¡Hola, chicos! Sé que han estado esperando mucho por esto… De verdad mucho (._. ¡Pero aquí está la actualización!
Una especial nota y agradecimiento para Demi Nicole por preguntarme si iba a seguir y animarme a seguir escribiendo para ustedes, y también un enorme agradecimiento a T0ph8eifon6 por sus palabras en Tumblr y su fantart, ¡Gracias por el fanart! ¡Me encantó mucho! (Perdón por no responderte el mensaje, pero quería responderte por aquí para que vieras lo mucho que me animó tu fanart a seguir)
Y ya sin más, como diríamos en México, ¡A lo que nos truje chenca!
~~~X~~~
Aquel domingo en la mañana el sol que alumbraba su rostro a través de la delgada rendija entre la ventana y su cortina se sentía diferente. Sus fuerzas no la habían abandonado en toda la noche, pero esta vez se trataba de una sensación retumbante en su pecho muy diferente a toda aquella que sintió en París hace ya algún tiempo. Alargó la mano por enésima vez y miró su celular, 8:59 am, una hora razonable, ¿cierto?, nadie sospecharía que pasó la noche en vela. Dejando que la misma extraña adrenalina que la estuvo acompañando tomara control de su cuerpo, abrió la aplicación de mensajería y comenzó a escribir.
"Debemos hablar, veámonos en el café cerca del ferry. Tú decide cuándo."
Dejó caer el celular sobre su pecho y cerró los ojos, apretando los parpados al tragar saliva. Estaba nerviosa, claramente y no podían culparla por ello. Hace menos de veinticuatro horas había hecho algo que jamás pensó hacer en el breve tiempo que llevaban conociéndose: Había besado a Asami Sato, la nieta de Madame y actriz estrella de Francia, una de sus más queridas amigas, su muy posible amor imposible… Y fue reciproco.
Abrumada por sus pensamientos, por los recuerdos y por los que estos significaban, Korra oprimió sus parpados con las palmas, tragándose las ganas de gritar de la forma más aguda y ahogada posible, tratando de mantener sus escalofríos a raya, mas no lo estaba logrando. Como un empujón directo a un vacío formado por ansiedad, una ligera vibración sobre su pecho la obligó a tomar el celular apresuradamente. ¿Podría ser alguien más? Aang, Katara, Kuvira… maldita sea, incluso podría ser Lin o el Sr. Roku, quien fuera, su mente la bombardeaba con posibilidades para ser capaz de resistir la decepción en caso de que no fuera una respuesta a lo que acababa de enviar recientemente.
Naturalmente, no estaba preparada para la emoción multiplicada que sobrevino al leer en su pantalla el contacto de Asami, contestando a su invitación.
"Hoy al mediodía."
Escueto y frio para algunos, pero perfectamente suficiente para ella, incluso podía imaginar la escena: Asami en su cocina, una taza de té en su mano y en la otra el aparato, los niños probablemente desayunando, ella sonriéndoles para ocultar… ¿Qué?, ¿Sus nervios?, ¿Irritación?, ¿Su emoción? —Raava, ayúdame… — masculló para sí misma, secretamente esperando una especie de energía divina salida de no importa dónde que jamás llegó. Por fin tomó las agallas de levantarse e ir a la cocina para tomar su desayuno.
Su entrenamiento últimamente era muy escueto desde que la nariz era un problema, simplemente un poco de cardio para mantener sus niveles de energía a raya, o eso se supone, lo único que hacía era mantenerla entretenida, eso era todo, y aunque tuvo mil y una peleas con Aang sobre el tema, la verdad es que, al menos en esa ocasión, Korra necesitaba con urgencia un poco de distracción. Fue un sencillo ejercicio sobre una escaladora y un poco de música de fondo lo que le ayudó a olvidarse por un momento de su cita del día, a poder expulsar esos nervios que le harían pasar las horas con tortuosa lentitud. Miró el reloj en su pared y detuvo el movimiento, si quería llegar al café a tiempo, necesitaba tomar un baño de inmediato. Nunca en su vida había puesto tanto empeño en dejar todo listo antes de salir, incluso su outfit lucía asombroso pese a ser algo casual en conjunto con la gorra y lentes oscuros que siempre utilizaba para tratar de dar cierto anonimato a su persona.
