Capítulo 4: all too well

"And I know it's long gone and there was nothing else I could do. And I forget about you long enough to forget why I needed to."

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Nunca estás tan vivo como cuando eres un adolescente.

Todo es nuevo y emocionante. Romper reglas te parece algo tentador y mientras lo haces piensas "es ahora o nunca". No quiero tener 30 años y arrepentirme de no haberlo hecho.

Es ahora o nunca.

Pero ya no éramos adolescentes.

Aún así, después de meditarlo más de una vez, decidí aceptar la propuesta de Scorpius y salir a cenar con él. Mi vida estaba momentáneamente en una montaña rusa de emociones y no podía permitirme rechazarlo. Tenía que verlo, aunque fuera una última vez, para aclarar las cosas con él y seguir adelante con mis proyectos.

Por más que me hiciera sentir como una adolescente, ya éramos adultos y debíamos enfrentar las cosas como tales.

Supuse que él necesitaba lo mismo y por eso me había invitado.

Le respondí al día siguiente diciendo que sí, que tenía la noche del jueves libre y pidiéndole que me avisara dónde encontrarlo.

Así lo hizo.

Ahí fue cuando las cosas se complicaron.

¿Qué hacía con Liam?

Sabía que él no se iba a cruzar con Lola en ningún momento y si lo hacían no iban a hablar sobre ese jueves a la noche. Con la excusa de encontrarme con mi amiga en un bar de Manhattan a tomar nuestros clásicos gin tonics, salí vestida como si fuese a una discoteca. Jean tiro bajo, una blusa que deja ver una fracción de mi abdomen y por arriba una fina camisa de lino. Perfecto para una noche de final del verano.

Perfecto para la primera vez que vería a Scorpius a solas.

Lo que me costaba comprender - o me negaba a reconocer - era por qué le había mentido a Liam. Después de todo, lo que estaba haciendo no tenía nada malo. Era una simple cena con un viejo amigo del colegio. De repente me dí cuenta de que me decepcionaba más el hecho de que sea una simple cena que haber tenido que mentirle a mi marido.

Tal vez lo mejor era no pensar más en eso.

Scorpius me estaba esperando afuera de ese pequeño restaurante, tal como dijo que lo haría. Al principio no me vio, estaba con sus brazos cruzados por detrás, mirando hacia arriba despreocupadamente mientras se movía de un lugar a otro. Tanto tiempo había pasado y yo aún podía darme cuenta de que estaba mega nervioso.

"Hola." Le dije sonriendo mientras me paraba a su lado. Sobresaltado se giró hacia mí y me abrazó casi intuitivamente

"Rose, ¿cómo estás?" Cuando nos separamos me miró fijo, intentando descifrar qué es lo que estaba pensando. Uf, si supera. "Por un momento pensé que no vendrías."

"¿Llego muy tarde?" Miré mi reloj de pulsera para comprobar que, de hecho, estaba llegando diez minutos tarde. "¡Perdón! Fue muy difícil conseguir taxi a esta hora!"

"No pasa nada, es que yo, preocupado por el tráfico, vine quince minutos antes. ¿Entramos?"

En el lugar entraban apenas unas ocho mesas y a esa altura de la noche ya estaban casi todas ocupadas. Por suerte, Scorpius había hecho una reserva: una pequeña mesa para dos en una esquina. La luz era tenue y, al sentarme en mi lugar, me di cuenta de que el encanto era que una vela en medio de la mesa iluminaba todo.

"Me gusta este lugar." comenté mientras colgaba mi abrigo en la silla.

"A mi me lo recomendó un compañero de trabajo, tuve que preguntar porque no conozco ningún lugar en la ciudad"

"No le erró. ¿Cómo te lleva la adaptación a la ciudad?"

"Bien, supongo." Rodó sus ojos. "Lo que más me cuesta es el tráfico, mi padre insiste en contratar un chofer, pero no lo sé…"

Apenas termina de decirlo y se da cuenta de lo consentido que suena. Ambos reímos."Qué dilema."

Entre bromas, conversaciones y mucha pero mucha comida, Scorpius y yo nos pasamos la noche como si el tiempo se hubiera vuelto atrás. Nos divertimos como lo hacíamos cuando teníamos 17 años. Claro que ya no teníamos 17 - por suerte - porque eso nos permitió poder tomarnos dos botellas de vino, una detrás de otra.

"¿No extrañabas la ciudad?"

"No tanto, Londres es increíble, pero no podía quedarme allí por siempre. Vengo posponiendo la mudanza hace un año por Claire."

"Me cuesta creer que tu padre haya accedido a eso."

"Ella les cae muy bien."

"Entiendo." Me chocó esa información, pero tenía sentido. Claro que sus padres iban a amar a la perfecta Claire.

"¿Tu trabajo como va?"

