Ningún personaje principal me pertenece, son de la increíble JKR, sólo la historia es mía, creada en el encierro febril, dedicado al club "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos"
#QuédateEnCasa y mejor lee mis fics.
Gracias a todas las que me han comentado, seguido y agregado esta historia a sus favoritos, las amo mucho y Draco les envía muchos besos con cubrebocas.
Día 17/ Se te ve la zanahoria baby
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Draco despertó con Hermione a su lado, él estaba al borde de la cama, abrazándola para no caerse, sin embargo, al verla, despeinada, plácidamente dormida y naranja, muy naranja, sintió un cosquilleo en el estómago al saber que no había sido una increíble alucinación, por dios, se estaba volviendo marica. Con cuidado de no despertarla, se incorporó o mejor dicho, se dejó caer a un lado de la cama, dándose con el trasero en el suelo. Se estiró como gato, recobrando su dignidad y sintió la mirada de ella sobre su espalda.
—Hola, tú.
—Buenos días —saludó él mientras se giraba, notó cierto rubor en las mejillas de Hermione mientras se incorporaba, arrojando la sábana a un lado, se veía preciosa con ese resplandor naranja—. Qué naranja tan bonita, como para pelarla y comérmela gajo a gajo —se acercó a ella mientras la jalaba de los tobillos hacia el borde, ella rio pero se dejó llevar, enredando sus piernas en la cintura de él, atrayéndolo hacia su boca.
Se besaron un largo rato mientras una perezosa excitación crecía entre ambos, entonces ella le acarició la espalda, ahí donde había algunos surcos de las marcas de sus uñas, le besó el cuello, se estiró para besarle las mejillas, los pómulos, las pestañas, la frente y así se quedaron un momento, frente contra frente, enredados, plenos.
Pero entonces, escucharon un insistente sonido a lo lejos que los sacó de su ensimismamiento, intentando identificar el ruido, que provenía de la sala. Se incorporaron de un brinco y Draco se puso uno de su chándal y sus playeras y salió a la puerta, por donde iba pasando Perkins.
—¡Oh, señor Malfoy! —exclamó el hombre, llevándose una mano al pecho—, por un momento pensé que algo malo les había ocurrido.
—Sólo estábamos dormidos —mintió Draco mientras se alejaba de Perkins, para que pudiera moverse por el pequeño espacio.
Hermione se deslizó a su lado con una playera de él, que le quedaba lo suficientemente grande para que supieran que no era suya, se había recogido el cabello e iba descalza. Intercambiaron una mirada intensa y Draco le sonrió, una sonrisa de verdad.
Perkins dejó las cosas en la mesa y aunque evitó mirar demasiado a la señorita de rizos, no pudo evitar notar que no había salido de su habitación, donde la cama estaba hecha, ni que había unas bragas de mujer tiradas junto al sofá, tampoco pudo evitar resbalar con una camisa de hombre, intentó no pensar demasiado en ello y con todo el profesionalismo que le fue posible, los examinó, intentando no colocarse en medio de aquellos dos, quienes se lanzaban miraditas cargadas de intensión a cada rato.
—Bien —carraspeó Perkins—, aquí están sus cosas para preparar sus propias pociones, sin embargo, por favor tengan cuidado en su uso, ya que no podemos proporcionarles sus varitas, deberán medir los tiempos de cocción sin ellas. Por lo que veo —dijo intentando mantener el semblante profesional—, han pasado a un naranja más intenso, pero no se preocupen, es sinónimo de recuperación, sin dolor de muelas o hinchazón, en tres o cuatro días, deberán estar en la curva de sanación y en otra semana, más o menos, ya podremos darlos de alta. Los primeros pacientes se han recuperado perfectamente bien y esperamos que antes del mes, todo pueda volver a la normalidad.
—Perkins... ¿Podemos hacer algo más? —preguntó Hermione con decisión—, me atrevo a decir que somos muy buenos en pociones, no por nada Draco es el Jefe en pociones experimentales y yo... bueno —inclinó la cabeza con humildad fingida—, era la mejor en mi clase.
Malfoy soltó un bufido, pero no dijo nada, al contrario, miró a Perkins.
—Claro, quizá podamos hacer suficiente para todo el piso, al menos para los vecinos...
Perkins negó con la cabeza y se aferró a su block de notas.
