~~~ Universo Alternativo ~~~
Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD, a excepción de la trama.
Sinopsis:
Hace dos meses...
- ¿Realmente crees que es una buena idea?
- Completamente Ibrahim. Ella es buena, pero carece de disciplina y eso es lo que le impide ser excelente.
- No lo sé, hay algo que no termina de convencerme.
- Créeme amigo mío, es lo que Rosemarie necesita y quizás... lo que él necesita también.
Rose
Dimitri Belikov proviene de largas generaciones de famosos mushers; fue considerado una estrella en ascenso, un deportista de alto rendimiento, elegante y arriesgado que ejecutaba sus rutinas con maestría y gran precisión.
Un rider como nunca existió uno.
Hace algunos años no había revista o espacio deportivo que no alabara al ruso, su fama alcanzó niveles mundiales gracias a lo arriesgado de sus hazañas y múltiples competencias ganadas.
Le apodaban, el "dios del snowboard".
Sin embargo, se retiró del medio en el momento cúspide de su carrera. Debido a un accidente automovilístico que dejó varias personas muertas y a él muy dañado físicamente. Los titulares afirmaban que nunca más volvería a competir.
Luego de esto rompió todo lazo con el deporte, sus seguidores, redes sociales y medios de comunicación. Perdió patrocinadores y su fantástico equipo de respaldo se disolvió; dejando centenares de espíritus rotos, entre ellos, el de una joven adolescente que moría por sentir la adrenalina de deslizarse de grandes cumbres... yo.
Aún hoy conservo un álbum que hice con infinidad de recortes y artículos suyos. Así conocí lo poco o mucho que sé sobre esta figura extinta del deporte. Sin mencionar que mi relación con las disciplinas de invierno comenzó a los cuatro años de edad, que fue cuando aprendí a usar mi primer par de patines.
Adoro el patinaje, es parte importante y ancla en mi vida. Me hace sentir plenamente libre. Pero cuando descubrí los deportes extremos como el snowboard o el esquí de altura, decidí que era lo máximo y que algún día lo intentaría.
Trágicamente Ibrahim Mazur no pensaba lo mismo. Era el patinaje artístico o la tediosa escuela de leyes. Y fue gracias a mi abuela que logramos convencerlo para que mandara construir una pista improvisada en uno de los países con las más altas temperaturas en el mundo, aún sin el consentimiento de Janine.
Dilara, mi abuela paterna, apoyó y alentó mi sueño desde el día uno. Ella fue la única constante en mi vida, nunca se rindió o dejó de creer en mí, siempre estuvo a mi lado. Y tengo una promesa qué cumplirle... donde sea que se encuentre su alma ahora.
Mis padres son otra cosa, cubren con regalos lo que no pueden hacer con tiempo junto a mí. Para mi cumpleaños número quince mi baba logró que su antiguo amigo y mano derecha del que fuera entrenador personal de Belikov: dejara su país, se familiarizara con la nueva disciplina luego de haberse retirado, y viniera única y exclusivamente a entrenarme. Puesto que mi historial con los entrenadores no es agradable, desfilaron decenas de ellos y ninguno dio el ancho. Creían que por ser una "riquilla" lo hacía por hobbie o capricho y nunca quisieron ver la deportista que hay en mí. Así que me encargué de hacerles la vida una mierda mientras optaban por renunciar.
Hans Croft se adaptó a mí y yo a él... más o menos. No me tomó consideraciones, ni me trató con pinzas por ser la hija de quien soy. Estaba encantada con la idea de trabajar juntos para el campeonato que había estado esperando toda mi vida. Mucho más después de que Abe me mandara a Moscú, a un complejo deportivo que se construyó solo para mí y en dónde vivo desde hace meses.
No obstante, la vida quiso volver a ser una perra conmigo. Croft fue víctima de un asalto a mano armada que lo dejó imposibilitado para seguir entrenándome. Me devasté, creí que a pesar de las pocas diferencias que existían entre nosotros lo conseguiríamos y sé que él también estaba entusiasmado con el campeonato.
Entonces, justo cuando lo veía todo negro, llegó un rayo de esperanza.
Bueno, fue más como una luz cegadora.
No sé quién, cómo, o por qué, trajeron hasta mí a la única persona que jamás imaginé... Dimitri Belikov.
Tengo entendido que la negociación no fue fácil y tampoco voy a mentir diciendo que nuestra relación fueron bombones y unicornios desde el principio.
De hecho, era patética.
Sí, lo acepto. Estaba extasiada; una leyenda del deporte, mi ídolo de la adolescencia sería mi nuevo entrenador ¿Qué más le podía pedir a la vida? Sin embargo, nos topamos con dos enormes problemas: uno, no estoy acostumbrada a recibir órdenes y dos, él no estaba acostumbrado a socializar.
¡Aquello era un caos!
No obstante, un día, increíblemente todo cambió.
Dimitri decidió que intentaríamos una rutina en pareja, algo totalmente improvisado. Y como había sido su idea él eligió la melodía a seguir, un swing llamado "Sing, sing, sing" de un tal Benny Goodman. Recuerdo haberle lanzado una mirada tipo: ¡Dime que estás bromeando!, pero no fue así. Alegó que debía sacarme de mi zona de confort y al final de cuentas terminó siendo un reto también suyo, pues debido a la velocidad del ritmo era rarísimo verlo prácticamente bailando.
No hay palabras para explicarlo, hicimos "magia". Nuestros cuerpos se movían en conjunto, casi con una coordinación escalofriante. Era como si conociéramos los movimientos del otro cuando aún no los ejecutábamos.
E inexplicablemente nació una conexión que hasta entonces ninguno había notado. Bueno, al menos yo no.
A partir de ahí dejé de oponerme y mi camarada cedió con su régimen militarizado. Comenzamos con pequeños detalles: correr por la mañana, calentar juntos en la pista, escuchar los puntos de vista del otro sobre nuevas rutinas y acrobacias, compartir algunos deberes del hogar, pero sobre todo y lo más importante, se acabaron sus respuestas monosilábicas. Éramos capaces de entablar conversaciones y muy interesantes debo agregar, simple y sencillamente... coincidimos.
Y si Liss tuviera más tiempo para charlar conmigo, me preguntaría – ¿Y cuándo te has enamorado de él, Rose?
Y yo respondería – No tengo ni idea.
Y francamente no la tenía. Cuando joven, me llamaba más la atención su talento innato como rider que su atractivo físico. Reconocía que era guapo... ¡Bien! Muy, muy guapo, pero yo no era su fan por parecer el hijo de Zeus en la tierra. Luego, cuando lo he tenido cerca, después de que el shock pasara, fui descubriendo que su belleza no es solo física, va más allá. Y lo que empezó como mariposas en mi estómago, se tornó a todo un zoológico. Una jauría de los animales más peligrosos y mortíferos de la sabana.
Nos hicimos amigos, algo así como el poli bueno y el poli malo. Aunque no es como si tuviéramos de dónde elegir cuando estamos viviendo solos. "La servidumbre", como diría mi madre, llega y se va. El punto es que con Dimitri me siento segura, desconozco si es por la diferencia de edad o por las similitudes que compartimos y pese a que no he conseguido que se suelte por completo, me hace sentir importante.
Claro que siendo Rosemarie Mazur Hathaway, tuve que complicar las cosas. Lo jodí todo cuando me armé de valor y creí que hablarle de mis sentimientos por él sería buena idea.
Días atrás...
Me encontraba perfeccionando mi cuádruple, triple toe. Absolutamente concentrada y absorta por el ritmo de "Come Together" de Gary Clark Jr. sonando en los altavoces. Estos momentos me fascinan, puesto que no solo pulo mi técnica, también disfruto de la libertad que me brinda la velocidad, los movimientos y el poder improvisar al ritmo que desee.
Tan inmersa estaba en mi mundo que no medí fuerza ni distancia, me lancé al aire y cuando volví a tocar el hielo descubrí que tenía el muro de contención a escasos dos metros de mí. Me preparé para el porrazo de mi vida. Sin embargo, nunca llegó.
De pronto, me vi protegida por un caliente y reconfortante pecho. Dimitri evitó una desgracia llevándome literalmente de corbata y terminando en el suelo congelado. Yo sobre él. Lentamente abrí mis ojos, no podía oír otra cosa que no fueran nuestras respiraciones agitadas. Mi mirada se prendó a la suya, tratando de descifrar lo que estaba sintiendo y lo que él pudiera sentir con nuestra cercanía.
Se aclaró la garganta, rompiendo mi análisis exhaustivo – G... gracias – Musité, percibiendo mis mejillas sonrojadas.
– No fue nada, Roza ¿Te encuentras bien? – Su cálido aliento en mi piel hizo que una poderosa corriente eléctrica recorriera mi cuerpo de pies a cabeza.
Asentí – ¿Y tú? ¿Te hice daño?
– No... – Pude verlo tragar antes de escuchar su sexy acento enronquecerse – No lo hiciste ¿Cuántas veces te he dicho que tengas más cuidado? Debes ser consiente de tu entorno. Te dejas llevar y... te pierdes... – Creo que dijo algo más después de eso, pero fui incapaz de escucharlo. Simplemente no podía quitar la vista de sus labios.
– Dimitri, yo... – Parpadeé a sus ojos, se había detenido y así, sin más, terminé con la poca distancia que nos separaba.
El beso fue rápida y ardientemente correspondido. Me consumió en un cúmulo de sensaciones que variaban en intensidad. Sus labios, su rostro, su aroma, sus manos, su pecho; no deseaba otra cosa más que fundirme en él. Era un sentimiento único que terminó abruptamente.
