Hola chicos. ¿Cómo les va? Gracias por seguir al pendiente de esta historia y por ser pacientes XD.

Tengo un anuncio, ¿Recuerdan que les dije que estaba en partes lo de Asami? Bueno, pues resulta que son tres, pero será más corto de lo usual hehehe Anuncié por mi Tumblr que iba a actualizar hoy y, bueno, aquí está.

Espero les guste mucho. A propósito, voy a hablar ahorita de mis redes sociales, y lo haré porque tengo unas solicitudes que no he aceptado, pero no es por nada personal sino que no me gusta aceptar a extraños, por decirlo de alguna manera. Si quieren que los acepte, por favor díganme de donde los conozco, como "Del grupo Korrasami" o "Por tu fanfic" o algo similar XD

Mis cuentas son:

Tumblr: AlexandraLabhont

Ask: (Lo mismo de arriba)

Facebook: Alex Guzmán Buendía.

Sin más, pasemos a los reviews:

Guest1: Y ya no tardó más. Aquí el capitulo. Gracias por leer.

GODOY: Awwww muchas gracias, espero también te guste este.

Zakuro Hatsune: Noooo… No te espio *Apaga las cámaras de tu casa* hehehe gracias por comentar, sabes que tus reviews significan mucho :3

Lisezita: Wow ¿En un día? Genial hehehe Gracias por tu comentario, me alegra el día.

Bahir: El capitulo 12 sale en… Ahora XD Gracias por comentar, yo te amo por eso hehehe.

ZH: hahahaha yo no me había dado cuenta que la escribí hasta que la volví a leer y fue de 7u7 "se queda" Xd Y sobre tu apodo… Bueno, me gustaría saber la historia, pero está bien, guardaré mi curiosidad Xd Y no, no soy fracesa, soy mexicana, uso traductor pero me aseguro de que se traduzcan de forma entendible. Lo que estoy estudiando es italiano, diferente e igual en partes similares hehehe.

Guest2: ;)

LaFlorista: Owwww, gracias. Espero este tampoco te decepcione, pero te va a gustar el que viene del 12… Eso creo xDMe alegra que te guste la narración y demás, hago lo que puedo para darles lo mejor. Gracias por comentar.

AdriSato: ¡No esperes más! ¡Aquí está el siguiente! *Lease con voz de televisión* Xd

Silvia Ramrez: Gracias, aquí te dejo el siguiente, para que cambies el domingo por el martes (?) XD

Liz: Actualizado, espero te guste.

Nathaly: Bueno, te hice caso. Aquí está el siguiente.

BrG: Me alegra que te esté gustando tanto la historia como Asami. He logrado pulir mi versión de ella gracias a la ayuda de Zakuro, quien me da consejos ya que me acomoda más escribir a Korra (Dato curioso, estaba escribiendo este comentario y, en el cyber, dijeron "¿A ver porno?" a otro sujeto de broma, entonces ya iba a escribir "me acomoda más escribir porno" xD)

Guest 3: No esperes más, aquí la conti.

Los personajes no me pertenecen, la historia sí.

XxxxxxxxxxxX

Aquella comida en compañía de la otra se les hizo una delicia, no sólo para Asami, sino para Korra también, podía decirlo con seguridad al ver como esa singular sonrisa infantil y llena de jovialidad, que Korra tenía la peculiaridad de poseer, nunca abandonó su moreno rostro. Incluso se permitieron digerir la comida tumbadas en el sofá, con la almohada en la cabeza de Asami (La cual a su vez prestaba su pecho como almohada de Korra), y la manta sobre ellas, recordando las tantas veces que estuvieron acurrucadas de igual manera en París. Sin embargo, todo tiene un momento donde debe acabar; el trabajo las llamó para grabar la última escena del día, no les quedó de otra que salir de tan cómoda posición y volver frente a las cámaras, en donde Asami se metió en el papel más profesional en su arsenal, y fue gracias a ello que pudo actuar perfectamente aquel beso tan apasionado, el cual, para su mala suerte, debía ser presenciado por todos los chicos de la banda y, sobre todo, por Korra.

Cuando el director por fin dio el grito de corte, su verde mirar fue a parar directamente hacia la vocalista, quien lucía una mueca incómoda que quería hacerse pasar por una sonrisa. No estaba del todo segura, empero, cuando la palabra celos cruzó su mente, se obligó a dejar de ser tan ingenua y dejar de pensar que Korra podría sentir algo más allá por ella.

Una vez hubo acabado el día de grabación, la oji zafiro la guió hacia Naga de una manera un poco más seca de lo habitual y el camino a la casa de la francesa fue en un completo silencio, principalmente porque los cascos y el ruido de la moto, aunque leve, no permitían ningún tipo de conversación.

Así que ahora ahí estaba ella, empacando ropa y algunas cosas extra para llevarse mientras que Korra curioseaba su cuarto, mirando las fotos y cuadros como si ella no los hubiera colgado.

— Ya estoy lista. — Anunció llamando así la atención de la rockera.

— Bueno, pongámonos en marcha. — Dijo mientras tomaba la sencilla pero grande maleta donde Asami metió lo necesario (Al menos para ella) para pasar la semana en casa de Korra.

— ¿Estás segura de que no debería llevar algo más?

— Completamente, 'Sami. Con que lleves tu ropa y cosas personales es suficiente, lo demás lo puedes tomar de mi piso. — Insistió alegre.

— Entonces sería todo. —Sentenció cerrando el seguro de su maleta, pero en el momento en que la iba a cargar, Korra se adelantó y la tomó por ella.

— No te preocupes por la maleta, yo la llevo, tú relájate para que se te pase el dolor de cabeza. — Señaló.

— Korra, un dolor de cabeza no me hace inválida. — Le respondió Asami con la ceja levantada.

— No importa, yo quiero hacerlo. — La morena se encogió de hombros, enseñándole sus blancos dientes en una sonrisa. — A propósito, ¿Te importaría conocer a unos amigos mañana? Es que vamos a hacer una parrillada y me gustaría mucho que fueras. — Mientras hablaba, comenzó a caminar rumbo a la salida de la casa de Asami, con la maleta de ésta misma en la mano. La actriz no dudó en seguirla.

— Me encantaría. — Afirmó Asami con sinceridad.

— ¡Estupendo! — Exclamó Korra. — Te vas a divertir mucho, te lo aseguro.

— Apuesto a que sí.

En cuanto pusieron un pie afuera del lugar, decidieron llamar a un taxi para dejarlas en el piso de Korra, ya que en Naga no iban a poder llevar la maleta de una forma segura, de todos modos, la oji azul iría por ella luego. Llegaron a su destino un poco más tarde de lo usual, principalmente porque, debido a que la mayoría regresaba a sus casas a aquellas horas, había más autos en los caminos.

— Hey, 'Sami, ¿Te gustaría cenar? — Fue lo primero que preguntó en cuanto hubieron atravesado la puerta del piso de Korra y después de saludar a Naga. — Podría prepararte algo.

— ¿Qué tienes en mente? — Preguntó Asami interesada.

— Bueno, me tomó mucho tiempo y varias remodelaciones de cocina — Bromeó sacándole una sonrisa a la actriz. —, pero estoy segura de que preparo unos deliciosos waffles.— Añadió orgullosa.

