Hola, hola, guys.
Lamento la demora.
No tengo excusa lo sé.
También sé que cada capítulo respondo sus reviews, pero… ¿Qué les parece si nos saltamos eso y nos vamos directamente a lo que les interesa?
Aquí el capítulo.
PERO ANTEEEES:
Suelo escribir one-shots en mi tiempo libre. Si quieren alguno en especial, no duden en pedirlo y lo haré lo mejor que pueda SIN COSTO, sólo por amor al arte (?)
Ahora sí, disfruten.
Los personajes no son míos, la historia sí.
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Miércoles. Korra despertó sintiendo ganas de salir a algún lado. No había quedado con la familia francesa y no quería importunar llegando de repente a su casa, ¿Qué pasaba si Asami tenía planeado pasar el día sólo con sus hijos? No iba a ir con ellos para evitar eso, mas le pareció una idea aburrida el quedarse en su casa sin hacer nada. Fue ese pensamiento lo que la hizo decidir que sería bueno pasear un poco en solitario. Se vistió con unos vaqueros, una chaqueta café, lentes de sol y una gorra para que pudiera tener un poco de privacidad. Una vez lista, Korra decidió desayunar un par de tostadas con mermelada y un vaso con leche. Al igual que ella, Naga también tuvo un desayuno, que consistía en un enorme plato de croquetas y agua.
— Hoy daremos un paseo, Naga. — El enorme can la miró unos segundos y continuó con su comida, dándole poca importancia a lo dicho por su dueña.
Más pronto que tarde, la morena le puso la correa a su mascota y salieron de su casa rumbo al parque, el cual estaba a veinte minutos caminando. Para su suerte, Naga sabía comportarse bien en la calle, la misma vocalista se había asegurado de que no existiera ni una posibilidad de que atropellaran a su fiel amiga. Era por eso que Naga sabía cruzar de forma segura, cosa que le ayudó a Korra a no morir en el trayecto.
El parque era un lugar amplio y basto, con vegetación de todo tipo, haciéndolo ver verde a pesar de tener los caminos hechos de concreto. Había zonas para actividades al aire libre y juegos para niños, todo rodeado por rejas altas con terminación en pico con forma de un as de póker, que contrario a hacerte sentir atrapado, te hacía sentir seguro y protegido de cualquier cosa. Estaba usualmente lleno, pues el aire fresco que se respiraba en ese lugar era delicioso, los niños jugaban alegres, los adultos hacían ejercicio o paseaban, las parejas tenían citas y los pájaros cantaban alegres, había incluso algunas ardillas buscando comida con los visitantes, acostumbradas al buen trato que ellos les daban. Korra miró a su alrededor y suspiró agachándose a la altura de Naga y para comenzar a sacarle la correa.
— Te vuelves a lanzar al lago y te prometo que no te vuelvo a traer nunca, ¿Entiendes?
Naga ladró, dándole a entender que la advertencia había quedado clara. Cuando se vio libre de su atadura, echó a correr rumbo a quién sabe dónde, perdiéndose de la vista azul de Korra sin querer esperar más. La morena suspiró. Naga siempre hacia eso, disfrutaba de recorrer aquel parque por su cuenta, pero sabía que, en exactamente una hora, su blanca amiga estaría esperándola en la banca de siempre para regresar a casa.
Sacó sus audífonos y los conectó a su celular. Le dio play al aleatorio y se los colocó en los oídos. La canción What if de Emilie Autumn comenzó a llenar su ambiente. Últimamente había escuchado cada vez más de aquella música y le estaba agradando bastante. Mientras escuchaba esa canción, comenzó a pensar, como siempre, en Asami.
Le gustaba demasiado, lo suficiente como para que quisiera intentar tener algo con ella, lo suficiente como para que su corazón latiera con fuerza teniéndola cerca, pero había un problema: Quizás Asami no se fijará en la rockera por el simple hecho de que piensa que es una niña más; de hecho, sus acciones no habían sido las más maduras recientemente. Korra quería demostrarle que era más que eso, era como decía la canción: ¿Que si fuera más de lo que la actriz veía?
Fue en ese momento que algo le tomó por sorpresa: Una mano se había posado en su hombro de forma repentina, sorprendiéndola. Dio gracias a los patos por voltear antes de actuar, pues esa persona era nada menos que Yue, quien le sonreía de ese modo tan dulce que siempre tenía para con ella. ¿Por qué últimamente se la estaba topando tanto?
— Hola, Korra. — Le saludó la chica.
— Hey, ¿Qué tal?
— No me quejo. — Respondió. — Te estuve llamando desde hace poco pero parecías no escucharme. — Señaló en un tono de falso reproche.