Llegó al café en taxi como estaba acostumbrándose a hacer desde su accidente. Korra no era una chica que destacara demasiado por ser puntual, muchas veces incluso tendían a retrasar reuniones y ensayos por culpa suya constantemente; sin embargo, era Asami quien la esperaba, y lo último que deseaba era que la diferencia de edad resaltara por su irresponsabilidad; es por eso que ahí estaba, entrado a la cafetería a las 12:00 horas, puntual. Fue una suerte enorme que nadie la reconociera, ni siquiera el taxista tuvo sospecha alguna de que estaba llevando a Korra Wright, y si tenía, no parecía importarle. Esas eran buenas noticias, no quería que se divulgara cualquier cosa que se hablara dentro de esas cálidas paredes. Necesitaban privacidad y no había mejor lugar para ello.
Una de las ventajas de aquella cafetería era la cantidad de clientes de renombre que tenían, era sencillo para la morena el caminar a la barra y adquirir una mesa en la zona exclusiva, lejos de toda la gente "común" que asistía por la calidad de los alimentos y el ambiente acogedor que brindaba. Fue durante la plática que sostenía con la encargada para obtener una de esas mesas cuando la puerta se abrió acompañada por el suave tintineo de la campanilla, Korra giró ligeramente la cabeza mirando sobre el hombro, un escalofrío recorrió su espalda, acelerando los latidos su corazón y llenándola de una emoción o ansiedad que solamente sentía ante un concierto masivo.
Asami Sato había llegado.
Fue un acto reflejo, ni siquiera fue capaz de analizarlo, pero de un momento a otro, Korra le sonrió, saludándola con la mano, emocionada; no podía evitarlo, estaba muy feliz de ver que no la había dejado esperando; tras lo que había sucedido entre ellas la noche pasada, no la habría culpado. Por su parte, Asami le devolvió una tímida y cortes sonrisa, sus pasos elegantes y seguros se dirigieron hacia la encargada del lugar, pasando de lado sin mirar a la morena. Korra agachó levemente la cabeza, sentirse ignorada por Asami le sentaba mal, no le gustaba en absoluto, no pudo evitar que su ánimo inicial flaqueara a tal grado por esa acción, que se limitó a seguir a la mayor después de que fuera también ella quien terminara de arreglar los detalles para obtener una mesa privada y sin irrupciones. En el rato que le tomó a Korra el deshacerse de sus gafas, de su gorra, y tomar asiento frente a frente con la mujer que la ponía tan nerviosa, la morena se encontró analizando los peores escenarios, ¿Asami le rompería el corazón? Por cómo la había pasado de lado al inicio, era lo más probable. Tendría que estar lista para ello, o, de lo contrario, preparada para probarle que estar a su lado era una buena opción. El silencio que se formó entre las dos cuando por fin estuvieron a solas gritaba más que cualquier cosa que pudieran decir, era incómodo y asfixiante, ninguna sabía cómo comenzar. Por su parte, Korra trataba de darse ánimos, sabía que le correspondía dar inicio a la charla, fue la cantante quien le pidió la cita a Asami, no podía ser de otra manera, en especial si quería mostrarle lo segura que estaba sobre querer dar el paso hacia adelante en su relación. Sea cual sea que tuvieran.
Tomó aire y abrió la boca.
—'Sami… sé que todo esto es algo delicado… — la mayor rio un poco, con un tinte de ironía.
— Yo diría que es algo más que eso.
— … pero tú me gustas. — continuó, como si no le hubieran interrumpido. — Me gustas demasiado y sé que te gusto también.
— Es… No es tan simple, Korra.
— ¿Por qué no?
— Hay mucho en juego, y lo sabes bien. — Asami la miró directamente a los ojos, una seriedad digna de alguien como ella brillaba en sus pupilas, sin embargo, determinación era lo que brillaba en las de Korra.
—No me importa la edad, a nadie de mis conocidos le importa. ¡Ve a Tenzin! Es mucho mayor que Pema y están felizmente casados.
—No es sólo eso…
— Amo a Gu en y a Azumi. Esos niños son maravillosos, ¡y apuesto que Gu en estará encantado con la idea!
