Hola, chicos. Siento mucho la tardanza, pero la escuela me consume el tiempo (Y los momos… Los momos son geniales… Y la novia… pero principalmente la escuela, lo prometo) No voy a contestar reviews esta vez, pero en compensación, les dejo un capitulo un tanto más largo de lo habitual.
Las canciones que aparecen son
Pizzería: watch?v=2hj-XpglVrY
Pista de carreras: watch?v=8HK2MdPtjkQ
Los personajes no me pertenecen, la historia sí.
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Korra y Asami llegaron a la pizzeria puntuales. A la morena le encantaba Bumi's pizza, pues le recordaba una clásica pizzeria italiana; de hecho, fue justo en ese establecimiento que le habían dado a probar su primer trozo de aquel típico platillo, no sólo de Italia, sino del mundo.
Como era de esperarse, el edificio estaba completamente a oscuras, ni siquiera las luces alrededor del nombre del lugar, que tanto le gustaban a una pequeña Korra, estaban encendidas. La morena guió a Asami hacia la parte de atrás, donde estacionó a Naga antes de tocar la puerta. A los pocos segundos, Kya las recibió.
— Hola, bienvenidas. — Saludó, dándoles un rápido abrazo. — Pasen, Lin no tarda en llegar.
De inmediato, ambas entraron y siguieron a Kya para esconderse bajo la mesa más cercana.
Lo sabían, nada de esto engañaba a Lin. Ella era la mejor detective que la policía de Ciudad República había tenido, no había caso que la BeiFong no pudiese solucionar hasta ahora, sin embargo, todos iban a hacer esto cada año, pues Kya gozaba mucho de la cara de sorpresa fingida que Lin ponía únicamente por ella.
Y así fue. Cuando Lin hizo acto de presencia en el restaurante, y todos gritaron ¡Sorpresa! al segundo en que las luces se prendieron, la jefa de policía gesticuló una cara de asombro que duró sólo unos segundos antes de que empezara a decir cosas como:Vaya, gracias. Eso no me lo esperaba. No me lo veía venir...
Por primera vez, Korra fue consciente de la decoración que adornaba todo el lugar. Globos azules y grises con lazos, serpentina y un enorme cartel en cursiva que rezaba Feliz aniversario, eran tan solo unos elementos entre toda la utileria. Katara y Kya eran realmente buenas en el diseño de interiores.
Todos, incluyendo Korra y Asami, fueron a saludar a la pareja, en especial a la recién llegada. No faltaba nadie ahí, desde el abuelo Gyatso hasta Rohan, todos juntos en un lugar; la fiesta dio inicio pronto.
Fue durante un momento en el cual Korra hablaba animada con Asami y Jinora cuando Bolin se acercó a ella con pinta de haberla estado buscando.
— Korra, Kya dice que quiere hablar con nosotros. — Dijo él. Decir que tal anuncio no resultaba un tanto pesado para ella sería mentir. Había deseado poder tener un poco más de tiempo con la francesa.
— ¿En este momento?
— Síííp. — Respondió. Korra suspiró.
— Vuelvo.
Sin más y con un puchero en la cara, Korra siguió a Bolin hasta una parte ligeramente al fondo del restaurante, a lado del escenario en dónde a veces se hacían presentaciones de música en vivo. Ahí, junto con los miembros faltantes de Black tears in the heart, se encontraba Kya, hablando con ellos.
— ¡Ya la encontré! — Anunció Bolin.
— Bueno, supongo que ahora sí puedo empezar. — Habló la mujer. — Verán, sé que no debería pedirlo, y sé que olvidé darles sus invitaciones a tiempo, y también sé que es algo precipitado, pero...
— Sí cantaremos una canción para Lin. — Respondió Korra, interrumpiendo la verborragia de Kya.
– No sé qué te preocupa si siempre pides eso. – Dijo Mako, cruzandose de brazos y alzando una ceja. — Una canción para Lin en pleno festejo.
— Ay, bueno. La cortesía de pedir una por favor nunca está de más. — Kya entrecerró los ojos.
— ¿Cuál será la canción de este año? — Preguntó Kuvira.
— Es una que Lin ha escuchado desde joven... — Kya sonrió. — Siempre que iba a verla, la estaba escuchando en su cuarto. — Y dicho esto, les comenzó a pasar un par de hojas a cada uno, que eran las partituras.
— Ya nos sabemos está canción... Sugiero que sea un dúo. Bolin y yo podremos hacerlo. — Korra miró al chico con una sonrisa socarrona que resultaba también ser de complicidad.
— ¡¿Qué?! — Exclamó nervioso. — ¡Pero yo...!
— Oh, vamos, Bolin. Lo harás bien. — Katara sonrió dulcemente mientras colocaba una de sus hábiles manos sobre el hombro del baterista.
— Sí, hermano. Confío en ti. — Añadió Mako.
— Y estará viendo Opal... — La mirada pícara que la chica del lunar le dirigió junto con su comentario, hizo que Bolin tomara una decisión.
— Bien, lo haré. — Soltó con confianza, apretando el puño.