– ¿Rose, te encuentras aquí? – En menos de un minuto estábamos de pie, arreglando nuestras ropas, alejados del otro – ¡Oh, ahí están!
– ¿Viejo, qué haces aquí? – Abe irrumpió rodeado de sus G.I. Joes personales. Miré de reojo a Dimitri, se pasaba las manos por el cabello y murmuraba en su idioma.
– ¿Así es cómo recibes a tu padre, niña? – Se cruzó de brazos, intentando verse intimidante – Belikov – Reconoció la presencia del ruso.
– Señor Mazur – Éste consintió en saludo.
Con las piernas temblorosas patiné hacia el extravagante turco – ¿A qué has venido?
Su atención volvió a mí – No es obvio, a visitarte – Imité su postura – Bien, también a informarte que en los próximos días Vasilisa y Natasha vendrán al complejo. Algo en el sistema de enfriamiento de los Dragomir no trabaja bien y ella necesita practicar. Eric me ha pedido el favor y como es tu amiga...
– Ok... – Lo corté – No tienes qué convencerme, seguramente arreglaremos horarios para no estorbar con el entrenamiento de la otra – Suspiré. Esto no me gustaba en absoluto y no lo pensaba por la rubia.
– Supongo que son las consecuencias de que tu mejor amiga sea también tu rival a vencer, ¿no? – Me tendió la mano para ayudarme a salir de la pista, mientras Dimitri apagaba los altavoces.
– No tengo nada en contra de Liss. Mi problema es Tasha, no me trago su pésima actuación y sé que tampoco soy santo de su devoción.
Sonrió ampliamente, rodeándome con su brazo – ¿Cuándo has crecido tanto, kiz? – Me encogí de hombros, evitando responder a su pregunta.
Mi padre es tan impredecible que eligió el peor momento para querer pasar "tiempo de calidad" conmigo. En otras circunstancias no me quejaría, al menos él ha hecho un esfuerzo por despegarse de su trabajo para estar más al pendiente de mí, después de la muerte de su madre. Pero justo ahora yo quería... ¡No!, me urgía hablar con Dimitri. Prácticamente se enclaustró en su habitación, dándonos la privacidad necesaria o huyendo de mí. Mi mente era muy cruel conmigo y el viejo que no paraba de hablar de la gran fiesta que daría para celebrar mi triunfo y mi futura mayoría de edad.
Se fue luego de que abriera todos los obsequios que trajo para mí, prometiendo volver en cuanto pudiera hacerlo. Corrí escaleras arriba, tenía que quitarme esta ansiedad. Nunca fui de andarme por las ramas y no iba a comenzar ahora.
Toqué a su puerta y esperé lo mejor; peinando apresuradamente mis rizos. Me recibió el olor de su embriagante colonia de afeitar y un Dimitri que nunca había visto: serio, frío, casi... gélido.
– ¿Podemos hablar, camarada? – Pregunté, decidida a abrirle mi corazón. Con toda la ilusión de ser correspondida.
Algo así no podía sentirlo solamente yo.
– Adelante – Se apartó permitiéndome el paso. Entré y fui directo a su sala de estar. Decir que mis nervios me estaban matando sería una falacia.
– Dimitri, he venido a hablar de lo que sucedió – Se sentó frente a mí – No me gustaría que eso diera pie a malos entendidos entre nosotros – Asintió. Ok, parece que volvimos a las respuestas cortas – Yo... tengo unos días sintiéndome... diferente.
Cruzó los brazos – ¿Diferente? ¿Cómo?
Tomé aire – Verás... – Distraídamente me estrujaba los dedos e indecisa me levanté para sentarme a su lado – Te besé porque quise hacerlo – Se removió un poco; su mirada no me revelaba nada – Dimitri, me estoy enamorando de ti.
– Rosemarie, ¿qué estás diciéndome? – Fruncí el ceño al oírlo llamarme por mi nombre completo – Vine aquí a entrenarte, a ayudarte a ganar un campeonato que dices es importante para ti, no a entrar en jueguitos adolescentes. Nuestra relación debe ser meramente profesional. Estás confundida y lo entiendo, es normal a tu edad. Pero comprende, lo que sucedió... fue un error – Me estremecí ante su comentario y la frialdad con que lo dijo – Y no va a suceder de nuevo.
Su notable indiferencia y falta de tacto me cabrearon ¿Por qué está siendo un imbécil? Sin mencionar el dolor pulsante que me invadía el pecho.
– ¿Por qué... porque eres demasiado viejo para mí y te sientes responsable?
Frustrado se pasó las manos por el cabello – No, porque no me interesas de esa manera – Suspiró pesadamente – ¿Lo entiendes ahora?
Un gran nudo se formó en mi garganta y aunque sé que pudo ver mis ojos cristalizados no me iba a permitir llorar en su presencia – Claro, lo comprendo – Bruscamente me puse de pie para enfrentarlo – Comprendo que eres un maldito cobarde ¡Mira que usar mi edad como excusa! Dices que por ser joven no sé lo que hago o lo que quiero, pero mis diecisiete años no parecían importarte mucho mientras me besabas.
Se tensó – ¡No sabes lo que dices! – Su mandíbula se marcó mucho más debido a la fuerza que ejercía – Aunque una cosa es cierta, debes estar con muchachos de tu edad.
– Claro, tan estúpidos como yo ¿No es así? – Todo el dolor que estaba sintiendo se tradujo a un inmenso coraje.
– Yo no he dicho eso – Se incorporó, demostrando la gran diferencia de alturas – No pongas palabras en mi boca.
Di un paso adelante – Dilo francamente, ¿el beso no significó nada para ti? – Se mantuvo en silencio – Supongo que ya tengo mi respuesta – Sonreí sin humor.
– ¿Por qué tienes que complicármelo todo? – Soltó, finalmente dejándome ver algo de su exaltación – Yo estaba perfectamente bien en donde me encontraba. Solo, alejado de... los recuerdos. Todo era mejor antes de conocerte.
Lo miré fijamente, no lograba entenderlo y tal vez nunca lo haría, pero definitivamente había algo que no estaba diciendo y quería ocultarme. Lástima que no tenía el tiempo ni la paciencia para descifrarlo. Toda la vida he luchado contra la corriente, por ser aceptada hasta por mis propios padres. Pero eso se acabó hace años, no voy a volver a lo mismo así se trate de Dimitri Belikov.
– En primer lugar no fui yo quien te trajo aquí, ni tampoco te lo pedí y tengo entendido que fuiste tú quien tuvo la última palabra – Noté su esfuerzo por tranquilizarse – Ok, hagamos como si nunca hubiéramos tenido esta conversación. Olvida lo que te he dicho y lo poco o mucho que sabemos del otro. Seamos profesionales – Ironicé – Comencemos de cero y se acabó el problema. Ahora sacaré mi nauseabunda presencia de su vista. Hasta mañana, entrenador Belikov.
– Roza... – Mi nombre ruso susurrado por él me detuvo súbitamente. Me volví con una pizca de esperanza solo para verlo nuevamente inexpresivo – ¿Crees que podrás seguir trabajando conmigo?
– No se preocupe. Si lo que quiere es saber si voy a acosarlo, la respuesta es no.
– ¿Hablas en serio? – Asentí, cruzando las piernas por debajo de mi cuerpo – ¡Wow! No sé qué decirte, Rose.
Me encogí de hombros – Quizás fue estúpido de mi parte pensar que él pudiera sentir algo por alguien como yo.
Lissa llegó al final de mi rutina de la tarde y como siempre, aprovechamos la privacidad de los vestidores – ¡No digas eso! Eres hermosa, inteligente y muy noble. No conozco a Dimitri, pero por lo que me has contado de él, y los cambios y señales que percibiste... no sé, tal vez tenga dudas y su sentido de responsabilidad pese más sobre sus sentimientos.
Me puse de pie y comencé a desvestirme para entrar a la ducha – Lo que haya sido ya no importa. Lo ha dejado todo muy claro y yo no voy a perder el tiempo en algo que no tiene posibilidades de ocurrir – Saqué mi suéter – No te voy a mentir, es difícil, pero si logré hacerlo con mis padres con él no va a ser diferente.
Me dio una sonrisa simpática. Ella mejor que nadie entendía mi sentir; su realidad no es muy diferente de la mía – ¿Y qué has hecho? ¿Cómo lo sobrellevas?
Solté mi cabello – Nada, me limito a escucharlo, a seguir sus indicaciones y a entrenar. El resto... – Exhalé – El complejo es muy grande, cada quien hace su vida. Dejamos de compartir todo lo que no sea para beneficio del campeonato.
– ¿Y estás bien con eso? – Insistió.
Tomé mi loción corporal – Croft volverá para supervisar el trabajo realizado, ya no estaremos solos. Falta poco para la competencia; después él se marchará a donde sea que haya estado. Su contrato acaba justo ese día y todo será mucho más fácil.
Solo es cuestión de soportar, pensé.
– Rose – Mi amiga aprovechó para colocar sus cosas en el casillero, entre ellas una foto de Pyro, su molesto novio – Quizás si insistieras un poco más...
– Lissa, no pienso volar sin alas. La esperanza de algo con Dimitri ya se apagó... aunque creo que esa luz solo la veía yo.
– Yo no estaría tan segura – Colgó sus patines rosados – Hace un momento, cuando llegué, él te miraba casi con ad... – Un ruido en la puerta nos hizo girar. Ahí no había nada, pero fue la excusa perfecta para cambiar de tema. Si tenía planeado olvidar mis absurdos sentimientos por el ruso, tenía que comenzar por dejar de mencionarlo.
