Los personajes le pertenecen a la increíble JKR, sólo la historia es mía, creada en esta febril cuarentena.

Gracias a todas las que han leído, comentado y están siguiendo la historia, está hecha con mucho amor y horas eternas de encierro.

#QuédenseEnCasa y lean Fics.


Día 12/ Juguemos Jenga, ¿qué puede pasar?

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Hermione entró de nuevo en la ducha, apenas sentía el agua fría sobre su piel, tenía demasiado malestar y se sentía débil, ni siquiera se quitó la ropa, sólo quería sentir algo... se dejó resbalar por el azulejo y se acurrucó en el suelo, mientras el agua le caía como pequeños golpeteos sobre el costado, cerró los ojos y se dejó llevar, se sentía un pequeño manojo de espuma que viajaba junto al agua por las cañerías, yéndose a la libertad del mar y la inmundicia, pero al menos refrescante.

—¡Granger! —llamó alguien, pero no le importó, se sentía tan bien siendo espuma que se dirigía hacia el mar, hacia un lugar fresco, hacia el aire y la libertad, hacia el sol, las plantas y los aromas de la calle... si seguía en esa posición, sentía cómo fluía por todo el mundo, desfragmentándose en partículas de espuma y agua...

—¡Granger!

Algo la zarandeaba, pero ella sólo era espuma, así que no la podía mover, nadie podía.

Malfoy entró al baño y vio a Granger tirada en la regadera mientras el agua le caía encima, tenía los ojos abiertos y murmuraba algo sobre espuma y sol, cosas sin sentido. Llevaba la ropa puesta y estaba colorada, había pasado de un naranja broncíneo a un naranja frutal. Así que Malfoy la cargó y la sacó de la regadera, pero Granger no podía sostenerse por sí sola, dio dos pasos y se habría golpeado con el suelo si el chico no la hubiese detenido. Así que colocándole un albornoz, la sacó del baño y se dirigió a su habitación, la sentó con cuidado y le secó el cabello, lo cual consistía en pasarle una toalla con rudeza por el cabello mojado, enredándolo y jalándola en el acto.

—¡Granger! —llamó Malfoy, golpeándole ligeramente en la mejilla para llamar su atención, Hermione enfocó la vista en él, haciendo un esfuerzo monumental por dejar de ser espuma y obtener consistencia de humano—. Necesito que te quites esa ropa y te pongas otra, estas empapada y te hará daño ¿Me entiendes?

Hermione asintió y se paró con dificultad, sosteniéndose del chico. Así que se sacó el albornoz y la playera de algodón como si nada, porque ella era espuma y la espuma no tenía forma de chica. Malfoy se dio la vuelta repentinamente y rebuscó en la única silla que había en el cuarto entre la ropa perfectamente doblada, hasta encontrar una nueva playera y se la arrojó sin mirar o no demasiado a Granger, quien ahora iba por la parte de abajo, así que buscó un pantalón de pijama y se lo tendió.

—¿Ya te vestiste? —preguntó Malfoy mirando hacia la sala, enfocándose en el más allá.

—Ya —contestó Granger y cuando Malfoy se giró, la chica estaba sentada, con el cabello escurriéndole, la mirada vidriosa y su piel antes blanca, muy naranja. Malfoy se acercó con suavidad y se arrodilló a su lado, tomándole la temperatura con el antebrazo, como hacía su madre cuando era joven. Estaba hirviendo.

—Creo que no me siento muy bien —balbuceó la chica mientras intentaba mantener el equilibrio.

—Sólo es fiebre y náuseas, quédate aquí —ordenó el chico y salió de la habitación. Granger se quedó en su sitio, muy obediente, como una estatua. Al cabo de unos instantes, regresó Malfoy con un balde y toallas—. Acuéstate.

Hermione obedeció mientras la cabeza le daba vueltas, cuando se recostó, sintió que pesaba toneladas y le fue muy difícil gatear hasta su cama, así que quedó medio tirada, medio acostada, en medio, por lo que sintió como Malfoy la tomaba de nuevo entre sus brazos y la recostaba en una posición sumamente más cómoda, empezando porque su rostro estaba hacia arriba y no contra la colcha.