— ¡Oh! Lo siento. — Se sacó uno de los audífonos y lo mostró. — Estaba escuchando música.
— Te veías pensativa.
— No es nada realmente nuevo. — Le dijo, refiriéndose al pensamiento mientras sacaba su celular para detener la música, permaneciendo en silencio un momento.
— ¿Y Naga?
— La solté hace unos minutos. — Yue soltó una risa nasal mientras asentía, pues ella sabía muy bien lo que hacía Naga después de eso. — ¿Qué haces por aquí?
— Quería despejar mi mente. — Confesó, mirando de nueva cuenta hacia al frente y comenzando a caminar, en tanto Korra le seguía. — Hace ya un tiempo que la tengo revuelta.
— ¿Por la boda?
— Sí. — Suspiró. — Se siente extraño, como un golpe de realidad que me tomó desprevenida. — Su mirada baja y su semblante lánguido tomaron a Korra de sorpresa.
— ¿Qué quieres decir con eso? — Ante el sondeo de la otra, Yue se detuvo de golpe. Le pareció a Korra que estuvo a punto de decirle algo, aquel movimiento de labios, esa mirada en sus ojos lo indicaba. Pero nada salió, al menos nada real.
— No me imaginé que todo fuera tan rápido, eso es todo. — Mentía, Korra lo sabía. Sin embargo, la conocía: No le gustaba que la presionaran. Fingió que le creyó y la siguió, continuando aquel camino sin rumbo a través del parque. — ¿Y qué tal tú?, ¿Cómo va esa nariz?
— Va mejorando de a poco. — Yue se adelantó unos cuantos pasos, deteniendo su andar justo frente a frente de Korra.
Para sorpresa de la morena, Yue se acercó bastante a ella, con cuidado y lentitud comenzó a retirar los lentes para después colocar ambas manos a los lados de su cara y acariciar con sus pulgares las notorias ojeras que el golpe formó bajo los zafiros de Korra, con el cariño con el que siempre la había tratado.
Sin embargo, aquello no sólo sorprendió a Korra, sino que también la incomodó en un buen grado, tanto, que la vocalista creyó que Yue pudo leer su mirada de extrañeza, pues se contuvo de hacer cualquier cosa que tuviera planeada y se separó de ella. Una vez se vio libre de aquel contacto, la morena se apresuró a ponerse los lentes de vuelta y, tratando de quitarle incomodidad al asunto, decidió seguir con la conversación.
— ¿Cuál es el diagnóstico?
— Sí va mejorando. — Reanudó la marcha. — Al menos no parece patata.
Ambas comenzaron a reír por ello, la imagen de Korra con nariz de patata era bastante graciosa; continuaron con la caminata de la misma forma en que lo habían estado haciendo, hablando de tantas cosas que el momento extraño que habían tenido hace poco desapareció entre las bromas y los comentarios divertidos. Fue hasta que comenzaron a bordear el lago en su paseo cuando una hilera de bancas a unos metros de la orilla se dejó ver. Sin previo aviso, Yue se acercó a una en especial que estaba en medio de las otras y, ante la mirada extrañada de Korra, se empezó a reír.
— ¿De qué te ríes? — Le preguntó la vocalista, mientras la miraba acariciar el respaldo del asiento con la yema de sus dedos.
— Desde aquí te vi caer al lago. — Señaló, casi con el mismo tono reservado sólo para contar momentos entrañables.
— Por supuesto. Estoy segura de que verme casi morir fue divertido. — Refunfuñó la morena con un puchero en los labios, el cual hizo reír más a la mujer de cabello de luna.
— Lo fue al inicio. — Dijo suspirando, nostalgia emanando de sus azulinos ojos, los cuales se mantenían en la banca de concreto liso. Rodeó y se sentó en ella, mirando el agua brillante por el agradable sol de la tarde. Korra la miró curiosa y procedió a tomar asiento a su lado, pues no se quería quedar parada sola.
Ambas estuvieron ahí un buen rato, en silencio, observando atentas el lago y a las personas que disfrutaban de él, no sólo en balsas o botes, sino a su alrededor, haciendo picnics o dando de comer a los peces. Y estaba tan concentrada en eso, que cuando sintió la cabeza de la otra chica acomodarse en su hombro, Korra se tensó por la sorpresa. Hacia tanto tiempo que no estaban en esa posición que ya se había olvidado de lo que se sentía.
Se había olvidado a tal grado que ahora estar así le daba nervios y una extraña sensación de paranoia.
