UN CADÁVER EN LA BIBLIOTECA


Disclaimer: Personajes de J.K. Rowling.

Créditos: Fan art de Dinoralp en Deviantart.

Este es un regalo para Tate Hathaway. Espero que te guste esta historia llena de absurdo y referencias obvias a Agatha Christie.


Guía para el lector:

En un orden alfabético convencional relacionamos a continuación los principales personajes que intervienen en esta obra.

LUPIN (Teddy): Huérfano e hijo único. Criado por su abuela Andromeda Tonks y la familia Potter. Perteneció a la casa Hufflepuff. Trabaja como ayudante en Sortilegios Weasley. Es considerado un joven carismático y ejerce de hermano mayor de los chicos Potter.

POTTER (Albus Severus): Segundo hijo. Seleccionado en la casa Slytherin. Es agradable, pero tímido, ya que prefiere no llamar demasiado la atención sobre sí mismo.

POTTER (Ginevra): Jugadora profesional de Quidditch retirada, actual periodista deportiva de El Profeta. Madre de tres hijos. Esposa de

POTTER (Harry): Auror, famoso por haber derrotado a Lord Voldemort. Está considerando retirarse para enseñar Defensa Contra las Artes Oscuras en el colegio Hogwarts. Padre de tres hijos.

POTTER (James Sirius): Primogénito. Seleccionado en la casa Gryffindor. Es un muchacho guapo y popular, amado y odiado por igual por sus compañeros de clase.

POTTER (Lily Luna): Tercera hija. Seleccionada en la casa Gryffindor. De carácter histriónico, disfruta del drama y cometer travesuras. Es la mimada de la familia.


—¡LO MATASTE!

James se apresuró a cubrirle la boca a Lily, que no cesaba de berrear y de retorcerse entre sus brazos. Él la mantuvo aprisionada con fuerza y la alzó unos centímetros por encima del suelo para evitar que alcanzara a golpearle las rodillas por accidente, ya que pataleaba frenéticamente. Al final, Lily le mordió la mano.

Una maldición escapó de la boca de James mientras, una vez liberada de su agarre, Lily se apresuraba a correr a la puerta como si se tratara de un pequeño animal salvaje desesperado por huir. El otro, dándose cuenta en tan solo una fracción de segundo cuál era su propósito, se posicionó frente a la puerta, apoyando la espalda contra la misma para asegurarse de que no pudiera salir. Visiblemente asqueado, se limpió la mano llena de saliva contra el pantalón.

—Eres un asesino. —La niña lo señaló con el dedo índice, acusadora.

—¡Yo no lo maté!

—¡Te encontré con el cadáver! ¡A AZKABAN!

Si hubiera cumplido la mayoría de edad, James habría podido silenciarla con algún hechizo, pero aunque nunca había sido el primero en obedecer las reglas, estaba seguro de que aquello solo empeoraría su situación. La única alternativa que le quedaba era hacerle gestos desesperados para que se callara, porque temía que pudieran oírla los demás habitantes de la casa. La biblioteca se encontraba en planta baja, lo suficientemente lejos como para que albergara la esperanza de que no los pudiera oír nadie que se encontrara en ese momento en Grimmauld Place.

—Ya te dije que no lo maté yo —le espetó, pero el hecho de que tensara la mandíbula y frunciera el ceño de manera amenazante no contribuía a convencerla de lo contrario—. Cuando entré, el cadáver estaba aquí.

Lily analizó a su hermano con ojo crítico, no del todo dispuesta a creerle pero sintiéndose lo suficientemente generosa como para, al menos, darle una oportunidad. Entonces arribó a una escalofriante conclusión:

—Suponiendo que sea así, eso quiere decir el asesino ahora mismo está en la casa. Y no teme matar a sangre fría.