Los chicos subieron y conectaron los instrumentos que Bumi siempre tiene a su disposición en la bodega – Y que Kya había tenido la cortesía de ponerlos en el escenario. –, y comenzaron a afinarlos de forma rápida.
— Lucete, Bolin. — Dijo Korra, dándole una palmadita en el hombro. Todos se colocaron en sus posiciones miraron a la vocalista, anunciando que ya estaban listos, ella asintió y comenzó a hablar. — Hola a todos... De nuevo. Una vez más estamos aquí para presentar una canción que, por supuesto, es una muy especial para KyaLin. Felicitaciones a ustedes dos. — Y sin más, asintió en dirección a Bolin, quien dio tres golpes a sus baquetas y, al finalizar, todos los jóvenes comenzaron a tocar.
I see a red door and I want to paint it black...
No colours anymore I want them to turn black...
Cantó Korra, tomando el micrófono con ambas manos sin despegarlo del soporte.
I see the girls walk by dressed in their summer clothes...
I have to turn my head until my darkness goes...
Fue el turno de Bolin, quien utilizó el micrófono que colgaba del techo a lado de la batería, y todo sin dejar de tocar de maravilla.
Mientras la canción seguía, Korra miraba a Asami de vez en vez, asegurándose de que la mirada verde de la francesa, quien seguía acompañada por Pema y sus hijos, siguiera sobre su presentación, cosa que fue así hasta que, de la nada, un sujeto se abrió pasó por entre la multitud única y exclusivamente para saludarla y quedarse ahí un tiempo innecesario y molesto. Estúpido Iroh II y su estúpida sonrisa.
Cuando luego de interminables minutos la canción dio por finalizada, la morena no tardó en bajarse del escenario dispuesta a separar a su amiga de ese tarado con sonrisa petulante –Según ella.–, sin embargo, la vida parecía empeñada en no dejar que eso sucediera, puesto que un par de delicadas y cálidas manos rodearon su brazo. De no ser porque pertenecían a su ex, Yue, se hubiera zafado con rudeza.
— Disculpa que te tome de sorpresa, Ko — Comenzó a decir la morena de cabello plata. —, pero Aang te está buscando.
— Sí, pero... — Trató de protestar, mas no se lo permitieron.
— Entre más pronto vayas, más pronto volverás con ella.
Si hubiera puesto atención, hubiese notado un deje de molestia en su voz; empero, Korra siguió con la mirada y cabeza puesta justo en Asami, quien seguía hablando con Iroh. Siguieron caminando hasta llegar al punto donde se encontraba su primo; Aang, para su infortunio, estaba en la cocina, impidiendo que pudiera ver a aquellos dos adultos de negro cabello.
— Hey, Korra. — La saludó el médico. — Ven y ayúdame a preparar las bebidas de los niños, ¿Quieres? — Dijo mientras Yue le pasaba jugo de naranja.
— ¿Bebidas para los niños? — Hizo un puchero, confundida.
— Sí, es que vieron algunos cócteles que Azula les hace a los adultos y quieren unos iguales. — Respondió.
— ¿Les darás alcohol?
— No, Ko. — Rápidamente aclaró Yue. — Hay formas de hacer cócteles sin alcohol para niños con jugo de naranja y jarabes de sabores. — Korra estuvo a punto de decir que ellos dos eran suficientes para la tarea cuando recordó que también necesitaba algo de Aang.
— Vale.
Y se acercó a la barra para comenzar a ayudar. Poco a poco, comenzaron a llenar la barra de bebidas, por si adultos también querían tomar. En cuanto Yue se disculpó para ir al baño, Korra decidió que era buen momento para hablar.
— Oye, Aang.
— Dime. — Respondió, sin quitar la vista de la bebida que estaba haciendo.
— ¿Descansas algún día de lo que resta de la semana? — Aang arrugó la boca, pensativo.
— Sí, me parece que el domingo. — Le dijo al fin.
— Oh, eso es genial. — Masculló emocionada. — ¿Podría pedirte un favor?
— Claro, el que quieras.
— ¿Podrías reservar la pista para ese día? — Al notar la mirada interesada de su primo, Korra continuó. — A 'Sami le gusta mucho correr autos y quisiera llevarla antes de que lleguen sus hijos a dar unas vueltas.
— De acuerdo. — Habló luego de unos minutos. — Pero yo quisiera ir también.
— ¡Por supuesto! — Exclamó animada a punto de abrazar a su querido primo, pero de la nada, el gesto del chico pasó a uno realmente serio.
— Y no quiero por nada del mundo que entres en Estado Avatar, ¿De acuerdo?
— De acuerdo.
— Hablo en serio, Korra. — Y su mirada gris se clavó en la azul de la vocalista, dándole a entender que no bromeaba.
— Lo sé, Aang. — Aceptó ella.
Después de un rato, Yue, Aang y Korra, terminaron de hacer bebidas suficientes para todos. Más pronto que tarde, y después de asegurarse de que Aang no la necesitara para nada más, salió disparada de la cocina, dispuesta a interrumpir lo que sea que esos dos estaban haciendo; por lo que, en cuanto llegó, se plantó a lado de Asami, mirando fijamente a Iroh II.