– Bueno, ya que nuestros entrenadores están cronometrándolo todo, quisiera hablarte de Natasha. Tengo algunas condiciones...
Dimitri
Estos últimos días han sido complicados.
Cuando acepté el puesto de entrenador personal nunca me imaginé que algo así ocurriría. Por lo que sabía Rosemarie Mazur era una atleta en potencia con dificultades disciplinarias, ese era el único reto a vencer. Tenía pensado llegar, entrenarla e irme, pero nada había resultado como me lo planteé.
Luego de mucho tiempo recluido estaba convencido de que ya nada podría hacerme volver a sentir vivo. Rose no solo me descolocó profesionalmente, también me hizo sonreír. Es aire fresco para mis pulmones. Poco a poco y sin intención fue trayendo algo del hombre que una vez fui, cosa que ni siquiera logró hacer mi familia y eso me aterraba. No estaba preparado y ese beso... ¡ese maldito beso! puso mi mundo de cabeza y mi corazón a toda marcha. No, no podía sentirme así de vulnerable; tenía días evitando cualquier atisbo del pensamiento.
Definitivamente Rose no era la única que se sentía... diferente.
Por muy difícil que sea para ambos no puedo ofrecerle algo que no tengo, me importaba un carajo la edad y desde luego no la consideraba una chica inmadura. Roza no se merecía a alguien como yo. Un tipo que vive sumido en la culpa, la autocompasión y los recuerdos de las malas decisiones, que ni siquiera ha sido capaz de volver a casa y mirar de frente a su madre.
Mi máscara de indiferencia era mi único escudo contra Rose y todo lo que me provoca con tan solo una mirada. Y pese a que extraño la comodidad que me brindaban los momentos que pasábamos juntos, la prefería lejos a estar luchando contra mí mismo por no tomarla en mis brazos y besarla hasta dejarla sin aliento.
¡Con un demonio! Tenía veinticuatro años, yo podía con esto.
Acordé con Natasha hacer un ajuste en los horarios y salí de la pista, lo que necesitaba ahora era una ducha luego de otro entrenamiento silencioso. Realmente creí que Rose insistiría más y no es que lo estuviera esperando. Debo decir que su determinación y fortaleza me han sorprendido y decepcionado a la vez.
Me dirigía a los vestidores cuando unas voces me hicieron ralentizar, ¿Roza? – ... fue estúpido de mi parte pensar que él pudiera sentir algo por alguien como yo – Me detuve justo en la entrada, ocultándome detrás de la puerta entreabierta.
¿Cómo podía pensar eso...? ¡Claro!, porque fue lo que le di a entender.
– No digas eso. Eres hermosa, inteligente y muy noble – ¡Y vaya que lo es! – No conozco a Dimitri, pero... – Me era difícil distinguir la voz tenue de Vasilisa. Sé qué hacía mal espiándolas, pero no pude evitarlo, algo me impedía moverme de allí y siendo sincero necesitaba escucharla y saber qué era lo que había en su mente.
– Lo que haya sido, ya no importa. Lo ha dejado todo muy claro y yo no voy a perder el tiempo en algo que no tiene posibilidades de ocurrir – Mi respiración se entrecortó ante su determinación. De verdad se dio por vencida. Debí sentirme tranquilo, pero no lo estaba – No te voy a mentir, es difícil, pero si logré hacerlo con mis padres con él no va a ser diferente.
Fruncí el ceño, cualquiera pensaría que siendo una Mazur lo tendría todo. Nadie imagina que está sola la mayor parte del tiempo y por lo que he visto, ha sido así desde hace mucho – ¿Cómo lo sobrellevas?
Es curioso, Rose desea acercarse a su familia y yo, todo lo contrario. De hecho, son ellas las que en cada oportunidad insisten en que vuelva – ... el complejo es muy grande, cada quien hace su vida. Dejamos de compartir todo lo que no sea para beneficio del campeonato – Y en eso es en lo único en que debes concentrarte, Belikov. En su sueño. El cómo te sientas, no importa – Falta poco para la competencia, después él se marchará a donde sea que haya estado; su contrato acaba justo ese día y todo será mucho más fácil.
Ojalá sea así de sencillo... – Rose, quizás si insistieras un poco más...
– Lissa, no pienso volar sin alas. La esperanza de algo con Dimitri ya se apagó... – Un dolor en el pecho me hizo estremecer y extrañamente el siguiente sentimiento en manifestarse fue el enojo, pero no hacia ella, conmigo mismo. Nadie más que yo había provocado esto: sus silencios, miradas duras, la ausencia de su sonrisa y ahora tendría que lidiar con ello hasta el final.
Impulsivamente le di un puñetazo a la puerta, cerrándola definitivamente para luego alejarme. Necesitaba salir, correr para no entrar ahí, tomarla en mis brazos y hablarle con la verdad.
Rose
Una de las muchas virtudes que me agradan de Lissa es su comprensión. Sabe perfecto que Tasha y yo somos como el agua y el aceite. Y aunque no lo diga, percibe que su "entrenadora estrella" tiene algo muy serio en mi contra. Por lo que le agradecí infinitamente su decisión de alojarse en un hotel.
Con suerte no tendré que soportar a esa víbora arrastrándose por el complejo. Aun así sería bueno hablar con Dimitri para prevenirlo de sus oscuras intenciones.
Me duché a prisa ya que Liss quería que tomáramos la merienda juntas. Bajé de mi alcoba, doblé hacia la cocina e inmediatamente una risa chillona resonó por el lugar. Entré para verlos sentados en la isla; una Tasha muy risueña acariciaba el brazo de Dimitri, quien me miraba de una manera extraña mientras mi mejor amiga se encontraba frente a ellos.
– Rose, te estábamos esperando. Ven, siéntate a mi lado – Sonrió la rubia.
Tragué mi coraje y me acerqué sin emoción alguna – ¡Oh, Rosemarie! Me alegro tanto de verte. Luces... bien – La voz hipócrita de esa mujer me taladraba el cerebro.
¡Qué falsa! Lástima que no puedo decir lo mismo de ti, querida.
– ¡Vaya! No te había visto, Natasha – Dije con ironía al sentarme. Su mano persistía en Dimitri y este no hacía nada por apartarla.
– Quería agradecerte el detalle de habernos permitido utilizar las instalaciones. Fue muy considerado de tu parte – Por fin soltó al hombre solo para arrojar dramáticamente su cabello hacia atrás.
¡Zorra! – Créeme, no lo hice por ti – Tomé un plato y me serví un poco de fruta; sintiendo sobre mí la mirada cuestionadora del ruso.
Lissa se aclaró la garganta y como siempre salvó el día – Christian me ha invitado a salir y me preguntaba si te gustaría venir con nosotros.
Rodé los ojos – No Liss, no pienso hacer de chaperona.
– Pero no solo iremos nosotros – Identifiqué su tono de complicidad. Dejé de prestarle atención a la manzana y la miré, dándole una mirada marca: ¿qué estás haciendo? – Adrián vendrá, él será tu cita.
– ¿Quién es Adrián? – Dimitri habló por primera vez desde que aparecí.
– ¡Oh, verá entrenador Belikov! – ¡Joder Lissa! Esto no es buena idea – Adrián es mi único primo, es dueño de una famosa cadena de clubes y desde siempre ha estado loco por Rose – La mirada del ruso cambió abruptamente, nada podía entrar o salir – Así que, ¿qué dices? Él ha estado pidiéndote una cita por años – Me miró con inocencia, como si no supiera lo que hacía.
Estaba por responderle cuando nuevamente Dimitri se me adelantó – No creo que sea buena idea, ambas deben estar concentradas en su entrenamiento. No tienen el tiempo para perderlo.
– Dimka, no seas tan cuadrado y permite que las niñas se diviertan por lo menos esta noche. A partir de mañana se concentrarán en lo suyo y se olvidarán por un momento de sus novios – Rió fingidamente – Tú y yo podríamos salir a cenar y no sé, compartir puntos de vista – No podía creer a esta mujer, ¡así o más lanzada! ¡Qué asco!
– ¿Rose? – Dimitri me llamó, pidiéndome en silencio que me negara.
Suspiré, ninguna de las tácticas de mi amiga daría efecto. Sea lo que sea que se proponga conseguir... ¿qué más da? Era una buena oportunidad para distraerme de todo y tal parece que a él no le desagrada la compañía de la lagartona esa.
– Saldré con mis amigos.
– Perfecto – Murmuró con frialdad.
Retocaba mi maquillaje a la espera de los chicos. Liss optó por arreglarse en el hotel, ya que había dejado todas sus cosas y no es como si pudiera prestarle algo de mi ropa.
Toc, toc... Llamaron – ¡Adelante! – Tarareé pintando mis labios.
Un Dimitri recién duchado y al parecer listo para salir, entró a mi habitación. Me miró detalladamente y lo admito, tomó todo de mí para no estremecerme ante su fuerte mirada ¡Puedes hacerlo, Rose! No bajes la guardia. Lo seguí a través del espejo, sin girarme.
– Saldré con Natasha, pero antes quise pasar a pedirte que no bebas en exceso, mañana tendremos un programa intenso y no es recomendable el alcohol en tu sistema. Por lo que también sería bueno que no llegaras tarde.
Dejé mi maquillaje y lentamente volteé – Sé perfectamente lo que tengo qué hacer, te recuerdo que soy la primera interesada en ganar la competencia.
– ¿Ese tal Adrián es de fiar? – Inquirió sorprendiéndome. Sin embargo, él no era el único con una máscara de indiferencia.