CUATRO HORAS ANTES

Como todas las mañanas, la vieja lechuza de la familia volaba a través de la chimenea y aterrizaba en el hombro de Ginny, que recogía el periódico que sostenía entre las patas. Echaba un breve vistazo a los titulares y luego se lo entregaba a su esposo, Harry, que solía leer los artículos que ella misma había escrito para luego darle el visto bueno y conversar acerca del próximo partido de Quidditch al que asistirían. James, que odiaba a todo ser humano que le hablara durante la hora del desayuno, mordisqueaba una tostada con la mirada perdida en el horizonte. Albus comía al mismo tiempo en que garateaba rápidamente una nota para entregársela a la lechuza y la cubría con la mano para evitar que Lily, que intentaba espiar lo que escribía por encima de su hombro, lo leyera.

—¿Es para Malfoy? —le preguntó, mientras el cabello rojo le caía sobre un costado de la cara a Albus, que trató de apartarse de ella—. ¿Qué escondes?

—¿No sabes lo que es la privacidad?

—¿Te gusta Malfoy?

—Es mi amigo. —Las mejillas de Albus se tiñeron de rojo porque su hermana menor ni siquiera bajaba la voz al cometer ese tipo de indiscreciones y sus padres, frente a ellos, eran perfectamente capaces de oírla, aunque tenían la decencia de fingir que no lo hacían.

—Yo no me sonrojo cuando hablo de mis amigos.

—No te metas en lo que no te importa.

—¡Entonces sí te gusta! —canturreó Lily, provocando que Albus se sonrojara aún más, pero quien intervino fue James quien, exasperado por tanto alboroto tan temprano por la mañana, le ordenó que se callara. Pero la pelirroja bostezaba porque no tenía nada que hacer mientras los demás se ocupaban de sus asuntos, así que comentó con tono lastimero—: No puedo esperar a que sea mi cumpleaños para poder divertirme alguna vez. Estoy aburridísima.

Harry ahogó un chillido de dolor cuando sintió que Ginny le daba un fuerte codazo en la costilla. Desconcertado, alzó la mirada y vio su rostro con los ojos muy abiertos, y luego de reojo a Lily, que suspiraba.

Habían olvidado que en unos días sería su cumpleaños.

—Hoy tenemos que salir a hacer unas compras —dijo Ginny a sus hijos, intentando sonar casual—. Traten de no meterse en líos en nuestra ausencia.

—O podemos pedirle a Teddy que pase por aquí —sugirió Harry, lo que provocó complacencia y malestar a partes iguales, pues se consideraban lo suficientemente mayores como para quedarse a solas, sin la necesidad de alguien vigilándolos. James, ofendido, rompió el silencio.

—¡Teddy no va a ser nuestro niñero! ¡De ninguna manera!

—La última vez que se quedaron solos, Lily terminó con el pelo azul —les recordó Harry, apenas conteniendo una sonrisa porque siempre ocurría alguna sorpresa—. Si se comportaran, no sería necesario que…

—Yo quiero que venga Teddy —le interrumpió James, negando con la cabeza—. Pero no para cuidarnos.


AHORA

Lily miró al cadáver con tristeza.

—Mamá y papá se fueron al Callejón Diagon —rememoró, mientras se dirigía a recoger una manta con la cual cubrirlo, porque no podía soportar continuar viendo sus ojos abiertos, sin vida—. Están descartados. Solo quedamos nosotros, y tenemos que agregar a un sospechoso más: Edward Lupin. Revisemos sus antecedentes.

—Lily, no seas ridícula. Sabes que Teddy nunca mataría…

—No a propósito —especificó ella, cruzándose de brazos con aires de superioridad—. Pero es bien t-o-r-p-e —deletreó la palabra, como si no estuviera siendo lo suficientemente clara para su hermano mayor—. Podría haber sido un accidente. Y Al queda descartado como sospechoso porque es el principal perjudicado.

—Al también puede ser bastante idiota. ¿Cómo sabes…?

—Shhh. Déjame pensar. Necesito usar mis células grises.

—¿Qué?

—La tía Audrey me prestó un libro de cuentos sobre un detective que resuelve sus casos usando su intelecto —le explicó a James, quien la observaba como si dudara de su cordura—. Como él, voy a resolver este crimen.