Por alguna razón, la vocalista no se sentía a gusto con Yue en esa posición, creía que de la nada Asami iba a salir y encontrarlas así. La idea la puso tan nerviosa, que comenzó a mirar a su alrededor buscando una excusa para levantarse e irse. Era su día de suerte. A lo lejos, corriendo en cuatro patas, la figura de su mejor amiga se dejó ver. La hora ya había pasado y estaba en camino a la banca en la que siempre esperaba a Korra. La morena se levantó, deshaciendo por fin la posición, y le silbó, llamando la atención de Naga.
Cuando al fin estuvo a lado de ellas, Korra se agachó y comenzó a acariciarla animada, agradeciendo en su mente por su conveniente aparición. — ¿Qué tal el paseo, amiga? — Le preguntó, sintiendo lengüetazos en su rostro como respuesta, la rockera rio. — Me alegro por ti, ¿Ya viste con quién estoy? ─ Naga por fin dirigió su oscura mirada hacia Yue, quien le sonrió animada.
─ ¡Hola, Naga! ─ Dicho eso, el enorme animal dejó las caricias de su dueña para dirigirse hacia Yue, quien la recibió con una gran cantidad de palabras de cariño en el tono meloso que se usa para una mascota. Ellas dos siempre se habían llevado increíblemente bien, tanto, que Korra llegó a pensar en eso como una señal. Naga nunca había sido tan cariñosa con alguien que no fuera la misma morena que la vio nacer, y que aceptara a Yue de la misma forma le daba constancia a sus sentimientos por ella. Eso hasta que llegó Asami. Su amiga peluda y la hermosa actriz francesa se habían entendido desde el momento en que una posó los ojos sobre la otra. En su momento, Korra había sentido una enorme confusión, ahora eso se había ido.
─ Será mejor que regrese ─ Comentó mientras aprovechaba la distracción de Naga para ponerle la correa. ─, aún tengo que descansar, ya sabes. ─ Señaló su nariz, torciendo su boca.
─ Por supuesto. ─ Y sus brazos rodearon el torso de Korra, en un abrazo que duró un par de segundos más de lo que suelen durar. La morena de cabello corto correspondió, sabiendo que era una costumbre que no se podía quitar aún. Le preocupaba Yue, había estado extraña por días y no parecía poder abrirse con nadie al respecto, empero, no dijo nada. Decidió regalarle una sonrisa cálida en su lugar, misma que fue devuelta. ─ Fue un gusto verte, Ko.
─ Lo mismo digo.
─ Y por supuesto que también me encantó verte, Naga. Cuídala por mí, ¿Quieres? ─ Yue le guiñó el ojo y la mencionada ladró gustosa, antes de volver a jadear con su lengua de fuera. ─ Hasta luego.
─ Nos vemos. ─ Dicho esto, Korra decidió comenzar a caminar hacia las afueras del parque, de vuelta a Ciudad República. Mientras, su mente se volvía una fuente de innumerables pensamientos, entre los cuales, los que más destacaban era su situación, aquella previamente vivida.
No recordaba haberse sentido incómoda en la presencia de Yue, mucho menos por un poco de contacto físico entre ellas. No recordaba haber sentido ganas de mirar para todos lados y asegurarse de que otra persona la estuviera viendo, como si estuviera haciendo algo malo. Y no lo recordaba porque sencillamente estar al lado de Yue se sentía bien, porque ella era la única persona por la cual evitaba entrar en una situación comprometedora con alguien más. Todo estaba cambiando: la ciudad, las personas, los días y sus sentimientos no podían ser la excepción; y todo gracias a una persona: Asami Sato. Y a pesar de que había salido de ese enamoramiento para pasar a otro, Korra no se había sentido así de libre en mucho tiempo, tiempo en el cual estuvo llorando la pérdida de aquella hermosa mujer de cabellos platinados, sabiendo que probablemente jamás la iba a recuperar. Era una libertad rara, lo sabía, pero era libertad. Por fin había dejado que su corazón sanara para dejarle camino a otra mujer, a una francesa que, se decía, tenía que invitar a salir en el momento en que volviera a pisar el suelo de su departamento.
Incluyendo a sus hijos, por supuesto.
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Jueves. Se había levantado temprano, las 11:00 para ella solía ser una buena hora. Se había alistado y había preparado el día con la anticipación de una persona que no podía dormir bien en las noches. Iba a invitar a Asami esa misma tarde.
Le había mandado un texto en la noche, en el que le pedía que no hiciera planes para la tarde, para su suerte, la francesa casi no había puesto objeción alguna y había aceptado la idea. Iba a llevarlos a lo que era, en su muy importante opinión, el mejor lugar en el mundo entero: Guerra de láser. Era una atracción bastante popular entre los ciudadanos, consistía en entrar en equipos de varias personas sin importar las edades a una cámara especial, con armas que disparaban rayos azules y lentes de realidad virtual. El objetivo era matar a tantos enemigos, reales o ficticios, pudieras con tres puntos de vida por cada jugador. Después de eso, irían a comer al mejor restaurante de fideos en Ciudad República: El restaurante de Fideos de Algas Narook. Y como si eso fuera poco, planeaba pasar por un helado y sólo después de ese postre los llevaría a casa. Era el plan perfecto.