– ¿A qué viene tanta pregunta? – Seguía con los ojos fijos en mí – Mira, te agradezco la preocupación, pero sinceramente te pido que te ahorres las recomendaciones. Eres mi entrenador Belikov, no mi niñero.
– Igual debo velar por tu bienestar.
Sonó la campanilla – Sí, dentro de la pista. Lo demás, déjamelo a mí – Pasé a su lado y le entregué las llaves de mi auto – Que tenga una excelente velada, entrenador.
Si bien es cierto que Adrián por muchos años estuvo rogándome por una oportunidad, también lo es que hoy está más que enamorado de Sydney, su novia. Y bien, lo acepto, fue bueno volverlos a ver y disfrutar del momento, así significara aguantar al pesado de Christian. Bailé, reí y bebí moderadamente, por muy a gusto que estuviera no iba a arriesgar un día de entrenamiento.
Llegué a la una de la mañana, el coche se encontraba en su respectivo lugar. Entré, subí directamente a mi habitación y al pasar por la suya percibí el brillo de su lámpara de noche alumbrando por debajo de la puerta.
Tal vez olvidó apagarla o sigue despierto. Me encogí de hombros y seguí mi camino.
A la mañana siguiente tuve que despertar una hora antes gracias a los ajustes del nuevo horario. Vestí un suéter holgado, mis mayas especiales y recogí mi cabello en un moño despeinado. Inesperadamente fui la primera en llegar. No quería ni imaginarme el motivo de su retraso así que aproveché para encender los altavoces e iniciar el calentamiento.
Tenía algunos minutos de haber entrado a la pista cuando Dimitri apareció, en silencio se puso sus patines y avanzó hacia mí. No dije nada, permanecí en mi posición de Ángel y fue entonces cuando sentí que posaba una mano sobre mi cintura y con la otra elevaba mi pierna – Cuida los detalles – Enronqueció. Asentí sin saber qué decir, luchando furiosamente por no sonrojarme o estremecerme por la electricidad generada. Continuó demasiado cerca para mi propio bien y justo cuando llegamos a la Bandera Cruzada, nuestros rostros se encontraron peligrosamente cerca. Me perdí en la profundidad de sus ojos y en lo cálido de su aliento. Pese a ello y aunque me estuviera muriendo por besarlo, no iba a hacerlo – Yo... – Dijo entrecortadamente. Sus ojos viajaron a mis labios, acercándose hasta rosarlos con los suyos.
No necesité más para alejarme de ahí – Será mejor comenzar, entrenador – Vi un atisbo de contradicción, pero así como llegó, se fue. Le pedí "Sugar" de Maroon 5. Me posicioné a media pista; imaginando a mi abuela en primera fila. Era mi motor y nada me haría fracasar, ni siquiera un corazón roto.
Mi rutina hace mucho que la tenía estudiada y memorizada. La sometía a distintos ritmos de música y con ellos a pequeñas modificaciones, Dimitri tomaba nota y al finalizar siempre me daba los pros y los contras. Me preparaba para el Axel cuando sentí algo raro en mi patín, tontamente decidí no prestarle atención y realizar el salto. Y justo cuando la cuchilla tocó el hielo con toda la fuerza de mi peso, se escuchó el tronar de esta, provocando que cayera toda mi humanidad sobre mi pierna derecha. Por un momento el aturdimiento del golpe no me permitió oír nada, hasta que sentí los musculosos brazos de Dimitri sobre mí.
– ¿Roza, te encuentras bien? – Me estudiaba en busca de lesiones.
– Estoy bien... supongo – Pero cuando pretendí incorporarme, una pequeña punzada de dolor me detuvo. Pudo verlo en mis facciones, así que sin perder tiempo me tomó al estilo nupcial y me llevó a una banca en donde me quitó el botín y examinó la zona – ¿Qué tan grave es? – Pregunté con temor.
– No te angusties, no es grave – Hizo un poco de presión. A decir verdad no dolía demasiado, pero cualquier movimiento en falso podría complicar el trauma – Pondré un poco de hielo y reposarás por el resto del día. En teoría tendría que estar desinflamado para mañana.
– En teoría – Murmuré.
Dimitri tomó el patín, mirándolo con extrañeza – No lo entiendo, el salto no tendría que haber partido la navaja. Yo mismo revisé el equipo ayer y todo estaba en perfecto estado.
Una alarma roja se encendió en mi cabeza – ¿Volviste aquí con Natasha anoche?
Su atención se posó en mí – Ella vino a buscarme, de aquí nos fuimos al restaurante ¿Por qué lo preguntas?
– ¿Y estuviste con ella todo el tiempo? – Indagué.
Irguió una ceja – Qué estás tratando de... no creerás que Tasha...
– Créeme, algún día te contaré una historia – Observé el reloj – ¿Podrías llevarme a mi habitación? – Asintió, tomándome nuevamente en sus brazos – Y por favor, evita contarle algo de esto a esa serpiente ponzoñosa.
Me mantuve gran parte del día en la cama, acompañada de una compresa helada. Estudiando mis videos de rutinas pasadas, viendo los detalles de mi vestimenta para la competencia o simplemente en Facebook.
Lo que me hizo recordar mi viejo álbum de recortes, lo saqué de mi mesita de noche y comencé a hojearlo. No cabía duda que Dimitri era un Dios en lo que hacía. Lo cual era extraño, en el tiempo que tiene conmigo jamás lo había visto cojeando o limitándose en movimientos, no debería ser así en caso de estar lesionado, ¿o sí?
La puerta se abrió y un enorme ruso entró con una charola y dos humeantes tazas de chocolate caliente.
– ¿Cómo estás? – Se detuvo, manteniendo su distancia.
Señalé el banquillo junto a mi cama, invitándolo a sentarse – He estado mejor. Y por eso quiero pedirte algo – Asintió entregándome una taza – Cuida mucho lo que digas frente a Tasha, me refiero a lo relacionado con mi rutina y esas cosas. Esa mujer me odia y no dudo ni un instante que esto ha sido obra suya.
– ¿Cómo estás tan segura de eso, Rose? – Hizo una pausa – Los accidentes pasan.
– Tal vez, pero curiosamente siempre que la tengo cerca mi suerte cambia a peor.
Di un pequeño sorbo, mmm... esto está delicioso – ¿Estás segura de que solo es eso?
Descubrí su cuestión implícita – No es que no te tenga confianza, porque te la tengo. Es en ella en quién no confío. Por eso Lissa optó por quedarse en un hotel y yo mandé cerrar todos los accesos a la pista mientras estemos trabajando, también pondré los altavoces a tope con un sinfín de melodías para que no trate de sabotearme otra vez.
– ¿Qué es eso? – Preguntó cambiando de tema.
– Emm... pues es... míralo tú mismo – Se lo entregué, ya no había manera de esconderlo, eso sería aún más sospechoso de mi parte.
Dejó su taza antes de ver el contenido del cuadernillo – ¿De dónde has sacado esto?
– Es mío – Dije soplando el vapor – Yo lo hice.
– ¿Cómo...?
Por primera vez pude verlo contrariado, ansioso, nervioso y hasta cierto punto anhelante – Eras una figura pública ¡El dios del snowboard! Y yo... una ferviente admiradora.
Me miró como si me hubiera salido un tercer ojo – ¿De verdad?
Me encogí de hombros – No me perdí un campeonato tuyo desde los once ¡Aquello era fenomenal!
Sonrió – Sí, lo era.
Su expresión se volvió pensativa – ¿Dimitri? – Me animé a curiosear – Las notas decían que no volverías a competir, pero yo no he notado ninguna lesión.
Cerró el álbum para devolvérmelo – Es porque no tengo ninguna lesión, Rose.
Lo observé extrañada – Pero el accidente...
– Salí con algunos raspones, eso fue todo – Me interrumpió.
– ¿Y entonces por qué te retiraste?
Sus ojos fueron tornándose cada vez más fríos – Eso no te incumbe – Su mala reacción me sobresaltó un poco. Parece que mucho de su actitud tiene que ver con ese accidente – Lo siento, no me gusta hablar de eso.
Levanté la mano en señal de rendición – No, tienes razón. No es algo que me importe.
Un incómodo silencio invadió el ambiente – Rose, esta dinámica en la que estamos cayendo no ayuda en nada. Necesitamos tener comunicación, trabajar en equipo...
– No soy yo la que tiene problemas para socializar – Retiré la compresa de mi tobillo.
Él suspiró pesadamente – Solo quiero que intentemos llevar la fiesta en paz y que tú... – Meditó sus palabras – No quiero que estés a la espera de algo que no va a suceder.
Tragué el nudo en mi garganta – No te preocupes, no me voy a quedar sentada tejiendo bufandas.
Me levanté con toda la calma que pude aparentar. Necesitaba salir de ahí o me partiría a llorar – Hablo en serio.
– También yo.
Dimitri
¿Qué está pasando contigo, Belikov?
¡No puedes perder el control así!
Primero te muestras celoso a la primera mención de un muchacho interesado en Rose; luego, intentas provocar sus propios celos al aceptar la cercanía de Tasha; te sorprendes al ver un álbum tuyo hecho por ella y ahora, casi demuestras lo vulnerable y patético que eres con la sola evocación del accidente.
