Hola, gracias por leer este fanfic, significa mucho. Ahora, tenía un anuncio que hacer, pero lo olvidé… Disculpen. He estado pensado y tengo una pregunta para ustedes… ¿Quieren el capítulo de Asami como estaba pensado (Osea que continúe con la historia, el cual ya estoy haciendo) o uno donde sea un capitulo ya escrito, pero desde el POV de Asami? Sinceramente, les recomiendo el primero, pero es su elección… También si quieren que ponga los nombres de las canciones para que las escuchen antes de leerlas, porque siempre se me olvida XD Como sea, cualquier sugerencia pueden ponerla por review… Por cierto, si me acuerdo del anuncio lo pondré en Tumblr el cual es AlexandraLabhont.
Sin más, contestaré reviews:
Korra arz: Hahahaha esa era la idea, gracias por leer. Aquí el capítulo nuevo.
Nuria: Qué bueno que señalaste eso, eso es justamente lo que quiero que noten y ya verás luego por qué, pero eso que dijiste es muy importante. Espero y te guste este capítulo.
NekoBassu: Muchas gracias por comentar, si haces lo que dijiste que haces, es genial que hayas comentado. Gracias por leer, espero y te guste este capítulo.
AdriSato: Todo a su tiempo… Todo a su tiempo… Gracias por leer Xd
Zakuro Hatsune: ¡Gracias! Qué bueno que le gusto, Srita. Zakuro. Gracias por leer y, sobre todo, por enseñarme bastante.
Liz: Pues aquí está el capítulo, gracias por leer, ojalá te guste.
Guest: Noooo… No te mueraaas. Aquí el capitulo.
Estaba en shock, las últimas palabras de la actriz repitiéndose con eco en su mente, sus sentidos bloqueados sin poder captar nada, ni siquiera miraba a pesar de tener los ojos abiertos tanto como se le permitía, mientras, su mente estaba hecha un caos total, repleta de pensamientos y recuerdos que se iban a toda velocidad para dar paso a otros nuevos antes de volver.
No. No podía ser cierto. Debía ser una broma. Una broma de muy mal gusto. No había manera de que Asami, aquella dulce y hermosa Asami, fuera nieta de Madame. No, se negaba a creerlo.
Fue tanta la impresión que aquella fina tacita que tanto se empeñaba en cuidar se resbaló de sus manos, derramando el caliente, casi hirviendo, contenido sobre ella, sacándola de su impresión. Un quejido de dolor escapó de sus labios el cual fue realmente efímero porque el sonido de la porcelana haciéndose añicos contra el suelo la dejó muda.
Un fuerte escalofrío recorrió su espina dorsal, abrió los ojos aún más rayando casi en lo imposible antes de mirar de lado con horror los restos de lo que fue una muy linda taza regados en el suelo. Si se hubiera mirado al espejo, hubiese notado que aquel punto negro del ojo era ya diminuto, que estaba por completo pálida pareciendo más una muerta que alguien vivo, incluso la boca se le había secado en cuestión de segundos.
Comenzó a sudar frío y a temblar ligeramente, casi de forma imperceptible.
¡¿Qué demonios acabas de hacer, sabandija?!
¡Era una reliquia!, ¡¿Tienes idea de lo que acabas de romper?!
Podía escuchar claramente todos y cada uno de los gritos de Madame casi como si aquella mujer estuviera ahí, lo cual alteraba sus nervios al 1000%
— ¿Korra?...— Habló Asami.— ¿Chéri, estás bien?
Pero la morena seguía como sin hacer nada, ni un músculo movía, casi ni se notaba que respiraba. Sólo estaba ahí, mirando la taza. No fue hasta que la actriz decidió poner su mano sobre su hombro cuando todo comenzó.
— ¡Lo siento!— Exclamó de pronto, asustando a la peli negra.
— No te preocupes. ¿Estás herida?, ¿Te quemaste mucho?
— ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento!
De pronto, Korra se tiró sobre sus rodillas, comenzando a recoger con prisa y nada de cuidado cada uno de los pedacitos como si su vida dependiera de ello.
— ¡Korra! ¡Detente! ¡Iré por el...!— Látigo, completó su cerebro por ella, imitando la voz de la peor persona en ese momento.
— ¡NO!— Suplicó de inmediato.
Sin atreverse a mirarla a la cara, encogiendo su figura como un perro maltratado, Korra continuó recogiendo los trozos, cortándose las yemas de los dedos así como las palmas pero no le importaba, prefería mil veces ese dolor que el inmenso ardor de los golpes en su espalda con el cuero.
— ¡No, por favor! ¡Fui estúpida y lo siento! ¡Lo siento!— La vocalista imploró, estando por completo atrapada en sus recuerdos.
De repente estaba de nuevo en ese frío y gastado balcón, sintiendo el aire calar sus huesos al traspasar la delgada tela con la cual se cubría para no sentir tanto dolor por las heridas aún frescas en su espalda.
— Lo siento, lo siento, lo siento...— Rogaba entre susurros, casi al borde de la desesperación.
Y fue entonces cuando algo cambió: Dos cálidas manos se posaron a ambos lados de su cara, para posteriormente levantarla y obligarla a mirar dos brillantes ojos verdes llenos de preocupación, impotencia y demás sentimientos que Korra no pudo descifrar.