— Me parece que los Waffles son más apropiados para el desayuno, ¿O me equivoco? — Señaló juguetona.

— Desayuno como cena... — Comenzó a decir la chica menor con una fanfarronería fingida. — Soy una Rockstar, ¿Qué esperabas? ¡Vivo mi vida al límite! — Una leve carcajada surgió de sus labios rojos. Cómo adoraba el sentido del humor de la vocalista.

— Muy bien, Mademoiselle rockstar, muéstreme lo que tiene.— Korra asintió con una ufana sonrisa dispuesta a internarse en su cocina, pero Asami aún tenía algo que pedir.— Eh… ¿Korra?

— ¿Sí?

— ¿Me permitirías hacer una llamada?

— Pero claro. — Fue su respuesta inmediata. — El teléfono está en aquella pared. — Le señaló un aparato negro que descansaba colgado en la dichosa pared. — Siéntete libre de usarlo cuando quieras y no dudes en llamar a París si gustas. Estás en tu casa.

— Muy amable de tu parte, merci. — Korra asintió contenta antes de retomar su camino a hacer la cena.

Asami decidió tomarle la palabra sobre poder llamar a París y eligió, por lo tanto, aventurarse a marcar tan molesto número para ella, todo con tal de saber un poco de aquellas pequeñas y hermosas personitas que le robaron el corazón desde el momento en que supo que crecían en su vientre.

Un tono, dos tonos y, segundos después, el sonido de alguien atendiendo el teléfono la puso atenta.

¿Diga? — Habló una voz arcaica y garba en un francés que influía respeto, su estómago se estrujó.

No lo malinterpreten, no es que le desagradara su ex-suegra... Bueno, sí, y mucho. La mujer, cuyo nombre era Laura, era una persona muy inteligente, madre especialmente cariñosa y es un gusto completo hablar con ella... Claro, siempre y cuando no te llamarás Asami Sato y no te hubieras casado con su retoño. Mientras que todos los amigos de David y demás personas la consideraban la señora más dulce y amable del mundo, cuando de Asami se trataba se volvía una arpía con garras envenenadas, una mujer deleznable que muchas humillaciones y lágrimas le había causado. La actriz estaba segura de que no había mujer más horrible en el mundo, eso hasta que conoció la historia de Korra, al menos su integridad física seguía intacta.

Tal como lo ven: Ni siquiera Asami, siendo la mujer perfecta para muchas madres, se excentaba de problemas con la suegra. Sin embargo, estaba segura de que, si corría con la suerte de que sus hijos estuvieran presentes, podría lograr que la mujer fuera más razonable al teléfono, después de todo, estaba segura de que a los niños jamás les haría daño. Eran las luces de sus ojos.

Buenos días, Madame Moulian. — Saludó con cortesía. — Habla Asami.

Sabía que eras tú, reconozco esa desagradable voz donde quiera. — Respondió con acritud. La peli negra se mordió el labio para evitar lanzarle un improperio y suspiró resignada.

¿Llegaron mis hijos de la escuela? — Ni siquiera tuvo que responder a eso, pues el radical camino de tono de voz de Laura le contestó.

¡Amorcitos! ¡Qué bueno que llegaron!— Habló con tal dulzura y cariño que, de no ser porque la conocía, Asami hubiese creído que era bipolar o algo. — Su madre los busca en el teléfono.

Unos pasitos graciosos y veloces se escucharon de fondo y pronto, el teléfono cambió de manos.

¿Mami? — Aquella vocecilla emocionada logro que el agrio pero breve momento con su ex-suegra quedara en el olvido.

Mi pequeño ángel, ¿Cómo has estado? — Preguntó feliz de escuchar de nuevo la voz de Azumi.

Estaba esperando que llamaras. — Le contestó, Asami sonrió de oreja a oreja.

Te prometí que llamaría, ¿No es así? — Conocía tan bien a su pequeña que podía apostar su brazo derecho a que estaba asintiendo. — Y ya sabes lo que dicen: Los Sato...

Los Sato siempre cumplimos nuestras promesas. Le recitó con orgullo, queriéndole demostrar a su madre que lo tenía muy presente.

Muy bien, mi pequeño ángel... Dime, ¿Desayunaste bien? Mother Mode: activado.

Sí. — Respondió aun con el tono orgulloso de cualquier niño de su edad.

¿Te comiste el almuerzo que te preparó tu abuela para la escuela?

Sí...

¿Te portaste bien en clases? ¿Sacaste muchos sobresalientes?

Sí y sí...— Contestó sin chistar. De pronto, su tono de voz cambió a uno molesto, como si se hubiese acordado de algo. — ¡Mamá, Gu en me quitó mi osito musical y lo puso en la vitrina alta! — Lo acusó con visible desagrado.

No te preocupes, yo me encargo de regañarlo cuando hable con él. — Le aseguró imaginando el motivo de aquel acto.

Te extraño mucho, mamá. — Soltó de repente con tanto pesar que Asami sintió su corazón fragmentarse y un nudo se instaló en su garganta. Esto era de las pocas cosas que odiaba de su trabajo.

Yo también te extraño, mi cielo... Y mucho. Pero no te preocupes, ya falta poco para que nos veamos.

¿Me contarás un cuento por Skype como haces siempre que estás lejos? — ¿Cómo negarle eso?

Lo prometo. —Respondió.

Mami, debo irme. Aún tengo puesto el uniforme y tengo deberes. — Una pequeña niña responsable, la sonrisa de orgullo por parte de la peli negra se ensanchó. — Además, Gu en quiere hablar contigo también.

Muy bien, mi pequeño ángel. Te veo en unas horas.

Te amo, mami.

Yo te amo más, ángel.

Adiós.

Unos pocos segundos de silencio y una voz más gruesa en comparación, pero con una agudeza característica de pre-adolescente, fue lo que se escuchó.

¿Madre?

Gu en, ¿Por qué molestas a tu hermana? — Escuchó el resoplido molesto del chico antes de que le respondiera.

Te contó lo del oso, ¿Cierto? — Ni siquiera pudo responder. — Es su culpa, no ha dejado de hacerlo sonar durante todo el camino hacia acá por mucho que se lo pedí, ¡Me tenía harto!

Ya sabes que sólo es una niña. — Replicó. — Tú hacías lo mismo con la patrulla de juguete que te compró tu abuelo. — Soltó una pequeña risita al recordar el tic nervioso que aquel sonido le causaba a su, entonces, esposo. No iba a decir aquello, por supuesto, sabía lo sensible que su hijo era respecto al tema. — ¿Cómo te ha ido hoy?

Bien, encontré a los mocosos que molestaban a Azumi. — Informó llamando la atención de Asami.

¿En serio? ¿Y qué hiciste?

Lo que me pediste, madre. Pero si vuelven molestarla me voy a olvidar de que soy cinco años más grande. Dijo con evidente rabia en su voz. Así era Gu en, podría parecer un hermano impaciente de vez en cuando, pero amaba a su hermanita con todo su corazón.

Gracias por cuidar a tu hermana en mi ausencia. — Le dijo sinceramente. — Sabes que no me gusta dejarlos solos por mucho tiempo, pero...