Suspiré frustrado mientras la veía posicionarse en la pista; luciendo el vestido que usará en la competencia... se veía hermosa. Me hizo la señal y accioné los altavoces, esta vez eligió a One Republic, "Secrets". Juro que nunca entenderé sus gustos musicales. La miré ejecutar sus saltos y acrobacias con gran maestría y elegancia, había disciplinado sus técnicas y aun así me era difícil prestarle atención sin embriagarme en su propia belleza. Realmente tenía altas posibilidades de llevarse el oro; me recordaba mucho a mí al inicio de mi carrera. Cuando creía que todo era posible.
Es perfecta en interpretación y evolución, se entrega en cuerpo y alma... parece un ángel en pleno vuelo.
Terminó con la magistral Muerte del Cisne. Lo consiguió, su técnica y dominio son perfectos.
– ¡Bravo! – Una serie de aplausos me sacaron de mi nube.
Me giré para ver a un chico alto, delgado y rubio, llevando un bonito arreglo floral.
– ¿Quién eres tú? ¿Y quién te dejó entrar? – Solté repentinamente molesto.
– Tú debes ser, Belikov – Me tendió la mano – Adrián Ivashkov – Se presentó – Y él fue tan amable como para permitirme pasar y admirar tan bello espectáculo – Señaló a Hans Croft que avanzaba con un par de muletas – Ahora si me disculpas, esa hermosura de ahí me espera – Seguí su mirada para ver a Rose aproximarse con una sonrisa que tenía días de no ver y que solía estar dirigida a mí. De pronto, la idea de romperle la cara a ese tipo no me era tan descabellada.
Pero ¿con qué derecho?
Lo vi entregarle las flores y besar su mejilla, antes de apartarse a una de las bancas y charlar con gran alegría. Pude sentir cómo iban apretándose mis puños – Belikov... – Cuando me volví a Croft, él ya tenía los records de Rose en sus manos – ¡Vaya! Parece que lo has conseguido y por lo que vi, es muy probable que esa niña gane la competencia.
– Rosemarie, no es una niña – Por alguna razón sentí la necesidad de aclarar el punto.
– Tienes razón – Me instó a seguirlo a la pequeña oficina – Lo que es un hecho, es que será un suceso digno de presenciarse ¿Por qué irás a la competencia, no es así? – Cerré la puerta, no sin antes mirar de nuevo a la "feliz pareja".
¿Qué está haciendo conmigo?
Suspiré – Sí, ahí estaré.
– ¿Independientemente de la presencia de la prensa? – Sabía hacia dónde se dirigía.
– Independientemente...
Discutimos las evoluciones y demás focos de atención, poco antes de que él se retirara me hizo una sugerencia que no pude pasar por alto – Sé que Natasha Ozera se encuentra trabajando aquí con la chica Dragomir – Asentí, cruzándome de brazos – Es una gran entrenadora, fue la mejor en su época, pero como persona deja mucho que desear. Mantenla lejos de Rose, su presencia aquí no me da buena espina.
– ¿Qué sabes de eso? – No creí prudente contarle a Rose que durante la cena que tuve con Tasha, estuvo todo el tiempo intentando sacarme información de una manera muy sutil y seductora. Razones que me hicieron dudar de su honestidad.
Negó – Creo que le tiene envidia o miedo. No es tonta, sabe que Rosemarie puede quitarle protagonismo a Lissa y Ozera está acostumbrada a ganar. Cueste lo que le cueste – Lo acompañé a la sala – En una ocasión la atrapé intentando abrir un casillero, luego descubrí que no era suyo, y al día siguiente la pista con la que Mazur competiría había desaparecido. Juega sucio y se vale de todo.
Entré a la cocina, deteniéndome un instante al verla comiendo sola mientras veía algún programa en el televisor. Algo sobre vampiros, creo.
– Pensé que seguías con... Adrián – Murmuré aclarándome la garganta, dejando mi celular en la mesa para tomar un plato y servirme un poco de guisado.
– Nop... – Noté su vestimenta relajada: una blusa holgada de manga larga que dejaba ver parte de su tonificado abdomen y un pantalón de yoga con patrones árabes o turcos en él. Si alguien la viera por la calle nadie creería que es una de las millonarias más jóvenes que existen. Su humildad es su rasgo más admirable. Por supuesto que si la vieran por la calle lo único que notarían sería su belleza: largas piernas, cintura ideal y hermoso cabello marrón – Se fue hace un rato.
– También creí que no lo volverías a ver – Me senté en el banquillo a su izquierda.
– ¿Cuándo dije eso? – El sonido de mi celular atrajo nuestra atención. Doma, marcaba el identificador de llamadas. No, ¿por qué ahora? No podía rechazar la llamada estando frente a Rose. Situación que me cabreó bastante ¡Solo mi suerte! – ¿Tu madre otra vez?
– No es asunto tuyo – Su ceño se marcó. Me estaba convirtiendo en un experto en molestarla con mis idioteces y constantes cambios de humor.
De un salto bajó del banquillo, llevándose las manos a sus caderas – No, no lo es. Pero ¿sabes qué? – Retiró los pequeños rizos que le impedían asesinarme con la mirada – Me voy a meter en lo que no me importa, porque la mujer no tiene la culpa de que seas un imbécil desconsiderado. O piensas que no me he dado cuenta que desde que estás aquí no has hecho nada por comunicarte con ella ¿De qué te escondes?
– ¿Qué es lo que en realidad te molesta? – Me incorporé. Mi paciencia y auto-control se habían ido juntas al garete – ¿Qué yo sí tenga una madre que se preocupa por mí? – Hablé impulsivamente, como cada vez que me siento expuesto ante ella. No es excusa, lo sé, pero no soy consciente de lo que digo o hago hasta que es tarde para remediarlo ¡Mierda! Jamás olvidaré su expresión herida ¡Estúpido, has algo! – Lo lamento, yo... – Me acerqué solo para verla retroceder – No era mi intensión.
– Pero lo hiciste, eso es lo que cuenta.
Salió de la habitación sin mirar atrás.
¡Maldita sea!
Rose
– ¿Por qué estás tan feliz?
– ¿Te parece poco estar ya en la competencia? – Lissa y yo nos encontrábamos en los vestuarios, terminando de recogernos el cabello.
Después de los días más difíciles que he pasado con Dimitri, por fin estábamos aquí y en menos de una hora iniciarían las competencias de eliminación. Si pasábamos esta fase, nos concentrarían en un hotel por los siguientes dos días.
Los mismos días para su partida...
– Te conozco Vasilisa Dragomir y sé que te traes algo entre manos – Pestañeó con dulzura – Solo espero que no se te vuelva a ocurrir la maravillosa idea de enviar a Adrián con flores y chocolates.
– Dio resultado, ¿no es así? – Retocó el brillo de sus labios.
– No, no lo hizo – Miré mi apariencia en el espejo. Detrás de mí un torrente de chicas corrían de un lado a otro – Desiste Lissa, lo digo en serio.
– Rose, dijiste que parecía furioso y arrepentido luego de su discusión – Suspiré, había estado evitando a Dimitri tanto como me era posible. La presencia de Croft hizo las cosas más fáciles. Sin embargo, el ruso buscó sus oportunidades para acercarse y tratar de remediar la situación. Pero al final de cuentas volvíamos al punto de partida, se acercaba solo para alejarse después.
– Hay algo que le impide decir o hacer lo que realmente quiere y eso me exaspera un montón. No sé cómo lidiar con algo así, ni con su humor de mierda. No puedo acercarme porque él no me quiere cerca y ya te lo dije, no voy a perder mi tiempo cuando Dimitri ya ha tomado su decisión.
Me tomó de los brazos para sacudirme ligeramente – Lo que pienso es que no sabe cómo actuar cuando estás cerca ¡Al fin y al cabo es hombre! – Se encogió de hombros – Lo descolocas y tal vez por esa razón sienta la necesidad de alejarte de él – Sonrió con simpatía – Lo he visto observarte cuando estás distraída y créeme, ahí hay algo.
Negué – Cómo puede ser que algo que empezó mal, cambiara a bien y luego a peor ¡No lo sabré nunca!
– ¡Eso fue magistral! – Hans me elogió a la espera de mis primeros resultados – Te luciste impecablemente, pero sin mostrar más de lo que puedes hacer ¿Quién lo diría, Mazur?
– Alguien me aconsejó que dejara lo mejor para el final – Sonreí hacia Dimitri, mientras le recibía una botella de agua.
Nuestros ojos se engancharon justo cuando se iluminó el marcador. Desvió la mirada y una genuina sonrisa adornó sus fuertes y masculinos rasgos – ¡Felicidades! Ocupas la primera posición – El público estaba enardecido; saludé alegremente a la cámara que me hacía una toma directa – Mira hacia allá – Señaló la zona exclusiva de las gradas.
Mis padres se encontraban elegantemente presentes junto a los de Lissa – ¡Vaya! No creí que vendrían – Pensé en voz alta.
Nos levantamos y dirigimos al camerino – ¿Por qué lo dices? Son tus padres, por supuesto que vendrían a apoyarte.
Me solté el cabello, sintiendo ansias porque Croft volviera pronto con los detalles – El viejo ha hecho un esfuerzo por estar – Comencé a decir, sin saber muy bien el motivo por el que le contaba esto. Quizás mi euforia me estaba cegando – ¿Pero Janine? – Me encogí de hombros – Me llama solo cuando se entera de que he hecho una locura y necesita gritarme. Creo que sigue molesta porque elegí el deporte por sobre las leyes. La verdad es que nunca ha sido muy constante... tenías razón cuando dijiste que no le importo a mi madre.