— ¿Dónde has estado, chèri? — Preguntó Asami. — Creí que ibas a venir después de la canción.
— Sí, pero Aang necesitaba ayuda con unas bebidas. — Le aclaró.
— Está bien, de todos modos he estado hablando con Iroh todo el tiempo. — Y lo señaló con un elegante movimiento de mano, mientras le sonreía.
— Hola, Korra. Me gustó mucho la versión que tocaron de Paint it black. — Sí, Iroh II era realmente amable, pero eso poco le importaba a la vocalista en ese momento.
— Gracias, la adaptamos hace unos meses. — Le informó. De pronto, para su buena suerte, alguien había puesto música bailable, seguramente Bumi; lo que no pasó desapercibido, fue que Iroh II tenía la intención de invitar a bailar a Asami, cosa que Korra no pensaba permitir. — Hey, 'Sami... ¿Bailamos? — La morena le tendió la mano a la francesa de ojos verdes como invitación.
— Por supuesto. — Aceptó de buena gana, con una de esas sonrisas que solo se ganaba Korra.
Y la morena no la volvió a soltar en lo que quedaba de la fiesta.
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Llegaron al piso de Korra varias horas después, ambas estaban exhaustas; habían estado bailando casi toda la fiesta, siendo interrumpidas únicamente por ir a beber algo de vez en cuando; sin embargo, ambas se la habían pasado realmente bien, en especial Korra, quien estaba feliz por haber tenido tanto tiempo con Asami entre sus brazos. Claro que no lo admitiría... Por ahora.
— Me la pasé increíble, Korra. — Dijo Asami en tanto colgaba su suéter en el perchero. — Fue muy divertido.
— Lo sé. Hace mucho que no bailabamos tanto.
— Sí, desde las prácticas. — Concordó soltando una risita. — Deberíamos ir a dormir ya. Mañana hay grabación y siempre es mejor ir descansadas. — Korra sonrió. Asami siempre era la voz de la razón, de ser por ella, estaría viendo televisión en este momento.
— Sí, tienes razón. — Aceptó la vocalista. Ambas comenzaron a caminar por el pasillo hasta llegar a la habitación de Korra y poder prepararse para ir a la cama.
Una vez listas, ambas se acostaron sin ningún problema. Como habían compartido cama las noches anteriores, había ya comodidad al momento de dormir juntas. Korra se mordió el labio, tenía ganas de hacer una cosa, pero no sabía que tan prudente... Al diablo, lo iba a hacer; después de todo, siempre terminaban en esa posición, ¿No?, ¿Qué había de malo adoptarla desde el inicio? Así que con ese pensamiento en la cabeza, la vocalista se acercó a Asami y buscó un lugar entre sus brazos, con su cabeza apoyada en el blanco pecho de la francesa y sus brazos rodeando la cintura de la otra.
— ¿Korra?, ¿Qué haces? — Inquirió notoriamente sorprendida la francesa.
— Bu-bueno... Yo... Nada, es-es sólo que me dieron ganas de estar así... — Respondió tensandosé. Por alguna razón le pareció que ya habían pasado por esto antes. — Pero puedo volver a como estaba si te incomoda. — Se apresuró a decir.
— No, está bien. — Respondió. — No me molesta en absoluto, sólo me tomaste por sorpresa.
— ¿Entonces puedo quedarme así?
— Oui, chèri. — Afirmó con una sonrisa y rodeando a Korra con sus brazos. — Bonne nuit.
— Buenas noches. — Y felizmente se acurrucó en aquel abrazo.
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Como siempre, Korra despertó sin Asami a su lado. No se extrañó en lo más mínimo, sabía que era una costumbre de ella estar en la sala, leyéndoles a sus pequeños un cuento por Skype, cosa que le gustaba bastante a la morena. A la vocalista nunca le habían contado un cuento para dormir, de hecho, si había algo en lo que se parecía a su fiel amiga Naga, es que con los mimos adecuados podías lograr que hiciera casi cualquier cosa. Su madre sólo necesitaba rascarle con suavidad el cabello para que Korra cayera dormida, y eso era algo que no desapareció con los años.
Se sentó en su cama al poco tiempo, se calzó unas viejas calcetas, sus tenis, se puso un corpiño deportivo y salió de su habitación sin importarle que siguiera en pijama. Como ya lo había dicho, se topó con Asami sentada en el sillón, leyendo alegre un cuento infantil. Con pasos cautelosos, se acercó por atrás de la francesa para saludar a los pequeños.
— Hey, chicos. — Saludó como era ya costumbre.
— ¡Korraaaaaa! — La mencionada sonrió, adoraba que Azumi hiciera eso.
— ¿Cómo has estado, Korra? — Quiso saber Gu en.
— Muy bien, ¿Qué tal la escuela?
— Aburrida. — Dijo el chico. — Muero porque sea tiempo de vacaciones.
— Apuesto a que sí. – Soltó Korra, riendo. — Bueno, iré a entrenar un rato. Ustedes sigan.
— De acuerdo. — Asintió la francesa.