Tranquila, madre. — Se apresuró a interrumpir. — Azumi y yo lo entendemos, sabemos que siempre estás con nosotros a pesar de la distancia. — Y le alegraba que fueran conscientes de ello. — A propósito, no reconocí el número del que llamas habitualmente, ¿No estás en casa o era un truco para que la abuela te contestara? — Él había sacado la vivacidad de los Sato, nada se le escapaba. Nada.

Eh... No, la verdad es que no estoy en la casa. — Le confesó.

¿Y entonces en dónde estás?

En el piso de Korra. — Respondió.

¿Está Korra ahí? — Aquello pareció entusiasmarlo.

Sí, aquí está.

¿Podría hablar con ella? Sí, ya se lo veía venir. Los conocía como la palma de su mano.

Por supuesto, permíteme unos momentos.

Aprovechando que el teléfono no dependía de cable alguno, hizo su camino hacia la cocina, donde la adorable imagen de una Korra con un delantal azul puesto y con manchas de mezcla en la cara la recibió. En cuanto la menor se percató de su presencia, le regaló otra de sus inigualables sonrisas en tanto le mostraba un bowl con masa.

— Oh, hola, 'Sami. — Saludó. — Estoy a nada de terminar los Waffles, sólo falta ponerlos en la wafflera y listo.

— Yo podría encargarme de ello. — Se ofreció con buen humor.

— ¿Terminaste de hablar? — Le preguntó Korra antes de fijarse en que la mujer tenía el teléfono en la mano.

— No del todo — Al ver como la vocalista ladeó la cabeza confundida, se apresuró a explicar. —, Gu en quiere hablar contigo.

— Ohhhh... — Exclamó la peli castaña con comprensión. — Claro, será un placer. — Se limpió las manos en un trapo limpio y tomó el teléfono que Asami le ofreció. — ¿Gu en? — Fue lo último que escuchó de la rockera antes de que ésta saliera de la cocina.

Asami decidió ponerse manos a la obra y comenzar a cocinar los Waffles con la masa que la vocalista había preparado, comenzando a hacer de dos en dos, que era la capacidad máxima de la wafflera; pronto, aquellos cuadrados de pan abundaron así como la masa del bowl se reducía. Para cuando Korra volvió a pisar el suelo de la cocina, Asami ya había preparado una torre hecha de waffles de la cual ella sólo comería dos.

— ¿Y por qué tantos waffles? — Preguntó con un brillo en sus ojos y baba escurriendo de sus labios.

— Ya he visto lo que puedes llegar a comer, Mon chéri. Incluso tengo miedo de que no vayan a ser suficientes. — Le respondió sacando con la ayuda de una espátula el nuevo par de waffles recién hechos.

— Asami Sato, te has ganado mi corazón. — Agradeció mientras fingía limpiarse una lágrima, la francesa soltó una carcajada limpia.

— Siempre dices eso cuando te cocino algo. — Señaló divertida en tanto veía como Korra sacaba dos platos de un mueble blanco cerca del refrigerador.

— Bueno, pues si lo digo es cierto. — La mujer de negros cabellos vació lo que quedaba de masa en la wafflera, dándole la espalda a la Korra escondiendo un suspiro. Jamás le diría, pero... Como quisiera que lo dijera enserio.

En ese momento, y para sorpresa de la más grande, unos fuertes pero suaves brazos morenos rodearon su cintura y la barbilla de la líder de los Black Tears in the Heart se posó en su hombro izquierdo. Sus verdes ojos se abrieron tan grandes como se les permitía y su corazón dio un brinco tan fuerte que chocó contra su pecho.

— ¿Korra? — Susurró la hermosa francesa, deseando que en su voz no hubiera rastro de lo que la joven de ojos zafiro le causó.

— ¿Sabes? — Habló Korra con una voz dulce. — Realmente nunca te agradecí como es debido por todo lo que hiciste por mí en Francia...

— N-no es necesario... — La Interrumpió, pero de todas formas la rockera siguió hablando.

— Así que es mi turno de hacer que los niños y tú se sientan como en casa, al menos por todo el tiempo en que yo esté aquí. — Prometió.

Asami sonrió dulcemente, se sentía tan bien estando en esa posición que decidió ignorar de nueva cuenta las voces en su cabeza que le decían que estaba mal y se permitió disfrutar del abrazo, apagó la wafflera y colocó sus blancas manos sobre las morenas, dispuesta a alargar el momento cuanto fuera posible.

Sin embargo, y como ya es costumbre, una nueva interrupción se dio, y esta vez fue una graciosa: La puerta de la cocina se abrió de repente y la gran Naga hizo su entrada con su plato de comida asido en su hocico y una carita de perro hambriento, reclamando con sonidos guturales que ella también esperaba su cena. La imagen fue tan linda y graciosa para ambas espectadoras que les fue imposible no soltar una pequeña risa antes de que Korra sacara, de un cajón enorme posicionado en la barra, una bolsa de proporciones inmensas llena de comida para perro que fácilmente vació en el plato de Naga. Demás está decir que Asami quedó boquiabierta, ¿Cómo alguien tan pequeño podía cargar como si nada una bolsa pesada del tamaño de la actriz?

Naga ni se lo preguntó, se dedicó a comer alegremente sin prestarle atención a nada.

Después de que ambas de lavaran las manos y terminaran de enlistar la mesa, se sentaron dispuestas a comer lo que entre las dos habían preparado. Korra, ni tarda ni perezosa, se adueñó de la miel Maple y comenzó a bañar sus waffles con ella con gran emoción, todo esto ante la atenta mirada de Asami.

La francesa la miraba detenidamente, se veía tan inocente, tan tierna e incluso infantil que no concebía como alguien podría siquiera pensar en lastimarla, sea Madame o sea... O sea Yue.

Lo que le sucedió a la vocalista y líder de una banda de Alternativo en la mañana debía tener cierto peso importante, sinceramente, deseaba saber qué fue lo que la había puesto de esa manera, o más bien, qué hizo Yue para que terminara así.

Todo esto lo estaba pensado sin dejar de mirar a Korra ni un solo momento, por lo que más temprano que tarde, dicha chica se dio cuenta de la mirada intensa que mantenía Asami sobre ella. Esto la sonrojó, detuvo sus movimientos y la miró apenada.

— Lo siento, ¿Quieres? — ¿En serio creía que la miraba de esa forma porque quería miel Maple? Korra era tan despistada.

— Gracias. — Dijo mientras tomaba el bote que le ofrecía aquella mano. Claro, iba a dejar que siguiera pensando aquello. A diferencia de Korra, Asami no se alocó tanto con la miel, se limitó a ponerle un poco menos de la cantidad suficiente. — Korra, ¿Podría preguntarte algo?

— Claro, 'Sami. Escúpelo.

— ¿Qué fue lo que viste hacer a Yue ésta mañana que te puso así? — Inquirió rogando que la morena lo tomara como que estaba preocupada por ella y no como una chismosa.

Asami notó con claridad como Korra se tensaba y cómo detuvo por unos segundos sus movimientos antes de continuar. Se aclaró la garganta y respondió.

— Fue saliendo del set — Le dijo. —, hay una joyería como a unas calles de distancia, una a la que solo van las parejas... Ella y Sokka salieron de ahí... — Torció la boca en una mueca extraña. — Supongo que estuvieron escogiendo lo que se darán frente al altar.