—Korra…
—Si te refieres a los medios, yo pronto cumpliré años, Bolin incluso me dio mi regalo por adelantado. Tendré veinte años, a la gente le importa menos cuando tienes esa edad. ¡Podemos hacer esto, 'Sami! Podemos… —La mano blanca y suave de Asami se posó sobre la mano de la cantante, quien solo así se percató de lo realmente cerca que estaban. Aquel acto la hizo callar en el momento, sin tiempo para replicar.
—Korra, escúchame: Todo lo que dices es maravilloso, no sabes lo mucho que significa para mí el saber que no te importan esa clase de cosas, pero debes entender que el mundo no funciona de esa forma. Lo lamento, pero no creo que sea…
—Dime que tú no lo sientes. — la interrumpió, sin querer saber qué era lo que iba a decir después.
La actitud pasiva de la morena se fue al caño, detestaba saber que no era ni Asami ni ella quienes no querían estar juntas, era "el mundo" quien las separaba, pero ¿qué importaba el mundo si ninguna podía ser feliz?, ¿Por qué tenía tanto miedo si la vida era muy corta para sentirlo?
— ¿De qué hablas?
—Es eso, ¿no? No quieres intentarlo porque no lo sientes. No sientes como el corazón golpea como tambor en tu pecho justo ahora.
—Korra…—aprovechando ese momento leve de debilidad, la morena se acercó y tomó asiento a lado de Asami, acortando más la distancia entre las dos, sus alientos tan cerca que se mezclaban con una facilidad única.
—Dime que no sientes nada cuando me acerco de esta forma, cuando me tienes tan cerca de ti. — susurró.
— Por favor… —Asami suplicó, con añoranza y miedo a partes iguales, deseando con ganas el simplemente inclinarse y tomar de nuevo los labios de Korra sobre los suyos. Estaba tan cerca, y tan lejos…
— No quieres intentarlo porque no sientes estas ganas de besarme que yo tengo por besarte. Lo voy a entender, pero vas a tener que decírmelo…—la intensidad del momento era tanta que Korra tragó saliva con cierta dificultad. Sabía que la mayor quería hacerlo, podía verlo claramente en la forma en que sus ojos verdes se perdían entre los labios de la morena y su mirada.
—Yo… yo… — Asami titubeó. Sólo una palabra, todo cambiaría en un momento tan corto, tantos problemas y noches de sueños terminarían si ella le decía que no deseaba nada, y sin embargo… —No puedo. — masculló al fin como si estuviera aguantando la respiración. Cansada de ser la voz de la razón, Asami tomó con delicadeza el rostro de Korra, pegando su frente con la de ella, ambas cerrando los ojos, disfrutando del contacto. — No es eso, te juro que lo siento… Me gustas mucho más de lo que quisiera, pero entiende que no es tan sencillo. — se alejó solo un poco para mirarla. — Mon Dieu, Korra; ¡tengo treinta y tres años!
—La edad no me importa…
—Pues a mí sí. Y al mundo también. Tú deberías estar buscando una joven de tu edad, que tenga los mismos gustos e intereses que tú. Tienes una vida por delante, tienes mucho que experimentar aún, ¡eres joven! ¡Apenas inicias a vivir! Hay cosas que yo no puedo darte, que no puedo mostrarte, pero que mujeres de tu edad sí podrán.
—¡Yo no quiero mujeres de mi edad!, ¡Ni de cualquier otra edad! ¡Yo te quiero a ti!
—Lo siento, Korra. Créeme que sí, pero mi respuesta es no.
Asami se alejó de pronto, tan súbitamente que el pecho de Korra lo resintió, ansiando por el calor que solo la francesa podía ofrecerle como si le faltara algo para estar completo. La mayor se levantó de la mesa y le dio una última mirada a Korra, un mensaje de pesar y tristeza acompañó el acto antes de despedirse con un simple "Adios, Korra." La morena la miró desaparecer detrás de la puerta, marchándose sin mirar atrás. Echó la cabeza entre sus manos, sentimientos encontrados azotaban su cabeza y su corazón tan fuerte que no podía controlarlos ni mantenerlos a raya. Las lágrimas estaban amenazando con salir cuando escuchó una voz.