—Si te quedas así, te dará muerte de cuna —escuchó que le dijo Malfoy.

—Me voy a morir —gimió Hermione mientras Malfoy le colocaba la toalla húmeda sobre la frente.

—No, sólo te vas a sentir como si te fueras a morir, pero no lo harás. Eres demasiado terca para morir de pronto.

Hermione soltó una risita y de pronto se giró, vomitando en el balde. Malfoy la sostuvo, masajeándole la espalda y recogiendo su cabello para no ensuciarla. Cuando terminó, la chica se acurrucó en la cama dócilmente y cerró los ojos con la frialdad de un paño húmedo en su frente.

—Quién iba a pensar que Malfoy no le tendría asco a una sangre sucia vomitando —rio Hermione, pero Malfoy se detuvo y la miró fijamente, repentinamente serio, después inhaló y exhaló varias veces, intentando calmarse, algo que ella no vio, porque volvió a vomitar.

—Odio esa palabra —dijo de pronto Malfoy mientras le pasaba otro paño, sin la delicadeza anterior.

—¿Vómito? —se extrañó la chica.

—Sangre sucia —contestó mientras dejaba los trapos a un lado y se levantaba—. Y odio sobre todo, que la gente me siga recordando algo que solía decir hace años, encasillándome en mi pasado.

Hermione se incorporó y lo miró como si fuera la primera vez. Ella lo decía con ligereza, sin embargo, él parecía tomarlo en serio y se sintió mal. Y no mal como cuando vomitaba, sino mal por haber dicho algo en lo que nunca creyó.

—Lo siento —se disculpó y luego volvió a vomitar. Malfoy suspiró derrotado, sentándose a su lado.

—Supongo que me lo he ganado a pulso —contestó mientras le tomaba el cabello y se lo trenzaba con suavidad—. Pero ya no soy ese niño que sigue fielmente a su padre sin preguntar nada. Eso quedó en el pasado.

—Lo siento —repitió ella mientras se limpiaba el rostro—. No me gusta encasillar a las personas por cosas del pasado, todos cambiamos. Quién iba a pensar que serías tan buen estilista, por ejemplo.

Malfoy soltó una risa y se llevó el balde mientras Hermione se recostaba, sintiéndose mejor.

—¿Ya no eres señora espuma? —preguntó Malfoy al cabo de un rato, cambiando el peso de un pie al otro a un lado de su cama y Hermione lo miró con ojos vidriosos aún.

—Un poco —admitió mientras se recorría en la cama, palmeó a su lado con timidez—, ¿te puedes quedar conmigo?

Malfoy asintió mientras recogía los trapos y le colocaba uno nuevo a Granger en la frente. Se sentó a su lado, con el torso pegado a la pared y las piernas extendidas.

—No me vomites encima.

Ella sonrió mientras se acurrucaba a su lado.

—Apuesto a que a Weasley le daría mucha gracia el color naranja, parece que están a juego.

Hermione suspiró mientras temblaba ligeramente.

—Ron jamás me habría cuidado enferma —murmuró haciéndose un ovillo—. No sabe cocinar o lavar su ropa, así que seguramente me habría arrojado a las puertas de San Mungo o con la señora Weasley... Ella es tan amable y me quiere mucho, pero él a veces no aporta la gran cosa...

—Qué hombre tan capaz —comentó mordazmente Malfoy—. ¿Se puede saber por qué se van a casar? No hablas mucho de él ni tampoco con emoción...

Pero Hermione ya se había quedado dormida a su lado, aferrándose a su playera como una niña pequeña. Malfoy suspiró y le cambió el pañuelo una vez más mientras recargaba la cabeza en la pared y se colocó otro paño él mismo, porque seguramente el calor que sentía era de la fiebre naranja, no por ella.


Hermione despertó acurrucada y sintiéndose mucho mejor que en otros días, quizá sería porque ya no hacía calor o porque estaba muy cómoda encima de una almohada que no recordaba tener...