— Korra, Korra, mírame por favor...— Le dijo aquella voz femenina.— Era sólo una taza...
Aquello pareció hacer reaccionar a la oji zafiro, quien casi en un parpadeo pudo reconocer a la figura frente a ella; fue entonces cuando pudo darse cuenta de que no estaba en ese edificio, sino en la casa de la única francesa que le podía dar paz.
— ¿'Sa-'Sami?— Preguntó en un tono de voz muy bajo y tembloroso.
— Sí, soy yo.— Le dijo.— Tu 'Sami...
En cuanto aquellas palabras salieron de los labios de la Sato, Korra se arrojó a sus brazos, desesperada por sentir tranquilidad luego de aquel ataque de pánico que tuvo. Rápidamente el cobijo de un abrazo la rodeó con fuerza pero sin lastimarla, haciéndola sentir segura. De nueva cuenta aquellos blancos dedos se comenzaron a perder en su nuca y sus oídos comenzaron a captar un tarareo dulce y relajante proveniente de unos labios carmín. Cerró los ojos y el aroma a jazmín volvió a hacer su camino hacia sus fosas nasales, embriagándola.
Permaneció ahí, en esa posición, por un tiempo indefinido y podía estar ahí mucho más, aferrando sus lastimadas manos en la camiseta blanca de Asami por la espalda, con su cabeza recostada en su pecho, escuchando sus latidos y sintiendo su respiración. Aquello era semejante a estar en un oasis después de haber caminado errante por el desierto para la morena.
Y fue cuando comenzó a sentirse más tranquila que comenzó a asimilar lo que había pasado, lo que había visto Asami, y se sintió terriblemente avergonzada.
— Lo siento...— Susurró contra el pecho de la francesa, pero ésta sólo la apretujó más hacia sí.
Pronto, el tan valioso abrazo dio por terminado. No podían ignorar que las manos morenas de la rockera estaban heridas aun si no eran de gravedad y más cuando éstas sangraban de esa forma, manchando de rojo la blanca prenda de la peli negra. Con prisa pero delicadamente, Asami se llevó a Korra a su baño más cercano ya que ahí tenía el botiquín de primeros auxilios. Sin embargo, la peli castaña parecía más un zombie, ni siquiera mostró expresión alguna o cualquier tipo de exclamación cuando la hermosa actriz de ojos jade comenzó a desinfectar cuidadosamente aquellas cortadas de diferentes tamaños; su mirada y su mente estaban bastante perdidas en un lugar que ni la propia Korra sabía.
— Debes estar cansada.— Dijo Asami mientras terminaba de poner el broche para sujetar la venda.— Vamos a la habitación de huéspedes, ¿De acuerdo?
La mirada de Korra escrutó la verde de Asami por un momento antes de contestar. Podía leerlo fácilmente: estaba preocupada. Sabía que, de ser por Asami, no se separaría de su lado, pero quería, a su vez, darle su espacio.
Korra no quería ese espacio, pero era necesario; fue por eso que asintió con la cabeza antes de subir las escaleras y ser conducida por el pasillo hasta una puerta de madera clara.
En cuanto la abrió, Korra pudo darse cuenta de que era el mismo cuarto en el cual había despertado la primera vez que estuvo en esta mini-mansión, justo como lo recordaba.
— Lo siento...— Volvió a murmurar la oji azul.— Me gustaría dormir un poco.
— Claro, por supuesto...— Ambas quedaron en silencio por un tiempo antes de que Korra hiciera más una mueca que una sonrisa y se diera la vuelta.—Buenas noches, 'Sami.
— Buenas noches...— Fue lo último que escuchó antes de cerrar la puerta.
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Y ahi estaba Korra, nuevamente recogiendo aquellos pedazos de porcelana destrozada. Las manos le sangraban por las múltiples cortadas que se había hecho con los pedazos que quedaron filosos al estrellarse contra el piso, el cual era negro por completo. Estaba en la nada misma, pero sabía qué era lo que venía a continuación, es por eso que la desesperación y el miedo la acompañaban.
Unos pasos comenzaron a venir desde lo lejos, unos pasos apurados y enojados. Podía escuchar el "tap" "tap" "tap" acercarse y entonces se apresuró a recogerlos todos. Sin embargo, cuando recogió el último pedazo visible, notó unos tacones bajos negros en unos pies viejos y blancos.
Cerró los ojos con fuerza, se estremeció y agachó la cabeza antes de lentamente levantar su mirada para toparse con los ojos llenos de frialdad y, al mismo tiempo, brillantes de ira de Madame.
— ¡Lo siento!— Exclamó Korra.
— ¡¿Qué acabas de hacer, rata inmunda?!
— ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento!
— ¡Tus palabras no sirven de nada! Vas a arrepentirte de lo que acabas de hacer. ¡Viktor, trae el látigo!
— ¡NO! ¡No, por favor! ¡Fui estúpida y lo siento! ¡Lo siento!
— ¡Por supuesto que fuiste estúpida! No eres más que una rata, una abominable y horrenda pestilencia que rompe todo lo que toca. ¡Viktor!
