Capítulo 5: illicit affairs

"Look at this idiotic fool that you made me. You taught me a secret language I can't speak with anyone else. And you know damn well for you I would ruin myself a million little times."

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Apenas llegué a casa me di una ducha fría. El tiempo pasó rápido pero creo que estuve, al menos, una hora quieta en el mismo lugar mientras el agua golpeaba contra mi piel.

Necesitaba desintoxicarme.

Desintoxicarme del alcohol que había tomado y de los besos que había dado.

En el momento no me importó nada y eso es lo que me carcomía por dentro. Después de besarnos en medio de la acera frente al restaurante, ambos nos despedimos con un extraño beso en la mejilla. Él se fue caminando, justificando que su apartamento estaba cerca, y yo me subí al primer taxi que encontré libre.

Me desconocía y podía sentir la culpa invadir lentamente mi cuerpo, a medida que el vino tinto dejaba de tener efecto sobre mi mente.

¿Cómo pude haberle hecho eso a Liam? ¿Cómo pude haberle ocultado a Scorpius algo tan importante como el hecho de que estoy buscando tener un hijo con mi marido? En cualquiera de las dos historias, me tocaba el papel de la mala.

Con el pelo empapado y la conciencia trastornada me acosté en mi cama, en el hueco al lado de mi marido y el corazón se me rompió un poco más cuando él, medio dormido, puso su brazo sobre mi cintura y me dio un beso en la frente.


Todas alguna vez vimos ese post en Instagram de que, según una antigua leyenda, un hilo rojo une a aquellos que están destinados a pasar su vida juntos. El hilo se estira, se tensa de estar tan separados el uno del otro, a veces se afloja, vuelve a tensarse; pero nunca, nunca se rompe. Empecé a creer que entre Scorpius y yo había una especie de hilo, tal vez no rojo, tal vez era azul o verde, tal vez ni siquiera era un hilo, pero había algo que nos unía.

Lo comprobé aquella tarde.

Había salido a almorzar luego de haberme quedado escribiendo toda la mañana en mi casa. Me encontré con Liam en nuestro lugar de siempre para compartir sus treinta minutos de descanso antes de que tuviera que volver a la oficina. Nos despedimos fuera del restaurante y cada uno emprendió su camino. Él hacia la oficina y yo hacia casa.

Caminé unas cuadras y el calor me invadió nuevamente. La ola de calor que estaba azotando a la ciudad ya me tenía harta. No pensaba desmayarme como una idiota en medio de la acera nuevamente. Corrí hacia la calle y paré el primer taxi que vi. Frenó de golpe y abrí la puerta casi instintivamente.

Cuando me subí me encontré con alguien en el lugar que yo debía de estar ocupando.

"¿Qué haces aquí?" Scorpius me miró entre divertido e indignado.

"Es mi taxi, yo lo paré." Yo seguía sosteniendo la puerta entreabierta, impidiendo que el taxista pudiera seguir con su camino.

"¿A dónde vas?"

"A mi casa. ¿Tu?"

"A la oficina." Obviamente. Llevaba su clásico traje gris, pero el saco lo tenía en su mano. Lógicamente, hacía demasiado calor.

"Te dejo de pasada."

Le di indicaciones al taxista. Ya sabía que su oficina era en el 712 Fifth Avenue y no tenía que desviarme demasiado de mi camino.

Yo estaba tensa, casi acorralada contra la puerta y evitando cualquier tipo de contacto físico con él.

"Estoy muriendo de calor." Levanté la falda de mi vestido verde por encima de mi rodilla y me até el pelo en un moño que probablemente era un desastre.

No estaba acostumbrada a lucir siempre perfecta. Él me miraba divertido.

"¿Sabes que te vendría bien?"

"Una ducha." Afirme.

"Sí, también, pero antes vamos por un helado."

"Tengo una mejor idea."

Dije la dirección del apartamento de mis padres y cambiamos de rumbo sin pensarlo dos segundos. Ninguno pensaba ignorar la casualidad de cruzarnos, y mucho menos desperdiciarla.

Unos minutos después me asomé por la puerta de la cocina, disfrutando de las ventajas de tener aire acondicionado, y le mostré dos potes de helado.

"Las opciones son cookies and cream o cheesecake."

Él estaba recostado en el sofá mostaza, resaltando entre tantos colores, con las mangas de su camisa blanca arremangadas.

"¿Ambos?" Fue una pregunta y afirmación, yo asentí y fui en busca de dos cucharas. Cuando regresé, me miraba detenidamente. "Luces bien."