— Adiós, Korra. — Dijeron los dos niños a coro.
— Buenas noches. — Y dicho esto, se retiró de la sala.
Entrenar siempre le había dado cierta paz a Korra; podía relajarse, aclarar su mente, pensar y meditar sobre sus siguientes acciones cuando estaba trabajando en su cuerpo, ya había pasado un par de horas dedicadas únicamente al ejercicio y a pensar en algo que estaba rondando por su cabeza desde hace ya semanas; mejor dicho, en alguien.
Le gustaba Asami, mucho. Tenía poco tiempo de acción para comenzar a conquistarla. Ambas eran famosas. Ambas tenían trabajos que implican estar fuera por mucho tiempo y ambas eran de diferentes países, empero, Korra quería estar con ella, aunque no era la única.
Tenía todas las de perder, estaba compitiendo contra un militar bien parecido, inteligente y con la edad suficiente, pero eso no quería decir que no iba a luchar por ella, comenzando desde ese momento. Con decisión, se limpió la cara con su toalla con la que ejercitaba y la contempló un momento. Estaba muy mojada… tal vez sería mejor iniciar luego de darse una ducha.
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Un baño rápido y bien dado y estuvo lista para bajar a desayunar. Al igual que el día anterior, la actriz de hermoso cabello cual noche había preparado el desayuno y esperaba alegre la llegada de la morena, acomodando la mesa. En cuanto entró a la cocina, agradeció a Asami por la comida y ambas se sentaron a desayunar. Como era de esperarse, Korra no la estaba comiendo, la estaba devorando con premura y un poco de glotoneria.
— Wow... — Soltó Asami, llamando la atención de Korra. — Veo que tenías hambre.
— Siempre tengo hambre después de ejercitarme — Respondió a cambio luego de tragar. —, y si añades que eres tú quien cocina, bueno... — Se encogió de hombros. — no puedo evitarlo.— Añadió antes de seguir comiendo.
Asami miró fijamente a Korra durante algún tiempo, no se podría saber por cuanto exactamente porque Korra se dio cuenta de ello después de un rato, volvió a tragar el bocando que se había llevado a la boca momentos antes e hizo un puchero curioso.
— ¿Qué tengo? — Asami le sonrió antes de responder.
— Tienes comida en la mejilla. — Acto seguido, puso su mano en la cara de Korra y comenzó a limpiar el área con su pulgar, sonrojado a la morena.
El frote del dedo de la francesa con la piel de la morena comenzó a hacerse más lento. Korra empezó a perderse en la verde mirada de la mayor, quien la observaba con intensidad igualmente a los ojos. Poco a poco, el pulgar, al igual que su centro de atención, comenzó a descender hasta los labios de la vocalista, logrando que el palpitar de ésta se acelerara tanto, que sentía como cuando entraba a una fiesta con música a todo volumen saliendo de las bocinas. Su cerebro se desconectó de inmediato. No sabía qué estaba ocurriendo, pero claramente había un cambio en el ambiente, en Asami, en ella.
— Asami...
Susurró, y como si eso fuera una palabra clave para salir de un trance, la nombrada abrió más los ojos, parpadeó y volvió a la posición que tenía anteriormente al igual que Korra, quien hasta ese momento no había notado que se encontraban a sólo unos centímetros del rostro de la otra. Al poco rato de estar callada mirando su plato, Asami se levantó de la mesa.
— Provecho. — Dijo ella.
— ¿No seguirás desayunando? — Preguntó Korra al ver su plato medio lleno.
— No, yo... No tengo mucha hambre. Además he olvidado preparar algo antes de irme. Vuelvo en un momento. — Y con esto dicho, salió de la cocina.
Estaba incómoda, Korra lo sabía. ¿Qué podría hacer en una situación así?... Comenzó a jugar con su tenedor, al parecer esto iba a ser más difícil de lo que creía. A ella también se le había quitado el apetito, pero siguió comiendo su desayuno, después de todo, no quería que Asami hubiese trabajado en vano.
Después de un tiempo, ambas se encontraban en el garage, listas para partir. Como era usual, irían en Naga, por lo que Korra se estaba preparando, poniéndose el casco, cuando sintió cómo Asami se le acercaba por detrás.
— Excuse moi, Korra...
— ¿Qué sucede?
— ¿Podría conducir yo por esta ocasión? — Aquello no logró otra cosa mas que hacer sonreír a la morena con triunfo. La petición solo había confirmado el hecho de que le iba a encantar la sorpresa que Korra le tenía preparada a la actriz.
— Por supuesto. — Accedió, sin borrar esa expresión de su rostro.
Así que todo el camino, Korra se la pasó en grande, estando abrazada a Asami porque La seguridad es primero, oliendo su aroma a jazmín, sintiendo su calor... Y, debido a la elegancia, magistralidad y rapidez con la que la mujer de verde mirar llevaba la moto, Korra sentía que volaba. Sino se había soltado, extendido los brazos y gritado Woohoo, fue porque no era idiota y no quería partirse la cabeza con todo y casco, pero de ser inmortal seguro que lo hacía.