—Desafortunadamente, cada caso es diferente y algunos necesitan cosas especiales, así que... al estar ustedes en contacto con la pócima, la pueden contaminar sin querer y estas cantidades son para ustedes exclusivamente —se removió, incómodo—. Pero hay algo más que quería tratar con ustedes... Necesitamos que nos cedan una habitación, estamos al tope y nos hace falta espacio.
—Claro —respondieron al unísono.
—¿Qué habitación necesitan? —preguntó Hermione intentando no hacer caso de la mirada penetrante de Draco.
—Estaría muy bien la suya. Oh, no se preocupen —añadió al malinterpretar sus expresiones—, nadie compartirá este espacio con ustedes dado que ya están en las etapas finales... El edificio cuenta con un encantamiento de recolocación, como Hogwarts. Sólo necesitaré que en este momento la desaloje, Señora Malfoy, para proceder con la esterilización antes de la sanitización definitiva.
Así que Hermione llevó sus pocas pertenencias a la habitación de Draco, mientras los hombres se quedaban en la habitación que antes era suya.
—Gracias, Perkins —susurró Malfoy con discreción—. Por no meter a nadie más en este departamento.
—Ha sido un poco complicado que mis superiores no se den cuenta, aquí caben seis u ocho pacientes, pero por el momento vamos bien —Miró hacia la puerta y dijo en voz baja—. ¿Funcionaron los juegos?
Malfoy sonrió de lado y negó con la cabeza.
—Pudo ser más discreto, pero todo está bien, lo del cuarto ha sido una gran jugada —admiró el chico, pero Perkins negó.
—Oh no, realmente la necesitamos. Eso no ha sido un favor para ti, Malfoy. Por cierto, tu madre te envía recuerdos, ya sabes, hermanastro.
Malfoy negó con la cabeza y carraspeó al tiempo que Hermione entraba de nuevo, sonriente.
—Entonces es todo, hasta la otra, Señores Malfoy —se despidió Perkins formalmente y la pareja retrocedió hacia la sala. La puerta de la ex habitación de Hermione se cerró con Perkins dentro y se escuchó como un engranaje al girar de espacio. Una pared blanca engulló la puerta que desapreció.
—Así que... —murmuró Hermione, indecisa.
—Bueno, creo que hemos compartido mucho, ¿no? —dijo con resolución el rubio mientras abría su maletín de pociones—, dormir juntos no es lo peor.
Hermione asintió mientras se acercaba y echaba un vistazo, el maletín se abrió en tres niveles, con los más extraños, caros y diversos ingredientes que pudo imaginar. El chico sacó un caldero de oro de su interior y comenzó a mover las manos entre los frasquitos, con suma maestría, ella lo miraba embobada.
—¿Qué ocurre, Hermione? —la sorprendió de pronto—, ¿te gustan mis dedos?
La chica parpadeó y se sonrojó pero no negó nada.
—Al fin podré acondicionar esta belleza —susurró Malfoy mientras tomaba con delicadeza su flor de luna y la envolvía en una tela que parecía plata líquida. El tono y la forma en que la acariciaba, le recordaron vagamente a Snape, pero decidió guardarse su comentario.
—Prepararé el desayuno —murmuró la chica mientras él hacía de la mesita su espacio. Malfoy apenas asintió y se sumergió en la elaboración de pócimas verdes (que contrarrestaban el efecto naranja y sus malestares).
Draco comió parado mientras Hermione, encaramada en la encimera, hacía lo propio, ambos callados mientras veían borbotear con suavidad la pócima verde.
—Snape solía evitar que usáramos la varita —comentó de pronto la chica, con nostalgia.
—Snape era un hombre muy listo —asintió Draco mientras suspiraba—, por eso no nos permitía adelantar las pócimas con magia. Tienen mayor efecto si se hace todo manualmente. El hombre sabía cosas que ningún otro.
—¿Cómo qué más? —preguntó Hermione, curiosa. Draco le lanzó una mirada antes de responder.
—Me dijo que tú eras la chica perfecta para mí.
Hermione soltó una risa y negó con la cabeza mientras picaba su plato de fruta.
—Claro, él me odiaba y tú también, por eso te lo dijo.
—No lo hacía, ninguno de los dos —confesó Draco, dejando su plato sobre el lavadero y se giró hacia ella, haciéndola dejar su fruta a un lado—. He estado loco por ti desde los doce, más o menos.