Abrió los ojos y entonces vio su almohada, que no era una almohada, era el pecho de Draco Malfoy, quien tenía uno de sus brazos a su alrededor . La chica se intentó mover, pero Malfoy la sostenía y no quiso despertarlo. Así que haciendo varias maniobras, se pudo mover, alejándose de su lado.

Entonces fue al baño, tenía un color naranja más fuerte del que recordaba, pero se veía "normal", dejando de lado una trenza que ella no se había hecho y la ropa que ella no recordaba haberse puesto. Confió en que Malfoy no la habría vestido, pero tampoco recordó de qué habían hablado, sólo recordaba meterse al baño porque tenía calor y después despertar recostada sobre él.

Ay, definitivamente estaba enloqueciendo.


—Entonces, Granger —dijo Malfoy por la tarde, mientras terminaba de re leer su libro por quinta vez—. Ya he leído todos estoy libros malísimos por diez o catorce veces, ¿por qué no jugamos algo? —Alzó la ceja en tono sugerente.

Hermione levantó la vista de El profeta y se ruborizó.

—Porque esos no son juegos de mesa para nosotros, Malfoy, porque yo me...

—Yo me voy a casar —la interrumpió imitando su voz—. Ya lo sé, hablaba de esas cosas que suelen hacer los muggles para pasar el rato, juegos para personas "que no se van a casar entre sí". Además vi más cosas en la bolsa que decomisaste con tus mojigaterías.

La chica se estiró en su lugar y se acercó a la bolsa, mirando hacia dentro. Cierto era que ella se la había llevado a su habitación después de arrebatarle el jueguito erótico ese. Sólo se había limitado a sacar los libros y no miró más adentro.

—A veces me sorprende lo... poco efectivos que son en el departamento de artefactos muggles —comentó la chica mientras examinaba una caja de colores y otras alargadas. Sacó la que parecía un rectángulo alargado y se la tendió a Malfoy, con una sonrisa—. Este es un jenga, pero en la versión para beber.

—¿Se beben esto? —preguntó el rubio abriendo la caja y sacando piezas pequeñas de plástico y rectangulares.

—No —explicó sonriendo—. Se colocan así y así —se sentó frente a Malfoy con las piernas cruzadas y colocó las piezas en el piso, para después apilarlas en bloques de tres con suma habilidad—, luego se hace una torre y se saca una pieza —Sacó una de las piezas de plástico y se la mostró—. Se coloca de nuevo encima y pierde quien tire la torre. Pero en esta versión, cada pieza tiene un mensaje —Se lo mostró a Malfoy—. Éste dice "todos beben", entonces todos bebemos una ronda de alcohol.

—Suena interesante eso de beber —comentó Malfoy—. Pero aquí no hay alcohol y dudo mucho que el alcohol del botiquín se pueda ingerir.

—Bueno, si nos apuramos, podemos dejar unas uvas a fermentar y tendremos alcohol en no sé, tres años. Al fin que esto va para largo —dijo Hermione y ambos rieron.

—No tenemos alcohol, pero qué te parece que nos contamos cosas mientras jugamos —propuso él con un brillo peligroso que la chica pasó por desapercibido—. Aquí dice "un shot", puede ser "un secreto", "todos beben" que sea "todos dicen un secreto", "toma el de la izquierda", "Cocina el de la izquierda", cosas así. Juguemos Jenga, ¿qué puede pasar?

—Me parece una buena idea —dijo Hermione mientras tomaba un marcador y escribía encima de las piezas las nuevas reglas.

—Wow, tranquila Granger, estás enloqueciendo —dijo con burla Malfoy—, ¡estás dañando patrimonio del Ministerio con ese plumón!

—Oh, cállate y ayúdame —contestó con ligereza pasándole un plumón—. Ten cinco piezas y yo otras cinco y escribamos reglas sorpresa.

Media hora después ya habían terminado y Malfoy le estaba pillando el truco para hacer el equilibrio, que como Granger tenía que ser Granger, le había develado el secreto del Jenga.

—Debes empezar de aquí e ir quitando, dos, uno, dos, para que guarde el equilibrio.