— Lo siento, lo siento, lo siento...
De pronto, la anciana mujer ya tenía en sus manos aquel objeto de cuero negro. Lo alzó lista para hacer el primer golpe, cosa que hizo a Korra encoger su figura y justo cuando el látigo comenzó a romper el aire acercándose a ella...
— ¡Korra! — Aquella voz logró hacerla abrir los ojos de golpe.
No fue hasta que sintió ese aroma a jazmín que no volvió del todo al estado de conciencia. No estaba en la nada, estaba en el cuarto de huéspedes, eso lo sabía. También sabía que había pasado de estar del peligro de su pesadilla a la seguridad de la realidad.
Lo que no sabía era qué estaba haciendo la francesa ahí y, más importante, ¿Cómo fue que ella misma había terminado sentada en la cama y abrazándola?
— ¿'S-'Sami? — Preguntó con confusión y alivio al mismo tiempo.
— Ya pasó, Korra... — La actriz comenzó a rascarle dulcemente la nuca.— Fue una pesadilla.
— 'Sami, ¿Te desperté? ¿Desperté a los niños?— La posibilidad de haber estado gritando la invadió por completo, preocupándola.
— No, no... No despertaste a nadie.— Le respondió con suavidad.
— ¿Entonces, cómo...?
— Bajaba por un vaso de agua y quería asegurarme de que estuvieras bien.— Le explicó después de soltar aire por la nariz.
— Lo siento...
— Te has disculpado mucho ya, detente.— Le pidió la oji verde.
Lo sabía, estaba consiente de que aquellas dos palabras las había repetido demasiado, pero sentía que las debía. No debió mostrarse así frente a Asami, no debió hacerla preocuparse y, debido al ligero tinte ronco que había en la voz de la actriz, podía apostar que estuvo llorando. No debió hacerla llorar.
Por estas cosas odiaba mostrarse débil.
— No, yo... De verdad, lo siento.
Asami la separó de forma un tanto brusca de aquel abrazo, Korra de inmediato quiso volver a él como insecto al que le han movido su escondite teniendo miedo del mundo, pero los brazos de la misma peli negra se lo impidieron, sosteniéndola fuertemente de los hombros.
— Dije que te detuvieras.— Ordenó con voz severa, logrando que Korra se encogiera y asintiera.
Nuevamente fue atraída con más fuerza pero con cariño hacia el abrazo al que tanto quería volver, y lo agradeció bastante en tanto ella misma también se aferraba a Asami como si su vida dependiera de ello, temblando como varita al viento.
— Korra, hablaba en serio cuando te dije que puedes contar conmigo para lo que sea, ¿Lo sabes?
Fue hasta entonces que la peli café se permitió hacer la pregunta que tanto rondaba en su cabeza durante ese mes.
— ¿Por qué, 'Sami? — Preguntó.— ¿Por qué te importo? Yo...— Negó con la cabeza.— Yo no lo entiendo... Yo-yo me lo pregunto tanto y no...— Sus ademanes de manos mostraban lo desesperante que era para ella.— Nunca consigo entender el porqué eres tan buena conmigo, el porqué eres tan gentil, tan amable, tan dulce... ¿Por qué?— La miró a los ojos, buscando una respuesta honesta.
— ¿Te soy sincera? Yo tampoco lo sé.— Susurró la actriz. Ambas permanecieron en silencio por un tiempo más.
Korra se debatía entre hacer la otra pregunta o no. Mordiéndose el labio inferior; mirando hacia al frente y con timidez, habló en un tono de voz tan bajo que de no ser porque estaban en completo silencio, Asami no hubiera escuchado nada.
— ¿Puedo pedirte un favor?
— El que quieras.
— ... Duerme conmigo.
La petición sorprendió a Asami, quien de inmediato miró a Korra, la morena tomó esto como una acción de duda, ¿Y cómo no hacerlo? Seguramente Asami no quería dormir con una rata como ella.
— S-si no quieres está bien...
— Claro que dormiré contigo, Korra.— Replicó en el momento la actriz.— Pero no será en el cuarto de huéspedes.
Sin darle tiempo para preguntar, la peli negra la tomó de la mano, entrelazando sus blancos dedos con los morenos, y la comenzó a guiar a una habitación varios pasos más alejada que el cuarto de donde salieron. La oji azul, apenada, bajó la mirada pero eso sólo hizo que los colores se le subieran al rostro, sus ojos se había topado de lleno con que Asami no traía nada más que una playera de manga larga de aspecto gastado y sus panties.
Así es, las largas y torneadas piernas y parte de su trasero estaba a la vista, Korra desvió la mirada al piso con las mejillas rojas y sintiéndose rara.
Lo primero que la vocalista notó cuando entró al cuarto de Asami fue que era un espacio bastante sencillo, los colores rojos y blancos predominaban en el panorama y era igual de minimalista que la de huéspedes, con la única diferencia de que habían cosas como uno que otro portarretratos con fotos de los niños y algún adorno personal, entre ellos, el dragón de papel que la misma Korra le había regalado.
— Es mejor así.— Habló de repente la peli negra.— Las habitaciones deben tener pocos distractores para garantizar un buen descanso.— Explicó. La morena asintió de acuerdo.— Tomaré el lado izquierdo, si no te importa.