Así que, con una maravillosa perspectiva del día, se tomó las pastillas y salió feliz de su casa, sin olvidar alimentar a Naga, por supuesto. Tomó un taxi para mayor seguridad y se dirigió al estudio de grabación, pues sabía perfectamente bien que ahí estaría Asami. Debido al problema con su nariz, Korra no podía seguir grabando el video clip, sin embargo, se encontraban ya en las rectas finales y las escenas importantes estaban ambientadas en París, por esa razón y sólo por eso, el director no había sufrido un paro cardiaco. Conociendo muy bien el lugar, encaminó sus pasos hacia el camerino de Asami, mas fue detenida por un rostro familiar.
─ ¿Qué haces tú aquí? ─ Kuvira se había plantado frente a ella, con un gesto extrañado y molesto en ese rostro tan militar.
─ Vine por ´Sami. Vamos a salir. ─ Le explicó, sabiendo que la mujer del lunar no era tan estricta como Katara. Sin embargo, el recuerdo de la chica morena le dio escalofríos a la vocalista. ─ ¡Por favor, no le digas nada a Katara! ─ Ante eso, Kuvira soltó una pequeña risita.
─ No le diré, tranquila. Supongo que es mucho pedir que te quedes en cama, ¿No es cierto? ─ Orgullosa por un alago que sólo ella vio, Korra sonrió gatunamente y asintió con la cabeza. ─ ¿La esperarás en su camerino? Está grabando su última escena, no tarda en ir para allá. ─ Recomendó, señalando sobre su hombro derecho con su dedo pulgar.
─ Esa es buena idea.
─ Bien, entonces te veo luego. Trataré de pasar mañana por tu casa. ─ Le dijo la guitarrista. ─ Yo debo regresar a grabar.
─ Por supuesto. Nos vemos, Kuv. ─ Con ánimos renovados, y más al saber que Katara no estaría al tanto de su visita al set, Korra siguió su camino, rumbo a los camerinos hasta dar con el que, sin duda, era el de la francesa de labios rojos. No es que fuera tan difícil de hallar, simplemente debía buscar aquel que tuviera su nombre en la puerta.
Korra subió los peldaños que había en la entrada e ingresó, sentándose en el pequeño pero cómodo sillón, en el que acostumbraba esperarla como las veces anteriores. Suspiró hondo y miró a su alrededor, topándose con cambios de vestuario que no había visto, el maquillaje que usaba frente al espejo del tocador y, a un lado, el celular de la actriz. No pudo evitar sonreír ante ese profesionalismo, tanto que prefería dejar su celular en el camerino. Pensó en el tiempo que pasaba ahí junto con Asami, o en el camerino que usaba en Francia, donde los ataques de pánico la controlaban más que la racionalidad; Asami había llegado a cortar escenas solamente para asegurarse de que ella estuviera bien, no dejándola ni un segundo hasta que no se recuperara lo suficiente como para dejar de temblar. En eso pensaba cuando escuchó a alguien tocando la puerta, tomándola por sorpresa. Sin saber qué hacer muy bien, la morena se levantó de su asiento y fue a atender la llamada. Su sorpresa fue grande cuando un enorme arreglo de flores con piernas fue lo primero que vio.
─ Entrega para Madame Sato. ─ Y se asustó más al notar que hablaba. Pero pronto su cerebro hizo la conexión debida. Tragó saliva y habló.
─ Yo la recibo. ─ Con cuidado de no lastimar su nariz, tomó las flores que el repartidor le ofrecía y las colocó con sumo cuidado sobre la única mesa disponible en el lugar. Para cuando giró a ver al muchacho, este ya tenía en la cara un gesto de impresión, seguramente otro fan.
─ F-firme aquí… ─ Le pidió casi en un susurro, Korra tuvo que morderse la lengua para no reír mientras hacía lo que se le había indicado.
─ Ahí está. ─ Anunció, devolviendo la pluma al joven.
─ Eh… Disculpa…
─ ¿Qué sucede?
─ ¿Me darías tu autógrafo? ─ Con una sonrisa enorme, Korra aceptó el bolígrafo negro que el repartidor le tendía y firmo el brazo del chico, quien veía todo con asombro y emoción. ─ ¡Muchas gracias! Tenga buen día. ─ Se acomodó la gorra como gesto caballeroso y salió del lugar por donde había llegado, montado en una motoneta roja.