—Eh… ¿Va a ordenar? — Korra alzó la cabeza solo para encontrarse con un joven camarero que lucía atribulado y muy confundido, perdido incluso.
— ¿Vendes alcohol?
—Tenemos sangría.
— Tráeme una jarra.
Dos litros de sangría y un corazón roto después, Korra salió del lugar con una presión en el estómago y un hueco en el pecho que no conseguía calmar. No le apetecía estar a solas en ese momento, así que en cuanto logró conseguir un taxi le pidió dirigirse al puerto para tomar el ferry a la isla de los nómades. Una vez ahí, decidió caminar por alrededor, con la esperanza de llegar al jardín, sentarse bajo un árbol y comerse algunas frutas que pudiera recolectar en el camino, todo sin que nadie la viera, no quería rendirle cuentas a nadie. Y justo en ese plan, mientras recolectaba dichas frutas, fue cuando una voz la asustó por detrás.
—¿Korra?
La morena casi deja caer todo en el saltito que dio, giró rápidamente esperando que no fuera Katara o estaría en aprietos por no estar en su habitación. Para suerte suya, no era su amiga.
—¡Pema! Me asustaste. —la mencionada solo rio, una mano cubriendo su boca como si quisiera disimularlo.
—Lo noté, discúlpame.
—No pasa nada. — dijo, recogiendo las manzanas que sí dejó caer por error.
—No sabía que estabas en la isla.
—Nadie lo sabe, de hecho. Quería que siguiera así… Solo quería ir al jardín de Aang un momento. — el tonó cansado de la morena no pasó desapercibido para la madre de Meelo, quien frunció el ceño con preocupación.
— ¿Pasó algo? — sabiendo que era inútil mentirle, Korra suspiró, tomando asiento en una roca grande cerca de ahí.
—Ponte cómoda, esto da para mucho.
Sin más, Korra le relató todo a Pema, desde cómo conoció a Asami hasta todo lo que la francesa hizo por ella cuando estaban en París, relatando lo bien que se llevaba con sus hijos, lo mucho que los quería y los momentos que los cuatro pasaron juntos, le confesó lo mucho que quería estar con Asami, lo que ella le provocaba y lo que le hacía sentir, llegando hasta ese mismo medio día, en que le abrió el corazón a Asami y ella la rechazó pese a lo que pasó el día anterior en el restaurante de Bumi, en donde la banda se presentó y al cual Iroh II se le ocurrió que era buena idea llevar a la francesa a una cita. Pema no se mostró sorprendida, aparentemente, se notaba a leguas que Korra y Asami tenían un vínculo especial, sin embargo, eso no le impidió sentarse a lado de la cantante, colocando una mano maternal en la rodilla de la cantante.
—¿Sabes? Recuerdo haber pasado lo mismo con Tenzin hace unos años.
—¿Y qué hiciste?
—Fui paciente. — por la forma en que Korra bufó, era claro que esa respuesta era la que no quería oír; y por la sonrisa de Pema, era claro que esa reacción era natural. —Me esforcé por mostrarle a Tenzin que era más que una niña tonta enamorada de su profesor. Aunque, si te soy honesta, nuestra relación comenzó siendo un secreto… — los ojos de Korra se abrieron, de nuevo llenos de esperanza. Pema, sintiendo lo que acababa de ocasionar, quiso detenerla. —¡Pero…!
—¡Eso es!
—Korra, no…
—¡Gracias Pema! ¡Ya sé que hacer!
—¡Pero es que…!
—¡Iré a saludar a los demás! — sin darle tiempo a nada, Korra salió caminando muy rápido y muy animada hacia la casa de los nómades… Sí, entendió todo mal, o más bien, Pema dijo algo que no debía en un orden equivocado, ¿o tal vez no?
Korra pasó toda la tarde con sus familiares y amigos, su corazón aun lastimado, pero ahora con una nueva estrategia para afrontarlo. Al llegar a casa, y tras revisar que Naga no hubiera roto ningún mueble, la morena se tiró a su cama. Las palabras de Asami aún resonaban en su mente, sólo tenía que ser más paciente. Más comprensiva. Más empática. Y claro que se sabía capaz de hacerlo.