— Korra...

— ¿Y si mejor no hablamos de ello? — La Interrumpió de inmediato encogiéndose de hombros. — Apuesto a que los Waffles salieron deliciosos. — La mujer de hermosos labios carmín la observó unos segundos en silencio antes de responder.

— Yo también lo creo.

Cenaron en silencio después de eso. Si había algo que no podía negar era que a la poseedora de aquellas gemas verdes por ojos le dolía ver a Korra triste, y más si lo estaba por el amor de alguien más, eso no le había pasado nunca, ni siquiera con su ex-esposo, y vaya que lo había visto con el corazón roto.

Cuando por fin todos y cada uno de los Waffles fueron comidos (La mayoría por Korra), ambas decidieron que era un buen momento para ir a la cama. En cuanto aquellas palabras salieron de la boca de Asami, Korra habló con una sonrisa en el rostro.

— Ok, la cosa está así: Como nadie suele quedarse en mi departamento, el cuarto de huéspedes está lleno de cajas con un montón de regalos de fans, por lo que no tengo una cama extra.— Explicó.

— ¿Ah, no? ¿Y dónde se supone que dormiré?

— ¿Dónde más? ¡En mi cuarto, obvio!

— ¿Y tú? — Preguntó confundida.

— Ah, pues yo dormiré en el sofá... — Señaló un amplio y largo sillón de apariencia cómoda, aun así, Asami no iba a permitir eso.

— Oh, no, no, no. Es tu departamento, si alguien ha de dormir en el sofá, seré yo. — Dijo de tal forma que no quedara lugar a réplicas, o eso creyó.

— Me niego. Eres mi inquilina, dormirás en mi habitación.

— ¿Por qué no dormimos en la misma habitación? — Ver la cara de Korra la hizo reaccionar, ¿Lo dijo o lo pensó?... Tal parece que lo dijo.— Sí, ¿Cómo se me ocurre? Que mala idea...— Se apresuró a decir, siendo interrumpida por la misma morena.

— ¡No! — Sonrojo. — Es una idea bastante buena, de hecho.

— ¿Segura? — Levantó una ceja.

— ¡Por supuesto! De todas formas ya lo hemos hecho antes, ¿No?

— Sí, así es.

— Entonces está decidido: Ambas dormiremos en la habitación.

Asami Sato: Una mujer visionaria y sumamente inteligente, exitosa en todo lo que se propusiera. Una de las más talentosas actrices contemporáneas que a buen seguro iba a pasar a los anales de la historia, ¿Cómo saber que eso era cierto? Bueno, bastaba ver la seguridad con la que caminaba y la confianza que parecía desprender al dirigirse a la habitación de Korra aunque por dentro se hallaba realmente nerviosa.

Dicen que el amor, no importa a qué edad te llegue, te hace actuar como un completo adolescente (O niño pequeño en caso de Korra) y tienen razón, la pobre Asami lo sabía mejor que nadie.

Si bien es cierto que ya habían tenido ocasión de dormir juntas, esas veces fueron en el set de grabación sin ningún tipo de variación, teniendo como única excepción la vez del cuarto de huéspedes. Aunque eso definitivamente no estaba planeado.

~~Flash-back~~

Aquella noche, o mejor dicho, madrugada, había podido ver con total claridad las marcas en la espalda de Korra. Eran largas, delgadas, abundantes y sobresalientes, imposible no notarlas ya que eran de un tono más claro que el resto de la piel de su espalda. El que ella las hubiese visto no fue del agrado de Korra, quien había abandonado la habitación principal casi de inmediato.

Y ahí estaba Asami, dando vueltas en la cama, sin poder dormir y aferrándose a la almohada que había acunado la cabeza con cabellos cortos y castaños de Korra. Imágenes de aquellas marcas pasaban por su memoria, atrayendo con ellas la cinemática de una despreciable mujer sin rostro acometiendo tan febrilmente contra una pequeña e indefensa Korra. Aquello no sólo le producía náuseas, sino también una rabia que amenazaba con devorar su interior y unas ganas tremendas de llorar.

Miró su reloj-despertador, 4:00 de la madrugada, eso marcaba. No podía dejar sola a la vocalista más tiempo, más bien, no quería. Sin dudar ni un segundo más, la actriz se levantó de la cama y, con los pies descalzos, salió de su cuarto decidida a eliminar la distancia entre ella y su amiga.

Con cuidado, abrió la puerta y sólo la cerró cuando ella misma ya se hallaba adentro. Miró hacia la cama, encontrándose con que por fin la joven había caído en el sueño; se sentó gentilmente en la cama y le dio permiso a su mano de acariciar aquel cabello corto y castaño con ternura, se sentía suave al tacto.

— Oh, Korra... Si tan solo pudiera... — Negó con la cabeza. —Si tan solo me dejaras...

Se mordió el labio y se lamentó por haber sido lo suficientemente cobarde para hablarle en francés.

Sí, la quería, y mucho; verla dormida era algo que se lo confirmaba, aquella imagen hacia que su corazón latiese como no había latido jamás y unas ganas inmensas de besarla se apoderaran de su ser, así que... ¿Por qué no darse ese pequeño gusto? Al menos sólo uno en la frente...

Lentamente y con sutileza, comenzó a inclinarse hacia adelante, sosteniendo tras la oreja con su mano derecha la parte de su negra cabellera que, de otra manera, terminaría en la cara de Korra. Aquellos labios carnosos se hallaban a un par de milímetros de la piel morena cuando...

'Sami...

Korra susurró su nombre. Creyéndose descubierta, trató de separarse de inmediato, al tiempo que su ágil mente trataba de buscar una excusa para que lo que estaba haciendo no fuera raro para la vocalista. No fue ni siquiera necesario. Tal como si estuviera consciente de todo, una dormida Korra fue más rápida que una alertada Asami y logró rodearla con sus fuertes brazos para evitar que se fuera, posterior a ello, dio vuelta y, sorprendentemente pudo tirar a la francesa a la cama de su lado izquierdo y no la soltó para nada.

Fueron varias las veces en que la actriz trató de zafarse, no porque le desagradara, sino porque no tendría qué contestarle en la mañana cuando preguntara, empero, Korra no aflojaba su abrazo, al contrario, la rodeaba como si fuera una cariñosa boa constrictor: con fuerza pero sin lastimarla. Pasó un rato antes de que Asami decidiera esperar a que fuera Korra quien la soltara, pero eso no sucedió hasta que el Sol salió.

~~Fin del Flash-back~~

Eso había sido lo que sucedió aquella vez, y ahora estaba ahí, en la casa de Korra caminando hacia la habitación de ésta para volver a compartir lecho. Para cuando se dio cuenta, se habían detenido en una puerta de madera clara, con la figura de un círculo justo en medio con olas talladas dentro; estaba realmente bien tallado y se veía hermoso.

— Ésta es mi pieza. — Habló Korra, sacándola de sus pensamientos. — Puedes pasar si gustas.

— Muchas gracias. — Giró el pomo de la puerta y se adentró seguida por la rockstar.