– Rose – Rápidamente se acercó, tomándome de las manos – No quise decir eso... estaba molesto. No contigo – Se apresuró a decir – Mira, hay cosas, cosas de mi pasado que me hacen comportarme como un idiota y francamente, tenía algún tiempo sin socializar – Escondió un mechón detrás de mi oreja, enviando escalofríos por todo mi cuerpo – Mucho menos con una loca, talentosa, terca y alegre chica hermosa como tú – Sonreí ante sus cumplidos, más o menos. Solo nos percatamos de nuestra cercanía cuando entraron las pequeñas patinadoras que se encargan de recoger las flores y peluches que el público arroja a la pista – ¡Sí que tienes admiradores! – Comentó al ver el cúmulo de regalos, mientras yo repartía algunos autógrafos a las emocionadas niñas – Parece que Adrián tiene más competencia – Musitó.
Su tono melancólico me hizo volverme de inmediato – ¡Los tengo! – Mi antiguo entrenador llegó con los resultados finales – ¿Preparada?
Me senté para escuchar atenta qué países seguían en competencia – Adelante.
– Los ocho puestos los ocupan: Canadá – Sonreí, Liss lo había conseguido también – Japón, China, Rusia, Alemania, Francia, Estados Unidos y por primera vez, Turquía.
Dimitri observó las puntuaciones – China y Japón no serán fáciles.
– ¿En qué grupo estoy? Dime que no me ha tocado con Canadá – Hice una mueca – No me gustaría competir contra Lissa aún.
– Tendrán que hacerlo en algún momento – Comentó el ruso.
– Sí, pero me gustaría que fuera en la final.
Croft se echó a reír – Quizás así sea. Estás en el grupo B: con Japón, Rusia – Señaló al hombre a mi lado – Y Alemania.
– ¡Wow! Es un grupo jodidamente fuerte.
– Tú lo eres más.
– ¿Qué pasa? Pareces molesto – Cuestioné a Dimitri al verlo volver de la recepción del hotel. Estaba muerta y necesitaba una cama con gran urgencia, por ello lo esperé cerca de los ascensores.
– Tenemos un problema – Dijo pasándose las manos por el cabello – Al parecer hubo una equivocación y nos han dado la misma habitación – Ok... – Intenté conseguir otra, pero me dicen que el hotel está a reventar de atletas y Hans ha venido con su esposa así que... – Hizo una pausa – Saldré a buscar alojamiento, tal vez en...
– ¡No seas ridículo! – Presioné el botón del elevador – No encontrarás nada libre a estas alturas – Intentó protestar – Y yo no tengo problema en compartir la habitación, todavía tenemos trabajo por hacer y estando lejos no va a ayudar.
Le dimos las maletas al bellboy – No sé si será una buena idea, Rose.
Tampoco yo.
El tono de mi celular me avisaba de la llegada de un mensaje. Lo jalé hacia el ascensor, presionando el piso diecisiete – ¿Somos adultos no? – Saqué mi móvil y abrí el texto – Y aquí tú eres el responsable...
Lissa, leí: ¡Ahh!, no puedo creer que pasáramos a la siguiente ronda –Sonreí, casi podía oírla – Nos vemos mañana temprano y quiero todos los detalles – ¿Detalles? Fruncí el ceño – Dulces y rusos sueños, xoxo.
¡Lo sabía! Sabía que algo planeaba, esa rubia me va a oír. Levanté la vista para ver a Dimitri ligeramente apartado de mí, con la mandíbula apretada y la expresión indescifrable.
– ¿Qué puede pasar?
Dimitri
¿Qué puede pasar?
Me repetía una y otra vez mientras esperaba que la hermosa morena saliera de la ducha ¡Nada! Simplemente, tal vez, me lance sobre ti y te devore la boca... no, no, no, deja de pensar en eso.
– ¡Con un carajo! ¿Dónde está mi autocontrol? – Rose parecía estar tranquila y yo como un adolescente en su primer cita.
– ¡Listo, tu turno! – Salió luciendo una pijama completa estilo Santa Claus, con el cabello húmedo, el rostro lavado y su embriagante olor a vainilla y canela.
Lo que me faltaba, una imagen sexy más qué reprimir.
– Gracias – Tomé mis cosas y me encerré en el cuarto de baño. Realmente no tardé en ducharme, pero sí en salir de ahí. Necesitaba reunir mi carácter para poder enfrentarla y cuando lo hice, desee no haberlo hecho – ¿Y estas flores? – La sala estaba abarrotada de arreglos.
– Esas son de Abe – Apuntó al único ramo que colocó en la mesita de noche – El resto son de Adrián.
Asentí robóticamente – Son... bonitas – Dije entre dientes.
Sonrió abiertamente – Adrián puede ser un cretino, pero es un gran chico. No tienes que disimular, sé bien que no es de tu agrado.
– No es eso... – ¡Por supuesto que lo es! – Lo que pasa es que no quiero que te desconcentres, comenzaste bien y... debes seguir así – Detuve mi divague – Como dije, Japón y China darán batalla.
Se sentó en la cama – No te olvides de Rusia, sé por experiencia que pueden ser muy tercos ¿Y quién sabe? – Sonrió jugando – Quizás gane tu país; ustedes suelen ser... escurridizos – No pude evitar sonreír, parecía que habíamos vuelto a nuestros días buenos. Me acerqué y tomé una almohada – ¿Qué haces?
– Mi cama, dormiré en el sofá – Respondí con obviedad.
– ¿Enloqueciste? – Erguí una ceja – No podrás descansar en eso – Señaló el estrecho mueble – Ni siquiera yo podría estirarme ahí. Camarada... – Mi respiración hizo una pausa al escucharla llamarme por ese mote horrible que sin saberlo, extrañé – Fue un viaje largo y un día agotador. Mañana te necesito al cien y para eso debes dormir bien. Así que déjate de juegos y métete a la cama.
– Rose, no creo que sea correcto – Me removí nervioso – Estaré bien, no te preocupes por mí.
Su expresión se tornó seria – Si lo dices por mí, prometo comportarme.
El problema es que yo no puedo prometer lo mismo – No es eso...
– ¿Sabes qué...? ¡Olvídalo! – Se recostó, dándome la espalda y apagando la luz de su mesita – ¡Buenas noches!
Me quedé ahí, como un imbécil. Solo era capaz de mirarla. De pronto, mis pies me llevaron al lado contrario de la cama, levanté las mantas y me metí a su lado, aspirando su dulce aroma – ¡Buenas noches, Rose!
Me sentía entre plumas. En un lugar cómodo, apacible y... seguro.
Lentamente abrí los ojos, acostumbrándome a la claridad que entraba sin permiso por la gran ventana. Intenté inútilmente estirar los brazos y las piernas, entonces, fui consciente del cálido cuerpo que se refugiaba entre mis brazos.
Roza reposaba prácticamente sobre mí, con la cabeza en mi cuello, los brazos alrededor de mi torso y sus piernas enredadas con las mías. Se veía tan pacífica, nadie creería que hay fuego puro en su interior – Ochen' krasivaya – Musité en mi idioma materno; inconscientemente acercándola más a mí.
Hizo una linda mueca, arrugando su nariz mientras sus lindos ojos se abrían – ¡Hola! – Sonrió ¡Y que me parta un rayo si no deseé hacerla mía en ese preciso momento! De pronto, se tensó estudiando la situación – ¡Lo siento! – Se incorporó rápidamente – No pretendía incomodarte.
– Descuida – Me estremecí a falta de su calor – No lo hiciste.
– Será mejor que me apresure – Mordió su labio inferior ¡Joder!
– Sí, hay trabajo qué hacer.
Durante la noche...
– Estoy tan orgulloso de mi niña – Abe no paraba de alabar el desempeño de Rose. Había estado magnífica. Ágilmente escaló puestos y aunque estuvo muy reñida con la concursante japonesa, lo consiguió ¡Roza estaba en la final! – Necesito buscar un buen sitio en casa para colocar el trofeo, tiene que ser un lugar a la vista de todos – Dijo pensativamente.
– Baba, deja ya de parlotear. Ni siquiera ha terminado la competencia y todo puede suceder – Rose se veía contenta y triste a la vez. Lamentablemente, Lissa tuvo que abandonar la competencia debido a una lesión en el tobillo.
– Es cierto – Concordó Janine – Es una pena lo de Vasilisa.
– Me gustaría ir a verla al hospital, ¿puedes llevarme, viejo?
– Desde luego – Abe se volvió a mí – ¿Te unes a nosotros, Belikov? Podríamos ir a cenar después.
Desistí cortésmente – Se lo agradezco, pero me gustaría tomar un baño y descansar. Ha sido un día pesado.
Los Mazur partieron rumbo a la clínica, mientras yo a la habitación. Un tiempo lejos de Rose y las preguntas necias de la prensa, era lo que necesitaba mi cordura. Llegué al pasillo para encontrar la puerta entreabierta, la empujé y lo que vi me dejó atónito.
– Tasha, ¿¡qué haces!? – La habitación estaba destrozada. Muebles volcados, la cama deshecha y las pertenencias de Rose despedazadas por doquier.
– ¡Ese premio era mío! – Gritó rabiosa.
– ¿Tuyo? – Pregunté contrariado.
– ¡Esa maldita me lo arrebató! ¡Vasilisa debería seguir en competencia, no Rose! – Estaba desquiciada.
El mal humor que me habían dejado los reporteros comenzaba a manifestarse – ¿Fuiste tú quien provocó el accidente con los patines de Roza?