Korra negó con la cabeza, divertida y volvió a su asiento, mirando el arreglo con atención. Para ella, resultaba ser normal, una actriz tan famosa como Asami debía recibir miles de esos durante el día. Con ese pensamiento, se levantó de nuevo, yendo a ver si podía encontrar la tarjeta de dedicatoria. Con curiosidad, comenzó a buscar entre las flores hasta que dio con la nota. La tomó entre sus dedos y leyó.
"Un detalle que espero te alegre el día, como tú me lo alegraste a mí.
General Iroh II.
Estuvo tan tentada a quitar la tarjeta para siempre de ahí, romperla en trocitos, comérsela y decir que ella lo había comprado para la francesa, pero se obligó a pasarse el impulso como se pasaba las pastillas: Sin agua y de a una y en su lugar se quedó sentada, observando el arreglo como si fuera algo de lo más desagradable hasta que la actriz llegó. Primero escuchó las pisadas y luego la puerta abriéndose para dar paso a la hermosa mujer que era Asami. Sus ojos azules por fin se desprendieron de las flores y se toparon con los verdes de ella, quien sonrió ampliamente antes de correr a saludar a la rockera con dos besos en la mejilla.
─ Korra… Bonjour. ─ Mas Korra no se encontraba de humor.
─ Te trajeron algo. ─ Su tono escueto de voz cambió el gesto de Asami, quien con el ceño fruncido miró las flores con atención por primera vez. Acercándose al arreglo, tomó la nota que la morena había dejado en su lugar, leyéndola.
Como si el simple hecho de tener el arreglo directamente en el rostro no fuera suficiente molesto para Korra, la sonrisa que se dibujó en los labios rojos fue un golpe a su estómago, rematándolo el hecho de ver a Asami tomar una de las flores y, posteriormente, acercársela a su nariz para disfrutar de la fragancia con los ojos cerrados. La morena veía todo con el ceño fruncido y una sensación molesta en el pecho. Demonios, sí que quería golpearlo directamente en la cara.
─ ¿Por qué esa expresión? ─ La voz de Asami la sacó de sus fantasías, en las que tenía al general en el piso. Sacudió la cabeza para borrar el gesto y se encogió de hombros.
─ Nada… ─ Masculló Korra.
─ ¿Celosa? ─ La mirada de la rockera buscó a Asami con sorpresa y un ligero sonrojo en las mejillas. ¿A qué se refería la francesa? ¿Se refería a lo que había dicho la vez pasada, o es que Korra era muy obvia en ese momento?
─ ¿Qué? ─ Mas Asami no respondió a su pregunta, se dedicó a regresar la flor donde estaba y caminar hacia donde su teléfono yacía.
─ ¿Qué haces en mi camerino? ─ Le preguntó sin rastro de enojo, sólo curiosidad.
─ Estaba esperando a que terminaras de filmar para ir por los niños. ─ Nuevamente su ánimo mejoró, olvidándose por completo de analizar las palabras en la nota. O tan siquiera de recordarlas. ─ Estoy segura de que nos vamos a divertir muchísimo. ─ Asami sonrió.
─ Dame unos momentos, ¿De acuerdo? ─ Korra asintió y Asami se metió al baño del lugar con una muda de ropa. Sólo esperó menos de veinte minutos antes de volverla a ver fuera, con sus ropas casuales puestas. ─ ¿Nos vamos? ─ La morena se puso de pie y con el buen humor que la caracterizaba, salieron directo a la camioneta que la Sato había rentado para su estadía ahí.
El camino hacia la casa de la familia francesa estuvo lleno de varios temas de conversación, desde comida hasta música. Uno, sin embargo, fue el que duró mucho más que los otros, y ese era lo que hacen los niños mientras Asami iba a trabajar.
─ … Sé que pueden cuidarse ─ Comenzó a explicar. ─, Gu en es un excelente hermano mayor; pero me preocupa que estén solos mucho tiempo, pero nunca me van a perdonar que contrate una niñera. ─ Asami se veía a simple vista dividida, pero Korra no tuvo que pensar demasiado para hallar una solución.
─ Entonces no lo hagas. Yo puedo cuidarlos. ─ Se ofreció de inmediato.
─ Oh, no … ─ Asami miró a Korra sólo unos segundos, sorprendida por su oferta, antes de regresar al camino. ─ No me gustaría causar molestias.
─ No lo harás. ─ Le aseguró ella. ─ Por lo de mi nariz lo único que puedo hacer es "estar en reposo" ─ Imitó la voz del Aang como si fuera un viejito. ─ ¡Es aburrido! Y me hace sentir sola. ─ Volvió a obtener por un segundo la atención de Asami. ─ Ellos me harán compañía. Además, dentro de poco comenzarán los ensayos y grabaciones del álbum y estoy segura que a Gu en le encantaría verlos. ─ Silencio por unos momentos.