La francesa siempre creyó que las habitaciones eran un reflejo de las personas, y la de Korra no podría quedarse atrás. Tenía varios posters de bandas que Asami jamás tuvo la oportunidad de oír, había una cama matrimonial con colchas típicas de la tribu del Polo Sur, pegado a la pared bajo una ventana se encontraba un escritorio con demasiadas partituras y, a su lado izquierdo, una pizarra de corcho estaba completamente lleno de papeles y hojas con anotaciones, justo a lado de un gran ropero de madera de pino. Sin embargo, lo que llamó totalmente la atención de su verde mirada fueron los marcos con fotografías de Korra que colgaban en aquellas azules paredes.

Había una hilera en específico de entre estas fotos que le resultó inefable, en ellas se veía una hermosa bebé de ojos azules y piel morena siendo cargada por su madre en una habitación de hospital, con su padre tomando a la agotada mujer de la mano portando una sonrisa radiante. Las imágenes siguientes trataban de la transición de la pequeña durante todos sus cumpleaños. Un espacio separaba aquellas con sus padres con las siguientes donde la familia y amigos de Ciudad República habían entrado, siendo la primera de ellas una con sólo dos personas: Un joven y dulce Aang a varios centímetros de una muy delgada, ojerosa y metafóricamente sin vida Korra. Sus blancos dedos acariciaron esa foto. Cómo le hubiera encantado estar ahí para la pequeña.

Tan concentrada estaba observando aquellos ojos tan azules como inexpresivos que le devolvían la mirada que no notó cuando la misma persona, pero años más grande, se posicionó tras ella.

— Es extraño, ¿No? — La voz de la cantante la hizo girar su cabeza de inmediato, encontrándose con Korra luciendo una mirada críptica. — Se supone que las colgué de esa manera porque quería ver como fui capaz de dejar eso atrás... Ahora veo que sólo me mentía a mí misma. — Dijo con pesar. — El viaje a París fue una completa decepción.

Un impulso de abrazar a aquella joven invadió a Asami, tan fuerte que ésta vez dejó al cuerpo hacer lo que se le plazca. Rodeó a Korra con sus brazos, como si quisiera que con ello su desasosiego desapareciera.

— Esa fue una manera indebida de enfrentarte a tu pasado. — Su blanca mano comenzó a acariciar el cabello de Korra con sumo cuidado. — No fue tu culpa, para nada.

Asami sintió claramente cómo Korra le devolvían el abrazo con fuerza, como si quisiese fundirse con la otra. Pero pronto decidió dar aquello por terminado.

— Bueno, es hora de ir a la cama. — Korra se separó para posteriormente ir hacia el ropero.— El baño está en el pasillo, puedes ocuparlo para cambiarte.

Merci. — Así fue como Asami comenzó a tomar de su maleta las cosas necesarias para poder alistarse, justo después, salió de la habitación rumbo al dichoso baño.

Una vez dentro, la francesa de verde mirada comenzó a colocarse la pijama. Un pantalón para dormir negro y una blusa de tirantes roja fue su conjunto elegido, amarró su largo y oscuro cabello en una coleta y tomó su cepillo dental. Justo iba a buscar el dentífrico que se hallaba en la pequeña repisa a lado del lavamanos cuando unos golpes sonaron contra la puerta.

— ¿'Sami? ¿Puedo pasar?

— Claro. — A los pocos segundos, la rockera ingresó al blanco baño, vistiendo un pantalón azul crema y una camiseta sin mangas blanca.

Fue de ésta manera como ambas terminaron lavándose los dientes juntas, las dos con sus ojos pegados en sus propios reflejos. De vez en cuando, empero, sus miradas se desviaban a la otra y, cada vez que se encontraban, sonreían como tontas. Eso hasta que, en una de esas veces, Asami se decidió por guiñarle el ojo, causando un sonrojo en la sureña y risa en la francesa.

— Bueno, voy a la habitación. — Señaló Korra, guardando su cepillo dental donde estaba. — ¿Te quedas?

— Sí, aún me falta desmaquillarme.

— De acuerdo. No tardes. — Y sin más por decir, salió del baño.

Cuando su hermoso rostro de porcelana se encontró sin ninguna pizca de maquillaje, y luego de una pequeña loción para cuidar su de por sí perfecta piel, se dirigió hacia la habitación que, por aquella semana, compartiría con Korra.

Lo primero que notó fue que dicho cuarto había cambiado de iluminación: Ahora, todo estaba en penumbras... O lo estaría de no ser por una graciosa lámpara en forma de OVNI que había a un lado de la cama y que de seguro no observó por mirar otras cosas.

Lo segundo en notar fue a la morena que ocupaba el lado derecho de la cama. Estaba sentada, recargando su espalda en la cabecera y las piernas flexionadas cubiertas por las cobijas. Las palmas de sus manos tamborileaban contra sus rodillas y tenía pinta de haber estado mirando hacia todas las direcciones hasta que, por fin, esa mirada zafiro se posó en nada más que en ella, transformándose de pronto en una más significativa.

Al ser consiente de como la vocalista parecía mirarla atentamente, un pequeño sonrojo se apoderó de sus mejillas. Gracias al cielo que pudo disimularlo bastante bien.

— ¿Sucede algo, chéri? — Preguntó intentando lucir casual en tanto caminaba a la cama.

— Nada, es sólo que...

— ¿Qué cosa?

— No lo sé. — Se encogió de hombros y sonrió. — Me parece fascinante que luzcas así de hermosa aun sin maquillaje.

Si el objetivo de Korra había sido sonrojarla todavía más y que su corazón diera un pequeño brinco, entonces lo había logrado exitosamente. Pero como siempre sucedía desde que se dio cuenta de sus sentimientos, lo reprimió, se reprendió y lo olvidó... O trató.

— Eres muy dulce, Korra. Gracias. — Acto seguido, se metió dentro de las cobijas.— Bonne nuit, chéri.

— Bu-buenas noches, 'Sami.

Ambas se dieron la espalda y acomodaron sus cabezas en su respectiva almohada. Hubo un silencio incómodo, roto sólo por el segundo en que la rockera apagó la lámpara; únicamente se podía escuchar el sonido de sus respiraciones y, al menos para Asami, el sonido de su francés corazón. Y es que estaba teniendo un pensamiento loco, aunque no inexplicable: se encontró a sí misma deseando que aquellos fuertes y delineados brazos la rodearán, así como que el cuerpo que yacía a su lado buscara su calor. ¿Qué podía decir? De una u otra forma, se había acostumbrado.

Y tal parece que ella no había sido la única. Como si le hubiera leído el cerebro, Korra se pegó a la espalda de la francesa y rodeó con sus brazos aquella delicada cintura en una actitud para nada aviesa, más bien, completamente inocente, pero que aun así tomó por sorpresa a Asami, quien no creyó que realmente fuese a pasar.

— ¿Ko-Korra? ¿Qué haces? — Sintió con claridad como el cuerpo tras de sí se tensaba y comenzaba a retirar levemente el brazo. Maldita sea.

— ¡Oh! ¿Te molesta?... Es que yo... Bueno... — Sonaba nerviosa. — Pensaba que tal vez... Si-si te molesta...

— No, no. Está bien. — Se apresuró a aclarar para que aquella morena no se alejara más de lo que ya estaba. — Solo me tomaste por sorpresa.