"Excelente. Estoy escribiendo una columna que sale todos los domingos. Se llama Little Tales by Rose W." Él me miraba atentamente desde el otro lado de la mesa. "Antes eran más que nada anuncios de compromisos e historias de bodas, pero ahora me estoy diversificando y publico todo tipo de historias."

"Siempre tuviste una debilidad por las historias de amor."

"Siempre." Le sonreí. "Ahora estoy en medio de una: una pareja de Oregon, eran novios desde la secundaria, él fue designado a una base en Irak y perdieron contacto durante años. Se reencontraron por Facebook y mantuvieron una relación a distancia, porque ella vivía en Chicago."

"¿Y cómo termina?"

"Ella en este momento ella debe de estar llegando a Irak para instalarse a trabajar allí en un hospital. Pero no quiero aburrirte con eso..."

No soy tonta. Podía ver la analogía entre esa historia y la nuestra, pero no quería darle a entender que se lo estaba diciendo como una indirecta.

"Jamás me aburrirías."

Ay, Scorpius.

Me miraba sonriendo, casi inclinándose sobre la mesa para estar más cercano a mí. Sus ojos grises delataban lo mucho que había tomado y aún así supe que era sincero.

"El lado positivo es que no tengo que ir tanto a la oficina, puedo trabajar desde casa o desde donde quiera." Intenté seguir la conversación como si nada hubiera pasado.

"Eso es un gran beneficio. ¿Liam trabaja contigo?"

"Sí, ahí nos conocimos. Igual, él es editor en jefe de su departamento, no está para nada relacionado a lo que yo hago."

"He leído varios de sus artículos."

"Supuse." No pregunté su opinión sobre ellos. De alguna extraña y retorcida forma me daba culpa hablar de Liam con él. "Después de todo, es el New York Times." Lo dije más orgullosa de lo que debería.

"En efecto." Hizo una pausa y pensó. "¿Sigues yendo a Long Island?"

"No tanto como quisiera. El fin de semana visité a mis padres, pero ya presiento que por unos meses no volveré a ir."

"¿Te arrepientes de mudarte a la ciudad?"

"Para nada. Mi vida está aquí, no me imagino funcionando en ninguna otra parte del mundo. Manhattan es mi Meca." Él soltó una carcajada.

"Estás totalmente dominada por la ciudad, te desconozco."

"Ha pasado un tiempo, es lógico." La conversación se desvirtuó más de lo que yo hubiera querido.

"Estás distinta." Me comentó mientras cortaba su bistec.

"Bueno, ahora soy una mujer casada." Le dije mientras le mostraba el anillo de compromiso que llevaba en mi dedo.

"Todavía no puedo creer que te hayas casado."

"¿Tanto te asombra?"

"Siempre fuiste el tipo de chica que se quería casar." Aceptó, y era cierto. La mitad de mi infancia la pasé fantaseando sobre cómo sería mi boda. "Nunca pensé que lo ibas a hacer tan joven."

"Sucedió." En esa palabra resumí mi historia con Liam. No tenía ganas de relatarsela precisamente a él. "Sinceramente, cuando Liam me pidió que me casara con él no lo medité ni dos segundos. Sabía que él era el indicado."

Supe al instante en que dije eso que había sido un error. Scorpius se tensó y noté que estaba incómodo.

"Igual no me refería a eso. Estás distinta físicamente." Cambió de tema y yo arqueé una ceja, indignada por lo que estaba diciendo. "No me malinterpretes… no digo que estés vieja, tu mirada es distinta"

"Crecí. Lamentablemente ya no tenemos 17 años."

Ambos suspiramos y nos tomamos una copa de vino casi sin hablar, como si esa fuese una verdad difícil de digerir.

"¿Qué piensas?"

"En nada." Hice una pausa. "Recuerdos."

"Sigues tan melancólica como siempre."

Le di otro sorbo a mi copa de vino. "¿Alguna vez volviste a pensar en mí?"

"¿Y tú en mi?"

"Yo pregunté primero."

"Muchas veces. ¿Y tú?" Volvió a repetir la pregunta, dejando en claro que no se iba a ir sin una respuesta.

"Claro que sí. Incluso en contra de mi propia consciencia."

"Explícame cómo es eso."

"Hay algunas cosas que son difíciles de olvidar, por más que queramos hacerlo."

"Wow, gracias. Por más que intentes olvidarte de mí no lo logras."

"No te confundas. No dije que no te había olvidado. Me cuesta olvidar ciertas cosas"

"El día de graduación." No fue una pregunta, fue una afirmación tan certera como dolorosa.

"Exacto. Pero prefiero no hablar de eso."


Sophie Finnigan había organizado una fiesta de graduación. Como era tradición, la chica más popular de Trinity College organizaba la fiesta más esperada del año. La realidad es que, por más que me pareciera absurda, no me la iba a perder por nada del mundo.

Aunque había ciertas circunstancias que me impedían emocionarme al 100%. Hacía días que mi amistad con Scorpius venía mal.

