Capítulo 3: cornelia street

"And I hope I never lose you, hope it never ends. I'd never walk Cornelia Street again. That's the kind of heartbreak time could never mend, I'd never walk Cornelia Street again."

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La casa de mis padres siempre se mantiene igual. Los robles en el frente, el cerezo en el patio, el camino con piedras que está algo desviado, el porche con una hamaca de la cual, si mal no recuerdo, me caí al menos cinco veces.

Me alegra que siempre esté igual porque son pocas las oportunidades que tengo de visitarlos. Siempre por un motivo u otro terminamos posponiendo nuestra visita; en el momento no me preocupo, pero cuando vuelvo me doy cuenta de lo mucho que los extrañé.

Cuando llegamos, Hugo y Alessia (su novia de turno) ya estaban sentados en el sofá tomando una cerveza. Me reconforta el hecho de que si bien yo soy una hija ausente, Hugo básicamente continúa viviendo con mis padres.

El almuerzo transcurrió tranquilamente. Los hombres se dedicaron a hablar de lo de siempre: football y política; mientras que las chicas teníamos nuestros propios temas. Como por ejemplo, cuál era el restaurante de moda en la ciudad, qué haríamos la próxima vez que toda la familia se reuniera, cuándo nos juntaríamos todos de nuevo.

"Con tu padre estuvimos pensando y ya no queremos rentar el departamento de la ciudad. Así que, si quieres, te puedo dar la llave para que lo usen cuando quieran"

Estábamos solas con mamá, ella lavaba los platos y yo esperaba que me pasara uno a uno así podía secarlos y guardarlos en su lugar correspondiente. Tradiciones familiares.

"¿Segura? Me vendría bien para ir a escribir, me queda más cerca de la oficina"

Una vez que Hugo y yo comenzamos la universidad y dado que el viaje hacia Long Island todos los días se volvía bastante tedioso, mis padres decidieron comprar un apartamento en Midwest Manhattan. Nos quedamos ahí casi todas las noches y no tardó en convertirse en el lugar de encuentro de todos nuestros amigos. Son incontables las parejas que tuvieron citas (y otras cosas que no me quiero ni imaginar) en él. Ahora, hace casi tres años, ya nadie lo usa; y a mi madre le daba pena venderlo porque, según ella, "atesora muy buenos recuerdos".

"Segura. Nosotros no lo necesitamos para nada."

"Siempre es bueno tener otra opción. Gracias."

Sigo con mi tarea como si nada, ella termina de lavar y cierra la canilla mientras se saca los guantes de goma y los deja donde deben ir.

"¿Cómo van las cosas con Liam?"

"Bien, mamá, como siempre. No es necesario que preguntes."

"Las situaciones cambian, por eso pregunto."

"Nosotros no cambiamos. Estamos bien."

Y me fui de la cocina. Busqué a Liam en la sala y me senté en su falda casi por instinto.

Odiaba que mi madre me cuestionara cosas tan absurdas. Seguro a Hugo y Alessia no les está haciendo ese tipo de preguntas todo el tiempo.

En la tarde, los Potter se sumaron a la juntada familiar y, junto con ellos, también trajeron a Alice.

Albus, Alice y yo jugábamos a las cartas en el porche mientras los demás jugaban un partido de football en el patio. Mi primo me miraba detrás de sus cartas, con sus ojos verdes encendidos mientras planeaba su siguiente jugada.

"Me olvidé de preguntarte, ¿fue incomodo ver a Scorpius en la fiesta?"

El hecho de que lo nombrara hizo que sintiera una punzada en lo más profundo de mi estómago.

"¿Por qué lo sería?" Traté de restarle importancia.

"Ya sabes por qué."

"¿Me estoy perdiendo de algo?" Preguntó Alice.

"No." Aseguré.

"No se veían desde la secundaria." Aclaró a su novia para volverse hacia mí. "Intenté avisarte antes pero lo olvidé."

"No te preocupes, Al, de todas formas no necesitaba advertencias."

"Pero, ¿pasó algo entre ustedes?"

"No." Volví a negar y como nadie dijo nada volví a aclarar. "Es difícil de explicar y prefiero no volver a hablarlo."

"Tienes razón, ya no tiene sentido. Ambos ya tienen sus vidas armadas prácticamente." Comentó Albus. Siempre tan iluso, tan ajeno a lo que pasaba a su alrededor. Alice, que apenas me conocía, pudo percibir mi incomodidad y me dedicó una tímida sonrisa.