— No-no... Para nada.— Se apresuró a responder.—Solo... Solo una pregunta...
— Dime.
— ¿No piensas ponerte pantalones?— Le dijo al tiempo que miraba hacia el piso apenada.
En cuanto mencionó aquello, Asami pareció darse cuenta de que lo único que tenía cubriendo sus partes de abajo eran unos coquetos panties negros. Con un sonrojo en la cara, asintió y de inmediato se metió a una de las puertas que estaban dentro de la habitación y, al poco rato, regresó con un pantalón de pijama con cuadritos puesto.
— Listo.— Dijo mientras se metía entre las sábanas del lado izquierdo.— Ven, a dormir.— Como Korra no se movía de su lugar, Asami la llamó con un gesto de su mano.
Paso a paso, la morena vocalista de ojos azules comenzó a acercarse a la cama para después tímidamente recostarse en el lado derecho, dándole la espalda a Asami.
— Bonne nuit, Korra.
— Buenas noches, 'Sami.
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Korra comenzó a volver despacio y en calma de su sueño, había estado dormitando desde hace rato, pero podía garantizar que había descansado más plácidamente que en cualquier otro lugar de París.
De verdad que disfrutaba de estar en aquella cama, las almohadas eran mullidas como en el hotel, pero tenían el delicioso extra de tener un aroma a jazmín característico de Asami, el colchón era una nube misma, cubierto con suaves sabanas y colchas que calentaban lo justo; Korra disfrutaba de todo esto y también, ¿Por qué no decirlo?, disfrutaba de la tranquilidad y calidez de saber que Asami estaba justo a lado, con ella... Disfrutaba incluso del aire fresco que entraba de la ventana y pegaba justamente en...
... Su espalda.
Cuando procesó lo que aquel hecho significaba, abrió los ojos de golpe, encontrándose con la pálida figura de Asami, la cual había levantado la ropa para mirar todas y cada una de las cicatrices que la morena espalda de Korra coleccionaba con expresión atónita y ojos llorosos mientras una de sus suaves manos evitaban que algún sonido saliera de aquellos rojos labios.
En cuestión de segundos, Korra se bajó rápidamente la sudadera y se impulsó fuera de la cama, cayendo con un golpe seco.
— ¡Korra! — La peli negra exclamó, asomándose para comprobar si la otra se había lastimado.
La morena miraba a Asami alarmada mientras que se alejaba de ella empujándose con sus pies de espaldas hasta que llegó a la esquina más alejada de la cama.
— "Ya las vio, ya las vio, ya las vio." — Repetía en su cerebro como sonido de alarma roja.
— ¿Korra? — Escuchó hablar a la actriz en tanto ella se acomodaba en posición fetal.
— No debiste... —Le dijo sin mirarla.— No debiste...
— Je suis désolé.— La oyó disculparse realmente afligida mientras se acercaba de a poco a ella.
— No... No debiste.— Volvió a decir Korra, aún afectada por haber sido expuesta.
— ¿Quién te hizo esto? — Preguntó Asami estando ya de rodillas frente a la morena.
— Yo, por ser una rata.— Respondió en automático, casi como si fuera un robot. Justo igual que en el juicio.
— No eres una rata... Mírame, por favor.— Korra no levantó la mirada, su cerebro seguía distrayéndola.— Korra, mírame... Soy yo, Asami... ¿Recuerdas?
Oh, lo sabía muy bien. Sabía que era Asami y era por eso mismo que el hecho de que ella descubriera los rastros de su pasado le afectaba.
— 'Sami... No debiste... No debiste verlas.— Repitió la oji azul, aún sin levantar la cara.
— Lo sé, lo sé. Je suis désolé.
— ¿Por qué lo hiciste? — Escuchó cómo Asami suspiraba antes de hablar.
— La vez pasada, cuando te traje ebria, creí verlas en el momento en que te quité el saco, pero no estaba del todo segura... —Guardó silencio antes de continuar.— Decidí ver si eran reales y... Jamás me imaginé que fueran tan numerosas y tan... Tan...
Silencio otra vez, el cual Korra aprovechó para observar por fin a la chica de piel blanca. Parecía realmente afectada por la visión que tuvo de la espalda de la morena, tenía la mirada típica de una persona que no entendía cómo el mundo podía ser tan cruel, la misma mirada que Aang le dio la primera vez que vio por primera vez su condición total.
— ¿Quién te hizo esto? — Le volvió a preguntar con la voz quebrada.— Y no vuelvas a decir que fuiste tú.
La rockera lo meditó antes de responder, ¿Debería decirle? ¿Decirle que fue aquella abuela que jamás conoció, porque su madre no lo permitió (y con todos los motivos del mundo), la que hizo esto?
No, eso jamás saldría de su boca. La mujer seguiría en el acostumbrado anonimato de siempre.
— Madame decía que era para educar ratas como yo.— Respondió al fin.
— ¿Quién es Madame? ¿Por qué todo esto tiene que ver con ella?
— 'Sami... Sé que te debo una y mil explicaciones ahora y créeme que te las daré, pero... En estos momentos sólo quiero estar sola.