Eternos amigos, eternos compañeros de bromas, de estudio, de salidas, de cenas, almuerzos, incluso de desayunos. Cuando me contó que se mudaba a Londres me enojé tanto que no le hablé por días. No sabía por qué, pero me había enojado demasiado con él. Me enojé por dejarme sola en Nueva York, por no contarme antes, por hacer planes en otro país sin incluirme en ellos.

Todo cambió - o al menos eso creí - cuando se presentó en mi puerta una hora antes de que comenzara la fiesta. Tenía esa chaqueta de cuero que yo le había regalado y una mirada que decía "Intentemoslo".

Tomé mis llaves, grité a mi madre que me iba y me subí al asiento de acompañante de su Cadillac.

Nunca llegamos a la fiesta. Menos mal que me parecía absurda, porque me la perdí. En el camino, él manejando su auto y yo en el asiento del acompañante, apresuradamente les envié un mensaje a mis amigas que iría con Scorpius. El me miró, yo lo miré y lo supe: la situación podía tomar un giro dependiendo de cómo yo la manejara. Fue tan así, que frente a un semáforo, esperando que se pasara a verde, me tomó del rostro con ambas manos y me besó.

Cuando lo hizo me sentí bien, liberada, tranquila. Todas las tensiones con las que estaba cargando, el estrés de los exámenes, de elegir una universidad que sí o sí tenía que ser de la Ivy League, de perder a mi mejor amigo. Pero me di cuenta de que no estaba enojada por perder a mi mejor amigo.

Porque nunca había sido solo eso.

Recuerdo cada detalle de aquella noche. Es como si estuviera grabado como un tattoo en mi piel y, sobre todo, en mi mente. Hay días que me basta con sólo cerrar los ojos para tener flashbacks del preciso momento en el que me di cuenta que estaba irreconciliable y perdidamente enamorada de mi mejor amigo.

Y había posibilidades de que él también lo estuviera de mí.

El viento hacía que mi pelo se moviera, sus ojos brillaban como nunca antes lo habían hecho y me dedicaba esa sonrisa que sólo se guardaba para mí. Nos comportabamos de una forma tan distinta a siempre pero se sentía natural, como si así fuera la forma en que tenía que resultar todo.

Prometió buscarme al otro día y llevarme al baile de graduación.

Era una cita. Era oficial.

Pasé horas arreglandome, imaginándome cómo sería la noche que me esperaba: él buscandome en casa, sacarnos la típica foto en el patio, la sorpresa de todos al vernos entrar juntos, cómo él me invitaría a bailar, las canciones que bailaríamos abrazados, el momento en que me diria para irnos y yo acepte, cómo terminaríamos la noche juntos y que de ahí entonces iba a ser así siempre.

Poco me importaba Londres, poco me importaba mi primo y sus amigos, poco me importaba el qué dirán. Scorpius y yo estaríamos juntos y eso se sentía correcto.

Nunca me buscó. No nos sacamos una foto en el patio, nadie se sorprendió al vernos, no bailamos abrazados y no me dijo para irnos juntos.

Cuando pasaron dos horas me di cuenta de que nunca llegaría y me odié a mi misma por haberme permitido abrirme tanto a alguien que, claramente, no sentía lo mismo por mí.

Esa es la historia de cómo nunca fui a mi propia graduación y de cómo mi mejor amigo me rompió el corazón.

Y aquí estamos, más de cinco años después y yo todavía siento que está un poco roto.


La cena terminó, las copas de vino se vaciaron y me di cuenta de que casi eran las dos de la mañana. Debía irme si no quería levantar sospechas.

Me asomaba sobre la calle, intentando divisar un taxi que estuviera libre. No sabía si era el alcohol o que no llevaba mis lentes de contacto, pero no podía encontrar ninguno. Estaba a punto de sacar mi celular para pedir un Uber cuando oí algo que puso toda la noche en perspectiva.

"Me faltó decirte algo." Scorpius estaba detrás mío, con esa expresión tan suya, intentando decir algo que su boca no podía soltar.

"¿De qué hablas?"

"Sobre aquella noche. No hay un día que pase sin que te piense, y como todos los días, me arrepiento de lo que te hice." El impulso le había ganado. Parecía furioso, pero consigo mismo.

"Scorpius…" Yo lo miro. Estaba quieto en su lugar, se notaba que estaba haciendo un esfuerzo por no moverse. El gris de sus ojos se volvió más oscuro y, tras sacudir la cabeza y encogerse de hombros, se acercó a mí.

Sentí que toda mi vida estaba siendo puesta en perspectiva. Pensar que sólo unas palabras bastaban para cambiar todo.

Poco importaban los taxis ahora. Qué poco me importaba todo. Sólo importábamos él y yo, porque, sin darme tiempo a responder, sus labios se posaron sobre los míos después de todos esos años.

Y volví a sentirme como aquella vez.


Personalmente, estoy muy orgullosa de este capítulo.

Qué les parece?