"Gracias." Sabía que el verde era mi color y que todo lucía mejor si era en un vestido. "Tú tampoco estás mal."

Dos horas más tarde, yo estaba recostada en el sofá, con mis piernas apoyadas en la mesa de té que tenía enfrente y abrazándome a un almohadón. Scorpius, que también parecía estar bastante relajado, estaba de costado, con su mirada prendida en mí.

Evidentemente lo que tenía que hacer en la oficina podía esperar y yo podía posponer lo que debía escribir para la noche.

Había pasado casi una semana de nuestra salida a cenar y no habíamos tocado el tema en toda la tarde.

Decidí tirarme al agua.

Aún si era inconsciente de qué era lo que podía esperarme en la profundidad.

"Creo que debemos hablar de lo de la otra noche."

"Lo siento." Me interrumpió antes de que pudiera decir algo.

"Yo también." Apresuré mis palabras. "Habíamos tomado mucho… Yo estoy con Liam, tú estás con Claire. Fue claramente una confusión." Dejé de lado el asunto del bebé.

"Totalmente."

Silencio.

Nos quedamos los dos sentados en el sofá, con nuestras miradas hacia el frente, incapaces de mirarnos. Nuestras manos reposaban sobre un almohadón, apenas a centímetros de distancia.

Y lo sentí.

Y supe que él también lo sentía.

La insaciable sensación de siempre querer más.

Fue todo en cuestión de segundos. Mis manos encontraron su rostro, las suyas encontraron mis caderas. Sus labios se unieron a los míos. Nuestras lenguas se encontraron. Mis piernas se pegaron a las suyas.

Estábamos completamente perdidos.

Nunca fuimos más allá de un par de besos. Cenas furtivas en lugares que sabíamos que nadie nos reconocería, alcohol caro y fresas con chocolate.

En nuestras retorcidas mentes todo era menos malo y más sano si no nos acostábamos. Aunque estoy segura de que él lo consideró tantas veces como yo.

Porque lo quería, lo quería tanto.

Y lo extrañaba.

Estar con él era como volver a respirar aire fresco.

Y comenzó a decirme la verdad.

"Te quiero."

"Es tan bueno verte después de tanto tiempo."

"¿Qué vas a hacer el próximo viernes?"

"¿Me acompañas a elegir una corbata nueva para la presentación que tengo el martes?"

Me estaba haciendo parte de su vida. Como una intrusa, una vieja amiga, me colé entre sus cosas más personales y me hice un lugar en su corazón, allá donde nadie habitaba desde que me había ido. Me acurruque, lo contuve y lo comprendí.

Bueno, no sé.

Creo que eso fue lo que él significó para mí.

"Mi padre quiere que me case." Soltó un día de repente. Estábamos en el apartamento de mis padres, nuestro lugar más común de encuentros. Me volví hacia él, sorprendida por tal declaración.

"¿Cómo es eso?"

"'Me ha tirado indirectas varias veces." Scorpius puso los ojos en blanco, como si se tratara de un adolescente a quien sus padres obligaban a ordenar su habitación. "Incluso me dijo que puedo usar el anillo de la familia."

"Pensé que lo tenía tu madre."

"Es simbólico." Explicó. "Ella me lo daría a mi asi puedo dárselo a Claire. En unos años, hipotéticamente hablando, Claire y yo deberíamos dárselo a nuestro hijo para que haga lo mismo."

Esa declaración hizo que sintiera una punzada en mi estómago. Aún se me hacía difícil imaginarme a Scorpius casado y con hijos. Y más todavía si se trataba de alguien como Claire. No es que tuviera algo en contra de ella. Bueno sí, lo tenía, no me parecía la persona adecuada para él y punto.

Sentí impulsos de decirle que estaba pasando por algo similar, aunque ya iba unos pasos más adelantada, pero decirlo en voz alta significaba que era una realidad, y no estaba preparada para afrontarla, o al menos con él.

Todavía podíamos seguir siendo los de antes.

"¿Y tú qué quieres hacer?"

"No lo sé. Siento que no estoy preparado. Ella tampoco, supongo" Se acercó hacia mí y por un momento pensé que iba a tomarme de la mano. "¿Cómo sabes que se trata de la persona indicada?"

"No lo sabes. Tienes que arriesgarte."

"¿Aunque cometas un error?" Claramente no era la respuesta que esperaba.

"Siempre existe esa posibilidad." Reí melancólicamente para luego fruncir el ceño y girarme hacia él. "Pero, ¿sabes que? Siempre pensé que si se trata de la persona correcta, entonces lo sabes, sin la necesidad de preguntartelo."

No volvimos a hablar del tema en toda la tarde.