—No Granger —la interrumpió Malfoy—. Sólo vamos a divertirnos, no seas una obsesa —Sacó una pieza y leyó—. "Todos cuentan un secreto de Hogwarts"— Acomodó la pieza para ganar tiempo y luego respondió—. En cuarto año, compartí el dormitorio con tu novio Krum —Hermione lo miró con curiosidad—. Debo decir que lo dejabas muy emocionado por todo el tiempo que le dedicaba al baño después de verte.

Hermione lo golpeó, sonrojada y miró hacia la ventana.

—Una vez le dije a Filch que estabas besándote con Greengrass en los invernaderos, para que te castigaran.

—¿¡Fuiste tú!? —exclamó Malfoy, sorprendido—. Siempre juré que fue Blaise, el pobre tuvo que andar por el castillo con las piernas unidas hasta que Flitwick lo encontró.

—Me molestaba que la gente no cumpliera con las reglas —dijo Hermione sin culpa. Tomó otra pieza.

—"Di algo que te guste y fastidie sobre la otra persona"—la chica se frotó el mentón, dubitativa—. Me molesta que siempre hagas bromas subidas de tono, pero también me divierten.

Malfoy hizo una mueca para esconder su sonrisa y siguió.

—"Todos cuentan algo inaudito sobre su vida sentimental", bien... Astoria me dejó porque nunca me amó, pero nuestros padres querían que nos uniéramos. Hace un año me enteré que los cuatro años de compromiso, me puso el cuerno con Seamus Finnigan —contestó con soltura. Hermione se mordió el labio, pero no dijo nada.

—Creo que Ron me está engañando, no, no lo creo, estoy segura, lo vi en nuestra cama con Padma Patil, pero no dije nada, sólo me fui a Turquía, pero creo que ya lo hemos dejado desde antes que los encontrara, sólo no nos habíamos dado cuenta o soy muy cobarde — murmuró de pronto, tomó otra pieza para evitar mirar a Malfoy—. "Todos beben un vaso de agua" —soltó una risa histérica y se bebió su vaso de agua—. Ojalá fuera alcohol.

—¿Lo amas? —preguntó Malfoy mirándola con atención.

Hermione se tomó un momento para responder.

—Sí y no, porque cuando lo vi con Padma, sólo sentí decepción, pero nunca me descorazoné como había pensando que lo haría si el amor de mi vida me dejase, sólo me sentí decepcionada de su poca sinceridad, pero lo dejé pasar. Quizá soy muy cobarde o me gusta la mala vida, pero sí lo amo, sobre todo porque fue mi primer chico, del que me enamoré y todo eso...

—Eso sentí cuando me enteré de lo de Astoria y el incompetente ese, pero... no me dolió el engaño, sino no haberme dado cuenta o ser menos que aquélla bola con patas.

—Yo lo amo, pero como mi amigo. No me quiero casar con él ni pienso vivir en tristeza o sólo con él porque no puedo afrontar la realidad, pero toma tiempo.

Malfoy no dijo nada y siguió con sus piezas, dispuesto a dejar pasar aquella confesión... por el momento.

—"Profesor favorito", claramente Severus Snape —contestó él.

—¿Lo extrañas? —preguntó de pronto Hermione. Malfoy asintió y se encogió de hombros.

—Murió como un gran hombre. Por eso estoy cuidando una de sus pocas reales ambiciones.

Hermione tomó otra pieza y se levantó, ya que la torre era muy alta, para su sorpresa, Malfoy también era un obseso del control y colocaba con cuidado y precisión milimétrica cada una, haciéndolo casi perfecto, como ella.

—"Besa a tu oponente" —Miró enfadada a Malfoy y le arrojó la pieza a la cabeza—. ¡Malfoy!

—Un beso en la mejilla —dijo él con tono inocente, ignorando el chichón en la cabeza—. No creas que todo tiene que ser sexual. Además somos personas maduras, nadie te va a decir "iiiuuuh", es para limar asperezas. Es más, yo te lo daré a ti.

Malfoy se acercó hasta Hermione, quien se puso repentinamente nerviosa. Ay por favor, contrólate, es un beso en la mejilla y ya no tienes quince años, no seas boba, se dijo e inclinó su cabeza ligeramente, poniendo la mejilla, pero Malfoy se había acercado demasiado, sintió su aliento acariciar su cuello y su mano colocar uno de sus rizos detrás de la oreja, entonces ella se giró, no pudo evitarlo y cerró los ojos.