La chica se mordió el labio y desvió la mirada, pero Draco la acarició por los muslos y la empujó para que abriera las piernas y él pudiera acercarse un poco más. El mero contacto de su piel la erizaba.
—Siempre he sido un patito feo, dejando de fuera las otras cosas.
—Eso es una mentira, pero yo siempre fui un idiota —la contradijo, acariciándole la barbilla—. Pero maduramos, la vida nos hizo crecer. A ti te hizo darte cuenta de tu hermosura y a mí que había sido una mierda de persona. Y supongo que eso nos cambió —La rodeó con los brazos por la cintura y la atrajo hacia su boca—, gracias a eso ya no estoy dispuesto a dejar ir algo que he deseado desde los doce años.
Hermione enredó sus manos detrás de su cuello y le acarició, con un deje de tristeza.
—Sólo dices eso porque estoy naranja. Eso me hace muy interesante.
Malfoy soltó una risa contra su hombro antes de besarla con suavidad.
—Siempre he querido montármelo en una encimera —comentó Hermione mientras Draco le deslizaba las bragas por una pierna y se arrodillaba para hundir su lengua en su intimidad mientras ella se deshacía de su simple playera y quedaba desnuda, con las piernas haciendo equilibrio en el filo de la encimera, perdida en el placer.
En algún punto, vio a Draco deshacerse de su playera y bajar sus pantaloncillos y , encantada, le recibió, húmeda mientras lo sentía hundirse en ella, en aquella posición. Lo escuchó gemir y aferrarse a ella para hacer equilibrio.
—Más fuerte —gimió Hermione al oído mientras le besaba el cuello y revolvía su cabello. El chico, solícito, enredó una mano en su nuca y la embistió con fuerza mientras le arrancaba un grito de placer que resonó contra su cuello y lo enloqueció. Sí, ella merecía el cielo, pero también él y ése cielo era donde ella alcanzaba el orgasmo con facilidad y rapidez, con intensidad y él la secundaba, para terminar sudorosos y felices sobre la encimera de una cocina diminuta, con el pants apenas en las rodillas y sus bragas colgando de un pie.
Hermione se adelantó a la ducha y lo dejó revisando su poción, la revolvió un par de veces y después apagó el fuego. Entonces, aún desnudo y deseoso por perderse de nuevo en su... ¿roomie?, miró por la ventana, mientras esperaba a que terminara de borbotear el líquido para dejarlo reposar.
Entonces vio movimiento en la cocina de enfrente y se acercó, curioso, seguro que Hermione iba a flipar de emoción al ver a otras personas. Era una chica diminuta de cabello verde moco que se le hacía conocida del ministerio, trabajaba en algo de la regulación mágica, según recordaba. Estaba cocinando y se veía contenta. Naranja, pero contenta y terriblemente ordinaria. Malfoy se encogió de hombros y se alejó
Entró a la ducha y abrazó a Hermione, ella soltó un gritito pero se dejó acariciar mientras el agua fría se les evaporaba en la piel.
—Debemos salir de aquí —susurró la chica mientras miraba la piel de sus dedos convertirse en pasitas—. Estamos envejeciendo en el agua.
—Somos como dátiles, naranjas y arrugados—comentó Draco mientras miraba sus manos, ligeramente hinchadas y de un naranja apagado.
Hermione sonrió y salió de la regadera, tomando un albornoz mientras Draco se enredaba una toalla en la cintura. Ella observó su espalda, era ancha y estrecha en la cintura, de hecho, él tenía un muy buen ver, no tenía los músculos tan marcados, pero su cuerpo se veía trabajado, como alguien que hiciera pesas unas veces a la semana o algo parecido. Su estómago se encogió cuando él le sonrió y la cargó hacia la habitación. Reían mientras la dejaba caer con suavidad en la cama. Se sentía más feliz de lo que nunca jamás habría pensado, apenas llevaban semana y pocos días juntos y su corazón se sentía sano y con algo más.
El chico se levantó y le pasó una playera suya mientras Hermione se desenredaba el cabello, sentada en la cama, con las piernas cruzadas mientras Draco se vestía, ambos sintieron que eso lo habían hecho durante años, como un matrimonio viejo y la idea no le molestó a ninguno, aunque no lo admitirían, jamás... o no por el momento.