─ ¿Estás segura, Korra?
─ Muy segura. ─ Ni siquiera lo tenía que pensar en realidad.
Al poco rato, llegaron a su destino. Cuando entraron a la casa, los hijos de la francesa estaban más que listos para partir. Lucían tan emocionados que al ver a Korra, Gu en se tuvo que contener para no darle un abrazo, claro que Azumi no lo hizo y se volvió a arrojar a los brazos de la morena sin dudar.
─ ¿A dónde iremos, Korra? ─ Preguntó Gu en, dirigiéndose a la chica que aún tenía a Azumi cómodamente en brazos.
─ Eso, mi amigo, es una sorpresa. ─ Respondió ella. ─ Pero es mejor irnos de una vez.
─ En ese caso, deberían subir al auto de una vez, ¿No? ─ Dijo Asami con una dulce sonrisa. Gu en asintió y salió tras su madre para ingresar a la camioneta, seguidos de Korra y, por lo tanto, Azumi también.
Al ser la única persona que sabía a dónde se dirigían, y también la única a la que Asami no le iba a dejar conducir, Korra tuvo que guiarlos desde el asiento del copiloto. Fue un milagro que pudiera hacerlo correctamente, pero eso no lo iba a decir en voz alta. Claro que ninguno de los Moulian-Sato entendió el motivo por el cual Korra los había guiado a un sucio callejón.
─ ¿Es aquí? ─ Preguntó extrañada Asami, mirando el paisaje con una ceja alzada.
─ Sí, pero tranquilos. Es la puerta trasera. ─ Explicó rápidamente, haciendo que el resto de la familia atara cabos. ─ No seremos muy molestados si entramos por aquí, para entrar la fila es enoooorme. ─ Asami apagó el motor y en seguida bajaron, siguiendo a Korra hacia una puerta doble de metal blanco con un letrero que rezaba "Exit", donde la rockera tocó tres veces en un ritmo específico, pues de esa manera sabían que era ella.
Pronto, un joven adolescente con aspecto desaliñado y barros en el rostro les abrió la puerta. La música de guerra con ritmo electrónico se escuchó con claridad, el chico las saludó visiblemente emocionado, ¿Y cómo no estarlo? Con voz temblorosa y una sonrisa idiota y enorme, el joven los invitó a pasar. Lo primero que Korra hizo al entrar, fue observar las reacciones de los más jóvenes. Ambos lucían bastante asombrados, mirando boquiabiertos todo a su alrededor. Las luces de neón del lugar eran blancas, con varias pantallas enormes mostrando a la gente jugando y algunas promociones en las paredes. Tenía un tema futurista militar que lo hacía ver épico y las diversas armas a escoger eran mostradas para todos. Los tres franceses estaban impresionados. Fue en ese momento cuando unos tacones resonando se escucharon cada vez más cerca, las miradas de todos se dirigieron hacia el lugar de donde provenían y se toparon con una hermosa mujer de menos de veinticinco años caminando hacia ellos. La mujer portaba un impecable traje con falda que abrazaba su cuerpo perfectamente.
─ Eso es todo, Lee. ─ Despidió al muchacho una vez llegó con ellos. ─ Yo me encargo en adelante. ─ Su voz era tan profesional y amigable a la vez, que Korra se encontró sonriéndole amigable en muy poco tiempo. ─ Mi nombre es Ji Peach, y soy la encargada del lugar. ─ Dijo amablemente. Si tan solo Korra fuera más perceptiva, hubiese notado que la Srita Peach sólo se dirigía a ella. ─ Es un increíble honor tenerlos hoy aquí.
La misma joven encargada fue la indicada de enseñarle el lugar, decirles las instrucciones y llevarlos a la sala que iban a ocupar, sin embargo, con cada indicación que lo requería, usaba a la morena como modelo para el ejemplo, colocándole los lentes, tocando su abdomen y espalda más de lo necesario al mostrar los puntos donde debían disparar y mirando a Korra directamente a los ojos con una sonrisa que catalogaba en lo coqueto, pero que Korra nunca notó. Para ella, era normal que alguien fuera tan atento con esta clase de explicaciones. Ni siquiera se dio cuenta de la mirada de aprobación de Gu en, o de los ceños fruncidos que los rostros de Azumi y Asami habían dibujado.
─ El juego termina cuando suena la alarma, o si se quedan sin vidas, ¿De acuerdo? ─ La mujer rubia preguntó, batiéndole las pestañas a la morena.
─ Sí, todo listo. ─ Respondió Korra con entusiasmo.