Y en cuanto dijo eso, Korra se levantó y salió de inmediato del cuarto de la actriz para dirigirse de nueva cuenta al de huéspedes.
El tiempo en que estuvo dando vueltas en la cama, fue el mismo que su mente utilizó para procesar todo lo que había sucedido a lo largo del día, así como lo que Asami había descubierto y, sobre todo, qué iba a decirle ahora sobre su pasado. Con tantas cosas en su cabeza, ni siquiera supo en qué momento se había quedado dormida.
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No había sentido tanta paz desde hace ya años, la vida que tenía en aquella isla tropical era solamente posible en el paraíso. La brisa marina acariciaba su moreno rostro directamente, regalándole un aroma a jazmín común en ese lugar. Se encontraba sentada en una blanca y suave arena, recargandose en una roca lisa y fresca. La temperatura era ideal y la vista de aquel claro mar lleno de criaturas varias y majestuosas era simplemente magnifica, pero lo que sin lugar a dudas hacía de todo esto perfecto, era la compañía.
Claro que no le podía ver la cara por el simple hecho de que aquella dama de negros cabellos recargaba su espalda en su pecho, sentada en medio de sus piernas; sin embargo, el que ella estuviera acurrucada cómodamente entre sus brazos le hacía sentir un calorcillo especial en su pecho. De pronto, su hermosa voz de ninfa se dejó oír al tiempo que comenzaba a moverse.
— Korra...
— ¿Mhm?
— ¿Podrías soltarme? — Le pidió dulcemente, sin embargo, aquello la hizo fruncir el ceño, ¿Por qué querría que la soltara?
— No...— Ronroneó con pesadez mientras aprovechaba la posición para abrazarla aún más fuerte.
— Vamos, necesito levantarme...— Volvió a insistir aquella mujer con diversión en su voz.
— Quédate un poco más. — Suplicó enterrando el rostro en aquella negra melena.— No te vayas...
— Korra... Necesito ir al baño.
De más está decir que escuchar aquello último la extrañó tanto, que abrió los dos zafiros que tenía por ojos únicamente para toparse con una negra y ondulada cabellera que reconoció en cuestión de segundos.
— ¿'Sami?, ¿Qué haces aquí? — Preguntó en el mismo momento en que la soltaba y se alejaba un poco.
— Sí te diré — Le dijo.— , pero primero permite que vaya al sanitario.
En el instante en que Korra asintió, la francesa se levantó de la cama y se internó por puerta al baño de la habitación.
Al poco rato, y después de haber escuchado la palanca del baño, Asami salió de aquel lugar. La morena, quien ya estaba sentada estilo indio, la miró esperando una respuesta, cosa que la peli negra captó al instante.
Sentándose en la orilla de la cama como si no hubiera dormido en ella, la actriz comenzó a hablar.
— Bon... — Inició.— Yo estaba muy preocupada por ti en la noche así que, después de mucho pensarlo, decidí venir a verte. — Se echo el cabello hacia atrás antes de continuar.— Cuando llegué estabas dormida ya, así que me senté a tu lado por unos momentos. Te prometo que no era mi intención quedarme dormida como lo hice.— Añadió.
— No te preocupes... N-no fue como si me hubiera desagradado.— Le aseguró la peli castaña con un ligero tono rojizo en sus mejillas al recordar el sueño. — A-además... Me parece que tenemos otra cosa de qué hablar.
— ¿En verdad?— Preguntó con sus cejas fruncidas en confusión.
— Debo explicarte lo de...
— Oh, no es necesario.— Se apresuró a interrumpirla, sin embargo, Korra no estaba dispuesta a callar.
— Es mejor que lo haga de una vez o no lo haré nunca.— Le advirtió con conocimiento, ya le había pasado antes.
Observó a Asami morderse el labio pensativa, aquellos jade que la Sato tenía por ojos miraban atentamente a Korra, quien comenzaba a ponerse levemente nerviosa y hasta un poco ansiosa.
— De acuerdo. — Habló al fin. — Te escucho.— La vocalista tomó un buen respiro antes de iniciar.
— Cuando yo tenía nueve años, mis padres murieron en un accidente de transito...
"Como ellos se habían distanciado de sus familias por no aceptar su matrimonio, no tenía algún pariente cercano que cuidara de mí, por lo que fui a dar a un internado.
Fue ahí donde Madame me adoptó. No sé cómo le pudieron dar la custodia porque esa mujer estaba loca... ¡Y no lo digo por decir! ¡De verdad estaba loca! Escuchaba voces por su esquizofrenia y era bipolar, demasiado.
Al principio no era tan malo, tal vez porque la estaban vigilando para ver si era capaz de cuidarme, pero después..."
— ¿Después qué?
La voz de Asami le ayudó a seguir hablando, ya que se había callado por unos instantes, insegura si continuar o no. No había hablado de esto con nadie más que con Iroh y Aang, y ni siquiera el último sabía a detalle lo que pasó. Sin embargo, era Asami con quien estaba, no había porqué sentir temor de contar, de forma resumida, lo que pasó en ese país.
— Después se mostró como era en realidad...