– ¿Roza? – ¡Mierda! – ¿Le diste un nombre ruso? – Al no responderle su semblante cambió a uno herido – ¡Pues sí, fui yo! ¡Se lo merecía! Ella me ha quitado todo: la competencia, la atención de la prensa y ahora a ti – ¿Qué? ¿De qué diablos está hablando? – Siempre he estado enamorada de ti y cuando coincidíamos en las competencias no eras capaz ni de voltear a verme. Te busqué, quería que te unieras a mi equipo de trabajo. Era nuestro destino estar juntos y llevar a Lissa al estrellato ¡Pero elegiste a esa! ¿Por qué, Dimka? – Arrojó a mis pies el traje hecho trizas que Rose usaría en la final.
Eso fue la gota que terminó por derramar mi mal carácter – ¿Cómo pudiste? ¡Estás loca! – Sin contemplaciones la tomé del brazo y la saqué a rastras de la alcoba – ¡Se acabó! Te irás y dejarás en paz a Rose.
Ella luchaba inútilmente contra mí – ¡Eso nunca!
– Te lo advierto, Tasha. No quieres meterte conmigo.
Luego de llevarla ante el comité, dejarla en evidencia con los altos cargos y volver a escabullirme por evitar reporteros, volví a la habitación acompañado del personal del hotel. Tenía que arreglar aquel desastre antes de que Rose decidiera regresar; temiendo el momento en que esa puerta se abriera y ella entrara.
¿Qué se supone que iba a decirle?
– Dimitri... ¿qu... qué es todo esto? – Sus ojos se fueron a mis manos, a los pedazos de tela púrpura que sostenía – ¿Eso es? – Su voz se entrecortó.
– Rose, yo... – No supe cómo reaccionar – Lo lamento.
– ¡Fue ella no es así! Fue esa víbora venenosa que no supo aceptar la derrota – Limpió agresivamente la única lágrima que resbaló por su mejilla – ¡Pero esta vez vine preparada! – Rugió. Caminó con firmeza al armario y del fondo sacó una caja dorada, la tomó y la llevó a la mesa – ¡Gracias abuela! – Sonrió mostrándome un precioso vestido color granate.
Abrí los ojos para verme sobre su pecho, totalmente prendado a su cuerpo. Ella ya había despertado y acariciaba ligeramente mi cabello, viéndome dormir.
Me levanté con cuidado, sin aflojar el agarre de mis brazos, apoyando mi peso en los codos. Automáticamente mi mano retiró los rizos suaves de su cara, acaricié su mejilla y su labio inferior, mientras su aliento me envolvía hasta la locura.
– Roza... – Susurré y sin pensármelo, bajé mi rostro al suyo. Besándola con toda la pasión, necesidad, anhelo, dolor y tristeza que sentía. Sus manos se aferraron a mi espalda y las mías a su cadera. Un gemido suyo fue lo que me hizo despabilar, me retiré sin dejar de mirarla, lucía hermosa con sus mejillas sonrojadas y la respiración igual de irregular que la mía – Esto no...
– Shhh... – Colocó un dedo en mis labios – Ya sé lo que vas a decirme – Suavemente me empujó para levantarse – Fuiste muy claro la primera vez. Descuida... entiendo. No estás interesado.
Pero lo estaba, sí que lo estaba.
Por más que lo intentaba no podía eliminar aquella escena de mi cabeza o la sensación de mi cuerpo y por mi bien tenía que controlarme. Estábamos en la final, a escasos minutos de iniciar. Rose salió del camerino, usaba el vestido regalo de su difunta abuela. La falda corta llevaba algunos volantes largos, el corsé tenía piedrecillas bordadas y las transparencias necesarias. Se veía aún más hermosa con sus rizos sueltos.
– ¿Estás lista?
– Sí, entrenador.
Una molestia surgió en mi pecho, pero la ignoré lo mejor que pude. Tenía que poner una sonrisa en su cara – Pase lo que pase allá afuera, quiero decirte que me siento orgulloso de todo lo que has logrado – Levanté su rostro tomándola de la barbilla – Sin embargo, hoy Turquía se lleva el oro.
Fui recompensado con una sonrisa de lado – Eso espero.
La acompañé hasta la pista y juntos vimos el desempeño de la concursante china. Percibí que los nervios de Rose comenzaban a expandirse, así que tomé su mano, apretándola ligeramente – Lo harás bien.
El jurado dio las notas y Roza fue llamada a la pista. Ahora era yo quien se moría de ansiedad – Lo hará bien – Repitió Hans, guiñándome en complicidad. La melodía resonó por los altavoces, atrayendo toda mi atención a la mujer que me robaba el aliento: "Love" de Michael Bublé. Ella eligió un... – ¿Swing? – Soltó sorprendido – ¿Cómo la convenciste de usar esa música? Ella cree que es para ancianos.
– No he sido yo – La respuesta del público fue inmediata, como mi sonrisa.
Sus saltos, giros y acrobacias fueron acompasados por la elegancia de sus movimientos de baile y la gracia de sus rizos volando a su alrededor ¡Un Ángel! Aun no terminaba su rutina y el público ya la ovacionaba, aquel espectáculo absorbió todo mi ser. Su belleza era tanta que me dolía.
Entonces descubrí que estaba enamorado... amaba a Rose Mazur y ella tenía el oro.
Rose
– ¡Salud! – Mi familia y amigos más cercanos aplaudían al discurso de mi padre.
Yo seguía sin poder creerlo... ¡Gané! Gané la competencia, abuela.
El fuerte aroma de su colonia de afeitar me previno de su presencia.
– Te ves... muy hermosa. No tuve oportunidad de decírtelo antes.
– Gracias – No sonreí. El que estuviera en traje de gala, absolutamente hermoso, no era razón suficiente. Mi alegría se borró al verlo empacando sus cosas.
– Te... – Se aclaró la garganta – ¿Te gustaría bailar... conmigo?
Asentí, dejando mi copa de champagne de lado. Me tendió la mano y me guió suavemente a la pista de baile. Coldplay hacía doler mi corazón con "Fix You". Rodeó mi cintura y comenzamos a balancearnos a un ritmo lento.
– ¿A qué hora sale tu vuelo? – Pregunté no queriendo saber la respuesta.
– En un par de horas – Nunca me había visto con la intensidad que demostraba ahora.
– Oh... – Fue todo lo que mi cerebro pudo formular.
– Nunca había visto un espectáculo así. Era casi como si volaras – Sonrió – Ahora yo soy un ferviente admirador.
No pude evitar reír – Puedes hacer un álbum – Guardé silencio, armándome de valor para lo siguiente y es que no podía quedarme con la duda – Dimitri, ¿por qué me besaste?
– Rose – Nos detuvo – No nos hagamos esto, por favor. No puedo darte lo que quieres.
– ¿Y qué es lo que quieres tú? – Insistí viéndolo a los ojos.
– Alejarme de ti – Sentí como si me hubiera abofeteado – Rose, no quieres estar con alguien como yo. Estoy roto...
– ¿Cómo puedes decir algo así? No sabes lo que siento y creo que ni siquiera sabes lo que tú sientes ¿A qué le tienes miedo?
Retrocedí – No quiero arrastrarte conmigo, estarás mejor sin mí.
– Belikov, supe que tu vuelo sale en unas horas – Abe llegó para arruinar o salvar el momento, para el caso ya no sabía – Vayamos al despacho – Mi baba me tomó del brazo y me guió con Dimitri siguiéndonos de cerca. Entró y se dirigió a su sillón favorito, mi madre ya nos esperaba. Opté por sentarme frente a él, iba con el temor de que mis piernas fallaran en cualquier momento. El ruso que me destrozaba el corazón se sentó a mi lado – Confieso que tenía mis dudas, pero Hans logró convencerme y debo decir que para bien. Te estoy muy agradecido por el esfuerzo y empeño que pusiste para que Rosemarie obtuviera el triunfo.
– Probablemente no lo hubiera conseguido sin usted, ella carecía de disciplina – No presté atención al comentario de Janine.
– Estoy seguro de que aun así lo habría logrado, Señora Mazur – Sentí su mirada sobre mí, pero la ignoré – El talento de Rose es innato, ella tiene un futuro brillante.
– Bien, tenemos que volver a la fiesta – Abe le dio una mirada atravesada a la mujer. Luego se puso de pie, entregándole un cheque al ruso para finalizar estrechando su mano – Buen viaje, muchacho.
– ¿Rose? – Mi madre me llamó – ¿No tienes nada que decir? No seas malagradecida – Murmuró camino a la puerta.
Mordí mi labio, esperando a que abandonaran la habitación para poder sacar lo que había en mi pecho, no pensaba quedarme con nada. Me incorporé alisando mi vestido de noche, instándolo a levantarse para enfrentarlo – Gracias, entrenador Belikov. Espero no haberle hecho perder su tiempo valioso – Tomé aire – Que tenga una buena vida donde sea que vaya a esconderse.
Dimitri
Estaba en el taxi, con mi billete de avión en la mano, camino al aeropuerto. Con mil y un pensamientos en la cabeza y mis sentimientos por doquier.
Esto tenía que haber sido más sencillo: llegar, entrenarla e irme.
El punto es que no quiero hacerlo, no quiero irme.
Pero tenía miedo, esa es la realidad. Temía amarla y dejarme amar ¿Qué harías tú, Iván?
De repente, fui consciente de la melodía que sonaba en la radio: "When I was your man" de Bruno Mars. El conductor subió el volumen.
– Esta canción es muy buena, ¿no cree? – Comentó amigablemente el chico pelirrojo. Mason, se leía en su gafete.
– Sí, lo es.
Roza... ¿cómo voy a poder seguir sin ti? Sin su sonrisa o su mirada pícara, su tenacidad y arrojo ¿Realmente no voy a luchar por ella? ¿Realmente no voy a luchar por mí?