— Lo siento, debí preguntar antes.— Se lamentó, levantándose con la ayuda de su codo para mirar a Asami.

— No te preocupes, vamos a dormir.

Y con decisión, le tomó la mano y volvió a ponerla alrededor de su cintura, al mismo tiempo en que ella misma se apegaba más al joven y trabajado cuerpo. Pronto sintió como Korra recuperaba la confianza y volvía a recostarse.

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Fue una extraña vibración bajo su almohada la que la devolvió de su mundo de sueños a la realidad, seguida por el típico sonido molesto que la alarma de celular emitía. Sin olvidar que había dormido acompañada, se apresuró a meter la mano y sacar de un rápido movimiento su celular, no quería que aquello fuese el causante de hacer que Korra se despertase.

Con lo que ella no contó, fue que con aquel movimiento a punto estuvo de ser ella quien interrumpiera el sueño de la vocalista; ¿Cómo rayos fue que no asimiló antes la posición en que estaba? Digo, no es como si fuera común despertar con su cabeza plácidamente acomodada sobre el pecho de Korra, a quien abrazaba por las costillas, mientras que la rockera, a su vez, tenía a Asami firmemente sujeta por la cintura. La francesa no movió ni un músculo, esperando que los signos que daba Korra de querer despertar se quedaran en eso, por suerte, fue justamente lo que pasó.

Después de aguardar un tiempo prudencial trató de salir de la cama, empezando por soltarse del agarre que Korra mantenía sobre ella, pero no fue tan fácil. En cada intento que Asami hacía para soltarse, la morena protestaba con gruñidos y la abrazaba todavía más fuerte; aquella pequeña escaramuza le resultó realmente dulce, pero no había sonado la alarma sin propósito, debía salir de la cama. Pero antes...

Aprovechando la posición en que estaba, Asami levantó su rostro lo suficiente para su propósito y posó un osado beso en la mandíbula de Korra, aprovechando que dormía. Para su sorpresa, Korra sonrió dulcemente en sueños y, segundos más tarde, soltaba aquella cintura que había estado sujetando con recelo, dejando libre camino a la francesa de levantarse e irse.

Lo primero que hizo al salir del cuarto fue tomar la laptop que había traído consigo y sentarse en el cómodo sillón en el cual Korra planeaba dormir la noche anterior.

Lo segundo, fue prenderla e inmediatamente entrar a Skype en el momento justo en que una video-llamada pedía ser recibida. Sin esperar, le dio clic al botón verde, que dio pie a que pudiera ver a sus dos pequeños (Uno ya no tanto) en su habitación en la casa de la abuela. El cuarto estaba alumbrado por una lámpara que emitía una cálida luz naranja justo a lado de la cama, que supuso, era de Azumi. Ambos hermanos portaban sus pijamas, por lo que Asami concluyó que sólo estaban esperando este suceso para dormir.

¡Mamá! Exclamó la pequeña rubia, gateando hacia la computadora para ver mejor a su madre.

Hola, pequeño ángel. — La sonrisa de Asami se ensanchó y su tono de voz se volvió más alegre. Adoraba que, a pesar de la distancia, pudieran seguir así de unidos. — ¿Lista para escuchar el cuento?

¡Sí! — De nueva cuenta, gateó sobre la cama, pero ésta vez para regresar con su hermano, quien estaba acostando en el mismo lugar. — Mamá, ¿Podría ser que me leas "El grifo"? — La petición sorprendió a Asami.

Claro, pequeño ángel... Pero no olvides que aquel cuento lo tengo en inglés.

Es por eso que lo quiere. — Intervino Gu en por primera vez en esa platica. Ha estado estudiando inglés últimamente y quiere acostumbrarse un poco más a usarlo.

Es que no quiero que los otros niños crean que no sé inglés. — Se excusó con un pucherito adorable.

Es que no sabes inglés. Señaló Gu en con una sonrisa burlona.

¡Mamá!

¡Gu en! ¡No molestes a tu hermana! — El regaño de Asami a su hermano mayor alegró a la pequeña, quien no le sacó la lengua únicamente porque las princesas no hacen eso.— Estoy muy orgullosa de ti, pequeño ángel. Me gusta que sigas esforzándote por mejorar.

¿Entonces sí me lo vas a contar?

Por supuesto que sí. Permíteme, voy por él rapidísimo, ¿Está bien?

Uh-huh. Respondieron los dos hermanos.

Si mal no lo recordaba la propietaria de aquellos negros cabellos, había traído el tomo en el que venía dicho cuento, pero lo había dejado en la maleta. La maleta que trasladó al cuarto de Korra...

Hizo su camino de vuelta a la habitación donde una morena seguía dormida cual tronco, abrazada a la almohada que Asami había usado en la noche como si se tratara de la misma francesa. ¿Cómo era posible que dicha imagen le acelerara tanto el corazón? No lo sabía, bueno, sí lo sabía, pero no le iba a dar más vueltas al asunto, y es por eso que decidió tomar el libro de su maleta y salir de ahí cuanto antes.

Al volver frente a la pantalla, sus hijos la están esperando listos para dormir. La pequeña Azumi se había acurrucado en el pecho de su hermano, quien la abrazaba con mucho esmero. Esos dos podían pelearse tantas veces como quisieran, pero su vínculo de hermanos era admirable.

Abrió el libro de tapas duras con la colección de cuentos de los hermanos Grimm y se dispuso a leer el cuento pedido. Dicho escrito trataba de una princesa enferma que se curaría comiendo manzanas. El rey, alentado por dicho presagio, mando a decir al pueblo que, aquel que trajera manzanas a su hija, podría obtener su mano y ser Rey.

Se contaba también de tres hermanos, los cuales trataron de cumplir el encargo del rey y así poder desposar a la princesa, pero los dos mayores fallaron con su cometido por mentirle a un enano canoso que parecía ser mágico, dándole una oportunidad al más pequeño de ellos.

"Adelantóse el hijo menor, a quien llamaban siempre el tonto, y preguntó a su padre si le permitiría ir, a su vez, con las manzanas.

— ¡Ésa es buena! — Replicó el hombre — ¡Fijaos en quién pide hacer el recadito! Los listos salen mal parados, y tú pretendes salir airoso.

Pero el pequeño no cejó:

— De todos modos, dejadme ir, padre.

— ¡Márchate de aquí, estúpido! Tendrás que aguardar a ser más listo — Replicó el padre, volviéndole la espalda."

Acababa Asami de leerles esa parte a sus dos pequeños cuando decidió, como siempre hacía, detenerse un momento para esperar la pregunta de Azumi. La pequeña siempre tenía una duda rondando en su cabeza. Cuál fue su sorpresa al levantar su mirada cuando se encontró con dos pares de ojos, unos azules y otros oscuros, mirándola atentamente desde la puerta de entrada a la sala.

Sí, Korra y Naga miraban atentamente a Asami, expectantes, con ganas de saber qué pasaría después. Con la misma expresión que Azumi portaba. Cuando la morena de ojos zafiro se dio cuenta de que había sido atrapada escuchando, su rostro se tornó rojo por una razón que la actriz no fue capaz de comprender, pero que la hizo soltar una risa que escondió tras su blanca mano, ésta era una coincidencia extrañamente divertida.