"Todo comenzó el día en que rompí una taza por error. Era una taza común de porcelana, pero aun así fue lo peor que pude haber hecho. Empezó a llamar a un tal Viktor, pero era algo espeluznante ya que no había nadie más en el edificio además de ella y yo. Decía que no soportaba a los de mi calaña y que ella era la única que podía mejorarme..."
— ¿Cómo te hizo eso? — No había que ser un genio para saber de qué hablaba.
— Con un lá...— Podía decirlo.— Lo hizo con un lá... —Iba a decirlo.— Un la... — ¡¿Cómo era posible que siguiera sin poder decirlo?! — ¡Aghh! ¡Con un...!
— Esta bien, lo entiendo.
La mano de la oji verde se posó sobre la de Korra, quien se sintió un tanto frustrada, pero no tanto como otras veces.
— ¿Por cuanto tiempo estuviste ahí?
— Tres años.— Los más horribles en su vida.
— ¿Cómo fue que saliste?
— Todo eso es muy confuso para mí.— Le confesó.— Tres años en ese ambiente puede hacerte papilla el cerebro.— Se encogió de hombros.— Todo lo que recuerdo es que alguien le dijo a la policía lo que sucedía, investigaron y dieron conmigo y con las pruebas necesarias para llevarla a juicio.
— ¿Qué sentencia le dieron?
— No le dieron, compró al juez.— Dijo con rabia, cada vez que decía aquello su boca obtenía un sabor amargo.— La única forma en que el puto gobierno de mierda hizo algo fue porque la maldita se murió.— No pudo, ni quiso evitar ese uso de vocabulario. Aquello era algo que jamás perdonaría.— Sólo así se dignaron a buscar a mi familia, creo que fue más bien como compensación. Dieron con Aang al poco tiempo.
— ¿Es tu familiar cercano?
— Mi primo, de hecho... Se supone que debía quedarme con mi tío Unalaq, pero no quiso hacerse cargo de mí.— Cosa que agradecía demasiado.— Aang aceptó ser mi tutor legal aun a pesar de estar a mitad de carrera de Medicina. Le debo mucho a él y al resto de su familia.
— Suena a que es un gran hombre.
— Lo es.— Dijo con la primera sonrisa que mostró desde que tocaron el tema.— Gracias a él llegué a Ciudad República. Ahí conocí a los chicos, ya sabes, a Katara, Mako, Bolin, Kuvira, Zuko y, sobre todo, a Yue.
— Ahora entiendo por qué odias tanto París.— Korra la miró de lado, Asami parecía dudosa por algo que la morena no alcanzaba a entender.
— Por eso y por los años consecuentes — Continuó, restándole importancia.— , me costó bastantes terapias poder dejar esto atrás y ahora estoy de vuelta y... Y estoy cayendo en la misma mierda... O lo estaría de no ser por ti.
— Korra...
— Es en serio.— Se apresuró a decir al escuchar el tono de Asami estilo "No digas mentiras"— Eres la excepción a la regla, la variante... Probablemente me hubiera vuelto la misma niña insegura de hace años de no ser por ti e incluso por los niños.— Le aseguró mirándola a los ojos para mostrarle su sinceridad.— Han sido de gran ayuda para soportar esto.— Dijo esto para después agachar su rostro.
— Nosotros siempre estaremos aquí para ti, Korra.— La mano de Asami se posó sobre la suya, haciéndola regresar la vista a ella.
— ¿Lo prometes?
— Lo prometo.
Una vez más, Korra fue envuelta entre los brazos de la mayor, en un abrazo que sellaba aquella promesa, la cual significaba bastante para aquella joven cuyo pasado había sido revelado, aunque no en su totalidad, a la peli negra.
Justo en aquello estaban, cuando de pronto la puerta se abrió mostrando a una pequeña y adormilada rubia, quien se tallaba los ojos en un intento de asustar el sueño de ellos. La niña, con una vocecita dulce y un tanto ronca, les dijo el motivo de la interrupción.
— Maman, j'ai faim.
— ¿Qué pasó? — Le preguntó Korra a Asami, siendo que no entendió ni media palabra.
— Dice que tiene hambre. — Le respondió la actriz.
— Oh... ¡Oh! Yo puedo hacer Hot cakes.— Ofreció rápidamente, tratando de dejar atrás todas las emociones pesadas de hace rato.
Sin embargo, Azumi no necesitó ninguna traducción para saber que la morena había dicho las dos palabras mágicas que amaba escuchar cuando del desayuno se trataba.
— Hot caaaaakes!— Exclamó feliz, dirigiéndose velozmente hacia la cocina ante la atenta mirada de ambas féminas.— Hot caaaakes! — Al notar que la vocalista no la siguió por el pasillo, se regresó corriendo para tomarle la mano y, ahora sí, correr de vuelta al destino anterior.
Dentro de poco, las dos más grandes comenzaron a ponerse manos a la obra para preparar el desayuno, mientras que Asami cortaba diversa fruta fresca para hacer un pequeño coctel, Korra se encargaba de preparar la mezcla para los hot cakes, sin embargo, estaba bastante atenta a los movimientos de Asami y aquellos pequeños gestos como morderse el labio o colocarse tras la oreja el mechón de cabello que seguía tratando de escapar, sin saber realmente porqué lo hacía.