─ Me alegro mucho. Si necesitan cualquier cosa ─ Miró a la familia por vez primera en un buen rato. ─, o no… ─ Miró a Korra. ─ No duden en llamar.
─ Sí, muchas gracias. ─ Y la sonrisa de la vocalista se ensanchó, emocionada por empezar al fin.
─ Disfruten su estadía. ─ Y son esas palabras, se alejó, moviendo las caderas más de lo necesario.
─ Bueno ─ Tomó su arma y se la recargó en el hombro. ─, ¿Estamos todos listos? ─ Las respuestas que recibió Korra a su pregunta fueron variadas. ─ De acuerdo… ¡Hey, Azumi!, ¿Te gustaría subirte a mis hombros y disparar como si estuvieras en un caballo?
─ No. ─ Respondió la más pequeña, cortante y tajante. Después de eso, giró la cabeza de forma dramática. ─ ¡Hm! ─ Se cruzó de brazos y se colocó tras su madre, molesta. Korra miró con confusión la escena, para luego preguntarle a Asami con la mirada qué había pasado, pero para su sorpresa, la francesa también la ignoró, comenzando a caminar a la sala. Más confundida aún, miró al único que quedaba a su lado, recibiendo un encogimiento de brazos, sin saber tampoco qué sucedía.
La tarde dentro de esa sala fue realmente divertida a pesar de lo que había pasado antes de entrar, todos habían logrado anotar varios puntos, incluso la más pequeña de las francesas había logrado acabar con un par de enemigos; sin embargo, la rubia seguía extrañamente enojada con Korra, quien no tenía ni la menor pista de porqué. Cuando por fin salieron de ahí, los humos estaban más relajados, pero no tanto como a la morena le hubiese gustado. Hicieron su camino a los fideos Narook, nuevamente dirigidos por Korra, quien trataba una y mil veces de que Azumi le hiciera caso, sin éxito.
─ Hemos llegado. ─ Anunció cuando Asami se estacionó en el lugar que Korra le había dicho. ─ Es el mejor lugar para comer fideos en toda Ciudad República. ─ A Korra y a los demás miembros de la banda les gustaba bastante aquel lugar, las personas que iban usualmente no los molestaban, por lo que creyó que era un buen lugar para que comieran, y lo fue. Nadie se acercó a pedir fotos o autógrafos, respetando que quisieran tener una comida en paz. ─ Hay una parte del lugar donde comemos los chicos y yo para tener una buena vista. ─ Justo iba a decir más cuando un mesero se les acercó para llevarlos al lugar que Korra había pedido con antelación.
La parte del restaurante que Korra había pedido era una pequeña parte donde se encontraba una terraza, desde la cual les esperaba una mesa puesta para cuatro personas, y desde la cual se puede ver la isla de los acólitos donde vivía la familia de Korra, el sol se podía ver iluminando lo suficiente como para que el agua pareciera hecha con detalles de oro, pero sin molestar a los ojos. Era un panorama hermoso de presenciar y Korra lo sabía, por eso había apartado ese lugar, y la cara de los franceses al ver hacia afuera lo valió.
─ ¿Te gusta la vista, Azumi? ─ Un nuevo intento de parte de Korra. La francesita la miró por unos segundos y regresó la vista al mar, ignorando su pregunta. Korra comenzó a pensar detenidamente en qué podría haber hecho para que Azumi se enojara con ella, pero por más que lo pensaba, no podía hallar la respuesta.
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Para cuando terminaron de comer, nadie puso en duda la calidad de los fideos. La familia estuvo de acuerdo con Korra: Esos eran los mejores fideos de algas del planeta entero. Sin embargo, para la vocalista la diversión no terminaba ahí, pues era el turno de los más pequeños de ver el parque y, si así lo querían, tomar un helado. Cosa que obviamente sí quisieron, de hecho, lo primero que hicieron llegando al lugar, fue dirigirse al hombre con el carrito para obtener un poco de postre. Mientras tanto, Korra seguía pensando en la mejor manera de disculparse con Azumi por algo que no recordaba haber hecho, pero por más intentos que hacía, todos terminaban mal, o con la pequeña francesita ignorándola después de haber pedido el sabor chocolate. Sin ya saber qué hacer, y sintiéndose un poco desesperada porque su pequeña princesa no le hacía caso, Korra decidió tomar acción como toda buena guerrera del Polo Sur.
─ ¡Por favor, Azumi! ─ Exclamó con un puchero y ojos de perrito. ─ ¿Qué debo hacer para que me dejes de ignorar? Me estás rompiendo el corazón. ─ Y lo decía en serio. La pequeña diablita con cara de ángel se llevó un dedo a la barbilla, pensativa. Casi como el gato de Cheshire cuando pequeño, una sonrisa astuta pero adorable se dejó ver en el cachetón rostro de la pequeña, antes de recitar lo siguiente.