Necesito volver a vivir y Rose me hizo reír, pelear por algo... me hizo feliz – Tomaré un atajo. Ya sabe, por la época hay mucho tráfico.
– Noche Buena – ¡Mierda! El cumpleaños de Rose es mañana – Regresa – Musité.
– ¿Cómo dijo?
– Regresa, llévame de nuevo al salón.
No sé qué es lo que pudo ver en mis rasgos, pero sonrió divertido – ¿Una chica, eh?
– ¿Puede haber otra razón?
– ¿Y es bonita?
– Es hermosa.
Hizo el cambio de velocidades – ¡Pues no se diga más, a por la damisela!
Corrí por las escaleras en busca de la mujer que amo.
Sin embargo, cuando llegué al salón de fiestas no pude encontrarla, había mucha gente – ¿Belikov? – Una voz detestable me hizo voltear.
¡Y que me parta un rayo si dejaba a Rose en las garras de un playboy como este!
– Ahora no tengo tiempo, Ivashkov.
– ¿Buscas a Rose? – Detuve mi andar, mejor aclarar las cosas de una vez.
– Mira Adrián, sé que estás enamorado de ella y que desde hace años la pretendes. Pues déjame decirte algo, también yo – Sonrió burlonamente, cruzándose de brazos – Y no pienso rendirme, así tenga que romperte las piernas.
Guardó silencio antes de beber de su copa – ¿Ves a esa chica de allá? – Señaló a una rubia que se encontraba charlando alegremente con Lissa – Su nombre es Sydney – Caminó hasta colocarse a mi lado – Y me tiene loco de amor, como un estúpido.
Lo miré confundido – Creí que tú... que tú y Rose...
Palmeó mi espalda – Hace años que dejó en claro sus intenciones conmigo.
– ¿Y las flores?
Se encogió de hombros – Hacía un favor a una amiga. Aunque ahora que lo pienso, el favor te lo estaba haciendo a ti.
– Eres un... – Volví la mirada a la multitud ¿Dónde estaba?
– No está aquí, se fue – ¿Qué? Lo vi beberse el resto del trago – Y si no me hubieras interrumpido te lo habría dicho antes. Volvió al complejo, dijo que necesitaba estar sola.
– Gracias – Me dirigí de nuevo a la salida – Aun así sigues cayéndome mal.
Debido a que salí como alma que lleva el diablo, Mason me hizo el favor de esperarme para entregarme las maletas. Pero nuevamente requerí de sus servicios de transporte; a menos de cuarenta minutos para Navidad.
– Fiuuu... – Silbó al mirar la mansión – ¿Tú chica vive aquí?
Le entregué unos cuantos billetes – Todavía no sé si quiere ser mi chica.
– ¡Buena suerte entonces!
Tomé mis cosas y volví a emprender una carrera por encontrar a Rose. El sonido de los altavoces me dio una buena pista de su ubicación. Corrí por la fuerte necesidad de tenerla entre mis brazos. Abrí las grandes puertas y solo entonces pude soltar el aire que estaba conteniendo. Verla patinando, entregándose, dejándose llevar por el sentimiento como si estuviera rodeada de su público, me caló hasta los huesos.
¿Cómo pude siquiera pensar en dejarla?
Aún en contra de mi voluntad esperé a que terminara la canción: "Not Today" de Imagine Dragons. Tenía que hablar con ella y para ello la necesitaba desahogada. No había encendido todas las luces, solo un reflector que apuntaba directamente al centro de la pista. Saqué mis patines y comencé a colocármelos.
Cuando su rutina terminó, noté cómo se sacudían ligeramente sus hombros. Lloraba y me odiaba por haber sido el causante de su dolor. Quedamente patiné hacia ella, deteniéndome a escasos dos metros y aclarándome la garganta me dispuse a hablarle de lo que me oprimía el pecho hasta asfixiarme.
– Iván Zeklos – Comencé, sobresaltándola. Se giró para mirarme con los ojos muy abiertos, la nariz roja y las mejillas manchadas por sus preciosas lágrimas – Era el nombre de mi mejor amigo, mi casi hermano – Le ofrecí una pequeña foto que nunca ha salido de mi billetera. Quería que viera con sus ojos la imagen del hombre que pesa sobre mis hombros – Vivimos por la misma calle; lo golpeé en el rostro luego de atreverse a besar a mi hermana Sonya – Sonreí ante el recuerdo – A partir de ahí fuimos los mejores amigos; crecimos juntos, fuimos a la Universidad y nunca dejó de apoyarme para que cumpliera mi sueño. Así significara limpiar chimeneas, cargar bultos de harina o trabajar en el aserradero. Era un gran chico, excelente oyente y bailarín. Único en su especie – Suspiré – Y yo lo maté.
Dio un pequeño brinco en su lugar – ¿De qué estás hablando?
– El accidente... viajaba con su familia, sus padres y hermano, Jesse era su nombre. Me habían invitado a celebrar el cumpleaños de su abuelo, cumplía ochenta y cinco, y el señor me tenía mucho aprecio – Tomé aire – Pasamos un fin de semana increíble, pero tuvimos que volver al finalizar la fiesta. Iván había bebido un poco y prácticamente se durmió al subir al auto, su hermano no tenía licencia y la Señora Zeklos no sabía conducir, así que cuando su padre me pidió que lo reemplazara al volante, no lo dudé. No bebía gracias a mi carrera deportiva, tenía carnet de conducir y dije: ¡Desde luego! Era un trayecto largo, podía conducir por unas horas – Tragué el nudo de mi garganta – Fue la peor decisión de mi vida, pues cuando menos lo esperé... estábamos volcados sobre la carretera. Lo último que escuché antes de caer inconsciente fue el grito aterrado de Jesse llamando a su madre. El frío me hizo recobrar la conciencia; me arrastré entre el vidrio, fierro retorcido y el penetrante olor a sangre y humo. Llamaba a Iván, pero la única respuesta que obtuve fue el silencio – Rose se arrojó a mis brazos – Lo encontré a mitad de la carretera, murió al instante, su familia dentro del auto. Y yo... me quedé ahí. Acompañando a mi amigo hasta que llegaron las ambulancias y patrullas. Esa noche morí junto a Iván.
Se retiró para mirarme a la cara y al ver mis silenciosas lágrimas las limpió suavemente con sus dedos – Fue un accidente, dijeron que te habían chocado.
– Y así fue, el otro conductor iba muy drogado. Falleció en el hospital.
– ¿Entonces por qué te atormentas si sabes que no fue tu culpa? – Reprimió un sollozo.
– Porque pude haber hecho algo, prestar más atención. Si hubiera girado a la derecha tal vez ellos seguirían con vida.
Negó – No puedes saberlo, quizás habrías muerto también...
– Debí hacerlo – La interrumpí – No logro explicarme cómo salí de ahí con solo raspones. No fui capaz de mirar a la cara a su abuelo o a mi madre para el caso. Me aislé de todo y de todos. Abandoné el deporte que amaba porque no me sentí digno de disfrutar nada. Me fui a Portland, alejado de cualquiera que me conociera y dejé de vivir... – Tomé sus manos entre las mías – Hasta que te conocí – Nerviosa mordió su labio inferior – Me preguntaste, ¿qué era lo que yo quería? y te di una respuesta que no sentía – La acerqué a mí, envolviéndola en mis brazos – Roza, la respuesta eres tú. Tú eres lo que quiero – Fue mi turno de limpiar su llanto – Me cautivaste desde el primer momento en que te vi y al principio no quería reconocerlo, pero después me di cuenta que era difícil resistirme a ti y eso me enfurecía, por eso me comportaba como un imbécil contigo y no sabes cuánto lo lamento. Dudé y mucho, pero como bien dijiste, me marchaba para esconderme. Esconderme de ti, y ya no quiero hacerlo. Quiero darme la oportunidad y me gustaría que fuera a tu lado – Intentó hablar, pero me adelanté – Sé que aún tengo mucho qué trabajar: tengo que aprender a controlar mi temperamento, quiero volver a las cumbres, ser capaz de regresar a Baia y para eso necesito de ti. Quiero amarte y quiero hacerlo sin remordimientos ni malos entendidos entre nosotros. Quiero despertar a tu lado y besarte cada vez que me plazca... como por ejemplo, ahora.
Uní nuestros labios en un dulce y suave beso – ¡Eres un idiota, Belikov! – Golpeó mi pecho – Creí que te irías y que me dejarías sola.
– Lo intenté, pero no puedo separarme de ti. Hiciste volver a latir mi frío corazón y sin pedirme permiso te lo has robado.
Sonrió genuinamente – ¿Lo quieres de vuelta?
– No. Quiero que lo conserves para toda la eternidad.
– Eso es mucho tiempo, pero me parece bien, porque no pienso dejarte ir nunca más – Dispuesta a besarme me envolvió el cuello con sus brazos, cuando el sonido de las campanadas la detuvieron – ¡Feliz Navidad, camarada!
– ¡Feliz Navidad, Roza! y ¡Feliz cumpleaños! – Coloqué un beso en su frente – Te amo.
– También yo, y mucho.
FIN
Mushing:actualmente es considerado un deporte. Ha sido y aún es, una forma de transporte nórdica caracterizada por el uso de perros de tiro y esquís, que servía para desplazarse por superficies nevadas con rapidez.
Cuádruple, triple toe y Axel: modalidades de salto que realizan los patinadores individuales.
Doma: "hogar o casa" en ruso.
Ochen' krasivaya: "muy hermosa", en ruso.