Chéri, ¿Te gustaría acercarte y escuchar el cuento con nosotros? Eso también va para ti, Naga. — Sugirió, causando una extrañada mirada de parte de sus hijos.

— ¡Claro! Vamos, chica. — Sin perder tiempo, ambas se acercaron y se sentaron una a cada lado de Asami.

¡Un perrito! — Naga dio un ladrido de afirmación como si también entendiera francés y saludó hacia la pequeña.

— Hola, Azumi. Hola, Gu en. — Saludó Korra con una sonrisa ancha. — Les presento a Naga.

Hola, Korra. — Habló Gu en usando el inglés. — Bonito perro.

— ¿Escuchaste eso, Naga? Creen que eres linda. — El can dio otro ladrido de agradecimiento. — ¿Podemos seguir con el relato? — Pidió con un pucherito.

— Por supuesto. — Y continuó leyendo, pero ésta vez para cuatro oyentes.

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El cuento había dado fin, dando como resultado que una pequeña y hermosa niña de ojos jades terminara completamente dormida, a un morocho somnoliento que terminó con la llamada para poder ir a dormir también y a una morena de ojos azules alegre por el final donde Juanito fue el que se casó con la princesa.

Todo el rato que duró el cuento, estuvo completamente callada y atenta. Pero lo que se le hizo adorablemente divertido a Asami fue que Korra, Naga y Azumi habían hecho las exactas mismas expresiones faciales cuando algo les gustaba, disgustaba o asombraba del cuento. Varias veces tuvo que morderse en labio para contener la risa antes de seguir leyendo. Esas tres iban a matarla de ternura.

— Eres genial para contar cuentos, 'Sami. — Le había dicho Korra mientras se levantaba del sillón y estiraba un poco los brazos. — Pero me sorprendió mucho que Azumi entendiera lo que decías.

— Azumi entiende el inglés, lo que no puede hacer muy bien es hablarlo. — Explicó.

— ¡Wooow! — Puso una mano tras su nuca y abrió los ojos. — Podría jurar que no sabía nada de inglés en lo absoluto. — Asami rió.

— Sí, suele pasar. — Hubo unos segundos de silencio luego de eso.

— De acuerdo, es tiempo de que me vaya al gym. — Señaló con su pulgar sobre su hombro. — Ya sabes, estas cosas no se mantienen solas. — Y, con una sonrisa fanfarrona, dobló los brazos para mostrar sus increíbles músculos. Asami se sonrojó... Ojalá no hubiese hecho eso.

— S-sí. Yo haré el desayuno y no acepto negativas.— Le advirtió. La cara de Korra se iluminó.

— ¡Esa es mejor idea que pedir comida a domicilio! Te veo al rato, si necesitas algo, grítalo. — Acabando de decir esto, echó a trotar rumbo al gym personal que tenía en su piso.

Asami, por su parte, llevó sus pasos hacia la cocina, en donde se puso a revisar las alacenas para ver si podría utilizar algo para hacer el desayuno; no podría decir que le sorprendiera, pero igual no fue algo que ella aprobara: Lo único que se encontró en las alacenas fueron frituras de todo tipo, galletas, cereales con alto contenido en azúcares y bombones, latas de comida, fideos instantáneos y demás porquerías poco saludables.

El refrigerador no se podía quedar atrás, pero al menos estaba lleno de proteínas... Literalmente: Carnes rojas al por mayor, bebidas energéticas y condimentos típicos, ¿Cómo rayos Korra podía tener tan buena salud (Y buen cuerpo) comiendo tantas cosas de esa índole? No, no, no... Algo tenía que hacer Asami para cambiar tan mala alimentación, y no tenía tiempo que perder.

Recordando que había visto un supermercado a unas calles al sur de la casa de Korra, comenzó a hacer una lista mental de los ingredientes que necesitaría para un desayuno saludable, le avisa con un pequeño grito a la vocalista que iba a salir y recibió a cambio la localización de las llaves de la residencia. Una vez teniendo lo necesario y escondido su identidad con una bufanda roja y lentes, salió decidida a demostrarle a Korra lo que un buen desayuno en regla puede hacer.

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Cuando Asami regresó, venía equipada con lo necesario para el desayuno del día. Las bolsas de plástico blanco venían llenas con granola, plátanos, fresas y otras frutas y bayas. Había comprado también huevo, verdura, yogurt natural, pan y mermelada. Pronto se puso manos a la obra y comenzó con un elemento necesito para un buen desayuno: Omelette.

Asami amaba los Omelette, su madre los hacia todos los días de diferentes cosas; prepararlos ella para sus hijos (Y ésta vez, para Korra) la hacía volver a aquellos días felices de su infancia, y esperaba que a sus hijos les pasara igual en un futuro.

En cuanto el Omelette de verduras estuvo listo, se tomó la libertad de tomar tocino del refrigerador de Korra y freír una buena cantidad, la mayoría para la vocalista. Hizo también un cóctel con las frutas, el yogurt y la granola, endulzandola un poco con miel natural. Añadido eso, preparó dos pares de tostadas con mermelada y café negro. Alistó la mesa para dos y la adornó colocando en el florero unas flores que había encontrado (Tomado) en el camino. Un último vistazo a su obra y se dispuso a ir por Korra personalmente al cuarto del gym.

Jamás pensó que lo que vino después fuese a pasar.

La puerta del cuarto estaba abierta de par en par, por lo que no creyó demasiado problema entrar. No fueron los muchos aparatos para ejercicio, ni las pesas que yacían en un mueble especial, ni su reflejo en los pocos espejos que cubrían ciertas áreas de la pared lo primero que sus verdes ojos contemplaron. No. Lo primero que se encontró cuando traspasó el marco fue a Korra.

Una Korra vestida únicamente por un short de licra negra y una sudadera con las mangas subidas haciendo barras. Sabía que la vocalista era fuerte, bastante fuerte, pero verla trabajando esos brazos suaves pero duros la hacía sentir un cosquilleo en el estómago que no había sentido en mucho tiempo.

Pero eso no quedó allí. Cuando Korra alcanzó las 100 barras consecutivas, decidió que ya era momento de cambiar de ejercicio. De un brinco bajó del tubo azul del cual se había estado agarrando y giró para tomar la pequeña toalla con la que se sacaría el sudor. Fue entonces cuando se dio cuenta de su espectadora.

— ¡Oh! Hola, 'Sami. — Saludó alegre mientras pasaba dicha toalla tras su cuello.

Pero Asami no respondió a ello. Es que no podía, ¿Cómo poder concentrarse en darle una respuesta coherente teniendo semejante vista enfrente? Porque lo primero que se había revelado en cuanto la morena se dio la vuelta fue que tenía la sudadera tenía cremallera, y ésta estaba abierta, dejándole ver que por abajo sólo tenía un top deportivo.

Así es, Asami tenía una vista directa a las curvas del cuerpo que Korra mantenía, podía ver como el sudor apelaba su piel, la forma de sus músculos, de su abdomen perfectamente marcado el cual era recorrido por una gota traviesa que no hacía más que mostrarle el camino que la francesa tenía que seguir para, por fin, perderse dentro del short. Tenía las blancas mejillas sonrosadas, lo sabía porque de pronto comenzó a sentir mucho calor.

— ¿'Sami?