Apenas una suave caricia en su mejilla que se extendió con los labios hasta los suyos, dándoles un ligero toque, incitándola con el aliento cálido de él y sus labios rozándola... y ella no era de las que se guardan las emociones, así que se inclinó hacia delante, hacia él y sus labios se encontraron en una suave, nimia caricia.

Fue la lengua de ella la que buscó abrir los labios de él y entrar, sin resistencia alguna. Al contrario, gustoso, la acarició e incitó, mordisqueando su labio inferior, por lo que no pudo evitar un gemido quedo y sus manos cobraron vida propia al enlazarse detrás de su cuello.

Estuvo más o menos consciente de que la torre perfecta se cayó y los golpeó cuando Malfoy la tomó de la cintura y la sentó a horcajadas en su regazo, ella se dejó atraer y besar y recorrer, porque realmente quería eso, quería sus labios por todo su cuerpo, sus manos que anteriormente la habían cuidado con esmero, que la desvistieran, aquél abdomen que había visto saliendo del baño lo quería sobre ella, o encima, o debajo o de lado, pero lo quería sentí contra su piel, friccionándose.

Enredó sus manos en el cabello de él, que era lacio y un poco largo, sedoso a su contacto, sin un rastro de gel, muy distinto a como lo había llevado en el colegio. Acarició con las yemas de sus dedos su cuello y buscó el borde de su camisa para sacársela de un tirón, mientras sentía las manos de él recorrerle las piernas y acariciar las plantas de sus pies, soltó una risita nerviosa mientras las manos grandes y finas subían hasta sus caderas y la apretaban contra sí.

Sin contenerlo, le besó los pómulos y se deslizó hacia su lóbulo, moviendo rítmicamente las caderas, con suavidad, como hacía tanto no se sentía, deseosa e incontenible. Él no la apartó o le dijo que se detuviera, al contrario, la incitaba con sus manos, acariciándole la espalda y los muslos, mordiéndole el cuello, estrechándola contra él. Le mordió el cuello, succionó debajo de su clavícula y lo escuchó gemir, era un gemido suave, varonil y bajo, algo que nunca había escuchado en ningún otro hombre y que la ponía tremendamente caliente.

Las manos de él se movían libremente y la acariciaban encima y por debajo de la ropa mientras sus bocas se enredaban y soltaban, entonces él empujó su playera por los hombros y ella alzó las manos, sus miradas se encontraron y Malfoy pasó saliva mientras la apretaba contra su pecho. Le hizo el cabello a un lado y le mordió ahí donde se veía su pulso palpitar, ella soltó un gemido mientras él succionaba sin piedad, quizá le quedara marca, quizá no... pero así mordía una serpiente.

Entonces Malfoy la alejó un poco, lo justo para mirarla a los ojos y sin apartar la vista, tomó su mano izquierda y metió su dedo anular lenta y excitantemente en su boca, cuando le acarició con la lengua, se sintió humedecer, pero entonces él apartó la mano y ella notó que ya no llevaba puesto el anillo de compromiso. Malfoy se lo sacó de la boca y lo aventó hacia alguna parte, lejos de ellos. Después, la besó poco dispuesto a admitir un retorno.

Hermione le clavó las uñas en la espalda, desde los omóplatos hasta la cintura y Malfoy gimió, ella tenía las uñas largas y no era cuidadosa, no tanto como él lo estaba siendo, parecía tomárselo a reto y por cada cosa que él le hacía, ella la amplificaba. La recostó, haciendo a un lado los rectángulos de plástico y se enterró varios en la rodilla, pero no se quejó, no sentía la gran cosa, sólo a Hermione que gemía debajo de él.

—El jenga —se quejó Hermione mientras pateaba las piezas del juego a los lados, Malfoy calló sus quejas con un beso que le hizo olvidar los posibles dolores y entonces bajó por su cuello y su clavícula, besando sus pechos, aquellos montículos que muchas veces había entrevisto entre la tela clara de sus playeras, siempre sin sostén.