Sin embargo, todo aquel buen humor acumulado se fue directo al caño cuando llegó al set y se dio cuenta de que había una persona que no debería estar ahí: Iroh II.
Y es que, al parecer, Zuko había invitado a su primo al set, puesto que, aunque éste había viajado por todo el mundo y había hecho travesías dignas de algún libro que vendería millones de copias, nunca había pisado un set de grabación. Todo estuvo relativamente bien hasta que el hombre las vio; el gusto del anonimato le había durado a Korra sólo unos segundos.
— Al fin las encuentro. — Fue lo primero que el militar les dijo.
— Acabamos de llegar. — Contestó Asami con una sonrisa encantadora.
— Eso lo explica. — Le dijo. — ¿Cómo estás, Korra?
— He estado mejor. — Refunfuñó.
— Asami, es un gusto volverte a ver. — Y sin más, tomó con delicadeza aquella blanca mano y le plantó un casto beso.
No supo que le molestó más, el hecho de que le hablara de tú, o el beso en la mano... Bueno, sí lo sabía.
Estúpido Iroh II.
Como si hubieran leído sus pensamientos, ambos adultos voltearon a verla, extrañados.
— ¿Todo bien, Korra? — Preguntó Asami, con su ceja levantada.
— Eso creo. — Señaló de forma críptica. — ¿Por qué preguntas?
— Es que... Acabas de gruñir... Creo. — Por fin aclaró Iroh II. Korra parpadeó. Ni siquiera se había dado cuenta de que lo había hecho. Para su suerte, un picor en un lugar inalcanzable de la espalda comenzó a molestarla justo en ese momento.
— Me pica la espalda y no me alcanzo. — Dijo, comenzando a retorcerse tratando de alcanzar esa molesta comezón.
— Deja. — Indicó la francesa luego de soltar una risita. — Yo lo hago. — Fue así como la vocalista logró que su malestar se fuera, y darle una mirada de superioridad al tarado ese.
Sin embargo, ese fue el último momento que pudo compartir con Asami, y todo por el nombrado baboso. Iroh II se la había acaparado por completo, platicándole de esto y aquello, haciéndola reír e incluso hablar muy animada de temas que, como siempre, excluían a Korra por su nivel de dificultad. Solamente se separaba de ella cuando la francesa de labios rojos tenía que grabar una escena, e incluso mientras lo hacía, aquella mirada ámbar estaba puesta únicamente en la actriz, acompañada de una sonrisa idiota; ni siquiera le ponía atención su primo, sólo a Asami. Esto comenzaba a molestar demasiado a Korra, quien varias veces tuvo que repetir la misma escena por perderse indicaciones al estar más pendiente de esos dos que del director, o por y murmurar insultos incomprehensibles en momentos donde tenía que hacer playback, por lo que obviamente, sus labios no coincidían con lo que se supone que estaba cantando.
En definitiva, no había sido el mejor día para Korra, quien, en ese momento, se encontraba sentada en su silla personalizada (Tenía su nombre atrás) mirando a Asami y a Iroh II platicar tan animados como lo habían estado haciendo todo el día. Korra casi que se sentía hirviendo en fuego verde, y el único motivo por el cual no habían hecho nada era que el maldito director, quien estaba ya enojado, por cierto, se lo había estado impidiendo con sus requerimientos para alguna escena, indicaciones o alguna otra mierda de director. Estuvo a dos segundos de arrojar al inodoro todo lo que se le había indicado e ir a interrumpir a esos dos cuando alguien se sentó junto a ella: Era Mako, quien parecía igual de molesto que la rockera por la estadía de Iroh II en el set.
— No puedo creer que Zuko lo haya invitado. — Masculló sin dejar de mirar la interacción de aquel par de negros cabellos.
— ¿Qué? ¿No te alegra la presencia de Iroh-senpai? — Se mofó, puesto que Mako siempre había admirado al mencionado por todas las hazañas que había hecho.
— Cierra la boca. — Espetó el chico, molesto. Ambos quedaron en silencio por algún tiempo.
— La verdad a mí tampoco me agrada.
— Lo sé. Es un presumido, no para de hablarle a Asami de sus hazañas.
— ¿En serio? — La mirada azul de la vocalista se posó, sorprendida, sobre Mako.
— Bueno... No lo sé — Admitió. —, pero apuesto que lo hace. Tan solo hay que mirarle la cara a Asami, prácticamente cayó como las otras... — Eso la molestó.
— ¡Asami no es como las otras! — Exclamó con el ceño fruncido, sorprendiendo levemente al joven. —... Es más especial que eso...— Dijo lo último más para sí, que para Mako.
— Especial o no, es obvio que eso lo va a descubrir Iroh II. — Después de eso, Mako se fue, dejando a Korra con una extraña mezcla de alivio y molestia a partes iguales.
Alivio porque la competencia se había reducido a sólo un candidato... Aunque, pensándolo mejor... ¿Mako siquiera contaba como competidor?... Bueno, ahora esto era entre ella y el militar. Pero sentía molestia porque su compañero de banda había insinuado que nadie iba a poder conquistar a Asami aparte de Iroh II, sin embargo, ella sabía que existía alguien que sí podía, alguien que no se iba a rendir hasta que no fuera el final. Y esa persona era ella.