Hay cosas que es mejor no volver a recordarlas.


Volviendo a casa, yo tamborileaba los dedos sobre mi pierna al ritmo de una canción que sonaba en la radio. Era una de esas que jamás hubiera escuchado en mi casa pero que, si suena en algún lugar, sin saber en qué lugar de mi mente estaba guardada, la comenzaba a cantar.

El trayecto de Long Island hasta nuestra casa era largo y casi siempre lo recorríamos en silencio. Esa era una de las cosas que me gustaban de Liam: no sentíamos la necesidad de llenar esos espacios. No eran incómodos, no había tensión: así eramos nosotros.

"Sobre lo que hablamos el otro día…" Dijo él después de un rato sin quitar la vista del tráfico.

"Hablamos sobre muchas cosas." Le sonreí dulcemente. Sabiendo que odia cuando le tomo el pelo.

"Ya sabes a qué me refiero." Suspiró todavía sin mirarme. "Quiero dar ese paso contigo, Rosie, quiero que tengamos un hijo juntos. Imagínatelo… una pequeña versión de nosotros dos, ¿no sería increíble?"

No era la primera vez que Liam me tiraba esa propuesta. Pero si era la primera vez que yo pensaba que, tal vez, no era una idea tan descabellada.

Estábamos casados hacía ya dos años, ambos teníamos trabajos estables que pagaban bien, así que costear los gastos que significaba tener un niño no sería un problema. Hasta ya teníamos una habitación destinada a darle ese uso; claro que en ese entonces estaba enterrada de libros, pero eso se podía solucionar fácilmente con una limpieza.

"Liam." Acerqué mi mano para acariciar su mejilla. "Ya hemos hablado sobre esto."

"Y siempre me dices lo mismo: todavía no." Me interrumpió. "Algún día tiene que ser."

"¿Continuarías insistiendo hasta el fin de los tiempos?"

"Todo lo que sea necesario."

Yo reí y fijé mi vista en el camino, intentando apreciar cada movimiento de los vehículos que se desplazaban a mi lado.

No necesitaba meditarlo. No tenía porqué hacerlo.

Si no era ahora, ¿cuándo?

"Tomemos las cosas con calma, ¿me explico? No quiero estar pendiente mes a mes de si sucede o no, no quiero que esto se convierta en una tortura cuando en realidad tendría que ser algo lindo."

"Espera. ¿Me estás diciendo que sí?"

Ni yo me lo creía.

"¿Estás de acuerdo con lo que dije?"

"Cien por ciento. Vamos por todo, cariño."

Mi marido se pasó el resto del viaje regocijándose de felicidad, repitiendo una y otra vez lo feliz que lo hacía y como, aunque no lo creyera posible, ahora tenía todavía más motivos para hacerme el amor todas las noches. Los ojos azules de Liam brillaban y en él se reflejaban las luces de la ciudad en que nos comenzábamos a adentrar. Yo reía y continuaba cantando aquellas canciones del Top 50, cada una más cliché que la anterior. Él me seguía el ritmo y me sentí más feliz de lo que había sido en mucho tiempo.

Fue ahí cuando me di cuenta de por qué me había enamorado de él. Y me pareció extraño que fuera la primera vez que lo recordaba en tanto tiempo.

Al llegar a casa dejé mi bolso sobre la mesa que estaba en el centro del pequeño hall y subí rápidamente hacia el baño con la excusa de sacarme el maquillaje. Tranqué la puerta y me dirigí hacia la mesada, apoyando mis manos sobre la misma y recargando todo mi peso sobre ellas. Observé mi reflejo en el espejo y tomé coraje, preparándome mentalmente para lo que estaba a punto de hacer.

Saqué el blister de píldoras de mi neceser y, sin meditarlo demasiado, lo tiré en el bote de basura.

Chequee la hora en mi celular y vi que tenía un mensaje. Era de un número que no tenía registrado.

"Rose, espero que no te moleste que le haya pedido tu número a Albus. Fue bueno reencontrarnos después de tanto tiempo. Si estás de acuerdo, podemos quedar para cenar así nos ponemos al día. Scorpius"

Dejé el celular en el baño y fui a mi habitación donde Liam me esperaba ya acostado en la cama. Estaba exhausta, pero todavía me quedaba una larga noche por delante.


Esta historia la tengo escrita básicamente hasta el final. Decidí cambiarle el título a algo que se asemejera más a los protagonistas y creo que 'El prefacio de nosotros' les queda genial.

Que les parece? Espero sus comentarios.