Los besó y lamió, mordiéndolos, succionando y arrinconándola al placer, ella clavó sus manos en su cabeza y él siguió deslizándose mediante besos y caricias, hasta su short, aquellos pantaloncillos de algodón, un poco bombachos, pero que le iban muy bien.

Los jaló con lentitud mientras ella arqueaba la espalda, ayudándolo y entonces Hermione Granger quedó en sus bragas de algodón, pero a Malfoy no le importó, al contrario, había soñado tantas noches con ese momento, que era la prenda más sensual hecha jamás por el hombre. Usando los dientes, tomó el borde, ahí donde había un pequeño listón de color y tiró de ellos, la piel de ella, naranja fosforescente, estaba erizada por todos lados y eso lo excitó. Jaló la prenda y la contempló, totalmente desnuda, aquella mujer en la que se había convertido era perfecta y no entendía como alguien podía dejarla.

Él no. No a partir de ahora.

Hermione se incorporó sobre sus codos y deslizó una pierna sobre el torso de Malfoy, quien estaba contemplándola en ese momento, como si fuera tan sensual como se sentía. Él tomó su pierna y la puso sobre su hombro, sonriendo de lado, malditamente sensual, el cabello le caía sobre la frente, de tanto que ella le había pasado las manos sobre él, en ese momento sólo existían ellos y el deseo febril entre cuatro paredes. Ella también sonrió y se mordió el labio, vio la mirada de Malfoy oscurecerse mientras ella se acariciaba para él, como una venus naranja que lo esperaba, abierta y dispuesta.

—Vamos a averiguar si nuestros fluidos también son naranjas —comentó Malfoy mientras le besaba el estómago, le pasaba la lengua por el ombligo y tomaba la otra pierna para colocarla sobre sus hombros a la vez que bajaba y le mordía la ingle. Hermione soltó una risa gemido por su comentario y se perdió en el placer al sentir los dedos de él introducirse con decisión dentro de sí, la sintió apretar los muslos a su alrededor mientras su lengua se paseaba ufanamente sobre su clítoris, creándole una impresionante sensación de placer.

Quiso recordar cuándo había sido la última vez que había sentido algo así, pero la respuesta era nunca, jamás nadie la había hecho retorcerse así, ansiosa de más y más. Malfoy se separó de ella y la besó, Hermione paladeó su propio sabor en los labios de él y de un movimiento, quedó arriba, Malfoy arqueó una ceja y la ayudó a deshacerse de su chándal y bóxer. Ella lo contempló imitando su ceja enarcada y sonrió de lado.

—Qué bonita serpiente naranja —le dijo antes de morderle un muslo.

Malfoy soltó un gemido mientras el cabello suave de ella le hacía cosquillas sobre su vientre, iba a explotar si no la tenía de una maldita vez, pero Granger tenía otras intenciones y sentándose sobre sus muslos, comenzó a mover la mano acariciando su miembro con lentitud, se iba a morir si ella seguía en ese ritmo, nunca se había imaginado a Hermione Granger sentada a horcajadas, desnuda, masturbándolo mientras lo miraba así y con la otra mano le recorría el torso, clavándole las uñas.

Entonces ella se inclinó y haciéndose hacia atrás, lo miró a los ojos, con una sonrisa tan perversa, que el más experimentado se habría quedado como Malfoy, con la boca ligeramente abierta mientras ella se lamía los labios y se acercaba a su erección, lamiéndola y succionándola.

No pudo evitar enredar sus manos en su cabello y acariciarla, incitándola a cambiar de ritmo, pero ella lo tomó de las muñecas y lo alejó, manteniendo el control, Malfoy sonrió y se dejó llevar, entonces alternó el movimiento rítmico de su mano con la lengua y la humedad de su boca, succionando, lamiendo metiendo y acariciando mientras Malfoy soltaba un gemido, cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, pero ella se detuvo y él abrió los ojos, impacientes, se unieron en un beso pasional mientras ella lo colocaba en su centro y lentamente, exasperantemente, se deslizaba hacia abajo, cuando por fin estuvieron unidos, Hermione soltó un suspiro de satisfacción mientras él se giraba y quedaba encima de ella. Se besaron una vez más mientras se movían con ritmo, perfectamente acompasados, ella no pudo evitar acariciarle la nuca mientras se fundían en un beso que acallaba sus gemidos, su mano se deslizó desde el cuello hasta su trasero y Hermione lo apretó, Malfoy soltó una risita contra su clavícula mientras ella se aferraba a él, con las uñas en su espalda y sus piernas enredadas en su cintura.

