta, cabello y ojos castaños. Scorpius la llevaba agarrada de la cintura, haciendo que ambos fueran, por lejos, la pareja más envidiada de la sala. Yo no podía evitar sentirme un fracaso.

Me resulta gracioso que, incluso después de que pasaran más de cinco años, extrañara a mi mejor amigo. Ya no éramos Rose y Scorpius. Hace tanto que no lo éramos, pero recién me estaba haciendo la idea y no era algo que quisiera asimilar.

Rose y Liam. Scorpius y Claire.

Esa era la nueva realidad. Por más que fuera injusto, por más que sonara raro, por más que no haya resultado en la forma que pensamos que lo haría. Scorpius parece haber avanzado con su vida.

Si él lo logró, ¿por qué yo no?