—Si dejaras de hablar estupideces, te habrías dado cuenta de que mamá y papá no estuvieron ausentes todo el tiempo —hizo notar James, negando con la cabeza, porque él poseía más información al respecto—. Cuando se fueron, me di cuenta de que mamá olvidó su cartera en la cocina. Y luego, cuando bajé aquí hace un rato, ya no estaba.

—Entonces…

—Uno de ellos regresó para llevársela. Nuestros padres también son posibles sospechosos.


DOS HORAS ANTES

Un joven de cabello azul entró a Grimmauld Place sin tocar a la puerta, como si se tratara de su propia casa, ya que solía pasar una gran cantidad de tiempo en aquel lugar como invitado de la familia Potter.

—¿Hay alguien? —preguntó al atravesar el vestíbulo, pero no recibió respuesta. No le pareció extraño en absoluto, ya que sus primos no debían ser capaces de oírlo desde sus respectivas habitaciones, en los pisos superiores. Encogiéndose de hombros, avanzó por la sala de estar dando largas zancadas, cuando de pronto uno de sus pies impactó contra algo.

Algo blando y peludo.

Horrorizado por su propia torpeza, que lo hacía propenso a accidentes como aquel, Teddy se apresuró a alzarlo en brazos.

—¿Estás bien, Archie? —le preguntó al puffskein, cuyos ojos giraban sobre sus órbitas como si se encontrara mareado. Albus la había adoptado unos meses atrás y estaba tan encariñado con él que apenas dejaba que el resto de la familia lo tocara—. Sí, no pasó nada.

El pequeño animal, que era una bola morada y suave en sus manos, todavía lucía aturdido. Le había dado una patada bastante fuerte y era una criatura muy delicada, como les recordaba Albus cada vez que tenía oportunidad. No podía ser grave, pensó, aunque sin poder evitar sentirse un poco preocupado por la falta de reacción del puffskein. Después de comprobar que, aunque respiraba dificultosamente, parecía encontrarse en buen estado, volvió a dejarlo en el suelo y subió hasta la habitación de James.

Estaría bien, se dijo a sí mismo.


AHORA

Todos los miembros de la familia se habían reunido en la biblioteca. Albus, conmocionado ante la noticia de la muerte de su única mascota, tenía los ojos húmedos y apenas emitía palabra, porque no sabía qué decir ante una noticia tan inesperada.

—Alguien mató a Archibald —declaró Lily, que no podía abandonar un aire teatral al tener la atención de todos los presentes centrada en ella; sus padres sentados en los dos sofás y James, Albus y Teddy de pie tras ellos—. Y tendrá que confesar ahora.

Hubo un silencio tenso, incómodo, mientras los demás intercambiaban miradas levemente acusadoras.


UNA HORA ANTES

La carta de Scorpius llegó antes de lo que hubiera esperado. Albus podía escuchar las risas de Teddy y James en la habitación de al lado, como cada vez que estaban juntos. Le hubiera gustado unirse a ellos, pero en ese momento estaba ansioso por responder a la invitación de su amigo para visitar su mansión, ya que apenas se habían visto durante el verano. Al cruzar el pasillo, vio que Lily estaba jugando con su puffskein, alzándolo en el aire y volviéndolo a dejar caer en sus manos.

—¡No hagas eso! ¡Puede caerse por las escaleras! —le reprendió.

La pelirroja se sobresaltó, ya que apenas se había percatado de que se encontraba tan cerca del rellano de las escaleras, pero antes de que pudiera argüir algo en su defensa Albus se lo arrebató de las manos.

—Si Archie muere, no va a ser por mi culpa —profetizó Lily. Le sacó la lengua y se alejó de allí, mientras Albus bajaba de regreso a la sala en busca de un pergamino y una pluma para escribir a su amigo.