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Sin embargo, la suerte no estaba, mejor dicho, no quería estar de lado de Korra. El destino quería que la rockera estuviera al borde del colapso en casi toda esa semana. No había lugar al que Korra llevara a Asami sin que se toparan a Iroh II. Si la llevaba a un restaurante, ahí estaba él porque conocía al dueño, si la llevaba al parque, ahí estaba paseando perros, y si la llevaba a la parte más oscura y fea de Ciudad República... ¡Ahí estaba él ayudando a los necesitados!
Iroh II le salía hasta en la sopa, y lo peor de todo es que siempre se les terminaba uniendo (Pegando cual chicle derretido en un día de verano abrasador si le preguntaban a Korra) por invitación de la misma Asami. Pero al día siguiente sería domingo. Oh, el domingo la iba a tener para ella sola, todo el día.
El día anterior, sábado, Korra le había dicho a Asami que saldrían a un lugar especial que le iba a encantar, pero por más que la francesa preguntó, sólo había recibido como respuesta que era una sorpresa... Bueno, al menos eso hubiese pasado si tan sólo Asami hubiera preguntado... Duck, los adultos son realmente buenos para esperar. O al menos los adultos como Asami lo son.
Y ahora, por fin había llegado el día; mientras estaban desayunando, Korra le mandó un mensaje a Aang, para asegurarse de que todos los preparativos estaban listos. En cuanto recibió la confirmación, le dijo a Asami que ya era tiempo de partir. Poco después, estaban ambas montadas sobre Naga, apunto de salir. Este iba a ser un buen día.
Durante todo el camino, Korra no pudo ver la cara de Asami por el casco y seguridad, pero su reacción corporal de estirar su agraciado cuerpo para poder ver el enorme edificio que se alzaba frente a ellas, rodeado de pasto en la carretera no fue nada en comparación a cuando se dio cuenta de que aquel edificio era su destino. La Pista de Carreras de Ciudad República era la más importante y grande del mundo. Todos los corredores profesionales querían tener la oportunidad de competir ahí solamente para poder decir que recorrieron sus pistas, y Korra lo sabía. Suerte que Aang conocía al dueño, ya que eran mejores amigos desde pequeños: Bumi, del reino tierra. Aunque claro, él era un importante empresario, y Aang era... Bueno, Aang.
— ¿Qué hacemos aquí, chèri? — Preguntó como si no lo creyera. Korra quiso aprovechar eso y darse el lujo de ser misteriosa.
— Debes entrar para descubrirlo... — Respondió con un aire criptico y una sonrisa de lado.
Hicieron su camino a la entrada, frente a la cual se encontraba un joven alegre de ojos cafés, quien las esperaba paciente.
— Hola. — Saludó Aang cuando las vio.
— Hey, Aang. — Korra chocó los puños con su primo, mientras que la actriz le dio un beso en ambas mejillas.
— ¿Listas para dar unas vueltas? — La mirada verde de Asami se posó inmediatamente en la morena, quien únicamente veía a su primo.
— Claro que sí. — Habló Korra.
— Bien, voy a dentro a ver si ya están listos. — Señaló con su pulgar por sobre el hombro y se internó por un largo y gris pasillo al lugar.
La sonrisa de Korra era enorme para ese momento.
— ¿Te gustó la sorpresa?
— ¡Me encantó! — Exclamó, certificando sus palabras con un brillo de emoción en sus ojos esmeraldas. — Merci, chèri. Tengo unas ganas enormes de correr en la pista.
— ¿Y qué estamos esperando? — Korra tomó a Asami de la muñeca y la guió dentro del mismo pasillo por el que Aang había desaparecido momentos antes.
Llegaron a un vestidor de piso color blanco y casilleros de madera, tenía bancas alargadas junto a estos e incluso contaba con baños. Dentro, ambas se colocaron unos ajustados trajes para pilotos. Korra eligió desde el inicio el traje azul, mientras que Asami se quedó con el rojo. Poco tiempo después, las dos se reunieron con Aang en la pista, quien usaba un traje naranja, puesto que él también quería dar unas vueltas.
— Bien, ya estamos todos, ¿Quién será la primera?
— Ve tú, ´Sami. Que ella vaya primero. — Habló Korra.
— ¿Estás de acuerdo, Asami? — Preguntó el chico.
— Oui.
— De acuerdo. Toma. — Aang estiró la mano hacia la francesa, entregándole unos delgados audífonos de diadema negros, adherido a ellos, un micrófono pequeño pero potente que podría alcanzar la boca de quien los usara. — Puede usarse fácilmente bajo el casco. Es para que estés en contacto con nosotros — Dijo esto mientras la mujer de cabello negro se los colocaba en sus oídos.
— ¿Ves ese edificio? — La morena apuntó con su dedo a una torre larga, mitad ventanales, mitad construcción, con un balcón techado de cemento y acero. Dicha torre se alzaba en medio de la pista circular, rodeada de las gradas desde donde la gente se sentaba a observar la carrera. — Vamos a estar observando desde el balcón las vueltas que hagas.