—Adivina qué —le dijo Draco mientras se recostaba a su lado y le acariciaba la pierna—. Tenemos vecinos.
Hermione soltó un gritito y corrió hacia la ventana, tal cual lo había previsto Draco. Él la siguió de cerca, pensando en que quizá debería cargarla lejos de ahí o asustaría a los otros pacientes. Pero no fue necesario, porque se había detenido a la mitad de la carrera y miraba hacia la ventana. El rubio se acercó y contuvo el aliento.
Del otro lado, en otro departamento, el que daba directamente al suyo, un pelirrojo se estaba montando el numerito con la chica ordinaria del departamento de cacharros mágicos. Era una escena patética, el pobretón parecía una zanahoria con sólo el mandil verde puesto y todo él naranja radioactivo, desde el inmundo cabello hasta su piel, se veía horrible, y la otra chica, con su cabello verde y su espalda naranja, (que por cierto había pasado del halo broncíneo al radioactivo en menos de una hora) parecían dos zanahorias aporreadas contra la mesita por una mano invisible.
—Parece sopa de vegetales —escupió Hermione y se acercó a la ventana y la aporreó con todas sus fuerzas. Draco se mantuvo detrás, en caso de que tuviera que atraparla antes de arrojarse—. ¡EH RONALD WEASLEY!
La chica zanahoria fue la primera en reparar en ellos y bajó de la mesa, soltando un grito, entonces la inmunda comadreja zanahoria se giró y Malfoy habría jurado que se había puesto pálido cuando los vio.
Él se acercó y chocó con la ventana (Draco habría querido reír, pero la sensatez lo mantuvo impasible), mientras Weasley sonreía y la saludaba con la mano.
—¡NO SEAS ESTÚPIDO, MALDITO CABRÓN, ESTÁS DESNUDO, OH DIOS, SE TE VE LA ZANAHORIA BABY DESDE AQUÍ! —gritó Hermione mientras aporreaba la ventana con fuerza. Weasley se echó para atrás y quiso decir algo, pero la castaña le estaba enseñando el dedo medio mientras se desahogaba con una gran sarta de groserías para sorpresa del rubio—. ¿DÓNDE ESTÁ EL ESTÚPIDO ANILLO? —gritó Hermione girándose de pronto y buscándolo por el suelo. Malfoy se hizo a un lado mientras ella lo encontraba debajo del sofá, donde él lo había arrojado y se incorporó, entonces escribió con él en la ventana.
"JÓDE"...
Y el diamante se quebró.
Hermione soltó una risa histérica y lo arrojó contra la ventana, el anillo, con la piedra rota, rebotó y le golpeó en la frente, pero ella parecía no encontrar el dolor en aquella herida que empezó a sangrar. Entonces volvió a golpear con el puño la ventana y Weasley se largó, apagó las luces de su apartamentito y se marchó, dejándola del otro lado con su coraje contenido. Draco se mantuvo quieto, porque la escena era muy ridícula y hasta graciosa, pero le dolía el enojo que ella representaba, al parecer no del todo lo había superado.
—¡MALDITO RON, HASTA TU ANILLO ERA UNA BASURA!
Y después se calló, se tiró al suelo haciéndose un ovillo y comenzó a llorar. Draco entonces se acercó con cautela y la cargó, pero ella lo aporreó un par de veces.
—Pero yo no soy mejor —sollozó mientras él la recostaba en la cama que ahora compartían—, acostándome contigo mientras estoy comprometida con él, ¿Qué soy? Una cualquiera acostándose con el primero que ve, insinuándome y sintiéndome superior porque yo lo estoy engañando también, pero entonces él me engaña con otras cinco, ni siquiera eso puedo hacer mejor... Esto que tenemos es como síndrome de Estocolmo, ni siquiera me gustas, pero es lo único a la mano...
Draco tensó la mandíbula pero no dijo nada, sólo la recostó y cerró la puerta, dejándola sola. Entonces Hermione lloró más fuerte, porque eso que dijo tampoco era cierto.