Fue en el momento en que comenzó a cocinar la primer porción de la mezcla, que se le ocurrió una divertida idea.
— Hey, chicas...— Les habló para llamar su atención.— ¿Quieren ver algo genial? — Después de que Asami le tradujera a su hija, la niñita asintió.
— De acuerdo. — Respondió por las dos la peli negra.
— Ok... — Miró el hot cake y cuando decidió que tenía las burbujas necesarias, dijo.— Observen y aprendan.
Con habilidad, Korra arrojó con ayuda del sartén la masa y la atrapó con el mismo justo del lado que aún seguía crudo, provocando los aplausos de ambas francesas.
— Wooooow...— Se oyó decir a Azumi bastante sorprendida mientras aplaudía. — Plus haut! — Pidió animada, la peli corto rápidamente volteó hacia Asami por la traducción.
— Dice que más alto.— Le dijo esta.
— En seguida.
Haciendo un saludo militar, la morena dejó el panqueque ya listo en un plato y volvió a vaciar un poco de la mezcla en el sartén, esperó un tiempo y, cuando lo creyó conveniente, volvió a hacer el movimiento para lanzarlo de nueva cuenta pero con más altura, para posteriormente volver a atraparlo con habilidad.
— ¡Tadaaaan! — Los aplausos por parte de la pequeña no se hicieron esperar, mientras que su madre la miraba con una sonrisa.
— Plus haut! — Volvió a pedir, aunque esta vez la oji zafiro no necesitó traducción.
— Por supuesto.— Respondió, estaba disfrutando mucho el entretener a la pequeña rubia.
Repitió el mismo proceso que antes, dejar el hot cake listo en un plato, agregar más mezcla al sartén y esperar por las burbujas.
— Listas... ¡Y...! ¡Ahora! — En el momento en que lo lanzó, supo que iba a acabar como un desastre.
Para empezar, la altura con que lo lanzó fue demasiado alta, haciendo que la parte cocida golpeara el techo, por lo que ya no lo podían comer y, para finalizar, la cara cruda terminó cayendo por toda su morena cara, ensuciándola de mezcla. De inmediato, las risas por parte de ambas oji verdes no se dejaron esperar.
— Hey, no es gracioso.— Protestó Korra con un puchero y sus mejillas sonrojadas por la vergüenza.
— Créeme, chéri, es sumamente gracioso.— Refutó entre risas Asami. La morena levantó la ceja con expresión malvada.
— ¿En serio? — Preguntó. — Y si es tan divertido... ¿Por qué no te unes a la diversión? — Y tomando la palita con la que revolvió la masa, comenzó a acercársele lentamente.
— Oh, no... — Empezó a decir mientras se alejaba los pasos que Korra daba.— Ni se te ocurra, Korra.— Amenazó.
— ¿Qué dices, Azumi? ¿Le hago un divertido facial de hot cake a tu mamá? — La pequeña francesita miró a Korra, luego a la pala con mezcla y finalmente a su madre, quien le hacía señas de que negara.
Con una enorme sonrisa, Azumi asintió con la cabeza.
Cual gladiador al que le acaban de dar el pulgar arriba, Korra trató de embarrar la cara de la actriz, pero esta consiguió escapar, comenzando una persecución en la cocina.
— Basta, Korra.— Decía la peli negra con una mezcla de diversión y amenaza.— No puedo estar haciendo esto, ¡No soy una adolescente!— Exclamó mientras se detenía un momento en el lado contrario de la isleta que Korra.
— ¿Te digo algo curioso?— Preguntó con malicia.— Yo sí soy adolescente.— Y de nueva cuenta comenzó a correr tras Asami, quien reía y soltaba grititos graciosos que divertían más a Korra y a Azumi.
Y así estuvieron por un tiempo más hasta que por fin la vocalista acorraló a la francesa contra la barra cerca de la estufa, poniendo ambos brazos a sus costados.
— Te tengo.— Anunció victoriosa entre jadeos.
Les tomó a ambas los segundos en los que dejaron de reír para notar la cercanía en que las dos habían terminado. Totalmente de forma involuntaria, la rockera comenzó a sentir un cosquilleo en la parte del abdomen que le era bastante extraño mientras miraba esos verdes ojos; al igual que en la grabación del video, de repente todo a su alrededor que no fueran aquellos jades comenzó a desvanecerse... O lo hubieran hecho de no ser porque la risa de la hija de Asami la devolvió de golpe a la realidad.
Sin perder más tiempo, Korra acercó la palita de madera a la blanca cara de la francesa y le embarró toda la nariz con la mezcla.
Fue en ese momento en que entró Gu en.
En el instante en que el chico dio un paso en la cocina, la morena se separó sospechosamente rápido de Asami, quien aprovechó para ir a limpiarse la nariz con una servilleta. El peli negro frunció el ceño extrañado, pero luego se encogió de hombros y tomó asiento a lado de su hermana.
— Meré, ¿Qué hay de desayunar?
— Hot cakes.— Respondió la actriz.
— ¿Es por eso que Korra tiene masa en la cara?— Señaló divertido.
— Korra lancé la crêpe et a chuté dans le visage.— Le contó Azumi a su hermano mayor entre risas, causando que los dos peli negros se rieran también y que Korra volviera a poner ese puchero molesto.