— Eso me recuerda que debo encender el micrófono. Te veo allá, Ko. — Y echó a correr rumbo a dicha torre, atravesando la reja de metal que dividía la pista.
— Esto será algo que siempre recordaré. — Asami tomó su casco y se lo colocó bajo el brazo, admirando el escenario. — Siempre quise correr en esta pista.
— Bueno, ahora puedes hacerlo. — Guiñó su ojo. — Disfrútalo.
— Merci... — Korra asintió con su cabeza y siguió el mismo camino que hizo Aang momentos atrás.
Cuando llegó al balcón, después de unos minutos corriendo, el auto de carreras con Asami dentro se encontraba en la línea de salida, perfectamente lista para iniciar.
— Asami te estaba esperando. — Informó a Korra antes de presionar un botón cerca de un largo micrófono de metal flexible. — Ya llegó.
— ¿Korra? — Escuchó la morena salir la voz con acento levemente francés de una pequeña bocina a lado de dicho micrófono. — ¿Estás ahí?
— Ya. Lista para verte arrasar. — Como si afirmara lo que dijo, el motor rugió, haciendo que una oleada de emoción atravesara a los presentes.
— Bon, comencemos.
Aang encendió un interruptor que activaba el semáforo que indicaba el momento para dar inicio a la carrera. Pasó de los rojos, luego a los amarillos y cuando por fin aparecieron los verdes, el sonido del chirrido de llantas que dejó Asami antes de avanzar hizo eco en el interior de Korra, quien veía alucinada cómo la actriz dominaba el volante.
— ¡Esto es incroyable! — El entusiasmo de Asami se representaba pintado en su voz, combinando constantemente el francés con el inglés. — ¡Este carro... C'est magnifique!
Todos estos comentarios alegraban bastante a la morena, Asami se la estaba pasando realmente bien y eso quería decir que había acertado con la cita de hoy...
Un segundo... ¿Cita? ¿Había llamado a la salida de hoy como una cita? Se sonrojó y sacudió la cabeza. No era una cita.
No. Era. Una. Cita.
Para distraerse, apretó el botón del micrófono y se acercó a él, mientras sus azules ojos observaban como la francesa daba una vuelta cerrada de forma espectacular.
— ¡'Sami, eres asombrosa! — Le halagó.
— Merci, Korra. Aunque me gustaría verte a ti tras el volante. — La mencionada rió.
— Da unas vueltas más y será mi turno.
— D'accord.
Asami dio tres vueltas más antes de que le dijera a Korra que la vería abajo para darle el auto a ella. La morena bajó de inmediato por las escaleras de la torre y corrió hacia la pista, que era el lugar donde la francesa le pasaría el volante. Atravesó la reja, cruzó los muros de contención y al estar a casi dos metros de llegar se detuvo abruptamente.
Ahí estaba ella, luciendo realmente sexy en ese traje de piloto, mientras se quitaba el casco para dejar suelta su larga, sedosa y ondulada cabellera negra, dejándola fluir en el viento casi como en cámara lenta. Su corazón golpeó su pecho rápida y repentinamente, esa mujer era hermosa. La miró embelezada mientras caminaba hacia ella con el casco bajo el brazo, luciendo mejor que una modelo profesional. Si pudiera ver su cara, se haría burla a sí misma de la idiota expresión que había puesto.
La mujer de labios rojos le arrojó el casco a Korra, quién lo atrapó con una agilidad sorprendente para su condición actual, y le sonrió coqueta.
— Tu turno. — Señaló mientras pasaba de largo, con la mirada de Korra pegada en el vaivén de su andar.
La vocalista, dispuesta a impresionar a Asami, corrió a toda velocidad rumbo al vehículo, al cual se metió escurriéndose por la ventanilla de éste con habilidad. Se colocó los audífonos y enseguida el casco que previamente había arrojado al auto.
— ¿Aang?, ¿Me escuchas? — Preguntó, con la intención de probar el sonido.
— Alto y claro. — Respondió su primo.
— Bien, avisame cuando 'Sami esté contigo.
— De acuerdo. No ha de tardar.— Y no se había equivocado, un minuto después la sexy voz de Asami se escuchó en sus oídos.
— Ya estoy aquí. — Asami dijo, haciendo que la chica sonriera.
— Inicia esto. — Korra apretó fuertemente el volante con sus dedos enguantados en tanto observaba el semáforo cambiar los colores. — "Será mejor que te consigas un psiquiatra, 'Sami, porque esto será alucinante"— Y en cuanto se tornó verde, arrancó con el rechinar de llantas y el rugir del motor.
Korra daba lo mejor de sí en cada segundo que estaba tras el volante, las curvas las tomaba con impecable destreza, mantenimiento una muy buena velocidad, con buen manejo de la palanca de cambios. Se estaba luciendo todo y por Asami. De vez en cuando, miraba hacia el balcón para asegurarse de que aquellos ojos que tanto adoraba seguían sobre ella, cosa que confirmaba también cuando la actriz le decía palabras de ánimo a través del micrófono, cosas como "¡Eso fue muy bueno!" o "¡Así se hace, Korra!" hacían que una sonrisa se instalara en el rostro emocionado de la morena.