─ Donnez à la mère un bisou. ─ La mirada confundida de Korra no se dejó esperar, por lo que Azumi decidió traducirlo con un poco de dificultad. ─ Besa a mamá.
La reacción de todos no se dejó esperar, la de unos mucho antes que la de otros. Gu en estaba sorprendido, los ojos azules abiertos tras el cristal de los lentes, Asami estaba sonrojada y con la misma reacción que su hijo en el rostro.
─ ¡Azumi! ─ Soltó la francesa mayor, mirando a la niña que sujetaba su mano con una sonrisa satisfecha.
Por otro lado, Korra sentía su corazón palpitar al mil por ciento. Tal vez esa era su oportunidad. Ahora, o nunca. Empero, la mirada interesada del heladero puesta más en la situación que en servir correctamente el producto la detuvo. Ella no quería meter en problemas a Asami, y menos en un lugar tan público como un parque, fue por eso que accedió a las demandas de la pequeña rubia y, parándose de puntitas, le dio un rápido y casi imperceptible beso en la mejilla, alejado notablemente de esos labios rojos. Azumi no tardó en inflar sus mejillas y dar un pisotón con el pie, mas antes de que pudiera decir algo, Korra dirigió su mirada al hombre que aún prestaba atención a la escena frente a él.
─ ¿Ya están los helados? ─ Con eso el señor pareció despabilar y siguió atendiendo el pedido, dándole a cada quien lo que pidió en poco tiempo, recibiendo su paga segundos después.
Pasearon un poco a través del parque. Azumi lucía bastante sorprendida de lo que el parque tenía, girando una y otra vez la cabeza para apreciar con mayor facilidad lo que el panorama le ofrecía, todo de la mano de su hermosa madre. Mientras, Gu en y Korra tenían una plática bastante amena de música, ritmos, posibles mezclas, pero en tanto lo hacía, los ojos azules de la vocalista se desviaban del muchacho a Asami. Lucía hermosa como siempre, o incluso más, no estaba segura. El corazón se aceleraba y sus mejillas se tornaban de un ligero color rosado al ver cómo el sol pegaba en aquella piel blanca tan suave como la misma seda, o por la forma en que sus ojos miraban a Azumi con adoración. Cada día se convencía más de ganarse su afecto de una u otra manera. Fue en ese momento en que algo grande y vistoso, de varios colores llamó la atención de la más pequeña de los cuatro: Una cometa enorme de una mariposa, con colores tan variados como el mismo arco iris. Azumi comenzó a aplaudir, emocionada por la imagen.
─ ¿Quieres volarla, Azumi? ─ La niña, con una sonrisa preciosa, asintió de inmediato. ─ ¿Qué te parece si mañana venimos temprano y volamos cometas?
─ ¿Cometas? ─ Bufó Gu en, sin lucir tan entusiasmado como su hermana menor por la idea.
─ También podríamos tratar con el motrocross, este parque es enorme y tiene bastantes actividades. ─ La morena se encogió de hombros como si no fuera la gran cosa, aunque por dentro sabía bien que con eso ya tenía al chico en la bolsa.
─ Eso no suena mal. ─ Y no estaba equivocada.
Más pronto que tarde, la oscuridad comenzó a caer sobre ellos, el sol se estaba ocultado y era momento de volver. Además, los niños lucían ya cansados, pero alegres. La rockera les había preguntado incluso si se habían divertido, los dos respondieron con alegría que sí, llegando a hablar entre sí de cuántos enemigos habían terminado en Guerra de láser y cómo los habían tomado por sorpresa. Korra y Asami se miraron y compartieron una sonrisa, seguida de un agradecimiento de parte de la actriz por el día que habían pasado a lado de la morena.
Esa noche, Korra durmió abrazada de nuevo a la almohada que había pertenecido a Asami durante el tiempo que había estado viviendo con ella. Definitivamente la extrañaba mucho, le hacía demasiada falta en su piso, en su cama. Era por las noches como esas en las que la decisión de conquistarla se hacía cada vez más fuerte. Tanto, que nuevamente comenzó a trazar un plan de acción. Al día siguiente, Asami tenía que grabar las últimas escenas del video, por lo que el sábado estaba más que libre, hasta donde ella sabía. Las grabaciones de la película comenzaban en seis días y, con ellas, el inicio de su nuevo trabajo como niñera. Era por eso que al día siguiente llegaría con un ramo de flores en la mano y la iba a invitar por fin a una cita.
Con ese pensamiento en mente, Korra durmió con una sonrisa en el rostro.