Una vez que consiguió el material que necesitaba, se sentó a la mesa de la cocina, mojó la pluma en el tintero y comenzó a redactar la carta, mientras el puffskein, que se había subido a la mesa para hacerle compañía, trataba de llamar su atención con pequeños chillidos.

—Luego te doy de comer, Archie —le dijo, distraído. Entonces ató su rollo de pergamino a la pata de la lechuza de Scorpius, que esperaba pacientemente a que terminara su respuesta, y regresó a su habitación. Quizás podría jugar una partida de Gobstones con James y Teddy en lo que quedaba de la tarde, para matar el aburrimiento.

La sala ya estaba vacía cuando el fuego de la chimenea adoptó un color verde y una mujer apareció poco después, sacudiéndose las cenizas de la túnica. Harry y ella se habían demorado más de la cuenta en elegir un regalo para Lily, ya que ella no era precisamente fácil de complacer, y no conseguían ponerse de acuerdo. Cuando finalmente encontraron una bonita túnica de gala para luciera en su fiesta, Ginny se dio cuenta de que había olvidado la cartera en casa y decidió regresar. Resopló al advertir que alguno de sus hijos había dejado unos pergaminos y el tintero sobre la mesa, sin molestarse en volver a guardarlos en su lugar.

Entonces vio al puffskein, que daba vueltas sobre sí mismo, probablemente porque quería jugar con ella. Se acercó a darle unas palmaditas en la cabeza, enternecida, cuando de pronto éste emitió un quejido apenas perceptible y cayó de la mesa con un golpe sordo.

Se agachó a comprobar cómo se encontraba y se dio cuenta de que ya no respiraba. Estaba muerto.

Inquieta y preocupada porque se trataba de la tan querida mascota de Albus, sin estar segura de qué hacer, se apresuró a esconderlo en la biblioteca, donde nadie lo descubriría pronto. Luego resolvería qué hacer con él.

Arrojó los Polvos Flu al fuego y volvió a desaparecer.


AHORA

—Entonces, ¿quién fue? —insistió Lily, ya que el silencio se había prolongado hasta el límite de lo insoportable—. James y yo lo encontramos, así que sabemos que fue alguno de ustedes. ¿Quién mató a Archibald Potter?

—Fui yo —respondieron Ginny y Teddy a la vez, e intercambiaron miradas sorprendidas.

Fue necesaria una explicación en detalle de los eventos que tuvieron lugar las últimas horas. Teddy se mostró aliviado al descubrir que él no fue el que ocasionó la muerte del puffskein, aunque Ginny sí sentía una gran culpabilidad por haber intentado ocultar el hecho.

—Lo siento, Al —comenzó a disculparse con su hijo, que solo asintió, porque comprendía que no había sido adrede.

Pero entonces Lily dio un grito triunfal.

—¡No fue mamá! Lo mató Albus. —Todos voltearon a verla, repentinamente intrigados por el giro de los acontecimientos. Albus comenzó a defenderse de la acusación, pero ella se apresuró a explicar—: Ya sabemos que los puffskein comen de todo, ¿verdad? Bichos, mocos, lo que sea. Estuvo pidiéndole comida a Al, pero él estaba ocupado escribiendo su carta y lo olvidó. Tampoco guardó el tintero y la pluma antes de irse de la cocina. —Señaló el cadáver del puffskein cubierto por la manta—. Entonces el pobre Archie comió lo primero que tenía al alcance, lo único que es tóxico para él.

—Tinta —susurró Albus, de pronto comprendiéndolo.

—Sí. Noté que tenía una mancha negra en la boca cuando lo encontré. Misterio resuelto: fue un accidente. Solo dije que eras el asesino por motivos dramáticos, lo siento.

Archie fue enterrado esa misma tarde en el jardín, en tanto Albus lloraba silenciosamente. Lily se compadeció de él y le dio un beso en la mejilla. Si bien estaba afligida por lo ocurrido, en el fondo le había gustado ejercer el rol de detective, aunque dudaba que tuviera otra oportunidad de resolver un crimen.

O tal vez sí.