Una vez terminados los hot cakes sin algún otro accidente, los cuatro comenzaron a desayunar mientras hablaban de temas diversos bastante animados. Korra se encontraba dándole un sorbo a su vaso con leche cuando la peli negra de hermosos ojos jade le hablo.
— Entonces, Korra, ¿Cuándo regresas a Cuidad República?
— Mañana.— Le respondió mientras se llevaba un pedazo de su desayuno a la boca. Aquello sorprendió a los peli negros.
— ¿Mañana? — Repitió Gu en, inseguro de haber escuchado bien.
— Uh-Huh.— Respondió tragando.— Hace unos días mandamos las cosas que no íbamos a poder llevar en el jet por correo.— Les informó.— Es por eso que no me voy a poder quedar mucho tiempo. ¿Y tú, 'Sami? ¿Cuándo vas a ir tú a Ciudad República?
— En cinco días es mi vuelo.— Dijo antes de llevarse un pedazo de fresa a la boca.
— ¡Yo podría ir a recogerte!— Se ofreció de inmediato con entusiasmo. — También si necesitas ayuda con algo, puedes decirme.
— Muchas gracias, Korra.— Le dedicó una sonrisa.— Me encantaría verte en el aeropuerto.
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Justo como lo había dicho, en cuanto todos terminaron de desayunar, Korra tubo que regresar al hotel para terminar de guardar sus cosas en las maletas que había traído.
Al llegar, recibió otra regañiza por parte del Sr. Roku por haberse ido de esa forma de la terapia y por haber sido Asami y no ella quien les avisara y otra por sus amigos, quienes fueron más severos aún.
Pero ahora, Korra ya estaba terminando de empacar, estado así lista para irse en cuanto amaneciera. Sería una total mentira decir que no moría por irse, pero estaba decepcionada por no haber sido capaz de dejar sus fantasmas en el mismo lugar que se originaron, y sí, le había contado la verdad de todo a Asami, pero eso, para ella, no era el logro del siglo.
En cuanto cerró el último cierre de la última maleta, dejó esta en el rincón en el cual las chicas habían dejado las suyas y se tiró de espaldas en su cama, iba a aprovechar que estaba sola para pensar en todo lo que haría cuando llegara a Ciudad República, comenzando por lo de Yue.
Debía hablar con ella, saber si se quería casar realmente o no la estaba torturando; si ella de verdad quería a Sokka y la había olvidado, entonces se apartaría del camino, pero si no...
Primero que nada iba a hablarlo con Aang, ver si sería prudente hacerlo, confiaba en que su primo le daría un sabio consejo a considerar. También tomaría una semana de descanso para poder recuperarse del todo de esta experiencia parisina y entonces podría dedicarse a su amada música.
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Ahí estaba de nuevo, en aquel cuarto azul grisáceo con puerta al balcón de aquel feo y maldito edificio.
Ésta vez lo peor ya había pasado, ahora se encontraba acostada en aquella cálida cama que era lo único decente que tenía. Su cara estaba aplastada graciosamente, pero era porque estaba acostada boca abajo; su espalda le ardía demasiado, sentía su morena carita y el resto de su cuerpo bastante frío, ella tenía frío, pero no quería taparse ya que sabía que las cobijas rozarían sus largas heridas provocadas por el látigo y causarían un dolor más grande.
Su mirada estaba perdida en un punto fijo de aquella pared, mientras que su cerebro se desconectó de la realidad casi por completo.
De pronto, sus oídos captaron una discusión entre dos mujeres, una de ellas era Madame. Era extraño, ella nunca había traído a nadie a aquel lugar. Pero ni se inmutó.
Las voces elevadas de tono se volvieron cada vez más cercanas, coincidiendo también el sonido de pasos acercándose. Sin previo aviso, la puerta de su alcoba fue abierta abruptamente y una exclamación de horror ahogada se escuchó.
Aquel punto en la pared se escondió tras una mujer mayor, con ligeras canas en su cabello negro recogido, unos ojos verdes la escanearon rápidamente antes de que de sus labios salieran palabras en francés entintadas de horror, furia y tristeza. Korra seguía sin inmutarse.
Ambas mujeres comenzaron a enfrentarse, Madame empujaba a la otra mujer hacia afuera con desesperación. Cuando ambas salieron, el sonido de una pelea y luego una puerta azotarse fue lo que dio por finalizado todo, al menos por unos segundos ya que golpes y patadas a la madera retumbaron en el lugar.
Al poco rato, la misma mujer de cabello negro entró a su habitación de nuevo, pero ésta vez con una caja blanca en sus manos.
La mujer tomó asiento en la cama, hundiéndola un poco y, por primera vez en mucho tiempo, Korra sintió la calidez de una caricia en sus largos, despeinados y cafés cabellos, la cual la conmovió casi al borde de las lágrimas.
— Lo lamento tanto, pequeña.— Habló aquella mujer con voz entre cortada y un muy marcado acento francés.— Mi madre jamás te pondrá un dedo encima otra vez. — Le prometió.— Yo, Yasuko Sato, me encargaré personalmente de ello...
Lástima que aquel sueño lo olvidara en cuanto despertó.