De pronto, una voz masculina se dejó escuchar después de un comentario de Asami, quien, al parecer, había olvidado soltar el botón.
— Hola, ¿Qué haces por aquí? — La escuchó decir.
— Pasaba cerca y me comentaron que Aang estaba por aquí y vine a saludarlo... ¡Oh! Ahí está.
Y de ahí, no escuchó más. Sin demorar, cambió de velocidad y aceleró a fondo para poder ver de quién se trataba, puesto que su voz no se le hacía familiar por el micrófono. Casi se estrelló contra el muro de contención cuando se dio cuenta de que era el mismo Iroh II en persona; pero esa no era la peor parte, la peor parte era que se había llevado la total atención de Asami en un ratito. ¿Es que nunca iba a dejar de joder?, ¡Todo iba bien!, ¡Iba perfecto! Al fin había logrado tener a Asami enfocada en ella y llega ese idiota a cagarlo todo.
Pero si creía que se iba a salir con la suya, estaba muy equivocado. Korra no se iba a rendir, no señor. Iba a tener la atención de la actriz, así fuera lo último que hiciera.
Justo eso cruzaba su mente cuando su vista dio con lo que necesitaba: Había dejado atrás una puerta de alambrado con una cadena y un candado como único seguro para no ser traspasado. Era perfecto, sabía con exactitud que tras esa puerta estaba su pista de juegos, la pista por la que todo mundo tenía miedo de dejarle en volante. Eso era lo que requería para ganar la atención de Asami de vuelta. Con la ayuda del freno de mano, hizo un derrape para dar una vuelta en U que hizo bastante ruido, pero que la posicionó a una distancia ideal. El auto, a una velocidad adecuada, podría atravesar esa puerta sin ninguna dificultad y, además, una de las cosas que hacían de este su auto favorito, era que tenía radio. SU radio.
— ¿Korra? — Oyó a su primo decir en su oído. — ¿Qué estás haciendo?
— Lo siento, Aang... Pero entraré en Estado Avatar.
— ¿Qué? ¡No! ¡Lo prometiste!
— ¿Qué sucede? — Oh, vaya. Al parecer esto era más interesante para la francesa.
— Nada en realidad, 'Sami. — Le respondió entre dientes. — Sigue en lo tuyo.
— ¡Korra, ni se te ocurra...!
Pero la vocalista no alcanzo a escuchar el resto de lo que Aang le dijo porque ya había encendido la radio y puesto a todo volumen la canción de Gasoline; era ahora o nunca. Se quitó el casco y arrojó los audífonos por la ventanilla antes de volverselo a colocar. Movió la palanca y pisó el acelerador dispuesta a romper aquella barrera.
Cada vez se hallaba más cerca del punto y, justo como lo había predicho, cuando impactó la reja cedió y le dio acceso a una pista de trucos especial para autos. Tenía rampas de diferentes tamaños y longitudes, montículos para saltar y obstáculos varios, todo esto en un enorme y amplio espacio. Su mirada zafiro se clavó de inmediato en una rampa algo delgada y muy corta. Condujo hacia ella con la velocidad que aquel truco requería y con un movimiento de volante, logró hacer que dicho vehículos se mantuviera en dos ruedas, guardó el equilibrio por unos metros y después lo volvió a poner en las cuatro.
Uno por uno, Korra comenzó a hacer trucos cada vez más osados. Derrapes peligrosos a toda velocidad, saltos pequeños, vueltas de 360 grados, de 540 grados, revers parkings en espacios reducidos... Pero quería más. Más adrenalina. Entrar al Estado Avatar de una vez, y sabía cómo lograrlo. Condujo hasta el fondo del lugar, donde dos rampas se hallaban a una distancia notoria, bastante alejadas una de otra. Éstas eran grandes, cosa que las hacían perfectas para lo que iba a hacer.
Se posicionó hasta casi el borde de la pista y, soltando un suspiro para darse valor, apretó el acelerador para dirigirse a la rampa que tenía más cerca. Iba a saltar la distancia. Aceleró y aceleró, y cuando ya la iba a alcanzar cuando algo llamó su atención.
— ¡Korra!
Volteó la cabeza y ahí estaba Asami. La francesa había llegado en una motoneta conducida por Aang. Ambos lucían semblantes preocupados y corrían hacia ella. ¿Qué hacían ahí? Se suponía que verían todo desde la torre... Fue en ese exacto momento cuando la morena sintió cómo se le acababa la rampa y empezaba a andar por el aire, rápidamente miró hacia enfrente y hasta entonces se dio cuenta de su error: Se distrajo.
Ya era demasiado tarde, su mirada azul contempló con horror que no había alcanzado la velocidad adecuada, y lo hubiese sabido de no haber puesto su atención en otra cosa. El filo de la parte más ancha de la otra rampa fue lo último que vio antes de sentir un fuerte golpe y luego nada.
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