—Voltéate —ordenó Malfoy mientras salía de ella y lo obedecía, poniéndose en cuatro. Malfoy se detuvo un instante para contemplarla, acallando su suspiro y le introdujo dos dedos, la escuchó gemir mientras pasaba su lengua desde su cuello, acariciándola con la punta de la nariz, hasta su espalda baja, la lamió en esa posición hasta que no aguantando más, se introdujo en ella, se apoyó en sus codos para no lastimarla, pero Hermione atrajo una de sus manos y le lamió el pulgar. Esa mujer lo iba a volver loco.

Entonces, la escuchó estremecerse mientras la penetraba con fuerza, la vio retorcerse de placer y luego aflojar el cuerpo, pero él no estaba dispuesto a dejarla en una vez, ella merecía el cielo y la iba a hacer llegar ahí. Le mordió una vez más el cuello, ahí donde el pulso se notaba, sin darle tregua.

Hermione era insaciable, se sentía infinita y aunque había tenido un gran orgasmo con el que bien podía caer dormida, empujó al chico y se sentó sobre él. Parecía un poco sorprendido, pero sólo le sonrió cuando ella tomó el control y comenzó a moverse, era una vista increíble y se acoplaban a la perfección, entonces él la tomó de la nuca y la atrajo hacia él, besándola con fuerza, la embistió y ella se recargó sobre sus codos, aumentando el ritmo de cadera, que a cada movimiento suyo, recibía una embestida del chico, sintió su cuerpo contraerse y Malfoy aferró su mano, entrelazando sus dedos mientras sentía cómo su cuerpo se estremecía y se sintió gritar, gemir, ahogarse entre el hombro de él, sintió vagamente que lo mordía mientras lo escuchaba terminar ruidosamente, lo sintió acompañar el último espasmo con un movimiento lento y perezoso, como si nunca jamás quisiera salir de ella mientras internamente contraía los músculos y lo escuchaba gemir una vez más, aferrándose a su trasero.

Así lo hacía una leona.


Quizá se quedaron uno o dos o tres días, años, meses, quién sabe cuánto en aquella posición, a ninguno le importó, ella estaba recargada en su pecho, con su mano fuertemente entrelazada con la de él, apenas había recuperado el aliento y el latido del corazón de Malfoy la adormecía, quería quedarse encima de él para siempre...

—Quién pensaría que naranja eres tan sensual —comentó Malfoy mientras se estiraba y le picaba las costillas, Hermione se retorció pero no se movió—. Vamos a la cama, Cono-Granger.

—Si no es para sexo, no me quiero mover —dijo una adormilada Hermione—, y deja de llamarme Granger, creo que nos hemos faltado mucho al respeto para que sigas utilizando mi apellido.

Hermione, me has dejado exhausto, vamos a la cama, por favor.

— Me estoy clavando los jengas por todos lados, vámonos —rezongó la chica, quien intentó ponerse de pie con dificultades, le temblaban las piernas y se sentía débil, pero dudaba que fuera por la fiebre, había sido todo obra de ellos dos.

—Si no soy yo el que te clave algo, no quiero nada, además...—Malfoy se interrumpió, poniéndose de pie con rapidez y enterrándose unos jengas en el camino, la castaña se giró, apenas podían ver nada, estaban a oscuras y la única luz que había irradiaba de... de unas minúsculas flores plateadas en el alféizar de la ventana.

Hermione se pasó la camisa de él por la cabeza y ambos se acercaron con ceremonia a los tallos que se habían abierto por la mitad, se miraron y el resplandor plateado los iluminó, sonrieron maravillados y entonces Draco tomó la mano de Hermione y la condujo a su habitación, el ánimo se le había renovado y también el deseo.