Fue la voz de Korra la que la hizo regresar de sus pensamientos a la realidad. Parpadeó como si hubiese despertado de un sueño y así se dio cuenta que había estado comiéndose con la mirada a su joven amiga, y no sólo eso, por el gesto que la rockera portaba en su cara, ella se había percatado.

Rápidamente, aclaró su garganta, desvío la vista hacia la escaladora que se encontraba perfectamente acomodada a su izquierda y habló con una voz alta y clara.

— El desayuno está listo.

— Genial, ya tenía hambre. — Comentó con completa naturalidad. — Muchas gracias, 'Sami. Iré a darme una ducha. — Añadió para después salir de la habitación, no sin antes dirigirle una sonrisa intrínseca que la desconcertó y alivió en la misma cantidad.

— Estaré esperándote. — Dijo de pronto en tanto veía a la chica de hermosos ojos zafiro alejarse por el pasillo. Korra le guiñó por sobre el hombro y siguió su camino.

En cuanto la vocalista estuvo fuera de su vista, Asami comenzó con las recriminaciones hacia su persona. ¿Qué rayos le sucedía? ¡Había estado observando indebidamente a Korra! Y vamos, no es como si fuese el primer cuerpo escultural que veía, ¡Era actriz! Prácticamente vivía rodeada de ellos... ¿Qué había pasado entonces? No recordaba que hubiera sido tan difícil aquel día, cuando la acompañó a comprar su traje de baño...

Traje de baño...

Fue eso lo que hizo que su mente volara de vuelta hacia la tarde que pasaron en la playa... En esa ocasión, Korra la había mirado de la misma forma en que ella lo había hecho hace unos minutos tan solo. Lo único que la francesa tuvo que hacer fue quitarse el vestido para dejar ver su traje de baño, y aunque todo ese show había sido para nada intencional, debía admitir que había encontrado gratificante la reacción de la vocalista. Saber que tenía la mirada azul puesta en ella se le antojaba como una sensación deliciosa...

Claro que eso jamás iba a repetirse, y lo mejor sería que se olvidara de ello cuanto antes; se apretó el tabique de la nariz con sus dedos y, dando un último suspiro, salió del gym.

Aguardó aproximadamente unos diez minutos a que la vocalista regresara completamente vestida y bañada. Korra había elegido un conjunto de jeans rasgados, playera azul y una sencilla chaqueta de cuero. Como era de esperarse, para cuando la chica de ojos azules hizo su entrada en el comedor, la comida se había enfriado, por más que insistió, fue Korra quien fue a recalentar el desayuno, alegando que había sido su culpa.

— Sí me vas a acompañar a la parrillada hoy, ¿Verdad? — Preguntó la rockera cuando regresó de la cocina.

— Por supuesto, chéri. Ya había dicho que iría. — Señaló en tanto observaba a la otra tomar asiento frente a ella. — Después del desayuno planeaba ir a tomar una ducha.

— Te vas a divertir mucho, 'Sami. — Aseguró mientras cortaba un pedazo de su omelette. — Hacemos juegos, bebemos, hay karaoke, y... — Su cara cambio drásticamente cuando se llevó el pedazo que había separado a la boca. Asami amó esa expresión.

— ¿Está bueno? — Ocultó la sonrisa que amenazaba con salirse con la ayuda de sus dotes de actriz.

— ¿Bueno? ¡Está delicioso! Tu comida es definitivamente la mejor... Bueno, además de la de Pema, claro. — Korra soltó una risita antes de seguir comiendo... ¿Quién es Pema?

Siguieron comiendo, disfrutando de la compañía, contando alguna anécdota por parte de Korra y risas por el lado de Asami. Cuando por fin terminaron con el delicioso (Según Korra) desayuno, fue la vocalista quien se ofreció a recoger y lavar la vajilla en tanto Asami se preparaba para la parrillada.

Así que ahora, ahí estaba aquella francesa de preciosos labios rojos, haciendo espuma en su cabello con sus dedos, mientras el agua caía cual lluvia sobre ella. Su mente no dejaba de darle vueltas al asunto de conocer a todas las personas que apoyaron a Korra en sus épocas más oscuras. No quería admitirlo, pero.. Estaba levemente nerviosa por tal hecho.

— Vamos, Asami. — Se dijo.— No es como si no hubieras hecho frente a sucesos más intimidantes, cosas como galas, entregas de premios, estrenos... — Se mordió el labio y suspiró segundos después. Definitivamente podría con la parrillada, y más si significaba tanto para la morena.

Salió de la ducha envuelta en una blanca y limpia toalla, encontrándose con el conjunto de ropa que había elegido previamente reposando en la cama. Después de secarse el cabello perfectamente con la secadora, comenzó a vestirse. Su atuendo consistía en un ligero vestido negro de largo hasta sus rodillas, era ligeramente abombado en la parte de abajo y tenía la ventaja de que ensanchaba su cintura. Era de tirantes y lucía un elegante escote en forma de "V" en la parte de enfrente, dejando ver lo necesario sin ser demasiado. Arriba de este tenía puesto un suéter rojo delgado que combinaba con el cinturón delgado del mismo color que dicho suéter. No lo llevaba abotonado, por lo que no se perdía detalles del torso. Unas zapatillas de tacón, un sencillo broche en el cabello y el maquillaje ligero fueron los que completaron su look. Cuando estuvo satisfecha con su imagen en el espejo, decidió salir para decirle a Korra que estaba lista para partir.

Y la cara de Korra valió la pena. Fue el simple hecho de hacer una aparición en la sala, donde la morena esperaba ocupando su celular, el que logró que su rostro aniñado mostrara una sonrisa bobalicona y un adorable sonrojo.

— ¿Qué te parece? — Decidió ser ella quien rompiera el silencio porque, estaba segura, de ser por Korra seguiría en silencio.

— Yo... Te ves... Elegante, como siempre. — Cabeza gacha, sonrojo visible y jugando con su cabello; Korra era tan adorable. Después de eso, llevó dos de sus dedos a su boca y dio un fuerte silbido. — ¡Nagaaa! ¡Hora de irnos!

Dentro de poco, los sonidos de un collar perruno, pisadas y un jadeo se empezaron a escuchar cada vez con más fuerza hasta que la bola gigante de pelos que era Naga se presentó y derrapó directamente hacia los pies de Asami, a quien le movió la cola con emoción, esperando ser acariciada. Asami se inclinó levemente y, con su mano, complació al gran can rascándole detrás de las orejas. Naga movía la pata complacida.

— ¿Vendrá con nosotras? — Preguntó la francesa sin dejar de rascar.

— Por supuesto que sí. A Meelo, Jinora, Ikki e incluso a Rohan les encanta jugar con Naga.

— ¿Y ellos quiénes son?

— Los conocerás pronto. — Le dedicó una sonrisa gatuna para después caminar hacia la puerta del garage, la cual abrió para luego hacer un ademán a Asami para que avanzara primero. — Madame Sato. — Dijo con un acento de caballero.

Merci beaucoup. — Inclinó la cabeza como agradecimiento y esbozó una sonrisa dulce que agrandó la que Korra mantenía aún en su rostro; en cuanto Asami hubo cruzado, Korra le siguió cerrando la puerta tras de sí.