Se quedó llorando por un buen rato, esperando que Draco entrara para explicarle que no era cierto y que sentía algo por él, pero el chico no apareció, se quedó dormida exhausta y al otro día tampoco estaba ahí y cuando salió a la sala, él estaba encerrado en el baño. Aunque tocó con insistencia y se excusó que necesitaba utilizarlo, él no salió hasta que ella se retiró a su habitación y si ella salía, él desaparecía detrás de un libro o en el baño.
Al tercer día, después de una terrible noche donde lloró hasta quedarse dormida, Hermione salió de su habitación y el olor a comida la invadió, dándose cuenta que llevaba la misma cantidad de días sin comer. Draco estaba de espaldas, picando algo mientras otra cosa se cocinaba en una ollita, el hambre replicó en su estómago pero ella no se atrevió a decir nada.
—En cinco minutos estará lista la pasta —pronunció el chico por primera vez en todo ese tiempo—. Siéntate.
Hermione tomó asiento frente a la encimera, a donde Draco había empujado dos sillas, dado que la mesa estaba repleta de pociones y se removió, incómoda. Entonces él le pasó un plato de espagueti a la boloñesa y su estómago rugió. Él se sentó frente a ella, sin mirarla y ambos abrieron la boca, pero se detuvieron, esperando al otro.
—Tú primero —dijo Hermione, desanimada sin mirarlo a los ojos.
—Sólo comamos —contestó Draco mientras enredaba la pasta en su tenedor.
—Yo...
—Hermione, no soy un cachorrito que necesita atención todo el tiempo ni esperaba amor incondicional de tu parte al salir de una relación de la que no sabías que ya no eras parte. Creo que soy lo suficientemente inteligente para saber qué querías de mí y porqué y hasta qué punto estaba dispuesto a aceptarlo. Así que comamos, no me pienso tomar en serio aquello que dices enojada o después de haber visto a tu prometido follándose a otra.
—No es mi prometido.
—Eso ya lo sabía, pero tú no.
—Y tampoco he estado contigo por venganza, de verdad me gustas.
—Eso ya lo sabía, es bueno que tú lo hayas descubierto.
—¿Estás enojado?
—Lo superaré, pero espero que tú también.
—Quiero ver qué pasa contigo de ahora en adelante. Ronald no...
—Ya estamos mayorcitos para no saber qué queremos y a quién no. Yo te quiero a ti, las mujeres con cicatrices en la frente por compromisos fallidos me ponen.
—No mientas, es que mi tono naranja cono de tráfico y el confinamiento me ha hecho muy interesante.
—Búscate otras excusas, Granger, se están desgastando.
La chica removió su pasta y sonrió, mientras la enredaba en su tenedor para dejarla a un lado y rodear el espacio, hasta inclinarse al lado de Draco.
Ella lo abrazó y él le devolvió el abrazo, la besó en la frente y todo estuvo bien de pronto, Draco se encogió de hombros y siguió comiendo mientras Hermione regresaba a su asiento y lo miraba como si fuera la primera vez. Resulta que había hombres con inteligencia emocional que podían decidir solitos.
—Y sí, es probable que el encierro nos haya hecho crear un síndrome de Estocolmo, pero crucemos ese puente al llegar.
Hermione sonrió y el nudo en su estómago se aflojó, entonces miró a la ventana y la vio cubierta con todos los crucigramas que habían llenado entre los dos. La chica sintió un agradable calor formularse en su interior y salir en forma de palabras:
—Yo también te quiero a ti.
—Además es patético, aquellos vecinos parecían una ensalada desabrida —comentó con ligereza Draco antes de meterse el bocado y la chica volvió a sonreír, porque el cariño iba en pequeñas acciones que transformaban como cocinarle y perdonarle algo que dijo enojada o tapizar la ventana de crucigramas para no verlos de nuevo.
—Al principio, pensé que había visto dos zanahorias gigantes...
—Recuerdo que dijiste Zanahoria baby, Granger. Y tienes toda la razón.
—Además de "baby", era la más rápida del oeste...
—Puede ser una etapa desconocida de la gripe como se llame.
—Merlín no lo quiera, ¿crees que te afecte a ti también?
—Un tono más en naranja y me saldrán ocho hermanos de improviso, pero mi serpiente sigue siendo eso, una serpiente, nunca una zanahoria baby.
Ambos disfrutaron su comida despotricando contra Ronald y su zanahoria baby, como si hubieran salido de una larga enfermedad, aunque lo cierto era que no estaban saliendo a ninguna parte.
